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martes, 28 de abril de 2009

Shanil [Espada Negra]

Y nuestra vida siguió. El paso de los días hizo que recordasemos a Ibbenhalassid como si se tratase de un mal sueño. Los orcos, los elfos y demás criaturas volvieron a las leyendas de las que habían salido. Vivimos nuestra corriente vida de asesinos humanos en un mundo de humanos, despertando alguna noche con la imagen de un orco con un ojo pintado en la frente que nos miraba con frialdad, como evaluándonos, y luego asentía; o soñábamos con Ibbenhalassid, que nos decía que el momento se acercaba, o soñábamos con las flechas de los elfos que asomaban negras y mortíferas de entre los árboles. De nuevo fue el tiempo quien apaciguó los miedos y los ánimos. Y todo se calmó hasta que apareció Shanil.

Nacho Ericsson ya estaba llevando su doble vida para entonces. Había sido contratado como uno de los miembros del servicio de inteligencia del rey Renne, gobernador de Osmynd, y desempeñaba su trabajo con discreción y elegancia. Pasaba cada vez menos tiempo con nosotros, a decir verdad. Y fue así hasta que un día vino a llamarnos un hombre, llamado Arthur, que trabajaba para Nacho. Al parecer había llegado a la ciudad un tipo muy raro y había pedido audiencia con Renne, querían que lo tuviéramos controlado. Nacho se reuniría con nosotros aquella noche y nos quería preparados. Shanil, según nos contó Nacho luego, era un especialista en venenos, según había confirmado sustrayendo unos cuantos botes de su habitación. Y luego, en tono de confesión, nos dijo «y yace con muchachos». En aquel tiempo era raro, ¿sabéis? Bueno, al menos en los reinos humanos, aquí no sé. El caso es que la guardia nos dio unos atuendos de la soldadesca local para que presenciásemos la reunión y actuásemos en caso de ataque. No sabíamos por qué, pero el tal Shanil levantaba muchas sospechas.

La reunión se produjo en una de las salas del tercer piso del castillo, ante 16 guardias, varios de los cuales éramos miembros de la Espada Negra. Luego, en el patio, estaban Sylie y Nash. Shanil se acercó, vestía un llamativo traje de colores, con un cuello en el que destacaban docenas de plumas cuya procedencia ninguno de nosotros fue capaz de identificar. Se acercó a Renne con pasos pavoneantes. Todos estábamos preparados, no importa para qué, si era un mago, media docena de virotes se clavarían en su pecho tan pronto hiciese aspavientos con las manos, si echaba manos a dagas tendría a una docena de espadachines dispuestos a reducirlo a pedazos sanguinolentos. Pero no. Nada de eso. Ni armas ni complicados hechizos. Solo humo. Un humo que se expandió veloz desde los pliegues de la ropa, desde los huecos de sus mangas, un humo que se metía en la nariz y los ojos, que tapaba las vías respiratorias, que hacía toser y llorar. Me arrojé al suelo sin dudar y lo vi: desapareció sin conjurar, de deshizo en un instante y reapareció detrás de Renne con dos dagas, una en cada mano y, como si su cuello fuese mantequilla, su cabeza se separó de sus hombros con un rápido movimiento de manos.

Nacho, que por alguna razón consiguió respirar le disparó con su ballesta de mano encajándole un virotazo en un costado. El de las plumas contuvo un gemido y se dirigió a una de las ventanas, la abrió y se arrojó. «A él – gritó Nacho». Pero cuando nos asomamos por la ventana, solo vimos cómo se impulsaba con un salto asombroso sobre la muralla de casi dos pisos de alto, cómo se agarraba al borde y se encaramaba. Un nuevo virotazo, esta vez infructuoso. «A él – grité a los del patio». Y abandonamos el castillo en pos de Shanil. Lo perseguimos por calles y callejas durante un rato hasta que, tal vez harto del juego, se quitó plumas del cuello del abrigo y las lanzó al aire, donde adquirieron un tono llameante y se lanzaron contra nosotros. Solo sentí un dolor atroz que me devoraba por dentro, que me consumía y caí en una oscuridad alterada por el fuego. Luego solo oscuridad, fría oscuridad eterna, infinita.

Cuando me desperté dos semanas después estaba en el templo de los muertos, dos mujeres jóvenes me atendían, tenía una horrible marca de quemadura en el abdomen y apenas conseguía moverme. «¿Qué… ha…». Cada palabra me dolía como un infierno. «No hable – contestó una de las muchachas – está muy herido. El sumo sacerdote de la Muerte vendrá en unos minutos». Cuando vino, me enteré. Shanil había huido y quedábamos cinco. No hablé en todo el día. Y al dormirme soñé con Bergan y recordé cómo había dado la vida para protegerme cuando caí. Fiel hasta el final. Y aún me esperaban más sorpresas.

lunes, 27 de abril de 2009

Gripe porcina

Así, gripe, coño, gripe, porque soy español y en España decimos gripe, aunque vengan los listillos a hablar de influenza. ¡Joder! Es que nadie dice influenza, nadie, nunca, solo los microbiólogos y cuando hablan de taxonomía... y aun con todo... a veces hablan de gripe.

¿Acaso es tan humillante decir que hay tantos muertos y preocupaciones por una gripe, y nos sentimos mejor diciendo influenza porque nos parece un término más lejano?

Sí, sé que en otros países dicen influenza, y considero que ellos tienen su derecho a llamarle como les dé la gana, pero que en La Voz de Galicia y que en El País hablen de influenza me estruja las vísceras. Grrrr...

sábado, 25 de abril de 2009

Personas que odio

A ti, que si leyeras esto sabrías quién eres.

