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jueves, 31 de diciembre de 2009

Extraños encargos

- Irás allí y le obedecerás en todo lo que diga. Puedes discutir con él, puedes aconsejarle e intentar modificar sus decisiones, pero si pese a todas tus palabras, te da una orden; la cumples.
- ¿Y si me ordenada matar a un inocente?
- Lo matas.
- ¿No contraviene eso el Código?
- ¿Cuál es la primera norma?
- Obedecer las decisiones de los cargos superiores.
- ¿Soy un cargo superior?
- Sí, maestro.
- Pues, entonces, cumple las órdenes.
- ¿Por qué, maestro? ¿Por qué esta misión?
- Necesitamos a un observador cerca de él, saber qué va a hacer y cómo. El Sabedor sólo ha dicho que no morirá bajo nuestra espada a las preguntas del Gran Maestro, así que te hemos elegido para seguirlo vaya a donde vaya, para estar con él y mantenernos informados.
- ¿Y si me ordena algo contra otro hermano?
- ¿Qué te he dicho?
- Que, si no logro convencerlo de lo contrario, cumpla sus órdenes.
- Muy bien, parece que no eres tan estúpido; debe ser sólo rebeldía principiante.
- ¿Y si me ordena cargarme a alguien importante, joder!?
- Entonces, suerte.
El pupilo suspiró con resignación.
- ¿Cómo acabará todo, maestro?
- Te pediremos que lo mates o que vuelvas a la montaña.
- Si eso sucediese...
- Entonces no podrías dejar ninguna prueba de que ha sido un brujo. Usa a tu demonio o utiliza el ambiente que os rodee, hiérete intentando protegerlo, lo que sea. La Orden no puede quedar en entredicho. Nunca.
- Sí, maestro.
- Ve, hijo.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El arma definitiva (Saikano) - Shin Takahashi

Hace unos cuantos años, por recomendación de un viejo amigo, vi esta serie, Saikano (Saishu heiki Kanojo), El arma definitiva,  que si no recuerdo mal tiene 13 episodios. La vi dos veces, la primera vez no me gustó demasiado: el argumento era tópico, previsible y un poco tosco, pero el final me gustó. El enfoque, las palabras que habían elegido, el tono... todo. El final me gustó tanto que pensé que la serie tenía que tener algo más, algo más que aquella historia de segunda que captaba de entrada.



Lo tenía, Saikano es su tono; es la personalidad culpable y llorica de Chise, es la frialdad y la sexualidad de Shuji; Saikano es la historia que se insinúa y no la que te bombardea los sentidos. Saikano era, para mí, aquella guitarra eléctrica triste y solitaria sobre un paraje desolado; era aquella sensación de artificio, aquella muerte y la locura que lo rodeaba todo. Saikano era lo que rodeaba a la historia simple y adolescente que estaba contando.

Y pasó el tiempo, se sucedieron los años, las experiencias, se sucedieron sonrisas y lágrimas y, así, un día que Ryudo llegó una hora tarde, me trajo en compensación siete preciosos y maravillosos tomos de Saikano. Fue mi segunda aproximación a tan maravillosa obra.



La serie, para qué engañarnos, la tenía en alta estima. En muy alta estima, incluso; pero no dejó de resultar un reflejo pálido y vulgar de la lenta y sensual cadencia que tenía en aquellas páginas. Aquellas conversaciones torpes, mendigando perdón de Chise; aquella bravuconería y falsa virilidad necesitada de comprensión de Shuji; la actitud valiente y casi despiadada de Akemi, el estúpido y enamorado Atsushi, la solitaria y triste Fuyumi, el aguerrido y estoico Tetsu... tantos personajes, todos tan importantes y matizados - algunos en tan pocas páginas que parece sorprendente el sentir la más mínima simpatía por ellos - que siempre dejan con las ganas de saber algo más.

Son siete tomos de extensión considerable editados por Glénat, quienes se caracterizan - creo yo - por un buen papel y una buena impresion (esto se nota perfectamente en las páginas negras de un lado y blancas de otro, donde podemos notar la escasa transparencia del lado oscuro al claro a pesar de la nitidez indiscutible en ambos lados) en los que se nos cuenta la historia de amor de una pareja de adolescente Shu y Chise, dos estudiantes de instituto y cómo ella es convertida en El Arma Definitiva, un proceso que la irá alejando de lo que se interpretaría como humanidad y llevándola a otro peldaño a otra forma de entender las cosas (que creo que se esfuerzan en que no quede reflejado ni como peor ni como mejor que el típicamente humano).



Saikano es una historia contada con una pulcritud envidiable, con algunos discursos memorables y con unos personajes asquerosamente humanos. Demasiado humanos, por lo que se puede ver hoy en día.

El dibujo es adorable y tierno, las caricaturas que pueblan muchas de las páginas son encantadoras y tienen una expresividad brutal, las acciones muchas veces inmorales que toman muchos de los personajes arrastrados por el amor, el deseo, la soledad o el miedo tienen un reflejo increíble en muchos de los dibujos, aunque en los dibujos más detallistas se vea cierta rigidez en los miembros un tanto artificial. Entraría más en detalle, pero no entiendo tanto de dibujo como para ir más allá.

Nota: 9.
Pros: una historia bonita, bien contada, con personajes interesantes y un desarrollo con tono reflexivo sobre las personas, la humanidad y la guerra.
Contras: la historia central (o la subtrama principal, depende de en qué queramos fijarnos) es un poco predecible de más. La música, la canción, The last love song on this little planet pierde mucha gracia al no saber nada de ella. Ese punto brilla cegadoramente en la serie pero desluce mucho en el cómic, una lástima; tal vez debiera haber buscado algo más emotivo o envolvente en este caso.




Y dejo Hoshi no hate, como muestra de la banda sonora del anime.

martes, 29 de diciembre de 2009

Scrubs, primera temporada.

Hace mucho, mucho tiempo (en esta misma galaxia), un amigo con el que siempre coincido en gustos y otro con el que nunca lo hago me recomendaron esta serie. Y no la vi. Tenía muchas cosas para ver y, en aquel momento, había otras series y películas que me atraían mucho más. El caso es que, como siempre, llega un momento en que le doy una oportunidad a algo. Hace poco, muy poco, se la di a Scrubs.




Scrubs es una serie de... ¿médicos? Bueno, Scrubs es una sitcom, como How I met your mother, como The Big Bang Theory o como Friends. Tal vez más como Big Bang que como las demás, porque al ser una serie de médicos, de vez en cuando (muy poco, todo sea dicho) habrá vocabulario técnico de por medio (y no, no es importante en absoluto para entender la serie o para divertirse con ella), cosa que a veces sí pasa en la de mis adorados físicos.

