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jueves, 31 de marzo de 2011

La granja de los animales (Rebelión en la granja) - George Orwell

Más conocido como Rebelión en la granja (Animal Farm en el original, A granxa dos animais en el libro en gallego que llegó a mis manos) es una novela satírica de mediados de 1945, en la que un magnífico George Orwell nos presenta a unos animales en una granja y nos cuenta las situaciones que viven bajo el mandato del señor Jones y cómo cambian las cosas tras las palabras del viejo Comandante (Mayor), cuando el cerdo Napoleón toma las riendas.

 Al igual que en otros libros de la colección, el traductor en portada. Me sigue pareciendo increíble.


El viejo Comandante muere entre cantos y promesas libertarias, la Rebelión se huele en el aire. Se palpa. Las nuevas normas, el nuevo régimen, las actitudes de los distintos animales de la granja... todo es detallado esmeradamente sin saturar en poco más de 100 páginas, de las cuales no sobra nada.

La verdad es que me gustan las obras con poco relleno, que van a lo que van y no se entretienen. Me gustan las obras sin capítulos «de Brienne de Tarth», aprovechando que ahora sale la serie de Juego de Tronos, y  resulta que La Granja de los Animales o Rebelión en la Granja —como queráis llamarla— es precisamente eso: una obra directa, concisa y, ¿por qué no decirlo?, mararavillosa.

Orwell retrata a un abanico de personajes que sirven para abarcarlo todo, desde Napoleón (Stalin), Boxer (el incansable proletariado), las ovejas (campesinado iletrado), Squealer (la prensa, la voz pública de Napoleón y los suyos), el burro Benjamín (supongo que los intelectuales rusos), los perros (la policía secreta de Stalin), el cuervo Moisés (la Iglesia)... y con ellos da color a la oscura historia que llena las páginas. Además, y quiero resaltarlo, me encantó el personaje de Mollie

Napoleón miente cada vez más, y con él la élite porcina de la granja. El tiempo pasa, la memoria flaquea y se van incorporando pequeñas variaciones en los lemas y en las reglas. Muy del estilo de lo que el autor haría también en 1984, con la división que se dedica a corregir los libros de historia para que digan lo que interesa en cada momento.


«Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.»
Dibujo sacado de Artilugios.

La narración es clara, pulcra y muy efectiva. Como ejemplo, la escena de Boxer en la que Benjamín increpa a los demás por no darse cuenta de qué sucede. Es increíblemente dramática, está muy conseguida. Me puso los pelos de punta y lo volvería a hacer. Un momento increíble de principio a fin. Igualmente, la Gran Guerra y todas aquellas escenas relacionadas con los cambios en las normas, cómo la gente hace más caso a lo que ve en el muro de las reglamentaciones que a lo que pueda dictar su memoria, cómo se acepta que la memoria es frágil, por lo que probablemente el error sea del recuerdo y no se pueda deber a otra cosa. Es interesante, impactante y está perfectamente llevado, aunque por repetición deja claro que es un tema que a Orwell le interesaba o le preocupaba especialmente.

Nota: 10. Un libro imprescindible, una gran historia y unos personajes absolutamente fantásticos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

La escalera de Jacob - Adrian Lyne

Ésta es, ante todo, una película muy rara... muy, muy rara; dirigida por Adrian Lyne (el de Flashdance y Nueve semanas y media) y con guión de Bruce Joel Rubin (recién salido de Ghost y que con el tiempo perpetraría Deep Impact y Stuart Little 2 —por si la primera no hubiera sido suficiente).






Jacob Singer (Tim Robbins) es un veterano de la guerra de Vietnam y, de vez en cuando, tiene flashes sobre ella. Un día intentan atropellarlo y en la parte de atrás del coche se distingue una criatura humanoide. A partir de ahí, todo va enrareciéndose y un pasa a no saber qué es real y qué fantasía paranoide.

Toda la película tiene un ambiente súper ochentero. La ropa, los peinados, la luz... se nota, irradia ochentosidad en cada escenario. Sólo faltan McFly y Doc. Adrian Lyne emplea una estética oscura, tétrica e inquietante que acompaña perfectamente a la historia, que se va haciendo más y más enrevesada y sádica. La violencia es terriblemente explícita, de forma algo sorprendente, en mi opinión, y las escenas de acción están grabadas a velocidad normal, sin cámara lenta. Siempre se me olvida cuánto echo de menos el que no haya tiempo bala por todas partes.

No obstante, no creo que los actores hagan un gran trabajo. Cumplen, sí, pero sin destacar de ninguna manera. El niño de la peli, no obstante, lo hace fatal, incluso para lo poco que espero de un crío. Robbins lo hace algo mejor que los demás, es cierto, pero no creo que sea uno de sus papeles más lucidos.

El trabajo de juego de cámaras me parece bastante normalito, aunque la escena en la que —aquí sí— la escena se desliza bajo el vientre de un helicóptero a cámara lenta, de modo que el sonar de las aspas se ajusta de algún modo a la velocidad del movimiento, me pareció muy vistosa.

Los personajes son bastante interesantes, aunque sacando al protagonista no se les desarrolle en exceso. Me gusta especialmente esa Jezabel súper putesca.


A un cuarto de hora del final se dice qué es «La escalera»:  una súper droga que el ejército ha probado sobre un batallón a ver qué salía de ella. El resultado es que los arrastra una locura psicópata absoluta y acaban masacrándose entre sí.

Una película, supongo, llena de referencias bíblicas a la escalera de Jacob, la escalera por la que los ángeles ascienden al y descienden del cielo, aunque no conozco el fragmento en profundidad.

