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lunes, 29 de julio de 2013

El nuevo mundo - Terrence Malick

Terrence Malick pone su peculiar estilo de dirección al servicio de la historia de Pocahontas y John Smith o, dicho de otra forma, de la fundación de Jamestown (Virginia).


El riesgo de contar Pocahontas

Pocahontas fue de las películas Disney que más me horrorizaron. Para los niños me parece, sinceramente, un peñazo de impacto, uno grandísimo. O peor. Para los adultos me parece de una ñoñería y aleccionamiento algo desagradable. La música me parece bastante sosa y lo único que salvaría de la película es la animación, que estaba a la altura de lo que mejor que la compañía había llevado a cabo hasta el momento.

Y la verdad es que no esperaba gran cosa de la versión Malick de la historia, pero una vez más, los recursos de este director, tan recurrentes en su filmografía, me convencen más allá de la historia, que es la que, en esencia, ya conocemos: el nacimiento y agonía de una historia de amor, con el sosiego y el detalle psicológico mediante voz en off que asegura la firma de Malick.

Amor y descubrimientos

A pesar de que el amor es uno de los temas clave de la película (no podía ser de otro modo), el amor que une primero a John y a Pocahontas, el amor a sí mismo que tiene Smith, el amor de John Rolfe a Pocahontas, el amor de los nativos a sus tierras, el amor de los europeos por el oro... el tema principal, desde el punto de vista de Malick, puede ser el descubrimiento.


Por supuesto, en una película de encuentro entre los europeos y los nativos americanos (no una peli de vaqueros), el descubrimiento es un tema que va a saltar con fuerza. El intercambio cultural insinuado en la actitud de unos y otros, en el comportamiento de los pueblos, en el trato que dan a la tierra o a sus conciudadanos. Todo eso, por supuesto, está en El nuevo mundo, carente de originalidad pero fuerte como pocas veces. Parece un ambiente idóneo para que Malick pasee sus caprichosas cámaras entre las gramíneas y nos muestre, casi con sorpresa infantil, cómo se enfrentan unos y otros a los descubrimientos, cómo reaccionan, cómo afrontan lo desconocido.

Desconozco cómo de fiel es el reflejo de las costumbres de los nativos por parte de Malick, pero he de reconocer que me pareció muy integrado con su ambiente, con sus gestos, el comportamiento como de cervatillo de Pocahontas, las pinturas, la en ocasiones casi absoluta falta de expresión facial (al menos tal como la entendemos nosotros).


Lubezki y Malick

Hasta ahora Malick nunca repetía directores de fotografía, no sé si porque estas personas lo abandonaban por ser intratable, si es que no les interesaban los proyectos o qué, pero el caso es que encontró el punto con Lubezki. Aunque la fotografía de Malick siempre ha sido uno de los puntos más fuertes de sus películas, Lubezki (al que conocí en El árbol de la vida, donde da lo mejor de sí) tuvo su primera colaboración con el director en esta El nuevo mundo.


Lubezki y Malick forman un tándem realmente envidiable y parece que consiguen una cierta sinergia. Todo es más Malick con Lubezki, consigue mejor ese toque onírico y expresionista. Muchos de los ingredientes habituales, como las cámaras centradas en animales y en plantas, esas escenas que parecen diseñadas solo para mostrar el paisaje, la vegetación y el tipo de suelo siguen ahí. Malick hace Malick, pero Lubezki sabe hacer que las cosas parezcan más Malick que nunca.


Nota: 8. Malick salió airoso del «riesgo de contar Pocahontas» y, en mi opinión, fue capaz de brillar donde Disney se estrelló con todo el equipo. Su particular visión, entre poética y mística, se posa de forma especialmente grácil en este encuentro y reencuentro de dos mundos en el que una jovencísima Q'orianka Kilcher demostró que podía darle unas cuantas lecciones de interpretación a Colin Farrell y un director como Malick demostró que Christian Bale puede ser un gran actor si se le exprime un poquito.


Otras películas de Terrence Malick
Malas tierrras.
Días del cielo.

miércoles, 24 de julio de 2013

Estrenos 2013 que abandonamos, parte VII

The fosters

The new normal, pero esta vez son mujeres y tienen niños «de acogida». La intención normalizadora que está teniendo ABC me parece relativamente loable, pero si las series fuesen buenas... pues mejor, ¿no? The fosters es una que pretende ser graciosa pero normalmente no hace gracia, que busca ser tierna pero no convence, los actores no tienen ninguna química entre ellos y algunos personajes son tan odiosos/estúpidos que podrían ser villanos Disney.


Nota: 3. La serie podría funcionar... pero habría que hacerla bien. Vimos 2 episodios.

Graceland

Una nueva serie de investigadores. Esta vez, agentes de diversos organismos, DEA, FBI, ICE, etc., comparten una casa, Graceland, en una playa de California. Un novato es enviado a investigar a su superior, que es una leyenda viva pero un poco macarra de más y últimamente parece que sus métodos dejan un poco que desear respecto al manual.


Nota: 3. Hay que reconocer que la serie está bien grabada, tiene una bonita iluminación y unas cámaras bastante interesantes para ser televisión, pero habría que trabajar esos personajes, sus relaciones y el sentido general de la serie. Vimos 2 episodios.

Maron

Nos encontramos ahora ante una serie experimento creada por su protagonista, Marc Maron. ¿Sospecháis algo? Parece ser que la serie es una visión (supongo que algo exagerada y ridiculizante) de la vida de este comediante. Vimos solo el episodio piloto y creo que la fórmula (algo más suavizada, corrigiendo esos pequeños detalles que quedaron demasiado ridículos) podría funcionar. Marc Maron tiene una buena paleta de expresiones y podrían sacarle mucho jugo al personajes y, además, le acompañan unos buenos secundarios. ¿Cuál es el problema? Que es una comedia y no encuentra la gracia, que por momentos intenta ser Woody Allen y es más bien Carrie Bradshaw. Una lástima.


Nota: 5. La serie podría funcionar con pocos cambios, más trabajo o ganas. Pero no sé, al final no nos animamos a ver si el paso de los episodios depuraba esos vicios del piloto.

Camp

La vida en un campamento de verano para padres e hijos tenía poco potencial y, sinceramente, el equipo de guionistas no es capaz de sacar nada de interés de tan pésima idea, aparte de una cantidad obscena de personajes que baten con torpeza sin dejar que el espectador saboree nada. Supongo que deberíamos darles las gracias...


No hay nada bueno que decir de esta serie en la que la directiva del campamento intenta salvarlo de una muerte cierta debido a su estadio ruinoso, el resto de adultos están allí para beber y hablar y los adolescentes para ligar.

Nota: 0. Horrorosa. Carente de drama y de gracia.

