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domingo, 28 de febrero de 2010

The wire, 1ª temporada

The Wire es una serie de corte realista y policial. Aquí no hay un equipo CSI fantástico, ni una antropóloga forense, ni siquiera un gran equipo policial que resuelve todo en tres patadas, ni nada. Aquí son personas corrientes haciendo su trabajo con mayor o menor acierto y que encaran un caso. Nada más.


La primera temporada trata de cómo la policía de Baltimore se enfrenta a las bandas de narcotraficantes y tienen que cambiar los medios para atajar el problema, porque los que venían utilizando ya no les sirven. Y, sobre todo, de cómo evolucionan unos y otros. En la serie no hay personajes paradigmáticos, son todos muy grises, como la calle que los cobija. La serie refleja una realidad violenta y sombría, y lo hace bien. Muy bien. Los policías no son necesariamente mejor que los tipos a los que combate y el espectador se siente, en muchas ocasiones, tan unido al más normal de los policías como al más violento de los narcotraficantes.


Está conformada por 13 episodios de una hora de duración que atacan directamente contra lo que, a día de hoy al menos, se da por sentado en las series del estilo. Aquí los testigos tienen miedo y no hablan, la gente se retracta, los análisis fallan, los policías llegan tarde, se equivocan, se corrompen, los jueces ven más por sus culos que por la justicia. Se propagan las amenazas a las carreras contra quienes intentan profundizar demasiado en las investigaciones, pues podrían llegar a nombres importantes. Sí, en The Wire la policía no es un organismo fantástico traído del mundo de las hadas que quiere arreglar todos los males del mundo; aquí sólo quieren hacer su trabajo.


Debido a este enfoque opuesto respecto a otras series policiales, The Wire comienza con un ritmo sorprendentemente lento que puede echar para atrás a los que se pongan a verla. Sí, The Wire parece contravenir el convenio de cómo se hace una serie policial, pero qué coño, lo contraviene de puta madre. A partir del capítulo tres, el ritmo se va acelerando de forma casi imperceptible. Se acumulan los datos, las pistas, las escuchas, los nombres... y todo se mezcla en una sopa deliciosa y perfecta.

Nota: 9,5.

La temporada es magistral, el tono es perfecto, las actuaciones son intachables, el guión es lucido e interesante. El realismo técnico encaja de forma soberbia con el realismo argumental, con la suciedad de las calles y la mezquindad humana. Fantástica, sencillamente genial.

Ese -0,5 se debe a ciertas crisis de ritmo (demasiado lento cuando aún no te ha cautivado, fue una apuesta arriesgada, en mi opinión) que muestra en los tres primeros capítulos, hasta que empieza a reponerse en Casos antiguos.

Moon - Duncan Jones

Este fin de semana vi esta película de ciencia ficción, dirigida por el hijo de David Bowie, que nos presenta una historia interesante, con ritmo lento pero no aburrido y con unos escenarios bastante trabajados, aunque con un abusivo uso de maquetas.



Argumento: Moon nos presenta a Sam Bell, un trabajador del proyecto LUNAR que se dedica a extraer Helio 3 de la cara oculta de la Luna durante un tiempo firmado de tres años. Atrás ha dejado a una mujer embarazada de su hija y con la que añora volver. En su base, Sarang, sólo le acompaña un robot llamado GERTY que está allí para ayudarle y protegerle, según sus propias palabras. Luego, Sam empieza a tener visiones y sufre un accidente fuera de la base.



Sam se despierta en la base, está con GERTY, que le dice que se está recuperando de las heridas de un accidente. Cuando escucha subrepticiamente un comunicado en el que se le dice a GERTY que no le dejen salir de la base y que enviarán un equipo a reparar el cosechador de He 3, Sam daña un conducto de gas para convencer al robot de que le deje salir a hacer las reparaciones. Cuando sale se dirige al cosechador y encuentra un vehículo accidentado, entra y encuentra a un hombre allí, un hombre igual que él. Y se lo lleva de vuelta a la base.

Toda la película se basa en las relaciones entre ellos, en sus pensamientos y reflexiones. Y allí, de fondo, está GERTY, un robot con una mirada actitud optimista y amistosa. Todo dentro de una nave de estética bastante sobria y en una envoltura de agradable música instrumental.

Nota: 7,5. A grandes rasgos es una historia hermosa, interesante, la ciencia está bien tratada y la película en sí es recomendable. Las escenas con maquetas, si bien fueron muy típicas de las películas de ciencia ficción, a día de hoy y tal como fueron rodadas, me parecieron - como mínimo - un poco pobres.

viernes, 26 de febrero de 2010

Una nueva cottar

- Mi señora – dijo Alain al entrar – ha llegado una hembra cottar. Una desconocida.
Lo miré casi sin dar crédito. No me estaba mintiendo, era consciente de ello, pero parecía tan extraño. Abandoné La Sala del Trono y seguí al enfermero hasta la sala que habíamos adecentado como sala de curaciones. Allí estaba ella. Una joven hembra cottar llena de visibles hematomas y contusiones. Se estaba drenando algunos con un cuchillo y otros se los estaba drenando Nubur, el fabricante de dulces, con... con la boca. La escena me pareció desagradable, las connotaciones sexuales de ese tipo de acciones mostradas en púbico. Miré un instante a Alain, este se encogió de hombros.
- Ber estará encantado – susurró.
Yo no pude reprimir una sonrisa.
- Nubur, déjanos a solas – le pedí con voz amable.
- Aún no acabé de drenar...
- Vete – dije con voz tajante.
Nubur hizo una muy ligera reverencia un poco orgullosa y se fue.

- Saludos, joven hembra.
- Saludos – respondió con voz calmada.
- ¿De dónde vienes?
- Del este.
- ¿Tú sola?
- Éramos... más, unos cien, pero fueron muriendo. Enfermedades, ataques... ohh... - suspiró.
- Tranquila, pequeña. Aquí estás a salvo. ¿Cómo te llamas?
- Balai, señora.

La coincidencia y la proximidad de los hechos me dolieron. Me quedé callada, sin saber muy bien qué decir. La miré de nuevo, sentí la boca seca. Alain, Balai y yo, en silencio en la misma sala.
- Soy la reina Aruala – contesté pasados aquellos eternos instantes –. Siéntete cómoda y en tu hogar.
- Gracias, majestad.
Hice un gesto con la cabeza, ellos se despidieron con una reverencia, grácil y gentil por parte de Alain, torpe y dolorida – pero educada y reverencial – por parte de Balai.

De nuevo en La Sala del Trono tomé asiento. Uno de mis miaulladores se sentó en mi regazo, le acaricié y bebí una cantidad nimia. Ronroneaba placenteramente. «¿Por qué, Lorien? ¿Me merezco esto?».

Los días se sucedieron. Balai se paseaba por la ciudad, haciendo suyo su nuevo hogar. Gracias al Trono supe que le sorprendía nuestra buena relación con los elfos. Si su pueblo había sido masacrado por los elfos negros, era normal que le sorprendiese. El color de la piel no diferenciaba especies. ¿Por qué habrían de ser distintos unos de otros? El acceso mental de las Sillas era adictivo de alguna manera antinatura, aquello trascendía – en mi opinión – los estándares de magia mental cottar. La sensación de recibir a la vez un sinfín de fuentes de información, tantas como fueses capaz de aceptar, era extraña, ajena... y deliciosa. Sabía que no estaba bien vigilar a la gente, sobre todo en el terreno del pensamiento, pero no podía arriesgarme ahora a una traición. La libertad volvería cuando el peligro hubiera pasado. «Nunca pasará el peligro». Supongo que era cierto, nunca creería que la sensación de paz era suficiente para abandonar el uso de las Sillas. «¿Fue ésta la causa de la caída de sus viejos poseedores?». Parecía probable, y esa posibilidad hizo que me recorriese un escalofrío.
_______

Dado que hoy no hay partida nocturna, no hay necesidad de terminar el relato de la partida anterior. Hasta aquí llegamos.

jueves, 25 de febrero de 2010

Cuerpos

Nos dirigimos de nuevo hacia la Gran Montaña. Ber no parecía demasiado contento de seguirnos, su desprecio y rencor por nuestras acciones era palpable. Caminamos hasta caer la noche y dormirmos haciendo guardias. Nissit cargaba con el cadáver la mayor parte del tiempo, aunque algunos de los elfos se lo fueron turnando para darle descanso. Y así, el segundo día, a últimas horas de la tarde, cuando empezaba a anochecer, fuimos interrumpidos por un flechazo en un árbol. Nos cubrimos, Luna conjuró tan rápido como pudo y nos señaló las posiciones. Parecía que los elfos negros todavía no asimilaban nuestras dotes mentales. Nos defendimos rápido y bien. Fue un éxito: tres heridos suyos, ninguno nuestro. Los atamos, eran dos macho y una hembra. Nissit me miró un instante con sonrisa pícara mientras le hacía unas ataduras a uno de los machos drow. Yo hice lo propio con la hembra y luego con el otro. Estaba claro que Nissit pensaba en que ahora disponíamos de un mejor cuerpo para Ishil. Seguía siendo drow, cierto, pero al menos se trataba de una hembra.

- Ber no puede saberlo – dijo Nissit por la noche.

- Nunca lo aprobaría – añadió Luna.

Era cierto, Ber tenía que mantenerse al margen de todo esto.


Caminamos parte del tercer día, hasta que nos detuvimos para alimentarnos y entonces, con la guardia baja, el macho se soltó y cogió a uno de los elfos por la espalda. Le puso un cuchillo al cuello y apoyó su espalda contra un árbol. Todo esto pasó en una medida de tiempo casi inapreciable.

- ¿Y bien? - pregunté mirando a mis compañeros.

- Sólo quiere huir – contestó Ber traduciendo la ceceante voz.

Nissit pareció meditar un rato.

- Estamos bastante lejos de su pueblo, tardará, al menos, un par de días en llegar y otros tantos en volver. Dejadlo huir.

Lo cierto es que no todos lo veíamos tan claro, pero, finalmente, tras que Ber dialogase con él, lo dejamos marchar. Y, ya en completa calma, transcurrieron el resto del día y gran parte del día siguiente hasta que llegamos a una de las hendiduras de acceso. Ber llevaba protestando horas de viaje: «aquí ya no crece nada», «¿me queréis decir de qué se van a alimentar los animales aquí?», «os habréis dado cuenta de que no hay vida aquí y de que necesitamos sangre, ¿verdad?».


Los champiñones luminosos que alumbraban el interior de la Montaña no parecieron emocionarle en absoluto.

- Espera a ver la ciudad – le dijo Nissit – es un lugar increíble.

miércoles, 24 de febrero de 2010

El pequeño Cthulhu


Las aventuras del Pequeño Cthulhu

Gracias a Zabu por el enlace.

