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jueves, 20 de abril de 2017

Los miserables - Victor Hugo

Esta es la primera entrada de una serie de publicaciones sobre Los miserables. En ella hablaré de la novela de Víctor Hugo; en la próxima, de la adaptación musical y de su versión cinematográfica de 2012; en la siguiente, de la música en particular; y en la última, de las diferencias argumentales entre novela y musical y de cómo cómo afectan al enfoque de la trama y al diseño de personajes.

Portada del libro, usando una ilustración de Émile Bayard, quien ilustró la versión original de Los miserables. El resto de imágenes de esta entrada son del mismo autor.

La primera vez que me acerqué a Los miserables fue con la adaptación cinematográfica del musical y ya entonces me atrapó su historia. Pero mi amor por la vida de Valjean se fue labrando con el tiempo: cada vez que veía la película (y fueron unas cuantas), ponía en YouTube Do you hear the people sing o escuchaba la banda sonora en Spotify, me gustaba un poco más. Después, fui a ver el musical a Londres y mi relación Los miserables dio un paso de gigante: me encantaba. Eso me hizo llegar a las páginas de la novela de Víctor Hugo en calidad de adorador.

Deseo destacar también que contra la costumbre de esta página, desgranaré algunos detalles del argumento de forma bastante exhaustiva, por lo que si no conocéis la historia y odiáis los spoilers, es mejor que no sigáis.

Personas, pueblo y sociedad

Desde un punto de vista estructural, esta novela se divide en cinco tomos: Fantine (que introduce el proceso redentor de Valjean), Cosette (que presenta a la pequeña hija de Fantine y cuenta cómo es adoptada por Valjean), Marius (que se centra en dicho personaje y en todo lo que le rodea: el abuelo, burgués y realista; el padre, veterano coronel napoleónico; los amigos del ABC…), El idilio de la calle Plumet y la epopeya de la calle Saint-Denis (cuando surge el amor entre Marius y Cosette) y Jean Valjean (en el que se desata la revuelta insurgente y se culminan las tramas de los distintos personajes).

Los miserables no se narra como una novela al uso. El texto de Hugo no siempre sigue a sus personajes de cerca. A veces es íntimo con ellos y se explaya en sus pasiones, pero otras sobrevuela un contexto social o histórico bastante alejado. Así, por ejemplo, empieza con una extensísima presentación del obispo de Digne, el motor primero de la redención de Valjean; más tarde dedica otro muy generoso bloque al auge y caída de Napoleón como anticipo a la dicotomía sociopolítica de la Francia de la época; y en otros momentos dedica un buen puñado de páginas a describir el sistema de alcantarillado de París a lo largo de la historia o a hablar del despilfarro frente a la pobreza.

«Se ha calculado que en salvas, cortesías reales y militares (…), etc., el mundo civilizado gasta en pólvora, cada veinticuatro horas, ciento cincuenta mil tiros de cañón inútiles. A seis francos el tiro, importan novecientos mil francos al día, trescientos millones al año, que se convierten en humo. Esto no es más que un detalle. Entretanto, los pobres se mueren de hambre.»

Valjean es el personaje principal y casi todo lo que pasa le afecta en mayor o menor medida. Los distintos elementos de Los miserables están muy entrelazados, pero generalmente en torno o a través de él.

Valjean, uno entre los miserables

El obispo de Digne es presentado como la luz, como un santo: da lo que tiene a los pobres, tiene fe en Dios y en las personas, y su puerta siempre está abierta, no importa cuándo, no importa a quién. El obispo es la esperanza, un espíritu angélico y paternal dispuesto a levantar siempre al caído. Valjean es, entonces, un presidiario que ha pasado diecinueve años en trabajos forzados por robar un poco de pan para alimentar a los hijos de su hermana e intentar huir sucesivas veces de prisión. Durante todo este tiempo ha cosechado un gran talento para la huida, una fuerza descomunal y un enemigo, el policía Javert.

«Jean Valjean, hermano mío, ya no pertenecéis al mal, sino al bien. Yo compro vuestra alma, yo la libro de las negras ideas y del espíritu de perdición, y la consagro a Dios.»

Tras su liberación, la obligación de enseñar la documentación de presidiario dificulta la vida de Valjean, que acaba robando la plata al obispo que lo acoge en su casa. Capturado poco después por unos guardias, afirma que monseñor se la ha regalado, y este, cuando le preguntan, apoya la versión del ladrón. Asegura la libertad de Valjean y compra con esa plata su alma. El expresidiario aún se ve arrastrado a la oscuridad por la costumbre y los años de condena, pero ahora tiene la figura del buen obispo para aferrarse, su luz lo guía en la oscuridad. Pero Hugo, sabiendo que siempre una cosa destaca más entre su opuesta, define esa luz desde la oscuridad; dibuja pequeñas manchas que ayudan a destacar la virtud. La perfección no existe, y el camino de Valjean, aunque lo acerca a ella, está salpicado de sombras, como el egoísmo de querer para sí a Cosette o las dudas de si librarse de la mirada de la justicia dejando caer en sus garras a otra persona.Aunque casi todo rodee o pase por Valjean, Hugo define a unos personajes muy ricos que, en general, comparten un rasgo: la miseria. La novela tiene un escenario y un toque deprimente y oscuro. Los personajes parecen abocados al desastre y al sufrimiento de forma constante.

La tierna Fantine, la madre abnegada que debe hacer de todo para mantener a Cosette, su hija, a cargo de los villanos y siempre pobres Thénardier, entonces infames posaderos. La propia Cosette, una niña esclavizada. Los amigos del ABC, entregados a la fatalidad de buscar la igualdad en una tierra de clases despiadadas. Marius, que malvive y sacrifica todo para honrar a su padre y se encuentra con lo indigno que parece hacerlo. El pobre Gavroche, simpático granuja callejero, producto genético de los Thénardier, pero no hijo; sus hermanas Éponine y Azelma Thénardier, condenadas a la oscura vida de crimen de sus padres; o sus dos hermanos pequeños, casi tan abandonados como el pobre Gavroche. Javert, un ser sencillo entregado a una visión dicotómica de la justicia que es su único apoyo. El señor Guillenormand, burgués realista incapaz de comprender la visión política de su nieto, pero desesperado por mantener su cariño… Quizá los únicos sin salvación y sin matices sean los Thénardier y su banda de matones, meros villanos pese al ocasional intento de explicación por parte del propio señor Thénardier.

