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viernes, 27 de febrero de 2009

Series...

Alias: la empecé a ver por ser del creador de LOST y Fringe, dos series que me gustan, pero no hay por donde cogerla. Es aburrida y cutre. Su gran aspecto positivo es que la chica es guapa. Poco más tiene. Conseguí acabar el primer capítulo.

Black books: humor absurdo sin gracia de ningún tipo sobre un tipo que tiene una librería. No aguanté ni 15 minutos.

Samantha Who?: una mujer queda en coma y, cuando despierta, no recuerda nada de su vida anterior. Según va recordando, descubre que antes era una zorra de cuidado y ahora quiere cambiar. Divertidilla. No es una gran serie, pero se deja ver.

Crusoe: la historia de Robinson Crusoe. Pensaréis, ¿y esto da, realmente, juego para una serie? La respuesta es no. El piloto dura una hora y veinte (eso no es un capítulo de serie, es una película) y podemos ver a un Crusoe que deja en braguitas a McGyver colocando trampas por su isla. La dejé de ver a la media hora.

Chuck: la historia de como un mindundi que trabaja en un servicio técnico recibe información confidencial y, de repente, se ve envuelto en un huracán de tiros y conspiraciones.

Bones: a decir verdad, la empecé a ver hace bastante, pero ahora la retomé desde el principio y, pese a su total falta de cohesión (la primera temporada consta de capítulos sin relación alguna) se deja ver y resulta interesante. Puede tener escenas desagradables para algunas personas.

Dollhouse: sé que empecé a verla y la quité un rato después, pero no recuerdo qué era lo que me echaba para atrás de la serie. Han sido demasiadas hsitorias en poco tiempo.

Scrubs: vi un capítulo, fue divertidillo pero no he seguido con la serie. La seguiré viendo y consolidaré mi opinión.

The office: una serie interesante (no más) que describe bastante bien el ambiente de competencia y putadas de una oficina (al menos el que yo me imagina, con esa secretaria vapuleada vilmente, esos trabajadores vagos y cretinos...). Su gran defecto, razón por la que solo he visto un capítulo, es que el jefe es un personaje demasiado histriónico y cargante. 

Cómo conocí a vuestra madre: no la he visto "ahora que he caído enfermo", la empecé hace cuestión de mes y medio (creo) y me he puesto a ritmo de emisión (van por la mitad de la cuarta temporada). El ritmo es muy ágil, el guión es divertido, rápido; los personajes desbordan carisma y, capítulo tras capítulos, se hacen con el cariño del público. Muy divertida y totalmente recomendable.

Monster: este es un anime basado en un cómic (manga) bastante oscurillo y sobrio. Sencillamente, esas estridentes voces típicas japonesas me han echado para atrás. Me daba dolor de cabeza. ¿Por qué a las chicas en los animes les ponen voces de chiquillas siendo violadas o apalizadas o algo así? Una lástima...

Ese es mi resumen de series.

Hale, aquí queda.

jueves, 26 de febrero de 2009

Fiebre

Con fiebre, tos y dolores varios llevo una semana prácticamente sin salir ni hacer nada mñas que ir a clase y salir el lunes de carnaval (cuyas fotos he colgado en el post anterior). Estos días en la cama me han... eh... permitido empezar diversas series, la mayoría de las cuales han sido malísimas y algunas, pocas, se han salvado. Dentro de unos días, cuando esté mejor y tenga más ganas de escribir, os informaré. De eso y de qué me parecen las PAC.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Carnaval 09




Estos carnavales nos disfrazamos de los personajes de Canción de hielo y fuego. Aunque al principio íbamos a ser bastantes más, fuimos muy pocos. Una lástima.

En cualquier caso, los disfraces quedaron bastante bonitos y lucidos y, por primera vez en mucho tiempo, llevé un disfraz abrigado.

Sansa, Jon, Eddard, Margaery, una salvaje



Nuestro barman y la camarera


Caffeine man y la salvaje

sábado, 21 de febrero de 2009

De melones y coronas [Espada Negra]

Nacho llegó junto al grupo, saludó con gesto y ofreció la bolsa. La sombra situada a su derecha cogió la bolsa y la abrió. Nacho se cruzó de brazos, para tener una mano cerca de la empuñadura de una de sus dagas que llevaba ocultas en la ropa. Quien había abierto la bolsa, la zarandeó ligeramente para que se apartase la fina capa de heno que cubría el melón y paró el movimiento. Nacho se preparó para desenvainar. Sylie tensó el arco, Nash y Bergan la siguieron. Kira y yo nos preparamos para cargar en cuanto las cuerdas restallasen en el silencio de la noche. «Es él – dijo la sombra, según nos enteraríamos más tarde». Nacho vaciló y se rió. «Claro que es él. Y ahora, la recompensa – respondió, imitando el sonido de monedas». La sombra del medio se acercó a él con una bolsa en una mano. «Aquí tienes. Ahora vete». Y así lo hizo, Nacho se alejó por el camino, dándonos un margen de error para las flechas.