J.D. (John Dorian) es un jovenzuelo aspirante a médico que está cumpliendo su época de interno. En el hospital, y como en todas las sitcom, se nos presentará a un grupo de personajes principales que vivirán su *normal* existencia haciendo especial hincapié en sus líos amoroso-sexuales. Es una sitcom, es lo que hay. No obstante, hay algo en lo que esta serie destaca sobre otras competidoras del estilo: Scrubs tiene el abanico de personajes secundarios más maravilloso que me he echado a la cara. Así como en Big Bang mi favorito es Sheldon, como How I met es Barney (antes más que ahora, me empieza a parecer bastante aburrido), etc.; en Scrubs ni siquiera lo tengo claro. Los secundarios son todos la leche: Cox, Jordan, Kelso, Ted, el conserje, Todd... sencillamente le dan un ritmo y una intensidad brutales a la serie.

Además, como toda serie cómica que se precie, tiene referencias a Star Wars. A este paso acabaré viéndolo como condición inexorable en toda serie cómica con unas aspiraciones mínimas.

Muy recomendable.
Nota: 7.5. Un guión fuerte y rápido, unos personajes interesantes (especialmente los secundarios), no me gusta la voz de Cox en castellano (es lo que hay) y, apunte de Lau: la mayoría de personajes llevan siempre la misma ropa (la del hospital)... estén donde estén.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Los actores de Big Bang...

parodiando.

Gracias a Lau por el enlace.

La torre de Rudesindus - NSR

Recientemente he probado este minijuego de la editorial NoSoloRol que auguraba partidas divertidas y sin complicaciones. ¿El resultado? Una partida divertida y sin complicaciones.

La torre de Rudesindus es un juego en el que se interpreta a un Lutin (supongo que se escribe así), una criatura de pequeño tamaño (algo más grandes que una lata de Coca-cola, en palabras de la narradora) que firman un contrato con Rudesindus, un mago malvado, por el que se comprometen a trabajar para él durante 13 años a cambio de una determinada recompensa. Así, durante ese tiempo, el Lutin trabaja en los quehaceres de la torre sobreviviendo a las cosas más comunes, que son peligrosas para un bicho de ese tamaño e intenta a toda costa ganarse su recompensa.

En la partida en la que jugué, la adaptación era la siguiente: unos pitufos previamente empapadas en brea eran enviados a sabotear la torre del malvado Gargamel en unos días que él se iba de viaje. Así, un fortachón bravo, un bromista psicópata, un granjero ligón, una pitufina zorrilla, un ingeniero apocado y un cocinero comedido se metían en las entrañas del mal con contratos falsos dispuestos a montar las de Dios es Cristo. Cabe decir que con tal equipo tan óptimo, vencimos, como no podía ser de otra manera; casi sin percance alguno.

El sistema de juego no podría ser más sencillo. Se tiran 3d6 y, en condiciones normales se descartan el dado más alto y el más bajo y uno se queda con el del medio. Si es algo en lo que somos expertos, nos quedamos con el resultado más alto. Fin del sistema. Rápido y fácil, y con más campana de Gauss que muchos juegos de los que se presumen serios.

El resultado fue más que notable. Dentro de las limitaciones evidentes del juego, fue un one shot divertido, rápido y completito.

Un juego muy recomendable para partidas cortas o de iniciación al mundillo por la facilidad del sistema.

Kurt Wimmer - Equilibrium

Nunca había oído hablar de esta película, una flipada en plan Matrix y con abundancia de tiroteos varios.

No me esperaba nada destacable de la misma: una peli vacía y entretenida con la que pasar algo más de hora y media. Y, efectivamente, la película no aspira a revolucionar el cine, pero entretenida es un rato y visualmente es preciosa (sacando las 3 escenas de tiroteos, que son ridículas como en casi todas las películas que abusan de LSD).

El ambiente en plan 1984, el vestuario precioso, las coreografías, el niño-nazi (si la veis sabréis por qué lo digo) y demás consiguen una película divertida y rápida sobre el típico fulano que se enfrenta al sistema injusto al que dedica su vida. Vale, que sí, que no revoluciona el mundo de los argumentos (como Avatar, pero al menos... 1984 tiene más interés que Pocahontas, ¿no?).

Para pasar una tarde de día lluvioso es una peli que cumple con creces. Tomadla como típica historia de acción flipada (total es uno de los géneros que más triunfan) y sentáos. Cuando os deis cuenta habrá caído la cortinilla de créditos.

Drácula - Coppola

Llevaba mucho sin hincarle el diente (qué agudo, ¿verdad?) a esta película, considerada la mejor adaptación de la obra de Bram Stoker (que murió de sífilis). La vi siendo un crío (93-94, con 6-7 años, y recordaba muy poco; de hecho... prácticamente nada).

Por lo que me dijeron, la película se centra más en los amoríos que en la monstruosidad de Dracula, que es el eje del libro (de hecho, al parecer, en el libro Mina es leal acérrima y aquí se enamora de un Dracula majísimo y enamorado y demás - ¿de verdad es la adaptación más fiel? Es que cuesta creerlo. Tendré que buscar más información al respecto). De hecho, me han entrado muchas ganas de leer el libro... es que me interesa más el factor monstruoso que el factor empapabragas del vampiro, qué le vamos a hacer (tranquilo, Coppola, sé que ganarse al público femenino estándar es importante, .

La película es entrenidilla (sobrevalorada en cualquier caso). No me gustó nada el señor Harker (al ver quién era el actor en Imdb me quedó claro por qué), pero me gustó Van Helsing (Hopkins). Y una de las tres enseñatetas (es lo único que hacen, en realidad) es Monica Belluci, la chica ya apuntaba maneras: ¡ése es tu cine, Monica!



Añado que, personalmente, me gustó el toque místico con los juegos de sombras, donde la sombra de Vlad hace lo que quiere por su cuenta, dándole un toque muy tétrico y chungo. Me gustó el castillo y la banda sonora y creo que el sonido y los efectos visuales están muy cuidados para la época (¡contando que es preJurassic Park!). Pero el resto me dejó entre indiferente y decepcionado.

¿Esto sacó a Coppola de la ruina en la que lo metieron -cito de wikipedia - El padrino III y Apocalypse now? Qué injusta es la vida a veces.

Nota: 6.

Problemas técnicos

Debido a que mi equipo de sobremesa sufre una serie de problemas técnicos y a que la pantalla de mi portátil ha dicho (tras un largo periodo de agonía): "hasta aquí hemos llegado", tendré esto, probablemente, un poco más abandonado que en los últimos dos meses. Tal vez no, quién sabe.