La explorador

Oscuridad. Los fotorreceptores artificiales empezaron a trabajar por Julio. Ellos recogían la imagen, la procesaban y transmitían directamente al cerebro. La velocidad era ligeramente superior a la natural.



Marta observaba la escena en completo silencio. La respiración de los demás se adivinaba tensa. La cámara – que mostraba lo que veían los ojos de Julio – se acercaba lentamente hacia el Ello. Esta recepción, mucho más nítida que la anterior dejaba ver claramente el contorno serrado de las hojas y el cuerpo invisible que las soportaba.

La pistola apareció en el centro de la pantalla. El temblor del arma era mínimo. Julio tenía buen pulso y una destreza insuperable. Prefirió no arriesgarse: Calma. Su respiración se ralentizó, el implante controló su riego sanguineo y sus ya de por sí suaves temblores.


La explorador no pudo evitar pensar en las jerarquías de los individuos. El Tirador llevaba en su cabeza más dinero del que algunas personas usaría para toda una vida. Al principio el ser humano quiso hacer máquinas, y luego quiso hacer máquinas cada vez más parecidas a seres humanos. Luego quiso hacer seres humanos más parecidos a máquinas. Esa sensación la inquietaba, la molestaba. Pronto las personas serían creadas en laboratorio a partir de esperma y óvulos escogidos, su educación sería inducida e invariable, sus biosistemas controlados informáticamente. La libertad moriría víctima del imparable desarrollo, de la cada vez más divina tecnología. «Dios es un implante más, y como todos los implantes ha sido desarrollado por el hombre» decía la máxima de los escépticos. Pronto podrían decir que la humanidad había sido desarrollada por el hombre sin temor a equivocarse. Y en aquel momento, a excepción del pasado, todo habría sido creado por el hombre, por los siglos de los siglos.


Reacción. Los sistemas nerviosos de Julio pasaron a un control más eficaz, más rápido. Los procesadores integrados analizaban los datos a una velocidad muy superior a la del cerebro mejor preparado y tomaban la mejor opción para la supervivencia según los resultados, proporcionando un comportamiento basado en reflejos claramente acelerados en las que los desarrollos lógicos cerebrales eran tomados mucho más rápido, sin pasar por el él.

«Dioses, salvadme. Aún no quiero morir...» - fue lo último que pensó antes de que su cerebro se perdiese en la niebla de la máxima focalización.

El ruido de los disparos sonó muy mitigado a través de los altavoces.

martes, 23 de febrero de 2010

El Capellán

«Lo ha cortado como si fuera de mantequilla» - sonó la voz de Virginia.
- Tal vez nuestras armaduras aguanten más – comentó Roberto con tono dubitativo.
«No creo que esto sea cosa de durezas» - negó Tobías - «tal vez...»
- Tal vez ¿qué?
«No, olvidadlo. No sé...» Tobías dudaba, como todos los demás.
- Cualquier idea puede ser bien recibida, joder. Si se os ocurre algo, decidlo – respondió Roberto con tono hosco.
- Con la facilidad que tiene para atravesar nuestro equipo... ¿por qué no ha atravesado la nave de parte a parte y ha terminado con nosotros? - preguntó Julio.
Se hizo un silencio repentino cuando todos reflexionaron sobre las implicaciones de esta apreciación. Los otros tres Asaltantes se quedaron callados.
- Deberíamos preguntar al médico, seguro que se le ocurre algo.


Desde que habían perdido contacto visual con el Ello, todos estaban un poco nerviocos, inquietos por el temor más natural a lo desconocido. Por lo que sabían, nada le impedía atravesar las paredes metálicas y alcanzarlos, pero no lo hacía. Esperaba, sí. ¿Por o para qué lo hacía? Mientras Álvaro, el médico, meditaba qué responder a la pregunta que acababan de formularle, la criatura estaba a tan solo unas decenas de metros, oculto tras tubos, cables y planchas.
- ¿Y bien? ¿Qué opinas? - preguntó Marta, la explorador.
- No creo que los Ello hayan empezado a experimentar, de repente, con nosotros – respondió Álvaro encogiéndose de hombros –. Si no ha acabado ya con nosotros, es porque no puede. Por lo demás – añadió cubriéndose las espaldas – habría que hacer más pruebas antes de arriesgarse a definir certeramente la situación.
- No necesitamos una tesis al respecto, coño – respondió Roberto – sólo lo justo y necesario para librarnos de él.
- Quizá podamos destruir las hojas con un impacto de fuerza suficiente en su parte plana.
Todos se giraron para ver al capellán que estaba en la puerta, con su rostro nervioso y sus ojos brillantes.
- ¿A tiros? - preguntó Marta.
- Por ejemplo – respondió él.
Roberto pareció evaluar los riesgos durante un instante.
- Bueno, Julio, ya sabes. No parece especialmente rápido, pero no quiero que te pongas en más peligro del necesario. No te acerques más de lo debido y tranquilidad.
- Pero son blancos muy pequeños y está dentro de la nave. ¿Y si una bala perdida...? - empezó a preguntar el médico.
- Un arma de proyectiles de mano no penetrará las planchas de una nave E – apuntó el Risitas.
El Tirador pareció dudar.
- Venga, mamonazo, que se te dejó vivir para eso, ¿no? - lo cortó Roberto.

El tirador, con calma, se colocó un fusil DR-12 al hombro y quitó el seguro de su pistola. Miró a los demás una última vez. Ellos asintieron. Si alguien actuaba solo contra un Ello, solía producirse una despedida y, dado que Julio no hablaba mucho, aquella breve mirada, probablemente, era su forma de hacerlo. Trazó un círculo con la mano libre, invocando la protección de los dioses y accedió a los conductos.


El capellán miró a todos los presentes: 3 Asaltantes y el médico. Los ordenadores empezaban a reproducir lo que veía Julio, porque él lo deseaba.
«Los implantes son algo extraño y que debería tenerse mucho más en cuenta» - pensó el religioso. Manipularse artificialmente estaba a la orden del día, todo el que podía permitírselo lo hacía. Ya nadie respetaba La Obra y se hacían todas las modificaciones posibles. Recordó una de las críticas de Roberto, que no venía de una clase alta, cuando llegó Julio: «empezaron poniéndose tetas y acabaron sustituyendo sus cerebros por un programa informático». No es que realmente hubiera sido así, pero La Obra sólo debería alterarse por razones indispensables. Pero no, porque los ricos siempre querrían diferenciarse de los pobres, ahora que se había vencido el hambre y se habían extinguido casi todas las enfermedades en los Núcleos, había que buscar una nueva distinción: sí, la moda entre los ricos era sobrehumanizarse.

El capellán suspiró, echó mano a sus bolsillos y comprobó que se había dejado las píldoras en la habitación. Las píldoras eran un preparado de plantas relajante y focalizante. A muchos niveles permitían hacer sin alterar La Obra lo mismo que algunos implantes.
«Si La Orden estuviera dispuesta a compartir la receta...» - pensó con tristeza.
Luego observó, como los demás, la pantalla en la que aquella misteriosa criatura empezaba a vislumbrarse otra vez.

lunes, 22 de febrero de 2010

Aladdin, el juego de los 90


En su momento no me terminé este juego. Como con casi todos los juegos de la época, la partida no se guardaba de ninguna manera y superar las fases a la primera era harto improbable – a veces pasaba y uno se sentía un super crack de los videojuegos – y sólo restaba seguir el método científico: prueba y error hasta que pareciesen demostrados los pasos que se repetían. Así, uno repetía una y mil veces el mismo escenario hasta que conocía todas las sorpresas y todos los quebraderos de cabeza y, entonces, llegaba al final del juego y veía el telón de créditos.

Ahora, con los emuladores que permiten grabar partidas, los juegos son – desde luego – mucho más sencillos (aunque siempre podemos no usar esa vil opción). Yo, personalmente, como me aburro en seguida de prácticamente todo, agradezco horrores esta posibilidad y la utilizo como si de un juego actual se tratase. El caso es que la duración de un juego nunca me pareció un factor demasiado importante, me importaba lo que me divertía. Hay juegos que me he acabado media docena de veces y juegos que he dejado por la mitad. Algunos de los que me he dejado por la mitad son juegos largos que me han dado casi tantas horas – y eso que no me los terminé – como esos que me jugué cinco o seis veces. ¿Sabéis a cuáles les doy mejor nota? A los que me divirtieron tanto como para jugarlos varias veces, es evidente. Actualmente parece que no se hacen juegos para volver a disfrutarlos. Se hacen juegos para jugar miles de horas en red, para jugar 50 horas en casa (los rpg) o para jugar 4-5 horas en un jugador (como los de tiros... que o juegas online o tienes una tarde de juego).

Hace 15 años, los juegos se hacían con otro enfoque. Volvían a ser jugados una y otra vez, y seguían divirtiendo. No sé si cambió el público o si cambió la manera de hacerlos, tampoco importa demasiado. Supongo que nadie me discutirá esto. Creo que lo más parecido a un juego de MegaDrive/SNES que jugué en la generación siguiente fueron el Pandemonium y el Crash Bandicoot, y lo cierto es que tras Portal, COD4, Crysis, Witcher y demás, he agradecido volver a la simplicidad y diversión de los juegos de mi infancia.

El primer elegido ha sido Aladdin, que me ha durado dos horas y pico. Un plataformas en 2D, los plataformas estaban muy de moda en la época, con intros basadas en dibujo más texto sacadas directamente de la película y con una jugabilidad y un control bastante alto de los saltos y la movilidad de Aaddin. Las posibilidades del personajes son: tirar manzana (ataque a distancia), espadazo (ataque cuerpo a cuerpo) saltar y moverse. El resto lo hace solito: engancharse a las cuerdas o coger los objetos al pasar por encima. Y sí, os aseguro que con esas tres simples acciones, el juego resulta divertido y, en muchas ocasiones, desafiante. Evidentemente, el que más y el que menos, a día de hoy – de ese grupo de personas al que le puede interesar jugar a juegos de principios de los 90 – ha jugado a un número tal de juegos que los procesos de acostumbramiento a los desafíos de aquella época no llevan, en absoluto, tanto tiempo como llevaban entonces.

En cualquier caso, un juego divertido, amable y, probablemente, uno de los mejores juegos con licencia Disney.

Nota: 8. Unos buenos gráficos, un buen control, la historia de Aladdin – que no es especialmente mala – y muy divertido. Un buen juego, sin duda alguna.

Sega Mega Drive

Tuve esta consola, y una MDII como sucesora fea, hace años. Bastantes ya, la verdad. Fue, sin duda alguna, la consola a la que más horas dediqué: unos juegos divertidos y bastante vistosos y con un gran sonido para la época. Y ayer, dado que mis viejas MD llevan mucho tiempo muertas, me decidí a hacerme con un emulador, un tal Kega, disponible en softonic y me hice con unos cuantos juegos que ya conocía, los tengo por casa pero nunca pude terminarlos y me picaba el gusanillo. Los juegos, salvo que sean malos, no se dejan a medias.

