Google+

jueves, 22 de febrero de 2018

The End of the F***ing World - Charlie Covell


The End of the F***ing world es una serie de Channel 4, con guión de Charlie Covell basada en un cómic de Charles S. Forsman, que se estrenó a finales de octubre del año pasado y cuya distribución internacional fue adquirida por Netflix (por lo que, como es habitual, la publicitan como «Netflix Original»), donde se estrenó el pasado 5 de enero.



La situación
James es un psicópata de diecisiete años. Lleva tiempo matando distintos animales, pero ahora quiere pasar a una liga superior: quiere matar a una persona. Alyssa es una chica frustrada y despectiva con la gente. Los dos van al mismo instituto, y aunque a ella no le gusta la gente, le gusta James, porque no es parte de las dinámicas de los demás. Un día le propone salir y este acepta porque así tendrá la oportunidad de pasar tiempo a solas con ella, lo que facilitará su objetivo de matarla.

Poco después, Alyssa, tras una discusión con el nuevo marido de su madre, se reúne con James y le propone que se fuguen juntos, y comienzan su aventura.
Una fría belleza
The End of the F***ing World es una miniserie entretenida y adictiva. Consta de ocho episodios de 20 minutos, lo que le permite mantener una agilidad narrativa poco habitual. Tiene momentos relajados, contemplativos, intercalados con escenas frenéticas y tensas; en los que, a través de un estupendo guión, se mezcla un tono general trágico con un efectivo humor negro.

Una forma cojonuda de empezar un viaje.

Visualmente se trata de un producto muy cuidado, con una fotografía de escaso brillo pero buen contraste, que explota mucho los elementos llenos de color que, ocasionalmente, pueblan la pantalla sin cargarse el tono de sobria tragedia. Las localizaciones y el vestuario lucen mucho gracias a estas decisiones. El gran trabajo de montaje, además, construye unas escenas ágiles, muy vivas, que fluyen con naturalidad.

La banda sonora es estupenda, con una notable nostalgia sesentera (The End of the World, Keep On Running…) aunque suenan también canciones de otras épocas (como Five Strings Serenade, de los 90, o Laughing on the Outside, de los 40). El resultado desborda carisma y acompaña de forma fantástica a los protagonistas a lo largo de su viaje interior, de su sensación de no pertenecer a ese contexto y de no amoldarse bien a él. Si tenéis curiosidad, alguien subió esta playlist a Spotify con las canciones de la serie.
Jessica Barden y Alex Lawther
Porque aunque todo brille y esté trabajado con esmero, lo que reluce de verdad son los personajes y el reparto que los interpreta. Tanto James como Alyssa están muy trabajados en texto, llenos de matices y peculiaridades, y a lo largo de los ocho episodios que conforman la miniserie tienen una evolución muy intensa.

Estos dos tienen una escena bailando que también va a estar en mi lista de escenas del año si es que se me ocurre hacer tal cosa.

Alex Lawther interpreta a James. Su viaje desde su aparentemente gélida psicopatía inicial al cariño por Alyssa es fantástico. El James del final es otro James, uno con motivaciones y acciones diferentes, pero el espectador le ve dar cada paso, lo que le permite comprender su evolución. James se descubre en ese viaje, reinterpreta la información sobre lo que consideraba cierto e inamovible, se enfrenta a su visión de las cosas. El trabajo de Lawther es intachable, y en casi cualquier serie podría ser el papel que se come al resto, pero aquí, no; porque The End of the F***ing World encuentra su verdadero apoyo en los hombros de Jessica Barden

Jessica Barden interpreta a Alyssa, una chica hastiada que vive con su madre, con la que no mantiene un vínculo muy cercano. Su madre sale con un tío asqueroso y Alyssa lo odia, como a casi todo el mundo. La joven detesta a sus compañeros de clase, al tendero de la esquina, a los policías, a todo el mundo. Rechaza las dinámicas sociales convencionales, y de ese mismo rechazo surge su interés por James. El viaje de Alyssa también es de descubrimiento, de enfrentamiento a las concepciones que uno tiene sobre sí mismo y a lo que cree saber sobre cuanto le rodea; pero algo en la actuación de Jessica Barden hace que todo sea diferente. La actriz es capaz de cargar con el peso de escenas enteras con sus habituales gestos desapasionados salpicados de estallidos de ira, con esa carismática escena del baile, con las miradas que dirige a Alex… ¡Qué pedazo trabajo!