Un saludo y feliz año si no escribo más hasta entonces.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Elfos negros y muertes

Al día siguiente me desperté temprano y fui a las clases de Ber. Había enviado a Luna a su casa porque ya se encontraba mejor. Al salir de allí fui a dar mis clases de elfo-cottar y luego volví a mi casa, cogí el centro de flores y armada de valor me dirigí a casa de Aruala.
- Hola, Aruala – dije en cuanto se abrió su puerta.
- Hola – respondió, sin poder evitar fijarse en el trabajado centro - ¿Y eso? – preguntó.
- Me gustaría reparar lo que hice – le respondí tras unos instantes de duda.
- ¿Y qué hiciste? – su voz resultaba dura, casi impasible.
Dudé, ¿estaría intentando algo con esa pregunta?
- Te hice esperar cosas… y me decidí tarde. Pero ahora estoy segura de que me gustaría que…
- Ahora no, Alai. Prefiero dejar pasar un tiempo…
- Oh… claro, bueno… pues… – no tenía ni idea de qué decirle, pero le había hecho el centro, así que se lo tendí.
- Muchas gracias por las flores – me sonrió, aunque sin demasiada alegría.

Así, habida cuenta de que Aruala ya no me ayudaría con la fuente, me acerqué a la casa de Armus a ver si él estaría interesado.
- Supongo que querrás algo bonito – dijo. Y ante mi asentimiento se encogió de hombros – Habla con Alain, entonces, que es el artista.

Pero en aquel momento tenía muy pocas ganas de verlo y, yo también, preferí dejar pasar un tiempo.

Y así pasó otra noche y otro día. Un día de rutina. Sin embargo, la siguiente noche se saltó todo lo esperable. Estaba dormida cuando sonaron las campanas de alarma. El sonido era brutal, llegaba a todas las casas con potencia. Pararon después de unos cuantos toques, ahora se necesitaba silencio: fuera lo que fuese, ya estábamos avisados. Cogí un cuchillo y salí a la calle, corrí hacia la casa de Aruala. Estaba confusa, tal vez un poco inquieta, no sabía qué había fuera, pero quería ir a buscarla. Salí, fuera estaba a oscuras salvo por el brillo de algunas llamas. Caminé todo lo rápido que me permitían las piernas y los ojos hasta llegar. Llamé. La puerta se abrió de repente, Aruala sostenía un cuchillo en cada mano. Desentonaban horriblemente con su apariencia, en general más frágil, de jardinera.
- ¿Estás bien? - le pregunté.
- Sí, ¿qué ha pasado? – me preguntó, con voz entre tensa y somnolienta.
- Todavía no lo sé, pero dieron la alarma y… me preocupé por ti.
Aruala sonrió, tal vez ilusionada, tal vez cohibida. Quizá con más luz pudiera haber visto si se sonrojaba o no.
- Bueno – le dije –, si estás bien creo que iré al hospital, Ber tiene que ser protegido. Ten cuidado y…
- Iré contigo – dijo.
- No, no; no hace falta, puede… podría ser peligroso.
Ella se guardó uno de los cuchillos, salió de su casa y cerró la puerta.
- Vamos – dijo. Y fuimos.

Nos dirigimos con el máximo sigilo posible hasta el hospital y en un cruce de calles nos encontramos una figura embozada y cubierta por completo. Echó mano hacia un sable que llevaba colgado de un trabajado cinturón de cuero y en ese momento un cuchillo se le clavó en el pecho. La criatura cayó acto seguido al suelo sin emitir un solo gemido. Aruala sacó el otro cuchillo y cuando iba a felicitarla por su buena puntería, una nube negra, una maraña de oscuridad informe se tejió de pronto sobre el cuerpo caído. Cuando se disipó, el cuerpo había desaparecido.
- ¿Seguimos?
- No nos queda otra, podrían atacarnos aunque fuésemos en dirección contraria.
Y seguimos hasta que nos emboscaron.

Examinábamos cada esquina, cada sombra  de la calle, examinábamos todos los salientes y todos los entrantes para no llevarnos sorpresas. Caminábamos por el centro de la calle por si salían desde una de las casas, no contamos con que nos atacasen desde los tejados. La flecha se clavó al lado de Aruala, errada por centímetros. Yo la agarré y nos tiramos hacia los soportales intentando buscar la máxima cobertura posible. Ella cerró los ojos y se concentró en silencio. Medio minuto después un drow gritaba mientras caía desde un quinto piso. El impacto contra el suelo hizo que dejase de gritar.
Se empezaron a escuchar pasos por el tejado bajo cuyo soportal nos encontrábamos, descendían. Se habían dado cuenta de que había magia de por medio. De repente escuchamos un aullido terminado en un gorgoteo sanguinolento.  En nuestro movimiento en busca de una nueva cobertura, vimos a Tarik con su brazo con garras lleno de sangre y una de las figuras tirada en el suelo, inmóvil y perdiendo sangre por su cuello desgarrado. Quedaban otras cuatro figuras, una de ellas sostenía una daga y con la otra mano se taponaba el pecho, le habían aplicado magia pero le seguía doliendo. Las otras tres empuñaban arcos y todas tenían las mismas ropas y los mismos sables colgando de sendos cintos. Uno de los arqueros disparó una flecha que se le clavó a Tarik en un hombro, tirándola al suelo por la fuerza del impacto.
De repente, la voz de Ber se dejó oír alta y clara. Gritaba en un idioma que no habíamos oído nunca. Y las figuras dirigieron su mirada hacia él durante un instante, luego se miraron sorprendidas entre ellas y, finalmente, contestaron. Y, ante la mirada incrédula de todos, conversaron.

Según nos comentó Ber posteriormente le había pedido que dejasen de atacar, que eran un pueblo pacífico y que no querían luchar y ellos se habían disculpado y habían afirmado atacar como medida por ver a Tarik cargando con un elfo en  tan mal estado a cuestas. Una especie de confraternización entre razas élficas, pues los que nos habían atacado eran elfos negros. Ber accedió a tratar a los heridos de estos elfos en el hospital, como si fueran miembros del pueblo. Le pedí clases de su idioma y me dijo que cuando acabase con los heridos del hospital se lo pensaría, así que una vez más – como cuando Luna estuvo inconsciente – me ofrecí a ayudarle. Cuando entramos allí, no obstante, me sorprendió ver a Burhum en una cama,  pálido y con el rostro febril.
- ¿Qué le sucede? – pregunté, sabiendo perfectamente qué le pasaba. Luna no se había equivocado.
- Lo envenenaron – dijo Ber –, y no parece que el lavado de estómago haya hecho demasiado efecto. Ve  a buscar a Elendir.
Fui a buscarlo, lo acompañé hasta el hospital y fui a dormir lo que quedaba de noche. El día siguiente parecía que iba a ser movidito.