Nota: 7. El argumento es muy interesante y la estética y el ambiente lo mantienen a uno muy tenso durante toda la película. A pesar de su simplicidad, me gustó cómo estaba grabada.

martes, 29 de marzo de 2011

Los inmortales - Russell Mulcahy

Escocia, año 1536. Dos clanes rivales, los  MacLeod y los Frasier luchan encarnizadamente. Durante la batalla, Connor  MacLeod (Christopher Lambert) despierta como inmortal, frente a su enemigo Kurgan (Clancy Brown), de la misma condición.
Desde ese mismo momento Connor es repudiado por su pueblo, que lo considera un ser maldito. Por suerte, otro inmortal, Juan Ramírez Sánchez Villalobos (Sean Connery), acude a su encuentro para instruirlo y prepararlo para la lucha que le espera. Porque la leyenda dice que los inmortales lucharán entre ellos hasta que sólo uno  quede en pie.

Nueva York, año 1984. La lucha entre los inmortales está a  punto de llegar a su fin. Sin embargo, la entrada en escena de la policía y de una experta en espadas gracias a un fallo de Connor, complica el escenario de la batalla final.




Los inmortales (1986) dirigida por Russell Mulcahy no es una buena película. 
La historia es interesante, original y muy llamativa. Los inmortales tienen sus propias reglas para batirse en duelo, no saben a qué se debe su condición, sólo puede quedar uno… Con este material parece difícil no hacer una película interesante pero ellos lo han conseguido.
Los personajes son lo típico de la época. La investigadora cotilla, el bueno que se hace el duro, el friki informático que todo lo puede…  El malo es tan, tan malo, que osa meterse con pobres monjitas echándoles la lengua. Claramente, es el Mal.

Los diálogos son lo más tópico posible. Además repiten una y otra vez «sólo puede quedar uno». Al principio la frase hace gracia, pero tras repetirla 300 veces, pierde todo su encanto. Ejemplos:

Connor: ¿estoy arrestado?
Policía duro: todavía no.
Connor: entonces hemos terminado.
Policía duro: no hemos hecho más que empezar.

Más:
Cari1: Cariño, ¿por qué no envejeces?
Connor: Porque te quiero tanto como el día en el que nos conocimos.

El rodaje es noventero, con todos los defectos del cine noventero.  Para muestra:



Los cambios de escena entre flashbacks y el Nueva York actual son realmente torpes. Siendo necesarios y aportando información interesante, rompen el ritmo y hacen que desconectes de la película. La iluminación sólo está bien en las escenas luminosas. Para las oscuras, no consiguen encontrar el punto.

Los efectos son malos. Supongo que eran ya malos en la época por como ha envejecido respecto a películas de su misma quinta.

Las actuaciones son normalillas. Sean Connery lo hace bien,  Lambert cumple y Clamcy Brown hace su peor interpretación. Brown es un gran actor. No muy conocido, pero uno de los grandes. Pero aquí es el peor y de lejos.

El doblaje es flojo. Depende un poco del personaje. Algunos bien, otros un desastre.  La media da que es malo.

Para destacar partes buenas, que las tiene, he de decir que las coreografías están bastante bien y que la banda sonora es de Queen.

Os la recomiendo para ver en grupo. Es muy graciosa si te la tomas como película de humor y no como el producto serio que se supone que es. 

Nota: 5. No la suspendo porque tiene su gracia y la historia es realmente interesante. 

lunes, 28 de marzo de 2011

Los hombres que miraban fijamente a las cabras - Grant Heslov

A decir verdad, el reparto de esta película resulta directamente apabullante: Ewan McGregor, Jeff Bridges, George Cloony y Kevin Spacey y fue un de las razones por las que me fijé en ella en un principio. La otra fue que a pesar de que en internet había leído opiniones bastante malas sobre la película, pero varias personas de mi grupo (gente de, en mi opinión, confirmado criterio) la pintaban bastante bien.




Los hombres que miraban fijamente a las cabras es, sencillamente, divertida. No va a revolucionar el cine, no os va a llevar a profundas reflexiones —no a reflexiones a las que no nos hayan llevado mil veces antes, al menos— ni nada; es una comedia absurda con crítica al ejército y a la estupidez humana. Nada más. Pero tiene una forma de presentarla encantadora, en mi opinión.

Desde el principio, cuando la magnífica voz de McGregor (o de su doblador castellano, me da igual el caso) nos empieza a introducir en la historia, tras una escena de un militar intentando cruzar, completamente convencido una pared.

Y es que Los hombres que miraban fijamente a las cabras va de una pequeña fracción del ejército estadounidense, los Jedi, entrenados por Bill Django (¡Jeff Bridges volviendo a hacer de El Nota!), que utilizan la energía de su mente para conseguir cosas; pero un día, uno de ellos, muy prometedor, se pasa al lado oscuro y usa sus poderes para matar. Cosa que está prohibida. Contando los actores que he citado al principio, ¿quién es el malo? Pues sí, evidentemente. Bob Wilton (McGregor) es un periodista que va a entrevistar a Lean Cassady (Clooney)para informarse sobre las prácticas de este grupo, sobre sus capacidades y su desarrollo en el pasado.

Grant Heslov, avezado actor pero no tan avezado director, hace un trabajo más que decente. Supongo que trabajando con los cracks con que trabaja en esta película facilitó mucho la buena presencia de los actores, pero contando lo buena que es la luz, terriblemente cambiante, el Sol azul en Vietnam, la luz blanca del hospital, la pobre iluminación que le da a todo un toque cetrino en la habitación de Lean. Las escenas pasadas por un filtro de LSD o lo hermosamente que retratan el desierto deja claro que el equipo que estaba detrás quería hacer un trabajo que entrase por los ojos. Y lo consiguen, toda la película es visualmente increíble.