A ti, por arrogante y presuntuosa. A ti, por ignorar a todos los demás y creer que tu opinión es la única válida. A ti, por rechazar a todos los demás y hacerse la falsamente ofendida porque alguien te cante las cuarenta. A ti por considerar que es mucho peor un insulto contra ti que insultar a la inteligencia de todos los demás. A ti por hacer que todo el mundo acate una decisión mediada por ti y, sin embargo, intentar escaquear el bulto a una decisión tomada por mediación de cualquier otro.

Me das asco, me repugna que haya alguien que se pueda creer tan único, tan especial. No soporto que la falsa sensibilidad herida ante el reproche sea tu única defensa a las críticas que pueda levantar tu actitud, tu inconmensurable falta de respeto hacia todos los demás. Eres una persona tan horrible, tan odiosa, que caminas acompañada de amargura e incoherencia. Ésa eres tú.

Ibbenhalassid

El ambiente en la Espada Negra estaba tenso. La sombra de Yoel pesaba sobre nosotros, incómoda y omnipresente. Pasaron las semanas, algún encargo y mucho tiempo libre. Y el tiempo fue cerrando heridas, secando lágrimas y apaciguando noches. A la ciudad no le fue mal sin magia. Lo cierto es que, contra todo pronóstico, todo siguió su curso con insultante facilidad. ¿De verdad la magia hacía tan poco? ¿Aquellos señores ataviados con extravagantes túnicas y llamativos sombreros hacían tan poco y conseguían que se les considerase tan importantes? Parecía que sí.

Fue en esta época de magia exiliada, muerta, cuando conocimos a Ibbenhalassid. Principio del fin de la historia. ¿Os suena verdad? Apareció en una feria en la que Kira y Sylie comerciaban con diversos productos, y desenvainando, las atacó. Se defendieron tal como cabría esperar, pero no fue suficiente. Él estaba a otro nivel de lucha, no había comparación posible. Cuando dejó en el suelo a una de ellas, al parecer, sonrió y guardó las armas: «no malgastemos más energía, muchacha, lo habéis hecho bien, bastante bien. Tengo un trabajo para vosotros, Espada Negra». Pero la guardia intercedió por el altercado montado y se lo llevó a las mazmorras. Dos días después, la Espada Negra se presentó allí para hablar con él. No prestamos cargos contra él y salió libre. Orgullo de juventud, supongo, las cosas habrían sido muy distintas un año después. Errores basados en la inexperiencia.

Hablamos con él en privado. Era un hombre serio, alto, de rasgos afilados y duros. «Me llamo Ibbenhalasid – empezó – vengo desde el reino de Kinia, al sur, en la frontera con las Tierras inhóspitas donde habitan los duentes». Reconozcámoslo, no fue un buen comienzo. Los humanos llevábamos siglos en nuestro mundo aparte, sin saber de la presencia de otros seres inteligentes. Los hechiceros eran el colmo de la raeza. ¿Duendes? Por favor, totalmente inverosímil. Él siguió divagando sobre el tema y no importaron nuestras réplicas. Defendió con uñas y dientes la existencia de duendes, elfos, enanos, orcos y demás seres de leyenda. Al parecer, los duendes atacaban la frontera sur de Kinia, la frontera que daba a las Tierras inhóspitas, y la única defensa de la especie humana eran los que él presentó como Fuerzas del Caos. «Uno de sus caudillos, Roggoz, el orco de los tres ojos, quiere vuestra ayuda cuando llegue el momento». «¿Y cuándo será ese momento? – pregunté». «Os enteraréis, tranquilos». Comenzó la negociación. «¿Qué podéis ofrecer?». Sonrió, casi con cierto desdén y contestó: «¿qué podéis pedir? ¿Armas, la eterna juventud, el mayor harén nunca visto, una riqueza incontable… pedid, y será vuestro. Los que sobrevivan serán reyes en esta tierra». «¿Y los que no sobrevivan?». «No se debe jugar con la muerte, Espada Negra, deberías saberlo». Yo lo sabía: lo muerto, muerto estaba. Todo seguía un plan maestro trazado por unas manos invisibles y poderosas. Todo. Eso me ayudaba a dormir por las noches. Mi trabajo podía ser desagradable, pero era un lugar que alguien tenía que ocupar, y la Muerte me había dado ese lugar bajo su manto, ese lugar a su derecha, me había dado su espada y yo le servía fiel e inquebrantable. «¿Y si, finalmente, rechazamos el trabajo?». «Supongo que entonces, dada la posibilidad de que sirvieseis en el bando contrario, os eliminaría para ahorrarme un problema a mayores. Pero eso, que yo sepa, no va a pasar – contestó con gesto afable». Y no pasó. Tal vez por la facilidad con la que había librado combate con dos de las Espadas Negras, decidimos acordar un apoyo tácito cuando tal momento llegara y él, con una sonrisa y una reverencia, se fue.

«Volveremos a vernos, señores – se despidió desde la puerta».

jueves, 23 de abril de 2009

Sorpresas del diccionario de la RAE

Podemos encontrarnos los términos celebro (en vez de cerebro), almóndiga (gracias, Cris).

Señores del RAE, menos güisqui y más trabajo serio, coño.

miércoles, 22 de abril de 2009

La sangre de los elfos - Andrzej Sapkowski

Tercera parte de las aventuras de Geralt de Rivia.