Me levanté temprano y fui hacia el hospital. Le conté a Ber cómo se había defendido Aruala, cómo había luchado y cómo había perdido un cuchillo en el proceso.
- Deberías darle uno de los suyos, seguro que le gusta - le sonreí.
- Tal vez - contestó -, tal vez.

Aruala entró poco tiempo después.
- Qué buena puntería tienes – le dijo Ber. Aruala sonrió satisfecha por el cumplido, no parecía haberle afectado en absoluto haber dejado herido de gravedad a unser inteligente y haber matado a otro –. Creo que tú le darás mejor uso que nadie – concluyó dándole un cuchillo de factura drow, perfectamente equilibrado, con una empuñadura hermosa y finamente tallada.
Ella le dio dos besos con una sonrisa ilusionada. Me dolió  ese trato tan cercano, contando lo fría que era, en general, conmigo pese a todas las atenciones que le dedicaba. Aruala, luego, habló un rato de cortesía con todos los presentes y fue a hablar con todos los demás sobre lo sucedido. Resultó ser peor de lo esperado y diversos cottar habían caído asesinados a manos de aquellos sigilosos, menudos y fibrosos elfos.
Fue al final de ese día cuando se restableció uno de ellos. Ber le preguntó por el veneno de Burhum, pero él aseguró que no habían envenenado a nadie, que todas sus muertes habían sido limpias y rápidas. No obstante, ofreció unas plantas que llevaba en una bolsita diciendo que eran su remedio para todo, su panacea. Ber las usó con Burhum confiando en ellas sus últimas posibilidades, con escaso éxito.

Tarik, que estaba siendo atendida en el hospital por el flechazo tomó parte:
- Deberíamos ir a hablar con el Espíritu del bosque – sentenció.
- ¿Para que nos pida sacrificios? – preguntó Ber con ironía –. Burhum es una sola vida, no sacrificaremos varias por él.
- Es nuestro líder, es fuerte… ¡lo necesitamos!
- Me fío más de los elfos oscuros que del Espíritu.
- ¡Estás loco! – respondió Tarik enfadada.
Tras esto, supongo que para no soportarla, Ber le dio el alta: «ya estás bien – le dijo». Tarik salió dispuesta a hablar con el espíritu, pero no llegó a comentar nada al respecto; supongo que no era una oferta aceptable.
Cerca del final de esa tarde murió Burhum. Todavía acompañaba a Ber ayudando con los enfermos cuando esto sucedió. Ber se quedó en silencio unos instantes, pensando qué hacer. Luego, retomando la calma, sonrió:
- Bueno, al menos ahora podremos hablar con él.
Lo miré inquisitiva unos instantes, lo había comprendido cuando él decidió explicarse.
- Si el ritual funcionó con el Ñarjarflag…

Hizo el ritual paso por paso, frase por frase, sin cambiar nada. Era posible que se pudiera hacer más simple o con más comodidad, pero si funcionaba era mejor no experimentar ahora. Burhum tomó una forma translúcida encima de su cuerpo muerto. Yo me mantuve al margen, Ber quería hacer tanto el ritual como las preguntas sin interrupciones, pero me esforcé en poder oír qué sucedía.
- ¿Qué te pasó, Burhum?
- Morí, Ber.
- Sí, pregunto que cómo fue, qué te pasó. ¿Quién te envenenó?
- ¿Me envenenaron?
- Sí, pondría la mano en el fuego. La extraña coloración, los mareos… todo encaja. Luego te haré la autopsia, en cualquier caso.
Burhum, bueno… aquella entidad protocorpórea de Burhum, pareció pensárselo un rato.
- No sé qué me pasó, pero investiga a Alai – le dijo –. Llevaba unos días muy arisca conmigo por razones personales.
«Joder – pensé –, lo que Luna había soñado parecía ir cumpliéndose paso por paso. ¡Si hasta intenté protegerlo, coño!».

jueves, 24 de diciembre de 2009

Nochebuena

Y hoy llega la noche de la Gran Cena (en mi casa, tradicionalmente, de marisco, cordero y jamón) y no puedo evitar pensar que sería más feliz con unas pizzas o unos canelones y el dinero invertido en cosas más útiles.

Entre eso y la hipocresía que vi arrastrada durante algo más de una década... ¡prf! Qué asco de días, por Dios (para que se note mi espíritu navideño, que juro por ser un de ficción como si valiese algo).

Espero que os colmen de regalos y de delicias y que no penséis en todo lo que se podría hacer con lo que todos nos gastamos en esta mierda de fiestas.

Sin más, mis más sinceras y estomacales felicitaciones por tan destacadas fechas.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Avatar - James Cameron

Bueno, vengo de verla. Las buenas críticas que había suscitado... me escamaban, contando que había visto aquel sonado preview del Avatar day (una preview que se hizo en algunos cines de España, en Vigo fue en los Yelmo) y me había parecido bastante mediocre (aunque muy hermosa, eso sí). No me llevé ninguna sorpresa. Una peli mediocre y muy bonita a nivel visual.

Me sorprende la cantidad de dieces que le he visto adjudicados por toda la red. La película tiene carencias evidentes, sobre todo a nivel de guión. Los personajes son planos y manidos, las situaciones previsibles y un poco aburridas, el hilo argumental es obvio desde el primer momento. Cogemos todos los tópicos del cine Disney, agitamos bien, echamos arándanos para dar color azul, et voilà: Avatar.



A pesar de todo, visualmente es preciosa, majestuosa y la música, aunque podría estar un poco mejor, se presta muy bien a lo que nos muestran en pantalla. En mi modesta opinión, no sé tanto de animación 3d, si bien tiene las texturas/diseños más curradas y bonitas que he visto nunca, aprovechamenos de lo que me esperaba, la vertiginosidad y ¿envolvencia? (tal vez me haya sacado la palabra de la manga, sí) que proporciona este medio. Tiene algunas escenas que me pareció que lo explotaban bastante, pero sin llegar a esa sensación sobrecogedora de la aguja pasando por encima de mi cabeza, con el sonido susurrando en mi oreja, del principio de Los mundos de Coraline (acabo de fijarme en que no hice comentario sobre la peli, pero se sale, intentad verla, aunque no sé si en 2d molará tanto, hay efectos de esa peli que se salen).

En cualquier caso, la película está bien. Bastante bien. No se corresponde con el hype que se creó, no creo que merezca el 10 que tantos le dan por ahí, pero es digna. Y no, en mi opinión... no merecía 10 años de trabajo, eso por descontado. Eso sí, un punto positivo al guión: la película es larga de cojones y, sentado en el cine, no me lo pareció. Tiene un buen ritmo. Algo es algo.

Le doy un 7.




