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lunes, 22 de mayo de 2017

Los miserables, reutilización de la música

El teatro y el cine musical no son solo música, pero es evidente que esta juega un papel importantísimo en ellos. La música es el verdadero protagonista de un musical. En condiciones ideales el argumento se desarrolla a través de ella, induce el estado de ánimo adecuado al espectador y permite establecer mecanismos narrativos ricos y complejos a través de sus estructuras y recursos, añadiendo los musicales a los narrativos.


En esta entrada nos vamos a centrar en la música de Los miserables y en cómo se juega con ella para realzar determinados elementos narrativos y dibujar la panorámica de la obra. Para mayor claridad nos referiremos casi en todo momento a la adaptación cinematográfica de Tom Hooper, al tratarse de una de las versiones que más contenido incluyen, y por ser más popular y conocida que el original en francés o que las primeras adaptaciones inglesas.


De la miseria, la sombra; de la miseria, la luz

El musical francés empieza, como comentábamos en la entrada anterior, con La Journee est finie, el equivalente al At the End of the Day de la adaptación inglesa. En esta canción podemos ver a un Valjean secundario, que tras unos minutos entra en la fábrica y pide a las mujeres que se calmen, siendo estas las verdaderas protagonistas de la canción. Desconozco si es alguna clase de convención estilística, pero es bastante habitual que el protagonista no actúe como tal en los arranques de muchos musicales, como El fantasma de la opera, Jesucristo Superstar o, por citar un caso más reciente, La La Land. En la versión inglesa, en cambio, el musical se inicia con Look Down, en la que conocemos a los condenados a galeras y, sobre todo, al Valjean presidiario, que tiene cierto protagonismo en una conversación con su eterno adversario, el policía Javert.


© 2012 - Universal Pictures



Posibles convenciones formales aparte, en este nuevo arranque (pieza inexistente en el original francés), podemos apreciar desde el primer momento ese duelo entre la luz y la sombra tal como las entendía Hugo. Vemos a Javert ampararse en la justicia como excusa para todo y a Valjean negarse a reconocer esas dracónicas decisiones del sistema judicial francés de la época como justas. Para uno, lo justo es la ley; para otro, lo justo es el bien.


Esta pieza, utilizada aquí para presentar a los miserables de presidio, es reutilizada para introducir la trama de París. En este segundo Look Down vemos a un nuevo grupo de miserables: los pobres y la clase obrera de París. Conocemos aquí a Gavroche, que resume el tono de la canción con unas cuantas frases lapidarias: «There was a time we killed the King. We tried to change the world too fast. Now we have got another King. He's no better than the last. This is the land that fought for liberty, now when we fight, we fight for bread». Pero igual que en el primer Look Down se mostraban dos caras, la luz y la oscuridad, lo honrado y lo legal, al presunto miserable y al verdadero miserable, a Valjean y Javert; en esta segunda interpretación vemos algo opuesto al grupo de miserables pisoteado, los insurgentes. Conocemos así a Enjolras y a otros amigos del ABC que pululan por las calles intentando conducir el ánimo del pueblo, aprovechar el calor de esa llama avivada por las circunstancias para dar calor a la revuelta. Dice Marius, expresando esa separación tan drástica entre gobierno y pueblo: «Only one man, general Lamarque, speaks for the people here below».
Contrasta así esa primera Look Down, de cuya situación de miseria nos enseña una dureza negativa, una violencia al servicio de la ley, el policía Javert; con esta segunda, de cuya miseria general nos enseña una dureza positiva, una violencia al servicio de lo que es justo, los revolucionarios.


Javert y Valjean

Aunque el destino de estos dos personajes está unido desde el comienzo de la historia en la versión inglesa del musical y se entrecruza repetidamente, la música establece su propio juego para reflejar la enorme dualidad de estos dos seres.


Valjean, cuando el obispo compra su alma para Dios, se siente acuciado por las dudas, está avergonzado y asustado. Tras ser acogido en su casa, le robó por la noche, echó a correr con su plata, y aun así el buen obispo lo perdona. A pesar de todo, cuando una sola palabra lo habría enviado de nuevo a presidio. Se rompe su resistencia en pedazos cuando dedica estas palabras a su motor de cambio, el obispo: «He told me that I have a soul. How does he know? What spirit came to move my life? Is there another way to go?». Guía su mente la duda sobre el cambio, el miedo a un pasado que lo persigue, a que el presidio lo haya deformado y convertido en algo indigno; pero finalmente decide que debe pasar página y comenzar una nueva vida, que será la del señor Madeleine. Lanza esas preguntas, una tras otra, sin obtener respuesta y toma una decisión. Debe cambiar, reformarse y aceptar el bien que le ofrece el obispo.