 

Y las cuerdas restallaron con el frío chasquear de la muerte. Las sombras se volvieron hacia el lugar y una cayó con el pecho atravesado por una flecha; otra gritó cuando una flecha se le clavó en el muslo, fue un grito de mujer; la última, la que todavía sostenía la bolsa, se arrojó al suelo. Nacho desenvainó dos dagas y puso una sobre el cuello del que se había arrojado al suelo. Cuando Kira y yo llegamos allí, el hombre estaba suplicando por su vida, prometió rendirse sin presentar batalla y, perdonado, partió ante los gritos e insultos de la mujer, que lo acusaba de traidor. «¿Y tú eres, pequeña zorra – le espetó Nacho posteriormente». Ella le escupió. Él respondió. Ella escupió dos dientes. No a él, los escupió, dolorida, al suelo y llorando, dijo: «No podéis hacerme esto, soy… importante, soy de buena familia; puedo pagaros más de lo que hayan ofrecido por mí: el doble, ¡el triple!». «Nuestro trabajo ya ha sido firmado, ¿qué clase de profesionales dejarían el trabajo a medio hacer?». Ella sollozó y moqueó. «Pero puedes decirnos quién quiere muertos a los Baeris». Y creyendo en su redención, nos lo contó. El hijo menor de los Baeris, un crío, estaba prometida con una hija de los Daju, una familia venida hacía décadas de El Jorat que se había labrado una fortuna con el comercio. La posibilidad de adquirir grandes tierras dependía de sacarse de encima a los hijos mayores de la familia Baeris y, justamente eso, era lo que estaban haciendo.

Nash asistió a la conversación sin moverse. Cuando la mujer terminó de explicarse, lo miré, y él se llevó un dedo al cuello y lo movió de un lado al otro, lentamente. Ella gritó, se revolvió y siguió llorando. Nacho no vaciló y con un rápido movimiento de dagas, la dejó desangrándose por amplios cortes en la garganta.

 

Esa noche me alejé con Nash y con Deva, así se llamaba la chica de la cabaña de los pastores, para preguntarle qué quería hacer respecto al trabajo. Era una situación muy tensa, era algo obvio. Dijo que no quería que su familia lo relacionase con el caso, así que no podría pagarnos. Que lo sentía y que se ofrecía a ser una Espada Negra y trabajar para nosotros como pago. Aquel día, aunque acepté, decidí que de ahí en adelante, cobraríamos la mitad por adelantado. No es que nos viniese mal otro compañero, la verdad, pero era una situación que no podía repetirse una y otra vez.

 

Al día siguiente, tras liberar al prisionero y decirle que avisase a la familia Daju de que si volvían a mover hilos, aparecerían brutalmente asesinados, y no de forma rápida como la señorita del campo de trigo. Nunca volvió a pasar nada, la familia Baeris vivió tranquila durante años o, al menos, no fueron preocupaciones tan profundas como para que llegasen a Magnia.

 

Así pues, volvimos triunfantes y con un nuevo miembro de la Espada Negra, nuestro cocinero y silencioso compañero Nash; pero no cobramos una mísera corona por ello. 

viernes, 20 de febrero de 2009

Niño anestesiado



La ortografía de los universitarios

En esta noticia se critica la ortografía de los estudiantes universitarios.

¡Me revienta! Que sí, que muchos estudiantes escriben horriblemente mal, soy consciente, pero... ¡coño! Tengo profesores que escriben "questiones", tengo profesores que parece que no saben colocar comas o poner tildes.

¿Cuántos de mis profesores dicen "estadíos de desarrollo", en lugar de "estadios de desarrollo" (podéis comprobarlo en el diccionario de la Real Academia). ¿Cuántos utilizan indiferentemente términos en gallego cuando hablan en castellano o viceversa? Podría seguir un rato largo quejándome de esta clase de cosas y, entonces, me toca la moral leer noticias como éstas. Que sí, que el hecho de que ellos también escriban mal no exculpa a los estudiantes, lo que digo es que el hecho de que ellos también escriban mal les quita, creo, el derecho a quejarse o, al menos, la coherencia de su queja.

jueves, 19 de febrero de 2009

En los tiempos que corren...

el racismo diferencia la ley.

Y no me parece bien.

Lo siento mucho.

Me explico:

Hoy, en las noticias de Tele5 (me coincidió, no es que vea demasiado la televisión), dieron la noticia de que van a juzgar al palurdo que pegó a una mujer ecuatoriana en el metro (o tren, no lo sé) de Barcelona (creo, ¡qué lleno de dudas estoy!) . Hasta aquí, bien. Merece ser condenado por dar de hostias a una persona. Totalmente de acuerdo.

Ahora bien, dicen que cumplirá tres años de prisión por violencia y agravante de racismo. Literalmente. Y me toca la moral pensar que si llega a pegar a una persona blanca española cumpliría menos condena. Me atrevo a sugerir más: que si pegase a un varón blanco español con edad comprendida entre los 18 y los 45 (utilicemos estos valores como los del varón adulto medio en España) tendría una condena menor.

Y aquí, disiento. Me parece una mierda, así de claro. La pena debería estar por la paliza y debería ser la misma pegase a quien pegase. ¿Si pegase a una mujer (bueno, que lo hizo...) merecería más condena? ¿Si pegase a un negro (si alguien se exalta/molesta por el término, por favor: fuera de mi blog) merecería más condena? La respuesta es "no". En ningún caso. ¿O sí? Personalmente creo que merecería más condena, efectivamente; pero que merecería más condena zurrase a quien zurrase. Las condenas en España me parecen leves en demasía, pero los agravantes de este tipo me parecen ridículos. ¿Agravante de premeditación? Bien. ¿De ensañamiento? Bien. Pero suponer que pegar a una persona de otra raza, sexo, religión o lo que sea, es peor que pegar a otra persona cualquiera, me parece un fracaso a nivel de justicia. Simple y llanamente.

