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lunes, 28 de febrero de 2011

Las vidas posibles de Mr. Nobody - Jaco Von Dormael

En gris, como siempre, spoilers.


Las posibles vidas de Mr. Nobody es una extraña, evocadora e interesante película del director Belga Jaco Von Dormael, en la que el protagonista, el señor Nobody (Jared Leto, el cantante y guitarrista rítmico de 30 Seconds to Mars), el último mortal de una humanidad que ya ha alcanzado científicamente la inmortalidad, se está muriendo, siendo la primicia de este mundo de inmortales, por lo que la prensa va a entrevistarlo y este cuenta su vida. Sus vidas. O sus sueños. Algo, a gusto del espectador.



El señor Nobody nos cuenta una historia de pequeños cambios, de decisiones, de cómo habría vivido si hubiera tomado un camino u otro, construyendo una serie de senderos a través del jardín de Destino.

Las posibles vidas de Mr. Nobody es... muy subjetiva. ¿Qué nos cuenta? Es difícil de decir. Sólo se pueden establecer hipótesis, ya que hay muchos —demasiados— ganchos con los que construir la historia, con los que escoger nuestra interpretación favorita. A mí, la verdad, es que me gusta la más realista. El señor Nobody es un hombre muy mayor y ya se ha imaginado los hechos tantas veces que confunde la realidad, que confunde qué pasó con qué pensó. Por eso el caos, tan patente para el periodista que le hace la entrevista como para el mismo espectador. No obstante, con la historia de los ángeles y el borrado de recuerdos, uno podría pensar que el señor Nobody ha vivido «de verdad» todas esas vidas y que las cuenta todas, porque el ángel no le ha borrado los recuerdos, no le ha marcado sobre los labios.

Quizá esta sea una interpretación más hermosa, pero opino que la película es lo suficientemente hermosa como para que no haya que echarle más especias al asunto. ¿Qué hacer hermosa a esta película? Casi podríamos preguntarnos qué no lo hace: una banda sonora fantásticamente escogida en la que destacan Everyday, Mr. Sandman y 99 Luftballons y con una música de ambientación muy francesa, una sonoridad festiva y alegre y simple, con guitarra o piano solos —o casi—, sin sobrecargados ornamentos; una iluminación exagerada que, a veces, nos da una sobreexposición artificialmente bella; los decorados; el maquillaje —con especial mención para el de Nobody con 117 años— y, por supuesto, las secuencias, algunas de las cuales, como la de las dos motos —quienes la visteis sabréis a cuál me refiero—, el cielo —en la que cuenta lo de los ángeles y da pie a la interpretación más... adorable de la peli— o la de los padres que se da a continuación, son geniales, cada una en su estilo. Preciosa, preciosa, toda la peli tiene ese toque bonito y encantador. ¡Mágica!

Nota: 8,5. Una buena historia muy bien llevada. Un control excelente de cómo algo puede ser bonito sin que su azúcar nos provoque diabetes, y una música y una imagen impecables. Una pequeña maravilla de 125 minutos que no deberíais dejar pasar.

domingo, 27 de febrero de 2011

Balas sobre Broadway - Woody Allen

Ésta es una película que me recomendó Juampa en un comentario sobre Una historia del Bronx. Nunca había oído hablar sobre ella, pero en mi grupo de amigos se dice que «Juampa sabe cosas» —«sabe muchas cosas», añadirían algunos—, lo que rinde cuenta de los muy variados saberes que, de sorpresa, puede sacar a relucir este hombre.



Resulta que es una película de Woody Allen y tiene todos los toques absurdos y comentarios sexualoides que le son propios, combinados con el puntillo sobreactuado del teatro de Broadway, ofreciendo un resultado terriblemente carismático.


David Shayne quiere estrenar su última obra en Broadway, pero no encuentra los fondos necesarios para ello. Sin embargo, Olive Neal, la novia de un capo mafioso consigue el apoyo económico de este si ella participa en la obra. La nula capacidad interpretativa de la mujer y la cada vez mayor importancia de las aportaciones a la obra del matón que el capo pone allí para vigilarla, empiezan a cernirse cual buitres sobre David.


Los diálogos están cargados de ingenio. Eso es lo primero que nos encontramos. Una narración muy llamativa, graciosa, divertida y muy amena, con un montón de diálogos brillantes, muy de Woody, con muchos matices y una gran caracterización. Por si esto fuera poco, nos encontramos también con unos personajes absolutamente magníficos: la arrogante gafapasta y engreída Helen con su forma de hablar oscura y recargada; la estridente amante de los perros, la histriónica e ignorante Olive con unos diálogos llenos de errores, el divertido y respondón gángster guardaespaldas Cheech (Chazz Palminteri, guionista de Una historia del Bronx y actor de Sonny en la misma); el gordo y glotón Warren y el quejica director, que se deja arrastrar por los instintos y deseos de su pene, David Shayne (¿qué sería de una película de Woody sin este arquetipo cubierto?). El grupo de astirtillas colegas de David, además, es absolutamente grandioso, divertido... y rezumante de crítica.


Imagen obtenida de Take a take, un blog sobre doblaje y curiosidades del cine.

En esta película no existen los silencios. Los personajes hablan y hablan y hablan; no se callan nunca. Así que es de especial importancia lo bien elegidas que están las voces. De hecho, aunque a mí no me guste mucho la elección de Luis Posada (el típico encargado de doblar a Jim Carrey y a Johnny Depp), no creo que lo haga nada mal. El resto me parecieron intachables.

Aparte de las reflexiones sobre el sexo y sobre las relaciones, presentes en toda película de Woody que se precie, en Balas sobre Broadway se reincide también varias veces en si es más importante una gran obra o un hombre anónimo. En un incendio, «¿salvarías el último ejemplar de las obras completas de Shakespeare o a una persona anónima?», se pregunta el grupo de artistoides gafapasta en el primer tercio.

SPOILER
La muerte de Cheech, con el «no hables», dramático, triste, profundo; las mismas palabras, el mismo número de veces que utiliza Helen, crea un momento absolutamente precioso
fin spoiler.


Nota: 8. Divertida, interesante, con buenos personajes y una grandísima dirección. Me ha sorprendido la poca fama que, al menos por aquí, tiene esta película.

Otras comentarios sobre películas de Woody Allen:

viernes, 25 de febrero de 2011

Extraños en un tren - Alfred Hitchcock

Extraños en un tren es una película de Alfred Hitchcock, inspirada en una novela de Patricia Highsmith, escritora de El talento de mr. Ripley, de la que ya hablé en este blog.



La película está muy bien, tanto como cabe esperar de un genio como Hitchcock. Bruno (un Robert Walker pletórico), se encuentra con Guy (Farley Granger), un famoso tenista en el tren y allí le cuenta su teoría sobre cómo un doble asesinato en el que dos desconocidos se libren de dos personas indeseadas sería muy difícil de investigar, y dejaría a ambos impunes. Bruno se ofrece para matar a la mujer de Guy si este mata al padre del primero.