© 2012 - Universal Pictures



Esa misma melodía del soliloquio de Valjean es cantada por Javert cuando los avatares del destino lo colocan en una posición similar. Valjean lo ha perdonado: cuando podía deshacerse de él en la barricada decidió dejarlo huir. La ley obliga al policía a capturarlo. Así se lo advirtió; porque Javert es un perro de presa insensible, pero es honrado. Solo lucha por lo cree que es justo, por lo que considera correcto; mata y muere por la ley.


La canción de Javert está sintetizada en dos líneas que resumen su idea central y, en cierto modo, la historia de estos personajes. Dice: «There is nothing on Earth that we share. It is either Valjean or Javert!». Y aunque superficialmente parezca que está hablando de sus personas, el pensamiento es más profundo. El policía es consciente de que solo uno tiene razón, de que solo uno sigue el camino correcto. Si Valjean cambió, si es bueno; Javert estaba equivocado y sus acciones y decisiones no fueron las correctas. Y canta esto porque acaban de empezar sus dudas, su miedo.


Como Valjean cuando lanzaba sus preguntas sin respuesta, Javert se pregunta: «And my thoughts fly apart. Can this man be believed? Shall his sins be forgiven? Shall his crimes be reprieved?». Habla de los pecados y los crímenes del expresidiario, pero lo hace desde la duda. Y Javert solo tenía una cosa: su certeza. Ahora, como antes hizo Valjean, reconoce que algo lo está empujando en otra dirección, pero manteniéndose fiel a su visión en blanco y negro del mundo, se pregunta sobre el expresidiario: «Is he from Heaven or from Hell? And does he know that granting me my life today, this man has killed me even so?». Javert, en la misma encrucijada de cambio en que ya se ha visto Valjean, incapaz de cambiar realmente, decide arrojarse a las aguas del Sena.


Fantine y Éponine, el dolor de amar

Casi todo lo que sabemos de Fantine nos habla de amor frustrado. En la fantástica I dreamed a dream, entona ese desgarrador «They took my childhood in his stride» y prácticamente queda retratada a través de ese hombre al que se entregó en verano, llena de amor; ese hombre que se fue al llegar el otoño. La novela daba algo más de información sobre él, pero los retazos que se dejan traslucir en esta pieza son más que suficiente. Sabemos del padre biológico de Cosette cuanto necesitamos saber. El desgarrador tono de Fantine hace el resto. Su paso por la fábrica y por el puerto, la enfermedad, la vida de pura desdicha… y su última canción, Fantine’s death, en la que víctima de los delirios de la enfermedad se imagina a su hija y le canta desde un profundo amor.


© 2012 - Universal Pictures



Éponine, por su parte, lo hace en On my own. La misma melodía pero dedicada al amor no correspondido que siente por Marius. Se la canta a él, pero está sola. La canta derrotada, ensimismada, a sabiendas de que no hay nadie para oírla. El momento puede no parecer igual de relevante, pero lo cierto es que ambas abren de igual modo su corazón a su motivo de amor, que no está allí. Las dos cantan a su amor truncado, una por la separación y otra por la falta de correspondencia. Fantine y Éponine cantan sabiendo que nada va a cambiar eso, que una morirá sin Cosette y la otra sin Marius, sabiendo que lo único que tienen es su propio amor.


Otras repeticiones

El musical, en cualquier caso, está lleno de pequeñas repeticiones temáticas que refuerzan determinados sentimientos. Unas se usan en las todas las adaptaciones y otras solo en algunas. En la película, Do you hear the people sing? se vuelve a usar en el primer tercio de The death of Gavroche, cuando tras la crudeza de un primer ataque hay dudas entre los insurgentes; y oír al niño cantando vuelve a templar los ánimos. De forma similar, en la película se repite Red/Black al final de Building the barricade, dando a entender que así como antes los Amigos del ABC cantaban sobre su actitud filosófica, sobre su determinación social, ahora cantan sobre su disposición física, defendiendo la barricada en las callejuelas. Dibuja el cambio de la situación mental a la física. Han pasado de la idea a la acción.


The Convent, la canción durante la que Valjean y Cosette se encuentran con Fauchelevent, tiene el mismo sonido que The bishop, definiendo el sonido de la fe, la melodía de la religión. Valjean siempre encuentra apoyo y perdón cuando suena. Esta melodía es la voz del buen juez, la de Dios.


Los Thénardier, casi reducidos a malvado alivio cómico en el musical, aunque aparecen mucho, lo hacen siempre con las mismas dos canciones, a través de varias versiones; el Master of the House y la parte de The Bargain que en el musical original se titulaba The Waltz of Treachery. La primera tiene un tono más cómico, que define mucho la visión que en el musical se crea de los personajes. La segunda remite a sus planes, a sus negociaciones y sus insidias. Es la parte más criminal y política de estos personajes, sus idas y venidas dialécticas; a las que ese ritmo juguetón sienta de maravilla.