Aunque, visto está, es la sociedad que tenemos. Y es triste.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Contigo no, bitxo

Quiero aclarar, en primer lugar, que este blog no pretende defender ninguna campaña política y que la mano anónima que teclea los textos, cree que son todos una panda de mentirosos y payasos (con todo el respeto para los payasos de profesión). Aclarado esto, os dejo con "Contigo no, bitxo":


Reloj poblacional

¿Alguna vez os habéis preguntado cuántos habitantes tiene nuestro planeta? ¿En qué medida crece este valor año tras año, mes tras mes, día tras día o minuto tras minuto?

Pues resulta que ayer mismo, en clase de ecología, nos mostraron esta página: una muestra seria (se supone) de este tipo de cosas y me pareció enormemente curioso (alarmante ya me parecía con los datos que manejaba: el típico "hay seis mil millones de personas en el mundo").

¿Queréis saber qué número de personas se estima ahora? La respuesta, aquí.

Y, de regalo, la misma cifra para EE.UU.

lunes, 16 de febrero de 2009

Human Error Processor 1.5 - Masamune Shirow

Parte 1,5 de Ghost in the Shell (creo) que describe las aventuras de Batô y Togusa durante la investigación de una serie de casos.

Supongo que todos los fans de la saga opinarán que esta es la peor de las partes, lejos de la creación de máquinas e ingenios, lejos de la explicación del hardware y el software de los cyborgs de Shirow, pero, personalmente, a mí me ha encantado poder leer un cómic de Shirow y no parecer que estoy echando un ojo a una enciclopedia. Tiene un tono... de lectura normal.

Fresco, rápido, relativamente divertido y, de fondo, las típicas historias del universo de Shirow.

Medidor de trilogías

Vía Microsiervos, vi esta pequeña imagen:



http://15.media.tumblr.com/IwM8PIQ02jtoio9fQMkOLehto1_500.jpg

No es que esté completamente de acuerdo con la lista, por ejemplo en Alien (creo que la mejor es El octavo pasajero, o con Blade, que considero que las 3 son malas con ganas, pero bueno, en cualquier caso creo que me afilio bastante a sus opiniones.

domingo, 15 de febrero de 2009

Caffeine man




Este video es de Danolas, estudiante de publicidad de tercer año.


Por promocionar al chaval xD.

sábado, 14 de febrero de 2009

El encargo de Nash

Nash era aquel hijo superviviente. No tenía una sola corona consigo, pero era hijo de los Baeris, con lo cual tenía acceso a dinero. ¿Por qué Nash? Para ocultar su identidad y su implicación en la contratación de la Espada Negra. En privado me dio su nombre y firmó el contrato, tal como estipulaba la ley: se llamaba Johann, pero nunca dio su nombre al grupo.

 

El viaje transcurrió sin contratiempos. Hacia el norte, por pequeños caminos desdibujados entre los árboles, a través de pueblecitos. Tardamos en cuatro días en llegar a una cabaña de pastores. Nash señaló aquel lugar y nos dirigimos a él. Dentro había una mujer y un hombre. «Hola – saludó la mujer a Nash – es un placer volver a verle. ¿Estos quiénes son?». Nash llevó a cabo una serie de gestos ininteligibles y la joven asintió. Entonces nos enseñaron a su prisionero, un hombre con la cara amoratada, las uñas arrancadas, al que le faltaban un par de dientes que, tendido en un lecho de paja, atado de pies y manos, dormitaba o, al menos, evitaba despertar la ira de sus vigilantes.

 

Pasamos allí el resto del día y la noche. La joven resultó ser una chica reservada y poco habladora. El hombre habló por los codos y nos relató los cotilleos y noticias del pueblo. No fue una conversación interesante. Fue ya de noche cuando Nash señaló al prisionero e hizo gestos para que lo acercasen. Y lo trajeron.

 

El hombre se acercó a él y lo agitó sobre su lecho de paja y, ante su reticencia a levantarse, le propinó una patada en el costado. «Levántate, hijoputa – le dijo». Acercaron al hombre y lo pusieron cerca de nosotros. «Interrogadlo – nos dijo la joven». Le preguntamos quién lo había enviado y nos lo contó sin tapujos, mientras sus dos vigilantes asentían. Ya había contado esa historia, era obvio, y tenía toda la pinta de ser cierta. La tortura a la que lo habían sometido a lo largo de saben los dioses cuánto tiempo había dado sus frutos.

 

Trabajaba para la familia Meier, cuya hija menor estaba emparentada con el hijo menor de la familia Baeris. Si esto era cierto, y parecía serlo, esto haría que el asunto se volviera mucho más íntimo, visceral y peligroso. Necesitaríamos pruebas, pruebas más profundas que las palabras de un preso. «¿Cuál era tu encargo? – le pregunté». «Matarlo – respondió señalando a Nash con un gesto de cabeza». Eso nos daba una ventaja, una gran ventaja. «Y una vez asesinado, ¿qué harías?». «Encendería tres hogueras con Nigra fumi,  y esa noche me acercaría a los campos de triego que hay al noroeste del pueblo. Allí me reuniría con ellos y les en… – pareció dudar al decir esto – les entregaría su cabeza». «¿Dónde encenderías esas hogueras?». Nos dio explicaciones detalladas de dónde lo haría y nos despedimos. «Si nos has mentido, rogarás que te matemos – le avisé – y la tortura que has sufrido hasta ahora te parecerán el beso vicioso de una amante alocada». Él asintió y no dijo nada más.