Y ¡qué divertidos son esos malditos juegos viejos!

domingo, 21 de febrero de 2010

Aliens, El Regreso - James Cameron

O cómo alterar casi por completo el concepto creado por la primera entrega.

Argumento: Ripley es encontrada sesenta años después y le preguntan por lo sucedido en la Nostromo. Aunque al principio no le hacen ni puto caso, como es natural, la pérdida de contacto con los Colonos del planeta en el que habían encontrado al abrazacaras en El Octavo Pasajero - tal y como indica el informe de Ripley - le ofrecen ir allí como consejera en una operación de aniquilación de xenomorfos. Y allá va, con bravura y determinación.


Vi la versión extendida, la que no tuvo cortes, vaya; y los cambios de calidad en las voces así como - creo - un cambio notable en la voz de Ripley afearon mucho el resultado. Los personajes están mucho menos detallados que en la primera y son mucho más típicos - de hecho me atrevo a recalcar los terribles parecidos en los personajes que hay entre Avatar y Aliens, el Regreso... que comparten director y guionista: todo bañado por una preciosa y fría luz azul, con un jefe de marines con profundo retraso, con un tío sólo preocupado por el aspecto económico al mando de la operación, con una tipa rebelde y cañera de rasgos sudamericanoides y con Sigourney Weaver y, por supuesto, las escenas de conducción temeraria (vuelo temerario en Avatar) y el combate Alien-Robot (Na'vi-Robot). Rematando el hecho, las escenas exageradamente heroicas, rozando la parodia más cutre y la escena moña de Ripley con Newt.

Por otra parte, esto ya como ataque: ésta es una película de superhéroes y me sorprende que no esté Batman. Aparte de la estupidez increíble de que haya sobrevivido la estúpida niña durante no sé cuántos días en un sitio PLAGADO de aliens que detectan la presencia de humanos con una facilidad increíbles; en Aliens, el Regreso se cargan a los alien con una facilidad pasmosa, casi sin salpicaduras. La acidísima sangre parece increíblemente diluida: en El Octavo Pasajero atraviesa tres cubiertas de una nave, aquí al tipo al que salpica... le ponen unas vendas y hale.

Nota: 6.
Pros: sigue la historia de Alien. Weaver vuelve a lucir pierna. Concreta el ciclo vital del Alien, haciéndolo muy similar al de las hormigas o las abejas.
Contras: lo absurdo del combate contra los Alien, que estos parezcan una versión descafeinada del feroz asesino perfecto que parecen presentar en la primera, la escena ñoña (¡mamá! - por favor, Cameron...), el doblaje español, los roles de los personajes y lo feo que es el Alien Reina. Es demasiado larga para ser una película de acción y tiene demasiado tiroteo vacío para ser otra cosa.

Scrubs, 6ª temporada

Ésta podría haber sido una gran temporada, tal vez lo mejor que hubiera dado la serie de sí. Pero no lo ha sido. No tengo ninguna duda al respecto. Es peor que la quinta a todos los niveles y, esto ya más subjetivamente, peor que la cuarta.



La sexta de Scrubs es la temporada que más avanza las tramas, esto es un hecho difícilmente discutible. Muchas cosas cambian, aunque en realidad todo siga igual. Los capítulos son, como siempre, divertidos; los personajes, como ya anticipaba en mi comentario sobre la 5ª temporada, ya habían tocado techo y en esta temporada, o caen o se mantienen en un equilibrio peligroso.

Al igual que en cualquier otra sitcom, agradecería que se fuesen cerrando tramas, siendo el estandarte de este deseo Cómo conocí a vuestra madre, que deseo que termine de una puta vez. Es muy difícil explicar qué me lleva a decir esto sin reventar el hilo principal, así que me lo callaré, pero... va por el último capítulos. Por los últimos segundos del último capítulo. Siempre igual. Putos ganchos...

A ver cómo empieza la séptima, porque si se repite la historia de siempre, creo que dejaré la serie colgada. Es divertida, sí; pero si se acaba la historia, se acaba la historia; y las negras nubes que salen de nuevo en el cielo, anuncian un regreso al principio. Y no es la primera vez. Una lástima.

Nota: 8. Está bien, para qué negarlo. Podría haber tenido más nota eliminando el capítulo musical y el capítulo recordatorio - que son horribles - y, si tuviesen huevos a terminar la serie, zanjando en esta temporada, que se prestaba maravillosamente, creo yo.

viernes, 19 de febrero de 2010

Alien, el Octavo Pasajero

Había visto esta película con 9 ó 10 años. Evidentemente, no era la mejor edad para verla. En aquel momento me pareció una visión horrible y brutal, hoy...  pues no, pero me pareció cargada de una inquietud aterradora, de una oscuridad densa, envolvente y malvada. La película es elegante y hermosa a su manera: tranquila, oscura, maquiavélica, opresiva, inquietante... pero nunca se me habría ocurrido que, conforme pasasen los años y me fuese volviendo menos impresionable, me gustaría e impactaría más una película.



Pocas veces he disfrutado tanto con una película. El mimo con el que se cuida todo me parece increíble: unos decorados fantásticos: los opresivos conductos y las escaleras infernales - que tanto hemos odiado todos los que jugamos al videojuego de Arena para Sega MegaDrive y SNES -, la cámara del xenomorfo, el planeta, el blanco 'Apple' de la Nostromo, unos personajes interesantes, el xenomorfo en cualquiera de sus fases - tal vez el depredador más aterrador y elegante que he visto diseñado -, todo... todo juega en favor de la película. El ambiente es cautivador, exótico, tranquilamente aterrador. No se recurre a apabullantes cambios de sonido para asustar al espectador, y la mera presencia - más insinuada que demostrada - del Alien es más que suficiente para tener al público en tensión, a punto de saltar o de romper los tímpanos a la persona que está a su lado.

No esperaba reencontrarme con esta película y seguir manteniéndole todo el cariño que le tengo, pero desde luego, esperaba mucho menos volver a verla y que se incrementase el respeto que le tenía. Una obra maestra en su estilo. Magnífica, inquietante y hermosa.

Al parecer, en su momento, la producción no gozó de un gran presupuesto y disimularon todo esto con un aprovechamiento magistral de la oscuridad y la insinuación. Honestamente, no se me ocurre cómo podría haberse conseguido un resultado mejor.

Nota: 9. Sin duda, la mejor película de Ridley Scott, ¿escuece el comentario, bladerunneros?

jueves, 18 de febrero de 2010

Todos juntos

Con este texto nos ponemos a ritmo de partida. Al fin.
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Según nos informaban los mensajes de los pájaros, Ber estaba bien y gozaba de cierta libertad. Los elfos negros acusaban de ataque injustificado a los demás miembros de la comitiva y, al parecer, se había llevado consigo a 16 de los suyos. Entre ellos su líder religiosa y política. En conjunto, las cosas podrían haber salido peor, a pesar de lo caro que había sido el precio. Entre Elendil y yo acordamos un grupo de exploradores formado por cuatro elfos y cuatro cottares. Me despedí de los míos: Tarik, Asha, Nissit y Luna. Esta última había sido mi gran apoyo desde que Alai había muerto y me preocupaba verla marchar. ¿Y si ellos también morían? ¿Y si estábamos arriesgando ocho vidas para salvar una? Ber era necesario, sus conocimientos eran necesarios; el parto es un proceso peliagudo y Ber salvaría vidas. Además... él conocía parte del pocimario de los brujos. Sabía que lo necesitábamos, pero ¿sería el precio demasiado alto?
- Suerte, Luna. No te mueras tú también – me despedí con un suave beso.
Ella me abrazó.
- Tranquila, todo saldrá bien.
En sus ojos refulgía la duda. ¿Y si no volvían? Quedaríamos 67, de 100 que éramos hacía 101 días. Dos muertos cada tres días. Eran unos resultados terribles, sólo empeorados – que supiéramos – por los gnomos grises.


Luna:
El viaje transcurría sin grandes problemas. Éramos ocho y muchos se dedicaban a recorrer el bosque casi constantemente. Siempre usábamos el mismo pájaro para los mensajes. Lo recogimos nosotros y lo enviábamos a una zona concreta a buscar a Ber, luego él nos lo enviaba de vuelta. Siempre así, siempre el mismo.

«En 4 días estaremos en las inmediaciones de la ciudad. ¿Podrás salir solo? Hay cosas que no sabes. No te fíes de ellos», aquel era mi mensaje. El que até a la pata del pájaro.
«He estado saliendo solo a recoger los pájaros. Os espero en tres días», nos llegó de vuelta. No era una respuesta demasiado emocionada, pero era una respuesta. Podría ser mucho peor.

Y en la fecha acordada estábamos allí. Preparamos el terreno, los exploradores se escondieron, los elfos descolgaron sus arcos y prepararon una flecha para, si fuese necesario, tensar y disparar. Nissit y Tarik se colaron entre los árboles. Asha desapareció y ni yo sabía dónde estaba. Ber tardó en encontrarnos pero dio con nosotros.
- Hola – dijo al llegar. Sin más ceremonia.
 Sentí una mente ajena a nosotros, que lo seguía a metros de distancia. Uno de ellos, un elfo oscuro.
- Hay uno de ellos – dije con voz calmada.
Escuché pasos corriendo, luego más pasos. «¡¿Qué hacéis?!», preguntaba Ber a voz en grito. Vi cruzar a Tarik entre los árboles, una sombra se movía un poco más lejos. Y de repente ¡BUM! Un ruido sordo, un golpe contra el suelo.
- Pero... - Ber tenía los ojos desorbitados y miró con desdén a Nissit cuando apareció en el pequeño claro, con el enemigo al hombro con la garganta cortada. Lo dejó caer al suelo, la sangre del drow abatido le corría por la espalda.
- ¡¿Por qué coño habéis hecho eso?! - Ber estaba furioso.
- Tú no lo entiendes – le dijo Tarik con voz hosca – ellos nos traicionaron primero. Vinieron a espiarnos, Ber, vinieron a matarnos.