El toque de humor absurdo friki, perfectamente adelantado por las referencias a películas como El Señor de los Anillos o Star Wars,  tiene sus momentos y sufre algún que otro altibajo, pero en esencia sale bastante bien parado. Las preguntas de Bob sobre los Jedi tienen una delicia irónica de fondo, que Spacey sea el malo es casi un guiño, el personaje de Bridges, el final igual al de El Señor de los Anillos con los que se van al cielo y los que vuelven a su tierra (a La Comarca, como si dijéramos).
Por último, destacar que la banda sonora tiene algunas canciones muy clásicas de rock setentero-ochentero y que por momentos encaja increíblemente con la música y en otros nos ofrece un gracioso contraste, como el Alright de Supergrass durante los créditos iniciales, con escenas de bombardeos, saqueos al ritmo de la alegre cancioncilla.

Nota: 7. No entiendo la mala opinión que parece rodear a esta película en internet, honestamente. Está claro que no nos encontramos ante un producto que revolucionará el mundo del cine, pero es un pasatiempo más que aceptable, con muchas referencias graciosas, un desarrollo a la altura (dentro de lo absurdo que es todo, por supuesto), grandes actuaciones y con un gran cuidado de la imagen.

Si Don Draper viera esto...

Ayer, cambiaba una película en el DVD, cuando una voz de mujer satisfecha me sorprendió diciendo en algún canal de la tele «en lo más íntimo quiero Chilly». Chili, vaya, así como suena. Era imposible no imaginar una escena un poco extraña de una mujer con un extraño pimiento en sus partes, y no deja de resultar gracioso cuando el producto anuncia lo fresco que deja el... asunto. En fin, me parece que deberían buscar un nombre menos gracioso para el producto, al menos para el mercado español, aunque... a mí me parece un mal nombre de todas-todas, signifique lo que signifique chill (que significa frío, por si alguien desconoce el término; es la palabra que describe todas las acciones de los Stark en el original). Chilly suena a lo que suena, a pimiento picante en la entrepierna.

Si encuentro, en un futuro, el anuncio en castellano, lo cambiaré. Por ahora sólo lo he encontrado en italiano.

viernes, 25 de marzo de 2011

Momo - Michael Ende

No recuerdo cuántas veces me insistieron en que tenía que leer este libro; Cris, una de mis mejores amigas, me miró mal tantas veces por no haberlo leído, que esa mirada suya cargada de reproche perdió, casi, su valor. Pasaron meses y meses sin ninguna referencia a Momo hasta que un día, un frío día de partida de 7ºMar, Cris comentó con ese tono decepcionado con el que siempre lo dice: «Tú no habías leído Momo, ¿verdad?». Su mente elimina siempre este dato para autoprotegerse. La conozco bien, sé que realmente su mente, selectivamente, lo borra; sé que no se lo inventa. La miré y asentí sonriente, ya que por una vez se había acordado. Mi sorpresa fue cuando, rápidamente, echó mano a su mochila, sacó un libro y lo puso, con todo cuidado, en la mesa. Momo, por supuesto.



Y tras acabar con Motín na Bounty —que estaba leyendo en aquel momento—, y con A Granxa dos Animais —que me habían dejado hacía media hora escasa y del que pondré la reseña pronto— me puse con Momo. La portada, una niña de espaldas con un abrigo raído y parcheado caminando por una sala llena de relojes, con una tortuga a su lado, no me decía mucho. Del autor sólo había leído La historia interminable y, para eso, hace casi 10 años, pero algo en esa portada me decía que las cuentas cuadraban.

Abrí el libro con mucho interés. No tengo ningún problema con los libros para niños; no cuando son buenos, al menos. Momo es, claramente, un buen libro, pero le falta una buena corrección que le lave la cara. La redacción del libro es... sencillamente lamentable. Terrible. De lo peor que he visto, en serio. ¿Cómo pudo llegar a imprenta? El libro empieza: «En los viejos, viejos tiempos, cuando los hombres hablaban todavía muy otras lenguas (...)». Pues muy bien, hombre. Es la primera frase del libro. Un comienzo genial, ¿o no? Ya pone al lector a tono, lo predispone a malas con el traductor y eso es malo.

Momo es una niña a la que abandonan de pequeña y que los entregados vecinos de un pueblo deciden cuidar entre todos esforzándose un poco cada uno. Cuando Momo crece, pero aun siendo una niña, empieza a escuchar a sus vecinos. Es la persona que mejor escucha del mundo. Cuando escucha a alguien, esa persona se siente bien, en un ambiente confortable, como en presencia de su familia junto a la chimenea en una noche de invierno. Ella está callada, mirando a su interlocutor, que no puede evitar abrirse a ella y hablar, contarlo todo. Un día aparecen los hombres grises y quitan a los vecinos de Momo su tiempo , produciéndoles un agobio incomparable, estresándolos  hasta el punto de que Momo y los niños deciden tomar parte.

Ende diseña unos personajes sencillos y encantadores. Desde Momo, la simpática niña protagonista; a Hora Minuto Segundo, una especie de guardián del tiempo. Entre medias tenemos a unos geniales secundarios: Beppo el barrendero, un tipo adorable, poco inteligente pero muy fiel a la escuchadora Momo; Gigi el cuentacuentos, un jovenzuelo con talento para las historias que alcanza sus mejores momentos hablando con Momo y que sucumbe a los hombres grises cuando Momo desaparece, consiguiendo un gran éxito a cambio de venderse completamente; y la tortuga Casiopea, tal vez el personaje más encantador del libro, una tortuga guía que ve el futuro inmediato y que escribe lo que quiere decir en su caparazón (y a la que le han hecho un guiño bastante largo en Los Simpson, cuando Homer prueba el chili súper picante y tiene una visión extraña en la que una tortuga —Casiopea— lo guía para hablar con un zorro místico). La narración derrocha imaginación por todas partes. Aun siendo un libro para niños es difícil no sentirse cautivado por la historia que nos cuenta, por el escenario que nos plante, es difícil no sonreír ante la actitud de Momo y acabar odiando a los terribles hombres grises que roban el tiempo a la humanidad y se lo fuman. Literalmente. Todo rebosa imaginación,: las características del mundo y del tiempo, los personajes románticamente hermosos y la oscura sociedad y modo de vida de los hombres grises. Personalmente, estos hombres grises son de lo que más me gustó; su monstruoso concepto parasitario y legal, sus cigarrillos y maletas de tiempo, su uniformidad casi anónima... y la escena del juicio. Todo me parecía terriblemente evocador, aunque los odiase terriblemente.