 

Al amanecer salimos de la cabaña dispuestos a conseguir la planta en cuestión y a prender las hogueras. Nos llevó gran parte del día. Durante este proceso, Nash se mantuvo muy al margen. La noticia parecía haberle impactado… y herido. No era una batalla cómoda de librar, aquello era obvio; pero, a decir verdad, si no quería dar su identidad, esto iba a suponer un agravante. Nuestra recompensa empezaba a tambalearse.

 

Esa misma noche nos dirigimos a los campos del noroeste y, efectivamente, allí estaban. Tres figuras tan embozadas como nosotros, tres sombras entre los campos de trigo que no se molestaban en disimular sus armas. Nosotros, que íbamos prevenidos, habíamos rodeado el lugar y observábamos desde lejos. Solo Nacho iba a acercarse, porque era el que más daba el pego del hombre que nos había dado la información. Portaba un saco lleno de heno, y en el heno iba un melón al que le habíamos pegado crines de caballo con grasa de vaca y al que, con gran esmero y pocos resultados, le habíamos tallado ciertos rasgos de cabeza. Nacho se dirigió a ellos con sus armas ocultas, salvo su espada ropera y el saco a la espalda, mientras nosotros nos desplazábamos alrededor del lugar planeando el momento en que descubrieran el engaño. En ese instante de vacilación, nuestras flechas caerían sobre ellos, justo cuando nuestro hombre se apartase. El plan tenía que salir al milímetro si queríamos capturar al líder con vida.

viernes, 13 de febrero de 2009

Mundoabsurdo, segundo día [pt.3]

- ¿Están viniendo hacia aquí esos árboles? – murmuró Alberto.

 

- Claro, son árboles educados – respondió Ernest sin darle mayor importancia al asunto.

 

Y así era. Un grupo de seis árboles se acercaba a la mayor velocidad que un cuerpo de corteza puede permitirse. Lo cual era mucha más velocidad de lo que cabía esperar en un árbol. A unos cinco minutos de distancia el árbol que iba en cabeza se detuvo y alzó sus ramas amenazantes. Su voz sonó en el bosque como suena un montón de piedras chapoteando en un charco de barro:

 

- ¡Fuera de mi propiedad!

 

Alberto, conmocionado, no sabía si sentirse más impactado por el hecho de que aquellos árboles se moviesen o porque conociesen las más refinadas técnicas de amenaza. «Esto es… dantesco».

 

- Comprendemos vuestras preocupaciones – comenzó Ernest – pero este es el único camino hacia las Montañas Permanente Nevadas.

 

El árbol que había hablado previamente bajó sus hostiles ramas. «Bueno, parece que la cosa marcha».

 

- Este camino es el único camino hacia las Montañas Permanente Nevadas y es nuestra propiedad. Si queréis seguir tendréis que pagar el peaje – tronó la voz del árbol con suma lentitud y con notable crueldad, como el ruido de cascotes desplomándose por una ladera sobre escaladores inocentes.

 

«¡¿El peaje?! El capitalismo ha llegado lejos aquí. Árboles pidiendo peaje. Si al final va a ser cierto que nosotros nos quejamos por quejarnos».

- ¿Que tenemos que abonar? – preguntó Alberto.

 

- ¡Oh! ¿Sabes que tenemos que abonar? Me sorprende que conozcas el procedimiento. No sabía que en las Tierras de la Lógica los árboles cobraban peaje.

 

- Oh, bueno, los árboles no; los árboles los talamos y hacemos palillos y papel y… y muebles.

 

Ernest miró a Alberto confundido.

 

- ¿Y os cobran el peaje a posteriori?

 

- No, no; los árboles no cobran peaje. Los dueños de las autopistas cobran peajes.

 

- ¿Y por qué los dueños de las autopistas quieren el abono? – el rostro de Ernest empezaba a parecer completamente consternado.

 

- Para engrosar sus cuentas bancarias.

 

- ¡¡¿Lo almacenan?!! – Ernest parecía repugnado con una cara como la de un niño pequeño al que dan por primera vez puré de puerros. O limones – ¿¿Qué clase de banqueros tenéis en las Tierras de la Lógica??

 

- Cerdos, auténticos cerdos – sonrió Alberto, contento de compartir por primera vez una opinión de Ernest.

 

- No, ya… es… es enfermizo.

 

- Comprenderéis que mi tiempo es valioso – interrumpió la lenta y chasqueante voz del árbol.

 

- Claro, claro – respondió Ernest – ahora mismo abonamos el peaje.

 

Alberto comenzó a tocarse los bolsillos en busca de la cartera. Escuchó el sonido inconfundible de una cremallera al bajarse. Miró a Ernest, que se había bajado los pantalones y estaba acuclillado allí, a la vista de todos. Bueno, de él y de los árboles.

 

- ¡¡¿Pero qué coño estás haciendo??!

 

- Ehmm… ¿abonar? – respondió Ernest tras unos instantes de vacilación.

 

 

Un cuarto de hora después, ya caminando por el bosque, Alberto, informó con voz tímida.

 

- Nunca habría pensado que se referían a… a eso.