Twisted

La premisa de Twisted es muy interesante: un adolescente vuelve al instituto tras haber pasado años en un reformatorio por haber matado a su tío, con una comba., y se encuentra con la actitud distante, con el miedo, etc. Twisted podría ser como Rectify pero ligera, entretenida y enfocada a otra clase de público. Pero no. Esto es ABC Family y la idea es que nada impida a las series ser cutres: las familias quieren tonterías y la cadena las entrega con una sonrisa y un lacito.


La muerte de una compañera de instituto hará recaer todas las sospechas sobre el pobre Danny, que intentará resolverlo todo para limpiar su nombre mientras lucha por mantener en secreto la razón por la que mató a su tía. Todo esto con un reparto que parece tan cansado de la serie como los propios espectadores.

Nota: 3. La premisa tenía su punto y algunas escenas (algunos flashbacks, sobre todo) tienen su punto, pero no le sacan ningún provecho.

Mistresses

Nos topamos ahora con un (mal) remake estadounidense de una serie inglesa con buenas críticas. Estas cosas a veces mejoran la original, a veces salen bien, a veces mal... y a veces son como Mistresses.


Todo lo que puede fallar en el piloto de esta serie falla, con cierto regusto a premeditación además. Ver a las pobres actrices, algunas de ellas con actitud verdaderamente profesional, intentar sacar algo de ese guion infecto es muy triste y deja con el silencioso ruego de una pronta cancelación y sigilosa, para que la mayor parte de la gente no llegue a enterarse de que esta insulta y detestable serie vio en algún momento la luz.

Nota: 2. Pobre Yunjin Kim, ni siquiera lo odioso de tu Sun en Perdidos haría que te desease esto. Corre mientras puedas, huye, retírate del mundanal ruido un tiempo.

Siberia

Cada vez que dicen que una serie es la heredera de Perdidos debería saltar una alarma en mi cabeza que me dijese: «no la veas». Si la original fue una serie que funcionó de milagro, copiar la fórmula es bastante suicida (como han demostrado todas las sucesoras de la serie, que son todas malas como el ébola). Centrándonos en Siberia nos encontramos en un reality-show ambientado en Tunguska, que quizá os suene a algunos y, seguramente, os suene a los que tengáis fresco Expediente X. El objetivo del reality es hacer una comunidad y sobrevivir, los que no se hayan rendido al final del programa se repartirán un premio de 500 000 dólares. Los concursantes no recibirán ayuda externa salvo que vayan a la zona de evacuación, lo que los descalificará inmediatamente. Y ya está. No hay más reglas. Nada.


Los personajes, insoportables y bastante estúpidos todos ellos (es un reality...) se están aclimatando a la situación cuando empiezan a pasar cosas raras. Y hay un herido y a pesar de pulsar el botón místico de la zona de evacuación nadie viene a buscarlo. Están solos. Y ahí fuera hay algo.

 Si el reparto no fuese tan malo y el guion fuese a alguna parte... quizá se pudiese sacar algo de provecho de Siberia. Lo peor de la serie es que en los primeros 30 minutos no pasa nada en absoluto y en los 10 últimos, que sí pasa, no se enseña nada. Comprendo que velen por el misterio, al fin y al cabo es un primer capítulo; pero cuando caen los créditos finales no ha sucedido nada que tiente para ver un nuevo capítulo. Ha sido aburrido y ridículo. Y mal interpretado. Desastre.

Nota: 3. Era muy fácil hacer que molase y es meritorio haber hecho algo tan lamentable. El 3, visto en perspectiva me parece algo generoso...

Timi nornarinnar

Nuestro primer acercamiento a Islandia no ha salido todo lo bien que podría. En esta miniserie de investigación policial nos encontramos con una mujer muerta aparentemente de forma accidental, aunque su familia (su madre, al menos) está obsesionada con que ha sido asesinada. El investigador no cree que haya sido así de ninguna manera, pero empieza a indagar por hacerle un favor a la madre, que siempre le ha gustado. Y lo que va descubriendo es bastante raro, además de involucrar a otra familia con un joven desaparecido. Raro, raro.


Nota: 5. Raro, raro, sí... pero no despega. La frialdad nórdica que cabía esperar es demasiado gélida como para sentir algo viendo la serie. Está bien hecha y lo que cuenta es interesante, pero no como para verla en islandés y subtitulada en inglés. Tanto no...

martes, 23 de julio de 2013

La delgada línea roja - Terrence Malick

Esta es la película con la que, sin saberlo, conocí a Terrence Malick. Guardaba un buen recuerdo de ella pese a su cantidad de personajes y su, por momentos, extrema lentitud (bueno, para ser una peli de Malick no es especialmente lenta, pero en el año 2000 no tenía ni idea de quién era este señor).


Mar de personas, mar de muertos

Si hay algo que llama la atención de entrada es lo cuantioso del reparto y el renombre de muchos de los actores: en un primer vistazo a la portada nos encontramos con Sean Penn, Adrien Brody, Jim Caviezel, Ben Chaplin, George Clooney, John Cusack, Woody Harrelson, Elias Koteas, Nick Nolte y John C. Reilly, y en papeles menores nos encontramos con Jared Leto, John Travolta, Tim Blake Nelson, Kirk Acevedo... y muchos, muchos otros. El caso es, pues, que en La delgada línea roja lo primero que realmente nos topamos es con esa increíble masa de actores que darán vida a la infantería que tiene que tomar la isla de Guadalcanal, rompiéndose la cara con los japoneses por una estratégica colina.

El argumento es tan sencillo como eso. No tiene demasiado sentido contar más... no lo hay, en realidad. Ese es el tema y el resto son pequeños detalles que se añaden a veces ornamentalmente y a veces como contrapunto a lo que se está contando —como todas los recuerdos que el soldado Bell (Ben Chaplin) tiene de su mujer—, que sirven para deshacer un poco la horrible tensión y desesperanza de la guerra.

Unos flashbacks tiernos llenos de anhelo sexual, pero sin resultar sucios. Hermosos. Increíbles.

Y es que La delgada línea roja, como casi todas las películas bélicas que llegan a implicar de algún modo al espectador, son desagradables, tristes y heroicas a un tiempo. Son un manifiesto de lo horrible que es la muerte y de la escasa importancia que, muchas veces, se le da a la vida de los soldados (y de cualquiera) desde las alturas. Sirvan como ejemplo los fantásticos momentos, verdaderos duelos de poder entre el realista y mesurado Staros (Elias Koteas) y su superior.