Son amor, de verdad.

El elenco de secundarios es estupendo; pero destaca el papel de Gemma Whelan, quien, con su tono cariñoso y con las miraditas que intercambia con su compañera, interpretada por Wunmi Mosaku (una pareja de detectives muy divertida), sorprende, convence y enamora.
Conclusión
Aún queda mucho 2018 por delante y muchas series por salir, pero The End of the F***ing World es, probablemente, el primer gran estreno del año y, si la gente no la olvida, porque 365 son muchos días, creo que figurará en muchas listas de lo mejor del año las próximas navidades. En la mía lo hará sin ninguna duda.

martes, 20 de febrero de 2018

La llamada - Javier Ambrossi, Javier Calvo


Tras la decepción con Verano 1993, el mismo día de la ceremonia de los premios Goya, decidí ver otra de las películas españolas de las que había oído hablar a lo largo del año. La llamada no era candidata a ganar mejor película, pero estaba nominada a mejor dirección novel y mejor guión adaptado, ambos para Javier Ambrossi y Javier Calvo, mejor canción original (premio que ganó) para Leiva, y dos veces a mejor actriz de reparto, para Anna Castillo y Belén Cuesta.



De Juana de Arco a María Casado
María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo) son dos adolescentes rebeldes aficionadas al electro latino, sobre todo a Juan Magán, que asisten en verano al campamento cristiano La Brújula y no dejan de liarla para frustración de Sor Bernarda de los Arcos (Gracia Olayo) y de la hermana Milagros (Belén Cuesta). Pero a María comienza a aparecérsele Dios (Richard Collins-Moore) cantando canciones de Whitney Houston y eso hace que se pregunte si debería cambiar de vida.

La alocada premisa, los disparatados personajes, los ágiles diálogos y la extraña combinación de canciones de Whitney Houston, Presuntos implicados, himnos eclesiásticos y el mencionado electro latino, que suenan sin hacer de menos a ninguno de ellos y sin caer en una fácil actitud clasista; consiguen un producto divertido y funcional que se aprecia lleno de cariño.
Un producto sencillo y funcional
La llamada rehuye las fórmulas complicadas, de las capas del diálogo, del discurso serio y del grandilocuente; rechaza la sobriedad y la contención en sus formas. Es un producto vitalista y sencillo con el propósito fundamental de contar una historia divertida sobre la transformación de la adolescencia, los propósitos de vida y el amor.

Belén Cuesta y Anna Castillo.

Creo que en un sentido puramente técnico el guión se pasa de básico. Sirve al propósito de conectar los números musicales y permite que las actrices se luzcan, pero solo la protagonista está desarrollada con cierto cuidado, pues sus dudas sobre la vida que lleva, ahora que se le aparece ese Dios al que le molan Whitney Houston y las escaleras, son comprensibles. Tanto Susana, que para tener un sueño claro renuncia a él con mucha facilidad, sin visita divina ni nada; como Sor Bernarda, que cuando es necesario es severa y cuando no, no; parecen responder más a las necesidades de la película que al diseño de los personajes. La monja Milagros, en cuyas motivaciones no se profundiza demasiado, parece más o menos coherente. Quizá sepamos lo mínimo necesario, pero el personaje se sostiene con esa información.

La dirección no aporta gran cosa pero tampoco entorpece, que ya es algo, ni se limita a filmar una obra de teatro negando cualquier virtud cinematográfica. Es un producto mucho mejor adaptado al medio que Fences, por ejemplo.
La música y el reparto
No he visto la obra de teatro original de Ambrossi y Calvo, que aunque surgió como obra menor, tuvo tanto éxito que pasó a la sala principal del teatro Lara, donde mantuvo sus espectaculares cifras, lo que llevó al equipo de gira por toda España.

