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viernes, 29 de octubre de 2010

The Witcher - CD Projekt

The Witcher es el juego que sigue las andanzas del brujo Geralt de Rivia, del que ya he hablado, al menos, 8 veces anteriormente en sendos posts sobre sendas novelas en castellano y puede que alguna más.  He de decir que se trata de uno de los juegos más largos que he tenido nunca entre manos, no sé cuántas horas le he echado, pero entre 60 y 70 bien; aunque he hecho la mayoría de las misiones secundarias (salvo en el capítulo V que, más o menos por error, me las salté todas).


El juego, a grandes rasgos, me ha encantado. Los gráficos no están nada mal (usan el motor del NWN2, creo, aunque lucen mucho más sólidos y, desde luego, tienen una mejor optimización —no una optimización grandiosa, pero sí mejores que la del juego que utilizaron de base—... lo cual, por otra parte, no es, ni mucho menos, meritorio. NWN2 y Crysis son los dos juegos menos optimizados que he visto), la historia es una épica continuación a la altura de las novelas (algo difícil de encontrar en un videojuego, creo; dado que se trata de una de las mejores series de fantasía que se pueden leer).

¿Por dónde empezar?
Voy a empezar hablando de lo primero que nos encontramos al iniciarlo. Una cinemática, que precede, de hecho al menú inicial. Las cinemáticas de The Witcher, tiene unas animaciones, en ocasiones, un tanto forzadas; a pesar de ello, el aspecto general de las mismas está muy bien (sobre todo, supongo, situándonos en 2007). El aspecto visual del juego en sí, de la parte jugable del mismo, me refiero, es precioso. Los paisajes se prolongan, a veces, durante una gran extensión, que para poder disfrutar tendremos que jugar con la cámara al hombro o con la híbrida. La de perspectiva fija, en realidad, nos ofrece un ángulo de visión mínimo, pero bastante cómodo de manejar.

El sistema de combate, algo a lo que tendremos que acostumbrarnos muy pronto, es rico y sencillo. De hecho, nunca antes había visto un sistema TAN sencillo y que ofreciese tantas posibilidades. En The Witcher disponemos de 4 espacios para armas: una espada de plata, una espada de acero, otra arma a dos manos y un arma a una mano. Sólo las espadas pueden ser utilizadas con técnicas de brujo, así que el resto de las armas solo son productos para vender y ganarse unas monedillas en el mercader de turno. El caso, se ataca haciendo click izquierdo. Cuando el icono de la espada "arde", podremos seguir el combo haciendo un nuevo click izquierdo (algo parecido al sistema de Vagrant Story, pero más sencillo). Esa es la mecánica más básica del juego. ¿Qué más? Hay tres tipos de ataque: fuerte, rápido y grupal. El fuerte se destina a hacer mucho daño, pero es lento y muchos enemigos podrán evitar dichos ataques; el rápido quita menos vida, pero es prácticamente imposible de esquivar; el grupal quita un poco menos que el rápido pero hace grandes aspavientos con la espada, permitiendo herir a varios enemigos a la vez (ideal para el combate con enemigos débiles pero numerosos que, al principio, casi parece que no existen, pero según aumentamos nuestro poder... veremos que la mitad de lo que tenemos que matar, encaja en esta descripción —oh, malditos ahogados, anegados y demás calaña). Además de jugar con los estilos de combate y con los combos, tendremos que decidir cuál es la mejor espada para cada ocasión: la de acero o la de plata. En general, la de acero se usa con seres humanos y la de plata con lo demás, aunque hay algunas excepciones. Esto, que en realidad me ha llevado un párrafo tirando a largo, es la mecánica básica del combate. No hay más, puede parecer un poco denso leyéndolo, pero tras hacer 3 ó 4 combates, el sistema se hace bastante intuitivo y muy, muy versátil. Un combate entre notable y sobresaliente.

Por si esto fuera poco, hay algo más; un par de variables más a tener en cuenta a la hora de combatir; que, al fin y al cabo, es una de las partes que más tiempo nos va a consumir de juego: combatir el mal mayor, hablar de todo y con todos y follar con todas las que se pueda; las tres actividades más habituales de Geralt tanto en los libros como en el juego. La magia. Lo cierto es que las señales de los brujos —todo aquel que haya leído los libros lo habrá notado—, no parecen especialmente grandiosas, en el juego hay cinco y yo sólo recuerdo utilizar dos regularmente: Aard e Igni. Aard está muy bien, sí, el empujón de fuerza Jedi. Abre caminos bloqueados por cascotes, derriba enemigos dándonos un indispensable segundo para tomar una poción o los atonta para que podamos degollarlos a placer. Sí, Aard es La Señal. No obstante, yo potencié Igni, a extremos blasfemos. Creo que tenía todos los niveles menos un par, uno en 4 y otro en 3. Mis daños con Igni eran de entre 75 a los elementales de fuego (que eran los que menos sufrían, claro) a 350-400 los que más. Un gustazo, sí, pero tardé mucho en tenerla a un nivel competente. Las otras tres señales... creo que sólo las probé cuando las conseguí para olvidarlas a continuación: Quen hace un pequeño muro que nos da unos segundos para tomar pociones (nada que no se pueda hacer con Aard a nivel decente), Axis hace que los enemigos luchen a nuestro favor hasta que se rompe el efecto (los enemigos fuertes son, evidentemente, inmunes a este efecto), e Yrden, que hace una trampa que hace daño cuando un enemigo pasa por encima. Todas las señales son utilizadas en algún momento en los libros, lo que le da una coherencia argumental increíble, aunque en el juego, evidentemente, tengan un uso mayor. Las Señales se seleccionan con las teclas 1-5 y se ejecutan con click derecho (que puede aumentarse en intensidad regulando una barra de carga). Hay en ocasiones en las que, me atrevería a decir, el uso de Señales es inevitable.