Las delgadas líneas rojas

Con Malick al frente, estaba claro que el tema principal de la película sería muy humano. Serían dudas, trastornos, sería el miedo, las ilusiones, los deseos, la obstinación... Malick es un director que lo enfoca todo, siempre, desde la mente, desde cómo procesa cada uno la información, solo que la mayor parte de las veces no lo expone con palabras para el espectador, dejando que este interprete las imágenes y reacciones de los personajes. Y esta vez juega con muchas líneas que aunque parezcan muy estrechas (muy delgadas) dividen todo de forma muy marcada.

La película empieza ya con una de estas líneas, con dos soldados que han desertado y se han ido a vivir con una de las tribus isleñas, lejos de la guerra y de la amenaza de la muerte. Viven allí, felizmente apartados mientras al otro lado de la línea se desarrolla la cruenta guerra con los japoneses. Son detenidos por la tripulación de un patrullero y devueltos a la batalla como parte de la compañía C. No está el panorama como para renunciar a soldados.

En la isla, en la guerra, el hombre es una pequeñez. Y, al final, está solo.

Una vez metidos en harina, la mayoría de líneas rojas son de carácter moral y muchas veces se dividen entre personajes. Por un lado tenemos la línea perfectamente definida entre el fin y los medios, caracterizada en el duelo que enfrenta al coronel Tall con el capitán Staros. Al primero solo le preocupa el éxito de la misión (aunque como estratega militar es un inútil), al segundo solo le importa que sobrevivan todos (o el mayor número posible) de miembros a su cargo, puesto que tras dos años juntos los considera parte de su familia. En esta misma línea hay muchos momentos similares (aunque más reducidos) como cuando los sanitarios tienen que decidir si acercarse o no a los heridos en la brutal toma de la colina o cómo de contundentes ser en uno de los últimos asaltos, cuando llegan al campamento japonés con los heridos y a pesar de una brevísima resistencia inicial hay una rendición repentina.

Malick, como siempre, presenta hechos y aunque algunos personajes reflexionan en ocasiones sobre algunos de ellos (casi siempre mediante la típica voz en off característica del director), otras veces nos queda el reflejo en pantalla de sus acciones... sin juicio alguno, sin comentarios, quizá para que el espectador hile el sentido de los hechos o quizá para transformarla más en una experiencia sensorial que en la más a menudo textual de otras películas.

No siempre puede verse con nitidez lo que hay al fondo.

Final... ¿y sigue?

Lo cierto es que hace un efecto extraño. A 40 minutos de acabar la película, los clímax parecen todos zanjados, de la interactuación entre el capitán Staros y el coronel Gordon Tall (Nick Nolte) se deriva un pequeño intercambio de opiniones en el que este le dice a Staros que necesita a un hombre valiente y que no dude en su puesto, por lo que le aconseja dejar la guerra, irse en el próximo envío de heridos y enfermos y le promete que hablará bien de él. El superior quiere a alguien como él mismo de subalterno y Staros está harto de discutir infructuosamente. El pelotón que tenía bajo su mando habla con él y comentan el aprecio que le tienen y lo injusto que les parece esa forma que ha tenido el coronel de deshacerse de él. Ese momento, tras una pequeña reflexión de Staros sobre qué es la familia parecía un momento perfecto para dejar la película y, sinceramente, resulta raro ver que sigue y que abre pequeñas tramas y un nuevo hilo de batalla.


Lo peor de todo es que esa última media hora no consigue crear un clímax tan grande como lo que ya hemos visto, así que la despedida final es un poco peor que la que hemos vivido hace 40 minutos. No sé si Malick jugó con la idea de que los finales no se tienen por qué dar en las mejores circunstancias posibles, pero lo cierto es que me dejó una sensación muy rara viendo el filme.

Un trabajo de Terrence Malick

Y es que la película lleva su sello grabado a fuego. Malick es un director de historias pequeñas, de historias costumbristas en las que algo detona la acción (por llamarlo de alguna manera). La delgada línea roja en ese aspecto, era muy atrevida. Una película tan coral, tantas pequeñas historias que contar, tantos puntos de vista...

A Malick no parece que esa enorme diferencia respecto a sus otras películas le condicione demasiado. Malick hace Malick. El director estadounidense usa sus habituales voces en off, como ya comentaba, para acercar el punto de vista de sus personajes. Utiliza planos muy cercanos con personas, animales y algunas plantas, como unos curiosos brotes verdes que harían las delicias de nuestros políticos, y usa planos exageradamente distantes para captar el paisaje (abrumador) y empequeñecer a los soldados. Es un recurso también muy típico de Malick. Hace todo esto asiduamente a pesar de que cambia constantemente de director de fotografía. En esta ocasión, el encargado fue John Toll, conocido por muchas películas épicas y de ambientes abiertos. Una buena elección a todas luces.

Malick y una de sus muchas escenas «de documental».

El uso de la luz también es muy típico de sus películas, aprovechándola muy bien en escenas de luz muy fuerte, sobreexpuesta o casi, y en escenas en las que parece que falta algo de luz, lo que le permite ahondar más si cabe en la psicología de los personajes. El efecto psicológico de la luz que tanto parece gustar a este director. En esta película, además, hay un juego añadido, el de los haces colándose entre el dosel arbóreo, entre hojas agujereadas... Un espectáculo precioso.


Nota: 9. La delgada línea roja es el resultado de un trabajo portentoso y un reflejo del deterioro psicológico que producen situaciones de estrés tan terribles como la guerra. Una película dura, por momentos de extrema lentitud, con abundantes cambios que juegan en contra de la atención del espectador... pero si no la habéis visto, deberíais. Si no os gusta, luego podéis poner a caer a Malick de un burro.

Otras películas de Terrence Malick
Malas tierrras.

lunes, 22 de julio de 2013

Sons of Anarchy (5ª temporada) - FX

Tras el subidón de la cuarta, la quinta temporada cayó de forma inmediata, a sabiendas de que en cualquier caso, habría que esperar hasta el otoño para seguir con la nueva temporada, dado que ya nos pondríamos al día con la serie. Esto es lo que dio de sí.


Es la silla, ¿o no?

El poder corrompe. Se ha dicho siempre y Clay lo ha dicho un par de veces en la silla. Parece que si alguien puede cambiar esto es Jax, alguien que hasta la fecha ha presumido, casi, de su extraordinario temple. Jax es fuerte, inteligente, bienintencionado (dentro de lo que cabe) y aparentemente capacitado para la presidencia con la que acaba la cuarta temporada. La vida en el club no es fácil y tras las revelaciones de Romero Parada, SAMCRO está un poco anclado a sus negocios con el cártel Galindo del que Jax quería desbancarse.