Pero si vamos un paso, y solo uno, más allá, Hugo también nos habla de las miserias de Napoleón, de los convencionales, de la Revolución Francesa, de los religiosos, de las clases sociales que poblaban las calles de París, de la pobreza y la justicia… El lienzo de la novela es grande, y el pincel de Hugo es casi siempre igual de oscuro.

«No tenía casa, ni pan, ni lumbre ni amor; pero estaba contento porque era libre.»

La oscura ciudad de la luz

Pese a ese sufrimiento y esa miseria a la que somete a los personajes, Hugo destila amor por París y los parisinos. Sean aspectos positivos o negativos, ensalza lo que considera representativo de esta ciudad y sus gentes. En lo que a Los miserables respecta, Grecia tuvo su Atenas, como la Europa de finales del XVIII y principios del XIX tuvo su París.

Esto, que podría aplicarse a todo en mayor o menor medida, resulta más claro cuando se acerca la revuelta. El ánimo se caldea en las calles uniendo al pueblo en torno a la figura del general Lamarque. La narración insiste en las diferencias entre revuelta y motín y dignifica la revolución.

Enjolras, líder de los amigos del ABC, es descrito como un ángel: es hermoso, carismático, honrado y noble hasta el fin. Entre quienes lo siguen hay un poco de todo: unos comparten sus ideas (como Courfeyrac, que encarna la filosofía de la revolución) y otros lo siguen atraídos por su carisma a pesar de opinar diferente (como Grantaire). Los amigos del ABC anhelan los principios de la revolución: «libertad, igualdad, fraternidad» y están dispuestos a matar y morir por ellos. No importa que el apoyo popular vaya cayendo ante el miedo al ejército y ante el dolor de los disparos; los insurgentes son la luz del cambio.

«Era severo en sus alegrías y bajaba castamente los ojos ante todo lo que no era la República. Era el enamorado de mármol de la libertad. Su palabra tenía cierta áspera inspiración y la vibración de un himno.»

Por otra parte, la aplicación férrea de la justicia, o más bien de la ley, personada en Javert, es tratada como algo negativo. Javert, tan fiel a la ley, es injusto. El policía divide los hechos en legales (buenos) e ilegales (malos) con pasmosa facilidad. No importan las razones, no hay atenuantes ni redenciones posibles. Esa ley se convierte en una oscuridad agobiante mientras los robos de los pequeños granujas y las personalidades falsas de un Valjean que alimenta a un pueblo son tratadas con cierto aprecio, y la resistencia, incluso la violenta, a las fuerzas de un gobierno equivocado son la luz.

Épica sobre el amor

A pesar de que la segunda mitad de la novela tiene un estilo bastante más realista que la primera, con toda esa información sobre el 89 y el 93, sobre la batalla de Waterloo y la extrema pobreza de las clases más desfavorecidas de París en 1830, Los miserables tiene un componente romántico muy fuerte en el que las pasiones de los personajes son los ejes que lo determinan y mueven todo. La realidad descrita, salvo en esos pasajes más de contexto, como el de Waterloo, está muy filtrada por los ojos de los personajes y procesada por sus sentimientos.

Esas pasiones pueden ser enfocadas siempre desde el amor. Los personajes de Los miserables son muy entregados a sus respectivas causas y realizan sacrificios de todo tipo por aquello que aman.

Valjean muestra su devoción por Cosette, pero tambien en su constante búsqueda de la redención: perdona los errores de los demás, evita los comportamientos incorrectos (que le surgen, pero se esfuerza en pulirlos) e intenta proteger y extender el bien a quienes le rodean; lo que a su vez despierta amor sobre él: como el amor del agradecimiento de Fauchelevent, o el amor final de Fantine o de Marius, una vez sobrepuestos a sus recelos iniciales.

Cosette responde a Valjean con una adoración filial, hasta que descubre el amor romántico por Marius en su adolescencia, al que se entrega con tanta fuerza como con la que le corresponde él, tanta como la que antes el barón Pontmercy dedicaba a su no conocido padre, por el que se había alejado de su abuelo Guillenormand y los realistas. Quizá Marius ame también los conceptos de justicia social, república e igualdad, pero incluso en ese caso, lo hace por el efecto de la sombra del padre y no con la plena convicción de los Amigos del ABC.

«Basta una sonrisa vislumbrada bajo un sombrero de crespón blanco con adornos de lilas para que el alma entre en el palacio de los sueños.»

Enjolras, el ángel frío y ardiente a un tiempo, entregado y dispuesto a todo por los principios de la Revolución, solo tiene un amor: la República Francesa. Enjolras aprecia sin duda a sus hermanos, pero lo hace como un medio para el fin que es traer la igualdad a las gentes de París, para tapar el foso que separa a los nobles de los pobres, aunque sabe que para ello habrá que hacer sacrificios. Muchos de sus seguidores sienten un amor fraternal entre sí y rozan el filial por Enjolras, que es para ellos el faro que el obispo de Digne es al principio de la novela para Valjean.

Javert está definido por su amor a la ley, merecedor casi de ese «Qué cosas hago por amor» que popularizó Jaime Lannister. Javert vive casi por y para la ley, no conoce ni respeta nada más. No entiende de circunstancias, carece de empatía y no cree necesitarla. Es una bestia fría al servicio del código penal. Con el paso de las páginas se ve acuciado por interrogantes similares a los que asaltan a Valjean poco después de dejar al obispo. Eso, especialmente bien tratado en el musical, del que ya hablaremos, da lugar a dos escenas de cambio casi opuestas. Valjean es vencido por la confianza que depositan en él y decide seguir la luz del obispo; Javert se ve superado por sus dudas, derrotado su amor por la ley, y decide seguir el oscuro curso del Sena.

«Lo ideal, para Javert, no era ser humano, ser grande, ser sublime; era ser irreprochable.»