El otro punto, que no es estrictamente de combate, pero tiene unos efectos que se dejan notar, es la alquimia. Yo no llegué a fabricar bombas... al fin y al cabo tenía Igni a nivel máximo; pero hice muchas pociones: Golondrina, Gato, Miel Blanca y Lágrimas de Esposa sobre todo. Lo cierto es que hasta el último combate del juego no descubrí lo grandiosísima que era la poción Sauce. Tan grandiosa que, si algún día vuelvo a jugar a este juego, me doparé constantemente con ella: ¡inmunidad a atontamientos y derribos! ¿Dónde hay que firmar? Otras pociones sirven para devolver daño, prevenir venenos, ver invisibles... un poco de todo. La alquimia es variada y la razón fundamental de que arranquemos partes del cuerpo a los monstruos y arranquemos todo tipo de flores y hojas del paisaje. Muy interesante y, a su manera, completo y divertido. En algunos combates, igualmente, es indispensable.

Por lo demás, a lo largo del juego nos encontraremos con viejos conocidos como la señorita Merigold, Jaskier, Zoltan Chivay, Shani o Adda, oiremos referencias sobre gente tan importante como Ciri, Regis o Yennefer de Vengerberg, conoceremos a nuevas personas que se volverán recurrentes (o no) a lo largo del juego y tomaremos muchas de las decisiones sobre los pasos del brujo albino.

En mi opinión, algunas de las decisiones tomadas cambian drásticamente el juego subsiguiente, así que pensad muy bien quién sois y quién queréis ser. A veces no hay vuelta atrás. Las decisiones construyen el camino, y el camino transcurre en un sólo sentido.

Contras: la verdad es que es un juegazo y es un placer jugarlo. Me alegro por CD Projekt, porque estoy seguro de que este juego les dio alas como empresa. No obstante, por extraño que pueda parecer, su larguísima duración me parece un error. Creo que he destinado —y digo creo, porque no existe un contador—, unas 60 o 70 horas de juego útil (muertes aparte), para terminarlo. Quizá sea falta de costumbre de tener juegos tan largos, pero al final pasaba semanas de la cantidad de horas de juego que llevaba encima. Creo que 20 horas menos le habrían sentado de maravilla; tal vez con menos combates en las ciénagas, las alcantarillas... o algo así.

La edición, la Enhanced, con su librillo y demás; es preciosa, aunque viendo otras versiones de lujo de otros países, no deja de ser un poco cutre. Demasiadas versiones del producto, cada una con una combinación de contenidos distintos (tal y como se puede ver en el artículo de wikipedia al respecto).

Nota: 9. Su duración se hace excesiva, pero el juego me ha parecido magistral.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Into the wild - Sean Penn

El sábado quedé con unos amigos y vimos esta película. No la conocía de nada y ni siquiera parecía demasiado infame. Veo en internet que tiene muchos premios y mucha gente encantada con sus virtudes... pero, chicos, es todo mentira. La película es mala... bastante mala. Aburrida, sobre todo, aburrida hasta decir basta.



La película está protagonizada por un joven acomodado que quiere ir a vivir a la verdadera naturaleza, a algún paraje perdido de Alaska, así que lo deja todo atrás y empieza a deambular por los Estados Unidos, conociendo gente y aprendiendo cosas hasta que, finalmente, se va a Alaska. La estructura es mediante flashbacks, así que todos estos hechos pasados se narran a lo largo de la película, cuando en «momento presente» él ya se encuentra en el perdido paraje de Alaska.

Su pasado es interesante, lo deja todo por un sueño, por una meta y blablablá (todas esas payasadas sobre entregarnos a una pasión y esas mierdas), pero es que el desarrollo no puede ser más aburrido. Los personajes me parecen completamente forzados, la actuación de muchos de ellos se hace un poco ridícula —yo habría apostado que el viejo con el confraterniza es en realidad un homosexual al que le gustan los jovencitos... con esa luz, esas miradas, ese tono en la voz. Contando que uno de los que veían la película hizo chistes al respecto, parece que no fui el único que lo pensó)—, el argumento, aunque parte de una premisa que podría resultar bonita o interesante, no la aprovecha en absoluto. El principio es soso pero permite tener esperanzas en el desarrollo, el nudo (en flashbacks, está bastante disperso y, en general, me decía bastante poco), el desenlace... bueno, da por terminada la historia. Es extraño, porque aunque se trata de «mi tipo de final», me dejó bastante frío.

Sobre iluminación y otros aspectos técnicos no me meto porque me aburrió bastante y mi mayor esfuerzo consciente fue el de permanecer despierto. Destaco, no obstante, la aparición de la tipa de Crepúsculo, Kristin nosequé, que, lo juro, es tan sosainas como en dicha película. No era cosa del personaje. Aquí... incluso tiene un poco de personalidad y todo... pero nada, tiene su cara de extraña zombi deprimida.

Nota: 4. No me gustó la película, aunque creo que tiene una buena idea, unos escenarios naturales preciosos y algún puntillo divertido/interesante como la pareja de hippies o los daneses drogados.

Al menos, la compañía fue muy grata.

martes, 26 de octubre de 2010

Sonic medley



^^.

Gracias a David por el enlace!

Studio 60 - Aaron Sorkin

El señor Sorkin es conocido por ser el creador de El ala oeste de la Casa Blanca, una serie de unos 160 episodios muy conocida que dicen que es genial. Studio 60 se mete en los entresijos de un programa tipo Saturday night live, nos cuenta el cómo se hace y el cómo se vive desde dentro.


La serie cuenta con Matthew Perry (Chandler en Friends, la madre de todas las sitcom, ampliamente superada aunque los afectados de una visión fatalista, creyentes de que el tiempo sólo empeora las cosas, se nieguen a aceptarl tal cosa. Cabe decir que Laura comentó que ganaba a partir de la tercera, pero eso, para mí, condena una serie. No voy a soportar temporadas de mierda para que luego empiece a ser aceptable: adiós, Friends; adiós, Stargate SG1). Además, aunque yo, en mi incultura del mundo televisivo, apenas los conozco, cuenta con una hermosa Amanda Peet, un fantástico y maravilloso Bradley Whitford (que también actuó en El ala oeste, según leo en IMDB) y un, por momentos, épico Steven Weber. Esos son los que mandan, luego tenemos a los actores del programa y al realizador (un tío que me parece graciosísimo, por cierto, llamado Timothy Busfield).