Tarik explicó el porqué de nuestros actos, la actitud defensiva y que por eso habíamos tenido que ir a la Gran Montaña. Ber parecía todavía más enfurecido.
- ¡¿Es que no os dais cuenta?! Los animales se morirán a tanta altura, ¡¡nada vive allí!!
- Dentro de la Montaña hay magia que permite que...
- Magia, ¡Magia! Ahora confiamos en la magia para todo. Los acusáis de traición – dijo señalando el cuerpo muerto – pero fuimos nosotros quienes los envenenaron por la espalda... fuisteis vosotros quienes decidisteis tal cosa. Sois unos asesinos...
- 18 suyos por 18 nuestros. Yo considero saldada la deuda – dijo Nissit con voz indiferente.
Ber lo miró con sorpresa e incredulidad.
- Los envenenados, este y el que murió en el asalto a la ciudad. ¿No recuerdas que nos asaltaron, Ber? Y que luego se justificaron. ¿Nos justificamos nosotros ahora, a ver qué les parece? Te creíste sus mentiras, todas sus mentiras; ¿crees que, de la noche a la mañana, cambiaron sus intenciones? Atacaron a otras razas; unas veces les salió mejor y otras peor, pero el caso es que fiarse de ellos era una locura.
- Vuestra acción no fue moralmente menos reprobable.
- No lo dudo, pero ahora la balanza se ha reequilibrado.
- Sólo los asesinos defienden el sangre por sangre.
Nissit lo miró sin decir nada más. El perfecto tajo en la garganta del drow y el ataque por sorpresa que lo había matado dejaban claras las habilidades como asesino de Nissit.
- Bueno – dijo Tarik – ahora ya tenemos un cuerpo para Ishil.
Yo no dije nada, pero no pude evitar fijarme en que era uno de los que la habían matado. No le iba a hacer mucha gracia. Y además... además se trataba de un macho.
En silencio, y con Ber, nos encaminamos hacia el norte, hacia la Montaña. Él parecía molesto, pero su lealtad hacia la especie era patente, los cottar podían tener opiniones enfrentadas, pero nunca se perjudicarían entre ellos.


K.

El viento agita mis cabellos, que forman una estela de oro ondeante, un silencioso mar de reluciente paja. Sus ondas son deseo y fiereza. Eso irradio. Deseo y fiereza. Sé que me observan. En todo momento. Sé qué clase de miradas atraigo. Y me gusta. Me gusta sentirme deseada, saber que soy la aspiración y que represento el triunfo. Bajo mi máscara impertérrita sólo hay hambre y sed: hambre de sexo, sed de poder.

En mis labios aún permanece el regusto de la sangre, el toque a hierro... brillante y poderoso. Mis dientes aún están manchados, entre ellos hay pequeñas hebras de músculo, de mi última presa que aún está caliente sobre un charco de sangre en el suelo. Noto su esencia fluyendo por mis venas; siento su fuerza, su potencial; sé que me he acercado más a ella tras mi último ritual. Hoy su herencia es también la mía. La he adquirido. Y mi preciosa y pálida piel brilla muy ligeramente. Y en mis interdigitaciones siento la presión de algo que pugna por nacer, aunque no lo hará; necesito más de los suyos. Necesito más. Mucho más.

Y todos me miran. Combino los rasgos de docenas de criaturas, soy una diosa de la naturaleza, de la vida. Soy la esencia del deseo. Mis muslos son la promesa de la vida, el augurio de una existencia lúbrica. Mi espalda moteada, desnuda al Sol, una tentación. Mi abdomen, en el que se puede ver una definida, pero femenina, musculatura es la mentira, el velo de fragilidad; la trampa. La criatura a mis pies ya lo sabe.

Todo cae a mis pies. Cuando se trata de hambre, les permito levantarse cuando han terminado; cuando es sed sólo uno vuelve a levantarse. Siempre soy yo.

K.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Informático

Desde su pantalla que había configurado como NRI – Núcleo Receptor de Información -, Tim seguía los avances del pequeño robot a través de los conductos con un retraso de una imperceptible fracción de segundo respecto al receptor principal.

El procesado de imagen de las cámaras del robot y la reinterpretación cromática posterior permitían contemplar la escena con todo lujo de detalles, colores y un aspecto muy parecido al que tendría bajo una luz blanca captada por el ojo humano.
«¡Tim! ¿Estás viendo eso? - sonó la voz de Roberto a través de los altavoces del ordenador».
Y lo estaba viendo. A pocos metros del robot se percibían unas pequeñas formas blancas, como hojas de fresno de color blanco que se encontraban suspendidas en el aire, desafiando al sistema de generación de gravedad.
- ¿Qué crees que es? - preguntó Tim.
«Eso es lo que tenemos que descubrir».

El ingeniero había dejado de mover al robot, que ahora, quieto, ampliaba y reducía el zoom de sus visores y procesaba la imagen de un modo y de otro intentando conseguir un patrón de diferenciación. Entre toda aquella batería de pruebas visuales, las hojas se aproximaban lentamente. Tenían el contorno aserrado y un aspecto de asombrosa rigidez que contrastaba terriblemente con la forma en que se doblaban mientras se movían.
«¿Alguna idea, capitana?»

Nada, salvo la sensación incierta de que algo, una fuerza extraña e inexplicable unía las hojas se veía entre todas aquellas pequeñas figuras blancas.
«Los movimientos de las hojas, aunque muy independientes, no parecen tener una independencia completa – sonó la voz fría y calculadora de Virginia».
«¿Qué quieres decir?»

Virginia siempre había tenido unos sentidos más desarrollados de lo normal. Ella veía algo, lo veía de verdad. Algo unía aquellas hojas y ella lo sabía.
«No quise decir nada. Sólo analizaba los datos».

Las hojas contactaron con el robot, la imagen parpadeó un momento y luego, cuando volvió, era monocular. No se estaba produciendo procesamiento de imagen, las figuras se veían pixeladas, deformes y poco definidas y se acercaban al visor activo. Cerca de su óptica había otras figuras de mayor tamaño, como bultos metálicos. Fue debido a la escasa nitidez del momento que a todos les costó reconocer los fragmentos perfectamente cortados del robot.
«¡Hostiás! - exclamó Roberto».

Neverwhere - Mike Carey

Basado en la novela gráfica de Neil Gaiman, que a su vez es una adaptación a este medio de una miniserie de seis capítulos que el escritor inglés hizo para la BBC, este cómic con guión a cargo de Mike Carey (al que conozco de Lucifer) y dibujo de Glenn Fabry (al que conozco de Noches Eternas, el capítulo de Destrucción) nos lleva de la mano de su dibujo a Londres de abajo, como acompañantes de la Dama Puerta de Pórtico.

 Puerta, Mayhew y de Carabás

Dado que ni he visto la serie ni he leído la novela, no pienso meterme - de ningún modo - en su calidad como adaptación.

Argumento: Puerta huye de su casa, de su feudo. Dos tipos la persiguen, Croup y Vandemar. Richard Mayhew la encuentra herida y tirada en la calle y le presta auxilio. Esta acción altruista le llevará a otros feudos, que harán que su existencia en el feudo de Londres de arriba se debilite, la gente no puede verlo, pierde su trabajo y su casa. Condenado al ostracismo vuelve a Londres de abajo, a buscar a Dama Puerta. Junto a ella, con el Marqués de Carabás y, posteriormente, con Cazadora, buscarán al ángel Islington para obtener la información que Puerta necesita para su venganza; siempre perseguidos por Croup y Vandemar.

 
Puerta huyendo de Croup y Vandemar.


Opinión: personalmente, creo que la condensación del guión para que quepa en este formato y en este número de páginas, la convierten en una historia demasiado densa y plagada de saltos de fe. Tal vez la novela explique más las cosas, paso por paso; pero el cómic da mucho por supuesto y parte de la información se nos da tarde, referenciado, como si ya debiéramos conocerla. No sé si emula, en este aspecto, el estilo de la novela - que puede ser -, pero en el cómic queda forzado y caótico.

El dibujo es digno y las caras resultan muy expresivas. Los cuerpos estáticos son preciosos, elegantes, con una musculatora bien definida y realista. Los cuerpos en movimiento no: Fabry parece tener cierto problema para dibujar a gente corriendo. En serio.

La edición de Planeta DeAgostini que tengo entre manos está bastante bien presentada. Un buen papel, una buena impresión, aunque el encolado a las tapas deja un poco que desear. Al menos en el que llegó a mis manos.


Nota: 6. El cómic se deja leer, la historia es interesante, el mundo es precioso y muy de cuento... muy Gaiman, para qué negarlo; pero el guión tiene aspectos que chirrían y empañan el resultado. El dibujo está bien, aunque sin gran lucidez. El color mola, es un hecho.

Tautologías, de XKCD

 
Viñeta de XKCD, brillante cómic de humor rebuscadillo y, generalmente, friki.

- Espera, ¿Debería únirme a la sociedad honorable para demostrar a mis colegas que soy honorable, y soy honorable porque estoy en la sociedad del honor?
- Fundamentalmente.
- Suena como si ahorrase tiempo uniéndome al Club de la tautología directamente.
- Ese no es un club real.
- Entonces lo fundaré.

Club de tautología:
- ¿Qué habéis aprendido de nosotros?
- Del grupo de Facebook: "Si un millón de personas se unen a este grupo, en el grupo habrá un millón de personas".
- ¡Escuchad! La primera regla del Club de la tautología es la primera regla del Club de la tautología.

martes, 16 de febrero de 2010

La ciudad de la Gran Montaña

A medio día de nuestro centésimo días tras el Despertar llegamos a la zona sin vida de la montaña. Recorrimos parte de su extensión hasta que, horas después, rozando ya la media tarde, encontramos una abertura en aquella roca sobre la que nada crecía. Las paredes de aquella abertura estaba ligeramente húmedas, hasta tal punto mantenían la condensación de la noche. Misteriosamente, a pesar de la presencia de agua, ni siquiera había hongos. Nada vivía allí. Con razón la ciudad había caído. Por lo que podíamos ver, todo dependía de la importación de productos. Tal vez hubiera sido sometida con un asedio largo y meticuloso en el que se buscasen anticipadamente los posibles accesos subterráneos con el fin de impedir la entrada de mercancías.
- Por aquí – dije con tono imperativo y, señalando a los soldados, añadí –, vosotros primero.
Odom y los suyos nos adelantaron, prendieron antorchas y entraron en aquella hendidura. Sus pies pisaban en húmedo, produciendo un sonido repugnante y orgánico con sus pisadas. Todo aquello, a pesar de todo lo que decían los sentidos, parecía vivo. Vivo a un nivel inquietante y terrible.

Mientras recorríamos aquel lúgubre pasillo, que empezaba descendiendo durante un largo trecho, mientras seguíamos el brillo de las antorchas que desfilaban entre nosotros no pude evitar pensar, por enésima vez en aquellos días, en las palabras de Tarik. En Alai, a la que no podía quitar de la cabeza. «¡Por tu culpa, por tu culpa!», gritaba una voz acusadora en mi cabeza. Por mi culpa. Tenía razón. «Ella cumplió con su deber», decía otra vez, más amable y cariñosa. También tenía razón. Ella había muerto como una buena cottar haciendo lo que se le había exigido, sí; pero yo había hecho aquella exigencia. Y las voces discutían en mi cabeza. «Sálvala, sé una buena amante», decía una. «No antepongas tu deseo a lo que conviene al pueblo», contestaba la otra. Más gente moriría por mi culpa si me mantenía como reina, tendría que superarlo; aprender a vivir con ello. Un buen rey no debe sentirse unido a los suyos. Un buen rey debe observarlos desde una distancia de precaución y evitar todo vínculo emocional con sus vasallos, debe conseguir que sus gentes crean que su opinión vale aunque ésta sólo ha de valer cuando coincida con las creencias que, en realidad, tiene el monarca. Un rey tiene que saber mentir y aprovecharse, tiene que saber anticiparse y resistir los embates de la mala fortuna. Un buen rey no puede ser uno con su pueblo... pues sufrirá éste o aquél. Tal y como estaba pasando ahora.