Ésa es la premisa, llevamos unos minutos de película y ya estamos metidos hasta el cuello. Aunque la traducción es horrible —soy de esa gente horrible que suele ver las películas en castellano, como ya os habréis dado cuenta—, pero horrible, horrible, horrible —horríbile, incluso, que diría Ciri de Cintra—, y el doblaje es bastante lamentable, queda claro desde el más pronto inicio, que los diálogos son ágiles, claros y divertidos.

Los personajes son muy grandes. Bruno es genial y gana puntos durante casi toda la película. Está tan loco, es tan atrevido, está tan convencido de lo que dice, que cautiva en su alocada fantasía asesina. Miriam (Kasey Rogers), la mujer de Guy, que lleva en su útero al hijo de otro pero quiere exprimir a su marido hasta las últimas consecuencias porque es un hombre pudiente, es otro personajazo: duro, artero y terrible. Una. Mala. Zorra. Guy y la mujer por la que quiere dejar a su esposa cumplen. Todos, todos ellos, están perfectamente definidos a través de unos buenos diálogos, concisos e ingeniosos.

La grabación está llena de sombras, sombras por todas partes. A veces, de hecho, los actores aparecen a contraluz, meras siluetas con voces.  Por otra parte, Hitchcock recurre a algunos planos muy, muy largos que le dan solidez y hacen parecer el ritmo ligeramente más relajado que el tempo al que se desarrollan los acontecimientos.

En su contra, no obstante, he de decir que el final no me ha gustado.

Spoiler
Una cutrepelea entre el bien y el mal, casi a nivel conceptual en el que Guy incluso detiene el combate para salvar a un niño en el tiovivo. ¡Por favor! Le falta darle un beso para la foto del periódico. Para más inri, el interrogatorio a bruno es lamentablemente pobre y la policía no quiere ni registrarlo. Con todo, el toque coñón de los últimos minutos suaviza un poco mi mala opinión sobre él.
fin spoiler

Y, por supuesto, esa idea reiterada de que los desconocidos entablan animada conversación mientras viajan en tren, que me parece totalmente forzada y sacada al caso, dado que no es una sola vez la que pasa en la película y a nadie parece sorprenderle. Tal vez hayan cambiado los tiempos, no lo sé.


Nota: 7. Una película entretenida, fantásticamente hecha y con unos personajes magníficos, empañada por problemas como el doblaje, la traducción, ese final extraño y forzado y un par de puntos oscuros.


Otras películas de Hitchcock:

jueves, 24 de febrero de 2011

Mad Men (1ª temporada) - AMC

Mad Men es una famosa serie que arrasa año tras año que trata sobre el mundo de la publicidad y el machismo imperante en los 60.



En Mad Men se nos presenta a los trabajos de la agencia de publicidad Sterling-Cooper. El protagonista de la serie, Don Draper, es un hombre casado al que le gusta disfrutar de múltiples y variadas amantes. Su mujer, Betty Draper, un ejemplar precioso de hembra Homo sapiens, culta, inteligente y refinada parece no serle suficiente. Tiene dos niños, un hijo y una hija. Los socios fundadores de la empresa son dos hombres mayores, uno de ellos un vive la vida tipo Don, el otro... todo un señor que tiene un despacho zen, exige a la gente que se descalce, adora el orden y el trabajo... la verdad es que resulta un personaje impactante dentro de la serie. Otros personajes importantes son Orejitas, la otra protagonista de la serie —sobre todo al principio—, una mujer que empieza como secretaria y con ganas e inteligencia va escalando peldaños en el fiero y machista mundo de exagerada competitividad; Joannie, jefa de secretarias y mujer con solución para todo; Salvatore, creativo, uno de mis personajes favoritos, y Pete Campbell... cuya mayor característica es ser imbécil, aunque trabaja de contable.



La serie se ha ganado a pulso muchos de esos premios. Tiene un reparto excelente; Jon Hamm, que hace de Don Draper un personaje memorable; Elisabeth Moss, que consigue un personaje absolutamente creíble y normal; Christina Hendricks, que irradia la seguridad y la confianza que da tener siempre un as en la manga, aunque se adapta a otros registros cuando es necesario —momentos tristes, casi todos ellos—, John Slattery —aunque tal vez influya que Roger Sterling sea uno de mis personajes favoritos—, y quiero destacar la actuación de Bryan Batt, Salvatore Romano.

spoiler
Salvatore Romano es homosexual, pero Batt consigue crear un personaje muy masculino. Un hombrón.  Rasgos que tiene que compatibilizar con su homosexualidad para llenar el personaje. Es una de las actuaciones que más me gustan de la serie.
fin spoiler.





Tiene, además, una gran dirección. El tono es completamente sobrio; aunque la serie es en color, las escenas en las que hay luz natural y colores llamativos... son extrañas y poderosas por su extrañeza. Recuerdo perfectamente un momento, ya no sé si de la primera o de la segunda temporada, en el que, sencillamente, se ve un buzón. Un buzón de color rojo intenso en la parte inferior de la pantalla, y ese buzón, ese pequeño objeto de color fuerte llama la atención de la escena, de la calle a oscuras, de los árboles en sombra. Todo tiene ese toque realista y sombrío al que me ha acostumbrado la HBO.

Una intro algo pobre y, diría, no demasiado elegante es de lo poco que no me gusta de esta fantástica serie.

Nota: 8,5. Draper y compañía se merecen vuestros ojos y oídos atentos a ellos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Session 9 - Brad Anderson

Session 9 es una película de intriga y ¿terror? cuya cabeza de cartel es el odioso Horatio de CSI, aunque con un papel mucho menos vomitivo. Se ve que Caruso sabe hacer de otros arquetipos de gente más soportable.



El argumento es más o menos sencillo en su concepto, aunque se juega al engaño y a la trampa para confundir al espectador. En resumidas cuentas podríamos decir que la película trata de unos tipos que van a retirar los residuos asbésticos (de amianto) de un edificio enorme, tétrico y abandonado; el hospital psiquiátrico de Danvers. Y con el paso de los días, se van viendo arrastrados por el aire tétrico, inquietante y paranoico del lugar.

Esta película tiene una gran baza a favor: Brad Anderson (quien ha dirigido 9 capítulos de Fringe, 1 de Boardwalk empire, 1 de Treme, 1 de The Shield y El maquinista, entre otras) cosas. Lo cierto es que la película parece ligeramente falta de medios, parece grabada para la televisión; tiene algo en cómo se mueve la imagen... —¿el número de fotogramas tal vez?— y en la sonoridad de las voces que no se corresponde con lo que el cine nos tiene acostumbrados. El resto del trabajo visual es delicioso: los cambios de plano entre personajes, extraños y casi alienantes, confusos, caóticos, que hacen dudar de lo que uno está viendo, sobre todo una vez rodeado de las desconchadas paredes, en los opresivos y estechos pasillos del hospital abandonado y las salas amplias en exceso y tan vacías que parecen la pesadilla de un agorafóbico. ¿Es realmente así o la rareza de los planos intenta decirnos algo? Esto es de lo que más contribuye al caos del espectador, a la duda sobre las identidades de la gente que tenemos en la casa. Por si fuera poco, una música igualmente inquietante, tétrica, llena de contrapuntos arrítmicos estremecedores; ayuda a esa sensación de presenciar una confabulación, de presenciar el engaño que el director quiere que nos comamos sin aperitivo previo. Así, lo extraño del movimiento se suma a lo enrevesado de los planos, mientras lo inquietante de la música lo envuelve toda con sus brazos.