La primera vez que suena Suddenly, la canción especialmente compuesta para la película, Valjean canta su amor por Cosette: lo arrasador y repentino que resulta, el sentido que ha dado a su vida y cómo nunca volverán a estar solos, ya que se tienen el uno al otro. Cuando se vuelve a interpretar la canción es, precisamente, debido a la separación. Valjean se marcha de repente para no empañar el futuro de los dos amantes y Cosette se pregunta por su marcha muy dolida, mientras Marius intenta aliviar ese dolor. Ambas hablan sobre un cambio vital repentino en el núcleo familiar, tal como lo entienden los protagonistas.


© 2012 - Universal Pictures



La canción final, Epilogue es un recorrido por muchas de las piezas anteriores y se establece también algún juego temático curioso. Mis favoritos, en cualquier caso, son tres.


El primero es el que se establece con Bring him home, cuando Valjean pide que la muerte se lo lleve de una vez. Desolado como está tras haber renunciado a Cosette, solo y perdido, Valjean es un ser lleno de sufrimiento; ha vuelto a la cárcel, aunque sea solo psicológicamente, y quiere reunirse con Fantine y el obispo. Tanto es así que usa la melodía de Bring Him Home, la canción que cantó, casi a modo de oración, pidiendo que Marius saliese vivo de la barricada. Valjean desea tanto morir, ir al cielo, acabar con el sufrimiento, como quería que Marius sobreviviese para poder hacer feliz a Cosette.


El segundo es el de la propia muerte de Valjean al ritmo del Fantine’s Death, con las voces del propio Valjean, Fantine y el obispo. Es una despedida llena de amor, casi el único (Cosette y Fauchelevent aparte) que tras tanto tiempo, dedicación y bien cosechó el sufrido personaje.


Empieza entonces la verdadera despedida con la versión final de Do you hear the people sing? en la que culmina todo. No hay sufrimiento que no acabe con la muerte; incluso quienes más hayan sufrido hallarán la paz del jardín de Dios. Los insurgentes muertos cantan, convertidos en un símbolo, una mezcla de cántico religioso coral y La Internacional, ligando la idea de bien supremo a la de progreso sociopolítico.

«It is the future that they bring
when tomorrow comes!»


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2. Los miserables - musical

Enlaces a los discos en Spotify
Versión de la película de Tom Hooper.
Concept album original

miércoles, 3 de mayo de 2017

Los miserables - Musical

Concepción y estreno
Los miserables fue adaptado al teatro musical con partituras de Claude-Michel Schönberg y letras en francés de Alain Boublil con ayuda del poeta Jean-Marc Natel. Después de publicarse como álbum conceptual (que podéis disfrutar en Spotify) se estrenó en 1980 en el Palais des Sports de París, donde se representó con bastante éxito (en torno a 500 000 espectadores) hasta que terminó el contrato tres meses después.


Cameron Mackintosh (probablemente el productor de musicales más conocido, responsable de obras como El fantasma de la ópera y Cats de Lloyd Webber, entre otras) produjo la adaptación británica, de Herbert Kretzmer con material añadido de James Fenton. En esta versión eliminaron ciertos números, como La faute á Voltaire, mientras que se extendieron otros, como Look down/Paris, y se añadieron o reutilizaron algunos temas, como la versión de Look down que ahora abre el musical (el original francés empezaba con La Journee est finie, equivalente al At the end of the day). Además, rehuyeron la traducción directa y apostaron por el estilo recitativo que la mayoría conocemos. La adaptación se estrenó el 8 de octubre de 1985. Dos meses después la obra se mudó al Palace Theatre y 19 años más tarde al Queen’s Theatre, donde se sigue representando a día de hoy y donde tuve el placer de disfrutarla.

Les Mis en el Queen's Theatre.


El musical también se exhibió en Broadway, en cuya adaptación eliminaron dos números completos de la británica (Little people y I saw him once) y extendieron otros, además de modificar parte de la escenografía y los efectos; configurando lo que sus autores consideran la versión definitiva de Les Mis. La obra también llegó a España en varias ocasiones; en las que gozó de bastante éxito pero no de demasiada longevidad.


Para que nos hagamos una idea del coste de realizar una obra como esta, cuando llegó por segunda vez a España, en 2010, contó con un presupuesto de 4,5 millones de euros. Esa cifra, en dólares, fue la inversión hecha para su adaptación en Broadway en 1987. Casi nada.

La adaptación teatral

El musical ha sufrido numerosos cambios desde el álbum conceptual que fue su germen.  No hay ninguna representación completa de él, aunque existe una grabación sinfónica que recoge casi todas las piezas del musical excepto las dos anuladas en su llegada a Broadway respecto a la primera versión en Londres y las Suddenly que se compusieron para la película.