Esta vez, Sapkowski lo hiló todo en forma de novela, dando una mayor solidez y renunciando pues a las dos características que dieron gracia y vida a los dos primeros libros: velocidad y cambio. La estructura mediante relatos permitía cambiar la trama de capítulo en capítulo mostrándonos otro momento y otra aventura, haciendo que nunca cayese el ritmo, reduciendo los anticlímax a su mínima expresión. En La sangre de los elfos, sin embargo, se nos presenta la historia de forma continuada y a través de varios personajes.

En general, la historia se centra en Ciri de Cintra, la heredera al trono de Cintra y nieta de Calanthe, que es llevada por Geralt a Kaer Morhen (la colina de los brujos) a entrenar y demás. Así pues, viajaremos sobre todo acompañados de la visión de Ciri, con sus deseos y sus miedos, con las profecías que parecen acompañarla y, en la mayor parte de casos, eso implicará estar cerca, indirectamente, de Geralt.

No obstante, hay uno o dos capítulos centrados en Geralt en los que Ciri no está con él (podéis considerarlo spoiler, pero tampoco es para tanto), y pasajes centrados en otros personajes.

La trama deja caer mucho más peso sobre el politiqueo del mundo, apareciendo, por ejemplo, una reunión de los nobles del norte planeando que hacer con el rey nilfgaardiano y, luego, un pasaje de este. El mundo parece acotarse de forma más clara, a lo que puede que ayude la presentación de un mapa en el propio libro.


En resumen: Geralt vuelve con una narración más típica, con el mismo tipo de humor irónico, con el mismo ambiente oscuro y pueblerino y con las mismas trepidantes escenas de acción. La fórmula funciona.

martes, 21 de abril de 2009

Clases de personas que odio [pt. 5]

Odio inexorablemente a los fans. De cualquier cosa, de las que me gustan y de las que no, de las que considero buenas y de las que considero horribles. Odio a todo aquel que deja a un lado la razón más obvia para satisfacer el ego de su ídolo.

Esta entrada podría ser increíblemente extensa. Sí, podría, y podría no serlo. Esta entrada podría ser una heptalogía, pero seré decente y la dejaré aquí. Total, no cobro por esto.

lunes, 20 de abril de 2009

...tiene unas consecuencias [Espada Negra]

Los magos pasaron días con su ritual, en la torre de magia se veían constantes emanaciones mágicas, un humo pálido y blanquecino que asomaba tímido y juguetón por encima de sus muros. Pero el tiempo no cedió en su empeño, sino que se hizo más frío, las heladas cubrieron de nuevo los campos y, cuando por fin se deshicieron, dieron paso a unas lluvias incontrolables que asolaron la tierra durante días enteros. Sin pausa alguna. Las tierras se encharcaron, se anegaron; las casas de los arrabales se vieron arrastradas por el agua y el lodo. Hubo muertos desde casi el principio. Cuando semanas después la lluvia empezó a remitir, la parte baja de la ciudad, pegada a la muralla había quedado arrasada irremediablemente. Miles de personas habían perdido sus casas y docenas de personas habían perdido la vida al no encontrar alojo en la zona en pendiente de la ciudad.

Las lluvias se calmaron, el agua se fue drenando poco a poco. Los magos planeaban un nuevo ritual para intentar enmendar los posibles errores, pero el campesinado que lo había perdido todo: posesiones, cosecha y seres queridos, no quería un nuevo ritual. El campesinado quiso sangre por sangre. Y la tuvo. Y Renne, el gobernante de Osmynd, sentado en su trono de Magnia, escuchó al pueblo y a los consejos. Y Renne firmó la pena de muerte a los miembros de la torre de magia por los daños causados por la mala gestión de sus poderes.

Nosotros, aunque intentamos esconder a Yoel y llevarlo lejos, no pudimos hacer nada. Todos los magos menos uno, que desapareció sin dejar rastro alguno, fueron ajusticiados en la plaza mayor. La gente los insultaba, les tiraba comida podrida, les escupía. Kira se negó a seguir viendo y se marchó. Lloraba. Irónicamente, ese día el sol brillaba, no con mucha fuerza, pero brillaba, y pese a todo, bajo mis ropas de civil, sentía un frío atroz. Notaba un cosquilleo recorriéndome los codos y la zona lumbar. Sylie estaba cerca, pero no al lado. De civiles nunca nos relacionábamos a la vista de los demás. Yoel tenía la cabeza gacha desde antes de que se hubiera ido Kira, y no la levantó en el resto del tiempo, allí, atado de pies, manos y cintura a una especie de tronco. Había venido para protegerla, su protección terminaba aquí, ahora. Probablemente llorase, las cosas no habían salido como él quería. Nunca me expliqué que interés más allá de la amistad podía tener en Kira, una mujerona con el cuello de un toro, los músculos a juego y muy poco agraciada. Pero… al chico le gustaba y nunca, nunca consiguió nada. Y al verlo allí, atado, sentí lástima por él. Durante unos instantes barajé la alocada idea de saltar al entablado, desenvainar, cortar las cuerdas que lo inmovilizaban y gritar al público: “¡atreveos con alguien desatado, panda de retrasados!”. Era una idea estúpida de corazón, me contuve. Los guardas con sus ballestas no dejarían que se formase tal altercado, ni con amigos, ni sin amigos en la guardia. De la Espada Negra solo quedábamos Nash y yo cuando se dispararon los virotes sobre los cuerpos de los magos. El público estalló en un jaleo frenético. Los animaban, gritaban, vitoreaban a los ballesteros. Los magos buenos son los magos muertos, gritaba alguno.

Finalmente, solo quedé yo. Despidiendo en silencio a la primera Espada Negra que caía. Me subí al entablado, me apoyé sobre el tronco manchado de sangre. Y recé una oración. Los ojos me picaban. La noche era fría. Y éramos seis.