En esta ocasión el villano es un mafioso de verdad, de los que imponen respeto por su absurda sensación de poder. Todo lo que le rodea parece letal, calculado e inexpugnable. Es Damon Pope (interpretado por Harold Perrineau, más conocido como Michael 'They took my son' Dawson de Perdidos) que está en campaña contra los Sons tras la muerte de su hija a manos de Tig en la cuarta temporada. Pope es un hombre sin escrúpulos y lo demuestra muy rápidamente quemando viva a Dawn, hija de Tig, ante los ojos de su padre. Pero no acaba ahí la cosa: Pope quiere algo de SAMCRO y entreteje su red, que lleva a Jax, Opie, Chibs y Tig en prisión en el segundo capítulo de esta temporada.

La cara de Perrineau ya me trae malos recuerdos, si os digo la verdad...

La muerte de Opie en prisión trastoca a Jax, cuya personalidad empieza a cambiar a marchas forzadas, acercándola mucho a la del hombre al que más desprecia. La hasta ahora anchísima franja de tierra entre Jax y Clay empieza a reducirse, pero el joven Teller no se da cuenta, demasiado ofuscado por la ira.

Así, sujetos por Galindo/CIA y amarrados por Damon Pope, los Sons buscan apoyos y salir adelante, como siempre, encontrando ayuda esta vez en el jefe de Diosa, una especie de macroburdel regentado por Nero Padilla, el nuevo amante de Gemma. Nero es un personaje de los que no abundan en Sons of Anarchy, es cercano, ayuda, tiene buenas intenciones y aunque una vez que debe actuar, actúa... se nota que no obtiene placer con ello, algo en lo que el mismo Jax cae, como demuestra una y otra vez. Muchos remordimientos, pero se lo pasa pipa mientras.

Grandísimo Nero Padilla.

Y por supuesto, todo esto mientras Clay la lía, que para algo lo dejaron vivos los guionistas.

Defectos que vuelven para vengarse

Lo peor de Sons, quizá, es que no parece que aprendan de sus errores. Lo que no funciona siempre vuelve en esta serie. Y en la quinta temporada, que fácilmente podría haber mantenido la elegancia de la cuarta, resulta especialmente molesto.

Aunque en menor medida, los problemas con el IRA (Gaalan solo quería negociar con Clay, razón por la que este sigue vivo) se mantienen toda la temporada, y si algo ha quedado claro... es que las tramas del IRA no saben aprovecharlas demasiado. Por si esto fuera poco, volvemos al drama familiar de Tara quiere ser dueña de su familia y Gemma no quiere competencia, por lo que mantienen un tonto rifirrafe toda la temporada, una disputa que lleva ya 5 temporadas y produce arcadas de puro tedio. Y por si esto no fuera suficiente (que tiene su mérito...), ¡¡vuelve Wendy Teller!! Sí, la exmujer de Jax quiere conocer a su hijo Abel y decirle que es su madre y todo el rollo. Y ya no es yonqui ni nada, pero es igual de cargante. ¿Por qué, señor Sutter? ¿Qué le hemos hecho para que recupere ciertos elementos que deberían haber sido erradicados hace años?

¡Anda y ve a chutarte por ahí, pesada!

No me entendáis mal, la temporada es buena (de lo mejor que llevamos de serie), pero son detalles de los que se ha abusado y de los que, para más inri, nunca ha conseguido sacarse nada a la altura de lo que la tensión que rodea estos hechos demandaba. Son tramas que parecen encasquetadas sin arte, minutos de relleno que se repiten, casi sin cambios, en diversas temporadas. Una lástima.

Música y dirección

Pero hay puntos en los que la serie parece haber alcanzado su madurez. La música de Sons siempre ha estado particularmente bien elegida. Con todo ese thrash, el rock clásico, el rap y las versiones... todo le sienta bien a la serie. Lo que despunta de verdad en esta ocasión son los pasajes musicalizados, cuando ponen una canción entera (o al menos 3 o 4 minutos de ella) y suceden cosas de fondo, como al final de cada temporada de The Wire, único momento de aquella serie en la que sonaba música extradiegética.

Para mí, fue aquella la serie que mejor usó este recurso, pero en Sons, y sobre todo en esta temporada, resulta especialmente lucido. Casi se notó un cambio desde la fantástica versión de House of the rising sun al final de la cuarta temporada cuando Jax se sentaba en la silla del presidente.

El titán Opie Winston.

La extraña versión de Sympathy for the devil del capítulo final, la de What a wonderful world o la de la preciosa The lost boy pasan al saco de las escenas más memorables de la serie. Un gran trabajo, sin duda, que da a la grabación de esta serie la elegancia que se merecía.

Nota: 8. Los problemas que vuelven pasan factura a la serie, pero los puntos fuertes están más fuertes que nunca.


Otras temporadas de Sons:
Primera.
Segunda.
Tercera.
Cuarta.

viernes, 19 de julio de 2013

To the wonder - Terrence Malick

Neil conoce a Marina, una madre soltera, en París. La convence para viajar con él a Estados Unidos. Una vez en el país, la relación empieza a deteriorarse.




Malick, por la estructura narrativa que usa, su particular estilo y la temática que trata bordea continuamente la línea entre obras maestras y auténticos tostones. "To the wonder" pertenece al segundo grupo, haciendo compañía a "Días del cielo".



Los personajes:
- Marina (): sin muchas perspectivas en París, viajar a Estados Unidos con un nuevo amor parece que es el nuevo comienzo que ella y su hija necesitan.
- Neil (): tras una crisis personal, viaja a París y allí encuentra a Marina. De vuelta a su país, con la presión de un trabajo duro que detesta, la relación empieza a torcerse.
- Padre Quintana (): pastor de la iglesia a la que acuden Neil y Marina. Tras ver la película, no acabamos de entender qué hace este personaje en ella, aparte de protagonizar los pasajes con voz en off más aburridos de la historia de la humanidad.


Los actores:
- Ben Affleck no es un buen actor. No lo ha sido nunca y, personalmente, he perdido la esperanza de que espabile y sea consciente de sus propias limitaciones. Sin embargo no lo hace mal en To the wonder. Tiene un personaje incapaz de expresar emociones por lo que poner la misma cara toda la película no merma a la película en sí.
Quienes sí destacan son Olga Kurylenko y Tatiana Chiline. Tatiana sorprende por su juventud y destreza. Olga es una de las grandes protagonistas que escoge Malick. Sus escenas de mujeres bailando a contraluz, o con campos verdes de fondo son una constante en toda su obra. Y Olga es de las que más lucen en esos momentos. Y no, no hablo de su físico.
Javier Bardem, aunque su personaje es inexplicable en el entorno de la obra, hace un buen trabajo. No es culpa del actor que su personaje no venga a cuento y esté metido con calzador.