El reparto cumple, aunque en mi opinión no destaca especialmente. La historia tiene un buen desarrollo hasta cerca del final, cuando la trama empieza a retorcerse en exceso y crea una sensación de trampa, de engaño manifiesto; una sensación ligeramente decepcionante que es con la que, de un modo u otro, se queda el espectador cuando caen los créditos.

Nota: 6,5. La película cumple, el reparto se defiende, la música está bien y, aunque el final sea un poco decepcionante y deje un regusto agridulce, el trabajo de Anderson lo comprensa de sobra.

martes, 22 de febrero de 2011

Sherlock - BBC

Sherlock es una serie de la BBC, una reimaginación del mítico personaje de Conan Doyle adaptado al mundo contemporáneo, presentada en una temporada de tres capítulos. Eso sí, de 90 minutos cada uno.


Personalmente, considero que la serie hace muchos cambios respecto al original, que más que una adaptación a los tiempos que corren, son una suavización o un alivio cómico. No soy partidario de los parches de nicotina, ni de que Watson sea tan moderno para la edad que tiene. La mayoría de mis conocidos de esa edad no lo son. Pero, en cualquier caso, Sherlock es, sin ninguna duda, una buena serie.

Y queda claro desde el primer minuto. Una grabación de calidad apabullante, con más relación con el cine actual que con el mundo de la televisión. Una grabación llena de luz con una imagen translúcida de fondo uniendo las secuencias y, de pronto, Watson despertándose con cierta oscuridad alterada por un par de suaves lámparas. El contraste entre la luz y la oscuridad. Una intro elegante con una música preciosa y envolvente da paso a una escena común. Si algo destaca en esta serie, es lo bonito que aparece Londres en todas las escenas. Londres aparece bañada por la luz, con los cristales brillantes e inmaculados, los planos muy abiertos en los que se ven los puntos, el big ben, la noria, todo recortada contra un cielo difuminado. Un escenario premeditadamente embellecido, de cartel de agencia de viajes.

La presentación de Sherlock brutalmente efectista, exagerado, arisco, sociópata, frío y analítico. Un buen Sherlock pese a los cambios para la adaptación, que lo hacen parecer más, croe yo, a Sheldon Cooper que al viejo Sherlock, a lo que tal vez contribuya la actuación premeditadamente exagerada y con un punto divertido de Benedict Cumberbatch.

Lo bien introducidas que están las nuevas tecnologías, una de las pocas veces que me parece que se pueda decir tal cosa, le da un aire fresco y conseguido. La muestra en pantalla de los textos de los móviles, casi como bocadillos de cómic es realmente llamativa y, con lo depurado de la imagen, forman un curioso cuadro.

Unos buenos secundarios —como la señora Hudson o Mycroft— y una gran banda sonora cuya canción principal aprovechan hasta la saciedad, concluyen el pastel. Un buen guión, unos grandes personajes, una deliciosa banda sonora y un gran control del ritmo y la tensión narrativa.

No puedo dejar de quejarme, no obstante, del ridículo esperpento que hicieron de Moriarty, sobre todo en el doblaje castellano, donde la voz le hace parecer un payaso con retraso. ¿Ese patán drogado es Moriarty? Pues vaya. En inglés no parece demasiado más imponente, la verdad, pero un poco sí.

Nota: 7. Sherlock es una buena serie, entretenida y muy bien hecha en la que los detalles están cuidados al máximo, contribuyendo a una imagen espectacular en todo momento. Aunque al principio se dijo que iban a ser 3 y sólo 3 capítulos, ante su éxito la BBC ya ha anunciado otra temporada de 3 capítulos.


Otras entradas que pueden interesaros:
Sherlock, segunda temporada de la serie de la BBC.
Sherlock Holmes de Guy Ritchie.
Aventuras de Sherlock Holmes de Conan Doyle.
La vida privada de Sherlock Holmes de Billy Wilder.

lunes, 21 de febrero de 2011

Hero - Zhang Yimou

Si tuviera que describir Hero con una sola palabra, diría «preciosa». Lo cierto es que no me parece que tenga una gran historia de fondo, ni que los combates —para muchos lo mejor de la película— sean especialmente épicos. No. Hero es una muestra de lo que un buen presupuesto puede conseguir sobre el apartado fotográfico y de cómo una historia sencilla contada con el suficiente mimo puede cautivar tanto como una historia compleja y rica.



China está dividida en 7 reinos y la devoran las guerras entre ellos. El rey Qin sueña con unificarla y proclamarse como primer emperador. Entre la gente que intenta asesinarlos, hay tres individuos especialmente peligrosos: Espada Rota, Nieve y Cielo. Qin ofrece una enorme recompensa y audiencia privada a quien los elimine, y así, un día, Sin Nombre consigue la ansiada audiencia.
Así, la película es narrada en fragmentos. Fragmentos que nos relatan cómo Sin Nombre se enfrentó a los potenciales asesinos de Qin. El combate contra Cielo, con espadas de plata; un combate de movimientos abiertos —que, en mi opinión, son de los más movimientos más vistosos ante una cámara que se pueden hacer con una espada—, lleno de barridos; un combate preciosista, en el que la exageración sólo contribuye a la elegancia, cobijada también por una buena cámara lenta que, no obstante, puede pecar de abusiva. Los cambios entre la cámara lenta, la cámara rápida y el tiempo normal, le dan un aire de videoclip muy marcado, que hace el aspecto visual muy interesante, cautivador y hermoso. Los siguientes combates se enfocan de distinto modo, cada combate es bastante particular, bastante sumergido en la historia que cuenta Sin Nombre. Y, cuando acaba con todos, los matiza, los versiona; siempre sin perder la frescura ni el estilo.
El vestuario está increíblemente trabajado, lleno de detalles y color, fiel al espíritu de la película. La música, también dotada de un bello exotismo, es muy épica, un gran acompañamiento para las escenas llenas de saltos, artes marciales y demás rasgos característicos de este género chino. El uso de los colores, sencillamente, es perfecto. Cómo juega con unos colores u otros según las versiones que cuenta de los hechos. El reparto cumple sin más.

Lo exagerado de la película le sienta como un guante. A mí, al menos, me transmitía la propia exageración de Sin Nombre luciéndose ante el Emperador. Quizá la intención de la película, de cara a su público chino, fuese contar una historia como siempre; pero visto dentro del formato, de cómo el espadachín le cuenta su historia al Emperador, no pude evitar verlo como una narración premeditadamente heroica, una exageración de los hechos para resaltar su propio virtuosismo con la espada.
Por último, destacar el uso del viento, que lo impregna todo de un heroismo muy asiático, muy manga; y la masa impersonal, los soldados borrego de Qin, completamente mecánicos, como golems de carne, que responden al unísono, realzando esa sensación vacía. Estúpida. Subhumana.