Casi todas las adaptaciones introducen cambios respecto al material original, y Los miserables, con su inmensa cantidad de texto, de personajes y de subtramas exigía esos cambios para poder ser llevada al teatro. Por eso, por ejemplo, desaparecen muchas de las digresiones, aunque a veces permanecen las ideas principales de estas en algún verso (como la situación socioeconómica de Francia, que Gavroche resume con un desolador: «This is the land that fought for liberty. Now when we fight, we fight for bread»); se elimina algún personaje (como Azelma Thénardier, cuyas aportaciones se reparten entre Eponine y la señora Thénardier) o se simplifican los hechos (Valjean es un personaje con una luz menos manchada).


Las ideas principales de la novela, en cualquier caso, son respetadas en el musical y los motivos de los personajes siguen definiéndolos. Sobre algunos cambios de enfoque especialmente destacados hablaremos más adelante, en otra entrada; pero en líneas generales se trata de una adaptación acertada, respetuosa y amante del material original.


Aunque la obra se divide en dos actos, el desarrollo principal se parece mucho al de la novela. En un principio asistimos al ascenso de Valjean, de presidiario a alcalde de Montreuil tras el éxito de su fábrica, en la que trabaja Fantine. Tras la muerte de esta, y huyendo de Javert, presenciamos cómo Valjean adopta a Cosette, apartándola de los infames Thénardier. Después descubrimos a los Amigos del ABC, a Marius, Éponine y a Gavroche. Más tarde seguimos el inicio del romance entre Marius y Cosette y la batalla por el futuro social de Francia. Por último, conocemos el resultado de todos esos agentes, poderes y destinos entrelazados.

Photographs of the 2016 cast by Johan Persson. Copyright CML.
Imagen extraída de lesmis.com



El escenario en que se representa la obra tiene una plataforma circular que gira durante gran parte de la obra, de modo que los actores puedan pasear manteniéndose en el sitio; y que, jugando con la iluminación, se puedan disponer y retirar elementos del decorado sin interrumpir la representación. El efecto es impresionante. Hay otros ingenios llamativos, como un decorado gigantesco de dos piezas que es a la vez casa, barricada y puente, según el grado de rotación de sus componentes.


Además, la obra utiliza humo, destellos, ruido de explosiones y disparos, tal como avisan al comprar las entradas. No son muy numerosos, ni el ruido es particularmente atronador ni los destellos demasiado cegadores; pero es un aviso necesario. La barricada explota bastante todos esos elementos para generar el ambiente y la tensión que requiere la escena.


La clara pronunciación de los actores es también impresionante, lo que me permitió disfrutar más los cambios respecto a la versión cinematográfica que conocía cuando fui a verla. Incluso en las escenas que utilizan a todo el reparto, que es muy numeroso, como el Look Down/Paris, el At the End of the Day o la Do You Hear the People Sing final consiguen un sonido muy nítido. La claridad vocal de los actores de cine, que era mi referente, palideció mucho en comparación.

La adaptación cinematográfica

La intención de realizar una adaptación cinematográfica surgió a finales de los 80. El director iba a ser Alan Parker (ay, lo que podría haber sido eso…); pero tras sucesivos aplazamientos y problemas, cambios de dirección y demás; hasta 2011 no comenzaron las negociaciones con Tom Hooper, quien finalmente llevó a cabo el proyecto.


La película de Hooper obtuvo buenas críticas y numerosas nominaciones, incluyendo una a mejor película y el premio a la mejor actriz de reparto de Anne Hathaway (que interpretaba a Fantine) en los Oscar. Se trata de una de las representaciones con más contenido de cuantas se han grabado, solo superada por la representación sinfónica completa. Además, para la película compusieron el tema Suddenly, que se interpreta dos veces, y que fue nominado a mejor canción.


Esta adaptación dura 160 minutos que resultan algo desequilibrados. Hay bloques que funcionan a la perfección y otros que se notan demasiado estirados. Una obra tan extensa y ecléctica como Los miserables (con la redención de Valjean, el amor de Marius y Cosette, la revuelta insurgente, la incansable persecución de Javert, las villanías de los Thénardier…) maneja demasiados elementos y es fácil que alguno sature. Esta adaptación me pierde tras la lucha en las barricadas, cuando ya casi todo gira en torno a Marius y Cosette, que es una trama que no me enamora en la novela, no me parece de las mejores en el teatro y me parece bastante aburrida en la película. Sigue habiendo alguna pequeña joya, pero ya no me parece que la película llene tanto las escenas. Laura, en cambio, cuando habló de esta película en su estreno en España, se quejaba de la escena de las barricadas en sí, porque le parecía muy extensa; cuando quizá sea de mis momentos favoritos.