 

- ¿Qué? ¿No hacían lo mismo los de las autopistas?

 

- No, no; los de las autopistas piden dinero…

 

- ¿Pensabas que los árboles querrían dinero? ¡Qué absurdo! Si hacemos el dinero con ellos… ¿te imaginas a alguien cobrando un sueldo en filetes de persona?

 

- Qué imagen tan asquerosa…

- Pues para ellos lo mismo…

 

Y Alberto se sintió ligeramente disgustado al encontrar cierta lógica, bastante rebuscada, enfermiza y absurda, al razonamiento de Ernest. «O devoras este lugar, o este lugar te devora a ti».


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Gracias a Danolas por su inestimable ayuda. Y pronto, espero, la versión ilustrada

jueves, 12 de febrero de 2009

Mundoabsurdo, segundo día [Pt. 2]

Y así, tras el café, abandonaron la cómoda casa de Ernest y pasearon por las calles de la ciudad. Aún no habían apagado aquellas farolas que formaban ángulos imposibles en su incómoda manera de tomar altura, aunque su luz ya era difícil de percibir contrastada con los rayos de un Sol alzándose.

 

Alberto examinaba las calles y la gente que salía apresuradamente para ir a trabajar.

 

- ¿Hay muy pocos coches, verdad? – comentó.

 

- Sí… en un coche hay muchas piezas que pueden fallar y muy poca gente que sabe qué hacer llegado ese momento. Solo quienes se pueden permitir un nuevo coche cada vez que se avería tienen una de esas cosas. La gente normal camina o coge una bicicleta – respondió Ernest con sencillez.

 

- ¿Y por qué no enseñáis a la gente a arreglar los coches?

 

Ernest miró a Alberto con una sombra de duda y enarcó una ceja.

 

- Porque muy poca gente sabe arreglarlos.

 

Alberto asintió:

 

- Claro, por eso, concretamente, deberíais enseñar a más gente a arreglarlos.

 

- Ahá, ¿y quién debería hacerlo?

 

- Alguno de los que sabe hacerlo, por supuesto.

 

- A ver, Alberto, tú eras un ordenatólogo de ésos, ¿no?

 

- Un informático, sí.

 

- Ahá, y cuando alguien tenía un problema con su ordenador, ¿qué hacías?

 

- Se lo arreglaba.

 

- ¿Se lo arreglabas o lo instruías para que pudiera valerse por sí mismo y tú redujeses tu probabilidad de encontrar trabajo?

 

- Pero en mi mundo hay muchos informáticos… es normal que defendamos nuestros intereses, además sería muy trabajoso instruir a todo el mundo. Es imposible…

 

- Aquí saben arreglar coches unos cuantos y no quieren que los demás sepan hacerlo. ¿Tan extraño te parece?

 

- Pues sí, como iba diciendo…

 

- Como ibas diciendo, en tu vieja vida tú sabías arreglar unos aparatejos y el resto de la gente no. Sí, es una gran diferencia.

 

- ¡Es una diferencia numérica!

 

- Es una diferencia falaz. Falaz por cantidad. Si todo el mundo sabe todo no hay negocio, sin negocio no hay economía, sin economía no hay riqueza, sin riqueza no hay investigación, sin investigación no hay portales interdimensionales, y sin portales interdimensionales tú no estarías hoy aquí.

 

- Yo no quería estar aquí – refunfuñó Alberto.

 

- Ya, por eso: menos mal que hay negocio. ¿Te imaginas que tuviéramos que esperar a que la gente que quisiese venir a un mundo que no conoce encontrase la forma de hacerlo? Sería absurdo.

 

Alberto siguió caminando en silencio sin saber muy bien que responderle. Fueron dejando atrás calles y calles, pronto los edificios extraños se convirtieron en casitas extrañas, después en campos extraños y, no tan pronto, en un bosque extraño.

 

- ¿Y esto es? – preguntó Alberto que miraba aquellos árboles extraños, que parecían tener ojos y nariz como si fuesen a darle un ramazo y decirle “fuera de mi propiedad” entre gritos y amenazas.

 

- Los grandes bosques de los Estirados, claro. Te di la ruta hace unas horas, ¿ya la has olvidado?

 

- Es que son nombres tan rid… extraños.

 

- ¿Qué tienen de extraño?

 

- ¿“Grandes bosques de los Estirados”?

 

- Por ejemplo.

 

- Pues que… suena a nombre de broma…

 

- Cuando veas a un Estirado no te parecerá un nombre tan “de broma” – contestó Ernest –, nuestros nombres están sometidos a un escogimiento totalmente lógico, ordenado y razonado. Y, personalmente, creo que tendríais mucho que aprender, vosotros que ponéis nombres al azar, por lo que responden a vuestras preguntas indígenas que nunca han oído vuestro idioma.

 

- Pero…

 

- Pero nada, a partir de ahora, silencio.

 

Y en silencio caminaron entre aquellos árboles que parecían girarse para observarlos, para tenerlos controlados; y que parecían apartarse ligeramente para dibujar una senda clara de la que no se desviasen.

 

«Este lugar es total y absolutamente maquiavélico – pensaba  Alberto – como si en cualquier momento uno de esos árboles que están viniendo hacia aquí ahora mismo fuesen a… ¡coño! ¿Están viniendo realmente hacia aquí?»

miércoles, 11 de febrero de 2009

NWN 2

Creo que voy a retomarlo, ahora que tengo equipo y tiempo, aunque después del Mass Effect creo que me va a parecer una historia un tanto tosca y carente de gracia.

