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viernes, 16 de diciembre de 2011

La Torre Oscura (La Torre Oscura, parte 7) - Stephen King

Última parada, señores viajeros. La compañía de viajes Stephen King les desea que hayan tenido un buen viaje y una próspera estancia. Digo verdad.

Aviso adelantado: ¡lamento la extensión de esta entrada, pero es que había mucho que contar!


La Torre Oscura es la séptima y última entrega de esta serie de fantasía épica que fue tocando y bebiendo de un sinfín de obras y referencias a lo largo de sus variadas entregas. Desde El pistolero, un western extraño en el que el pistolero seguía al hombre de negro, a los últimos pasos que llevan a la misteriosa Torre que toca y une todos los mundos.

Ya no tiene sentido presentar
(hablar)
de Roland. Ni del resto de su ka-tet, de hecho. Todos los que hayan llegado hasta aquí sabrán todo cuanto quieran saber de Eddie Dean, Jake Chambers y Susannah Holmes. E incluso de Acho, el bilibrambo de Mundo Medio. Tras las más de cinco mil páginas que componen la serie, uno los conoce a todos. A mí, concretamente, me gusta pensar que los conozco bien.

«Todo se olvida en las salas pétreas de los muertos. Estas son las salas de la ruina, donde hilan las arañas y los grandes circuitos enmudecen, uno a uno.»


El Pequeño Rey Rojo
Susannah-Mia da a luz a su chaval. La Bestia. El Adversario. Pero las cosas no son tan simples como podíamos haber pensado, porque el chaval tiene dos padres, así como podemos afirmar que tiene dos madres. Sus padres son el Rey Rojo y el Rey Blanco. Claro. El recién nacido es Mordred, nombre que puede sonar a más de uno.

Como en casi todos los libros de esta serie, una de las cosas que más me revienta es que las partes de Susannah, que son importantes tanto en cuanto a los hechos contado como al volumen de los mismos, no me parece tan interesante, ameno, justificado o carismático como el resto. Es mi opinión desde que el personaje apareció, así que no creo que os sorprenda especialmente. Pero en este último libro, constato que mi opinión no ha cambiado. Ansiaba saber más sobre lo que acontecía al joven Jake y al padre Callahan en el Dixie Pig, quería saber más sobre el viaje de Roland y Eddie, pero una y otra vez volvían a Susannah-Mia y a su chaval. Y me agobiaba. Que en esta primera parte del libro ya nos despidamos de un personaje, me dejó muy claro que King no se iba a andar con muchos miramientos en las páginas siguientes: adiós, Padre Callahan. Que Dios
(Gan)
se apiade de tu alma.


Cielo Azul
En este grupo de capítulos, el más largo de la más larga entrega de La Torre, se presenta el cubil de los Disgregadores, esa gente al servicio del Rey Carmesí que se dedica a romper (disgregar) los Haces, para provocar la caída de la Torre Oscura.


Si hay algo que no soporto de este capítulo, es la cutre-muerte de Walter O'Dim a manos de Mordred. El asunto es que Walter, sin que se llegue a saber casi nada de él, es un personaje carismático que consigue generar interés; Mordred, en cambio, es un secundario horrendo que a nadie le importa y que, para más inri, ni siquiera consigue gran cosa en la novela. Sinceramente, podrían haber eliminado esa trama, por mucho que confirmase (o casi) mis sospechas de que Arthur Eld era el rey Arturo, cosa que terminaría de confirmarse muchas páginas después con lo de que las pistolas tuviesen el metal de la antigua Excalibur de Arthur Eld.

Esta parte es una carnicería. Se nos presenta al director del complejo y a su jefe de seguridad, Primtiss y Finli o'Tego respectivamente (este último resultó ser uno de mis secundarios favoritos, he de decir), se nos presentan a unos cuantos disgregadores y comienza la acción: se prepara el terreno, se toman posiciones y se inician los tiros. Y tiros. Y tiros. Y muertos. Y el ka-tet se rompe. Eddie Dean, el chistoso, el payaso, muere. Y ya no hay ka-tet; el Haz se reestablece, sí; pero el tet acaba con la muete del señor Dean; ahora solo son un grupo de amigos, de socios, en busca de la Torre. El ka sigue ahí, sí, pero ellos ya no son tet y...