¿De qué va?:
La serie va de eso, de cómo se hace el programa, de los problemas internos (con los actores, con los guionistas, con los directivos, los anunciantes, los accionistas, las familias, las religiones...) que tienen los distintos miembros del equipo. 


La serie empieza cuando el director del programa, enfurecido por la anulación de un sketch, se planta delante de las cámaras y hace una crítica minuciosa, precisa y emponzoñada de la bajada de pantalones que hace la televisión actual ante lo que se considera «políticamente correcto».  Esto permite que  el señor Albie y el señor Tripp vuelvan de nuevo al mando de Studio 60, el primero como jefe de guionistas y el segundo como productor. Sobre ellos estará la presidenta Jordan McDeere, y el número dos de la cadena, el fantástico y super carismático Jack Rudolph.


Tal vez los de la NBC se esperaban una serie más amable, es una comedia sobre el mundillo de la tele... pero lo cierto es que Studio 60 carga contra el mundo de la televisión sin reparos, ni compasión. Studio 60 es una serie de puñaladas traperas una detrás de otra, con críticas a todo lo que mueve su mundillo: critica el periodismo amarillista, la exageración, el sacrificar el honor por las ventas, critica el fanatismo religioso, Hollywood, el mundo de la cúpula directiva... la verdad es que Sorkin no deja títere con cabeza.

La serie fue cancelada cerca del final de temporada. Supongo que le llenaron demasiado las pelotas a alguien —no me extraña lo más mínimo—, y eso marcó su punto y final. El pulso de la historia se mantiene constante hasta cinco capítulos del final, cuando todo se empieza a precipitar en una alocada cuenta atrás por contar lo importante de la historia en los capítulos que les quedaban. Los últimos cuatro, de hecho, son, probablemente, demasiado trepidantes, demasiado rápidos; desentonando con lo visto hasta el momento, que tienen un ritmo más habitual.

Tiene 22 capítulos de 40-45 minutos, una intro muy adecuada para el programa (la música, el estilo... la primera vez que la vi me pareció genial que esta serie tuviese una pantalla de introducción así). La música ambiental está bastante bien, aunque la música que llevan al programa tal vez sea de un pop yankee demasiado sosegado para mi gusto, lento, generalmente meloso, y aburrido.

Nota: 9. Una grandiosa serie de principio a fin. Intachable prácticamente en todo, salvo tal vez en esa aceleración final que, sin ser culpa de Sorkin ni del equipo al cargo, empaña un poco el resto. Absolutamente recomendada.

lunes, 25 de octubre de 2010

Las tumbas de Atuán - Ursula K. Leguin

Hace tiempo, por recomendación de Laura, había leído Un mago de Terramar, del que —según me dice Google— no hice reseña alguna. Bueno, Un Mago de Terramar, así, en un resumen rápido para este pequeño círculo de lectores (entre 70 y 90 generalmente), diré que me pareció lento y aburrido aunque bien escrito. La historia avanzaba —por decir algo— a pasos minúsculas entre una densa —en ocasiones exagerada— descripción de cada paisaje, de cada vestimenta o de cada gesto menor en la cara. El libro va de que un mago, que se llama Gavilán, siendo aún un aprendiz, actúa de forma irresponsable y crea a su némesis. Entonces empieza a huir de isla en isla —se trata de un mundo archipiélago—, siempre que parece que al fin pasará algo vuelve a huir; así hasta que al fin se encuentra con su némesis, y cuando parece que tendremos nuestro final épico, Leguin lo despacha en dos líneas mal contadas y pasa a describirnos detalladamente el epílogo. Fin.

Ese fue mi sentir sobre el libro. Pese a todo no me desagradó, esra absurdamente lento, sí, pero me gustaron las descripciones que hacía. En cualquier caso, no creo que sea un libro a la altura de la fantasía a la que estoy accediendo últimamente.



El caso es que, hace tiempo también, había empezado Las tumbas de Atuán, la segunda parte de esta serie de Terramar, y la había abandonado vilmente. El principio era todavía más lento que el primer libro y creí morir. Era aburrido hasta la náusea. La semana pasada, no obstante, acabé los libros de Vlad Taltos de los que disponía en aquel momento y decidí acabar Atuán o, al menos, darle una segunda oportunidad. Me encantó, increíble pero cierto. Las tumbas de Atuán, a pesar de su farragoso, aburrido y desesperante principio, acaba mostrando un ritmo delicioso —no rápido, pero sí cómodo— sin renunciar a una descripción detallista y trabajada. Llega un momento en el que, de hecho, el argumento avanza casi de forma dialogada, algo impensable en el prácticamente mudo primer libro y, sinceramente, he de decir que este cambió me sentó como un día fresco en un verano asfixiante.

¿De qué trata?
Las tumbas de Atuán nos lleva a un templo a los Sin Nombre en una isla llamada Atuán. Ese culto está a cargo de una Suma Sacerdotisa que, cuando muere, renace en una niña nacida el mismo día de su muerte en las islas circundantes —bueno, eso creen los del culto, al menos—, entonces, las personas a las que ha instruido en su anterior vida —o a las que ha instruido la antigua Suma Sacerdotisa, para los más escépticos—, enseñan a la nueva los ritos y demás. Bajo el templo, se abre un complejo excavado en la piedra que oculta los tesoros de los Sin Nombre entre los que se incluye una mitad del anillo de Erreth-Akbé, que traerá la atención de un explorador no deseado, un mago del noreste, Gavilán.