Más vídeos

Uno serio y el otro no. Decidid cuál es cuál.







Agradecimientos a Samu por el primero.

domingo, 19 de abril de 2009

Cada error... [Espada Negra]

El trabajo no resultó complicado. Lo cogimos en una calleja por la noche, iba acompañado de tres guardias que desenvainaron las armas con prontitud y tras que un cayese con una flecha clavada en la frente, los otros dos tiraron las armas al suelo. Y el politicucho murió allí, bajo la mano anónima de una Espada Negra. Dejamos, como era costumbre, una pequeña daga negra oculta entre sus ropas, aunque en esta ocasión estaba claro que la guardia sabría a quiénes correspondía el asesinato.

Volvimos a nuestra casa y fortaleza sin saber para qué había servido todo aquello. En aquel momento solo veíamos la puerta, pero no el marco que la rodeaba, ni las paredes que la contenían. Veíamos el vino pero no veíamos el vaso ni la mesa. Yo, al menos, no. Y nunca se lo pregunté a los demás. Tal vez… tal vez por eso…

Nuestra vida se desarrollaba bien. Compramos otra casa muy cerca de la nuestra y conectamos sus sótanos mediante un túnel con ayuda de Yoel, de fuerza y de paciencia. Esto permitió que los que así lo quisieran llevasen una doble vida. Kyra y Sylie fueron contratadas como armera y como aprendiz de fabricante de arcos, respectivamente. Sus sueldos ayudaron en los peores momentos, cuando no había ningún trabajo a la vista y el dinero menguaba, desaparecía. No llevábamos un mal tren de vida.

De puertas afuera, los rumores habían seguido su curso: la Espada Negra, los diabolistas que habían hecho un pacto con una gran entidad infernal para que les permitiese no ser heridos nunca bajo el filo enemigo o la Espada Negra, que en realidad eran un gran mago que se desdoblaba en media docena de personas a la vez, o…

Los días pasaron, las semanas pasaron. El calor dio paso al frío y este al calor, y al poco volvió el frío. Los campesinos empezaron a protestar y a quejarse, las cosechas se iban a estropear y la gente necesitaba comer. Los consejos se reunieron y, finalmente, se decidió pedir ayuda a los magos, cuya participación en el Consejo había sido decisiva. Estos discutieron largo y tendido sobre qué hacer a continuación, escuchando incluso a los magos más jóvenes, como el propio Yoel. Finalmente tomaron la decisión de llevar a cabo un enorme y poderoso ritual para controlar el clima, para hacerlo benigno, con lluvias suaves que hidratasen la tierra y con temperaturas adecuadas para que las plantas creciese rápido y no notasen ese lastre.

Pero salió mal, muy mal. Y al poco estalló el caos.

Me cago en la biología, de MELO

Estos últimos días estoy escribiendo poco, como probablemente hayan notado los que pasen por aquí más o menos constantemente. Muchas cosas que hacer y muy pocas ganas, supongo.

En cualquier caso, hoy os dejo una canción, de un tal MELO, sobre la carrera de biología.



Agradecimientos para Nico.

miércoles, 15 de abril de 2009

El general Millané [Espada Negra]

La recuperación fue lenta, con cada trabajo se añadían cicatrices a nuestros cuerpos y mazaduras bajo las cotas de malla. Las espadas se mellaban, las flechas se partían; todo se iba deteriorando, incluso nuestro ánimo optimista, a veces, se dejaba entrever enfermo, cansado; y no fue sino gracias a un trabajo que nuestro destino cambiaría de dirección en aquel aparentemente inexorable declive.

Así, sin comerlo ni beberlo, se presentó un hombre en nuestra puerta. Vestía con buenas ropas, y llevaba una capa con capucha de cuero. Cuando se la retiró dejó a la vista una barba bien cortada, así como un pelo arreglado, limpio y negro. «Saludos – dijo – ¿con quién tengo que hablar para solicitar un… encargo?». Lo hicimos pasar a la sala de reuniones y nos sentamos a la mesa. Estábamos todos embozados, salvo Yoel, que hacía las veces de sirviente. El hombre habló, con voz dura y mesurada, con un gran control e indiferencia. Solicitaba una muerte como alguien puede pedir una camisa o unos pantalones. Pedía una cabeza importante. La de un político, uno de los representantes principales de la nobleza en el Consejo y en el Alto Consejo. «¿Sabe que tal trabajo le costará caro, verdad?». «Puedo ofrecer cosas que nadie más puede ofrecer – sonrió». Nos miramos entre nosotros, disimulada y dubitativamente. «¿Qué puede ofrecernos, caballero?». «Tengo cierta influencia en la Guardia, digamos que podría hacer que sus miembros llegasen… tarde a donde ustedes trabajasen. Ya sabe a qué me refiero. La fama de que nunca son capturados correrá entre las gente como la pólvora y su valoración como asesinos medrará a extremos inimaginables. ¿Lo entienden?».