Cuando el pasillo se abrió al fin, tras un largo rato de caminata cuesta arriba, que hacían parecer imposible una entrada por la fuerza puesto que la carga en fila a través del pasillo parecía, a todas luces, un suicidio táctico ante la posibilidad de lanzar por aquella pendiente materiales inflamables o aceite hirviendo; se abrió ante nuestros ojos la más vasta extensión subterránea que nunca hubiese visto un integrante de mi especie. Aquel lugar era, sencillamente, colosal. Y estaba iluminado. ¡Iluminado! Un brillo lumínico de origen incierto y extraño tono, que luego Luna comprobaría como mágico iluminaba las paredes de la enorme bóveda de piedra, en cuyo centro se extendían unos muros de piedra con docenas de inscripciones a un lado y a otro que irradiaban una poderosa magia. Sólo unas pequeñas puertas negras como la medianoche reducían la densidad de la emisión mágica. Suevan fue el primero en entrar, desde el otro lado de la puerta esperó a que todos, elfos y cottares hubiéramos cruzado. Ante nosotros se entendía un enorme amasijo de pequeñas casitas de un gris blancuzco con tejado negro. Más allá de este bloque de casas se extendía un segundo muro, con una magia todavía más patente que el primero. Las puertas eran poco más grandes que las que dan acceso a una casa de gran tamaño. Y al otro había campos y talleres y todo irradiaba magia. Los campos estaban cultivados y todo estaba en perfecto estado; na se había deteriorado, quién había levantado aquella ciudad la había planeado bien. «¿Qué les habrá pasado para caer de todos modos?». La pregunta no parecía tener una solución obvia, no había una deducción; no había nada. Allí, finalmente, tras los talleres, se levantaba un último muro tras el que se podía ver un edificio, un enorme castillo. La capa de magia que lo cubría todo era casi cegadora, potente y trabajada. Una labor digna de los mejores artesanos mágicos. El castillo tenía cuatro pisos de altura. Nuestra exploración por él nos mostró muchas salas vacías, casi sin ornamentar. No había armas ni armaduras, parecía faltas muy extrañas en un lugar semejante. «Tal vez hayan saqueado el castillo y dejado sólo lo que era inútil». Lo más peculiar de aquella construcción es que en el cuarto piso, un pasillo salía fuera de la construcción hacia una sala circular que se sustentaba por algún truco arquitectónico que no entendíamos o por un efecto mágico que, por alguna razón, se habían esforzado en disimular. Aquella sala circular estaba fuera de la planta del edificio, conectada tan solo por el pasillo, que brotaba como un brazo en la pared.
- Señora, yo prefiero no cruzar – comunicó Odom.
- Quédate aquí, nosotros iremos a ver qué hay al otro lado.
Pareció dudar.
- Muy bien, mi reina, tenga cuidado.


La sala era circular, tenía una serie de sillas formando una especie de círculo, que abarcaba unos cuatro quintos y el quinto restante lo formaban unas sillas puestas en fila, como el lado de un pentágono. Las que formaban parte de la estructura circular estaban trabajadas con esmero, y una, la que se enfrentaba completamente a las puestas en línea, tenía un trabajo especial, señorial; era un trono, de forma clara e innegable. El Trono.

Tarik fue la primera en sentarse. Usó el trono. No dije nada. Prefería saber qué pasaba a experimentarlo en mis carnes. No sería la primera vez que alguien dejaba un desencadenante trampa ante una acción similar. Se quedó unos segundos en silencio y luego dijo: «siento a la gente que camina por el pueblo. A todos ellos, no... no sé cómo explicarlo». Y todos los presentes tomamos asiento. Aquellas capas de magia no eran tan simples como habíamos pensado y la ciudad parecía cada vez más interesante. Quizá las cosas no hubieran empeorado tanto como parecía de inicio. Habría que evaluar muchas cosas antes de considerar esto nuestro nuevo hogar.

lunes, 15 de febrero de 2010

El Jorobado de Notre Dame

El fin de semana vi esta película de Disney, que me ha sorprendido gratamente.



Fundamentalmente, el tono y el protagonista se alejan terriblemente de aquello a lo que Disney nos tiene acostumbrado. Un tipejo deforme y una sociedad racista y malencarada, con alguna perla de humor negro. Flipante. Sencillamente.

La música genial, y la voz de Constantino Romero haciendo de Frolo es increíble. El dibujo, al típico nivel de los Clásicos Disney (alto, vaya) y, por lo demás, muy por encima del cine al que la compañía nos tiene acostumbrados. Aunque a muchos niveles, sigue por debajo de la que, en mi opinión, es la mejor película de Disney.

Nota: 8. Divertida, oscura y violenta. Disney sacrificó muchos de sus principios para llevar esto a la gran pantalla.

Una muestra de la música:



Otras películas de Disney:
— Lilo & Stich.
— La Bella y la Bestia. 

domingo, 14 de febrero de 2010

Strangers in Paradise, 1 - Terry Moore

Strangers in Paradise es una obra sobre el sexo, el amor y las relaciones interpersonales en general.

En sus páginas, Terry Moore nos presenta a Katchoo, una lesbiana (o bisexual con preferencia por las mujeres, no me queda claro) que está enamorada de su compañera de piso, Francine. Una mujer heterosexual que está enamorada de un tío con el que no se acuesta por miedo a perderlo, como ha perdido a todos con los que se ha acostado.


A lo largo de las páginas del primer tomo se irán sucediendo las situaciones, que abandonarán ese relajado y agradable – incluso en sus momentos más agrios – tono del principio, dando paso a una atmósfera mucho más negra, enseñándonos un mundo más sucio, violento y vengativo.

Terry consigue este cambio con una soltura tremenda, produciendo la sensación en el lector de que así es como debería ser, aunque el salto al noir es, a todas luces, chocante.

El primer tomo recopila tres capítulos, dos de corte demasiado humorístico, que pasan sin excesivo brillo, aunque con una calidad evidente subyaciendo y un tercero que parece asentar un tono más serio y oscuro; dando un esqueleto a ese cambio del que antes hablaba.

El dibujo, en blanco y negro y de trazo firme, muestra una clara evolución hacia una expresividad más concreta, alejándose – en general – de la expresividad rayana en la parodia que exhibe, a veces, en las primeras páginas.

Nota: 7.

Ahora a esperar con avidez el tomo 2.

sábado, 13 de febrero de 2010

El ingeniero

Estaba harto. Odiaba su mala suerte, su profesión, su cargo, su jefe y a la jefa de este. Los odiaba a todos. Nave Nexo no le ofrecía nada de su interés, nada por lo que luchar. No le interesaban los juegos – en los que sólo tomaba parte para no morir de hastío en la nave -, ni las putas, ni las armas, ni las plantitas. A él le gustaba conocer sitios nuevos, conocerlos de verdad, no a través de aquella mierda de realidad virtual de la N-A54. Tal vez hubiera algo de su interés en las N+ o en las N++, pero tenía claro que nunca pondría el pie en una.
- Hey, Risitas, ¿alguna idea brillante de las tuyas? - preguntó Roberto.
El ingeniero lo miró con odio palpable. Odiaba aquel nombre: Risitas. Roberto había puesto motes a todos los de la nave, probablemente, pero sólo a él se lo aplicaba directamente en todas las ocasiones. Él ya no se llamaba Javier, era Risitas, o Cachivaches, dependiendo de la situación. Tomó aire para evitar un improperio, si algún día llegaba a las manos con Roberto, no iba a ser el soldado el que saliese perdiendo. Aquello estaba claro.
- Supongo que podemos usar a uno de los robots de mantenimiento y pincharlo para ver a través de sus cámaras antes de entrar nosotros. Para no ir directamente a la aventura, sino partir con la información ya en la mano.
- Así me gusta, Cachivaches – sonrió Roberto –. Quién iba a decir que un tío tan pocacosa como tú iba a ser de provecho en una Exploradora.

Estaban en la entrada a los conductos y Cachivaches tenía al pequeño droide de mantenimiento sobre sus piernas. Tenía un pequeño cuerpo de apariencia cúbica y toda su superficie era deslizante, como ruedas oruga. Se sacó un pequeño emisor del bolsillo y lo insertó en unas de las ranuras de proceso de datos del artilugio, luego lo dejó en el suelo y lo accionó. El droide tardó unos veinte segundos en estar operativo, pasado ese tiempo descubrió las membranas opacas que cubrían sus fotorreceptores y las láminas contra el polvo que cubrían sus fonorreceptores.

A través de su ordenador, Cachivaches le dio las órdenes pertinentes y él se introdujo en aquellos conductos. A través de la pantalla del ordenador vieron lo que captaba el droide. Aquellas paredes de un gris negruzco con brillantes perlas de agua helada, todo parecía en perfecto estado.
- Tobías – empezó Risitas por el comunicador - ¿en qué sector de la nave están los desperfectos exactamente?
- 84,26, -3.
- En los respiraderos centrales superiores de la parte anterior, ¿no?
- Correcto.
- Vamos a ver qué pasa, hijo de puta – murmuró por lo bajo. Total, ¿qué era lo peor que podía pasar?

viernes, 12 de febrero de 2010

El circo de la mariposa

Acaba de pasarme Lumieira un precioso vídeo que sacó de un blog llamado La casa de bambú.

Aquí el vídeo.


Precioso, aunque algo triste.

Incómodas negociaciones

- En nuestro camino a la montaña – dijo Tarik – podríamos hablar con el unicornio. Siempre ofreció la posibilidad de que resucitásemos a los nuestros.
La miré. Lorien sabe que nadie quería resucitarlos más que yo, que era la causante de sus muertes, y que amaba a una de ellos. Pero los precios eran intolerables salvo causa mayor, no podía ser tan egoísta como para jugar con el destino de todos por un interés personal. No sería adecuado.
- Hablaremos con él – consentí -, pero no aceptaremos tratos en los que el pueblo salga perdiendo de ninguna manera.
- Una mujer entrenada es mucho más productiva que unos cuantos niños – afirmó ella dispuesta a hacerme cambiar de parecer.
- Díselo a sus madres, Tarik.

No insistió más. Estaba claro que lo hacía por mí, para que yo me sintiera bien, y si bien se lo agradecía, era perfectamente consciente de lo que debía hacer. Por mucho que me doliese.