El obispo ama así a Dios, como Grantaire a Enjolras, como este a Francia, como Cosette y Marius se aman mutuamente y como Javert ama a la ley. Todos aman con locura. Todos hablan con la misma pasión de aquello que les importa, sea del alma, la fe o Dios; de un padre, una hija o una amada; o de Francia y sus gentes.

Los miserables es el resultado del encuentro de esos amores, del choque de esas pasiones; es el producto de unos personajes que se buscan y se encuentran, que chocan y se matan, mientras Jean Valjean se lava el alma, Marius y Cosette se aman, y los amigos del ABC intentan devolver los ideales a las calles de París. El lienzo de Hugo resulta muy lúgubre, pero así, entre toda esa oscuridad, las pequeñas luces destacan más. Y entre todo ese amor, es fácil verse arrastrado con ellos.


martes, 28 de marzo de 2017

Los chicos están bien - Lisa Cholodenko

Incluso en una época en la que veía una cantidad casi industrial de películas al mes, dejé pasar Los chicos están bien. El argumento no me motivaba y la consideración de «indie de relleno» que tuvo para muchos allegados su nominación a mejor película en los Oscar tampoco ayudó.

Hace unos días, en cambio, me la encontré en Netflix y me entraron muchas ganas de verla. Mereció la pena.

Maravillosas ambas.
Photo by Suzanne Tenner - © 2010 Focus Features

Lo extraordinario de lo ordinario

Los chicos están bien es una película sencilla y realista sobre lo cotidiano, los problemas de pareja, la familia la adolescencia… Los ejes en torno a los que se articula resultan cercanos, lo que hace que empaticemos más con los personajes: es fácil ponerse en su lugar, fácil entender cuánto queman pequeños errores mantenidos, y fácil alegrarse y sufrir con ellos. Y Lisa Cholodenko, que lo sabe, lo explota.

Nic (Annete Benning) y Jules (Julianne Moore) son una pareja de lesbianas con dos hijos, Joni (Mia Wasikowska) y Laser (Josh Hutcherson), del mismo donante de semen. Nic y Jules son una pareja normal, con sus más y sus menos; Jules intenta abrir un negocio de asesoría paisajística (nombre chic para el diseño de jardines), Nic es una médica a la que le gusta un poco de más el vino; y entre ellas hay cierta tensión. Joni y Laser, aprovechando que ella acaba de cumplir los 18, solicitan conocer al donante, lo que los lleva hasta Paul (Mark Ruffalo), el dueño de un restaurante, que trabaja su propio huerto ecológico y orgánico. Este acercamiento culmina en el deseo de las madres de conocerlo para decidir con qué ojos ven que sus hijos se relacionen con él.

El interés mutuo entre Jules y Paul pasa a convertirse en el motor de la historia. Un motor que no pega demasiados acelerones: la historia discurre a su ritmo, fiel a esa narrativa cotidiana, a esa normalidad bien conocida. La tensión se dibuja pincelada a pincelada con el paso de los días, mientras los chicos van desarrollando una relación más cercana con el padre.

Siempre me encantó esta chiquilla, incluso le perdoné el paso por Alicia. Y Peeta, bueno, aquí no es Peeta, que ya es algo…
Photo by Suzanne Tenner - © 2010 Focus Features

Es curioso que resulte chocante que una película se desarrolle de la forma esperada por propia voluntad. Estamos tan acostumbrados a ver algún giro rocambolesco y a ese deseo evidente de sorprender al espectador. Los chicos están bien es tan normal que parece rara.


El valor seguro de un reparto entregado

Pero incluso dentro de la normalidad más ordinaria, hay algún detalle: como esa escena en la que todas las tensiones están ya a punto de estallar, y en un último intento de devolver las aguas a su cauce, los principales contendientes de la lucha se desafían a ritmo del All I Want de Joni Mitchell. En mitad del proceso de paz, ambos se exhiben con una letra bastante directa. Es una escena sencilla y calmada, pero tan tensa, expresiva e intensa que abre la puerta al desastre. El último reducto de paz antes de la tormenta. No hay otra alternativa.

Y es que la mayor baza de la película es su reparto, entregadísimo y eficaz; capaces de transformar un momento divertido en una guerra sin cuartel con apenas un gesto o una línea de diálogo entonada con cierta voz. Son ellos, todos, los que llevan el peso de la película. Adaptados a cualquier situación y enfoque, unos todoterrenos imparables. Ruffalo y Benning fueron nominados al Oscar por sus papeles, y dudo que Moore no estuviese en las quinielas. Y los chicos (perdonadme por esto) están bien. Tanto Wasikowska como Hutcherson se muestran creíbles y transmiten las dudas y la hostilidad debida.

Creo que Paul tiene tensión sexual con todo lo que pilla, pero…
Photo by Suzanne Tenner - © 2010 Focus Features

Los chicos están bien sí que iba un poco «de relleno» en mejor película, en el sentido de que no tenía ninguna opción de ganar (como unas cuantas de las 10 nominadas aquel año); pero es una buena película y ofrece un drama creíble, un humor efectivo y la posibilidad de disfrutar con un reparto inspiradísimo.

martes, 14 de marzo de 2017

Jurassic World - Colin Trevorrow

Hace unos días vi Jurassic World. Estaba cansado y le pedía muy poco; quería que me entretuviese lo que durase, pero ni eso. O, al menos, no del modo en que supongo que quería hacerlo.

«No os preocupéis, chavales, que soy el alfa de la manada.»
Photo by Chuck Zlotnick - © 2015 - Universal Pictures

Quiero destacar que se adivina alguna idea interesante en la película, y que me gustó especialmente que ahora el parque sea como una ciudad. La atracción ha crecido; tiene decenas de miles de visitantes y es como una pequeña ciudad. Está bien. Es una evolución aceptable de la idea original. Me gusta también que busquen nuevas cosas que ofrecer para evitar el hastío de la gente. Da la sensación de ser un parque temático.


El hijo bastardo, y algo tonto, de Jurassic Park

Ríos de tinta se escribieron en su momento sobre los tacones que Claire lleva en la selva, y quiero romper una lanza en su favor, porque dentro del cúmulo de sinsentidos de la película, los tacones ocupan un lugar bastante modesto. Me resultó más intragable la carrera final, de la que hablaré después.