La verdad es que en el momento en que compré este juego (en edición de coleccionista, recién salido), esperaba un Neverwinter Nights 2 con todo lo que aquello implicaba, es decir, una segunda parte de NWN; pero no, obtuve un juego lento, con una historia bastante mal llevada (tampoco es que la del primero fuese la panacea, pero coño, al menos era un juego ágil), con unos gráficos que se habían vendido como si fuesen a romper la malla del mercado y que, al final, se quedaron eclipsados por la magnificencia de su anuncio.

Ahora, con una tarjeta gráfica potente, dispuesto a poner todo el máximo y disfrutarlo más en plan cine que videojuego, veré qué comentar de uno de los juegos, creo, que más me decepcionó en su momento.

Lo siento por sus fans incondicionales. Para leer cosas bonitas sobre cualquier cosa hay muchos otros sitios en internet.

Por cierto, siguiendo con las críticas: la edición de coleccionista era una mierda: el mapa era cutre, el anillo era una chatarra y la figura... dios, la figura era bastante fea. Eso sí, la caja por fuera era preciosa. Por comentar puntos metajueguiles.

martes, 10 de febrero de 2009

L

Digno poseedor de carnet de conducir.

Sin más anotaciones.

Bueno, sí... una. Me sigue pareciendo irónico que en el examen se deba ir a más de 80 en autovía y que luego no se pueda exceder esa velocidad durante el primer año, tiempo previsto hasta la adquisición de cierta soltura.

Ronin - Frank Miller

Este cómic, del autor de Sin City, 300, El Regreso del Caballero Oscuro y demás (todas muy conocidas porque han salido por la puerta grande en el mundo del cine), nos presenta la historia de un ronin (un samurai que ha perdido a su señor o que ha perdido su favor) que se... ehm... ¿reencarna? en un tipo sin brazos ni piernas pero con unos poderes psíquicos en plan mago de D&D en un siglo XXI pseudoapocalíptico. ¿Su misión? Acabar con el asesino de su señor, el demonio Agat, que también ha aguantado todos estos siglos para darse de hostias una última vez.

¿Qué bien suena, eh?


Bien. El caso es que si la idea no parece especialmente interesante (y me dan igual los resabidillos y la gente que opinaría que un escupitajo de Miller en un folio es una gran obra que merece ser respetada y llevada al cine), el guión tampoco acaba de serlo. Bueno... Miller tiene un estilo de dibujo interesante y Varley tiene un juego de colores impresionante, podríais replicar... pero el dibujo de Ronin se ve sobrecargado de trazos y de sombras (cosa que puede quedar bien, como cualquier obra de Sam Kieth, mi querido dibujante manco), las sombras juegan mal con el resto
 de colores (en mi profana opinión, dado que nunca he destacado por mis dotes con los lápices).

El cómic se lee con comodidad pero sin ganas, la historia no captura, no engancha, no incita a seguir leyendo. Personalmente, siempre había leido que ésta era una de las obras maestras del cómic y, a decir verdad, mi decepción no podía haber sido mayor: una lectura aburrida, tosca, un dibujo feo (aunque ágil, ese creo que es el único punto positivo que le doy), una historia demasiado larga para lo que termina contando (una historia de venganza típica sin demasiada chicha, con tetas y cierta confrontación racista de fondo a la que se le podría haber sacado más juego).

Mediocre de principio a fin.

En resumen: si queréis leer un buen cómic, hay docenas de cómics mejores; si sois unos fans incondicionales de Frank Miller leedlo como leeríais cualquier otra cosa suya; es decir, dispuestos a decir que es una de las mejores obras de la historia del cómic sí o sí.

P.D.: oh, y según he leido, piensan hacer película de esto. ¿Cómo no? Ya tiene el nombre hecho, reíros de lo del escupitajo, pero es lo que queda...

lunes, 9 de febrero de 2009

Feliz cumpleaños, N.

Feliz cumpleaños, pequeña Natalia.

Aunque ya te felicité en persona, acompañada la felicitación de un gran regalo, quede patente una felicitación escrita antes de terminar el día.

Nuestros inicios como Espada Negra

A partir de este punto, perdimos nuestros rostros. Íbamos con la cara cubierta en todo momento. Éramos sombras, siluetas ataviadas completamente de negro y con las armas exhibidas. Y así pasaron días hasta que alguien osó llamar a nuestra puerta. Por las calles ya habían empezado a correr los primeros rumores: había quien decía que éramos hijos del Mal, enviados a traer la oscuridad al mundo; quien decía que éramos brujos que hacían pactos con demonios y quien decía que éramos bestias que devoraban a sus víctimas. En aquel momento nos hacía cierta gracia pensar que alguien pudiera creer que exigiríamos su eterna alma como pago. A decir verdad, hoy aún me parece increíble.

 

El caso es que un día como otro cualquiera alguien llamó a la puerta dando pie a nuestras andanzas. Fue extraño. Era un hombre, bastante joven, algo mayor que nosotros pero más joven que Nacho. Era un siervo de la Venganza y su maestro había muerto asesinado, quería justo castigo y se ofrecía a sí mismo como pago. Éramos pocos y necesitábamos a más gente para cubrir huecos en nuestras especialidades. Y aceptamos. Fue nuestro primer trabajo, aquel día se decidían muchas cosas. Lo cierto es que esa noche dependimos mucho del pequeño Yoel. El muy cabrón sabía magia. Increíble. Nunca nos explicamos muy bien cómo, pero el crío, de repente, lanzó unas luces y ellos se cubrieron los ojos con las manos durante unos instantes, entre gritos. Y no hubo piedad. No podía haberla. Era lo que había que hacer. Y se hizo.