El camino era algo más lento de lo esperable y todos los que sabían algo de disimular huellas iban guiando a los menos entendidos en la materia, o en la retaguardia borrando los deslices. Siempre quedaba un rastro, evidentemente, pero el asunto era dificultar al máximo el posible seguimiento de los elfos negros. Y, el segundo día, el Espíritu del Bosque apareció ante nosotros.
«Buenos días, chupasangres», nos dijo a los cottar, ignorando completamente a los elfos que nos acompañaban.
Tarik y él hablaron sobre las razones de nuestro viaje, sobre nuestros problemas.
«Conozco perfectamente vuestros problemas y sus posibles soluciones. Y vosotros sabéis que sólo dependen de vosotros».
- ¿Qué quieres a cambio? - le pregunté.

La historia de siempre. Quería sacrificios de inocentes. Aquel cuadrúpedo mal nacido estaba obsesionado con la sangre de los recién nacidos, de los que aún no se habían equivocado, de quienes no habían hecho mal a nadie. Todos los ritualistas coincidían en que era una sangre poderosa, pero exigir sacrificios constantes era un precio que no estaba dispuesta a pagar, sobre todo con los problemas de natalidad de mi especie, que hacía que además del valor de la vida del niño, hubiera que tener en cuenta la dificultad de engendrar más y el peligro que suponía para nuestras hembras.
- No llegaremos a un trato en ese punto – atajé sencillamente.
«De acuerdo – planteó el unicornio dando por perdida esa opción – y qué os parece lo siguiente: ofrecedme en sacrificio la mitad de las almas de criaturas que mueran bajo vuestra mano. Una resurrección a cambio de la mitad de esas almas durante 15 años».
- ¿Y si no matásemos a nadie en ese tiempo?
«No volveríamos a negociar jamás y, desde luego, saldríais perdiendo. Además de la opción, que no convendría olvidar, de que podría tomar algún tipo de parte contra vosotros. Y nadie quiere eso».
Nadie lo quería, era un hecho.
- ¿Y por dos resurrecciones? - preguntó Tarik.
«Todas durante 20 años o la mitad durante 40».
- ¿Por qué el incremento?
«Tengo mis razones».
Tarik me miró dubitativa. No parecía importarle en absoluto el ofrecerle aquellas almas. No obstante yo era perfectamente consciente de que los brujos conjuraban a partir de las almas que sustraían de las criaturas inteligentes muertas. Si aspirábamos a volver a conseguir algo parecido no podíamos caer en nada que nos mantuviese sin ellas durante demasiado tiempo. Ya no preguntamos el precio por tres resurrecciones.
- Pensaré en ello, Espíritu del Bosque – le dije.
Y nos despedimos.

Esa noche, Nie, Ik´oo, Nissit, Luna, Tarik y yo discutimos sobre qué hacer. Salvo Tarik todos preferían resucitar a una única persona, a Ishil, la chiquilla ritualista que sería indispensable para los nuestros si esperábamos formar algo parecido a la Vieja Orden. Había varios magos y varios hechiceros, pero sólo Ishil era una ritualistas competente.
- ¿Por qué no queréis resucitar a Alai? - preguntó Tarik.
Sabía que era una pregunta velada. Al mismo tiempo se refería a todos, al conjunto de presentes; pero en concreto iba por mí. Tarik me atacaba con su pregunta, buscando recuperar la vida de su compañera de aventuras: «¿Por qué te niegas a resucitar a quien decías querer?». Era difícil explicarle que, precisamente por eso, yo no tomaría la decisión de salvarla. Nunca sería objetiva respecto a ella. «Uno ha de hacer lo que ha de hacer», me repetía evitando entrar en su juego.
- Porque no es indispensable para el pueblo – respondió Luna –. Era mi amiga y me encantaría que siguiera con nosotros, pero no antepondré mis intereses como individuo a nuestros intereses como pueblo.
Tal vez, habida cuenta de su respuesta, no fuese tan difícil de hacer. La razón parecía buena, pero a Tarik no debió de parecerle suficiente.
- Recuerda que fue ella quien envenenó a los elfos negros. ¡Es importante para nosotros!

Las sorprendidas miradas de Nie e Ik´oo, nuestras hechiceras, ante tal información no me pasaron desapercibidas. Cogí aire con tranquilidad, como si no me afectase en absoluto y me dispuse a explicarles, aunque Tarik salió ella sola del embrollo y defendió mi posición.
- No me fiaba de ellos, tras el primer ataque, así que cuando volvieron me aposté en esquinas y entre matorrales y vi que hacían rondas en torno a la casa de Aruala, probablemente intentando sacar algún tipo de información por artimañas mentales. La avisé a ella e incluso hablé con uno de ellos que quería ser rescatado por nosotros – ante las confundidas miradas de las hechiceras, explicó –. Ellos iban a atacarnos. Él me informó de cómo sería y de cómo lo reconocería a él llegado el momento. Eso nos permitiría reaccionar a tiempo y a él ser salvado de la, probablemente, brutal matanza, gracias a su información, de los de su especie si se llegaba a algo más.

A pesar de ponerse todos los datos sobre la mesa, por gran mayoría – todos menos Tarik – se decidió resucitar solamente a uno de ellos, a Ishil la ritualista. Acepté la decisión del grupo sin interponer una sola protesta. Era evidente que todos conocían mis deseos y bastante habían conseguido con evitar hacer referencias a ellos, pero yo no me aproveché de esto.
- ¿Qué haremos con Ber? - pregunté.
Aquí, en cambio, la respuesta fue unánime. Ber era indispensable para nosotros, o lo sería cuando nuestras hembras se pusiesen a parir; lo necesitábamos y había que traerlo de vuelta.


Aquella misma noche, Tarik vino a hablar conmigo. Se la veía reacia a abandonar el tema sin haber jugado todas sus cartas.
- ¿Por qué no le ofrecemos un trato como individuos al Espíritu?
- Hay que pensar en muchas otras cosas, Tarik.
- Joder, Aruala, pero tú la quieres. ¿¡Qué importan unas cuantas almas!?
- No es algo que pueda decidir yo sola, ¿no lo entiendes? Un buen rey no es el que decide solo y para él, sin tener en cuenta los deseos de su pueblo.
Nos quedamos en silencio un rato. Un largo rato.
- Una buena amante no deja a su amor a su suertye mientras todavía le quedan cartas.
Y se levantó y se fue.
A solas, sus palabras dolían más de lo que cabía imaginar.

jueves, 11 de febrero de 2010

El Tirador

Seguía a los demás Asaltantes. Tenía el pulso acelerado, casi desbocado. Decidió dejar la manipulación nerviosa para cuando estuviera metido en harina. No era un dato demasiado conocido porque muy poca gente tenía acceso a los Neuroimplantes Controladores, pero a pesar de lo útil que podía resultar su uso, la extenuación física, y sobre todo anímica, subsiguiente sólo podían ser evitadas en completa calma. Es decir, el esfuerzo tenía que haber terminado antes de que se pasase el efecto del Control Forzado.

Julio había sido tirador de élite en los Ejércitos Imperiales de los Núcleos, condecorado por sus méritos en la revuelta de 3.6.5, en la que había salido victorioso, al mando de un puñado de hombres, contra los grupos guerrilleros contraimperialistas. No obstante, de poco valieron sus chapas y medallas, su traje lleno de enseñas, sus diplomas y su entrega. Los héroes de unos eran los villanos de otros. Nunca supo quién, nunca supo cómo; pero el Mariscal Piter se reunió con él en persona. «Siento que ésta sea la situación – le había dicho – pero son tiempos difíciles y el cambio de gobierno en los planetas de los Núcleos extrarradio de 3.6 te deja en una posición comprometida». Los perros del Imperio eran abandonados cuando dejaban de ser útiles, cuando dejaban de ser necesarios. Ahora debían tener un gesto bonito con los nuevos gobernantes de 3.6; así que él, y otros como él, recibieron un ultimátum. «Podéis partir hacia el exilio, cambiar de identidades e ir con vuestras familias a un planeta extrarradio al otro lado de los Núcleos y empezar de cero, o podéis desaparecer con honores y que la posición de vuestra familia no se toque». Aquella fue la decisión: ¿hundes tu familia o desapareces del mapa?

No sabía cuál había sido la tendencia general, pero como héroe de guerra, la posición de su familia era alta, su mujer y sus dos hijos - altos, fuertes y rubios como él -, se permitían todos los lujos que un habitante de los Núcleos Centrales podían permitirse. Muchos, muchos lujos. Él mismo se había financiado los Neuroimplantes, aunque por su profesión y riesgos, el ejército había pagado un 60% de la operación y del entrenamiento posteriores.

Evitó pensar demasiado en la despedida, en las lágrimas de su hijo pequeño. Ya era un hombre. No debería haber llorado su marcha.

- Julio, cojones – gruñó Roberto – estate atento, que vas con la mirada perdida...
- Estoy atento, señor – contestó con voz indiferente y sin vacilar.

Roberto le dirigió una mirada fría y dura. Julio no pudo evitar pensar en la promesa de que irían con buenas referencias y se les asignaría en una de las mejores naves de los Círculos Exteriores. No sabía cuáles serían las mejores naves, pero una cosa sí tenía clara: ésta no era una de ellas. Además, el líder de los Asaltantes, en su opinión, era un inútil y un paleto. No pudo evitar preguntarse por qué lo habrían mandado allí, era un tema que los condenados no solían tratar.

- Señor – dijo el Explorador, una chica bajita y fibrosa – Tobías dice que deberemos entrar en los conductos, que desde fuera no se puede hacer más.
- Joder... - gruñó Roberto ligeramente alterado.

Como cada vez que se enfrentaban a un Ello, Julio trazó con su mano derecha el círculo que representaba la perfección y pluralidad de los dioses y murmuró los nombres de sus hijos y el de su mujer. Si moría, que ellos fuesen lo último en lo que había pensado.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Identifican la sustancia que dificulta dejar el tabaco

Os dejo la noticia. Personalmente, me pareció una buena ruta a explorar para atajar el problema del tabaco. Aunque bueno, luego a saber que artículos duplican de precio por los impuestos en cuestión de año y medio. ¿Televisiones de plasma, tal vez?

¡A Tahití os digo!



xDD.

Gracias a Accross por el enlace.

Sin palabras... o fake, vaya. Gracioso, en cualquier caso.

El soldado

En la sala de ocio, Roberto echaba tres cartas y zanjaba el duelo. Sonreía dichoso. Siempre ganaba a Duelistas. Casi siempre, al menos. A falta de algo mejor, los objetos más interesantes se acababan semanas después de pasar por el Nexo, se apostaban horas de guardia. Y él se había desecho de dos guardias y un cuarto. Era un día provechoso.
- Deberíamos cambiar de juego – dijo Alicia, la copiloto de a bordo, harta de perder duelo tras duelo
- Joder, tía, tampoco es que tengamos muchos más juegos. La próxima vez que paremos en Nexo ya sabes, usa tus encantos femeninos para conseguir uno nuevo...
Alicia miró con odio a su compañero de mesa.
- Podemos vender tu polla como afrodisíaco para los que vienen de los núcleos 13.14.
- Yo te juego una – dijo el capellán, cambiando de tema e intentando quitar hierro al asunto.
- Uf, no sé, tío, los dioses están contigo. Eso se parece un huevo a hacer trampas, ¿va?
- Oh, un hombre tan curtido y bravo como tú tiene miedo de este hombre dedicado al estudio y a la vida contemplativa. Ya sabía yo que tanto chute de esteroides tenía sus problemas.
- Bueno, venga, va. Una. Una, ¿eh?
- ¿Y qué nos jugamos?
- Si gano yo, me da una dosis de esas sustancias que utilizáis para alcanzar vuestro estado de máxima concentración.
- Si gano yo, en cambio, te...

