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martes, 28 de marzo de 2017

Los chicos están bien - Lisa Cholodenko

Incluso en una época en la que veía una cantidad casi industrial de películas al mes, dejé pasar Los chicos están bien. El argumento no me motivaba y la consideración de «indie de relleno» que tuvo para muchos allegados su nominación a mejor película en los Oscar tampoco ayudó.

Hace unos días, en cambio, me la encontré en Netflix y me entraron muchas ganas de verla. Mereció la pena.

Maravillosas ambas.
Photo by Suzanne Tenner - © 2010 Focus Features

Lo extraordinario de lo ordinario

Los chicos están bien es una película sencilla y realista sobre lo cotidiano, los problemas de pareja, la familia la adolescencia… Los ejes en torno a los que se articula resultan cercanos, lo que hace que empaticemos más con los personajes: es fácil ponerse en su lugar, fácil entender cuánto queman pequeños errores mantenidos, y fácil alegrarse y sufrir con ellos. Y Lisa Cholodenko, que lo sabe, lo explota.

Nic (Annete Benning) y Jules (Julianne Moore) son una pareja de lesbianas con dos hijos, Joni (Mia Wasikowska) y Laser (Josh Hutcherson), del mismo donante de semen. Nic y Jules son una pareja normal, con sus más y sus menos; Jules intenta abrir un negocio de asesoría paisajística (nombre chic para el diseño de jardines), Nic es una médica a la que le gusta un poco de más el vino; y entre ellas hay cierta tensión. Joni y Laser, aprovechando que ella acaba de cumplir los 18, solicitan conocer al donante, lo que los lleva hasta Paul (Mark Ruffalo), el dueño de un restaurante, que trabaja su propio huerto ecológico y orgánico. Este acercamiento culmina en el deseo de las madres de conocerlo para decidir con qué ojos ven que sus hijos se relacionen con él.

El interés mutuo entre Jules y Paul pasa a convertirse en el motor de la historia. Un motor que no pega demasiados acelerones: la historia discurre a su ritmo, fiel a esa narrativa cotidiana, a esa normalidad bien conocida. La tensión se dibuja pincelada a pincelada con el paso de los días, mientras los chicos van desarrollando una relación más cercana con el padre.

Siempre me encantó esta chiquilla, incluso le perdoné el paso por Alicia. Y Peeta, bueno, aquí no es Peeta, que ya es algo…
Photo by Suzanne Tenner - © 2010 Focus Features

Es curioso que resulte chocante que una película se desarrolle de la forma esperada por propia voluntad. Estamos tan acostumbrados a ver algún giro rocambolesco y a ese deseo evidente de sorprender al espectador. Los chicos están bien es tan normal que parece rara.


El valor seguro de un reparto entregado

Pero incluso dentro de la normalidad más ordinaria, hay algún detalle: como esa escena en la que todas las tensiones están ya a punto de estallar, y en un último intento de devolver las aguas a su cauce, los principales contendientes de la lucha se desafían a ritmo del All I Want de Joni Mitchell. En mitad del proceso de paz, ambos se exhiben con una letra bastante directa. Es una escena sencilla y calmada, pero tan tensa, expresiva e intensa que abre la puerta al desastre. El último reducto de paz antes de la tormenta. No hay otra alternativa.

Y es que la mayor baza de la película es su reparto, entregadísimo y eficaz; capaces de transformar un momento divertido en una guerra sin cuartel con apenas un gesto o una línea de diálogo entonada con cierta voz. Son ellos, todos, los que llevan el peso de la película. Adaptados a cualquier situación y enfoque, unos todoterrenos imparables. Ruffalo y Benning fueron nominados al Oscar por sus papeles, y dudo que Moore no estuviese en las quinielas. Y los chicos (perdonadme por esto) están bien. Tanto Wasikowska como Hutcherson se muestran creíbles y transmiten las dudas y la hostilidad debida.

Creo que Paul tiene tensión sexual con todo lo que pilla, pero…
Photo by Suzanne Tenner - © 2010 Focus Features

Los chicos están bien sí que iba un poco «de relleno» en mejor película, en el sentido de que no tenía ninguna opción de ganar (como unas cuantas de las 10 nominadas aquel año); pero es una buena película y ofrece un drama creíble, un humor efectivo y la posibilidad de disfrutar con un reparto inspiradísimo.

martes, 14 de marzo de 2017

Jurassic World - Colin Trevorrow

Hace unos días vi Jurassic World. Estaba cansado y le pedía muy poco; quería que me entretuviese lo que durase, pero ni eso. O, al menos, no del modo en que supongo que quería hacerlo.

«No os preocupéis, chavales, que soy el alfa de la manada.»
Photo by Chuck Zlotnick - © 2015 - Universal Pictures

Quiero destacar que se adivina alguna idea interesante en la película, y que me gustó especialmente que ahora el parque sea como una ciudad. La atracción ha crecido; tiene decenas de miles de visitantes y es como una pequeña ciudad. Está bien. Es una evolución aceptable de la idea original. Me gusta también que busquen nuevas cosas que ofrecer para evitar el hastío de la gente. Da la sensación de ser un parque temático.