El guión:
- a veces los elementos comunes a todas las obras de Malick quedan bien y otras, muy mal. Esto es así y es un riesgo que el director está dispuesto a correr. Es su estilo y lo maneja como quiere.
To the wonder resulta repetitiva, pesada y muy aburrida. Los diálogos, sobre todo los del sacerdote, son insulsos incluso cuando pretenden ser profundos. En imposible empatizar con los protagonistas porque lo que se nos muestra de ellos es lo peor de cada uno. 
La sucesión de hechos parece una repetición de las mismas acciones una y otra vez, sin apenas variaciones.



Malick y el aspecto técnico de la obra:
- como en todas sus películas, el aspecto técnico es impecable. Repite elemento comunes a todas sus obras: mujeres bailando, grandes espacios abiertos, casas muy luminosas, primeros planos de animales, plantas solitarias, voces en off...

El aspecto visual y sonoro es perfecto. 

Nota: un 5. Me encanta este director y por eso mismo desearía que jamás hubiese grabado esto.

Otras películas de Terrence Malick
Malas tierrras.

jueves, 18 de julio de 2013

Family tree - HBO

Si ya hubo quejas sobre lo mediocre que fue la temporada otoñal (que suele ser la fuerte), y muchos depositaron su fe en la midseason (que son, casi, las sobras del otoño) encontrándose con otra tanda de estrenos particularmente flojos, supongo que algunos confiaron en que viniese un verano especialmente bueno. Y no ha sido así. Las series veraniegas suelen oler un poco mal, y los estrenos de este año son particularmente hediondos.


De todo cuanto empezamos a ver, seguimos con muy poca cosa. Y lo cierto es que, de todos modos, incluso las series que hemos seguido no son nada muy allá.

Exceso de fe

Creo que en esta ocasión, nuestra fe en HBO y en Chris O'Dowd nos jugó una mala pasada. Supongo que si esta serie tuviese otra cadena detrás y el protagonista fuese otro, la habríamos dado de lado tras un piloto graciosete sin más. El caso es que en las comedias —y en las series de HBO en general— se tarda unos cuantos episodios en entrar, así que dado que nos había parecido algo divertido le dimos un par de episodios más. Y de pronto nos encontramos con 6 capítulos vistos cuando la temporada tenía 8. Y acabamos la temporada, más por «aprovechar la oferta» de que solo quedasen dos capítulos que por verdadero interés.


Family tree se articula sobre una base muy sencilla: Tom Chadwick (Chris O'Dowd) es un hombre que se ha quedado sin trabajo y sin novia y ha decidido que es un gran momento para investigar su árbol genealógico. Con estilo de falso documental, la serie presenta a distintos parientes que descubre Tom, todos unos raritos increíbles, por supuesto y basa los capítulos en las relaciones personales que surgen entre los Chadwick que ya conocíamos del primer episodio y los que van surgiendo.

Menos mal que está Nina Conti

El gran atrevimiento de la serie radicaba, como en otras series de su creador Christopher Guest, en que los diálogos los improvisaban los actores. Reconozco que este método de trabajo me inspiraba confianza 0, aunque por otra parte le veía cierta potencialidad de frescura difícilmente comparable.

Lo bueno de este método es lo poco que se parecen los personajes entre sí. Muy muy poco. Quizá Guest y Piddock (el cocreador) les dieron las pinceladas de cómo eran sus personajes, pero lo cierto es que sus diálogos no mantienen ningún rasgo entre sí. Por un lado tenemos a Tom, protagonista y personaje más normal de la serie, que encuentra la gracia en afirmar solemnemente las cosas. Por otro tenemos a Pete (Tom Bennett) que tiene el humor más zafio —sin resultar especialmente grosero, que conste— y por último, pero no menos importante, tenemos a Bea Chadwick, a la que da vida Nina Conti.


Bea lleva un mono de ventrílocuo en su mano derecha y casi nunca se la ve sin él. Ese mono es la voz de sus emociones, tras un trauma en el zoológico. Su mono tiene las mejores líneas de diálogo de toda la serie. Y dado que son improvisadas, bravo por Nina.


Nota: 6. Si os gusta mucho el humor absurdo británico puede que entréis en la dinámica. Yo reconozco que entraba a ratos y que en esos momentos me divertía, pero algunos personajes (como Pete) me sacaban completamente del juego y hacían que me sintiese perdido. Por lo demás, la serie no es nada del otro mundo, pero sí es de los mejores estrenos que llevamos de verano.

miércoles, 17 de julio de 2013

Sons of Anarchy (4ª temporada) - FX

Necesitamos un tiempo entre la tercera y la cuarta tras la decepción que supuso el visionado de aquella. Juampa, un amigo, nos aseguró que la serie remontaba ya, muy a la carga desde el principio de la cuarta, pero necesitábamos recuperar fuerzas tras una temporada que prometió un festín para el recuerdo y acabó racaneando hasta la sal.


Cría cuervos...

La lucha de poder más bestia vuelve a las filas de SAMCRO. A pesar de tratarse de un asunto siempre de fondo en los Sons y de haberle dedicado una de las tramas principales de la segunda, cuando Jax intentaba guiar a los suyos hacia lo legal con la idea de dejar atrás los problemas en que se estaban metiendo, frente a la fuerte oposición de Clay y sus apoyos; es en esta cuarta temporada cuando todo se desata.

Tras los problemas de los Sons con el IRA en la anterior temporada y los 14 meses que la mayoría de ellos han pasado entre rejas (durante los cuales Jax ha sido apuñalado por los rusos), las cosas ya no funcionan todo lo bien que deberían. Por suerte, ahora los Mayans son aliados y les brindan protección en cuanto vuelven a la dura lucha por el tráfico de armas. La comisaría de Charming tiene nueva jefatura, y el sheriff es un experto en bandas. Sobre él se encuentra el ayudante del fiscal del estado, Lincoln Potter (Ray McKinnon, el fantástico sacerdote de Deadwood), que a través de la ley RICO planea hacer caer a un montón de bandas. De hecho, considera a los Sons más como medio que como fin en sí.

Lincoln Potter tira de todos los hilos a su alcance. Siempre.

Y por si fuera poco, Clay viendo que se acaba su tiempo al frente de los Sons y que no tiene tanto dinero como planeaba tener al término de su ajetreada vida laboral, introduce al club en un nuevo negocio: el del transporte de cocaína sin cortar para el cártel Galindo. Este será el poderoso y ruidoso motor que vuelva a generar una tensión insostenible entre los miembros, y aunque las negociaciones entre unos y otros parece que podrán mantener todo en su sitio, las deshonrosas acciones de Clay vuelven para acosarlo una y otra vez.