Jurassic World
presenta a un grupo de imbéciles de todas las edades y roles. Está el tío guay de los 80 (le falta el walkman. A lo mejor ensayó el personaje con el guión de Guardianes de la Galaxia, a saber); el niño repelente, el hermano mayor un poco tonto y algo fanfarrón; la tía profesionalísima y megapro que, en cuanto la aprietan, solo decide cosas basadas en el corazón; un director del parque más dedicado a la molonidad de ser rico que a dirigir las instalaciones (su estupidez va por otra parte, ya hablaremos de ella), un villano rematadamente idiota, un informático algo patético (aunque tiene quizá algún momento divertido)…

«No tengo sentido ni falta que hace. ¡Soy rico!»
Photo by Chuck Zlotnick - © 2015 - Universal Pictures

El mayor problema es que quiere ser Jurassic Park con desesperación, como el Episodio VII quería ser el IV, pero con menos brillo y con menos ideas. La historia, como en aquel caso, es fundamentalmente la misma; pero se desarrolla peor. Y también se ve peor. No diferente, no; peor. Jurassic Park se sigue viendo imponente y a la versión en Full HD de Jurassic World le falta vistosidad (quizá en 4k luzca más, no lo sé). Me atrevería a decir que el que una sea de Spielberg y la otra de Trevorrow también tiene algo que ver.

En cualquier caso, los problemas se retroalimentan. La historia mal llevada se encuentra con los personajes imbéciles y así comienza la hecatombe. Hay escenas enteras sin ningún sentido y personajes entre planos y ridículos.

Los personajes

Nos presentan al chulo de los 80 con un «¿Pero quién va en pantalones cortos a una primera cita?», y, muy inteligentemente (creo que es lo más brillante que dice en toda la peli) responde que están en el trópico y que hace calor. Pero se pasa la peli en camisa, chaleco de cuero por encima, pantalones vaqueros largos y calzado duro. Siempre. No importa qué haga. Es su uniforme vital. Solo se lo quita para ir a citas, vale.

El director del parque, que se está sacando el carnet de piloto de helicópteros decide pilotar en una misión de ataque (con esperables resultados). 

La mujer (la de los tacones) decide ir personalmente a buscar a los sobrinos perdidos (con los tacones y el machote de los 80 que fue en shorts a la primera cita. Solo Richard Curtis podría haber resuelto esa situación con éxito. Visto en perspectiva, Curtis habría hecho un peliculón con Jurassic World). 

El parque encarga un híbrido de dinosaurio muy loco pero consiente que haya secreto absoluto sobre sus características y posibilidades (los creadores podrían haber mentido, pero no; es que quedaron en que no se lo dirían y a todos le pareció estupendo, jiji jaja y todos muertos. Todo bien. Vamos a dejar a un lado las ideas que tienen sobre cómo funciona la transgénesis, porque tiene telita también).

Venga, mosasaurio, acaba rápido con esto.

Cuando la debacle ya es evidentísima y el caos recorre la isla, los visitantes del parque están quietos en una calle, al sol (ese sol fuerte que hizo que el machote fuese en pantalones cortos a la cita pero hace que se pase todo el día con chaleco sobre la camisa y pantalones largos), esperando que algo venga a matarlos. Lo sorprendente es que lo que se fuese a matarlos no los encontrase a todos desmayados.

Y todo así.

Contiene detalles de trama (si a esto se le puede llamar trama)

Cuando ya parece que la cosa no puede ir a peor, completamente enganchado por la vergüenza ajena, ese mismo morbo que hace que algunos vean Gandía Shore, se destapa el plan. Para detener al bestiarrón van a usar a los raptors como tropas de élite. El machote de los 80 avisa de que es una mala idea, pero no importa, allá van. Cuando se topan al Indominus, este ruge y los domina. ¡Han cambiado de alfa! Pero no importa, porque poco después, el machote acerca la mano a uno de los raptores, como si fuesen Hipo y Desdentao y le dice que lo quiere y nosequé, y el raptor se libera del influjo del alfa colosal (esto pasa tal cual en Cómo entrenar a tu dragón 2, sí; Chris Pratt hace del puto Hipo en Jurassic World. Si tuviesen un poco menos de sentido del ridículo, lo habrían montado a lomos de Blue y lo habrían petado…). Aún queda otra escena para la posteridad (aunque visualmente tiene su punto molón, todo sea dicho), de la mujer en tacones yendo a llamar la atención del tiranosaurio (ese del que en Jurassic Park no conseguían despegarse yendo en coche, ¿os acordáis? Bueno, pues debe de estar viejuno, ya, que ahora le mantiene el ritmo una persona en tacones).

En sus marcas, listos… ¡a taconear!
Jurassic World queda como un extraño intento de ser más que Jurassic Park: más grande, con dinosaurios más terribles, más armas, más explosiones, más acción… pero solo consigue una cosa: ser más cutre. Se deja ver, pero sobre todo porque conecta algunas cosas tan a lo loco y con tan poco sentido del ridículo que parece una película de SyFy con pasta.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Palacio Onírico se despide.

¡Hola Soñadores!

Ante todo, no os asustéis por el título de la entrada. A partir de hoy y hasta finales de enero vamos a dejar de escribir reseñas. ¿Nos vamos de vacaciones? No, vamos a mudar el blog a una nueva página que esperamos sea de vuestro agrado. Además, tendremos nuevos redactores y muchas sorpresa.

Esperamos veros en los comentarios porque llevamos muchos años juntos y os echaríamos de menos.

Hasta dentro de muy poco.

Albos y Laulau.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Noticias 21 de noviembre

Pero... ¡hoy no es viernes! Esta semana hay un pequeño reajuste de agenda y os dejamos las noticias hoy. La semana que viene volverán a su espacio habitual de los viernes.

—Se han anunciado los premios Feroz (menudo nombre...), que serán dados por la prensa y la crítica cinematográfica y que se entregarán antes que los Goya. Como ya he leído en diversos medios... «unos Globos de Oro españoles». A ver si premian un cine algo más mayoritario, porque los Goya viven en su propia burbuja de onanismo, y la situación del cine español deja claro que el espectador no se ve bajo el amparo de dichos premios.