Por sus sucesivas temporadas teatrales pasaron, en algún momento, todos los protagonistas de esta adaptación, pero entre los pasajes hablados y los cantados de la película hay un cambio del sonido tan brusco que, sinceramente, a veces parece que las canciones estén dobladas por otras personas.

El cantante español Leiva, que fue la voz reconocible del grupo Pereza antes de que se separasen en 2009) se ocupó de la música en la película y escribió la canción principal, titulada también La llamada, que, como comentábamos al principio, se hizo con el Goya a mejor canción original en la gala de 2018.

Leiva recogiendo su premio en la pasada edición de los Goya.

El reparto ha recibido muy buenas críticas en general, y unas cuantas nominaciones; aunque yo no acabo de compartir esa visión. No creo que nadie en la película actúe mal; pero tampoco que estén intachables.

Hay dos actrices que creo que destacan: Belén Cuesta y Macarena García. La primera está fantástica en su exageración humorística, aunque ese histrionismo puede echar atrás a muchos, y en la ternura con que canta Todas las flores. Macarena tiene algo que convence en la mirada, un candor fervoroso que le viene al pelo y que llena unos ojos muy expresivos.

Macarena García. De verdad, ¡qué ojazos!

Anna Castillo tiene la tosca chulería que necesita su personaje, pero en otros momentos, cuando tiene que cambiar de registro, me parece mucho menos convincente; aunque quizá se deba a que el propio cambio me resulta algo forzado. Puede que sea cosa mía, pues me refiero a una de las escenas más celebradas de la película. Gracia Olaya trabaja bien, los problemas que le veo a Sor Bernarda tienen más que ver con el texto que con el desempeño de la actriz. Richard Collins-Moore me sorprendió con su potencia vocal, su amplio registro y su contundente rasgado. Una buena voz nunca sobra en un musical.
¿Y el inglés qué tal?
En los musicales la música es importante. Esto suena a perogrullada, pero es así o debería serlo. Desconozco cómo se emitió esto en las salas de cine o qué se hacía en el teatro, pero Dios canta canciones de Whitney Houston y en Movistar, al menos, no están subtituladas. Esto produce un efecto muy feo si el espectador no entiende lo que se canta, si se pierde esa información, que se entrelaza siempre con la imagen.

En una escena, para ilustrar esto, María huye de Dios, mientras este canta I have nothing. Él cierra una puerta, pero María sigue intentando escapar. Dios canta:

Don't make me close one more door
I don't want to hurt anymore
Stay in my arms if you dare
Or must I imagine you there
Don't walk away from me
I have nothing, nothing, nothing
If I don't have you, you, you, you, you

No creo que haya problemas con elegir canciones en inglés, pero sí me pareció que una parte de los espectadores iban a perderse esas asociaciones sin ningún tipo de lógica. ¿Qué sentido tiene optar por no subtitular las canciones en lengua extranjera? ¿No merma eso su impacto para una franja de espectadores, me atrevería decir que importante, de forma innecesaria?
Los javis
Ambrossi y Calvo, a los que seguramente hayáis visto referenciados como «los Javis», se han convertido en un fenómeno, sobre todo tras la exitosa entrega de Operación Triunfo 2017 en la que fueron profesores de los concursantes, aunque ya tenían cierto reconocimiento por el éxito de Paquita Salas. Son una pareja de artistas abiertos, divertidos y optimistas; son todo lo que transmite La llamada. Aquí podéis ver una entrevista que les hicieron para El Mundo.


Protagonistas posando con los Javis.
Conclusión
Parece que La llamada divide a los espectadores entre quienes la consideran una idiotez monumental y los que la consideran una genialidad. Yo me encuentro en un modesto punto medio: me parece una película entretenida, animada y optimista, con una selección de canciones interesante y, en general, lucida. Pero ya: ni los diálogos me parecen particularmente brillantes, ni el reparto me parece excepcional ni creo que todo encaje con tanta naturalidad. Sus 110 minutos son entretenidos, con sus absurdeces, su humor y su cariño y, cuando termina, puede mantener todavía una sonrisa de satisfacción, que no es poco, pero tampoco es tanto.

jueves, 15 de febrero de 2018

Vaiana - Ron Clements, John Musker


Vaiana es uno de los Clásicos Disney que se estrenaron en 2016, junto a Zootrópolis, con la que se batió tanto en los Oscar como en los Annie de 2017, siendo derrotada por esta en ambas ocasiones.