Hijos de la anarquía

Las tramas familiares, los descendientes de sangre, las esposas y novias, siempre han sido uno de los aspectos que más me hastiaron de la serie. Hay algo en esas tramas que hace que no funcionen todo lo bien que deberían. Por suerte, todo funciona muy bien cuando implica la sensación de familia del club de moteros. Los Sons se comportan muchas veces como una gran familia, incluyendo a Gemma, a Tara y a otras mujeres que de vez en cuando se imponen a los miembros del club; y esas tramas, que podríamos considerar familiares, funcionan a la perfección: las pequeñas traiciones, los pequeños rencores, los pequeños detalles que hacen que incluso los personajes más monstruosos (como Tig) resulten agradablemente cercanos en ocasiones... En el retrato del club y lo que lo rodea es donde destaca Sons of Anarchy y ha sido un placer que la serie vuelva a recrearse en ello.

Grandioso Piney. Siempre.

E incluso dentro de este ambiente, Kurt Sutter devuelve la serie al punto exacto que le ha dado mejores resultados hasta el momento. La apasionada lucha entre el joven Jax Teller y el presidente de los Sons, el incombustible Clay Morrow, nunca se dio de lado; pero solo fue eje principal en la segunda temporada. No obstante, en la cuarta se recupera el tema con más crudeza si cabe. Clay nunca ha sido tan abiertamente despreciable, tan directamente hostil con los miembros de su club. Su caída se ha completado. Ya no hay excusas, ya nada clarea su negrura.

Añadidos, grandes hasta el final

Pero lo que sin duda catapulta a esta temporada por encima de las demás son sus elementos añadidos. Así como el IRA prometía ser una delicia y acabó decepcionando completamente, esta vez las pequeñas pinceladas que dan color a la temporada han sido un completo acierto.

Por un lado tenemos al sheriff Eli Roosevelt (Rockmond Dunbar), que comienza siendo un policía aparentemente despreciable, pero que gana mucho según se desgrana la historia y dejan patente que la realidad no siempre es tan fácil como para poder juzgarla. Un personaje completo y lleno de luces y sombras, a veces el justiciero y a veces un títere en manos de Lincoln Potter, un hombre que a veces parece despiadado y que otro solo parece luchar por ser «uno de los buenos» en un mundo lleno de grises y de falsos.

Es la temporada de dar volumen a Juice. La verdad es que ya tocaba.

Por otro tenemos al tándem enorme formado por Danny Trejo y Benito Martínez, encarnando respectivamente a Romero Parada y a Luis Torres, jefe y segundo de la división del cártel Galindo en California. Dos tipos durísimos y sin escrúpulos con los que se puede contar para todo.

Al lado de estos dos, los de SAMCRO son un poco nenazas...

El golpe final, en que se informa a Jax y a los propios espectadores de que Galindo está al servicio de la CIA tumbando a los demás cárteles de la zona podría haber sido una chapuza, pero la forma en que trunca tantas tramas, en que destroza los planes de tantas facciones de un plumazo es una verdadera delicia. La desolación de Lincoln Potter que sí se merecía una victoria (pobre hombre, tras sus ardides con Otto Delaney y Juan Carlos Ortiz), la frustración de Jax que al fin tenía forma de sacar a su club de casi toda la inmundicia en que se habían metido...

Y además tenemos la historia de Clay. Clay con Jax y con su padre, Clay con Gemma, Clay con Tara, Clay con Piney. Esta, sin duda, es la temporada de Clay, pero hablar de su personaje en condiciones llevaría una reseña entera.

Nota: 10. Nada sobra en estos increíbles 14 episodios de Sons of anarchy. Ahora, ¡a por la quinta!

Otras temporadas de Sons:
Primera.
Segunda.
Tercera.
Quinta.

martes, 16 de julio de 2013

Tomates verdes fritos - Jon Avnet

Evelyn es una ama de casa que está tremendamente aburrida. Una tarde, en una incómoda visita en un geriátrico, conoce a una anciana que empieza a contarle antiguas historias del pueblo.



Tenía un gran recuerdo de esta peli. Cuando era pequeña, mi familia la alquiló en un videoclub y recuerdo que nos reímos mucho con ella. Los años han pasado bien por ella, al menos por la mitad interesante de la misma. ¡Dentro reseña!



Los personajes:
- en "Tomates verdes fritos" tenemos dos historias diferenciadas. Por una parte, la historia de Idgie y Ruth, que se desarrolla entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Por otra, la de Evelyn, en los años 80.
- Idgie (Mary Stuart Masterson): traumatizada por la prematura muerte de su hermano, Idgie ha crecido completamente asalvajada, muy lejos de los estereotipos de una dama sureña de la época.
- Ruth (Mary-Louise Parker): amiga de la familia de Idgie, la llaman para pasar un verano con ellos e intentar civilizar un poco a Idgie. Ruth es una joven tranquila y cabal, más que dispuesta a adoptar el rol que la sociedad ha dispuesto para ella.
- Evelyn (Kathy Bates): aburrida de su vida y con un matrimonio inmerso en la rutina, Evelyn intenta cubrir su vacío interior con cursos y comida.


Los actores:
- Evelyn es un personaje insoportable y Kathy Bates le da vida de forma sobreactuada. Supongo que esto es una combinación entre la actriz y el personaje pero la mezcla hace que, cada vez que sale en pantalla, tengas ganas de matarla.
El resto de actores es una delicia. Mary-Louise Parker, a la que conocemos de Weeds, es la perfecta Ruth, alegre y dulce. Mary Stuart Masterson, desgarbada y vivaracha, de vida a Idgie, con una sonrisa encantadora e irresistible.



El guión:
- el gran problema del guión es que hay dos partes muy diferenciadas y un gran desnivel entre ellas. La historia de Idgie y Ruth es valiente, interesante y una oda a la liberación de la mujer. Un fiel retrato de la sociedad sureña de la época, con su clasismo, racismo y machismo dominantes. Y mujeres y hombres dispuestos a que esto cambie.
Y tras esta maravillosa historia, tenemos a una ama de casa de los 80 que no sabe que hacer con su vida y su matrimonio en crisis. A pesar de que a priori esta historia es mucho menos interesante, se le podría haber sacado algo de jugo. Mirándolo en frío, es una historia de cómo afrontar la madurez y dar un vuelco a una vida que no te satisface. Pero Evelyn es insoportable y su parte parece estar guionizada especialmente para que la odiemos.


La dirección:
- como todo en esta película, hay partes fantásticas y otras, terribles. No entiendo muy bien cómo se pueden hacer escenas tan lucidas y después, cambios de planos tan torpes. El director aprovecha muy bien los interiores y los paisajes pero se pierde a la hora de cambiar de plano y en las escenas en ciudad. 

Nota: un 5/8. Un cinco para la parte de Evelyn y un ocho para todo lo demás. Una pena. 

viernes, 12 de julio de 2013

Días del cielo - Terrence Malick

1916: Bill y Abby son una pareja de jornaleros. Tras trabajar todo el verano en una granja, Bill convence a Abby de que se quede en ella y se case con el dueño, que está muy enfermo.