Terramar no suele dejar a la gente indiferente. Hay quien lo adora y hay quien no lo soporta, por lo que he podido ver en mi círculo de amistades. A mí el primero, me gustó sin más; me pareció pasable, pero este segundo me pareció, realmente, un buen libro y absolutamente recomendado. Cabe decir, además, que sabiendo que Gavilán es un mago... el primer libro no es en absoluto necesario para leer el segundo; así que cometiendo lo que algunos, probablemente, considerarán sacrilegio, recomiendo obviar el uno y empezar leyendo directamente el segundo libro. Al fin y al cabo, si ya habéis leído esta reseña, ya os he contado en el resumen todo lo que cuenta Leguin en 210 páginas.

Nota: 7,5. Las tumbas de Atuán mola. El lugar en que se desarrolla tiene un aire a novela de aventuras, a relato de Indiana Jones; el estilo dialogado de la segunda mitad le sienta como anillo al dedo, permitiendo que la trama evolucione a un ritmo aceptable a la par que permite a Leguin explayarse tanto como le gusta con las descripciones. Un libro muy recomendable para el que no se necesita leer Un Mago de Terramar.

viernes, 22 de octubre de 2010

Teckla. Revuelta en Adrilankha - Steven Brust

Así continúan las aventuras del asesino oriental Vlad Taltos en tierras de los dragaeranos. Y así termina lo publicado en castellano, todo sea dicho.



Igual que en sus predecesoras, Steven Brust nos brinda un ritmo vertiginoso lleno de intrigas, mentiras, conspiraciones y demás familia. Es la fórmula mágica de Vlad Taltos, es un hecho.

En esta ocasión, la historia es algo más íntima que en anteriores ocasiones. Vlad y Cawti tienen problemillas de pareja, así mismo Vlad, como siempre, tiene tensiones con alguien. Ésa es la premisa. Eso sí, esta vez Brust no nos lleva a una estructura de clímax-clímax-clímax-clímax que nos corta la respiración. En Teckla el desarrollo es más normal, más tranquilo y meditado. No le sienta mal a la historia, pero a mí me gustaba más el estilo rápido y brutal de los anteriores: el sufrir un golpe sin haberme repuesto del anterior, el ver cómo todo se desmoronaba de nuevo sin que hubieran arreglado lo anterior. Admito que, para mí, ésa era parte de la esencia de la serie y que si bien, en cierta medida, en esta entrega se mantiene, no es de ninguna manera comparable. Sigue habiendo una relación soluciones/problemas tirando a baja, sigue siendo agobiante por momentos, pero le falta ese toque incremental. Supongo que podríamos decir que tiene un aire más a Yendi que a Jhereg, de las que ya he hablado.

Es imposible no reconocer el estilo de Brust en cada página, esa peculiar forma de contarnos qué ha pasado, de no reconocer ese toque descarado y prepotente de Vlad que, personalmente, tan agradable me resulta. 

Vlad tiene una crisis con su esposa, la hermosa Cawti, debido a la unión de ésta con un grupo prorrevolucionario en Adrilankha Sur. Al principio, Vlad no hace mucho caso del asunto, cuando quiere reaccionar es tarde: la situación ha devorado todo mecanismo de control y las cosas se tuercen una vez más. ¡Qué dura es la vida de los jefes mafiosos!

Nota: 8. Tiene un aire más triste que los otros dos, algo más desesperado, y quizá no logre unos clímax tan altos; pero resulta muy evocador y, además, consigue llevarnos por dónde quiere. Es imposible no empatizar con Vlad y sus problemas y, a la vez, es difícil no comprender a Cawti. Menudos tres libros, la verdad; una lástima que se abandonase su edición en castellano, no dudaría en comprarlos...

jueves, 21 de octubre de 2010

Cuatro - Los Simuladores (1ª temporada)

Empecé a ver esta serie por recomendación de Lu. La premisa es la siguiente: alguien tiene un problema con otras personas y contrata a Los Simuladores, que por medio de lo que ellos llaman «operativos de simulacro» —mentiras y engaños diversos sobre objetivos concretos a los que han estudiado previamente— consiguen reencauzar el problema y arreglárselo al cliente.

Imagen de Espacios secretos.

El ritmo es ágil, el tono es cómico aunque muchas de las situaciones sean tirando a dramáticas. El tipo de imagen es muy español, aunque para esta serie en concreto no le afecta negativamente —Aguila Roja, en cambio, se ve demasiado cutre, a pesar de llevar los capítulos con cierta gracia y con un reparto más que aceptable—, el guión, sin ser brillante es muy entretenido, los argumentos sin ser demasiado originales le dan el toque de Los Simuladores —estudiado y generalmente frío— y consiguen vendérnoslo sin gran dificultad.

Está basada (o es una versión) de una serie argentina homónima. El personaje de Santos, de hecho, está interpretado por uno de los actores de la original. No he visto la versión argentina así que no voy a establecer ninguna comparación.

Para conseguir el efecto de continuidad, los clientes a los que ayudan en los primeros capítulos se van convirtiendo en los ganchos de los siguientes, como parte del pago por el trabajo en que les ayudaron. Esto da cierta sensación de «mundo persistente» o de continuidad.

La música es normalita de serie española. La cortinilla del principio es muy pobre, aunque bastante apropiada para la serie. Hay muchos detalles para definir a los personajes, aunque son muy fijos y no consiguen darles demasiada profundidad, más allá de la que meramente cumple. Claro que para 6 capítulos que tiene la temporada, es más que suficiente.

La duración de los capítulos, de 50 minutos, es adecuada; sin llegar a hacer excesivamente larga —cosa que pasa a menudo con las series españolas.

Nota: 7. Una serie divertida, entretenida, desenfadada y con una buena idea. No revolucionará el mundo de las series, pero  no creo que nadie se aburra con ella.

miércoles, 20 de octubre de 2010

El Perfume - Tom Tykwer

Ésta sí. Esta es la infame e intragable película. La vi cuando salió, en el cine. Para que abandone el cine en mitad del visionado el producto tiene que ser... dantesco; este no fue el caso. Sí, me pareció una mala película, pero no como para abandonar el cine tras haber pagado 6 euros, 6,20 o lo que fuese.