"Cuando el ka-tet se rompe, el final siempre se precipita.
Digo lo siento."
Adiós, Eddie. Que Dios
(Gan)
se apiade de tu alma.


En esta bruma de verde y oro
En esta parte, Roland y Jake (Susannah queda en Mundo Medio esperándolos, con la promesa de reunirse en Fedic) viajan al mundo piedra angular para salvar a sai King de una muerte cierta debido a un atropello. El ka pone en su camino (igual que ya hizo en su momento con John Cullum) a Irene Tassenbaum. Y consiguen salvar al escritor, pero el precio es la vida de Jake Chambers, que reduce los daños del atropello con su pequeño cuerpo. Y aunque ya no son ka-tet, en Mundo Medio, Susannah también se da cuenta de lo sucedido.

Por otra parte, Roland visita la Ka-tet Corporation, la empresa que vigila la Rosa (que es una alegoría del campo de rosas que rodea a la Torre), así como el gran rascacielos negro es una representación de La Torre en sí, y allí, el ka-tet de la Rosa lo recibe, le explican sus hipótesis sobre qué es y qué hace Stephen King y le hacen un regalo, un reloj de oro para que lo acompañe hasta el final del viaje.
Adiós, Jake. Que Dios
(Gan)
se apiade de tu alma.


Las tierras blancas de Empática
Una criatura, una especie de vampiro de los sentimientos tortura vil y cobardemente a los restos del ka-tet, que se salva gracias a que sai King paga la deuda que les debía... un poco crípticamente, eso sí; podías portarte un poco, ¿no, King? Este capítulo tiene, en mi opinión, el momento más raro del libro y uno de los más extraños de toda la serie... el momento monólogo humorístico. Increíble, en serio. Creo que no hay ninguna duda de que el autor, con La Torre, hizo lo que le dio la real gana.

De esas tierras salen con un nuevo compañero: El Artista. Un personaje encantador, versátil y, en realidad, absolutamente necesario para concluir la trama. Deus Ex Machina, clamarán algunos; pero King siempre podrá sonreír irónicamente y recurrir a esa gran excusa con la que se ha cubierto las espaldas desde el principio de la serie: "Ka".



El campo escarlata de Can'-Ka No Rey
Más allá de Empática, tras lomas y lomas, se encuentra el campo de rosas de Can'-Ka No Rey, y en el fondo de este se levanta negra y desafiante la Torre Oscura, que mantiene encerrado al Rey Carmesí en uno de sus balcones. Y todo es Ka, como siempre ha sido, y el Pistolero debe ir al encuentro de su destino, debe cumplir el ka de todo el linaje del Eld.
Adiós, Suze. Que Dios
(Gan)
se apiade de tu alma.
Adiós, Acho. Que Dios
(Gan)
se apiade de tu alma.



En cada capítulo se van explicando algunos puntos de la enorme historia que King ha contado a través de este vasto océano de historias. Se nos explica por ejemplo, y finalmente, qué eran los disgregadores, que hasta el momento eran una figura rodeada de sombras, unos tipos malos al servicio del Rey Rojo de los que poco más se sabía. Se nos presenta a Mordred, aunque realmente goza de poca importancia durante gran parte del libro, siendo una de estas criaturas que acechan en la sombra esperando su oportunidad, se nos habla de lo que pasaba en mundo piedra angular; que al fin y al cabo es el mundo más importante porque posee un tiempo que sólo puede correr en un sentido. Claro que, al fin y al cabo, así ha sido con casi todos los verdaderos adversarios de La Torre, ¿verdad? Walter, el Rey Carmesí... y ahora el pequeño Mordred.

«Mordred tiene jambre.»

Quizá La Torre Oscura, esta última parte de la serie homónima, me refiero, no me satisfaga tanto como podía esperar. Es una lástima que el último personaje del ka-tet que acompañe al pistolero de Gilead (Acho aparte) sea el que más me aburre. No aguanto a Susannah, no soporto sus problemas de personalidad, ni sus arranques verbales de Detta, ni nada. Al principio, me parecía, está ahí para ser la amante de Eddie y al final está ahí para dar a luz al hijo de los dos Reyes. Personalmente creo que King podría haber hecho algo más lucido a ese respecto, y es algo que siempre me ha molestado un poco.