Si, seguimos con el ciclo Malick. He de decir que esta no es de las mejores películas del director. Por supuesto, a nivel técnico es impecable pero la historia es excesivamente parada. Si, es parada para ser de Malick.



Los personajes:
- el problema con los personajes es que Bill () es insoportable, Linda (), la narradora, está relegada a un plano muy terciario y el granjero () carece de carisma. El único personaje que parece destacar ligeramente es Abby () pero ni así consigue que nos involucremos en ella.



Los actores:
- sacan todo lo pueden de sus personajes, eso sin duda. Todas las emociones, todas las reacciones, quedan perfectamente reflejadas. Las escenas intensas son las mejores de la película gracias a los grandes actores que tiene.



El guión:
- mientras voy escribiendo la reseña, tengo más y más claro que con menos metraje, la película podría haber estado realmente bien. Los actores acompañan y sacando todas las escenas vacías, seguramente hubiese sido más fácil empatizar con los personajes. Por desgracia, no fue esta la decisión de Malick.
Porque las escenas intensas que están realmente bien: el granjero declarándose, Bill presionando a Abby, el reencuetro de dos amantes... grandes escenas que son oasis en un desierto de aburrimiento.
También toca temas interesantes, como la pobreza de los temporeros, que presiona a Abby tanto como Bill para que se case. O las estrictas normal morales que imperaban en la época, que obliga a dos amantes a esconderse.

La banda sonora:
- de mano de Ennio Morricone, es preciosa. Muy recomendable.

Nota: un 6. No, no la recomiendo. Un Malick tan impecable a nivel técnico como prescindible en su guión. Terrible.

Otras películas de Terrence Malick
Malas tierrras.

jueves, 11 de julio de 2013

Las amistades peligrosas - Stephen Frears

Estamos ante una de esas películas que cautivan. En Las amistades peligrosas se pone de manifiesto lo peor de sus protagonistas, superficiales y degenerados, crueles e insensibles, en una historia que mezcla seducción, manipulación y venganza de forma realmente explosiva.


Al final, todo es cuestión de poder

La vida es muy larga para ser honrado, para ser bueno. La vida es muy larga y hay que buscar entretenimiento, placer... distracciones. Los protagonistas, la marquesa Isabelle de Merteuil (Glenn Close) y el vizconde Sébastien de Valmont (John Malkovich), no son humanos, son vampiros depravados, son una fuerza de destrucción que arrasa con todo por el mero placer de hacer algo, de mostrar lo poderosos que son, lo inteligentes que son... lo carismáticos que son.

La marquesa y su víctima.

La marquesa es abandonada por su amante, que va a casarse con la joven y virginal Cécile de Volanges (Uma Thurman), por lo que propone a un antiguo amante, y ahora amigo, Valmont, que se acueste con ella para que no pueda casarse con honra. El vizconde rechaza la oferta porque dice que es muy fácil y porque está en una aventura mucho más interesante, intentando hacerse con el amor de la casada y conocida por su estricta moral católica Madame de Tourvel (Michelle Pfeiffer). Pero la marquesa se ofrece como premio: una noche a cambio de la deshonra de Tourvel. Y Valmont, que ante todo es un jugador osado, y en segundo término (quizá) siente amor (o cree sentirlo, que para el caso es lo mismo) por la marquesa, se la juega. Pero no todo cuanto reluce es oro ni todo el perfume es a flor en la relación que une a estos dos demonios ocultos bajo piel humana. Hay algo más y el amor de Valmont por de Tourvel empieza a desatar lo peor (¡peor de lo que conocíamos!) de Isabelle de Merteuil.

Tumbas, sangre, hilos

Los personajes de Malkovich y Close son los protagonistas de la película y ellos destacan con luz propia sobre el resto. Esa teatralidad, que deja tan patente su origen, esa fuerza interpretativa, esos gestos, miradas. Las mil sonrisas y las mil mentiras que se dedican tan solo contrayendo ligeramente un puñado de músculos. Así, a pesar del gran trabajo que realizan Pfeiffer (hermosísima, además) y Uma Thurman, y a pesar del trabajo normalito (pero esforzado) de Keanu Reeves, parece haber un escalón separando a estos de los protagonistas; de esos nobles pomposos y artificiales, demoníacos y perfectos.

El vizconde y la preciosa Madame de Tourvel.

En la película se aprecia un vampirismo decadente, un juego de máscaras y de mentiras, de autoengaños. La marquesa viéndose en el espejo, hermosa y altiva pero sobre todo maligna. El vizconde dispuesto a pasar por encima de quien sea en sus juegos seductores, sin importarle el daño que sufra nadie... ese ego desmedido con el que observa todo, con el que juega con todo. Y tienen el encanto del mal elegante sin buscar tu simpatía. Son despreciables y no buscan ser malos majetes, no; su carisma es algo que llevan sin querer, el del arte por el arte y la maldad por la maldad. El carisma de lo que es tan despreciable que uno solo puede admirar impresionado. Quizá, es cierto, el brillante trabajo de los actores y el magnífico aprovechamiento de unos primeros planos demoledores ayuden a conferirles ese encanto mágico.


Nota: 10. La película describe el ambiente decadente de la nobleza desocupada, de la miseria y la ruindad, retrata a los personajes más odiosos y miserables, juega con sus almas como un titiritero y finalmente les escupe. Todo ello sin perder, en ningún momento, la elegancia de quien sabe que está haciendo una obra maestra.

miércoles, 10 de julio de 2013

Ubik - Philip K. Dick

De Dick solo había leído ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, una novela que, aunque me parecía correcta e interesante, no me apasionaba especialmente. De hecho, no leí nada más de K. Dick hasta ahora, 5 años después. En aquella había elementos que me gustaban mucho, me parecía evidente que el autor tenía buenas ideas, aunque quizá le faltaba la destreza para plasmarlas de forma interesante. Además, no sé si lo había comentado o no en la reseña (el estilo de las mismas fue cambiando con el tiempo), la traducción era realmente lamentable y uno acababa cogiéndole cierta manía al libro, pese a las buenas ideas y sus aspectos interesantes.


Con Ubik no pasa nada de esto. Este es un muy buen relato.

Psi y inerciales, vida y semivida

Eso (y Ubik) son los ingredientes de la novela. ¿Qué añade Dick al mundo en la novela? Esos elementos. En el munto de Ubik hay unos individuos que tienen poderes psíquicos y que trabajan para un truhan llamado Ray Hollis que se dedica a liarla parda, robar secretos empresariales o a entorpecer los pensamientos de los demás previa soldada. Oponiéndose a este grupo psicoterrorista tenemos diversas agencias de seguridad, como la organización antipsíquica de Glen Runciter. Glen es un hombre carismático e inteligente que dirige a sus antipsíquicos (unos hombres con poderes que anulan poderes, resumiendo mucho) en diversas operaciones contra los hombres de Hollis.