«Antes eras el príncipe Girolamo disfrazado de pobre Gigi. ¿Y qué eres ahora? El pobre Gigi disfrazado de príncipe Girolamo


Al principio, además, los títulos de los capítulos son preciosos. Dos sintagmas enfrentados, paradójicos; aunque con el paso de las páginas, este rasgo se pierde, y me pareció una verdadera lástima.

Sin ninguna duda, insisto, este libro ganaría mucho con una buena redacción. El terrible espectáculo de construcciones erróneas y frases que un castellano-parlante no utilizaría bajo ningún concepto resulta incómodo y... simplemente, feo. Considero que el producto —y la gente que paga por él— merecían mucho más que esto.

Nota: 8,5. Uno de los mejores cuentos para niños que he leído, a pesar de todos los detalles de su versión castellana que intentan, con todas sus fuerzas, que el libro no guste de ninguna manera. Ni todo el esfuerzo hecho logra camuflar las virtudes del libro aunque, sin duda, las empañan.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Motín en la Bounty - John Boyne

En esta ocasión leí el libro en gallego, así que desconozco por completo qué tal estará en castellano. Suelo leer en castellano porque lo hago más rápida y eficientemente, pero en esta ocasión me dejaron el libro y estaba en gallego.




¿Qué decir? Admito que me ha parecido un libro terriblemente divertido. No lo imaginaba así, imaginaba una narración más densa, más agobiante y oscura, pero la frescura, el ritmo y los puntos negramente divertidos con los que están contados hasta los hechos más lúgubres le da al libro un espíritu propio, un aire de novela de aventuras impagable.



Boyne nos presenta a un jovenzuelo, John Jacob Turnstile, que se gana la vida como carterista en la pérfida Inglaterra y que oculta un oscuro y triste pasado. Un día, por suerte o por desgracia, a gusto del consumidor, aunque puede que su opinión varíe a lo largo de la novela, habla con un caballero francés al que roba y así, sin comerlo ni beberlo, se ve embarcado en la Bounty como paje del capitán Bligh en vez de preso durante años. El mar, el terrible e ignoto mar, coprotagonista de esta novela junto al jovenzuelo y en general apocado Turnstile.


John Jacob es un personaje desgarbado lleno de mentiras absurdas y victimismos grandiosos. Y es su mente la que lo describe todo, a veces uno duda de si todo es tan horrible como lo pinta o es parte de la exageración del personaje. La hijoputez del juez Henderson, la repugnancia física y actitudinal de Heywood —al que, realmente, es imposible no despreciar nada más aparece—, la bipolaridad del capitán Bligh, la molonidad estoica y cortés de Fryer —el primer piloto, al que Turnstile sí presenta, en mi opinión, de forma injusta— y la lameculosidad petulante de Christian. ¿Es todo así, o John Jacob nos seduce con sus palabras, nos convence, nos lleva al huerto y juega con nosotros? Pues me queda la duda, la verdad.

Y es que este libro es el tono en el que está contando (mérito, sin duda, compartido por el traductor): el toque gracioso y divertido, la profusión e increíble variedad de insultos (sobre todo los que hablan sobre lo invertidos que son los personajes), el punto aventurero, el fuerte contraste entre los momentos más ligeros y los más dramáticos, cuya profundidad se va incrementando por momentos; y es que la historia de John Jacob llega a ser realmente triste. Deprimente. Contrastando con esto tenemos la llegada a Haití, el objetivo de la Bounty. Tierra otra vez bajo los pies e indígenas que se follan todo lo que se mueve. La tripulación parece otra, pero uno ve la catástrofe. Supongo que el título del libro adelante los acontecimientos, pero incluso sin él, algo en esa fantástica y brillante perfección anuncia la tragedia, el caos y la traición. Algo permite saborear la ponzoña que empieza a envolverlo todo con cuidado. Con esmero.

Aparte de ese aire general, muy cumplidor, nos encontramos con algunos momentos que, sencillamente son increíbles. Casi toda la relación entre el capitán y Turnstile, ese trato casi paternal alternado con los momentos más oscuros del trastorno de personalidad del oficial. Con todo, las indagaciones sucesivas del capitán Bligh sobre el pasado de su paje recrean los momentos, a mi entender, más hermosos del libro.

Enfrentado a esto —parece que definitivamente sí he entendido el libro como una exhibición de contrastes— tenemos el motín propiamente dicho, en el que cada personaje se presenta como de verdad es. Ya no hay tiempo para mentiras y actuaciones, almas desnudas delante del lector. Dad un paso al frente, hijos de puta. De pronto todo se vuelve muy oscuro, belicoso y ofensivo, el aire se carga de insultos y amenazas en un pasaje glorioso.

Ya sólo queda la deriva. La terrible deriva. 48 desesperados y locos días de navegación mareante, triste y perdida, que culminan en un final que, si bien peca de previsible, es un buen broche y está bien muy bien presentado. Tal y como cabía esperar.


Nota: 8. Un buen libro, aunque por momentos le falta algo de definición en las escenas, que resultan escasamente concluyentes. Las partes que quizá sean las más difíciles en cuanto a diálogo, de hecho, las omite haciendo que Turnstile no las oiga, y aunque esto al principio es un recurso interesante, acaba resultando más frustrante que otra cosa.


Edición: por cierto, un aplauso a Factoría K por poner al traductor en la portada. Nunca había visto tal cosa y me parece que se merecen el reconocimiento, dado que son ellos quienes reescriben el libro bajo su criterio.

¡Libre!

Libre de nuevo.