—Tráiler de Pompeya, la nueva película de Paul W. S. Anderson:



—La AMC ha encargado el piloto de la adaptación de Predicador, un cómic violentísimo y muy crítico con determinados sectores y con la Iglesia. Entre los aficionados a la obra de Garth Ennis he visto más miedo que interés. AMC puede haber traído al mundo Breaking Bad y The Walking Dead puede tener una enorme legión de seguidores (y otra de detractores, todo sea dicho), pero si ya rebajaron tanto el tono de la historia de zombis... ¿qué van a hacer con Predicador? A los que busquen ultrafidelidad (algo que, no me cansaré de decir, no se le debería pedir a una adaptación) creo que les compensará no tomarse la molestia; personalmente quiero saber qué va a salir de ahí.


FX encarga 13 episodios de The Strain («Nocturna», para quienes conozcan la novela en castellano) a Guillermo del Toro, famoso director y autor de esta trilogía de vampiros, y Carlton Cuse, que fue showrunner de Perdidos. No sé qué tal estará porque una de las personas con las que más coincido en gustos me comentó recientemente lo malas que le parecieron estas novelas... pero el estilo de FX suele gustarme y una adaptación no tiene por qué tomarse el original al pie de la letra.

—Lisa Bonet y su marido Jason Momoa, se unen al reparto de The red road, una nueva serie del recientemente creado Sundance Channel que se estrenará en 2014. El argumento no parece nada del otro mundo, la verdad; pero tras la apasionante y contenida Rectify la espero con ganas.


martes, 19 de noviembre de 2013

Espartaco - Stanley Kubrick

Espartaco, esclavo en las canteras de Libia, es comprado por Léntulo Batiato para entrenarlo en su escuela de gladiadores. Allí, torturado por un amo que lo trata como a un objeto, empieza una revolución que hará historia.



Como fans de Kubrick que somos, parece mentira que aún no hubiésemos reseñado este gran clásico. Como es bastante larga, tres horas, tardamos mucho en animarnos a verla. Al fin, un domingo nos sentamos delante de la tele y nos pusimos a ello. Y fueron tres horas entretenidas. ¡Dentro reseña!


Los personajes:
- Espartaco (Kirk Douglas): hijo de la esclava de un hombre muy adinerado, Espartaco es un hombre orgulloso e inteligente. Mala combinación para un esclavo.
- Varinia (Jean Simmons): esclava de Léntulo, es vendida cuando este descubre el vínculo sentimental que la une con Espartaco. Este hecho es el detonante de la rebelión de los esclavos.
- Antoninus (Tony Curtis): esclavo fugado para unirse a Espartaco, es un hombre cultivado e inteligente que suple las carencias educativas de su líder.

Los actores:
- Kirk Douglas es, muy probablemente, de los mejores actores que jamás podremos ver en pantalla. En Espartaco, interpretando a un hombre que duda de sus ideas, que necesita fuerza para seguir y que se apoya en sus seres queridos, está fantástico. Como siempre.
Jean Simmons, para el papel sosainas de 'chica de...' que le han dado, está muy bien.
Y premio para Tony Curtis, por plantarle cara dignamente a Kirk Douglas.



Hago un pequeño inciso para hablar del casting de actores. En Espartaco, los malos son gente con sobrepeso. Esos malvados y obesos romanos frente a los cuerpos esculpidos de los recios esclavos. Curioso pero cierto.



Guión:
- la película dura tres horas y mantiene bien el ritmo. Al fin y al cabo la historia de Espartaco está llena de rebeliones, traiciones políticas y romance. Y de todo esto, el romance es lo peor. Los inicios de la relación con Varinia son completamente increíbles y todos los encuentros entre los amantes producen el mismo efecto que un dulce de leche relleno de chocolate y cubierto de merengue.
Más problemas con este punto: ¿recordáis cuando en la infame El ataque de los clones pasaban de escenas de batalla a pasteladas y te cortaban en rollo completamente? Pues hace mucho, mucho tiempo esto ya pasaba. Concretamente en Espartaco.



Pero vamos a centrarnos en lo bueno, que este guión tiene mucho de eso. Espartaco es amable con los protagonistas de la revolución y tiene razones históricas para serlo. Un ejercito de esclavos podría haber echado abajo Roma con sus propias manos; pero en vez de eso escogieron pagar barcos para irse tranquilos a vivir en libertad. Y Roma, que por supuesto no podía permitir perder el grueso de su fuerza de trabajo, usó todo lo que estaba en sus manos para impedirlo. ¿Mostrar signos de debilidad a las colonias? ¡Jamás! Además, eran sus esclavos. Podrían pasar a ser de otros pero libres, libres nunca. Nada nuevo bajo el Sol.
Es interesante ver cómo se dispone el tablero en ambos bandos. Con las virtudes y errores de cada uno. Pocas veces en cine tenemos la oportunidad de ver cómo dos enemigos enfrentados maquinan y mueven fichas y Espartaco nos la da. Ver lo organizados y motivados que están los sublevados y cómo los altos generales romanos los desprecian y los minusvaloran es una lección que nadie debería olvidar.

Punto para el guión a la hora de hacer coherentes a algunos personajes, como Espartaco. No, Varinia no, la pobre. Espartaco es un héroe. Es bueno, fiel, honrado y muy orgulloso. Espartaco cree en el bien común, en sacar a los esclavos del Imperio con la menor cantidad de muertes posible. Y todo esto tiene sentido dentro de la película. Como Antoninus, que huye de la casa de su amo tras una extraña conversación sobre ostras y caracoles (claramente no le gustó el menú), encuentra refugio en la causa de Espartaco y se entrega a ella en cuerpo y alma.



Atentos a la famosísima escena de las ostras y los caracoles. La censura de la época, muy aficionada a mutilar películas, se la cargó y no se puedo ver hasta 1991. No me extraña que en el ambiente gay se considere esta una película de culto. ¡Qué valentía rodar eso en los 60, con el macartismo aún coleando!

También hay un pequeño hueco para el humor en la película. Me encanta la escena en la que una mujer mayor se une al ejército de esclavos y Espartaco se queja, diciendo que cada vez hay más mujeres y niños. Y la señora le planta cara echándole la bronca a un hombretón que ya era leyenda. Bronca que acaba con una sonora carcajada por parte de ambos.