© 2016 Disney

Maui, un semidiós cambiaformas y maravilloso navegante, le roba el corazón, una piedra mágica, a la diosa Te Fiti para darles a los humanos la capacidad de crear. La diosa desaparece entonces y el demonio Te Kā intenta conseguir la piedra pero hace que tanto esta como el anzuelo mágico de Maui acaben en el fondo del mar. La naturaleza de los archipiélagos polinesios empieza lentamente a corromperse, y mil años después, Moana, hija del jefe de una tribu, es elegida para devolver la piedra a Te Fiti y emprende su aventura, lo que la llevará a surcar los mares, reclutar a Maui y enfrentarse a Te Kā para devolver a Te Fiti su corazón.
Una princesa aventurera
Vaiana es una historia bastante en la línea del Disney de los 90: llena de aventuras, acción, paisajes y animación increíbles (aunque en 3D, claro, excepto por las tatuajes de Maui), personajes a los que resulta fácil coger cariño (aunque alguno sea un poco repetitivo de más, como el gallo HeiHei) y una carismática banda sonora quizá algo afeada por ciertas torpezas. Además, siguiendo la estela de Frozen, han creado una princesa fuerte (una hija de jefe de tribu, en realidad; aunque la propia película se ríe de esto) que no necesita que nadie la salve.

No necesito que me salve medio. Y menos un semidiós con unos tatuajes mucho más resolutivos que él, ¿capisci?
© 2016 - Walt Disney Studios Motion Pictures

Moana: Okay, first, I am not a princess. I'm the daughter of the chief.
Maui: Same difference.
Moana: No.
Maui: If you wear a dress, and have an animal sidekick, you're a princess.

El trabajo visual
La aventura en sí es bastante prototípica, pero el apabullante trabajo visual hace que todo merezca la pena. El nivel de detalle de los escenarios es asombroso hasta para un buque insignia de Disney, el diseño de los personajes es excelente, como siempre; con esas melenas que ondean con naturalidad o los tatuajes de Maui; y, además, está el mar. El océano de Vaiana es una preciosidad, con sus colores, la espuma, las olas…

Giant Crab to Demigod
Giant crab to Demigod 
Take your magic hook
and use its powers now
© 2016 Walt Disney Animation Studios

La animación también es soberbia, y los movimientos del fulgurante y agresivo Te Kā, de ese brillante cangrejo Tamatoa (que tiene una canción, Shiny, con fuertes influencias de David Bowie, con quien también comparte ojos), así como las transformaciones de Maui y los detalles de Moana, como los pies y el pelo, son magníficos. Cabe destacar también el trabajo de animación de la horda de piratas coco. La escena es cansina, no aporta nada y el diseño de estos monstruitos parece servir poco más que para vender juguetes, pero cada plano consta de un sinfín de esas pequeñas y agresivas bolitas piratiles.
El trabajo musical
Parte de mi interés por las películas Disney se debe a que muchas de ellas son musicales. Me gustan mucho las bandas sonoras épicas de Star Wars o el tono de cuento de la de Moonrise Kingdom, pero siempre me ha encantado el género musical, y eso Disney lo domina bien, como atestiguan Blancanieves, El libro de la selva, Aladdin, La bella y la bestia, Mulán o Frozen; así que me llevé una agradable sorpresa cuando sonó la primera canción.

Ni es huérfana, ni su familia se está muriendo ni nada. Moana no respeta nada de nada las tradiciones.
© 2016 Walt Disney Animation Studios

Vaiana es una película llena de canciones que mezclan el toque Broadway típico de Disney con una gama de sonidos del Pacífico sur con el que evocan la Polinesia. El resultado es, en general, muy bueno: suena genial, tiene ritmo y la influencia tribal desborda carisma. No obstante, hay alguna que otra canción en la que ocasionalmente parecen sobrar sílabas. Los versos llevan un ritmo y, de pronto, hay un verso con el fondo de otro pero en el que llaman la atención media docena de sílabas de más, generando un efecto bastante tosco similar al de los versos apurados de Mägo de Oz; a esos versos en los que el texto es demasiado largo pero debe entrar sí o sí.