Y un día, si me acuerdo, hago toda la lista de chistes que pensé mientras veía la película. Creedme, se presta.

martes, 22 de diciembre de 2009

Las visiones de Luna

Luna:

Estaba en otro mundo, en otro lugar. Estaba más allá de mi cuerpo, más allá de mi realidad. Vivía en varios mundos a la vez, o uno a continuación de otro. No lo sé. Tal vez pasaban horas o días entre visión y visión, tal vez no. Siempre tuve visiones, muchas veces pasajes crípticos de significado ambiguo y metafórica compleja, y, muy pocas veces, claras y definidas. En este lugar, que todos decían que estaba lejos de nuestros dioses, veía mejor. Mucho mejor. Vi a individuos de muy diversas especies sentados a una mesa de contornos extraños, como representando una tierra cortada por el mar. Había 3 de cada especie, se iban cambiando las sillas y de vez en cuando alguno se iba, o era expulsado de la mesa. De la sala. En el cuerpo de un soldado, a Nissit, un hermoso cottar del nuevo pueblo, correr desnudo, Burhum lo perseguía conmigo por los jardines del palacio de la vieja capital. Fui un elfo siguiendo con mi extraña percepción de los colores a Tarik, en una ciudad enterrada iluminada sólo por el brillo de las llamas de cientos de mágicas antorchas, cuando, de pronto, un ruido de cascotes se acercó moviéndose, precipitándose. Yo misma vi a Alai siendo acusada de asesina en el centro de una  plaza mientras ella lo negaba todo. Fui Kshandra corriendo por el bosque, sintiendo el azote de las ramas en mi musculoso cuerpo, seguía siendo ella cuando arrastró a uno de los nuestros hacia la espesura, después de dejarlo medio inconsciente; todavía murmuraba cuando le abría el abdomen y empezaba a devorarlo. Me vi en mi propio cuerpo, en lo alto de una montaña; tanto yo como los que me rodeaban vestían de cuero negro con detalles en brillante metal, todos estábamos armados y desde nuestra posición privilegiada se contemplaba un mundo en guerra, una guerra que sentía como ajena.

Cuando abrí los ojos, cuando abrí mis ojos, mis verdaderos ojos; cuando en el mundo que todos consideran real abrí los ojos, vi un techo oscuro. La luz del Sol entraba por alguna ventana situada en un lateral.  Miré a mi alrededor. Llamé en voz alta, mi voz se entrecortaba por el largo tiempo de silencio. Ber se acercó desde una sala al lado.
- Hombre, Luna. Despierta del todo. Ya tardabas…
- Necesito… ver a Alai.
Ber frunció los labios.
- Alain, por favor, ve a buscarla – le pidió.
Alain salió tras dirigirme un breve gesto de despedida.

Ber me dejó sola, justo hasta que llegó Alai.
- ¡Estás en peligro, Alai! – fue todo cuanto conseguí decirle antes de que Ber se acercarse a curiosear.  Lo miré casi furiosa –. ¿Podrías dejarnos a solas, por favor?
Pero Ber no se marchó, se quedó allí, indiferente a mi pregunta. No quería decirle qué había visto sobre ella, no quería que nadie más lo supiese, así que empecé con otras visiones.
- En… bueno, en este tiempo, fui Kshandra. Kshandra mató y devoró a uno de los nuestros en uno de esos repugnantes procesos de los hechiceros. Lo sacó del campamento y allí…
- ¿Nos vas a hablar de cosas que ya todos sabemos?
- También vi a Tarik, desde los ojos de un elfo. Exploraba una ciudad subterránea en ruinas y…
- Sí, acaba de contarlo hace media hora escasa, seguramente lo oíste mientras estabas en cama y ahora intentas lucirte con cuentos sobre visiones – zanjó Ber con escepticismo.
- Y yo no estoy en peligro – comentó Alai, poniéndose del doctor.
- Ber, por favor, ¿puedes dejarnos a solas?
Y Ber, encogiéndose de hombros, salió de la sala. Y cuando me aseguré de que se había alejado, le conté a Alai lo que había visto sobre ella.
- Deberíamos contárselo a Ber – dijo.
- No… Ber pensaría que soy yo, que quiero matarlo en mi subconsciente. Y si finalmente muriese… ¡dioses!
- Vale, vale. No le diré nada. A ver, ¿cómo lo mataban?
- Lo envenenaban.
- Yo lo vigilaré – dijo Alai – yo me ocuparé de su comida.
- Si consiguen envenenarlo de todos modos, serías culpable indudable a todos los ojos.
Alai cogió aire, entre preocupada y frustrada.
- Voy a buscarlo.
Y así, volví a quedarme sola. Cuando volvió estaba todavía más preocupada.
- ¡No está! – me dijo sin mayor presentación –. Al parecer ha ido de caza.
- Ve a buscar a Tarik, ella te ayudará a encontrarlo. Se supone que vivía de eso, es exploradora.
- ¿Ha vuelto?
- Sí, eso dijo Ber, ¿no te acuerdas? Cuando comenté lo de los sueños.
Era normal que Alai no hubiera pensado en eso de entrada, la presión se cernía ávidamente sobre ella. Pensé que ya podría descansar durante el resto del día, pero me sorprendieron un rato después, cuando Alai entró acompañada de Tarik.
- ¿Y bien? – preguntó Tarik, bastante demacrada, mirándome.
- ¿A qué te refieres?
- A tus… adivinaciones o lo que sean.
- Tengo visiones – le dije.
Ella asintió sin gran ceremonia y yo conté mi visión una vez más.
- Deberíamos ser más para encontrarlo – suspiró.
- ¿Úlvien, por ejemplo? – colaboró Alai.
- Y Kshandra, sobre todo Kshandra. Ella tiene el bosque como hogar, es la clase de persona que necesitamos.
Y esta vez sí, me dejaron reposar tranquilamente en la cama. Tenía ganas de levantarme, pero al mismo tiempo me sentía increíblemente débil, con ganas de dormir de verdad, y no de aquel sueño torpe en el que había pasado un tiempo del que no me habían informado.

Alai:

Fui a preguntar a Úlvien y a Kshandra mientras Tarik preparaba algunas cosas. Acababa de llegar de su viaje, estaba cansada y herida; me sabía mal hacerle ir, pero necesitaba ayuda. Y rápido.
- Úlvien, ¿vienes al bosque conmigo? Tengo que encontrar a Burhum.
- Tengo clase de magia.
- ¡Importante!
Úlvien suspiró.
- Intentaré. Depende de Elendir.

Mi conversación con Kshandra, según Tarik la importante del asunto, fue más fructífera. Aunque no me gustó el cómo. Estaba sentada en el suelo con los ojos cerrados.
- Voy a ir al bosque y Tarik me dijo que te pidiese ayuda – comencé en voz baja.
- Estoy en tiempo de reflexión – me dijo con voz distante.
- ¿Y cuándo termina?
- En un rato. ¿Para qué me necesitáis?
- Para encontrar a Burhum.
- ¿Se ha perdido uno de los vuestros? – su voz sonó, de repente, mucho más cercana, abrió los ojos y se levantó.
- ¿Y ese interés?
Ella sonrió.
- Ahora somos aliados.