Rachel Hurd-Wood, lo único que merece la pena de la peli.

La historia pretende ser la misma. O algo parecido. En realidad, más bien, algo parecido. Aquí no se centra demasiado en el punto de vista del libro; lo que importa en la peli es que el tipo es un asesino del coponazo y mata mujeres para hacer el perfume más increíble del mundo. La película renuncia a la sobrecarga, a la tensión y a la oscuridad del libro para darnos un entretenimiento de acción de sobremesa con un narrador que intenta darle un aire de adaptación clásica. Mentira, mentira. No hay por dónde cogerla. De hecho, ese principio en el que aparece el logo de Antena 3... no podía indicar nada bueno.

No me gusta nada el tipo que hace de Grenouille, no me gusta la selección de mujeres (bueno, sí me gusta, pero no me parece adecuada; aunque La Pelirroja, la pieza clave en el perfume es, quizá, la única razón para ver esta horrible adaptación); no me gusta la imagen elegida (muy luminosa para ser una adaptación de El Perfume), parece como si el director creyese que por meter mucha mierda en las calles ya tuviese el trabajo hecho.

El ritmo es asesinado sin contemplaciones, de un libro ameno y entretenido pasamos a una película peñazo bastante mal hilada y que renuncia a todo lo que hace grande al libro. A todo. Sólo mantiene la suciedad. ¡Uh!

Nota: 3. Es muy mala. Tiene una buena iluminación, poco adecuada, creo yo, para el espíritu de la novela, pero bueno, al menos consigue imágenes bonitas, y una pelirroja muy guapa. El resto no merece el esfuerzo de ser grabado.

martes, 19 de octubre de 2010

Sin City - Robert Rodriguez

Esta película me encantó. Recuerdo haber ido a verla al cine con cierta sensación de que no me iba a gustar. El cómic en que se inspiraba me parecía un poco aburrido y no tenía gran esperanza de que la película cambiase eso. Pero lo hizo. Salí del cine con una sonrisa de oreja a oreja: había asistido a dos horas de puro espectáculo.



Sin City tiene un reparto de lujo, una escenografía increíble, un argumento magnífico manejado con una soltura envidiable —a lo que ayuda especialmente la estructura en relatos distintos con personajes diferentes—, la música es evocadora y envolvente, como el abrazo de un mafioso. Las voces, el blanco y negro, cómo se entretejen las historias en una espiral decadente y pútrida en la que toda la mierda de las calles de Basin City se destapa saturándonos, sumergiéndonos en esa masa putrefacta que son las mentiras y la corrupción de la ciudad.

Hablar de cada historia por separado, dado que éstas se solapan, sería demasiado revelador sobre los finales de las mismas (para aquellos que, incomprensiblemente, aún no hayan visto esta perla del cine negro) y estropearía parte de la sensación desalentadora que tiñe gran parte del metraje).

Tal vez el visionado pueda resultar, por momentos, demasiado desagradable, sobre todo para gente con el estómago sensible. La película es violenta y bruta, despiadada y explícita, a pesar de fingir que oculta los detalles escabrosos tras un toque insinuado de cómic. Todo mentira; no se corta un pelo.

Un sorprendente, viejo y amargado Bruce Willis; un desagradable, pútrido y chulesco Benicio del Toro; un heroico e increíble Clive Owen; enfrentados a un increíble y asqueroso Powers Boothe (al que conocía de Deadwood, donde hace un papel igual de impresionante y desagradable a partes iguales) y al seco, indiferente y monstruoso Elijah Wood; y una amplia y lujosa galería de mujeres que, no obstante, la mayoría, tienen papeles de comparsa en comparación a la profundidad de sus contrapartidas masculinas.

Nota: 9. Una película imprescindible. Una historia épica, hermosa y dura. Un reparto de lujo y una puesta en escena cojonuda. Cómo juegan con el color, con los efectos de luz... grandiosa.

lunes, 18 de octubre de 2010

El Perfume - Patrick Süskind

Cuando se estrenó la película fui a verla al cine. Recordaba cierto aburrimiento y cierta sensación de estar ante una mala película; igualmente recordaba que ese mismo me habían dicho que el libro estaba genial y que debería leerlo. Me hice con el libro en Diciembre de 2008 (es que estaba la factura dentro y lo vi ahora, al empezar a leerlo) y estuvo aparcado desde entonces esperando su turno. Hace una semana y media, tras la lectura de Yendi, le di una oportunidad y lo leí a lo que, en mi caso, es un muy buen ritmo.



El Perfume narra la historia de Jean Baptiste Grenouille, un hombre que nace con un extraño don para los aromas. Los reconoce, los memoriza, distingue sus olores fundamentales, sus componentes individuales; ve el mundo en olores. Durante el libro se hace alguna comparación con los niños prodigio de la música y, salvando las distancias, me pareció una gran comparación. Grenouille es un prodigio olfativo nacido entre tripas de pescado en la sucia y llena de gente París del XVIII. Mostrando una resistencia increíble y bastante suerte, el pequeño, sucio y feo Grenouille se impone a todas las dificultades que le plantea la vida en forma de desprecio, ataques, dureza. Siempre adelante, como una mala hierba, como una garrapata.

Y el libro trata de su relación con el mundo de los aromas, de cómo ve el mundo, de cómo entiende el mundo a través de la nariz, cómo dibuja la realidad a través de un sentido tan primitivo como el olfato.

La narración es oscura, sobrecargada y opresiva. La historia es tétrica y, a menudo, desagradable. El personaje de Grenouille resulta repugnante y, a su manera, terrorífico; presa de una lógica aplastante e inhumana, de un sentido de la realidad que va más allá de la moral y de la fe. Grenouille no cree en nada más que en los olores, en la verdad que las sustancias imprimen en el tiempo, las sutiles variaciones del olor de una persona según las hormonas que segrega, según la tensión que sufre, o el pánico. Según la adrenalina que tiene en sangre. Nada se escapa a los receptores olfativos del monstruo que es Grenouille.