It is time for us all to decide who we are.
© Universal Pictures



La banda sonora, en la que nos centraremos en la próxima entrada, es realmente excelente. Las piezas se reutilizan casi con el mismo mimo con que Hugo manchaba la luz de Valjean, dando pequeñas pinceladas a los personajes en base a repeticiones que reflejan símiles anímicos o conceptuales.


El reparto es intachable en la parte no musical, que podríamos decir que es escasa si nos ceñimos al metraje no cantado; pero me refiero a la gesticulación y la actitud (partes no cantadas incluso durante las canciones) y, por supuesto, a las escenas dialogadas. En cuanto a la capacidad vocal hay un poco de todo: hay actores que se notan profesionales del teatro musical, como Samantha Barks (Éponine); algunos que resultan sorprendentes por la potencia y profundidad de su voz, como Eddie Redmayne; y otros que logran transmitir a la perfección a sus personajes, como Anne Hathaway, Aaron Tveit o Sacha Baron Cohen, aunque los tres tengan distintos tipos de exigencia. ¿Hay alguien que permanezca impasible ante el I dreamed a dream de la Fantine de Hathaway, que no vibre con el Red/Black del Enjolras de Tveit o que no sonría con el Thénardier de Baron Cohen? Luego hay otros actores un poco más limitados: Hugh Jackman, que tiene algunos temas muy convincentes y otros un poco grises, suena bastante metido en el papel, aunque no consigue siempre la profundidad necesaria en la voz y tiene las canciones un poco agravadas respecto a la obra de teatro; y Russell Crowe resulta bastante plano vocalmente en su Javert, aunque tiene algún destello ocasional en el que saca fuerza desgarrando la voz. No sé si en este último caso falló el director o el actor; pero ese Javert no consigue la fuerza que necesita pese a que en determinados momentos es evidente que podría hacerlo.

Fantine y Valjean.
© Universal Pictures



El hecho de que el desempeño de Hooper sea tan poco brillante en esta película me hace desconfiar particularmente de él. La dirección de Los miserables es bastante aburrida y abusa en todo momento de sus primeros planos, a pesar de que en muchos de sus mejores momentos la cámara esté situada lejos de los actores. La escena de los condenados a galeras, con esa cámara que se acerca a ellos para permitirnos ver primero el barco y lo minúsculos e insignificantes que son los condenados; ese Valjean gritando al final de Valjean’s Soliloquy?, en el que la cámara se aleja y se eleva, mostrando el paisaje y poniendo al personaje en perspectiva, como si fuese visto desde los cielos (tengamos en cuenta que el obispo acaba de comprar su alma para Dios); o ese tenso paseo entre la turba enfadada con que empieza Do you hear the people sing son ejemplos de la fuerza que consigue Hooper cuando se digna a alejar la cámara del rostro de sus actores. No obstante, a pesar de la fuerza de esos momentos ocasionales, prefiere centrarse en incluso en los menores gestos de su reparto; supongo que con un propósito emotivo, pero se esfuerza tanto que llega a resultar desesperante. En la escena en la que Fantine pide ayuda para su hija y dice que «es así» de pequeña, ni siquiera podemos saber cómo de pequeña es, porque la cámara está tan cerca de su cara, que aunque podemos percibir que ha movido el brazo para mostrar una altura con la mano, esta y gran parte de la extremidad se encuentran fuera del encuadre. Este detalle, quizá leve en sí mismo, es una muestra de esos primeros planos torpes y abusivos de Hooper, que empañan el producto y merman su potencial.

Ejemplo de plano algo más alejado en la escena de los condenados a galeras.
© Universal Pictures



La iluminación y la gama de colores elegidas, en cambio, sienta estupendamente a Los miserables. Todo se ve viejo y sucio, todo se siente triste y roto; pero al mismo tiempo se adivina muy vivo y apasionado. Los miserables es ese fuego en una casa abandonada y ruinosa, y la película es capaz de mostrar ese punto entre la miseria derrotada y la pasión casi de cuento que motiva a los personajes.


Quiero hacer, por último, una mención especial al trabajo de vestuario y maquillaje, que es magnífico. Debido a la cantidad de personajes y su variedad de clases sociales y estilos, la labor de vestuario es amplísima y siempre consigue ser impecable. Los preciosos y coloridos vestidos de la Cosette mimada por Valjean, las austeras pero buenas chaquetas de este, las ropas avejentadas de Marius, el aspecto colorido y destacable de Enjolras, los harapos de Gavroche o las ropas remendadas, viejas y cascadas de los señores Thénardier son un trabajo enorme, muy variado y siempre impecable. Y lo mismo podríamos decir del maquillaje, basto en los Thénardier, sucio en Gavroche, recatado y pulcro en Cosette y jugando a lo imperceptible en muchos de los hombres, aunque definiendo, por ejemplo, el aspecto casi inhumano de Enjolras en una piel uniforme y perfecta.