Por último, queda hablar del guionista de la película, Dalton Trumbo, uno de los 10 de Hollywood.  Como el marcartismo lo había incluido en su trágica lista negra, Kubrick decidió que era buena idea agenciarse el trabajo ajeno y ponerse en los títulos como autor del guión. Por suerte, Kirk Douglas lo impidió.



La dirección:
- Kubrick cogió la película empezada como favor personal hacia Kirk Douglas. Y a pesar de que se considera que esta es la película que lo encumbró como director, nunca llegó a estar contento con el resultado final de la misma. Primero, porque Douglas, protagonista y productor de la cinta, se negó a volver a rodar el trabajo ya hecho por el primer director. Segundo, porque se nota que Kubrick no tuvo completa libertad a la hora de rodar, como dan fe las continuas discusiones con Douglas.
Cierto es que la película tiene muchas de las virtudes de Kubrick pero pulidas con otro estilo. Poco a poco, Kubrick encontraba su camino.
Ha sido una delicia hacer un ciclo de Kubrick para ver la evolución de su dirección. Os recomiendo muy mucho hacer un pequeño circuito por sus grandes obras. Es una buena experiencia que todo amante del cine debería hacer.

Nota: un 9. Es muy larga pero se disfruta. Recomendada 100%


Otras películas de Kubrick:
Lolita.
El resplandor.
La naranja mecánica.
La chaqueta metálica.
¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú.
2001: una odisea del espacio.
Barry Lyndon.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Downton Abbey (4ª temporada) - ITV

Downton Abbey es una de esas series que esperamos todos los otoños. Las desventuras de los Grantham se han convertido ya en un habitual de nuestros septiembres y octubres... y hasta de nuestras entradas de noviembre. Este año la tomé con cierto interés añadido tras los acontecimientos del especial de Navidad del año pasado (la marcha de Dan Stevens de la serie, vaya), que si bien muchos consideraban el inicio de un evidente declive, yo veía como una puerta de cambio y de nuevos enfoques. El tema con Jessica Brown Findlay había salido bastante bien, ¿no?


La abadía sin Matthew

Matthew ya se había ausentado durante la IGM. Fue en la segunda temporada, donde un montón de ires y venires temporales minaron la consistencia y atractivo de la serie. Aquel campo de batalla no era el suyo. La nueva marcha de Matthew se ajusta mejor: es un tema mucho más controlado que no requiere de cabriolas con la línea narrativa. Y se agradece.

El impresionante hogar de los Grantham da cobijo un año más a casi todos los personajes que ya conocemos. Las tramas de la familia mantienen el tipo con sus geniales diálogos y su inglesidad. Lord Grantham, lady Edith, Cora y la viuda lady Violet alternan grandes momentos, pero lo hacen a la sombra de lady Mary, que es la verdadera protagonista y alma de esta cuarta temporada.

Carson, más imponente y estirado que cualquiera de los nobles de la serie. True story.

En el otro plano de la serie, entre los bastidores del hogar Grantham tenemos unas historias que no acaban de funcionar. Entre la servidumbre nos encontramos con un par de triángulos amorosos completamente desastrosos, con el drama y el dolor que persigue a Bates o a quien se relacione con él (qué gafe tiene ese hombre, por favor...) y con las argucias, todavía sosas y algo insufribles, de Thomas. Lo poco que puede salvar este desaguisado de los criados son los fantásticos duelos entre Carson y Molesley, altivísimos y ultraelitistas, porque son criados, sí, pero señores ante todo. Muy divertidos incluso en los momentos más tensos. Quizá también podríamos salvar el deseo de medrar de Alfred, que lucha por abrirse camino, aunque se afea su trama por la participación en los infames triángulos amorosos antes mencionados.

Sin hoja de ruta

Pero me da la sensación de que el oscarizado Jullian Fellowes a veces exprime la gallina de los huevos de oro sin mucho acierto. Al enfoque historicoide (e histericoide, sí) de la serie debieron de pegarle un tiro en la Gran Guerra, seguro que protegiendo al petulante Matthew; porque en esta temporada ya está todo tan descafeinado, ya importa tan poco el ambiente que me costaría afirmar que existe. Puede que este problema venga de atrás y no lo viese, perdido entre el lujo de los escenarios y la ropa, entre los ingeniosos diálogos de la viuda y la sensual mirada de lady Mary. Sirva de ejemplo la historia (entera) de la insufrible lady Rose con su enamorado. Todo cuanto suscita son unas cuantas miradas y una conversación algo dura (y a pesar de todo indulgente) con lady Mary. O la historia de lady Edith. Parece que los Crawley no se enfadan ante nada. Ni siquiera Violet Crawley, ¿dónde está toda su mordacidad cuando hay que coger la sartén por el mango?

Lady Rose, has rivalizado con la inmundicia de los triángulos amorosos de los criados. Ahí lo dejo.

Como Downton se construye con multitud de pequeñas tramas, hay algunas que funcionan bien, por supuesto: todo lo que ha rodeado a lady Mary, su madurez social, su relación con Tom y su abanico de pretendientes, ha estado genial (y han sido partes muy importantes de la temporada), los problemas de lord Grantham han estado bien llevados, la historia de Molesley ha tenido su punto... Pero no permite ignorar las carencias que ha generado en otros frentes.

Si la quinta temporada se mantiene tan abierta, caótica y loca... creo que la dejaré a medias. La cuarta, desde luego, la acabé de ver por el embrujo de los ojos de Michelle Dockery. Bueno... siendo sinceros, no descarto que vuelva a pasar.

Poco se puede discutir ante esa mirada.

Nota: 6. La mitad de las tramas funcionan y la factura técnica es tan buena como siempre. Cuando consiguen resultar elegantes, Downton Abbey resulta grande; cuando pierden ese toque... se indigesta.

Entradas relacionadas
Downton Abbey (1ª temporada).

viernes, 15 de noviembre de 2013

Noticias 15 de noviembre

—Este es el tráiler de Noé, la próxima película de Darren Aronofski, que lleva ya 3 años en producción:

¿Adivináis de qué va?