Y entonces volvió la voz metalizada de Tobías: «capitana, parece que uno de los conductos... se cae a pedazos. No sé qué coño le pasa». Y todos los jugadores dejaron sus cartas en la mesa y prestaron atención al comunicador en el que se seguía la conversación. «Insinúa usted la presencia de un ello», preguntó la voz de la capitana. «Sí, capitana», respondió el mecánico.

En la sala de ocio, el silencio no duró más que un instante. Pronto Roberto empezó a dar órdenes a sus hombres. En la nave mandaba Virginia, era un hecho, pero durante el desarrollo de una misión fuera de ella o en caso de Ello dentro de la nave, se ocupaba él.
- Alicia, a la cabina; que el piloto no esté solo, por lo que pueda pasar. Capellán, con la capitana, tal vez le venga bien tu información. Vosotros tres – dijo señalando a su técnico, a su tirador y a su explorador -, conmigo.
Y, dicho esto, accionó el comunicador.
- Tobías, informa de la situación.
E, impotente, rezó a unos dioses en los que nunca había creído. «Espero que no tengamos que entrar en los conductos, allí no dispondremos de nuestra ventaja numérica. ¡Joder, putos Ello!»

martes, 9 de febrero de 2010

Alicia en el País de las Maravillas, cómic

Próximamente, Glénat traerá una versión en cómic de Alicia en el País de las Maravillas y, la verdad, es que tiene un aspecto muy espectacular. ¡Menudo dibujo!

Adiós

Aruala:

Se sucedieron los días. La falta de noticias, totalmente lógica por la distancia hasta la ciudad, me inquietaba. «Uno ha de hacer lo que ha de hacer», me dije en un vano intento de calmarme. Tenía que comportarme como la reina cottar que se suponía que era.

Y bien entrada la mañana del día 91 tras el despertar, volvieron Tarik, Luna y Nissit. No traían buenas noticias. La misión había fracasado, el grupo había caído. Sólo Ber seguía vivo por el buen trato que les había mostrado desde el principio que había permitido que no desconfiasen de él.
- ¿Cómo murieron? - pregunté.
Luna y Nissit se miraron un instante, Tarik sin muchas vacilaciones, informó:
- Todo fue transmitido por otros seres que se comunicaban directamente en nuestras mentes. Detectaron a los nuestros, el uso de magia era evidente - dijo. Y tras meditar un poco cómo proseguir la frase, concluyó tajante -: los localizaron con esa magia y se comunicaron con ellos. Hasta que nos comunicaron sus respectivas muertes.
- ¿Por qué sabéis que se podía confiar en ellos?
- Bueno... - comenzó Luna un poco intimidada por lo hosco de mi tono - nuestras lecturas mentales no indicaban lo contrario. Y... las respuestas que nos transmitían eran muy... propias de los implicados...
- ¿Cómo fue? - no veía en qué modo podía haber fallado el plan. ¿Acaso Óxios no tenía poder suficiente para salvaguardarlos de un sondeo mental?
- Aruala... Óxios sólo se protegió a sí mismo. A partir de ahí, el plan se cayó a pedazos por sí solo - dijo Luna casi intimidada.
- ¡Es imposible! - estallé con furia -. El ritual de invisibilidad de Ishil debería haber permitido que saliesen de allí con vida, aun habiendo sido sondeadas y aunque no les hubiera dado tiempo a envenenado el acuífero.
- Alai abandonó a Ishil... y ésta fue capturada. Tal vez... la mataron sin darle tiempo a reaccionar. Nuestra información no es tan precisa - dijo Tarik con voz vacilante -, pero sabemos que Alai llegó a envenenar las reservas de agua - entonces, hizo una nueva pausa para dejarme añadir algo. Ante mi silencio, hizo la pregunta qué se guardaba -: ¿cuál fue el veneno?
- Niño Silencioso.
Nadie dijo nada al respecto. El Niño Silencioso era el veneno que se usaba en Tilangibén cuando no se podía permitir la más mínima posibilidad de error. Era exageradamente caro, pero nada sobrevivía a su efecto si no se tomaba el antídoto un par de minutos antes que el veneno.


Estaba claro el porqué de mi ira, a qué venía mi frustración. Me había jugado varias de mis mejores piezas y a mi propia amante en una misión para asegurarme el éxito y había fallado. Todo había fallado. Y ahora tres cadáveres y un cottar vivo metido en las profundidades de la población drow daban vueltas acusadoras en mi cabeza. «Lo he perdido todo».

Me quedé en profundo silencio analizando la situación y conteniendo el torrente de sentimientos. No sabía qué hacer, no tenía la menor idea. Estaba confundida y asustada, pero no podía sucumbir en presencia de otros y lo sabía. Me contuve y mantuve un gesto calmado.
- Aruala - dijo Tarik interrumpiendo mi forzada concentración -. Estos seres nos hablaron de otro pueblo de nuestra gente. Al suroeste.
Durante un instante tuve el deseo de ordenar a mi pueblo marchar hacia el oeste. De llevarlos hasta allí y dejar el gobierno a cargo de quién mandase allí. Desentenderme de todo y volver a mis plantas, a mis jardines; pero no pude evitar fijarme en que, probablemente, los elfos negros se tomarían su venganza o lo intentarían. Si los habían capturado apenas habría muertos entre sus habitantes, y ahora querrían sangre. No tenía ningún derecho a llevar la guerra a otro pueblo más.
- Hablaremos con los elfos y decidiremos qué hacer. Cuanto antes. Ve a hablar con Elendir y dile que esperamos, por nuestra información psíquica un ataque masivo de los elfos negros. Que ellos decidan qué van a hacer.
- ¿Qué haremos nosotros?
- Dependerá ligeramente de su decisión, y de si aportan algo en lo que no haya caído.


Mientras Elendir y los suyos discutían sus próximos pasos, me ausenté de mis obligaciones, de los míos, y me fui a casa de Alai. Si hubiese muerto entre nosotros, habría bebido su sangre y le habría prendido fuego al cuerpo como mandaba la tradición. Pero no había nada allí, sólo la información, la terrible noticia. Sentí los ojos ligeramente húmedos cuando reuní hojas secas y ramas y prendí fuego al jardín. A su jardín. Contemplé llorando cómo las llamas devoraban las plantas. Era una despedida, mi forma de despedirme. La había llegado a querer en aquel breve intervalo de tiempo que habíamos compartido y había agradecido su apoyo. La había enviado a un lugar peligroso y, por ello, por mi orden y sus obligaciones, había muerto. Sentía las mejillas y los ojos mojados, las fosas respiratorias irritadas por el humo.
- ¿Estás bien? - preguntó la voz de Luna a mi espalda.
No me di la vuelta, no quería que me viera así. Ella esperó un minuto de cortesía y se acercó a mí. Me miró. Mantuve la vista en las llamas, en el adiós.
- Joo... no llores Aruala - su voz era tímida y triste. Frustrada por no saber cómo ayudarme, tal vez por la certeza de que no podía hacerlo. No lo sé. Pero su petición me hizo sentir mucho peor. Me costaba respirar por causa de las lágrimas y del humor, ella se acercó y me abrazó. Y lloré sobre su hombro. «Lo siento, Alai. Supongo que no era un plan tan seguro como había pensado. Lo siento. Lo siento».




Ese mismo día, tras enviar un pájaro a Ber - a la ciudad de los elfos negros - con una nota escrita en cottar, los elfos y los cottar abandonábamos nuestra ciudad y nos dirigíamos hacia la Gran Montaá, hacia aquella misteriosa ciudad que el Espíritu del Bosque había dicho que ya estaba allí antes de que él hubiera nacido. Mi rostro volvía a ser la impávida máscara que debe ser la de un gobernante cottar. No podía ser de otra manera. Sólo Luna había visto mi flaqueza y mi estabilidad ya dependía de su silencio.

lunes, 8 de febrero de 2010

¡Necesito nombres!

Sí, pone nombres. Lo siento por los que esperasen fervorosamente que cambiase mi inclinación sexual para intentar algo, pero no es el caso.

Como se puede apreciar sin grandes dificultades, he continuado el relato de El Pasajero, tal vez de una forma distinta a la que tenía en mente en principio - al principio cuando no sabía si continuarlo no, me refiero a un poco después.

El caso es que, sinceramente, no se me ocurre ningún nombre adecuado para la nave, y dudo que sus tripulantes se refieran a su nave como E-D36. Todo el mundo sabe que las naves se bautizan. ¿A alguno se le ocurre un buen nombre para esta nave? Da igual que suene retro o moderno, amenazador o no... busco nombres que suenen bien, sin más. No se me me da bien bautizar cosas, los más allegados a mis textos - sobre todo mis jugadores de Proyecto I (Orden de brujos y Espada Negra), de Proyecto II (Una historia de piratas) y mis lectores más constantes, lo habréis notado.

Gracias por adelantado por vuestras sugerencias.

Capitana

Tranquilamente, en su camarote, Virginia se desperezó mientras se sucedían los mensajes por el comunicador. Se notaba cierta tensión en los tripulantes, pero era normal. Cualquier día puede ser el último en una nave de clase E, sobre todo en una D36. Sólo quedaban cuatro naves más antiguas que ésta la última vez que pasaron por su Nave Nexo a buscar suministros hacía ya un par de meses.

Nadie respondió. La mayoría estarían expectantes en espera de qué informase el mecánico, e incluso era probable que algunos hubieran seguido jugando tranquilamente a las cartas. Ella sintió sus latidos profundos, intensos y nerviosos. Cogió aire mientras se calmaba. «Soy una buena capitana, llevo al mando de esta nave casi seis años y nunca ha sucedido nada catastrófico – reflexionó -. No será hoy».

- Capitana – sonó la metalizada voz de Tobías con tono dubitativo – parece que uno de los conductos... se cae a pedazos. No sé qué coño le pasa, pero está en un estado ruinoso.
- ¿Cómo que no sabes qué le pasa, Tobías?
- No, capitana. No tengo la menor idea – el mecánico dejó de hablar, pero ante el tenso silencio de Virginia, y dado que ningún otro miembro de la tripulación había salido en su apoyo, decidió aclarar – hay algunas piezas partidas, como... como si hubiesen sido cortadas con cirugía, ¿sabe? No sé... sacando las salas de gravitación inteligente... es imposible conseguir tanta precisión en una nave como ésta.