Además, alguna canción, aunque sean buenas, se hacen un poco larga. Tanto You’re welcome, de Maui, como Shiny!, de Tamatoa, parecían embarcadas en un ciclo sin fin de estribillos. Son buenas canciones, pero creo que lucirían mejor con alguna repetición menos.
De Moana, Vaiana
El título original de la película es Moana, como el nombre de la joven heroína; pero en muchos países europeos se tituló Vaiana porque el nombre ya estaba registrado por la perfumería CASA MARGOT para uno de sus productos. En este artículo de Verne podéis encontrar este y unos cuantos productos más que cambiaron de nombre al llegar a España.


A la chavala del remo se le ha ido un poco la olla con su colección de Funkos.
© 2016 Walt Disney Animation Studios

Conclusión
Vaiana es una correcta película de aventuras elevada, sobre todo, por su impecable factura; probablemente la mejor que Disney ha producido en 3D. Sigo añorando la animación tradicional, pero con este nivel admito que la añoro un poco menos.

viernes, 9 de febrero de 2018

Dark (Temporada 1) - Baran bo Odar, Jantje Friese

Se trata de la primera serie en alemán que produce Netflix, un thriller sobrenatural sobre unos niños que desaparecen sin dejar rastro y de otros cuyos cuerpos aparecen con extrañas quemaduras en la zona de los ojos.




¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Qué?
La historia comienza en 2019 con el suicidio de Michael Kahnwald, quien dejó una nota de suicidio en cuyo sobre solicitaba que no se abra hasta el 4 de noviembre. Su hijo ha pasado meses recibiendo atención psiquiátrica y ahora vuelve al instituto. Poco antes de esto, Erik Obendorf desapareció un día sin dejar rastro, y Ulrich Nielsen, cuyo hermano Mads desapareció en 1986 en similares circunstancias, es asignado a la investigación del caso. Y todo empieza a liarse.

Jonas y su chubasquero amarillo.
Photo by Julia Terjung/Netflix

El problema de las historias que no se cuentan cronológicamente es que resultan algo farragosas de entrada, cuesta situarse en ellas. Cuando no se cuentan cronológicamente y hay viajes en el tiempo, el resultado es confuso de forma casi inevitable. Dark es confusa.

La serie tiene muchos personajes y algunos de ellos no son fáciles de distinguir al primer vistazo, hasta que nos acostumbramos a ellos. El hecho de que luego aparezcan los personajes de 1986 y, más tarde aún, los de 1953, tampoco ayuda. Dark es liosa, tiene un montón de personajes y a muchos de ellos los interpretan varios actores. A esto unimos los viajes en el tiempo y se convierte en un caos.


Ser detective debe de ser complicado, pero serlo en una trama con viajes en el tiempo debe de ser, si me disculpáis, un mierdón.
No es Stranger Things
A menudo se compara a Dark con Stranger Things, pero en realidad tienen poco que ver. Hay un factor sobrenatural importante y hay adolescentes y policías, sí, que podríamos decir que ya es bastante; pero la serie alemana juega a otra cosa, quizá con un tono más heredero del Twin Peaks original que de la serie de Eleven y el Demogorgon.

Dark no tiene prisa, ni ganas de camelarnos con escenas de acción, ni con guiños a obras de los 80 (aunque se podría sacar alguno, ¿no es el chubasquero de Jonas un guiño a It?) ni con diálogos ágiles, chispeantes y divertidos. Dark solo quiere contar su historia y deleitar al espectador con una factura impecable: una atmósfera cargada y agobiante, con una de las lluvias más constantes, agresivas y bonitas que he visto en pantalla; un elegante juego de colores en el que detalles intensos destacan sobre fondos apagados; y una estupenda banda sonora de música alemana en la que a veces, como en el tema Goodbye de los créditos de apertura, sorprenden unos graves muy poderosos.