—¿Cuántas veces habéis oído que Hollywood se ha quedado sin imaginación y que el futuro inmediato está en la televisión? Pues a la ya larga lista de películas que se adaptan a televisión, y que en mi opinión insinúan que todo es mentira y que hay un deseo nulo de riesgo e innovación o mucha apatía creativa (y que siempre hay alguien que toma ciertos riesgos, ya sea en un medio o en otro), hay que añadir Ghost. Solo de imaginarme 10 o 15 horas de Ghost sufro un pequeño trauma. ¿Qué querrán contarnos? Juraría que es una película que explotó todas las facetas de su modesta historia. Además hay nuevos datos sobre la versión yanqui de Pulseras rojas: se emitirá en FOX y participarán en la serie Margaret Nagle (guionista y productora de un par de episodios de Boardwalk) y Sergio Agüero. Como ya se sabía, la serie estará producida por Amblin (la productora de Spielberg, que se había hecho con los derechos hace ya tiempo).


—AMC renueva Hell on wheels por una cuarta temporada. En su momento vimos muy poco de esta serie y no nos enganchó nada, pero parece que se fue ganando al público. A ver si la retomamos en algún momento... CW, por su parte, da temporada completa a The Originals, Reign y  The tomorrow people. Laura, al menos, se alegrará por la primera de ellas. ¿Alguien se alegra por alguna de las otras dos?

—FX prepara una serie sobre Rasputín, personaje que también será llevado al cine protagonizado por Di Caprio. La verdad es que el final de Sons of Anarchy el año que viene va a ser un golpe para la cadena, que necesita encontrar un nuevo filón.

—La versión reducida salta ahora mismo en muchos vídeos de youtube, así que puede que muchos ya conozcáis al menos una parte de este anuncio de Scorsese. Aquí os queda la versión del director:


Y, en una línea muy diferente, aunque también para un fabricante de ropa, os dejamos también con el anuncio de Wes Anderson para Prada.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Skyrim - Bethesda

Las notas de la prensa especializada en videojuegos siempre van al alza. Es algo que se sabe. Uno puede deducir que si un juego tiene entre un 8 y un 10, seguramente sea bueno. Pero que el 8 es el 6 de una película en Filmaffinity. Esto es así. Según nos acercamos al 10 uno deja de saber qué valoración real corresponde al producto. A estas dudas (Skyrim siempre se mueve entre el 9 y el 10) hay que sumar mi difícil relación con los juegos de Bethesda, que siempre me parecen potencialmente geniales y al final me resultan tediosos. Admito que agarré Skyrim con muchas, muchas dudas.

Jugué algo más de 170 horas y no tengo la menor idea de qué porcentaje llevo del juego ni tampoco me importa demasiado; sencillamente, me veo en disposición de hacer una reseña sincera y meticulosa.


Primeras impresiones

Si algo me llamó la atención originalmente de este juego fue su banda sonora. Empezar Skyrim es llevarse el impacto de escuchar la canción del menú principal, que también será la que acompañe algunos momentos de los más épicos del juego.

A esto habría que añadir el inicio de la historia, con unos efectos de sonido muy cuidados y envolventes, en una secuencia como espectador (en la que solo permiten mover la cámara) en la que se presentan a unos cuantos personajes, de los que cabe destacar a Ulfric Capa de la Tormenta, el líder de la rebelión independentista de Skyrim. El tema es que vamos a ser decapitados por no se sabe muy bien qué, pero un dragón aparece en el último momento (Skyrim empieza poniéndolo todo en el asador) permitiéndonos escapar. «Y así comienza nuestra historia», que diría Theresa en Fable II.

Dicen que si no te mueves no te ven, así que quietecito, verdugo... ¿Coló?

A grandes rasgos, admito que para este punto (habrían pasado unos 30 minutos), Bethesda me había ganado como jugador. Sin horrores mecánicos como el WATS, un buen control de cámaras, unos gráficos tirando a realistas y terriblemente cuidados, unos paisajes muy trabajados, un doblaje al castellano aceptable y, según creía en aquel momento, un aceptable sistema de combate. Disculpadme... ¡es que era mago!

En la primera hora de juego me convencí, casi, de que sí me encontraba ante un juego sobresaliente. Sobresaliente de verdad. Y estaba encantado. Pero...

Empiezan los problemas

Skyrim tiene muchos problemas y algunos son de una gravedad aterradora. Para empezar, sus cuantiosos bugs. En este juego hay muchos. Muchos, muchos. Si uno no actualiza y juega solo con el original en 360 (yo no tengo la consola conectada a internet por sistema y tengo que moverla para dejar que se actualice) es un esperpento. Casi todos los juegos tienen algún problemilla y no suelo cebarme en este tema, pero es que lo de Skyrim es terrorífico: misiones que no pueden completarse, personajes que no aparecen o que no son quienes tienen que ser, puertas que no se abren, objetos que desaparecen, hechos que no suceden en el orden previsto por los programadores haciendo que se bloqueen las misiones, puntos en los que el personaje se precipita al vacío (como al entrar en una casa o corriendo entre las rocas), personajes que se quedan desnudos para siempre (bueno, en ropa interior, que ya sabemos que no se pueden ver pezones en los videojuegos)... Guau, chicos. Comprendo que hacer un juego taaan extenso como Skyrim pueda ser un tema peliagudo, pero yo habría preferido un producto más modesto bien rematado que este saco enorme al que se le sale la sal por las costuras. Sinceramente. Por suerte, las expansiones arreglan algunos de estos defectos (los más graves, quizá) aunque muchos otros permanecen.

Por si estos fallos de funcionamiento no fuesen ya un problema (lo son, y bastante grande); el juego se cala ocasionalmente mientras uno corre por el exterior. Es curioso, nunca me pasó en una ciudad o en un dungeon, pero en terreno abierto tuve quizá unos quince cuelgues (eso sí, en las más de 170 horas de juego que llevo hasta el momento).

Aprovecha para disfrutar del paisaje... ¡el juego podría calarse en cualquier momento!