La película tiene, no obstante, cosas que no me han gustado, como el cutrefecto de la ropa de Viento —imperdonable, creo yo, con lo mimada que está el resto de la imagen—, o alguna escena que queda especialmente ridícula, por mucho que sea parte del estilo exagerado y heroico —por ejemplo, la andanada de flechas de las cuales deben de conseguir hacer blancos 3 o 4 de un cielo cubierto—. Por último, en el combate del lago, se repiten escenas. Varias. Esto sí me pareció imperdonable, contando los recursos mostrados hasta el momento.

Nota: 8. Una película visualmente impresionante, con una historia sencilla pero efectiva, unos personajes heroicos hasta la médula y una narración poética y elegante que aprovecha los juegos cromáticos mejor que ninguna película que haya visto por el momento.

domingo, 20 de febrero de 2011

Uno descubre que...

Uno descubre que alguien no visita Windguru cuando le preguntan: «¿cómo es que llevas un paraguas con el día tan bueno que hace?».

Que acierten tanto más que los de la tele, deja a estos en muy mal lugar.

viernes, 18 de febrero de 2011

La Conspiración Umbrella - S.D. Perry

Empiezo diciendo que en mi humilde opinión, este libro se basa en uno de los grandes juegos de Play Station: Resident Evil. El primero, el original. El de la casa.



En Raccoon city hay una gran mansión abandonada. El lugar de veraneo de las gentes de Umbrella Corp., el magnate farmacéutico que tiene la mitad del pueblo y un montón de sedes en Europa. Cuando los crímenes caníbales se van de madre, los STARS deciden irrumpir en ella, pues parece el epicentro de los ataques.

Como novela, escrita por S.D. Perry de la que ya eché pestes por su horrible, infame, ilegible, horrendo y blasfemo Hora Cero, flaquea por todas partes. Esto, querida Perry, no es una novela, es una guía de juego. Una guía torpe y sin gracia con unos personajes sin vida, que caminan con pasos bamboleantes recogiendo todo lo que brilla como si fuesen urracas. En serio, esto es una recreación en exceso completista del juego, puzle por puzle, zombi por zombi. Esto, por supuesto, ahoga el ritmo del juego, que se basa más en el sufrimiento del jugador, tenso por la muerte acechante en cada esquina. No obstante, con todo, en esta ocasión nos encontramos ante una historia legible, al menos por los fans de la serie de videojuegos. Son unos personajes a los que el viejo jugador ya conoce, unos escenarios contra los que se partió la cara mil veces. Seamos realistas, Perry parte con esa ventaja para conseguir un producto mínimamente aceptable, por eso cuando se inventa historias más allá de los juegos, como Hora Cero o La Ensenada Calibán, los resultados son tan-tan lamentables.

El libro tiene multitud de errores ortográficos y gramaticales. Nada nuevo, por otra parte. ¿Timun Mas no se paga correctores o qué? Estos libros me los han dejado, pero si los hubiese pagado me parecería peor incluso. Menudo trato al comprador, qué poca atención y ganas de contentar al cliente. Además, como imagino que será una constante de toda su edición de bolsillo, la letra es minúscula y apretada, los márgenes son un concepto de ciencia ficción; y no intentéis hacerme estúpido diciendo que todas las ediciones de bolsillo son iguales. No lo son, ésta es una edición mucho más infernal que la de mis, por ejemplo, libros de la Fundación. Por si fuera poco, una vez más, una portada clamando al horror primigenio salido de las profundidades. Un espectáculo visual lamentable.

En este libro, en repetidas ocasiones, los personajes se separan insistiendo en que es para ser de utilidad. Ya sabéis mi opinión al respecto. Los STARS merecen todas y cada una de las penurias que sufren porque son idiotas.

Por último, una serie de chascharrillos del tipo de: «esto no era "una de esas novelas malas que se leen"», toma castaña; y «este no es un juego, donde poder pulsar "volver a empezar"», acaban resultando hastiantes, sumados a la cantidad de veces que un personaje dice que esto ya lo vio en la tele. Que sí, Perry, que tu obra se basa en un videojuego, ya lo pillamos.

Mentía, hay algo más. Perry, aunque a veces te marques unos súper cargantes discursos sobre virus, aunque en ocasiones parece que tampoco es que acabes de controlar del tema —tal vez sea cosa del traductor—, lo que sí está claro es que una persona no puede desviar a un tiburón de 6 metros pataleando y golpeándole en la mandíbula cuando este se acerca a devorarte. Creo que deberías informarte un poco más o remitirlo a la suerte, a un disparo, a lo que sea. Por favor... menudo patadón le debió de sacudir, allí, sin importar la resistencia del agua ni hostias. Menudo leñazo. Si Chris es Terminator, que haga él todo, que no creo que un cyborg se contagie del virus T.

Nota: 4. Los juegos tienen una trama interesante y unos personajes más que aceptables. Si bien Perry se esfuerza por dibujar un esperpento, no consigue quitar todo el brillo a la historia, consiguiendo un libro legible, aunque no más.

Otras novelas de la autora:

jueves, 17 de febrero de 2011

El experimento - Olivier Hirschbiegel

El experimento es una película de Oliver Hirschbiegel, más conocido por El hundimiento, película que ya comenté hace un mes o dos, sobre los últimos días del tercer Reich.



La película se basa en el experimento de la cárcel de Stanford, que Philip Zimbardo et al. llevaron a cabo en 1971 y trata de la influencia de un ambiente extremo (la cárcel) sobre los actos del ser humano. De 70 candidatos eligieron a los 24 más normales —dicen— y los dividieron en policías y presos. Y al segundo día hubo un motín, y luego hubo torturas, vejaciones sexuales y todo tipo de abusos. Lo normal, vaya.

El argumento de la película, en resumidas cuentas, es el mismo, sólo que aquí se trata de 20 personas. La línea de acontecimientos es similiar, con algunos cambios y, por supuesto, los personajes son otros.

El protagonista, prisionero 77, encarnado por Moritz Bleibtreu, está allí para grabarlo todo para un periódico, para el que trabajaba en el pasado. Cree que el experimento es un asunto militar y va allí a destapar los trapos sucios. La gran regla es que no se puede hacer uso de la violencia, pero en sólo 36 horas se organiza un motín y se arma la de Dios es Cristo. Lo cierto es que no pude evitar pensar que si 77 no fuese absolutamente imbécil podría haber girado las tornas del asunto en varias ocasiones, y casi sin colaboración. Cuando las cosas se empezaron a poner duras debería haber tomado la decisión, pero no lo hizo. Claro, si no estaríamos frente a un corto.