A partir de ahora, vuelta al ruedo. Esta vez de la mano de Laura, a la que agregaré como redactora del blog a pesar de su discutible opinión sobre La Red Social. Por el resto la apoyo en todo lo que diga, así que si algún fan de Scarface pide su cabeza... lo siento; pienso lo mismo que ella. Oh, os he hecho un spoiler de una entrada de Laura. Qué de lo peor soy...

lunes, 21 de marzo de 2011

Juego de Tronos de la HBO, el casting

Casting en la página de la HBO.

La verdad es que El perro me parece que tiene una cara un poco bonachona, Catelyn es excesivamente mayor, Cersei no es suficientemente provocativa y Theon es demasiado feo y tiene una Verruga de Comandar Zombis. El resto del reparto me gusta mucho.

domingo, 20 de marzo de 2011

Seven (Se7en) - David Fincher

David Fincher nos sitúa en un plano sádico de cierto suspense, con guión de Andrew Kevin Walker, en el que David Mills (Brad Pitt) y William Sommerset (Morgan Freeman) se entregarán a la búsqueda de un extraño y obsesionado psicópata que se está dedicando a castigar los pecados capitales.


«Largo y escabroso es el camino que del infierno conduce a la luz».


Desde el principio, desde los créditos de inicio, precedidos de un monótono metrónomo que Sommerset se pone para dormir; las  imágenes salteadas, caóticas, llenas de sombras, alternadas con los nombres, que figuran como manuscritos, débiles, quebradizos sobre las sombras de las imágenes, mientras una música inquietante, antinatural y estridente que se introduce incómodamente en los oídos activa algo en el cerebro, la sensación de que Seven no será uno más entre todos los thriller del mundo resulta ineludible.

Durante toda la película Fincher demuestra el buen director que es y ha sido siempre y de la gente tan capaz de la que le gusta rodearse. El gran uso de la oscuridad, de la lluvia; lo elegante y cuidado del movimiento de las cámaras, suave, pausado, que sólo se mueve algo más frenéticamente durante una persecución en el segundo tercio de la película como si llevasen la cámara a hombros. Algunos ángulos muy extraños le dan ciertos aires momentáneos de artificialidad, de distanciamiento de la realidad, como cuando Freeman entra en la comisaría en torno al minuto 24. En esa escena, la cámara, distante, muestra una diagonal inferior, la luz, de un tono extraño y broncíneo, altera los colores dándole a todo un ligero matiz de irrealidad, y todo ello se deja envolver por la dulce y magnífica música de Bach; mientras la vista del teniente Sommerset recorre los lomos de los libros de la biblioteca. Todo esto contribuye a dar un incómodo respiro al, en general, brutal ritmo de la película. Y es que si algo han milimetrado, es el ritmo. Rápido, sin agobiar, intercalando acción, reflexión, calma y miedo con total naturalidad, guiado por las talentosas manos del equipo que había detrás.

Los escenarios están increíblemente detallados, la posición de las luces, la decoración, la suciedad, las notas, los cuadros, los muebles... todo destaca y merece esa atención. Un gran trabajo también de dirección artística que consigue impregnar de horror casi todo el visionado.

¿Qué decir de los actores? Admito que Pitt y Freeman son dos actores que me gustan mucho. Siempre lo han hecho. Pitt, ese actor odiado por muchísima gente (envidia de que sea guapo, supongo), consigue un detective que aspira a comerse el mundo, que aspira a ser Sommerset, un hombre al que le queda una semana para jubilarse; un policía que ya ha vivido todo lo que le tocaba de servicio y al que ahora le llega un gran caso para despedirse. El misterioso psicópata cuyo actor no figura en los créditos de inicio. La esposa de Mills, (Gwyneth Paltrow) es un personaje increíble, aunque no lo suficientemente importante ni elaborada como para empatizar demasiado con ella.

La aparición del asesino (Kevin Spacey), como un asesino frío, convencido de lo que hace. El heredero de la segunda mitad de los 90 de Hannibal Lecter, entregándose pacíficamente rompe, de repente, con todo lo que uno espera. En un minuto, todo lo que uno sabe sobre thrillers se desmorona, y es que el personaje de Spacey no es uno más. No es del montón. Spacey conquista y arrasa, como siempre, con un personaje al que hace brillar con su carisma.

Unos diálogos magníficos corolan a esos personajazos que son Mills, Sommerset y el grandísimo John Doe, como muestra, una frase que incluso sirve de inicio para una también buena, canción de rap español.
MILLS: «Pero la cuestión es: ¿tan especial te crees para que te escuche la gente?»
JOHN DOE: «No soy especial. Nunca me he creído excepcional. Aunque esto sí lo es; lo que hago, mi trabajo.»

El vídeo es spoiler, así que si no habéis visto la película absteneos por completo:



El final, muy conocido, intrigante, inquietante, magnético: una victoria y, a la vez, una derrota para todos. Fantástico, no le cambiaría nada. Impecable y emotivo, a mí aún me pone los pelos de punta.
Y esta vez sí, mis felicitaciones a los actores de doblaje, que me parece que hacen un gran trabajo.


Nota: 8. Una película que todo el mundo debería ver, al menos, una vez, para encontrarse con una de las mejores muestras de suspense que nos ha dado el cine contemporáneo.

Supernatural va de...

Supernatural es una serie de televisión que va de que dos hermanos buenorros matan bichos y, de pronto, un día empiezan a negociar con sus almas: venta por aquí, compra por allá, reventa al mejor postor, recuperación ilícita, vuelta a venderlas... en un círculo interminable y exasperante que deberían dejar morir de una putísima vez.


Venta 348: El Alma de Dean, tenemos la puja en 2,43 euros, ¿alguien da más?

Edición: Venta 348: El Alma de Dean, tenemos la puja en 3 euros para el caballero con la guitarra, ¿alguien da más?