Cabe destacar también que un juego que pretender encontrar su fuerza en sus argumentos (que son cientos y casi todos bastante interesantes), es un problema que al final cada pequeña subtrama dé la sensación de ser un episodio de Los Simpsons. Solo hay una cosa que se pase de un capítulo a otro: la muerte de un personaje. Si alguien muere, muere. Pero como jugadores podemos arrasar un pueblo que si pagamos la multa podemos convertirnos en el héroe de este; podemos llevar a la sexyvampira de la expansión en nuestras misiones como un acompañante más, incluso en misiones de supuestos enemigos de los vampiros, etc. En ese aspecto, es cierto que Skyrim nos presenta muchas historias, pero lo hace casi más como una película en la que tomamos decisiones puntuales y nos movemos por un argumento ya absolutamente prefijado, que como una partida de rol en la que nuestras decisiones ayudan a dibujar el mundo.

Por si esto no fuese suficiente... el sistema de combate cuerpo a cuerpo del juego de Bethesda es soso y aburrido. Tanto el lanzamiento de conjuros como el combate a distancia está bastante bien, pero el combate a leñazos es una cosa aburrida-aburrida. No es un «error del juego» evidentemente, pero es un problema para una gran franja de personajes.

No os preocupéis, ya solo me queda una queja más: la historia principal. Skyrim, un clásico de los Elder Scrolls, tiene misiones de gremio, misiones secundarias y misiones. Las secundarias son normalitas, las de los daedra y los gremios son geniales y las principales son... sosas. Las misiones de los gremios son tan interesantes que la historia en que se centra el juego parece una película de sobremesa. En el tiempo que llevo jugado apenas avancé la mitad de la trama principal, y solo gracia a que las últimas 6 horas fueron un paseo debido a que tenía demasiado nivel de haber hecho todos los gremios y las misiones de daedra y, en realidad, cualquier cosa que me hubiera salido al paso... y es que la historia principal no resulta atractiva, no es interesante... y no es divertida. Mal.

Habiendo rarísimas misiones daédricas... ¿a quién le va a importar si se es o no el sangre de dragón?

Descubrimientos

Por todo lo expuesto, opino firmemente que Skyrim no puede ser un juego 10. Ni siquiera un 9. Skyrim hace aguas, gélidas, preciosas y con tesoros ocultos, sí; pero aguas. El juego tiene, sin duda, muchas cosas buenas y es un buen juego. ¿Qué es para mí lo mejor de Skyrim?

Las misiones de gremio, que siempre empiezan con historias bastante insulsas pero se van complicando y enrevesando con cada personaje implicado hasta resultar, todas ellas, muy interesantes; el desarrollo de la guerra civil entre los Capas de la Tormenta y el Imperio aliado con esa panda de nazis elfos que son los Thalmor; ir encontrándose gritos escritos en las paredes (aunque la mayoría no se usen nunca, ni siquiera para probarlos); los extraños personajes que son los daedra y sus alocadas aventuras; las localizaciones no señalizadas en el mapa que tienen sorpresas; los diarios y sus retorcidas misiones, las misteriosas máscaras de sacerdote dragón... Hay muchas cosas que funcionan muy bien, que son divertidas, interesantes y adictivas, pero es una lástima que un montón de pequeños problemas y un saco considerable de bugs empañen el juego de esa manera. Si Bethesda no es capaz de hacer a derechas un juego para un jugador, ¿de verdad no os llena de pavor imaginar cómo va a ser su MMO?

Las máscaras son un concepto interesante, aunque la verdad es que solo me encontré un par de ellas.


Nota: 7,5. Skyrim da muchas cosas como nadie y es un juego terriblemente adictivo, pero tiene muchos puntos negros (muchos, demasiados) como para ser un juego 10 o acercarse demasiado siquiera. ¿Lo recomiendo? Sin ninguna duda. Es divertido, épico (a veces cae en el ridículo, como ese momento en que matas a los dragones mientras tomas el café y chateas en FB —¡¡Mal!!— o te pules a dioses o héroes casi-legendarios sin dejarles siquiera tener una acción), tiene unos graficazos y una de las bandas sonoras más espectaculares que os podáis echar a la cara.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Noticias 8 de noviembre

—¿Recordáis cuando comentábamos que Marvel preparaba 4 series y una miniserie para formato cable y streaming? Pues al final se están preparando para streaming, muy a muerte, porque se ha convertido en un proyecto titánico de Netflix que se ha hecho con el pack. Las series tratarán sobre estos personajes: Daredevil, Jessica Jones, Iron Fist y Luke Cage. En ese orden, al parecer. Así que ya sabéis, Marvel a tope a partir de 2015 en Netflix.

—Tráiler de X-Men: Días del futuro pasado. ¿No le tenéis ganas al regreso de los mutantes?


—En Rope of Silicon han colgado 13 guiones que pueden descargarse y leerse, que incluyen Frozen, la nueva película de Disney, Rush, Before Midnight, The Past y otras.

Para los fans, que seguro que sois muchos, el tráiler de la segunda entrega de El Hobbit:

Ahora que estoy viciado de nuevo a El Señor de los Anillos, quién sabe, puede que haga combo terrible con el estreno de esta película.

American Horror Story ha renovado por una cuarta temporada, de forma muy poco sorprendente, todo sea dicho. Felicidades a equipo y fans. Aunque la nueva temporada tiene las mejores cifras de público, está despertando dudas en parte de los fieles de la serie. Personalmente creo que mantiene bien el nivel y que aunque sí tiene sus propios fallos, también neutraliza otros de los mostrados hasta el momento. No comprendo el rechazo particular a Coven, la verdad.


Damon Wayans Jr. viene para quedarse. El actor, que ya había participado en el episodio piloto de New Girl pero que no pudo seguir en la serie por problemas de agenda, volvía para un pequeño arco de unos cuantos episodios, pero al final han decidido que se quede hasta el final de la tercera temporada. ¿Se ganará un hueco permanente en la serie?

—Robert Rodriguez liderará la versión televisiva de su Abierto hasta el amanecer, que estrenará su primera temporada de 10 episodios la próxima primavera en el canal El Rey, un canal que empezará a emitir en enero y que pretende ganarse a la población latina. Rodriguez constará como creador y productor ejecutivo de la serie.