Lo cierto es que no me gustó el desarrollo de la película. Así de simple. El experimento de Stanford ya era bastante duro e inquietante, ¿qué necesidad había de exagerar las escenas? ¿Para qué forzar un intento de darle más dramatismo? Hace aguas, por supuesto. No hay forma de llevarlo a cabo. La película pronto pasa de su puntillo oscuro y chungo a ser una fingida imitación de la más desalmada tragedia. En esa obsesión por un énfasis completamente exagerado se acaba perdiendo, hundiendo; se sumerge en su propia intención y no vuelve a salir a flote.

El reparto es mediocre, siendo amable. El protagonista carece absolutamente de carisma o de capacidad de convencer, un palo. El único que es más o menos creíble es Christian Berkel, el prisionero 38, aunque tal vez se deba a lo terriblemente plano que es su personaje. Impasible, impertérrito. Una estatua. Los personajes son estúpidos, es difícil no odiarlos. A todos.

La música ambiental es horrenda. Un cúmulo de sonidos, muchas veces con un ritmo incómodo, con un volumen molesto y con una sonoridad horrible. No es que contribuyen a la inquietud y a la opresión del escenario —lo cual no estaría mal—, es sólo que es un acompañamiento horrible.

Aunque la idea argumental, la premisa, me parece buena e interesante, también creo que el desarrollo posterior la hunde. No me parece un guión bien llevado, ni consiguió llevarme por dónde quería, ni consiguió entretenerme. Esas largas muertes de ritmo en forma de ensoñaciones de 77, unos sueños que son poco más que una excusa para enseñar carne. Y alguno dirá, «no, son su respuesta psicológica a la presión que vive», y le daré la razón. En parte. Son demasiado largas y ninguna cuenta nada.

Por último, no me gusta cómo se hacen los juegos de cámara. Los cambios de plano son absurdamente forzados y antiestéticos, rompen el dinamismo y la fluidez de la película. Es simplón, cutre; obra de un Hirschbiegel torpe e inexperto, que sólo consigue unos cambios más o menos aceptables cuando juega con las gafas del protagonista, donde le consigue dar un aire relativamente fresco.

Nota: 3. Una buena premisa llevada a cabo sin ningún tipo de lucidez. Ni música, ni imagen, ni actuaciones, ni nada.


Otras películas del director:

miércoles, 16 de febrero de 2011

Tommy (The Who) - Ken Russell

Tommy es un musical de los Who, una de esas visiones pasadas por el alegre filtro del LSD o de una droga similar.



No creo que se pueda entender esta película fuera de este contexto. A grandes rasgos, Tommy nos presenta a Tommy Walker, un niño que crece ciego y sordomudo como reacción psicosomática a un trama  y acaba haciéndose campeón de pinball y fundando una religión al respecto.

Parece claro que con esta trama uno sólo puede esperarse situaciones absurdas y puntadas surrealistas. Y es lo que nos ofrecen. Ni los Who, ni Ken Russel intentan disimularlo.  Tommy va de lo que va.

Unas grandes colaboraciones (Tina Turner, Eric Clapton y Elton John, que recuerde ahora mismo), un montón de referencias a canciones del momento y una graciosa adaptación de los hechos narrados en las letras del disco homónimo, contribuyen a una música que, en mi opinión, ya rozaba el cielo. Los Who eran unos músicos cojonudos y Tommy se aprovecha, naturalmente, de ello. Muchas cosas son perdonables mientras la historia se desarrolla siguiendo la música.

Tommy es su rareza y su música. Lo cierto es que tiene una dirección aceptable y un reparto de calidad (incluyendo a la nominada al oscar a mejor actriz por esta película Ann Margret) y al siempre bien recibido —incluso en su sosa y rebuscada interpretación en El Terror— Jack Nicholson. Es la música, no obstante, la que mantiene Tommy en su alocado caos narcótico. Puede que la película no sea más que un viaje de las cabezas de Daltrey, Townshend, Entwistle y Moon, pero la música acompañada de la rareza de las situaciones es suficiente para captar la atención del espectador sin mayores problemas.

Nota: 5. Tommy no me parece una gran película, pero tampoco mala. Es una historia interesante a su manera enrevesada y tiene una música de lujo, un reparto destacable y unas colaboraciones geniales. No obstante, si no os gusta la música de los Who... os ahorráis verla.

Aquí, una muestra; una de las escenas más conocidas. Aviso de que es una escena bastante destripadora de trama, pero... no es que el argumento de Tommy sea algo determinante a la hora de ver la peli.

martes, 15 de febrero de 2011

El terror - Roger Corman

El terror es una película de Roger Corman, una de las cabezas conocidas del cine de serie B.



Andre Duvalier, teniente del ejército napoleónico —con un acento de yankee pijolis que tira para atrás—, ha sido separado de su regimiento. Caminando llega hasta una playa, donde ve a una joven y hermosa mujer que no responde a sus preguntas, se adentra en el mar y desaparece. El joven francesito la sigue y se despierta en casa de una vieja que le dice que nunca volverá a ver a la chica, pero que para ayudarla tendrá que ir al castillo de von Leppe. Y así, pensando más con la cabeza de abajo que con la de arriba, un joven, y más o menos apuesto, Jack Nicholson se dirige hacia allí, donde conocerá al barón  von Leppe y a su extraño —y grandioso— mayordomo Stefan.

La película en sí no es más que otra visita al castillo de Drácula. El barón un tipo extraño que vive solo —excepto por el mayordomo—, un castillo tétrico y oscuro, un poco de magia, el juego del desconocimiento y de la oscuridad... la soledad del protagonista, etc. Eso sí, desde el mismo momento en el que aparece el título en pantalla: «The terror», con el pájaro pintado cutremente en pantalla hasta el final de la película, habrá dos constantes: Stefan mola, y el pájaro es su profeta. De hecho, el pájaro (una maqueta adorable), aparece varias veces durante la grabación. Normal que incluso forme parte de los créditos, apareciendo junto al título, nada más y nada menos. Los dos puntos salvables de la película son: ese y el toque gracioso que le da el cuidado 0. El Terror es serie B pura. De la de peor calaña.

Los actores hacen un trabajo más bien malo, poco cuidado. Jack Nicholson, en concreto, es absolutamente plano. Sin emoción en la voz. Nada. Karloff se salva de la quema, Dick Miller (Stefan) consigue que le cojas aprecio a su personaje, quizá por ser el único cuerdo de entre el resto de locos, Sandra Knight cumple y Dorothy Neumann, aunque aparece muy poco, sobreactúa; avivando, si cabe, el pestilente aire a serie B.

La música cumple. Es interesante, sobrecargada y ominosa. Lo que más le pega a la película. Ninguna queja por esa parte. Es su tercer punto.

El poco cuidado por los detalles llega a su apogeo épico cuando el castillo se viene abajo y los cascotes flotan. O es una crítica impresionante al trabajo de los obreros de principios de los 60, o es un error lamentable. Sé con qué opción me quedo. No es la primera.

Nota: 3. La película es mala. Se deja ver porque, a su manera enferma y retorcida, resulta ligeramente entretenida. Ni los actores, ni la imagen, ni los juegos de cámara, ni nada; no hay nada que haga brillar la película con luz propia. 