 

Así, un seguidor de la Venganza llamado Bergan Tsar se unió a nuestras filas y fue, durante un tiempo, nuestro curandero, pues en casi todos nuestros encargos alguno de nosotros acaba herido o magullado. Este hombre conocía gran número de plantas y sustancias y las administraba con mano hábil. Nunca pidió nada ni dio su deuda por saldada, nos acompañó hasta el final, aunque tuvo una muerte prematura y desdichada.

 

Así, con encargos varios entre artesanos que veían peligrar sus negocios a causa de la competencia, con mujeres traicionadas y demás, fuimos sobreviviendo durante unos meses. Todo Osmia había escuchado hablar de la Espada Negra para entonces, aunque muchos seguían creyendo que éramos demonios.

 

En este momento, Yoel iba a la escuela de magia de Osmia, un edificio antiguo donde las pocas personas capaces de utilizar las artes místicas se reunían a aprender, enseñar y practicar y todo nos iba a pedir de boca. Nos habíamos labrado un pequeño nombre e incluso participábamos en el Bajo Consejo de Osmia, junto a prostitutas, mendigos y asociaciones de dudosa reputación, como ladrones y asesinos.

 

En Osmia hay tres centros reguladores de poder. Las decisiones de los inferiores pasan a los superiores como un voto con un valor de un punto gremial. Estos centros son el Bajo Consejo, el Consejo y el Alto Consejo. En todos ellos la nobleza puede romper un desempate en votaciones como crean conveniente y de forma irrevocable salvo renuncia. No es que participar junto a los demás asesinos del Bajo Consejo fuese una gran posición pero, como decía Nacho, era una posición mejor que ninguna.

 

Y un día recibimos nuestro primer gran encargo. Una de las pequeñas familias nobles del norte de Omynd estaba siendo atacada por alguien, un enemigo desconocido que había matado a uno de los hijos mayores y había intentado matar a otro. No sabíamos a quién teníamos que dar caza, ni cómo hacerlo. Pero la recompensa era cuantiosa y con avidez nos dirigimos allí. Volveríamos triunfantes y con un nuevo miembro de la Espada Negra, nuestro cocinero y silencioso compañero Nash.

domingo, 8 de febrero de 2009

Left 4 dead - Valve

De la compañía que hace de un shooter una obra de arte, salió hace unos meses Left 4 dead, un juego donde nos enfrentamos a tiro limpio y sin demasiado tiempo para pensar a hordas de infectados (los zombies superveloces y ágiles de 28 días después) intentando sobrevivir a lo largo de distintas fases.

La gracia de este juego, en realidad, está en el modo online; con un modo cooperativo y un modo enfrentado en el que encarnaremos a los supervivientes de la infección o enfrentaremos a estos contra personajes zombie que harán imposible la vida de los supervivientes.

El juego es simple: disparar y culatazo (controles del ratón), saltar, agacharse, linterna, usar, recargar y movimiento (teclado). Shooter normal tirando a simple. ¿En qué destaca? Es divertido, frenético y estratégico. Definitivamente, tener una buena estrategia a la hora de actuar facilita mucho las cosas; el quid de la cuestión es que, en general, no hay tiempo para pensar una buena estrategia. Si te paras demasiado tiempo te atacará una oleada de zombies que te ha detectado, si te dedicas a correr te encontrarás con situaciones imprevistas. Así pues, ¿qué harás?

Con las balas contadas (es necesario jugar bien para que lleguen hasta el final de fase) y el factor estratégico de los medpacks y los cócteles molotov, los supervivientes deberán enfrentarse a zombies, smokers (unos tipos que te atan con su lengua y te arrastran hasta ellos), hunters (spidermans no-muerto), Boomer (unos gordos que te vomitan atrayendo sobre ti, cegado por la sustancia, a una horda de infectados), Tanks (unas bestias que aguantan cargadores enteros de las armas más potentes y cuyos puñetazos te catapultan por el escenario) y Witches (unas niñas con fotofobia y ganas de estar solas que, enfurecidas, matan de un solo golpe).

Un apartado sonoro bien llevado, un apartado gráfico con buen nivel (típico de Valve, cabe decir) se contraponen con una ausencia prácticamente total de guión. Left 4 dead va a lo que va: mata y sobrevive. La sensación es muy... terror de serie B, tremendamente efectiva para un juego del estilo.

El modo un jugador, en cualquier caso, debido a esta ausencia total de guión, palidece de forma exagerada frente al multijugador, en el que el dinamismo que ofrece cobra mucha más importancia que el hilo conductor de la historia.

En resumen: un juego divertido, fácil, rápido y estratégico que hará las delicias de todos los que, en tiempos, disfrutaban de las partidas en LAN, algo que, últimamente, se ve cada vez menos.

sábado, 7 de febrero de 2009

Sobre las lluvias en Australia...

Quizá alguno me haya tomado por exagerado cuando decía que Australia era un lugar terrible en el que cualquier cosa puede acabar con nuestras vidas.