Venta 348: El Alma de Dean, ha subido a 4 euros la chica del chándal, ¿alguien sube el contador? ¿5, he oído 5?

jueves, 17 de marzo de 2011

Qué nombre tan apropiado...

¿A quién se le ocurre bautizar a un sitio en el que te echan jabones, geles, champús, gominas y demás como CUM ESTILISTAS?

Ese «Somos una enpresa» dice más de lo que quería saber. El resto del texto no tiene desperdicio. Lo vi hoy subiendo la calle Urzáiz en autobús. ¡En fin!

lunes, 14 de marzo de 2011

Kick Ass - Matthew Vaughn

Me esperaba mucho. De verdad. Esperaba una película divertida, atrevida y provocadora... y la verdad es que me encontré con un café descafeinado. La película está bien, sí, y es divertida, pero es una sombra pálida y sin fuerza de lo que es el cómic de Mark Millar. Una sombra que renuncia a gran parte de su atractivo perpetrando una serie de cambios infames.



En gris, spoilers.


No me tiembla demasiado la mano para aplaudir un buen cambio, como el que considero que Snyder y los suyos hicieron con el final de Watchmen, pero tampoco voy a aceptar unos cambios que quitan gran parte de la gracia del original por corrección política o la llegada a un espectro de público más acostumbrado al cine adolescente y juvenil estadounidense.

Kick Ass es un adolescente normal que un día decide ponerse una máscara y sale a desfacer entuertos, aunque pronto se dará cuenta de que las cosas no son tan fáciles y de que cuando tocas los cojones a los poderosos, pueden lloverte hostias hasta en el carné de identidad.

Los recursos de cómic, como la nota escrita del principio, me parecían frescos en la película. Muy en el rollo de Scott Pilgrim vs the world, película que se come a ésta con patatas y guarnición varia. El reparto de Kick Ass cumple, es aceptable en su mayor parte; la imagen está cuidada al milímetro, las escenas largas con movimientos y coreografías de combate, los colores, los trajes... lo que cabía esperar, por otra parte. Tal vez, en el apartado técnico, lo que más falle sea la elección de voces, Kick Ass suena un poco maduro y tranquilo de más. Hablo, no obstante, de la versión en castellano, ¡y la identidad de Red Mist se revela tan pronto abre la boca! ¿Qué clase de monstruo decidió tal aberración?

A pesar de esto, de que parte de un cómic genial y de que tiene muchas cosas a favor, Vaughn y los suyos consiguen empañar el producto con una serie de cambios que consiguen hacer que los personajes sean absolutamente ridículos, lo de la voz de Red Mist, el triunfo social de Kick Ass con la chica, los cambios en las torturas, el cambio en Big Daddy (al que llaman Big Papi, aunque en su cinturón pone «BD»), que deja de ser un lunático para ser un verdadero héroe, la gatling en vez del lanzallamas... todo ello me parece, sencillamente, horrendo.

La música, eso sí, es genial hasta el final, desde la ambiental de casi toda la película a la melodía de El bueno, el feo y el Malo; pasando por las estridentes y graciosamente infantiles piezas que acompañan las macabras actuaciones de Hit Girl, aunque el mal control de volumen del que hace gala la película (sobre todo con el sonido ambiente) contribuye a estropear ligeramente un apartado sonoro que podría haber sido grandioso.

Una secuencia en dibujos fantástica y el toque divertido de muchos de los diálogos son lo que, finalmente, salva el equipo y le permite entretener al espectador hasta el final.


Que Kick Ass se lleve a la chica es ridículo, infantil y odioso. La resolución del cómic podía ser un poco bruta y de mal gusto para el cine, pero esta simplificación heroica y «bonitoide» me produce arcadas.


Nota: 6. Kick Ass: lo que pudo ser y no fue. Una película aceptable y una adaptación cruelmente lamentable.

domingo, 13 de marzo de 2011

El crepúsculo de los dioses - Billy Wilder

El crepúsculo de los dioses, o Sunset Boulevard, como se llama en inglés, es una magnífica película de Billy Wilder que nos arrastra a una espiral de excesos y ambiciones, al voluble e intrigante mundillo de Hollywood.
  


Como siempre, en gris spoilers.

Joe —el protagonista— escribe guiones. Es una vieja gloria venida a menos, acosada por las deudas y, aparentemente, enamorada de un coche. El azar lo lleva a conocer a Norma Desmond, una leyenda viva del cine mudo; pero tan venida a menos como el propio Joe, a su manera. Un lío de amores, de ambición y de traiciones dan forma a la historia hasta devolvernos a la piscina del principio, la piscina en la que Joe flota tranquilamente. Muerto.

La película empieza bien. La atención del espectador se clava en la pantalla desde casi el principio, en el que un hombre, el protagonista, aparece flotando muerto en la piscina víctima de un asesinato. El narrador tiene una voz agradable, fuerte y envolvente y elige unas palabras elegantes y magnéticas. Y por si fuera poco, ¡la música! Oscura, agobiante, cargada de ornamentos y de sonidos chillones que evoluciona con el trascurso de la película, volviéndose algo más extraña, pero sin renunciar nunca a la sobrecarga, a la saturación de sonidos llamativos, destinados a fijar la atención.

La actriz, Norma Desmond, en la que supongo que se fijó Woody Allen para crear a su actriz famosa de tiempos pasados en Balas sobre Broadway (es el mismo estilo de personaje y de actitud, y es casi igual de grande como Norma) tiene una forma de hablar peculiar, sobrecargada, barroca incluso. Además, para realzar su personaje, se permite unas verdaderamente increíbles imitaciones de Chaplin.

Los diálogos son, en general, geniales; cargados de humor y de crítica casi a partes iguales. Desde el principio, cuando Joe habla con el productor de la Paramount, a las conversaciones de mitad de película en adelante con Norma Desmond, con Betty Schaefer, con Max, su criado y con todos los demás. La narración siempre es brillante, hermosa y, sobre todo, poderosa. Atrae, cautiva y guía a través de las escenas, lo que le da un puntillo gracioso a que Joe, gran narrador, sea guionista.