Aquí, para los más osados, la película completa:

lunes, 14 de febrero de 2011

Valor de ley - Joel y Ethan Coen

Los Coen construyen un western magnífico tirando de sus elementos típicos: del humor que les caracteriza, del uso de la violencia negra sin contemplaciones, de los personajes retorcidos y carismáticos, de unos hermosos paisajes naturales y un reparto excelente hasta la náusea; una historia de venganza y sangre en el salvaje oeste.


 Contando que los protas son, a mi modesto entender, Bridges y Steinfield, que el nombre de ésta no aparezca en grande en el cartel, me parece extraño e inquietante.


La película parte de puntos buenos: de un Jeff Bridges colosal, de un Matt Damon cumplidor y gracioso como llevaba tiempo sin ver y, además, bienvenida sea, de una Hailee Steinfield absolutamente sorprendente. Una gran actriz, la verdad; aunque su doblaje castellano fuese, creo, infame; una voz plana, sin ningún tipo de alteración, sin sentimiento y sin modulación.

La historia es, ante todo, sencilla. Quizá previsible, tal vez un guiño a los western clásicos, con villanos malvados, héroes molones con un toque canalla y una historia clara y sin medias tintas. Es esa sencillez, además, la que permite a los hermanos no detenerse en zarandajas. La historia tiene un ritmo palpitante, sano; entre unas escenas hermosas de grabación cuidada, actuaciones sobresalientes y violencia despiadada.



Los paisajes amplios, vacíos, rojos. El lecho del río brillante, los altos y los valles. Los árboles. El refugio perdido, la casita dejada de la mano de Dios. Los caballos. Toda la imagen es fuerte y cuidada, todo transmite el aire de una vieja película del oeste.

El resto es obra de los hermanos, esa gracia natural que parecen tener para contar historia y, quizá, ese talento innato para conseguir que Bridges cree un símbolo, tal y como ya hizo con El Nota hace unos años. Rooster es más que su personaje, es esa bravura casi vacía, esa chulería de héroe de los 70. Rooster es todos y cada uno de los vengadores de película, un tipo oscuro, dado al alcohol, respondón y chulesco pero de buen, aunque ajado, corazón. La niña es, en cambio, el pilar sorprendente. Un personaje femenino fuerte, arrojado, capaz, a la altura —como personaje— del propio Rooster.



Destacar, ya aparte, algunas escenas en concreto. Alguno de los tiroteos, por supuesto, no podría faltar; me quedo con la carga final y el hombre que cae contra el peñasco. Una escena sencilla y dura sin tener que mostrar nada; la sencilla cabalgada a contraluz, con el Sol de fondo, de lado a lado de una cámara estática, la muerte del padre de Mattie que sumerge rápidamente en el ambiente de la película, la escena en la que Mattie va a despertar a Rooster en el antro en el que vive y toda la escena del refugio. ¡Qué talento tienen los Coen para firmar una escena y que parezca dorada por el fuego!



Por último destacar la fugaz pero magnífica actuación de Barry Pepper como líder del grupillo de villanos de dientes malformados y aspecto malencarado y repugnante.

Nota: 8,5. Una película que hará las delicias de los aficionados a los western y que dejará satisfecho al más exquisito gourmet pese a los puntos en los que no brilla. No es una historia enrevesada, no es una sucesión de inesperados giros y requiebros; es una sencilla y elegante historia de venganza y muerte, un canto a la violencia y al lado más salvaje de las personas.

De los Coen he comentado previamente:
Quemar después de leer.


Otras candidatas a los Oscar 2010:
Cisne negro.
El discurso del rey.
Valor de ley.
Toy Story 3.
127 horas.

domingo, 13 de febrero de 2011

El maquinista de La General - Buster Keaton

El maquinista de la general es una película de 1926 de Buster Keaton y Clyde Bruckman, quienes además son los guionistas de la misma. La compré con una colección de cine de El País de Grandes Directores, y aunque varias de ellas me han parecido muy sobravaloradas, la gran mayoría de las que he visto me han parecido increíbles. El maquinista pertenece a este grupo mayoritario.






El maquinista de la general tiene una idea muy simple de fondo. Johnny Gray es un maquinista de los estados sureños, enamorado de su locomotora y de su novia, Annabelle. Cuando la guerra los alcanza, por mantener las apariencias con la familia de la moza intenta ingresar en el ejército, pero se lo niegan, porque es más útil como maquinista. Annabelle lo deja porque cree que no ha tenido valor para hacerlo. Los unionistas toman el tren y Johnny tendrá que demostrar su valor salvando a sus dos amores.


Todo lo demás es Keaton. El carisma de Johnny Gray, tan de cine mudo. Esa exageración expresiva, un fantástico acompañamiento musical a piano de William P. Perry —algo en lo que el cine mudo destacaba ampliamente— y esos toques de comedia romántica y aventura pasados por el filtro temporal de los años 20, que le aporta un aire adorable. El gancho de lo añejo, el encanto de lo antiguo


Una hora y cuarto de visionado con un ritmo deliciosas, unas escenas tiernas, heroicas y divertidas y un genio, Keaton, que consigue que las vías del tren sean un paisaje de ensueño en el que quepan sin forzar todas sus cabriolas, físicas o narrativas.


Y, como colofón, una película legalmente disfrutable en estas anchas vías en las que se ha convertido la red:

Ésta es la versión completa, de 107 minutos, que siempre llegó a España truncada (entre 75 y 83 minutos, según veo). Está en inglés, pero bueno... es cine mudo. Hay sólo unos cuantos carteles que leer y con un nivel bajo es más que suficiente.


Nota: 8. Una película muy (pero muy-muy) divertida, entretenida y con un Keaton genial con su máscara de maquinista enamorado viviendo aventuras y penurias por sus grandes amores.

Uno descubre que...

Uno descubre que ya no es un niño cuando le empieza a gustar El Principito.

viernes, 11 de febrero de 2011

The Wire, 5ª temporada - HBO

Llegó el final, cesó el clamor. La magia se desvaneció...
Siempre estás allí, Barón rojo.


Había oído comentarios no demasiado buenos sobre la quinta y última temporada de esta preciosa obra de arte que es The Wire, buque insignia —en mi opinión— de la HBO, la cadena que podría designar, sin exagerar, media docena de buques insignias; uno más, esperemos , con la salida de Juego de Tronos dentro de un mes.



¿Qué decir? Todo infundado. Infamias y calumnias. La quinta temporada de The Wire es cojonuda. Como cabía esperar. El inicio es lento, como siempre, comedido, tímido, insinuado. El principio de The Wire es el sello de la HBO, como siempre. Personajes y situaciones, palabras y palabras, planos largos y estáticos, ritmo lento y un toque oscuro, depresivo, de que el mundo es una mierda; el trágico puntillo de drama.

Esta es la temporada sobre los medios de comunicación. The Wire ya ha pasado por los bajos fondos; por el puerto; por las cúpulas de la policía, estrechamente relacionadas con la política; y por la política en sí. Y ahora caemos en los medios. En el retratado de la verdad, en la capa de pintura que se da cuando interesa hacerlo. Continúan las intrigas, las mentiras, los dobles juegos... El juego sigue siendo el mismo, como dice el lema de la tercera temporada.