Úlvien, por órdenes de Elendir, no pudo venir. Salimos Tarik, Kshandra y yo, ellas dos se echaron al bosque casi sin vacilar.
- Es un varón pesado, seguramente éstas sean las huellas – dijo Kshandra.
A mí me parecía imposible distinguir nada sobre aquella maraña verde, pero ellas parecían coincidir y avanzábamos a buen paso; a mucho mejor paso de lo que esperaba, de hecho. Cuando nos había alejado un par de kilómetros de la ciudad, Tarik nos miró y dijo que no podía más, que se sentía mal.
- Parece que Kshandra puede seguir el rastro sola, lo siento mucho Alai. Necesito dormir, dormir en calma y sin esperar un ataque. Perder a mi compañero fue suficiente acción por unos días.
La miré sorprendida, que el elfo hubiera muerto era algo que yo no sabía.
- Lo siento, Tarik.
- Nadie dijo que explorar fuese seguro – sonrió.
Y con esas palabras puso rumbo a la ciudad, seguramente a su torre.

Kshandra y yo seguimos caminando hasta encontrar, finalmente, a Burhum. Kshandra se quedó a distancia prudente para permitirnos hablar con cierta privacidad.
- Vuelve – le dije – Luna te ha visto morir envenenado en sueños.
-¡Oh! – sonrió Burhum - ¿y ahora tengo que preocuparme de cada sueño paranoico?
- Luna tiene visiones – le dije empezando a molestarme. Encima de que venía hasta aquí preocupada por él, ¿se permitía el lujo de frivolizar?
- Ella tiene visiones y… te vio muerto por envenenamiento.
- ¿Y cómo sé que no vienes aquí a hablar conmigo intentando cubrirte las espaldas, maestra de venenos?

En ese momento me superó mi enfado. Me di la vuelta y eché a andar hacia la ciudad, desandando el camino. Kshandra echó a caminar a mi lado, en silencio respetuoso. Fue bastante después, a poco de la ciudad, cuando me cogió de un hombro y me dijo:
- No dejes ver tu enfado por perder a Aruala. Sólo juega en tu contra.
No fui capaz de responderle nada, me di la vuelta y seguí caminando en dirección a mi casa. Kshandra me dio unos metros de ventaja y ya no se molestó en alcanzarme. Sabía que tenía razón, pero no me hacía sentir menos triste. Cuando llegué a mi jardín hice una selección de diversas flores, algunas plantas sin flor para el cuerpo y monté un vistoso centro de flores para Aruala. Puede que hubiera estropeado la posibilidad de algo más, pero, desde luego, prefería tenerla como aliada que como enemiga.

El señor y sus vasallos

Era difícil aceptar el tiempo que llevaban hablando. Desde que el viajero desposeído que decía ser mago había empezado a hablar, nadie había hecho el menor ademán de marcharse. Nadie tenía intención, el recién llegado había abierto la caja de los truenos y ahora la concurrencia comía de su mano. Todos habían experimentado historias similares y ahora querían un poco de esas atenciones, de esa comprensión mutua. Sentirse acogidos, respaldados por la masa y, especialmente, por aquel extraño viajero.

- Ponle otra - dijo alguien.

- No, muchas gracias, caballeros; no puedo aceptar más amabilidad.

Los lugareños lo apoyaban, lo respaldaban.

- No hay nada mejor que sentirse apoyado, comprendido - dijo el viajero con una sonrisa tierna.

- Todos vivimos las mismas vidas - dijo el tabernero -. Todo parece distinto, pero en el fondo... todo lo mismo.

El viajero se rió. El tabernero también. La sala había pasado de la desconfianza al interés, y del interés al apoyo. Todos reían, todos se miraban con ojos compinchados, aunque sólo el mago sabía que no se reían de lo mismo. Todos enarcaron una ceja dubitativa cuando el que decía ser mago sacó un reloj del bolsillo y lo dejó en la barra. Estaba finamente labrado en plata. En plata tratada con algo, pues el brillo era mucho más luminoso, más límpido. Luego, las miradas se desviaron de nuevo a sus manos, que se dirigieron a su cuello dejando ver un medallón negro como la oscuridad de la que nació todo. Aquel medallón estaba hecho de Nada primigenia.

- ¿Qué se supone que es? - preguntó el rubio.

- Todo lo que me queda - sonrió, humilde, el mago.

Nadie sintió nada. La muda onda que sólo emanó blancoazulada a ojos del mago del reloj, siendo invisible para el resto, barrió la sala. Todos estaban muertos salvo él. Ahora, sin ningún ojo espía, el mago dejó de respirar y se guardó el reloj de nuevo. Cogió el medallón y dijo unas palabras. Los cuerpos bulleron un instante casi imperceptible con aquel color del mana puro y se levantaron deseosos de seguir al viajero.

- Puede que los magos matásemos a aquella zorra - dijo con una sonrisa -, pero todos nos aseguramos de hacerle un par de hijos primero.

Su sonrisa se había vuelto terrible, eterna. En su rostro ahora cadavérico se marcaban los blancos rasgos de una limpia calavera. El esquelético viajero volvió a colgarse el medallón, se lo colocó para caminar con comodidad, miró a sus nuevos súbditos y les dijo con tono magnánimo.

- Podéis llamarme, Del.

Y salió de la posada, seguido del resto. Ya tenía quién matase por él. No podía abusar mucho de él, los objetos ya no se recargaban solos, había poca esencia mágica en el mundo. Había que buscar hervideros, puntos calientes de mana o utilizar lo poco que era capaz de generar el propio mago, gran parte de lo cual tenía que destinar a automantenerse. Esquivar a la muerte era un gran truco, sin duda alguna, pero no era un truco barato.

- Buscaos compañeros, amigos míos. Mujeres u hombres, ¿qué importa? Buscad una buena historia, traedla con vosotros. ¿Qué os pueden hacer los puñales, qué las pistolas? Sois libres. Matad por y para mí. Atraed miembros a este colectivo de tinieblas.

Cada uno de ellos mataría a decenas de personas antes de caer, y cada muerto sentiría el irrefrenable impulso de hacer la voluntad del creador original, del mago. Y él lo vería todo, porque estaría en todos ellos, porque él era todos ellos, como un gran sistema nervioso multicorporal.

- Matad para mí, hijos de la noche, y seréis partícipes de mi victoria y grandeza.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Y entonces se hizo el silencio.

- ¿Cómo rompiste tu promesa? - preguntó el del incisivo roto.