El hijo bastardo, y algo tonto, de Jurassic Park

Ríos de tinta se escribieron en su momento sobre los tacones que Claire lleva en la selva, y quiero romper una lanza en su favor, porque dentro del cúmulo de sinsentidos de la película, los tacones ocupan un lugar bastante modesto. Me resultó más intragable la carrera final, de la que hablaré después.

Jurassic World
presenta a un grupo de imbéciles de todas las edades y roles. Está el tío guay de los 80 (le falta el walkman. A lo mejor ensayó el personaje con el guión de Guardianes de la Galaxia, a saber); el niño repelente, el hermano mayor un poco tonto y algo fanfarrón; la tía profesionalísima y megapro que, en cuanto la aprietan, solo decide cosas basadas en el corazón; un director del parque más dedicado a la molonidad de ser rico que a dirigir las instalaciones (su estupidez va por otra parte, ya hablaremos de ella), un villano rematadamente idiota, un informático algo patético (aunque tiene quizá algún momento divertido)…

«No tengo sentido ni falta que hace. ¡Soy rico!»
Photo by Chuck Zlotnick - © 2015 - Universal Pictures

El mayor problema es que quiere ser Jurassic Park con desesperación, como el Episodio VII quería ser el IV, pero con menos brillo y con menos ideas. La historia, como en aquel caso, es fundamentalmente la misma; pero se desarrolla peor. Y también se ve peor. No diferente, no; peor. Jurassic Park se sigue viendo imponente y a la versión en Full HD de Jurassic World le falta vistosidad (quizá en 4k luzca más, no lo sé). Me atrevería a decir que el que una sea de Spielberg y la otra de Trevorrow también tiene algo que ver.

En cualquier caso, los problemas se retroalimentan. La historia mal llevada se encuentra con los personajes imbéciles y así comienza la hecatombe. Hay escenas enteras sin ningún sentido y personajes entre planos y ridículos.

Los personajes

Nos presentan al chulo de los 80 con un «¿Pero quién va en pantalones cortos a una primera cita?», y, muy inteligentemente (creo que es lo más brillante que dice en toda la peli) responde que están en el trópico y que hace calor. Pero se pasa la peli en camisa, chaleco de cuero por encima, pantalones vaqueros largos y calzado duro. Siempre. No importa qué haga. Es su uniforme vital. Solo se lo quita para ir a citas, vale.

El director del parque, que se está sacando el carnet de piloto de helicópteros decide pilotar en una misión de ataque (con esperables resultados). 

La mujer (la de los tacones) decide ir personalmente a buscar a los sobrinos perdidos (con los tacones y el machote de los 80 que fue en shorts a la primera cita. Solo Richard Curtis podría haber resuelto esa situación con éxito. Visto en perspectiva, Curtis habría hecho un peliculón con Jurassic World). 

El parque encarga un híbrido de dinosaurio muy loco pero consiente que haya secreto absoluto sobre sus características y posibilidades (los creadores podrían haber mentido, pero no; es que quedaron en que no se lo dirían y a todos le pareció estupendo, jiji jaja y todos muertos. Todo bien. Vamos a dejar a un lado las ideas que tienen sobre cómo funciona la transgénesis, porque tiene telita también).

Venga, mosasaurio, acaba rápido con esto.

Cuando la debacle ya es evidentísima y el caos recorre la isla, los visitantes del parque están quietos en una calle, al sol (ese sol fuerte que hizo que el machote fuese en pantalones cortos a la cita pero hace que se pase todo el día con chaleco sobre la camisa y pantalones largos), esperando que algo venga a matarlos. Lo sorprendente es que lo que se fuese a matarlos no los encontrase a todos desmayados.

Y todo así.

Contiene detalles de trama (si a esto se le puede llamar trama)

Cuando ya parece que la cosa no puede ir a peor, completamente enganchado por la vergüenza ajena, ese mismo morbo que hace que algunos vean Gandía Shore, se destapa el plan. Para detener al bestiarrón van a usar a los raptors como tropas de élite. El machote de los 80 avisa de que es una mala idea, pero no importa, allá van. Cuando se topan al Indominus, este ruge y los domina. ¡Han cambiado de alfa! Pero no importa, porque poco después, el machote acerca la mano a uno de los raptores, como si fuesen Hipo y Desdentao y le dice que lo quiere y nosequé, y el raptor se libera del influjo del alfa colosal (esto pasa tal cual en Cómo entrenar a tu dragón 2, sí; Chris Pratt hace del puto Hipo en Jurassic World. Si tuviesen un poco menos de sentido del ridículo, lo habrían montado a lomos de Blue y lo habrían petado…). Aún queda otra escena para la posteridad (aunque visualmente tiene su punto molón, todo sea dicho), de la mujer en tacones yendo a llamar la atención del tiranosaurio (ese del que en Jurassic Park no conseguían despegarse yendo en coche, ¿os acordáis? Bueno, pues debe de estar viejuno, ya, que ahora le mantiene el ritmo una persona en tacones).

En sus marcas, listos… ¡a taconear!
Jurassic World queda como un extraño intento de ser más que Jurassic Park: más grande, con dinosaurios más terribles, más armas, más explosiones, más acción… pero solo consigue una cosa: ser más cutre. Se deja ver, pero sobre todo porque conecta algunas cosas tan a lo loco y con tan poco sentido del ridículo que parece una película de SyFy con pasta.