La llegada de Carcetti a la alcaldía supone un gran cambio, no obstante, para la situación que conocemos. Movimiento en las altas esferas policiales, el ascenso del hombre de Carcetti y la caída en desgracia de los demás. El dinero corría como nunca y casi se masticaba el aire a país de la piruleta. Nada de esto puede durar, claro. Problemas, problemas; siempre problemas. El dinero desaparece, tiene que ser reasignado a preocupaciones más inmediatas. La obsesión por las cifras y los problemas de dinero se combinan en una espiral catastrófica que amenaza con devorarlo todo. Con devorarlos a todos. McNulty, en un ataque de genialidad o de estupidez —a gusto del consumidor— pondrá un parche al asunto dando comienzo al verdadero eje argumental de la temporada, el más fantasioso y, a la vez, cautivador e intrigante de la serie.

Es cierto que esta temporada pierde un poco de la sobriedad que la caracterizaba, pero no opino, para nada, que eso la haga un peor producto. Es más, considero que es lo que permite darle el grandísimo final que tiene. The Wire es una serie que empieza genial, se desarrolla genial y termina genial. The Wire es un 10. Así de simple.


SPOILER
¿Cómo racanearle ese 10 con ese final? Las cuatro últimas horas son de lo mejor de una de las —sin duda— mejores obras para televisión. Un buen final es importante para una obra; define la sensación con la que te quedas, marca la mirada con que vuelves a verla. The Wire emociona con la muerte de Omar, por la espalda, como a un perro. El héroe, la criatura que parecía descontextualizada, sobrehumanizada... muerta de pronto en una tienducha maloliente a manos de un crío. Tantas horas impresionado con él y de repente, estocada al pecho. Omar muerto, espectador en coma. Por si fuera poco, el parche de McNulty ya es la comidilla de la ciudad, lo envuelve todo y lo arrastra todo con él como un alud. Uno ve qué va a pasar, lo sabe, y asiste a los hechos con intriga nerviosa, con inquietud excitada hasta que las últimas puntadas de la preciosa pieza que nos ha entretenido durante 60 horas muestra su última cortinilla de créditos. Esa sensación es merecedora del 10 sin ningún tipo de recorte o tijeretazo.
FIN SPOILER


Nota de la temporada: 10. El inicio puede parecer un poco por debajo de lo normal, el resto lo compensa con creces.

Nota de la serie: 10. 3 capítulos con ciertas carencia de ritmo, los tres primeros de la primera temporada son todo lo que se podría criticar hasta la quinta, donde nos encontramos con un inicio que puede parecer algo discutible. El resto, unas 52 horas, son pura maravilla. Y aún esas capítulos que comento, a mí me parecieron de lo mejor que he visto. Muchas gracias al equipo que hizo esta obra posible.


¡Hasta la canción se sale especialmente esta temporada!

miércoles, 9 de febrero de 2011

La taza de oro - John Steinbeck

La taza de oro es una novela de John Steinbeck, al que conocía por su archifamosa Las uvas de la ira, aunque no la haya leído que trata sobre la vida y obra de Henry Morgan, un famosísimo corsario al servicio de la monarquía inglesa.



La novela comienza con un niño. Henry, claro, un crío despierto y astuto que desea conseguir algo desde lo más hondo de su alma. Henry Morgan desea algo concreto aunque no sabe expresar qué, algo que requiere que vaya a las aguas del Nuevo Mundo. Así, tras despedirse de su familia, Henry Morgan, inocente y soñador, embarca para cruzar el ancho Atlántico.

Steinbeck —supongo que no se podría esperar otra cosa de él— hace gala de una narración exquisita, de una adjetivación preciosa y precisa; consiguiendo una ornamentación fantástica, que maravilla y cautiva sin sobrecargar al lector. Creo que nunca me quedé con la sensación de que el equilibrio estaban tan bien calculado, de que era tan perfecto. Hay párrafos enteros que leí y releí, sencillamente impresionado del talento que destilaba Steinbeck incluso a través del injusto y torpe filtro que resultó ser el traductor de esta novela (tal vez me pareció tan flagrante gracias a que iba sobre aviso y presté más atención al tema), que hace que algunas frases chirríen completamente. Ningún castellanoparlante construiría nada parecido sin volver atrás y rectificar sus frases. Pero él sí. Él lo vale. Mención aparte merece el propio título de la obra: La taza de oro. La taza de oro. La taza de oro. ¿Cómo decirlo suavemente? Henry conoce en su infancia a un hombre mayor... solitario, ermitaño, que se llama Merlín. Merlín ya era viejo cuando los padres de Henry eran niños. Merlín siempre fue viejo. Merlín es —o se insinúa, dejándolo para la imaginación del lector— ese Merlín de las leyendas artúricas. Por si fuera poco, cuando se hace referencia a la «taza», durante el libro, y se dan detalles de cómo se la imagina Henry Morgan, nos dicen que tiene dos asas. Que es de oro. Que tiene pie. Sí, el sagrado Cáliz. La taza. En fin...

Centrándome de nuevo.  El desarrollo del libro es bastante rápido, aunque la narración es mesurada y exquisita, la trama avanza rápido; saltando por completo los periodos de inactividad. La novela nos lleva de un fragmento a otro, Henry se dibuja y desdibuja con las páginas, manteniendo un ritmo evolutivo constante, una clara sensación de envejecimiento. Sus sentimientos, sus anhelos se acrecentan, a veces duda de ellos, pero sigue dedicando su vida a conseguirlos. Morgan es una persona decidida. Quiere lo que quiere. Su rápida adaptabilidad hacen de él un capitán magnífico, mejora muy pronto —desde antes incluso de dedicarse al mundo militar— su estrategia social, consiguiendo lo que quiere de la gente que le rodea; que reaccionen como él quiere, que se plieguen a sus deseos.

Steinbeck tiene también una gran facultad para sumergirnos en los sentimientos de los personajes. No sólo en los de Henry Morgan, en los cuales —por supuesto— se explaya a gusto —destaco el énfasis en el cambio de sus deseos según comprueba que no son capaces de saciarle, una ansia que le acaba llevando a Panamá y a su Santa Roja—; sino que nos presenta con todo detalle, a pesar del poco espacio dedicado, a gente tan variopinta como Coeur de Gris, un dechado de carisma, un triunfal y ligón jovenzuelo fiel hasta el final; a Paulette, con un tenso y vívido momento en que le pregunta si de verdad la ama, celosa de las amantes manos con que Morgan acaricia el timón de su barco; al padre de Morgan, un hombre triste y un poco abatido por la pérdida de su hijo y a Merlín, el extraño ermitaño, protagonista de algunos de los momentos más bellos de la novela.