Thénardiers.
© Universal Pictures


Creo que la película, aunque funciona bien y ofrece un espectáculo emotivo, flaquea respecto a la obra de teatro, ya no tanto por el menor talento vocal de algunos intérpretes como por la incapacidad de Hooper de explotar las ventajas que el medio cinematográfico le ofrece. No obstante, pese a los problemas que encuentro en la película, que me frustran siempre que la veo; no evitan que vuelva a verla una y otra vez, arrastrado siempre a disfrutar de la redención de Valjean, el noble obispo, la emotiva Fantine, el rígido Javert, la pobre Éponine, la imponente escena de la barricada y el adorable y el pequeño Gavroche. Podría ser mejor, sí; pero sigue habiendo magia.

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1. Los miserables - Victor Hugo

jueves, 20 de abril de 2017

Los miserables - Victor Hugo

Esta es la primera entrada de una serie de publicaciones sobre Los miserables. En ella hablaré de la novela de Víctor Hugo; en la próxima, de la adaptación musical y de su versión cinematográfica de 2012; en la siguiente, de la música en particular; y en la última, de las diferencias argumentales entre novela y musical y de cómo cómo afectan al enfoque de la trama y al diseño de personajes.

Portada del libro, usando una ilustración de Émile Bayard, quien ilustró la versión original de Los miserables. El resto de imágenes de esta entrada son del mismo autor.

La primera vez que me acerqué a Los miserables fue con la adaptación cinematográfica del musical y ya entonces me atrapó su historia. Pero mi amor por la vida de Valjean se fue labrando con el tiempo: cada vez que veía la película (y fueron unas cuantas), ponía en YouTube Do you hear the people sing o escuchaba la banda sonora en Spotify, me gustaba un poco más. Después, fui a ver el musical a Londres y mi relación Los miserables dio un paso de gigante: me encantaba. Eso me hizo llegar a las páginas de la novela de Víctor Hugo en calidad de adorador.

Deseo destacar también que contra la costumbre de esta página, desgranaré algunos detalles del argumento de forma bastante exhaustiva, por lo que si no conocéis la historia y odiáis los spoilers, es mejor que no sigáis.

Personas, pueblo y sociedad

Desde un punto de vista estructural, esta novela se divide en cinco tomos: Fantine (que introduce el proceso redentor de Valjean), Cosette (que presenta a la pequeña hija de Fantine y cuenta cómo es adoptada por Valjean), Marius (que se centra en dicho personaje y en todo lo que le rodea: el abuelo, burgués y realista; el padre, veterano coronel napoleónico; los amigos del ABC…), El idilio de la calle Plumet y la epopeya de la calle Saint-Denis (cuando surge el amor entre Marius y Cosette) y Jean Valjean (en el que se desata la revuelta insurgente y se culminan las tramas de los distintos personajes).

Los miserables no se narra como una novela al uso. El texto de Hugo no siempre sigue a sus personajes de cerca. A veces es íntimo con ellos y se explaya en sus pasiones, pero otras sobrevuela un contexto social o histórico bastante alejado. Así, por ejemplo, empieza con una extensísima presentación del obispo de Digne, el motor primero de la redención de Valjean; más tarde dedica otro muy generoso bloque al auge y caída de Napoleón como anticipo a la dicotomía sociopolítica de la Francia de la época; y en otros momentos dedica un buen puñado de páginas a describir el sistema de alcantarillado de París a lo largo de la historia o a hablar del despilfarro frente a la pobreza.

«Se ha calculado que en salvas, cortesías reales y militares (…), etc., el mundo civilizado gasta en pólvora, cada veinticuatro horas, ciento cincuenta mil tiros de cañón inútiles. A seis francos el tiro, importan novecientos mil francos al día, trescientos millones al año, que se convierten en humo. Esto no es más que un detalle. Entretanto, los pobres se mueren de hambre.»

Valjean es el personaje principal y casi todo lo que pasa le afecta en mayor o menor medida. Los distintos elementos de Los miserables están muy entrelazados, pero generalmente en torno o a través de él.

Valjean, uno entre los miserables

El obispo de Digne es presentado como la luz, como un santo: da lo que tiene a los pobres, tiene fe en Dios y en las personas, y su puerta siempre está abierta, no importa cuándo, no importa a quién. El obispo es la esperanza, un espíritu angélico y paternal dispuesto a levantar siempre al caído. Valjean es, entonces, un presidiario que ha pasado diecinueve años en trabajos forzados por robar un poco de pan para alimentar a los hijos de su hermana e intentar huir sucesivas veces de prisión. Durante todo este tiempo ha cosechado un gran talento para la huida, una fuerza descomunal y un enemigo, el policía Javert.