Con el paso del tiempo, mucho después de que Joe vaya a vivirse con Norma, se enamora de Betty. Me encantó el desarrollo de esta parte, que Joe escoja la comodidad de vivir con Norma, la facilidad que le proporciona esta acaudalada enamorada de él, en lugar de irse con la que supuestamente ama, Betty Schaefer, con la que queda por las noches para escribir un guión. Ese toque absolutamente frío y práctico me cayó totalmente en gracia. Además de que precipita rápidamente el final de la película, dándole velocidad y dramatismo.



Nota: 9,5. Una película increíble que nadie debería perderse. Unos personajes definidos, apasionados, víctimas de sus deseos incontrolables; una trama intrigante llena de mentiras y miradas (especial mención para las de Norma Desmond —Gloria Swanson—, de quien casi me parece inconcebible que no ganase un oscar por su fantástico papel). Absolutamente recomendada. 

domingo, 6 de marzo de 2011

Winter is coming...

Y no hablo de la fantástica Juego de Tronos, que se estrena el 17 de Abril en la HBO y dos semanas después en España en Canal +, ni de A dance with dragons, que saldrá —dice la editorial— el 12 de Julio, no; hablo de los exámenes. Desde hoy, día 6 de Marzo hasta el 23, establezco un estado de semidesaparición en el que escribiré menos de lo normal.

El siguiente post, El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder. Peliculón, peliculón.

viernes, 4 de marzo de 2011

Stalingrado - Joseph Vilsmaier

Stalingrado es una película de 1993, la película —en su momento— más cara del cine alemán.

Hasta la imagen de la carátula es grandiosa.

La verdad es que el cine bélico alemán... me parece magnífico. Das boot, El hundimiento y ésta así lo afirman. Stalingrado es una película magnífica, cruda, realista y desprovista de todo heroismo sobre la batalla de Stalingrado.

Un grupo de soldados, condecorados por su actuación en el Alamein, pasa un tiempo de reposo en Puerto Ciervo (Italia) hasta que es asignado a Stalingrado, la que sería una de las batallas más sangrientas de la IIGM. A través de los ojos de estos soldados, personas normales asustadas y con ganas de volver a sus casas, la película sigue el brutal desarrollo de la guerra y de la tragedia.

Es el principio un inicio extraño e inesperado. Para empezar, las personas parecen verse muy bien contra el fondo, tal vez sea parte de la remasterización para DVD, o algo así, pero llama la atención cómo se ve. Como gran parte del resto de la película es de iluminación sucia, oscurecida por el humo, la nieve o las cenizas, esto no se notará tanto en adelante, pero como entrada se hace raro. Le da una bonita artificialidad, que se compagina de mil maravillas con el tono tranquilo que la película tiene en Puerto Ciervo. También desde el mismo principio queda claro que la música, sin ningún tipo de lucimiento, se integra a la perfección siendo un buen acompañamiento para la imagen.

La guerra está retratada al margen del heroísmo que se le duele dar al otro lado del Atlántico. Supongo que se debe, en parte, a la orgullosa participación de unos en todas cuantas guerras pillan por banda, y a la actuación alemana en la IIGM. Quizá no sea más que cierta vergüenza humilde, pero la guerra se muestra asquerosa —algunas escenas son realmente repugnantes— y antiheroica: los soldados tienen miedo al dolor y a la muerte, están tristes y desesperados.

La nieve y el hielo le dan el último toque visual a la película. A su endiablada sobriedad se le unen los paisajes abiertos, nevados y salpicados de coníferas, en la que los tanques, cuando llega su momento, lucen como pocas veces antes, en una secuencia tensa, impactante y, tal vez, la parte más épica de la película. Una gran secuencia, toda ella, con los alemanes agazapados en sus heladas trincheras, mientras las orugas de los tanques saltan la estrecha y casi invisible hendidura en la nieve. Además, Vilmaier juega especialmente los pocos ases visuales que tiene Stalingrado: la oscuridad en el camión, esas personas que se ven sólo fragmentadamente según se mueven; la tenue luz parpadeante de las llamas y la terrible desesperanza de los soldados, que toca techo con la huida de Stalingrado del último avión nazi. Seguro que todos los que hayan visto la película saben de qué escena hablo, un momento increíble grabado con toda la frialdad necesaria. De lo mejor de la película.

Un gran maquillaje y vestuario, magníficamente lucidos por un reparto intachable, y un final completamente desmoralizante —y totalmente acorde con la tónica de la película— ponen el punto final a las cosas buenas que nos dio Vilsmaier en esta magnífica muestra de cine bélico.

Entre sus cosas malas destaco que el doblaje castellano no me gustó especialmente y que los subtítulos tenían una cantidad de faltas intolerable. Tonterías como «a tí», «éso» o «iros», pero ya que la gente paga por el producto, podían escribirlos bien, digo yo.

Nota: 8,5. Una muy buena película, un reparto impresionante y unas cuantas escenas sencillamente perfectas.



Como curiosidad, el primer guión era de Cristoph Fromm, pero no gustó su mayor realismo y se reescribió. Fromm quitó su nombre de los créditos.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Un tranvía llamado deseo - Elia Kazan

Un tranvía llamado deseo es una de esas películas ante las que sabes que estás ante un buen producto, ante una gran obra.



Un Marlon Brando colosal, en el papel de un celoso y brutal Stanley, un hombre musculoso, sucio, bruto, repugnante, desconfiado y sarcástico, casado con Stella (Kim Hunter), una mujercita adorable que parece negarse a pensar mal de su hermana mayor, Blanche (Vivien Leigh), una mujer rubia, trastornada y sugerente hasta lo putesco. Los actores principales, Brando y Leigh, hacen un trabajo fantástico. Él en su papel de macho salvaje, ella en el suyo de hembrita loca, desvalida y dulce.