La oferta era buena, de aquello no había duda. Pero si la Guardia nos ofrecía un trato más allá, a todas luces, de lo legal, hasta qué punto podíamos fiarnos del trato. ¿Y si era una trampa para cogernos y que nuestra reputación como profesionales del asesinato muriese? «¿Qué ganan ustedes con esto? – le pregunté». «Este hombre, este pedazo hijo de puta, señores míos, tiene unos intereses propios, corruptos y ha conseguido disminuciones considerables en la partida de fondos que recibe la Guardia; cada vez la Guardia se ve más mermada y los cargos peor pagados. Pronto de nosotros no quedará más que un vago recuerdo y lo más parecido que habrá serán asesinos como vosotros, y os contratarán para vigilar barrios, para rescatar a secuestrados, para parar a los ladrones, etc.; y no me malinterprete, pero no me gustaría pertenecer a una teórica banda de asesinos, por muy buenos y honrados que fuesen sus objetivos». Y sin embargo recurría a uno. El fin, claramente, justificaba los medios, los horribles y corruptos medios. «Acepten solo encargos honrados y tendrán amigos en la Guardia y, siendo realistas, es una gran aspiración para alguien de su negocio».

Y fue así como conocimos al señor Millané, general de la Guardia de Magnia, quien se convertiría, efectivamente, en uno de nuestros mejores amigos y aliados. Incluso después, cuando tras vueltas y vueltas de la rueda de la Suerte acabase trabajando para nosotros, nunca hubo un aliado tan fiable sacando al resto de las Espadas.

domingo, 12 de abril de 2009

Ciclo primero

- ¿Que qué pasó en el primer ciclo?

Pues que los seres humanos se expandieron, como una plaga de insectos, comenzaron a conquistar y a expulsar a los nativos de sus tierras. Talaron los bosques de los elfos y los cottares y excavaron las minas de los enanos y los gnomos, hicieron zarpar sus naves a través de los reinos de las sirenas y los núrumbes. ¿Por qué, me preguntan a menudo? ¿Por qué a ellos y no se atacó las altísimas colinas de los grooms o las ciudades de los seres de luz, por qué se permitió vivir a los ogros en sus bestiales manadas?

Se podría sugerir que fue por los recursos: por la madera, la piedra y los metales, que los elfos y los enanos vivían en un mal sitio respecto a los intereses humanos. Podría ser. También podría ser que el ser humano se aprovechase la apariencia más débil que mostraban respecto a otras especies como pueden ser los groom o lo ogros. O puede ser algo mucho más peligroso, atrevido y decadente: el ser humano desplazó a los elfos, a los enanos y a los gnomos... porque se parecían. Unas mismas proporciones y partes corporales, eran... como distintos pueblos de seres humanos. Los mataron porque querían ser únicos, como únicos eran los ogros o los seres de luz. Líderes de sus formas. Y no cedieron hasta conseguirlo. Sembraron sus campos con los cadáveres de sus semejantes y gobernaron su propia barbarie y decadencia. Los grooms se quedaron en la Gran Colina, los ogros en las faldas de la misma; los Seres de luz al este y los humanos al oeste. El resto de las especies supervivientes vivieron en pequeños pueblos perdidos entre los bosques, huyendo a la menor señal de peligro, si es que tal modo de vida puede considerarse vida.

Fue ya cerca del final del ciclo cuando los elfos y otras criaturas torturadas por los humanos desde hacía siglos y que en aquel momento veían una rápida merma de sus territorios debido al imparable avance tecnológico humano,  decidieron un último ataque a la desesperada. Pocos apoyaron a los humanos en esta lucha. Se dice que uno de estos apoyos fue el gran caudillo Roggoz, el de los tres ojos, fiel siervo de Ibbenhalassid, uno de los nombres del dios del Caos, quien convenció a distintos héroes humanos para una última batalla en la que se decidiera de una vez por todas el destino de las especies venidas a menos. Sin que se sepa muy bien cómo, los elfos (o tal vez otros) consiguieron un apoyo inesperado, un apoyo de la naturaleza: los animales, las plantas, las bacterias y el clima parecieron ponerse de su parte. Se dice que fue la diosa Naturaleza en sí, pero ya sabes cómo son estas cosas.

No se sabe muy bien qué pasó en esta última batalla y, a decir verdad, hay pocos escritos posteriores. Se dice que participó incluso uno de los 12 reyes humanos, acompañado de su valor y de sus mejores soldados. Pero bueno, hijo, esto ya es solo leyenda y las leyendas son confusas, ¿nunca has oído la canción Negros filos en los árboles? Pues se supone que habla de los mismos héroes humanos, y en esa canción parece que apoyan al otro bando. En fin, una tontería: los dioses no existen, los héroes tampoco, y no merece la pena darle vueltas al asunto. Seguramente sea solo la loca idea de un bardo borracho que compuso una buena pieza y quedó, pasando de boca en boca, de generaciones en generaciones.

jueves, 9 de abril de 2009

Prueba WoW gratis 10 días

Sin partys
"El mejor MMORPG de todos los tiempos: disfrútalo en solitario, asocial", sin bancos y sin trueques: "comerciar es para fascistas"...

Imaginad la pobre opinión que se le queda al paisano que decide probar tal cosa. Vaya puta mierda de juego, dirá y con razón. Creo que permitir usar varias veces esas cuentas es un error del que la gente se podría aprovechar, eso está claro; pero creo que limitar tanto las opciones de juego de quienes se animan a probarlo es minar las potenciales ganas que puedan tener esos nuevos usuarios de jugar prepago en un futuro.

Pero bueno, Blizzard sabrá.

miércoles, 8 de abril de 2009

Warren Ellis - Desolation Jones


En Desolation Jones, de Warren Ellis, se nos cuenta la historia de Michael Jones, un exespía del MI6 que busca, por encargo, las pelis porno de Hitler (en las que actúa Hitler) para un viejo que, a su vez, ha sido robado por gente del mundillo del espionaje.