Se formó un silencio incómodo. Cada tripulante, de los que prestaban atención a las comunicación, al menos, pensaba lo mismo: «¿Llevamos un Ello a bordo?». Era una perspectiva aterradora en cualquier caso. La capitana se vio obligada a romper el silencio:
- ¿Insinúas la presencia de un Ello, Tobías?
- Sí, capitana. No se me ocurre qué otra cosa puede ser.
La capitana meditó un instante. El silencio al otro lado de los comunicadores era absoluto.
- Enviaré un mensaje de detección potencial – contestó finalmente
«Si pasa algo que otras Exploradoras puedan llegar rápido hasta aquí – evitó decir».
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¡Maldito OpenOffice que no me mantuvo los guiones de inicio de diálogo! Arde en el infierno maldito, que tuve que entrar a corregirlo xD.

Gracias a Lu por el aviso ;).

El Plan

Tarik:

A media mañana salí de la torre hacia casa de Aruala. Tenía que hablar con ella. A mí no me agradaba en absoluto la presencia de aquellos demonios negros. Había querido hablarlo la noche anterior, pero nadie había atendido la puerta.
- Hola - me saludó con tono amigable.
- ¿Se puede pasar? - le pregunté.

Entré con tranquilidad, según me abría paso, y me dirigí directamente al salón. Lanzé una detección de mentes y sentí la presencia de drows en las inmediaciones, a unos cincuenta metros.
- Hay algunos de ellos cerca - le dije tranquilamente. No entendían nuestra idioma, aunque nos espiasen sólo captarían el tono y, a lo sumo, nuestro enfoque mental del asunto. Había que hablarlo sin darle importancia, manteniendo la mente ocupada en mostrar otras sensaciones.
- Lo sé - sonrió ella, con total despreocupación -. Están ahí casi desde que han llegado. Tal vez no conocen nuestro potencial psíquico, tal vez sí y, en realidad, sólo quieran hacerse notar. Una prueba de fuerza, ¿sabes? ¡Aquí estamos!
La risa de Aruala parecía casi fuera de lugar entendiendo la conversación. Fingía bien. Mentía bien. Sus cualidades como líder resultaban evidentes.
- Voy a enviar un grupo hasta su ciudad, para devolver la visita de cortesía.
Enarqué una ceja evitando pensar las deducciones que se podían extraer de aquella información.
- ¿Quién compondrá la comitiva?
- Alai, Ishil, Óxios y Ber.
- Es un grupo evidente.
- Para nosotros sí. Espero que Óxios puede disimular todo eso ante ellos.
Asentí. Comprendía. No le di más vueltas.
- Espero que se consoliden nuestras relaciones.
- Si esto sale bien, se consolidarán. Estaremos más unidos que nunca - sonrió con alegría y sin un ápice de maldad en su voz.


Al día siguiente partió la comitiva. Óxios observó un instante la plaza con mirada arrogante. Se creía superior a los demás, no cabía duda de ello. Con la información adecuada, estaba claro que pensaba algo como: «pronto, todos vosotros, nos deberéis la vida. Nos espera una existencia de reyes». Tal vez no con aquellas palabras. Sin la información adecuada, en cualquier caso, podría estar pensando «qué bien nos lo vamos a pasar con tanta hembra ligera de ropa». Aunque aquellos seres tuvieran pelo, estaba claro que se creían atractivos e intentaban lucir sus formas constantemente. Aruala se despidió de todos ellos. Alai le sonrió con confianza y Aruala se despidió con un abrazo de ella. Luego abrazó a los demás y se despidieron. La comitiva partió, acompañada por casi todo el grupo de escoltas de elfos negros que habían cruzado las tierras que nos separaban. En nuestra ciudad quedaban la clériga, sus dos aprendices y dos guardias. Ahora cambiaba, supongo, el sentido en que se presenciaba la amenaza. 
Los acontecimientos sucesivos se aceleraron increíblemente. Luna fue a hablar con Aruala sobre unas visiones que había tenido, Aruala se puso muy tensa y nos envió a buscar a Nissit a la zona donde estaban minando. La misión, explicada rápidamente, era asegurarse de que el plan original salía bien. Y fue entonces cuando nos dio a conocer dicho plan. Alai envenenaría los acuíferos de los drow, Óxios haría una bruma mental para que nadie pudiera sondearlos e Ishil llevaría preparado un ritual de invisibilidad para cuando tuvieran que huir corriendo. Todo estaba calculado. Ber sólo era la fachada, la conversación; Ber era la sonrisa falsa tras la que se ocultaba el arma.
- No veo cómo podría fallar nada - dijo Aruala -, pero no quiero arriesgarme. Id por detrás de ellos en todo momento, no os dejéis ver y velad porque todo salga bien.
Y armados ligeramente y con más voluntad que probabilidad de éxito, partimos hacia la ciudad de los elfos negros.

Scrubs, 5ª temporada

No hay que ser demasiado observador, si se sigue este blog con cierta asiduidad, para comprobar lo rápidamente que me he visto esta temporada. Pero os lo puedo poner un poco más fácil.

 
Escojo esta imagen porque se les ve a todos con ropa distinta a la que llevan siempre. Asombroso. En serio.


El caso es que esta quinta temporada es lo mejor que he visto de esta serie y, tal vez, lo mejor que he visto en series cómicas. El desarrollo de la temporada es, en mi opinión, perfecto. Los personajes han alcanzado el maravilloso equilibrio entre la caricatura a la que tienden y la humanidad que, en el fondo, reside en ellos. Todos ellos. La manipuladora y posesiva Carla, el insidioso y bromista Conserje (no se ha dado su nombre, ¿qué pasa?), el avaro y deshumanizado Kelso, el narcisista y monologuista Cox, el presumido y divertido Turk, la trastornada Elliot y el gilipollas J.D. Sí, todos. Si alguien se pregunta por Jordan, la psicóloga, Todd y demás... lo siento, muchachos, no llegan a secundarios y no me parece que se les pueda asignar evolución.

A esta temporada en concreto le iba a otorgar un 10, fantástico y con un 0 redondo y lleno de curvas pero... al final no. El capítulo final sin motivarme para ver la última temporada (primer error: menos cero cinco - léase con voz de profe) me pareció inconcluyente... es decir, parece que necesite un capítulo 25 para hacer un buen final de temporada (segundo error - menos cero cinco - preferentemente, úsese la misma voz de profesor, y no otra - aunque también sea de profesor - para un mayor efecto).

Nota: 9. De lo mejor que ha dado su género. Sin duda alguna.

domingo, 7 de febrero de 2010

Viñeta

Hoy anduve mal de tiempo para colgar nada, así que os dejo una viñeta que me ha llegado y que no sé de quién es. Lo lamento, porque está bastante bien.

viernes, 5 de febrero de 2010

Scrubs, 4ª temporada

Scrubs continuó, directamente, su ascenso y mejora.

¿Qué decir de la 4ª, salvo que es claramente lo mejor que he visto hasta el momento de la serie? Ya he dejado un buen número de capítulos a mis espaldas y supongo que, inexorablemente, la serie tiene que alcanzar un punto de inflexión y caer, pero por lo que he visto de la 5ª aún no se va a dar ese giro.

Los personajes mantienen su mejoría de siempre, aunque muchos se vuelven cada vez más paródicos (como ya había dicho) y tras cuatro temporadas resultan un poco caricaturescos de más por momentos.

En cualquier, los roles como adjuntos de los nuevos internos están muy bien y, por lo que se ve en la 5ª, lo explotan más. Y lo hacen bien, que es lo raro.

En cualquier caso, aprueba con nota.

Nota: 8.5. Imprescindible.

Médico

- Fallo de presión sin concretar en conductos. Tobías, échale un ojo.

La voz del piloto sonaba fría y artificial a través del sistema de comunicación interno.

- Venga, Tobi, no te hagas el remolón - dijo uno de los Asaltantes.

El mecánico abandonó la sala refunfuñando. La Exploradora estaba vieja y Tobías odiaba inspeccionar cada rincón una vez por semana. En realidad, aquel era un trabajo que mantendría ocupados casi constantemente a tres mecánicos cualificados. En E-D36 había dos, pero uno había muerto en la sala de operaciones tras recibir heridas de bala en uno de los asaltos. Probablemente fuego amigo, dado que Ellos no solían recurrir a nada tan mundano.

- Estás que no cagas, ¿eh, matasanos?

El médico dedicó una breve mirada a todos los reunidos y con tono indiferente se despidió de ellos.

- Avisadme de lo que sea, estaré en la sala de operaciones.

Nadie contestó y él, con calma, abandonó la sala. Odiaba aquella sensación de que todo el mundo lo trataba como a uno más. Él no era uno más. Era el médico, la mayoría de ellos, sobre todo los que más se metían con él, seguían respirando gracias a sus atenciones. Tal vez cerca de los Núcleos siguiesen en perfecto estado gracias a los cyborgs, a los implantes o a un volcado de información en un cuerpo artificial... pero en los Círculos Exteriores sólo la pericia del doctor de a bordo y las escasas sustancias que pudiese haber en la nave separaban a alguien de la muerte.

- Bastante hago por la tripulación. ¡Joder! ¡Si ni siquiera estudié medicina, coño! - masculló mientras se alejaba - patanes desagradecidos...


La sala de operaciones estaba blanca, inmaculada, reluciente. Se esmeraba mucho en mantenerla en aquel estado. Él vivía allí, aunque hacía incursiones a la sala de recreo, donde se reunían casi diariamente a jugar a las cartas entre Ello y Ello. Cuando al fin pasaban por la Nave Nexo que les correspondía, la N-A54, que estaba comandada por un hombre sin escrúpulos, y algunos decían que sin alma toda la tripulación de la Exploradora aprovechaba para salir un poco, caminar por aquellos enormes y majestuosos pasillos llenos de vida artificial. Todos conocían la mentira, pero todos disfrutaban la ilusión de haber vuelto a sus casas durante ese tiempo. La gente con deseos que pueden cumplir es más productiva porque les permitirá hacerlos. No eran grandes logros, pero eran mucho mejor que viajar indefinidamente a borde de una nave hasta caer muerto sin más. Pero casi ninguno sabía valorar lo benévolo que había sido el destino con ellos. Mientras, el médico, recluido otra vez en su santuario, encendía el ordenador y obviaba el resto del mundo, no quería pensar en que había sido condenado injustamente, en que moriría lejos de los suyos por un error, por un accidente... por no ser capaz de hacer milagros. Su hijo habría cumplido ya 13 años. 10 años sin verlo. Se decía rápido...

«Mierda», pensó mientras se enjugaba los ojos que empezaban a humedecerse.

- No os vais a creer esto - sonó la voz de Tobías por el comunicador de la sala.