Nota: 9. La narración es deliciosa, la idea es terriblemente original. El personaje principal es un dechado de oscuro y enfermo carisma y la densa adjetivación no se hace pesada, lo que me parece un logro terriblemente destacable. El final no me gusta especialmente, llegando a parecerme ligeramente ridículo, pero mantiene el tono oscuro y terrible, así que no me desagrada del todo.

viernes, 15 de octubre de 2010

A dos metros bajo tierra (1ª temporada) - HBO

Llego con casi una década de retraso, ya lo sé; pero la serie difícil podría haberme gustado más en su momento.



Recuerdo que hace cerca de un año me puse con el primer capítulo y ahí dejé la serie. Tenía el regusto de las cosas buenas pero no era lo que me apetecía en aquel momento (algo que ya me ha pasado con Roma, por ejemplo). No obstante, hace un par de semanas me apetecía ver algo trágico con pinceladas cómicas (la fórmula que Breaking bad elevó con exquisitez a su máximo exponente) y volví a empezar A dos metros bajo tierra (six feet under, según su título original).

La serie cuenta la historia de la familia Fischer, poseedora de una pequeña funeraria llamada Fischer e hijos. En ella trabajan, en el minuto 0 de la serie, el padre, Nathaniel Fischer sr., su mujer Ruth Fischer, y su hijo mediano David Fischer (el tipo de Dexter). En el minuto 3, como mucho, el señor Nathaniel ha muerto. Así pues, con motivo de su funeral y posterior entierro vuelve el hijo pródigo, que ante sus nulas ganas de dedicar su vida al negocio funerario se había largado a Seattle. Este hijo es Nathaniel Fischer jr., uno de los personajes, en mi opinión, más interesantes de la serie. Su aparición en la serie es en un pequeño cuarto de mantenimiento follando con una mujer, que resulta ser el otro gran personaje de la serie, la loca-loca-loquísima Brenda Chenowith.

El caso es que una cosa lleva a la otra y la familia entera (lo que queda de ella, al menos) vuelve al negocio. A los muertos.

La serie no se centra en una línea argumental, sino que tiene varios frentes abiertos. Tantos frentes como personajes Fischer hay más alguno accesorio como el de Brenda. Nos situarán en sus intereses, en sus formas de ver la vida, en sus mentiras, en sus autoengaños. Cada personaje tiene su propio modo de ser y eso se reflejará por ejemplo en sus visiones de las cosas (especialmente notable en los casos de David y Claire Fischer -esta última es la hermana pequeña de la familia- que podrían pasar por esquizofrénicos leves).


La serie, tal y como cabía esperar de una fabricante de maravillas como es la HBO, es muy buena. Los personajes están muy cuidados, la banda sonora se mezcla con la imagen de forma muy natural, la escenografía está muy trabajada, el guión es brillante por momentos pero muy bueno siempre (a cargo de Alan Ball, artífice de la magnífica American beauty y de la (siendo amable) mediocre True blood (lo siento, fans, "Sexo en NY con no-muertos de pueblo" no es mi idea de una gran serie; empezó bien, cuando parecía que se trataría de una serie sobre la inmersión política de los vampiros, pero acabó siendo lo que acabó siendo)

La intro es bastante elegante y sobria, con imágenes no pertenecientes a la serie pero que la evocan de alguna manera (como en un sinfín de series de la misma cadena):



Nota: 8,5. Es una muy buena serie. Tal vez no a la altura de lo mejor que he visto de la HBO, pero desde luego a un nivel muy difícil de encontrar en cualquier otra cadena. Con unos grandísimos actores, unos fantásticos personajes y una forma muy peculiar de encarar las cosas. Absolutamente recomendable.

Nota: en ubuntu no sé introducir comillas latinas y ahora mismo no tenía tiempo de buscarlo. ¡Maldita sea!

jueves, 14 de octubre de 2010

Rebecca - Alfred Hitchcock

Una mujer, de la que no se nos da el nombre, se casa con Max de Winter, un ricachón viudo, y se muda a su casa, donde se encuentra con que Rebeca —su anterior mujer— sigue ejerciendo algún tipo de influjo enfermo sobre la casa, la criada y el propio Maximilien.



Hubo dos cosas que me encantaron de esta película: los actores principales y el ritmo. En realidad... el resto no me pareció excesivamente conseguido. Joan Fontaine hace un trabajo espléndido, caracterizando a la tímida y extraña mujer sin nombre, apocada por unas circunstancias que se le escapan. Así mismo, Laurence Olivier destaca con su personaje chulo, egocéntrico y capaz de mostrarse absolutamente cercano o frío cual Stark.

Cabe mencionar también a la señora Dambers, la criada y guardiana de la memoria de Rebecca: un personaje que irradia maldad y severidad por cada uno de sus poros. Hiriente sin llegar —la mayoría de las veces— a ser técnicamente descortés. Pobre, pobre mujer sin nombre; ¡qué cosas tuvo que soportar!


Maximilien de Winter está viudo tras que su mujer, Rebecca, se haya ahogado a bordo de un balandro en un lago. En Montecarlo conoce a la mujer sin nombre, que trabaja para una conocida bastante mayor que él a la que, perdonadme la expresión, se le caen las bragas al verlo. Tras una etapa de tonteo de días, la mujer sin nombre y el señor de Winter toman la precipitada decisión de casarse (¡Mal, señora sin nombre! ¿Y si fuese un sádico violador? ¿Y si el fantasma —o algo— de su esposa muerte siguiese materializado de algún modo en la mente enferma de las personas que la conocieron?) y se van a la mansión Manderley donde la pobre mujer se encontrará con la tiránica y fría señora Dambers y con el pastel que comentaba antes.