Si es que con lo que llueve en Dark y los frenos de los años 50…
Photo by Julia Terjung/Netflix
Conclusión
Dark merece la pena. Las historias con viajes en el tiempo suelen ser tramposas, más humo y espejos que chicha, y puede que a la serie de Baran bo Odar y Jantje Friese también le pase; pero el reparto, el tono y su soberbia factura compensan cualquier carencia de originalidad o claridad expositiva. Es un producto muy disfrutable.


martes, 6 de febrero de 2018

Godless - Scott Frank

Esta fue una de las series que se estrenaban en 2017 a la que más ganas le tenía. La premisa, lo que se podía ver de la puesta en escena y la, en general, buena factura de Netflix me parecían muy tentadoras; pero Godless llegó a finales de noviembre y, con muchos deberes seriéfilos pendientes, no encontré el momento de ponerme con ella hasta un par de meses después.

Las mujeres de La Belle

Frank Griffin (Jeff Daniels) es un sanguinario forajido que acaba de perder un brazo frente a su antiguo pupilo, Roy Goode (Jack O’Connell), al que considera un hijo. Este, huyendo, llega al rancho de Alice Fletcher (Michelle Dockery) en las afueras de La Belle; pero sabe que Griffin no cejará hasta encontrarlo.


Roy (Jack O'Connell) y Alice (Michelle Dockery).
Photo by Ursula Coyote/Netflix

La Belle es un pueblo construido a raíz de una explotación minera cercana que, tras un accidente en la mina que acabó con casi todos los hombres del pueblo, empezó a ser dirigido por las viudas. Ahora, con un renovado interés empresarial, llegan los representantes de la Quicksilver Mining Company para negociar con ellas.

El bueno, el guapo y el malo.

Godless, pese a lo que pueda parecer por cómo se anunció y por los valores que destacaron de ella en prensa, es una historia centrada en la batalla que enfrenta al despiadado y abyecto forajido Frank con el rebelde, pero ahora bien intencionado, Roy Goode y con el sheriff de La Belle, Bill McNue (Scoot McNairy), un antaño brillante pistolero.

Bill (Scoot McNairy)
Photo by Ursula Coyote/Netflix


La historia principal no es demasiado innovadora, recurre a fórmulas mil veces pisadas y que sabe que funcionan. A lo largo de siete horas y media de calmada exposición, en la que se detallan las pulidas facetas de este trío y de algún personaje más, como Alice y Mary Agnes (Merritt Wever), nos encontramos con viejos conocidos del cine del oeste: paisajes llenos de fuerza, el humo y las cenizas de los pueblos incendiados, el retumbar de los cascos de los caballos, tiroteos y lo que, a falta de un término mejor, podríamos llamar «miraditas de vaquero». Todo funciona, pero nada sabe a nuevo, nada tiene el olor de la sorpresa ni, mucho menos, el asombro.

Ritmo y aspectos técnicos

Que más de la mitad de los episodios excedan los 70 minutos es una jugada arriesgada. La mayor parte de ellos, pese a cuidar los diálogos, la puesta en escena, los paisajes, la fotografía y el montaje; se hacen largos. Pero largos largos.

Frank (Jeff Daniels)
Photo by Ursula Coyote/Netflix

La serie, escrita por Scott Frank (nominado dos veces al Oscar por los guiones de Un romance muy peligroso y Logan), se toma toda la calma del mundo y a veces consigue explotar ese tiempo para profundizar en los personajes, para dejar que reposemos la vista sobre las llanuras o para llevarnos de la mano a través de la cortina de humo y cenizas de los edificios en llamas. Pero, como sucede a menudo con el grupo de la Quicksilver Mining Company, a veces los capítulos parecen dar vueltas innecesarias a unas ideas sin la entidad suficiente para sustentar el metraje que ocupan, o desaprovechan los personajes y situaciones que usan. El final, previsible hasta las trancas, aunque no por ello malo, parece posponerse inútilmente gran parte de la serie, lo que ahoga gran parte de la tensión que podría generar.