Si aún os quedaba alguna duda de ello, aquí tenéis.

Conocéis el dicho inglés de "it's raining cats and dogs", pues este titular es la diabólica versión australiana.

Podrían ser la nueva Esparta.

viernes, 6 de febrero de 2009

Agrupación

Los días se sucedieron en aquella casa. Era una casa robusta de piedra gris, de dos enormes plantas y un fayado en el que podría vivir una persona. En la primera planta había una lujosa entrada, a cuyos lados se abría una sala de reuniones, en cuyo centro una gran mesa oval con diez sillas era todo lo que parecía verse; y al otro las cocinas, un lugar espacioso para que pudiesen trabajar cómodamente varios criados. Contigua a la sala de reuniones, siguiendo el corto pasillo que salía de frente en la entrada, había una sala grande vacía, con algunos estafermos y dianas. En esta sala, unas escaleras conducían al segundo piso, en el que estaban las habitaciones. Allí, una pequeña escalerilla de mano, en el pasillo, conducía al fayado. Nos llevó varios días limpiar aquel lugar, cazar a los ratones y a las ratas. Luego, los problemas fueron otros. Sylie salía cada mañana a comprar una comida modesta con el dinero que nos quedaba. Una persona podría vivir un mes con aquello, cinco no podían hacer mucho. Pedirle dinero a Nacho, apenas conocido, sería mostrar debilidad, la debilidad engendraría desconfianza y en una situación peliaguda, la desconfianza le haría poner tierra de por medio. Un grupo tiene que estar unido, compartir unos intereses y, ante todo, que cada pieza esté dispuesta a darlo todo por todas las demás.

 

No fueron tiempos fáciles. Nos quedaban cinco coronas cuando Sylie empezó a robar gallinas, muy temprano, antes del canto del gallo. Dejamos varias en la parte exterior de la casa, una pequeña parcela que aprovechaba el ángulo de la casa. «Pronto tendremos un problema – me dijo Sylie». Y tenía razón, no podíamos seguir así indefinidamente. «¿Crees en la suerte? – le pregunté». Ella me miró extrañada y luego señaló la casa y enarcó una ceja. «Ehm… sí, claro que creo en la suerte. Hasta hace nada vagabundeábamos y buscábamos un suelo mullido o un tugurio infestado de pulgas». «¿Y confías en ella?». Inspiró con fuerza y abrió exageradamente los ojos, «¿qué estás pensando?». «Encomendarnos a la Suerte que nos ha dado todo y pedirle un último favor – le respondí». Su mirada decía claramente: “la suerte te ha dado todo lo que te iba a dar”, pero no replicó nada. Esa noche fuimos a dormir temprano y a la mañana siguiente fui el primer en salir. Llevaba conmigo las últimas cinco coronas. Si salía mal, pensaba, tendríamos que plantearnos robar dinero, cosa que no entraba en lo previsto; si salía bien, pronto nuestros acuciantes problemas económicos tocarían a su fin. Solo había que jugar bien nuestras cartas.

 

Cuando volví a casa todo el mundo preguntaba por el gran rollo de tela negra que llevaba en brazos. Lo desenrollé y esperé expectante sus caras. Contemplaron la enorme bandera con el símbolo de la Espada Negra. Nacho asintió con su típica sonrisa: «me gusta, me gusta – dijo». «¿Y eso… para qué nos vale? – preguntó Yoel». «Toda agrupación necesita un símbolo bajo el que reunirse – le respondí». «¿Y qué agrupación somos nosotros? – preguntó Kira». «La Espada Negra – dije señalando la bandera – una espada mercenaria» . No sé qué pensaréis al respecto, pero como ya he explicado, en Osmynd es una opción válida y legal. Sylie asintió con seriedad, Nacho estiró un poco más su sonrisa, Kira nos miró sorprendida y vaciló. «Vamos a… ¿matar gente? – preguntó Yoel». «Otras personas van a matarlos, Yoel, nosotros solo seremos los medios. ¿Es una espada quien te mata o es la persona que empuña la espada? Somos la Espada». Yoel bajó la cabeza y, en silencio, asintió. No estaba convencido en absoluto de lo que yo le decía. «Matar es matar – murmuró». «Yoel, no te obligaré a quedarte, siempre puedes irte por dónde has venido». Él nos miró con tristeza y angustia, con miedo a quedarse solo. «¿Y si… él… no participa en nuestras acciones? – preguntó Kira – Yoel sabe leer y… cocinar. Y es un chico de confianza, ¿qué tal si…?». «¿Si se queda como escl… criado, dices?». Y fue así como Yoel se buscó su primer puesto en la Espada Negra, aunque su moral también acabaría sucumbiendo y finalmente se hiciese uno de nosotros. Una Espada Negra de verdad, hasta el final.

 

Esa noche, en la mesa de la sala de reuniones todos firmamos una notificación para el gobierno conforme establecíamos un grupo de combatientes a sueldo. Mientras, en la fachada principal, de un asta, colgaba nuestra bandera, el símbolo de nuestra agrupación. La Espada Negra pendía sobre las calles de Magnia y las primeras habladurías pronto empezarían. Lo normal no era que los asesinos y los ladrones se anunciasen de forma tan… obvia, representábamos un salto, e intentamos dar el salto de la mejor forma posible. En aquel momento todo empezaba para nosotros, pero a decir verdad, ni siquiera yo concebía en que íbamos a acabar metiéndonos.