Las ilustraciones vuelven a estar a cargo de Michael Whelan, que ya ilustró El Pistolero y lo cierto es que hace un gran trabajo, pese a no ser un artista que me guste especialmente. Otros de los ilustradores de la Torre me han dicho más con sus imágenes, pero aunque solo fuera por la increíble ilustración de La Torre Oscura y la de Jake y Roland fumando, contaría con mi apoyo en esta última novela.

Ejemplo de ilustraciones a color.




Ejemplo de ilustraciones en blanco y negro de fin de capítulo:



Los 3 finales
Mi camino fue sobreaviso, así que tenía muy claro que el libro terminaba al final del capítulo de Can'-Ka No Rey. El epílogo y Hallada no me interesaban y nunca entraron en mis planes. Tenía muy claro que no iba a leerlos, aunque el ka me jugó una mala pasada y me dejó las cosas muy claras: «¡Tienes que leerlo!», le faltó gritarme, cuando hizo que el autobús que esperaba se retrasase 25 minutos. Y claro, yo allí con el libro en la mano y menos de 20 páginas por leer. ¿Qué hice? Leer, claro; era eso o morir del aburrimiento.

El primer final, el final del capítulo 5.
Es El final de la serie. Es, en mi opinión, muy adecuado. El viaje ha tocado a su fin, y Roland ha llegado a la Torre. ¿Qué lo espera en lo más alto? ¿Gan? ¿Una enorme sala vacía? ¿Las voces de los muertos? ¿Qué importa? Lo que importa es que ha recorrido miles de kilómetros desde el desierto de Mohaine hasta el campo escarlata, que ha hecho amigos y los ha perdido, que ha amado y ha sufrido; lo que importa es que, para bien o para mal, ha triunfado. Ahí está, alto y duro como un clavo, gritando los nombres de quienes le permitieron llegar hasta ahí. ¡Salve, Roland Deschain de Gilead!


El segundo final, el epílogo.
Admito que no me gustó. De hecho me pareció fatal. No me caía en gracia y tras discutirlo con un amigo, el que me medio-obligó a leer la serie, he de decir que me parece peor incluso. ¿Por qué? Para empezar, una vez que Suze abandona a Roland, no sé por qué le debería importar a nadie. Ha salido de la búsqueda de La Torre; se ha convertido en la única persona, en el único miembro del antiguo ka-tet que ha renunciado a la búsqueda por miedo o interés personal. En ese preciso momento, para mí, Susannah murió. Y ese final feliz que King insiste en que no es «vivieron felices y comieron perdices» pero casi; me parece deleznable. Susannah, has olvidado el rostro de tu padre, y si yo fuera King te habría condenado a la vacía eternidad del exotránsito. Que lo sepas. Soy un hombre rencoroso.

El tercer final, Hallada.
El tercer final tampoco me gusta. Me parece lento, aburrido y decepcionante. Lo tiene todo, vaya. El ascenso de Roland por una Torre dedicada a él no me gustaba mucho, pero me preguntaba por dónde saldría King para explicarlo; pero ese final-final en que cruza la puerta en la que está escrito su nombre y vuelve al desierto de Mohaine, a la primera página del primer libro, a la búsqueda del hombre de negro que huye por el desierto, me pareció horrible. Y si a eso añadimos que en esta nueva versión Roland se detuvo 3 segundos para recoger el cuerno de Cuthbert que había caído en Jericho Hill y no había recogido, me da una sensación de videojuego con bonus final para la siguiente partida, de reencarnación de Dungeons & Dragons Online o, como bien señaló Moncho, de Gantz. Pues sí, no me gustó nada.

¿Para eso, ka, querías que leyese los finales subsiguientes? De verdad que no lo entiendo.



Nota: 8,5. El último libro de la Torre es un gran libro, ata casi todas las tramas y aclara muchísimas cosas. Hay ciertos puntos que me parecen horribles e incluso perniciosos para la historia, pero bueno, supongo que nunca llueve a gusto de todos. Por lo demás, corroboro el consejo que me dieron y que, además, explicita King en el propio libro. Pasado el primer final, no sigáis leyendo.




Partes anteriores de La Torre Oscura:
El pistolero Nota: 5,5.
La llegada de los tres Nota: 7,5.
Las tierras baldías Nota: Nota: 10.
Mago y cristal Nota: 7.

Noticias sobre La Torre:

Otras novelas de Stephen King:


It Nota: 8.


El misterio de Salem's Lot Nota: 8.