Nota: 7. Una buena película, con una puesta en escena grandiosa. No obstante, me resultó ligeramente larga (130 minutos) para lo que cuenta y tiene algunas escenas que duran más de la cuenta. Especialmente la parte del principio que, total, para lo precipitado que es todo "nos conocemos, nos gustamos, nos casamos" podían haberle dedicado la mitad de tiempo.

Otras películas de Hitchcock:

Marnie la ladrona.
Extraños en un tren.
La ventana indiscreta.
Psicosis.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Deadwood - David Milch, HBO

Mi vara de medir las series se llama The Wire. Deadwood, su primera temporada, al menos, está a la par. Lo tiene todo. Es intachable: oscura, sucia y enferma; violenta y valiente, carismática, fuerte y sin tapujos. Ambas me las recomendó la misma persona.


Deadwood nos hace viajar al pueblo homónimo, al lejano oeste, donde un abanico de personajes magníficamente diseñados y perfectamente interpretados irán moviendo sus fichas sobre el ajedrez de la serie. Lo cierto es que no se me ocurre nada malo que decir de Deadwood. Es perfecta en todo. Actores, guion, vestuario, decorados, maquillaje... todo es genial.

Montana y Wild Bill Hickock son geniales, ambos. El médico llega a resultar épico en su desdén por los tejemanejes y por lo que parece mejor para su seguridad. La ruindad de Al, el dueño del Gem, podría ser utilizada en un manual de ruindad humana. Trixie, de la que la mitad de las veces no sabemos si viene o si va debido a todos los intereses implicados en sus movimientos. Farnum, la rata que quiere ser zorro es genial, Alma es carismática —además de seducir inexorablemente a la cámara—... todos tienen su punto. De un modo uno, de otro otros. Todos a excepción de Calamity Jane, que me da bastante pena. Es demasiado patética para mi gusto.

Es difícil decir de qué trata la serie. Trata del pueblo, del caos, de los intereses personales de cada personaje.   Intereses cruzados, egoístas; mentiras, amenazas, unos cuantos indios, muchos puñetazos y un puñado de balas. Lo agitamos bien, ponemos un par de muertos bien colocados, unos cuantos mafiosillos con sus matones y ya está. Tenemos el cóctel bastante fuerte, cargadito e intenso.

Como ya he dicho, la parte ornamental, el vestuario, el maquillaje, los decorados, la música y demás... son directamente impresionantes. Intachables.

Nota: 10. Brutal, impactante, con una narración densa e interesante, con unos personajes atractivos, magníficos. Genial. Corred a verla aunque no os guste la temática vaqueril.

lunes, 11 de octubre de 2010

Dracula (1931)

Dado que no me gustaba la versión de Coppola, vi este fin de semana, aprovechando que Lau tenía la película a mano, este clásico del cine con la incombustible figura de Bela Lugosi en el papel de Drácula. Este comentario sería más gracioso si hubiese muerto en un incendio, pero me temo que no ha sido el caso.



Me esperaba más de la película. Es cierto. Los actores no me parecen nada del otro mundo (en la de Coppola sólo destaco al genial Hopkins), aquí sólo destaco al grandísimo Dracula. En la de Coppola es Oldman, que aunque no digo que haga mal el trabajo, sí he de decir que no me gusta cómo le queda su Drácula. En mi mente tiene quedar un mal rollo flipante, y el suyo me parece casi un colega. El caso, que me descentro: Dracula de Tod Browning no me ha parecido una gran película. Un visionado ligeramente aburrido, una puesta en escena interesante, un reparto aceptable, una música bien escogida (destacando, creo que Lau se ofende si no lo hago, El lago de los cisnes del principio) y una duración apta para casi cualquier público, incluso los que más protestan si la película supera las dos horas: sólo 75 minutos.

Nota: 6,5. La película cumple tanto como la archirreputada versión de Coppola, y aunque es algo más aburrida, me pareció mejor película. De todos modos, hay muchas cosas mejores que ver.

jueves, 7 de octubre de 2010

Yendi. Duelo de rufianes - Steven Brust

Si tras leer la reseña de Jhereg la obra de Brust no despertó vuestro interés, podéis dejar de leer. Yendi, la segunda novela de la serie de Vlad Taltos da otra cucharada de molonidad (que no molaridad) del mismo tipo. Sigue la línea. Brust nos prepara otra sopa con la misma receta de velocidad frenética, tensión constante, amenazas de muerte, clímax seguido de clímax seguido de clímax seguido de clímax y de repente final. Porque así acaban las cosas, porque a veces el elemento en discordia no sabe plantear una defensa adecuada, porque los finales no tienen porque ser épicas batallas a la luz del atardecer o una pelea-carrera de taberna + callejones.



La historia de Yendi no es tan potente como la de Jhereg. Es más bien una contextualización, que le cae muy bien a su condición de precuela. En Jhereg, el ritmo es tan frenético que los personajes apenas tienen presentación. Sabemos que Cawti es su esposa, que Kiera es una gran ladrona dragaerana, que Aliera es una hechicera bastante buena, que la Nigromántica es una crack de la nigromancia y que Morrolan mola un puñado y es todo un Señor Dragón honorable y recto. En realidad sabemos poco más. La historia no da tregua y los personajes sólo enseñan cosas de sí mismos decidiendo. Eso es, en parte, lo que consigue ese efecto tan vertiginoso. Yendi, en cambio, nos presenta algo más la relación de Vlad con Morrolan y Alieran, cómo conoce a Cawti —y a su compañera «La Espada del Jhereg», Norathar—, nos cuenta, referenciado, cómo se hizo un hueco, cómo obtuvo sus primeros negocios y las desventuras que tal acontecimiento le produjo con un tipejo de su misma calaña llamado Laris.

La verdad es que, cuando lo empecé a leer, pensé que esa historia no iba a ser suficiente, que no se podría hacer mucho más que contar una historia normalita llena de información adicional para contextualizar el mundo y disfrutar más los demás libros. Pero no, me equivocaba. A pesar de que el argumento no es tan evocador como en Jhereg, sigue siendo una narración rápida y con carisma; con una lógica interna inabarcable por momentos —es difícil pensar como un personaje de Vlad Taltos, donde la intriga, la magia, la brujería, los sobornos, los contactos y demás se combinan en una espiral terrorífica... normal que Vlad sea paranoico— y con unos personajes interesantes y atractivos.