Welcome to no man’s land

Comenté esto en twitter después de ver el primer episodio, pero me reafirmo tras haber terminado la serie. Anunciar Godless con ese lema es, como mínimo, curioso. Pero el resto de la campaña publicitaria, que destacaba que nos encontrábamos ante un western feminista y empoderante, es casi una burla al espectador.

Cartel promocional.

En principio, ese pueblo casi sin hombres debería ser el medio de cultivo perfecto para escribir una serie con un montón de personajes femeninos potentes, pero la verdad es que hay pocas mujeres que podamos decir que son importantes. Hay muchas mujeres, sí, pero la mayor parte van a la deriva según la historia las necesite hasta la evidente escena final, en la que la mayor parte de ellas siguen sin hacer gran cosa.

Había leído que esto mejoraba con el paso de los capítulos y que las mujeres eran el verdadero protagonista de Godless, porque era de las que dependía todo; pero creo que manejamos conceptos distintos de lo que significa ser protagonista. El protagonista de Teléfono rojo no es la bomba, de la que depende todo; y el de Godless no son las mujeres.
Mary Agnes (Merrit Wever) y Alice (Michelle Dockery)
Photo by James Minchin/Netflix

Hay alguna mujer protagonista, como Alice y Mary Agnes, y alguna otra tiene momentos de cierto protagonismo, como Iyovi, Louise, Martha, Sarah o Charlotte; pero la trama principal es el duelo entre dos hombres, Frank y Roy; y las subtramas más tensas para el pueblo las llevan el sheriff y Ed Logan (Kim Coates). Godless es una serie cuyas líneas maestras conservarían casi todo el sentido eliminado a la mayor parte de las mujeres y que, en cambio, se resentirían quitando a casi cualquiera de sus hombres. Creo que vender la serie como un western feminista y empoderante fue publicidad engañosa, aunque, desde luego, los medios no parecen pensar lo mismo.

Conclusión

Godless es una serie con un aspecto impecable, fiel a fórmulas bien conocidas del western y poblada por unos cuantos personajes interesantes y bien pulidos; pero también tiene personajes que aportan poco y alguno que no aporta nada, y algunas líneas que parece que solo rellenan metraje.

En general es una buena serie; pero deja la sensación de que debería ser mejor. Encima, si os acercáis a ella por su campaña sobre un western feminista y empoderante, puede que os llevéis un chasco de narices. Godless es buena serie, sí, pero no es la serie que nos vendieron.

martes, 30 de enero de 2018

Tres anuncios en las afueras - Martin McDonagh


Este fin de semana decidí superar mi fobia a las salas de cine (al resto del público, en realidad) para ir a ver Tres anuncios en las afueras, de Martin McDonagh (Escondidos en Brujas, Siete psicópatas), una película que ya se ha llevado unos cuantos premios (mejor drama en los Globos de Oro, premio del público en el TIFF, mejor reparto en los SAG…). La experiencia fue estupenda. Desconozco si se trata de una justa ganadora, porque he visto muy pocos de los filmes que suenan para premios; pero, sin duda, se trata de un buen producto.




Hace-space: pre; meses en Ebbing, Missouri, una chiquilla fue violada y asesinada; pero la policía no ha conseguido encontrar ningún indicio. Mildred (Frances McDormand), madre de la joven, alquila tres vallas publicitarias a las afueras del pueblo para imprimir unos carteles con los que llamar la atención de los, en su opinión, incompetentes policías.

En busca de la justicia

En Tres anuncios en las afueras se baila mucho en torno a la idea de la justicia. Mildred considera que la policía le debe la resolución del caso. Es muy explícita desde el principio y los mensajes que pone en los carteles eliminan cualquier duda: «RAPED WHILE DYING», «AND STILL NO ARRESTS?», «HOW COME, CHIEF WILLOUGHBY?».

Photo by 1996-98 AccuSoft Inc., All right reserved

El jefe de policía Willoughby (
Woody Harrelson) simpatiza con Mildred y desea coger a los culpables, pero también sabe que la ley tiene sus procesos y exigencias. El ataque que le dirigen desde las vallas es injusto con su persona, pero al mismo tiempo comprensible. Persigue lo bueno, lo justo, sin preocuparse de los daños colaterales y las pequeñas injusticias.