- Uno va conociendo gente - comenzó el viajero -. Una mujer sigue a otra, como las hormigas. Al principio parecen entidades sin valor concreto. Sólo pasean, desfilan ante la mirada; a veces te hablan, a veces te saludan, a veces te son dadas sin remilgos. Unas veces paseas con ellas, otras veces las abres de piernas, pero en general no hay nada más allá. Pero entonces aparece una que parece especial, de hecho... te convence firmemente de ello: "eres especial", te dices con una sonrisa bobalicona. Y ya no hay promesa que valga. Toda mano tiene ansias si el tesoro parece suficientemente tentador - el hombre hizo una pausa para toser -.

- Siempre hay una - se rió uno de los presentes.

- Siempre la hay. Ésa es la primera promesa, la fe en esa idea nos traiciona, nos captura... nos somete. El tiempo acaba con la fe, desde luego. La mata y la entierra. "Todo se cura con el tiempo", dicen. Y es innegable. Cuando uno ha vivido lo suficiente, sabe que no hay nada más que lo que puede ver o tocar. Y a veces, de hecho, algo que pudimos tocar o ver en un determinado momento, desaparece. Tal vez durante unos instantes, durante un parpadeo; tal vez para siempre. Y si desaparece para siempre... - el viajero negó con la cabeza - entonces tiene tan poca valía como la fe en algo que nunca existió. ¿Qué sabéis vosotros de magia?

- Bueno... algo sobre artilugios y demás. En el templo hay una fuente con agua que cura...

El viajero se rió sonoramente. Casi rozando la mala educación.

- La magia, amigos míos, se fue muriendo mientras locos insensatos como yo la violábamos a diario. La magia era una zorra atada a cuatro postes y la gente como yo la torturamos hasta acabar con ella. ¿Cómo pensar que podía terminarse? Aquel bello manantial blancoazulado parecía eterno e infinito y, sin embargo lo secamos - su voz se fue apagando -. No dejamos nada. Agonizó hasta que se quedó en silencio, en completo silencio; y tras el último holocausto, cuando vuestros ancestros fueron arrojados en esta tierra sin nombre, los que eran como yo no tenían nada ya. Nada salvo aquello que habían guardado en objetos. Fue el fin de nuestra época, de nuestro reinado. Pasamos de ser dioses a ser unas criaturas asustadas, unos mendigos que en nuestra soledad revivíamos el brillo de otros tiempos ya pasados.

- ¿De verdad eres... eras un mago? - preguntó el rubio.

- Supongo que lo sigo siendo. Un viejo mago en un lugar en el que ya no puede sacar gran provecho de su actual arte. La magia es una mujer, uno le dedica su vida, sus atenciones... uno le da su alma, y un día ella desaparece, sin tu vida y sin tu alma.

- Pero aprendiste a vivir sin mujeres, ¿no? Eso decías. Son como hormigas que pasean - se rió el tabernero.

- Supongo que sí - sonrió -, pero he de admitir que una buena cerveza y un público agradable, siempre lo hace más llevadero.

El ambiente en el lugar se volvía de mayor camaradería. Eran otros los que ahora contaban sus aventuras y desventuras con mujeres. El viajero escuchaba y aportaba algún que otro comentario mostrando un interés que estaba muy lejos de sentir.

domingo, 20 de diciembre de 2009

sábado, 19 de diciembre de 2009

Alain, el artista

Al día siguiente, tras una noche de sueño reparador, todo parecía un poco más claro. El Sol estaba saliendo, era temprano, tenía hambre y ganas de hacer cosas. Me levanté. Me lavé un poco, me vestí y salí a la calle. Casi nadie había salido aún a la calle. Parecía un lugar desierto, con el brillo de los primeros y débiles rayos iluminando tenuemente aquellas venas adoquinadas. Di un paseo por la ciudad mientras pensaba en cuántas plantas podría coger y de qué tipo. Pensé en coger también setas y plantas con mucho material comestible para ayudar a mantener nuestra incipiente población de animales.
Cuando me acerqué a la puerta del hospital sólo vi a Alai discutiendo con Burhum. Esforcé al máximo el oído, puesto que si conjuraba sería demasiado notable.
- Apuesta anulada y punto – le dijo Alai de muy malas formas justo antes de ir a las clases de Ber.

Mientras éstas tenían lugar, Burhum reunió a varios de sus hombres y a unas cuantas mujeres y los envió conmigo a recoger plantas. Cuando salíamos hacia el bosque, por el este, vimos salir a Alain de la alejada casa de Kshandra. Caminaba con torpeza y llevaba mala cara. Nos saludó con un gesto de cabeza y prosiguió su camino, en dirección contraria al nuestro. Era un varón hermoso, no cabía duda de ello.

El día fue fructífero, aparte de muchas plantas distintas cuyos olores y colores no había sentido en la vida; encontramos unas maravillosas de color negruzco que irradiaban calor. Lo almacenaban en una proporción absurda en su tejido interno. Junto a ellas anidaban aves siempre y los huevos tenían una fuente ajena de calor. Para nosotros, que veníamos de un lugar más cálido que éste, aquellas plantas resultaban tremendamente atractivas y útiles. La recogimos en cantidades enormes, sabía que no era adecuado para el ecosistema, pero el lugar era muy frío y aquellas plantas nos harían la vida mucho más cómoda y agradable.

Cuando volvimos, se las fui a enseñar a Burhum y a los demás. Él sonrió satisfecho por el hallazgo y me dio las gracias y un fuerte abrazo. Y dijo que se ocuparían de repartirlas y demás, que tendría una parte como todos los demás. Era lo correcto, los cottar siempre defendemos al conjunto del pueblo. Buscamos el bien mayor.

Me fui a casa, me dolían las piernas de la caminata y los brazos de haber cargado con todo hasta la ciudad. Estaba exhausta, impulsé a uno de los miaulladores de la ciudad para que se acercase hasta mí y me alimenté de él. Entré en casa y me quedé dormida casi inmediatamente sobre aquella cama húmeda y vieja.

El paso de los días me iba haciendo ver las cosas como menos horribles. Me acerqué a la puerta y me encontré a Alai, que tenía un fajo de Irradiadoras en las manos.
- Son tóxicas – dijo –. Te advierto… por los animales y eso.
- ¿Por qué lo sabes?
- Lo pone en uno de mis libros de los Ñarjarflag
Vi la cantidad de plantas.
- No me pueden haber tocado tantas – dije, sin saber muy bien qué decir.
- Las fui a buscar para ti.
Le sonreí. Me alegraba y me gustaba el detalle.
- Muchas gracias.
Ella dio un paso hacia mí. Supongo que aquel regalo era su forma de pedir perdón, pero mi deseo de no perdonarla era consciente y meditado. Di un pequeño paso atrás y ella se detuvo, dubitativa.