«Jean Valjean, hermano mío, ya no pertenecéis al mal, sino al bien. Yo compro vuestra alma, yo la libro de las negras ideas y del espíritu de perdición, y la consagro a Dios.»

Tras su liberación, la obligación de enseñar la documentación de presidiario dificulta la vida de Valjean, que acaba robando la plata al obispo que lo acoge en su casa. Capturado poco después por unos guardias, afirma que monseñor se la ha regalado, y este, cuando le preguntan, apoya la versión del ladrón. Asegura la libertad de Valjean y compra con esa plata su alma. El expresidiario aún se ve arrastrado a la oscuridad por la costumbre y los años de condena, pero ahora tiene la figura del buen obispo para aferrarse, su luz lo guía en la oscuridad. Pero Hugo, sabiendo que siempre una cosa destaca más entre su opuesta, define esa luz desde la oscuridad; dibuja pequeñas manchas que ayudan a destacar la virtud. La perfección no existe, y el camino de Valjean, aunque lo acerca a ella, está salpicado de sombras, como el egoísmo de querer para sí a Cosette o las dudas de si librarse de la mirada de la justicia dejando caer en sus garras a otra persona.Aunque casi todo rodee o pase por Valjean, Hugo define a unos personajes muy ricos que, en general, comparten un rasgo: la miseria. La novela tiene un escenario y un toque deprimente y oscuro. Los personajes parecen abocados al desastre y al sufrimiento de forma constante.

La tierna Fantine, la madre abnegada que debe hacer de todo para mantener a Cosette, su hija, a cargo de los villanos y siempre pobres Thénardier, entonces infames posaderos. La propia Cosette, una niña esclavizada. Los amigos del ABC, entregados a la fatalidad de buscar la igualdad en una tierra de clases despiadadas. Marius, que malvive y sacrifica todo para honrar a su padre y se encuentra con lo indigno que parece hacerlo. El pobre Gavroche, simpático granuja callejero, producto genético de los Thénardier, pero no hijo; sus hermanas Éponine y Azelma Thénardier, condenadas a la oscura vida de crimen de sus padres; o sus dos hermanos pequeños, casi tan abandonados como el pobre Gavroche. Javert, un ser sencillo entregado a una visión dicotómica de la justicia que es su único apoyo. El señor Guillenormand, burgués realista incapaz de comprender la visión política de su nieto, pero desesperado por mantener su cariño… Quizá los únicos sin salvación y sin matices sean los Thénardier y su banda de matones, meros villanos pese al ocasional intento de explicación por parte del propio señor Thénardier.

Pero si vamos un paso, y solo uno, más allá, Hugo también nos habla de las miserias de Napoleón, de los convencionales, de la Revolución Francesa, de los religiosos, de las clases sociales que poblaban las calles de París, de la pobreza y la justicia… El lienzo de la novela es grande, y el pincel de Hugo es casi siempre igual de oscuro.

«No tenía casa, ni pan, ni lumbre ni amor; pero estaba contento porque era libre.»

La oscura ciudad de la luz

Pese a ese sufrimiento y esa miseria a la que somete a los personajes, Hugo destila amor por París y los parisinos. Sean aspectos positivos o negativos, ensalza lo que considera representativo de esta ciudad y sus gentes. En lo que a Los miserables respecta, Grecia tuvo su Atenas, como la Europa de finales del XVIII y principios del XIX tuvo su París.

Esto, que podría aplicarse a todo en mayor o menor medida, resulta más claro cuando se acerca la revuelta. El ánimo se caldea en las calles uniendo al pueblo en torno a la figura del general Lamarque. La narración insiste en las diferencias entre revuelta y motín y dignifica la revolución.

Enjolras, líder de los amigos del ABC, es descrito como un ángel: es hermoso, carismático, honrado y noble hasta el fin. Entre quienes lo siguen hay un poco de todo: unos comparten sus ideas (como Courfeyrac, que encarna la filosofía de la revolución) y otros lo siguen atraídos por su carisma a pesar de opinar diferente (como Grantaire). Los amigos del ABC anhelan los principios de la revolución: «libertad, igualdad, fraternidad» y están dispuestos a matar y morir por ellos. No importa que el apoyo popular vaya cayendo ante el miedo al ejército y ante el dolor de los disparos; los insurgentes son la luz del cambio.

«Era severo en sus alegrías y bajaba castamente los ojos ante todo lo que no era la República. Era el enamorado de mármol de la libertad. Su palabra tenía cierta áspera inspiración y la vibración de un himno.»