A grandes rasgos, la película va de que Blanche visita a su hermana Stella que vive con su marido, Stanley.  La locura de Blanche va dando problemas, su actitud provoca encuentros y discusiones para la pareja y, así, ante el nuevo cambio, ante el factor recién aparecido en la ecuación, los personajes se adaptan y evolucionan. Y actúan.

Es difícil obviar la locura de Blanche, desde el principio de la película sus continuos cambios de humor y la tónica de sus respuesta sugieren un cierto trastorno bipolar. Igualmente, es difícil ignorar el salvajismo de Stanley. Stanley no es un «macho» en el sentido de película de Clint Eastwood, sino en el de un documental de Félix Rodríguez de la Fuente. No obstante, a pesar de sus defectos, ambos personajes tienen un carisma tal que arrastra todo lo demás y lo introduce en esa espiral cautivadora.

De Rioja2.com.


Una escenografía increíble, cargada de luz y calor, de suciedad y sudor, de locura, ensoñaciones y mentiras, resulta terriblemente seductora. La música, interesante y atractiva, tiene un volumen que, por momentos, roza lo inaudible y requiere un esfuerzo consciente y acusado para separarlo y procesarlo. Al menos, en la versión castellana de la película. Un trabajo impecable en blanco y negro que le valió el Oscar a mejor fotografía en B/N para Harry Stradling.


Ahora me gustaría matizar que lo siguiente es absolutamente subjetivo, son percepciones que tuve —y no pude evitar— a lo largo de la película:
                1.- Blanche es descaradamente seductora. Bien. No hay ningún problema con eso. Bueno, en realidad sí que hay uno. Creo notar —y ese creo es sólo una muestra escrita de una humildad que en esta ocasión no siento— cierta seducción incestuosa con su hermana. Esos ojitos que le pone, cómo entreabre los labios, sus juegos con las manos... ¡Dioses santos! ¡A su propia hermano!
                2.- No era necesario insistir tantas, tantísimas veces en la atracción sexual que hay entre Stanley y Blanche. Unas cuantas veces está bien, ayuda a definir los personajes; el abuso es mero relleno de metraje.
                3.- ¿Creo notar —aquí sí es de humilde ignorancia— una tendencia de Tennessee Williams a los dramones macho muy macho, hembra muy hembra?

Curiosidades:
Esta película ganó 4 Oscar. El de Harry, del que ya he hablado y 3 para sus actores. Vivien Leigh, Kim Hunter y Karl Malden. Marlon Brando, con el papel de su vida, no lo ganó; porque se lo dieron a Bogart por La Reina de África.


Nota: 8. En cualquier caso, una muy buena película, con un buen desarrollo, un reparto de lujo y una puesta en escena sencillamente magistral. ¡No os la perdáis!

martes, 1 de marzo de 2011

La ventana indiscreta - Alfred Hitchcock

Y sigo con el cine del maestro Hitchcock a vueltas. Hace tiempo ya que vi esta película, y ahora busco tiempo para ver Con la muerte en los talones que, al final, no pudo caer este último domingo.


En gris, spoilers. 

La ventana indiscreta es una proeza. Así de claro. Así de simple. Tal vez alguno —vil hereje— se pregunte qué tiene de extraordinario un hombre con la pierna rota sentado ante una ventana espiando con unos prismáticos a los vecinos. No obstante, parte de la gracia de la película es lo bien que maneja el ritmo y la tensión argumental con unos recursos tan limitados en cuanto a escenarios.


Argumento: 
Jeff se ha roto una pierna y pasa los días amargado mirando por la ventana e ignorando a Lisa —no encuentra nada que hacer con Grace Kelly, qué le vamos a hacer—, su novia. Un día, sus visionados fragmentados parecen indicar que uno de los vecinos ha matado a su esposa y se ha deshecho del cuerpo. A partir de aquí, su paranoia se irá contagiando a su novia y a la criada, aunque su amigo detective se mostrará más escéptico.


Tal vez aquel día estaba yo poco inspirado o quién sabe qué pasó, pero lo cierto es que tomé más bien pocas notas. Entre ellas, destaco que «la música es simplona y sin gracia» y que «la voz de Jeff es juvenil, chillona y horrible». Por si alguien se lo pregunta, y como casi siempre, vi la película en castellano. Recuerdo que las actuaciones de James Stewart y de Grace Kelly eran impresionantes, así como los dos secundarios.


El final es increíblemente tenso. Agobiante, incluso. Cada paso, el sonido de la pisada; cada sombra que nos impide apreciar la escena en todo su detalle aunque la última parte, la de la defensa mediante flashes, me pareció hecha casi en broma. Un momento de tensión maravillosamente plasmado y de repente flashes matarrobots de rascapiquilandia.


Nota: 8. La película es un tanto opresiva, con ese escenario único que es el apartamento y las miradas al patio de luces (hay una escena en la que se sale de la casa, pero esa escena es, claramente, un error inexcusable), con el juego voyeur, con la puesta en duda de la moralidad de la violación de privacidad que Jeff lleva a cabo y con la fuerza de las escenas. El final, no obstante, trastabilla, tropieza, cae y marca en propia. Es lo que hay.

Otras películas de Hitchcock:

Marnie la ladrona.
Extraños en un tren.
Rebecca.
Psicosis.

Nuevo algoritmo de Google

Supongo que sí, que algo ha cambiado en las tierras internetiles del posicionamiento SEO.

Este blog, que es el que mejor conozco en cuanto a estadísticas, ha aumentado sus visitas en un 50%, una cifra nada desdeñable, estos últimos días. De unas 100 diarias a unas 150.

Bienvenidos, nuevos visitantes. Que este lugar sea de vuestro agrado. ¡Y gracias, Google!