La historia es bruta y sucia, en cantidades. Pocas veces se nos cuenta algo con tanta crudeza y con tal carencia en remilgos. Sí, hace poco creo que dije más o menos lo mismo de Wanted, ¿qué queréis? No esperaba rompiese tan pronto el nuevo listón que imponía entonces, pero es que palidece contra la sobria y descarnada prosa de este Desolation.




El dibujo de J.H. Williams III, mucho más oscuro, afilado, mucho menos dinámico pero sí más deprimente, los colores pálidos y crudos, los personajes deprimidos y deprimentes; la sociedad pervertida y desquiciada y el argumento enfermo y contagioso.

Muy recomendable para los que quieren ver una nueva vuelta de tuerco a un argumento hecho con el estómago tras una gran comida. Más o menos. Cruelmente interesante y con un bonito dibujo.

martes, 7 de abril de 2009

Mark Millar - Se busca

¿Os suena el título? ¿La horrible película de las balas cual falta de Roberto Carlos? Pues tiene muy poco que ver con el cómic en el que se inspira.

En un mundo en el que los superhéroes han sido erradicados en 1986, un grupo de supervillanos domina el mundo en la sombra, sus acciones no tienen consecuencias: la policía no toma medidas, los medios no se hacen eco, etc. Más allá de la ley y del bien y el mal. Viven en su mundo de asesinatos y violaciones en paz hasta que, un día, muere El Asesino, por un disparo a dos ciudades de distancia, ni más ni menos.

Este cambio hará que el protagonista de la historia ingrese en esta unión del mal absoluto y se entrene para suplantar al viejo El Asesino, su padre, previa conversación y lucimiento de Zorra, una tipa muy provocativa y sensual que mata gente como quien come cacahuetes. El caso es que se entrena: es decir, mata, viola, tortura, asalta, etc. y demuestra unas notables cualidades. El talento es heredable, el sueño de Lamarck hecho cómic.




"Este es mi mejor amigo tirándose a mi novia en una mesa del Ikea que me compré muy barata" - Es la primera viñeta.



A partir de aquí empieza la trama de mentiras, traiciones y asesinatos entre supervillanos que hará que la historia termine como termina. Un final que denota que Millar es europeo de cabo a rabo, escocés para más señas.


Un dibujo sólido, rápido y proporcionado de J.G. Jones le sienta, honestamente, como anillo al dedo, mostrándose muy adecuado para las incontables escenas de acción frenética que tiene el cómic.



Asesino y Zorra.

Un cómic muy interesante, cargado de humor negro, de violencia sin reparos, de actualidad y de una historia con muy bajo pH.

domingo, 5 de abril de 2009

Sin título [8]

- ¡Ahh! ¿Qué... qué quieres? - preguntó con la voz transformada en un hilillo temblequeante.
- ¡He dicho que hables!
- Por favor, ¡no me mates!
- ¿Que no te mate, monstruo? ¿No entiendes lo que está pasando? Huiste la primera vez, pero ahora te he encontrado. Dime, ¿qué es lo que sabes?
- ¿Qué? Yo... no sé nada...
- La nota era tuya. "Lo sé", sí, sentí lo mismo al verte, el mismo escalofrío, la misma sensación de maldad encubierta, la misma aberración, el mismo crimen contra la naturaleza. Eres un monstruo. Lo sabes, lo sé. No me hagas perder más tiempo.
- Me llamo Eduardo Fonseca, soy de...
- No me gustan las mentiras...
- Me llamo Eduardo Fonseca, soy... normal, humano, yo...

El cuchillo se movió ligeramente, introduciéndose ligeramente en su piel, en el cuello. Un hilo de sangre empezó a recorrer lenta y perezosamente la superficie deslizándose hacia el pecho, hacia el otro cuchillo. El presunto Eduardo Fonseca empezaba a perder cierto color, las palabras le habían salido cada vez más torpes, con una voz cada vez más agónica y débil.

Javier le quitó el cuchillo del pecho, lo guardó en la bota y puso una mano sobre la herida, mientras la otra se mantenía firme con el cuchillo en su cuello.
- Si te mueves, el juego se termina. ¿Está claro?

El otro no respondió. Tampoco se movió. Bajo la mano de Javier que taponaba la herida, el herido sintió un extraño cosquilleo, como si decenas de hormigas correteasen por la herida.
- ¿Qué es eso? - preguntó con esfuerzo.
- No mires, mucha gente siente náuseas al hacerlo.
- ¿Qué coño...?
- Lo de "si te mueves" sigue en pie.
No hubo más movimientos, pese al cosquilleo, pese a los nervios. Solo miedo, sudor e indiferencia.

- Ahora no estás en peligro de muerte. Habla.
- Por Dios, no tengo armas... yo.
- No mentes a Dios en vano, él no tiene nada que ver en tu juego maldito, en tu creación. Tu eres un producto del caos, de la muerte. Eres una criatura del infierno y volverás a él. Y allí te encontrarás con los tuyos y tendrás el honor de decirles que te maté yo, y no un policía, un soldado o un sacerdote. Sabes quién soy, ¿verdad?
- Yo... no... bueno, yo... te vi hace... subiste conmigo en el ascensor. Yo no...