De forma, tal vez, ligeramente mitigada, Yendi nos ofrece la misma receta en otro escenario; en uno todavía más lleno de intrigas y misterio. Un duelo insidioso entre dos mafiosos asquerosos como son Vlad y Laris.

Nota: 8,5. El libro mola. Es un hecho. La narración es tan atractiva como en el primero, los nuevos personajes introducidos no desentonan (destacaré a Bastones, con su frase "No tiene futuro", al que no le puedo negar unos rasgos de PnJ cachondo) y la historia, si bien carece de la garra del primero, Brust consigue vendérnosla bastante bien y saliendo airoso.

domingo, 3 de octubre de 2010

Novatadas

Internet es una fuente de mitos, es cierto. La fuente de mitos por excelencia, tal vez. De lo que se dice en internet siempre me queda la duda de «hasta qué punto será cierto». Saco esto a colación debido a la ingente cantidad de publicaciones que he recibido desde diversas páginas de novatadas varias. La mayor carga de este tipo ha venido desde ADV, que no diré ni que sea sorprendente, ni que sea un medio fiable, ni nada. Pero de todos modos, esa sarta de publicaciones —que de alguna mente han salido, sean ciertas o no— me preocupan. ¿De verdad la gente es tan gilipollas? ¿De verdad la gente tira tripas encima de sus nuevos compañeros o los empapan —a ellos y a sus dispositivos electrónicos—, de verdad hay quien se tira a un compañero de cursos por encima para no pringar, etc.?

No sé, la verdad, si quiero pensar en ello. En principio me niego a pensar que la gente sea tan estúpida, sobre todo tras superar su adolescencia. A mí, personalmente, me parece algo tan de película basura yankee... en fin...

viernes, 1 de octubre de 2010

Águila Roja (1ª Temporada) - Steven Brust

Tardé mucho en decidirme a verla. ¿Por qué? No me gusta el estilo español a la hora de hacer cine y series. Música, literatura, sí; vale, pero el cine me parece, casi siempre, nefasto. El caso es que en mi círculo de amigos —encabezados por Cris, todo sea dicho— se empezó a hablar bastante de esta serie. Esto no fue suficiente para que yo me dignase a verla. Soy un tipo difícil. Poco a poco, más gente me hacía comentarios positivos, Cris insistía e insistía y un día empecé a verla.



Siendo honestos... vi dos capítulos y me parecía una serie malilla. No horrenda, ni tentacular, ni nada; sólo mala, cutre, tópica y con un ninja castellano —un puto ninja, a mis xenófobos ojos— en la España del XVII. Unas semanas después vi el tercer capítulo, que si ya me gustó más que los dos primeros... me siguió pareciendo pobre. Y pausé la serie. Lo cierto es que pasaron varios meses y un día retomé el cuarto capítulo en el que, en mi opinión, tal vez difuminada por la distancia respecto a los otros tres capítulos; me pareció que pasaban muchas más cosas. Tanto fue así que vi el resto de la temporada (episodios 5-13) en los 7 días siguientes —el día 29 de la huelga general vi dos, en eso aproveché yo la huelga... en fin— y le di fin.

Mi opinión, muy resumida, es que se trata de un producto mucho mejor de lo que yo me esperaba. Mucho, mucho mejor. La historia es simple, llena de giros y quiebros y tal, pero simple, interesante y divertida; los personajes son claros y bien definidos; entre los actores hay un poco de todo, pero lo cierto es que Javier Gutiérrez (Saturno), Francis Lorenzo (Hernán) y Myriam Gallego (Lucrecia) lo hacen muy bien; e incluso algunos niños, especialmente Patrick Criado (Nuño) y Guillermo Campra (Alonso) lo hacen bastante bien.

Argumento (algunos spoilers):
Gonzalo (David Janer) es un maestro de escuela que por amor retó a un noble a duelo y lo mató y, entonces, tuvo que irse del país. En Japón le enseñaron las artes de los ninjas y volvió a España cuando ya se había calmado el asunto. Actualmente —en el momento inicial de la serie—, está casado con una mujer con la que tiene un hijo llamado Alonso. La mujer muere en el primer capítulo a manos de la justicia, tras que un miembro de una misteriosa logia la monte de mala manera en una reunión de la misma. Entonces Gonzalo se pone muy, muy triste y se convierte en Águila Roja, para desfacer entuertos y ayudar al pueblo llano. O algo así. Águila Roja es la versión ninjacastellano de Batman. En serio, tiene águilatirolina y todo.

Para mí, lo mejor, el comisario; que mola un puñado: la estética, el estilo, su forma de luchar. Grande. Realmente grande. Por mi parte, la serie podría llamarse El espadachín oscuro, o algo así; y estar protagonizada por un combatiente a la española. Joder, ¿qué mariconada es ésa de poner un proyecto de ninja? ¡Con lo que molan los viles duelistas castellanos! Pero bueno, como antagonista también cumple. Un malo con sus propias motivaciones y sus sentimientos. Seguido de cerca por la marquesa, que me parece un personaje maravilloso, conseguido, traicionero, ansioso de poder. Fantástico. Luego Saturno, que tiene un toque a Sancho Panza impagable.

Nota: 6,5. No nos vamos a engañar. Águila Roja no es una gran serie y no marcará un nuevo hito en las series del mundo; pero sí lo ha marcado en las series de España. Les falta presupuesto para lo que quieren hacer, porque ésta es una serie que, haciéndola más vistosa, podría ser muy, muy grande. Haciéndola más vistosa y, sobre todo, sin estar supeditado al «todos los públicos». Si esta serie fuese yankee y la llevase la HBO, podría ser memorable. En España difícilmente pasará de «aceptable» o, en el mejor de los casos, «buena» sin más.