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jueves, 29 de diciembre de 2011

Homeland - Showtime

Homeland era en casi toda la red, la niña mimada de las quinielas otoñales. Todo el mundo estaba encantado. Yo empecé a verla como un mes tarde y al principio no entendí muy bien por qué levantaba esa pasión a su paso. Esta reseña, creo, no va a ser tan amable con la serie como casi todo lo que yo me he encontrado en mis páginas habituales... y es que Homeland —que está basada en una serie israelí, de Gideon Raff, que se llama Hatufim (aunque también se la conoce como Prisoner of war)— es una muy buena serie, es cierto, pero le cuesta mucho-mucho despegar y, aún así, tiene cosas demasiado importantes un poco cogidas por los pelos.


El sargento Brody vuelve de Irak, donde había estado prisionero durante 8 años y la opinión pública se vuelca en él. Ya es un héroe. Por supuesto, va a tener que lidiar con los problemas más esperables, como que su mujer está con otro (al menos no se ha vuelto a casar), su hija es una adolescente problemática y su hijo apenas lo recuerda porque es demasiado pequeño. Alejándonos del plano familiar nos encontramos con Carrie Mathison, una agente de la CIA que teme que el sargento Brody se haya pasado al enemigo y se haya puesto al servicio de Abu Nazir, un cabecilla de Al Qaeda debido a la información que le ha dado un confidente condenado a muerte.


Quiero empezar criticando lo lenta que es la serie en sus tres o cuatro primeros capítulos. Entiendo que están presentando todo, la situación, los personajes, lo sé; tenéis razón, pero también presentan las tetas y el culo de Baccarin una y otra vez (metraje cansino, menos mal que la mujer está buena, porque si no llega a atraerme en absoluto me habría hastiado; mención especial merece la escena en la que Baccarin se decide a cambiarse de ropa para aparecer desnuda, esa ya es casi humorística); y también ponen cada capítulo una intro de un minuto diez y, aproximadamente, dos minutos más de «en capítulos anteriores», lo que al término de la serie suma algo más de media hora. Nada desdeñable, creo yo.


La serie, en cualquier caso, está muy bien. El sexo es gratuito la mayor parte de las veces, sobre todo en lo concerniente a Baccarin. Dejo dos pruebas testimoniales, pero os aseguro que en la primera mitad de temporada no faltan ejemplos; luego, es verdad, la cosa se suaviza.

Esta es su escena de aparición en la serie.

Aquí podemos apreciar las formas de Baccarin. La verdad es que no tiene un cuerpo que me parezca superatractivo, pero todo seguidor de Firefly quería verla sin ropa. Eso seguro.

Las dos imágenes están extraídas de Egotastic!

Cabe decir que las actrices están de buen ver (el actor protagonista, en mi absoluta ignorancia, me parece más bien feo; si alguna mujer quiere exponer mi absoluto error, adelante, los comentarios están a vuestra disposición), así que aunque, gratuita, al menos supone una alegría para quienes nos sintamos atraídos por las mujeres.

Las actuaciones —sobre todo las de Claire Danes (¡que es la estrella de Stardust!) y Damian Lewis (Winters en Hermanos de Sangre)— son de lo mejorcito de la temporada (junto a la increíble Laura Dern haciendo de psicótica en Enlightened, la única que, en mi opinión, hace frente a la asombrosa Claire Danes en Homeland), y tiene seguramente el mejor papel de televisión que le he visto a Mandy Patinkin, muy en su línea seria, de mentor si queréis, pero perseguido por sus propios demonios, el fracaso —o el miedo a él— familiar, su tensa relación laboral-personal con Carrie. Un lujo.


Los personajes:
Nicholas Brody: por un lado tiene que enfrentarse a su resituación en una familia que, siendo realistas, ha evolucionado sin él. Sobre todo al principio, Nicholas Brody es una pieza que no encaja, un alma violenta y torturada, triste y perdida. Las dudas que Carrie tiene sobre él hacen que el espectador esté más pendiente de cada una de sus acciones, que las evalúe, las juzgue y las intente incluir en un todo que tenga sentido.
Carrie es un personaje que combina la locura y la genialidad a partes iguales. Se salta la ley y la moral si cree que debe hacerlo, tiene brotes psicóticos que requiere tratamiento... pero es un genio. El cine y la televisión tienden a unir mucho ambos conceptos (creo que fue una de las razones por las que sentí un cariño casi inmediato por Enlightened, donde se nos presenta una locura mucho más real y próxima, triste y patética). En cualquier caso, Carrie es uno de los personajes más carismáticos que vais a ver este año. Así de claro, señores.