Con un duro golpe, Javier le dio un puñetazo en el vientre.
- ¿Sabes quién soy?
- No - el otro lloraba.
- No me voy a tragar tus juegos, engendro. Te mandaré a los fuegos que te dieron vida.
- Yo... yo soy... humano - la voz estaba entrecordaba por el dolor, el miedo y las lágrimas.
- ¿Te crees que soy imbécil? Uno de mis puñetazos debería haberte reventado todo lo que tuvieras debajo. No hay nada vivo en ti, solo la ilusión de la vida. Eres un monstruo, una carcasa vacía, eres una máquina de carne.
- Yo no... - lloraba - yo soy humano. Yo solo... quería una vida normal. Llegar, descansar... ver la tele. 
- ¿Cómo se llama tu madre?
- Helena.
- ¿Tu padre?
- Ismael.
- ¿Cuántos hermanos tienes?
- Dos. Miguel y David.
- ¿A qué se dedican?
- Miguel es periodista, David trabaja en una tienda de electrodomésticos.
- ¿A qué te dedicas tú?
- Soy diseñador de interiores.
- ¿Usas internet?
- Sí.
- ¿Para qué?
- Veo... las... tendencias e ideas en páginas de interiorismo.
- ¿Sólo?
- ¿Qué quiere decir con eso?
- Yo hago las preguntas, monstruo, responde o muere.
- No, yo... veo otras cosas.
- Sabes que lo sé. Dímelo.
- Yo veo... fotografías y vídeos porno.
- Sí, ¿verdad? Lo sé, he visto que tienes fotografías impresas en los cajones.
- Yo... yo nunca he hecho nada. Solo las veo y... ¡oh, Dios!
- ¡Dios no ayuda a los monstruos, hostia! Yo soy su puta solución a vuestro problema. Pf - resopló - a ver, ¿te suena Woodstock?
- Fue un espectáculo de música de los 60.
- ¿Te suena CSI?
- Sí, claro, es una serie de televisión sobre...
- ¿De quién es la banda sonora?
- ¿Eh? De... de... los who, ¿no?
- ¿Cuántas guerras mundiales ha habido?
- ¿Qué?
- Que respondas, joder, deja de replicar.
- Dos, hubo dos.
- ¿Ves algún telediario?
- Ehh... sí, a veces... en la sexta o en telecinco.
- ¿Qué piensas con las noticias de los muertos de hambre, de los asesinos, los violadores, los pro pena de muerte, los antiabortistas y los antianticonceptivos?
- No lo sé... no me gustan, yo...
- ¿Cómo se llama tu madre?
- Ya hemos hablado de eso.
- ¿Cómo se llama tu madre? - repitió impasible, indiferente.
- Helena.
- ¿Cómo se llama tu padre?
- Ismael.
- ¿Qué tal le va a Miguel en la tienda de electrodomésticos?
- No lo sé, llevo tiempo sin hablar con él de trabajo. No...
- Primer error - contestó introduciendo más el cuchillo, haciendo que el anterior hilillo de sangre anchease, bajando líquido, extenso y rojo por su cuello -, hoy no es un buen día para equivocarse. ¿No crees?

The Ultimates - Mark Millar

Por primera vez en... bueno, por primera vez a secas he leído un cómic de Marvel que me ha gustado. De principio a fin. Maravilloso y con final cerrado (aunque otro guionista sacó una tercera parte de la que me han hablado pestes y de la que lo poco que contaron hace a uno bajar la cabeza lleno de vergüenza ajena).

Sitúa la historia de los Vengadores a principios del siglo XXI, actualizando sus historias y disfraces. Así, con un nuevo look de actualidad, Mark Millar nos presenta a unas simpáticas versiones de superhéroes clásicos de la compañía Marvel como el Capitán América (que por primera vez es un personaje carismático, completo y querido por los lectores), Iron Man, Furia, Hulk, Thor etc.



El argumento es ameno, intrigante y entretenido. Una enorme trama de conspiraciones, mentiras, traiciones y juegos de manos de proporciones épicas con los que se entreteje el caos con el que termina The Ultimates 2.

El dibujo, extremadamente detallista de Bryan Hitch, con unas preciosas sombras, unos sólidos trazos y un sentido de la proporción bastante realista para dedicarse a lo que se dedica (es decir: no es Rob Liefeld).

Muy recomendable, especialmente para aquellos que disfrutan de las historias de superhéroes o para los fans del mundo Marvel. De hecho, yo, que odio el mundo colorista y tontito de Marvel y las historias de superhéroes, lo he disfrutado mucho.

sábado, 4 de abril de 2009

La espada del destino - Andrezj Sapkowski

Segunda recopilación de relatos de la saga del brujo Geralt de Rivia.

En ésta, los relatos se ven algo más cohesionados, son más... profundos y, en general, menos aventureros. El núcleo central de los relatos, el hilo conductor, gira alrededor de la forzada humanización del mundo, de cómo se van extinguiendo o mermando las demás especies: dragones, dríadas, dopplers, elfos, etc., además de los monstruos propiamente dichos que ya se decía al final del primer libro que estaban tocando fondo.

El estilo de narración es el mismo: un narrador que es cámara e interior de Geralt, que nos dice qué piensa, qué nota y qué siente. A la espalda del brujo seguiremos los relatos, algunos acompañado del bardo buscaproblemasJaskier y otros en solitario.

En general, el tono de las historias se vuelven más interioristas, mostrándonos a un Geralt triste y humano, un Geralt con celos, con dudas... alejándose un poco del bravo personaje que, de no conocer a Yennefer en el primer libro, podría haber parecido la versión medieval, albina y mágica de un T4000.

El final de Algo más, el último relato, supongo que induce claramente el rumbo de la saga al presentarnos a la futura pupila del brujo.

Si bien puede que le falte la frescura y desenfado, la rapidez y la ligereza del primer libro, creo que introduce, sin duda, mucho más en el mundo en el que se cuenta la historia. Tal vez porque ya conocemos a muchos personajes y se ahorra espaciosas presentaciones.