SPOILER
La Santa Roja, quien resulta parecerse terriblemente a Henry Morgan, y que usa contra este las técnicas de trato social que él usa contra el resto de personajes. Se muestra sorprendente e impredecible, dejando a Morgan sin saber cómo responder; moralmente vencido, absolutamente humillado. Una humillación que lo sustrae del mundo a una realidad de temores y conspiraciones, por lo que acaba enfrentándose a Jones y al magnífico Coeur de Gris. Da esto pie, además, a un momento precioso, majestuoso y bien traído en el que Morgan madura —o envejece— ante la Santa Roja, quien lo hace a su vez cuando dejan de desear la Luna, una expresión que se repite varias veces en la novela. Se acabó el sueño, el frenesí.

Esto supone la perfecta antesala para un final agrio en el que Henry Morgan exagera sus andanzas para sentirse más hombre ante el rey. Está «tan viejo» que lo necesita. Su matrimonio con su prima Elizabeth, arrogante y altanera, profundamente despectiva no es más que una puntilla en el ya inexistente brillo del corsario, que acaba muriendo completamente incapacitado, ya sin fuerzas para hablar, en un pasaje muy elegante.
FIN SPOILER


Nota: 8. Es una novela ágil dentro de su estilo, con una narración brillante, unos personajes bien definidos, una historia con gancho, y unos hermosos recursos utilizados con mimo.

martes, 8 de febrero de 2011

Los duelistas - Ridley Scott

Ésta fue la opera prima de Ridley Scott (el genio tras El Octavo Pasajero, y tras la absolutamente sobrevalorada Blade Runner), basada en una historia de Joseph Conrad (más conocido por Corazón de tinieblas). Admito que no conocía Los duelistas de nada. Nunca había oído su título. Fue Escipion quien, tras oír mis cantos de alabanza a Harvey Keitel y a Keith Carradine, y conociendo mi devoción por El Octavo Pasajero, me informó de que esta película estaba muy bien y reunía a los tres.






Como en un 90% de los casos, sus recomendaciones me parecen excelentes, no tuve duda de que la vería. Fue en las navidades de 2010, navidades que, a decir verdad, me pasé viendo películas y leyendo, de tal modo que aún tengo en la recámara un buen puñado de reseñas por hacer. Fue una de esas noches frías en las que hay pocas cosas más placenteras que recostarse en un sofá mullido con una manta encima con otra persona al lado.


La historia comienza en Estrasburgo, en 1800 y presenta a dos personajes: Feraud (Keitel) y D'Hubert (Carradine). El primero, un hombre que vive para la espada y disfruta de las apuestas y las luchas, fiel hasta la médula a Napoleón, tiene una desavenencia con el segundo cuando se siente insultado por este. Así, empezando con mal pie, acaban batiéndose en duelo. D'Hubert se niega a matar a Feraud y esto conlleva a que a lo largo de años y años, de hora y media de metraje, estos dos espadachines se batan una y otra vez.



Un vestuario excelente y unos decorados (unos no-decorados, según leo en IMDB, dado que no había presupuesto para ello) son el fondo visual perfecto para unos duelistas fantásticos, unos personajes cautivadores fantásticamente interpretados (sobre todo Feraud; sí, Keitel se come a Carradine, que acaba pareciendo la excusa para dejar que el personaje de Keitel enamore al mundo). Unos paisajes muy coloridos, de hierba verde claro, árboles verde oscuros, flores... pero poco luminosos, una niebla oscura y una iluminación generalmente ligera, que consigue un toque de oscuridad perfecto para la historia de obsesión y muerte.


El ritmo, ni rápido ni lento, consigue mantener al espectador en tensión; sobre todo en esas pausas espada contra espada, cuando casi se respira el aire nervioso, inquieto; casi se siente el resorte a punto de saltar en las miradas fijas, concentradas, de los espadachines, en la tensión de sus brazos y sus piernas, prestos a zanjar el larguísimo duelo de una vez por todas.




Unos diálogos, algo insistentes por momentos, que tratan una vez sobre el valor y el honor, sobre el orgullo y la lealtad, apoyan una narración épica contada a punta de espada y a base de pequeñas heridas y marcas.


La música, aunque se comentan maravillas sobre ella, a mí me pareció que cumplía sin mayor brillo. Resulta amena y un gran acompañamiento para la poderosísima y hermosa imagen que luce la película.

Un final precioso, elegante, conciso y que parece absolutamente lógico y reflexionado.

Como puntos negativos, un bosquecillo que apesta a replantado, con árboles perfectamente dispuestos en bien calculadas hileras, en el combate de mitad de la película y el hecho de que Carradine sea una mera sombra de Keitel.


Nota: 7,5. Una buena película, con una buena imagen y un Keitel magnífico. Unos personajes atractivos, sobre todo el obsesionado Feraud, y un buen acompañamiento de diálogos y música.


Relacionadas:
El octavo pasajero.

lunes, 7 de febrero de 2011

Malcom in the middle (1ª y 2ª temporada) - FOX

Ésta es otra de esas series que veía de niño y de las que no sabía qué tal encajarían un nuevo golpe a estas alturas. Lo cierto es que el resultado no habría podido resultar mejor. 


Las dos primeras temporadas resultaron tan frescas como la primera vez que las vi. Unos personajes terriblemente divertidos (a excepción de Reese, que a mí me ralla más de lo que puedo expresar con mi limitada capacidad verbal). Los hermanos son: Malcolm, un niño superdotado viviendo en una familia de bestias, que exhibe puntillos malvados de vez en cuando; Reese, un niñato violento algo mayor que Malcolm y el malote de su clase, aunque exhibe puntillos de honor; Dewey, el menor de los hermanos, algo trastornado y que combina a la perfección la cantidad exacta de maldad, de ternura y de locura (es mi personaje favorito, ¿se nota?) y Francis, un joven rebelde que se ha metido en innumerables problemas que han llevado sus huesos a una férrea academia militar —cuyo comandante tiene la voz ,en castellano, ¡de Adama padre!—. Sus progenitores son: Lois, una mujer siempre enfadada y que los humilla, los castiga y les grita sin parar —si la serie se hiciese hoy, ¡uf! Las asociaciones por la protección del menor no darían a basto, o algo; con lo remilgados que se han hecho en los últimos años— y Hal, un tipo extraño: olvidadizo, más permisivo que la madre y dominado por ésta a través del pánico.

La serie es tan hilarante como la recordaba. Los capítulos, de 21 minutos, son rápidos, entretenidos y casi todos tienen, al menos, un par de gags carcajeantes y varios risibles. Me sorprende ver que sacando a Bryan Cranston —Walter White en Breaking Bad— y a Jane Kaczmarek —varios papeles en cortos en series, incluyendo la voz de Constance Dañino en Los Simpsons (la juez cruel que encadena a padre e hijo, entre otras fantástica actuaciones)— el resto del reparto ha tenido más bien poco éxito.

En cualquier caso, si la recordáis con buenos ojos, pero dudáis, vedla. Si la recordáis con dudas, volvedla a ver; no os defraudará. Si no la habéis visto, tardáis.

Nota: 8,5. Una gran serie y un registro fantástico que añadir al palmarés de Cranston.