Por último tenemos al agente Jason Dixon (Sam Rockwell), un policía violento, machista y racista; un matón callejero con placa, pistola y porra; quien en su obsesión de resolver los casos como sea, también es un perseguidor absoluto de la justicia. En cierto modo es la personificación sucia (gracias a todo eso que tiene de malo) de Mildred. Ella está dispuesta a daños colaterales en su búsqueda de la justicia, y Dixon… bueno, él está dispuesto a muchos más daños colaterales. A todos ellos.


Estos personajes, los más importantes de la película, comparten esa búsqueda, aunque no lo sepan y, a veces, no puedan verlo. El texto de McDonagh, bien pensado y construido, aprovecha esta ideas para acercarlos y alejarlos a conveniencia, de un modo orgánico, vivo en el que las agudas y emponzoñadas réplicas de sus diálogos encajan como anillo al dedo.

McDonagh en estado puro

Aunque a priori pueda parecer que Tres anuncios en las afueras está lejos de los otros dos largometrajes de su director, en realidad no lo está tanto. Puede que esté, de hecho, demasiado cerca: hay una violencia no muy constante pero bastante explícita, un tipo de tensión particular muy del gusto de McDonagh, que combina lo triste y lo divertido y unos diálogos típicos de él, sorprendentemente ágiles, bien medidos, de réplica rápida y desbordantes de humor negro y tacos. Puede parecer que no es el estilo más apropiado, pero, sin duda, le sientan genial a la cinta. Es un ingrediente que su director sabe explotar muy bien.




La película avanza imparable a través de tres actos bien definidos, que consiguen mantener el ritmo y el interés sin caídas. La historia se desarrolla con unos nudos claros que conducen la trama sin divagar, sin detenerse y sin dar, en general, la impresión de ser trucos artificiales, aunque puede que el del incendio durante la lectura de la carta lo sea un poco: se usa para provocar un cambio en un personaje y tanto el efecto como el método son algo exagerados, quizá respondiendo más a la necesidad de ese cambio que a la mera lógica narrativa.

Delante y detrás de las cámaras

Delante de las cámaras nos encontramos con una siempre fantástica Frances McDormand al frente del reparto, dando vida a esa vengativa Mildred que libra una cruzada en busca de justicia con las herramientas de las que dispone; y un intachable Woody Harrelson encarnando al simpático, frustrado pero encantador jefe Willoughby. El apartado actoral de la película ya podría resistir las más inclementes tempestades de la queja; pero, además, está Sam Rockwell. Dixon es el personaje más completo, el que tiene el viaje más largo… y Rockwell lo da todo del primer minuto al último, en una interpretación que para muchos, incluidos los miembros del Sindicato de actores, es de lo más destacable del año.



No obstante, aunque el desempeño de los actores sea de lo que más se está hablando, el trabajo detrás de las cámaras también es estupendo: McDonagh firma un guión sólido y lo filma con una agilidad realzada por el eficaz montaje de John Gregory, que ya había montado Escondidos en Brujas y que fue también montador de La carretera o de Cuatro bodas y un funeral (es lo que tiene llevar casi 40 años dedicado a esto) y la elegante fotografía, que exprime la oscura tensión de todo, a cargo de Ben Davis, quien ya había ocupado este rol en Siete psicópatas y cuyos trabajos recientes incluyen las marvelianas Guardianes de la galaxia, Vengadores: la era de Ultrón y Doctor Extraño. Además, el apartado musical a cargo de Carter Burwell, que siempre ha sido el compositor en las películas de McDonagh y en casi todas las de los Coen; encaja como un guante y refuerza la experiencia con un sonido de influencias country y blues con algún motivo muy reconocible.

Conclusión

Tres anuncios en las afueras es una película ágil, entretenida, divertida a pesar de su drama, su tensión y su violencia; una especie de versión acelerada y frenética del cine negro de los Coen, un punto que McDonagh domina como nadie. Y, encima, tiene un fantástico envoltorio audiovisual y un reparto excepcional.