Brody, Carrie y Saul. Grandes.

Los secundarios están muy bien y, además, tienen actores asociados muy adecuados. La mujer y los hijos de Brody, por ejemplo, y el drama familiar que viven, Saul (Patinkin), Estes, Walker... no todos los papeles son igual de exigentes, pero sí que todas las elecciones son igual de acertadas. Un gran casting. Sin duda.


He de reconocer que me gusta especialmente cómo se va desvelando la información que nos permite discernir la posición de Brody en todo este asunto; aunque no me parece demasiado justificada. ¿De verdad? He de creer que un poco de síndrome de Estocolmo y un niño muerto cambian por completo al personaje. No sé, yo es que no soy capaz de creérmelo, de hacer suspensión de la incredulidad o de tener fe suficiente en la maleabilidad psicológica de las personas; pero algo me falla ahí. Me parece injustificable que Brody, en sus circunstancias, evolucione así. Es que no me lo creo y, en realidad, eso sí estropeó parte de mis impresiones sobre la serie.

En general, cabe decir, Homeland juega muy bien con las escenas, con las cámaras y bastante bien con el maquillaje y la luz. Juega bastante bien con la música, que aunque no suele ser demasiado protagonista de las escenas, es un gran acompañamiento.

Mi escena favorita:
—El final del capítulo 11. La música de viento metal y piano subiendo de volumen mientras los gritos descienden hasta que los cubre por completo y, presas de los nervios, los personajes se siguen moviendo frenéticamente, ya de forma muda, y aparece la cortinilla de créditos final. Perfecto.

El final:
Por lo que vi en internet, a mucha gente pareció molestarle cantidad que el chaleco no explotase. Es cierto que estropea absolutamente el clímax, y que probablemente, si la serie tuviese 13 episodios, se podría haber hecho un final realmente épico, increíble, inesperado. Brutal. Showtime, que sigue estirando Weeds de mala manera, y que vio que Homeland había calado verdaderamente entre el público, supongo que no estaba por la labor de acelerar el final de la serie. No obstante, a pesar de que la escena, y yo también lo creo, rompe un poco el dinamismo y la tensión... desvía el vector de la fuerza que mueve la serie, también genera uno de los momentos más increíbles que le he visto a Damian Lewis. ¡Qué tensión, qué dramatismo! ¡Dioses! Una escena épica, en serio.


El capítulo 9:
Quiero destacar este capítulo aparte del resto de la reseña, porque, sinceramente, opino que es INMUNDO. En este capítulo falla prácticamente todo. Por un lado, la parte de Tom en el bosque resulta miserablemente predecible, aburrida, y encima se estira algo innecesariamente; por otro, los flashback de Brody son horribles, tediosos y estúpidamente sentimentaloides. ¿Ese es el gran as en la manga para explicar el cambio de Brody? ¿En serio? Es que entonces Brody se merece el cautiverio y la tortura. He dicho. La escena en la que cae la bandeja y Brody se echa las culpas me pareció digna de Crepúsculo, sinceramente. ¿Y el momento en que Aisha —el niño— canta una canción que le enseñó Brody, y se despiden como padre e hijo antes de que el niño reviente en cachitos? ¡Qué poco forzado! Ningún espectador va a pensar que es un recurso guionístico digno de la temporada más estirada e irrelevante de una serie de FOX, ¡vamos!


Nota: 8. Yo creo que el principio le pasa factura, la serie tarda —considero— demasiado en mostrar sus cartas, no soy capaz de creerme lo que se supone que le pasa a Brody y, sí, soy de los que esperaban (deseaban) un final mucho más contundente, más claro y más rompemos-con-todo-porque-nos-da-igual. Pero sacando eso, que sepáis que os encontráis ante una de las series del otoño. Intensa, interesante, y con unos personajes y un reparto magníficos. No obstante, si hubiesen tenido el valor de guiarla correctamente y hacer una gran serie de una única temporada, nos encontraríamos, creo, ante una obra maestra.