La mujer de Runciter, Ella, ha muerto hace un tiempo y reside en estado de semivida en un moratorio en Suiza. La semivida es un estado de estasis inducido (o algo así) en el que el tiempo dejar de correr para alguien. El tiempo de vida que dan es muy breve, así que los pudientes dejan semivivos a sus allegados muertos y dosifican el tiempo... unos minutos al mes pueden dar para varios años. Ella es la otra cabeza pensante tras la empresa, y cuando Runciter tiene dudas, consulta con ella el rumbo a seguir.

La unión de Pat Conley (una mujer con un poder de temporal, ve el futuro o viaja al pasado o algo así) a las filas de los trabajadores de Runciter y la misión que los inerciales (quienes se enfrentan o anulan las capacidades psi) deben llevar a cabo en la Luna. Allí, una bomba estalla y Runciter muere. Lo congelan lo más rápido posible para poder llevarlo a un moratorio y mantenerlo en semivida.

Pero... ¿son las cosas tan sencillas como parecen a simple vista?

La realidad como cuestión de percepciones

Nada es cierto y nada es mentira. En Ubik asistimos a un montón de hechos de los que siempre queda la duda de si han sido así o no. No se sabe qué está pasando. Todo parece llevar la historia en una dirección, pero pequeños detalles sin sentido ya anuncian que no, o que al menos... las cosas no son tan simples como podía parecer en esa historia.

Dick es un escritor de liar la madeja. De retorcerlo todo constantemente, mostrar un camino tenuemente iluminado, asegurar que es un pasillo y poco a poco dejar que algún personaje busque las paredes para llegar a la conclusión de que era una sala grande, o un erial... En Ubik los personajes no saben nada, el lector no sabe nada y, seguramente, el propio autor no sepa nada.

¿Qué pasa en Ubik? Pasan cosas. Así de simple. Lo divertido de la novela es ver cómo todo se retuerce una y otra vez. Es ese golpetazo con el que Dick afirma que «eso no es así», desmintiendo todo lo que pensábamos (todo lo que hizo pensar) que estaba pasando, en repetidas ocasiones. Es esa realidad frágil y absolutamente maleable, esos personajes arrastrados por una marea que no son capaces de comprender ni de controlar. La gracia de Ubik es la oscuridad y lo desconocido. Y la mentira.

O, al menos, esa es la gracia de la breve novela hasta su última página. Hay algo que no me gustó en esos últimos párrafos. Parece que el bacalao ya se ha cortado entero y parece, también, que a grandes rasgos todo tiene cierto sentido. Hay cosas sin explicación, pero es el efecto atribuible a liar demasiado las cosas (el efecto Perdidos, tal como se le conoce ahora en algunos círculos), pero entonces K. Dick, en un último golpe de efecto para el más infame recuerdo lo corola todo con una nueva vuelta de tuerca que significa (o puede significar, porque con Dick podría no querer decir nada en absoluto) que todo ha sido en vano. Seguimos sin saber nada. Pero ha sido una lectura entretenida y ha cumplido.


Nota: 8. Ubik es una novela entretenida con una trama que engancha. El problema es saber quién está detrás y la duda sobre cómo lo resolverá todo. Dick apuesta por no resolverlo en absoluto, por hacer uno de esos finales absolutamente abiertos que significan todo y nada a la vez. Quizá solo había que echar a la mezcla un poco más de Ubik.

martes, 9 de julio de 2013

Magnolias de acero - Herbert Ross

Una familia de Luisiana empieza la mañana con la azarosa tarea de preparar todo para la boda de su primogénita.



"Magnolias de acero" es, sin ningún tipo de duda, una peli de Antena 3 o Telecinco del sábado por la tarde. Es ñoña, sensiblera y ligeramente divertida. Con actrices de renombre y con sobrado talento pero no les acompaña el guión.




Los personajes:
- M'Lynn (): madre de Shelby, es una madre y esposa entregada, a la par que buena persona y una profesional responsable y competente. El pack completo.
- Shelby (): a punto de casarse, Shelby acaba de enterarse de que su diabetes le impide tener hijos propios.
- Truvy (): con un hijo macarra y un marido desesperado por la escasez de trabajo, Truvy intenta mantener su familia unida mientras gestiona su peluquería.
- Ouiser (): tras dos matrimonios fallidos, esta mujer es la gruñona oficial del pueblo.
- Anelle (): tras descubrir que su boda no fue legal y que su no-marido es carne de cárcel, Anella busca trabajo en una ciudad pequeña para empezar desde cero.


             Adivinad quién es este chico. Pista: los años le han sentado de miedo. Putupumpush


¿Y qué es lo peor de los personajes de esta película? Los hombres. Son... inútiles e irresponsables como pocos hemos visto. En esta película las mujeres son los pilares de sus familias porque sus señores maridos e hijos han decidido vivir en una perpetua adolescencia.
Soy muy fan de que las mujeres ocupen en el cine el lugar que les corresponde, a la par que los hombres. Pero me repatea que para poner mujeres protagonistas, hagan de los personajes masculinos una panda de patanes e inútiles. Al menos esta película no es "Sexo en Nueva York" y los personajes femeninos sí valen la pena.

Las actrices:
- para quitarse el sombrero con estas señoras. Sally Field, que es una institución en sí misma, Dolly Parton, impresionante y Shirley MacLaine, con un papelón para dejar la boca abierta a cualquiera. Menudos tres monstruos de la interpretación en la misma película y con papeles que sacan lo mejor de sí mismas. Impresionante.

                Si, tener una tarta de boda con forma de armadillo. El sueño de toda pareja.

El guión:
- no te he engañado en ningún momento: esta película es una comedia costumbrista situada en un pequeño pueblo estadounidense. Es bonita, dulce, sensiblera y tiene un toque duro encarnado en la enfermedad de Shelby.
Es una buena película para pasar un rato entretenido pero tampoco esperes demasiado de ella.
Y si no destaca, ¿por qué es importante verla? Nosotros la tenemos original porque El País la escogió como película más importante de su año y ha sido un acierto. Es una obra que ha tenido tanta repercusión que las series y películas en pueblos pequeños con habitantes excéntricos se han convertido en un género en sí mismo: Doctor en Alaska, Las chicas Gilmore, Hart of Dixie... todas beben de la misma fuente, que es Magnolias de acero.

Nota: un 6. No es una gran película y puede que no te apasione pero deberías echarle un ojo.