Por otra parte, la aplicación férrea de la justicia, o más bien de la ley, personada en Javert, es tratada como algo negativo. Javert, tan fiel a la ley, es injusto. El policía divide los hechos en legales (buenos) e ilegales (malos) con pasmosa facilidad. No importan las razones, no hay atenuantes ni redenciones posibles. Esa ley se convierte en una oscuridad agobiante mientras los robos de los pequeños granujas y las personalidades falsas de un Valjean que alimenta a un pueblo son tratadas con cierto aprecio, y la resistencia, incluso la violenta, a las fuerzas de un gobierno equivocado son la luz.

Épica sobre el amor

A pesar de que la segunda mitad de la novela tiene un estilo bastante más realista que la primera, con toda esa información sobre el 89 y el 93, sobre la batalla de Waterloo y la extrema pobreza de las clases más desfavorecidas de París en 1830, Los miserables tiene un componente romántico muy fuerte en el que las pasiones de los personajes son los ejes que lo determinan y mueven todo. La realidad descrita, salvo en esos pasajes más de contexto, como el de Waterloo, está muy filtrada por los ojos de los personajes y procesada por sus sentimientos.

Esas pasiones pueden ser enfocadas siempre desde el amor. Los personajes de Los miserables son muy entregados a sus respectivas causas y realizan sacrificios de todo tipo por aquello que aman.

Valjean muestra su devoción por Cosette, pero tambien en su constante búsqueda de la redención: perdona los errores de los demás, evita los comportamientos incorrectos (que le surgen, pero se esfuerza en pulirlos) e intenta proteger y extender el bien a quienes le rodean; lo que a su vez despierta amor sobre él: como el amor del agradecimiento de Fauchelevent, o el amor final de Fantine o de Marius, una vez sobrepuestos a sus recelos iniciales.

Cosette responde a Valjean con una adoración filial, hasta que descubre el amor romántico por Marius en su adolescencia, al que se entrega con tanta fuerza como con la que le corresponde él, tanta como la que antes el barón Pontmercy dedicaba a su no conocido padre, por el que se había alejado de su abuelo Guillenormand y los realistas. Quizá Marius ame también los conceptos de justicia social, república e igualdad, pero incluso en ese caso, lo hace por el efecto de la sombra del padre y no con la plena convicción de los Amigos del ABC.

«Basta una sonrisa vislumbrada bajo un sombrero de crespón blanco con adornos de lilas para que el alma entre en el palacio de los sueños.»

Enjolras, el ángel frío y ardiente a un tiempo, entregado y dispuesto a todo por los principios de la Revolución, solo tiene un amor: la República Francesa. Enjolras aprecia sin duda a sus hermanos, pero lo hace como un medio para el fin que es traer la igualdad a las gentes de París, para tapar el foso que separa a los nobles de los pobres, aunque sabe que para ello habrá que hacer sacrificios. Muchos de sus seguidores sienten un amor fraternal entre sí y rozan el filial por Enjolras, que es para ellos el faro que el obispo de Digne es al principio de la novela para Valjean.

Javert está definido por su amor a la ley, merecedor casi de ese «Qué cosas hago por amor» que popularizó Jaime Lannister. Javert vive casi por y para la ley, no conoce ni respeta nada más. No entiende de circunstancias, carece de empatía y no cree necesitarla. Es una bestia fría al servicio del código penal. Con el paso de las páginas se ve acuciado por interrogantes similares a los que asaltan a Valjean poco después de dejar al obispo. Eso, especialmente bien tratado en el musical, del que ya hablaremos, da lugar a dos escenas de cambio casi opuestas. Valjean es vencido por la confianza que depositan en él y decide seguir la luz del obispo; Javert se ve superado por sus dudas, derrotado su amor por la ley, y decide seguir el oscuro curso del Sena.

«Lo ideal, para Javert, no era ser humano, ser grande, ser sublime; era ser irreprochable.»

El obispo ama así a Dios, como Grantaire a Enjolras, como este a Francia, como Cosette y Marius se aman mutuamente y como Javert ama a la ley. Todos aman con locura. Todos hablan con la misma pasión de aquello que les importa, sea del alma, la fe o Dios; de un padre, una hija o una amada; o de Francia y sus gentes.

Los miserables es el resultado del encuentro de esos amores, del choque de esas pasiones; es el producto de unos personajes que se buscan y se encuentran, que chocan y se matan, mientras Jean Valjean se lava el alma, Marius y Cosette se aman, y los amigos del ABC intentan devolver los ideales a las calles de París. El lienzo de Hugo resulta muy lúgubre, pero así, entre toda esa oscuridad, las pequeñas luces destacan más. Y entre todo ese amor, es fácil verse arrastrado con ellos.

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2. Los miserables - Musical