Me gusta especialmente cómo critica temas de actualidad a través de las historias, en este libro se quema bastante con el ansia imperial, con la destrucción de los espacios naturales (animales en peligro, reducción de la masa arbórea y demás) y lo hace desde ese toque ligeramente humorista y aventurero.

Recomendable, recomendable.

jueves, 2 de abril de 2009

Sin título [7]

Tal vez sospeche algo, reflexionó Javier, ya en su casa. Tal vez se siente, recapacite, recuerde que me ha visto el día anterior... tal vez ate los cabos. Tal vez mañana altere su rutina y me espere, armado, en algún lugar oscuro de su casa e intente cogerme desprevenido. Quizá debiera dejar pasar unos días, pero se me puede escapar como ya hizo antes... ¿o habrá varios? Dios no lo quiera...

El cenicero estaba lleno de colillas, el ambiente estaba cargado de humo y la televisión exhibía una larga, inacabable, galería de anuncios publicitarios. Se recostó en el sofá y se tapó con una manta. No quería volver a resfriarse, la tos lo desquiciaba, todo aquello que no podía controlar le consumía por dentro. Debilidad humana, debilidad humana, debilidad de este planeta humano, pensaba, que contamina a los seres, que los pervierte, los reduce, los esclaviza... los descontrola.

Se despertó al día siguiente muy temprano, como siempre. No recordaba en qué momento se había quedado dormido. Debía de estar muy cansado, pensó con sorpresa. Rápidamente fue a prepararse: se duchó con esmero, se vistió con ropa de abrigo, guantes y bufanda, guardó un cuchillo en la caña de unas botas altas, otro a un lado de la cadera, oculto por la ropa y otro a la espalda que ocultaba solamente con el abrigo. Salió de la casa con paso tranquilo y se dirigió hacia el lugar, sin vacilar, sin rodeos.

Llegó al edificio y cogió el ascensor. Se paró en el tercero y se dirigió a la puerta. Cedió la puerta de un golpe concreto, seco. Entró sin vacilar y cerró tras de sí, con cuidado. Miró el interior de la casa, un lugar pulcro y ordenado, limpio. Cerró los ojos un instante y se concentró. No hay nadie resonó una voz en su cabeza.

Investigó la casa con rapidez, sabiendo qué buscaba. Abrió cajones y armarios, rebuscó en armarios y librerías. Dejó la habitación para el final, el plato dulce siempre se deja para el final. Entró frustrado sin haber descubierto gran cosa. Había una pistola, fotografías de niñas desnudas aún sin pechos, algún cadáver abierto y eviscerado, de disecciones y una posible vivisección, a juzgar por el rostro de la imagen; un pirado, sin ninguna duda, pero probablemente un ser humano con extraños gustos. 

Dentro de poco no distinguiré el bien del mal, ya confundo el mal humano con el verdadero mal. ¿Qué será lo siguiente? La duda lo devoraba vivo. La habitación estaba pintada con paredes de color salmón. Qué poco masculino, pensó, tal vez no viva solo. En la habitación, debajo de la almohada, encontró un cuchillo con una hoja blanca como la nieve y con una empuñadura negra, en tono mate. Estaba claro que no era de factura mortal. En los cajones encontró libros, manuales de magia, rituales descritos paso a paso para que cualquier imbécil pudiera explorar los pormenores del mundo, ver las paredes que Dios no se había molestado en pintar, escalar el andamiaje de los Primeros Tiempos.

¿Un Despertado dado a... los niños? ¡Qué mal va el mundo, Dios mío! Por una parte se sentía asqueado, repugnado ante la perspectiva del monstruo que entraría por la puerta, quién sabe si acompañado, por la otra estaba deseoso de enseñarle sus cuchillos que, desde luego, sin tener factura mortal, no compartían el tipo de fabricante.

Esperó sentado en la cama y se concentraba cada vez que escucha el ascensor parar en aquella planta. Viene hacia la puerta y viene solo contestó la inhumana voz una de las veces. Javier se preparó, cogió dos cuchillos, el de la bota y el de la espalda, y esperó junto a la puerta de la habitación, del lado opuesto a las bisagras y, cuando esta se abrió, se lanzó hacia delante con un giro clavando uno de los filos entre abdomen y pecho, centrado, y colocando otro sobre el cuello del hombre.

- Habla, monstruo.

miércoles, 1 de abril de 2009

Febrero 2009 por el Palacio

Con unas 830 visitas, el Palacio registró algunas llegadas desde google sorprendentes, aunque no tanto como el famoso "sueño feto muerto y con sangre" que ya comenté en un post anterior:

- Violan japo follando. Aunque no sé si refiere a que la/el japo estaba en pleno fornicio voluntario cuando la/lo cogió su violador o si considera una violación sin folleteo, que también puede ser.

- Videos de putas sedientes. sin comentarios.

- Sueño con huelgas. Vago hasta en la cama.

- Serie japonesa de joven que lucha contra demonios y violan a su novia. ¿Y no queda claro por qué no me suele gustar el anime?

- odio = escudo de armas. De diccionario.

- Manga con monstruos violando. ¡Joder! Empiezo a pensar que voy a tener que moderar ciertos términos porque llega mucha gente preguntando por violaciones. Es... chungo.

- Escenas de folladas en palacios. Menudos sibaritas hay por ahí sueltos. En palacios...

- Bran Stark seguirá siendo tullido? Joder, qué ganas de spoilearse (si contase tal cambio en el blog).


A ver si viendo estas chorradas, la gente se anima a rizar el rizo. Adelante, caballeros, y si comentan poniendo que han sido ustedes, acompañaré vuestra gallarda búsqueda con vuestro nombre.

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