Tal vez ella se fuese de peor humor del que yo esperaba, porque según me enteraría después, ese día ni siquiera asistió a sus clases. Ni como alumna ni como maestra. Y me sentí mal por ello.

Así pasó ese día y el siguiente. El tercero, Alain, el artista, vino a buscarme para dar un paseo, si se lo permitía y salí a pasear con él. Me llevó al bosque y me fue haciendo preguntas sobre los árboles y los animales. Era un hombre encantador. No intentó nada en ningún momento y fue una compañía agradable, mucho mejor de lo que me esperaba. Las horas pasaron casi sin que me diese cuenta, Alain era divertido, atento y culto, pero no pude contener mi curiosidad:
- Oye, cuando el otro día salías de la casa de Kshandra, que…
Vaciló un instante, se mostró nervioso y, con timidez, explicó finalmente:
- Bueno… querían un híbrido, ¿sabes? Un elfottar, o algo así. Y bueno, no sé por qué fui el cottar elegido – Alain se había puesto rojo y su voz temblaba un poco, sobre todo considerando su desparpajo habitual.
- Oh – le sonreí – ¿y qué tal?
- Es… muy brusca y… los elfos no duermen.
Y no pude evitar reírme. Él se rió un poco, pasado un rato.
- Tendré anécdotas para contar a mis descendientes – dijo.
Después de alimentarnos de unos cérvidos que pasaron cerca de nosotros, me tumbé sobre la hierba, notaba las caricias de las briznas y, de vez en cuando, el cosquilleo de las patitas de algún bicho. Él se tumbó a mi lado y me contó cosas de su vida como artista en la capital. Los retratos que había hecho, dónde había actuado con su violín, las plazas en que la población se había congregado a oír sus relatos. Alain era un hombre mágico y extraño, entretenido y agradable.

Cuando volvimos a la ciudad era tarde, el Sol ya comenzaba a oscurecer. En la plaza frente al hospital, Burhum y Ber hablaban de hacer un biunvirato, con un cottar y un elfo elegidos mediante votación por las poblaciones respectivas diez días después. Esta votación se organizaría en diez días.
- ¿Crees que cambiar a los líderes hará que funcionen mejor las cosas? – le pregunté a Alain mientras me acompañaba a casa.
- Tal vez no, pero estoy seguro de que no irá a peor – se rió –. Burhum puede que no sea mal macho, pero, sin duda, no es un gran líder.

Me acompañó hasta la puerta, demostrando ser un varón atento. Alain tenía los rasgos suaves, tal vez un poco afeminados y sus espinas parieto-occipitales lucían una simetría preciosa, armónica. Lo miré un instante y le sonreí.
- ¿Quieres pasar un rato?
- No, lo cierto es que me vendría mejor dormir mucho hoy.
- No hablaba de sexo – me reí.
- Seguro que Kshandra dijo eso muchas veces – comentó en tono gracioso.
Por alguna razón parecía que él tenía claro que lo decía en serio e, igualmente; no podía evitar la sensación de que se sentía a gusto con la idea de que yo no quisiese nada físico de él. Me sonrió, hizo una grácil reverencia y se alejó por la calle, en dirección al Sol.

viernes, 18 de diciembre de 2009

El paso del sol

No entendía cómo podía ser tan egoísta. Después de lo que acababa de hacer venía a mí. Un segundo plato, un vulgar segundo plato. Me sorprendí de encontrar la calma necesaria para no increparla de malas maneras y cerré la puerta. Detecté mentes y seguí sus pasos hasta que se alejó fuera de mi radio de percepción. Tomé aire. Abrí la puerta y salí a pasear en dirección contraria. No quería encontrármela, no quería hablar con ella. No quería saber nada de ella. El aire hinchaba mis pulmones y tensaba mi pecho. Paseé un rato, perdida, sin prestar demasiada atención a lo que me rodeaba. En la plaza frente al hospital y la biblioteca, Alain, Ber, Burhum, Elendir y Kshandra hablaban. Cerca de la torre los guardias se reían a sonoras carcajadas, ni a ellos, que convivían con Tarik parecía preocuparles en exceso su marcha.
- ¿No vais a buscar a Tarik? – les pregunté en tono huraño.
Me miraron sorprendidos, un poco cohibidos. Tal vez quisieran responder en un tono igual o peor, pero estaba claro que ninguno quería caerme mal. «Hombres – pensé –, tan simples…».
- Dijo que iba a buscar la capital Ñarjarflag… fue con un elfo. Ya sabes cómo es, Aruala.
- Sí, y tal vez pronto sea casi igual, pero fría y sobre un charco de sangre coagulada.
Los soldados bajaron sus miradas ante el tono de reprimenda. Odom la subió unos instantes después.
- Aquí ya no eres jardinera del Palacio. Aquí no eres nadie. No olvides eso. No creo que tengas ninguna autoridad para hablarnos así.
Los miré con desprecio. Con furia. Hoy no iba a ser mi día.
- Quedamos muy pocos, patanes inconscientes. Tenemos un parto increíblemente duro, difícil. Muchas mujeres morirán dando a luz. ¡Joder! Es algo que hasta unos gruñidores como vosotros deberían entender perfectamente. Si no hay mujeres, no hay especie; y sin especie, vuestra triste labor de defensores tiene muy poca valía. De verdad, Odom, ¿no entiendes la importancia de mantener vivas a las mujeres en este momento?
- ¿Y quién se iba a follar a Tarik? – preguntó uno de los soldados riéndose.
- ¿Y quién te iba a follar a ti, gilipollas? – le espeté.
Y el silencio superó sus límites habituales. La incomodidad era palpable. El corazón latía desbocado, furioso. Sólo Odom lo rompió.
- Te está bien por bocazas, Amond. Venga, Aruala, calmémonos todos. Tarik sabe cuidarse solita. Vivía de eso.
- Sí, vivía de eso y le faltaba un brazo, Odom.
Me di la vuelta y me alejé de vuelta hacia mi casa. Lo último que vi fueron los labios apretados y dubitativos de Odom.

Aquella noche me costó dormir. Estaba enfadada, frustrada, furiosa. Intenté calmarme con los dedos pero todo resultó inútil. Odiaba a Alai y a los guardias; yo no tenía nada que hacer allí. Estaba preocupada por Tarik y, al final, incluso envidié sus aventuras. Ella no tenía que soportar tantas gilipolleces y seguro que aquellos valientes guerreros no se atreverían a decir nada parecido con ella delante. Tarik imponía, sin duda, era una mujer valiente y, seguramente, útil. Ojalá tuviera suerte y volviese con vida.

No sé cuándo me dormí, pero al despertarme, el Sol ya estaba alto. Salí de casa con un propósito y me acerqué al hospital. Burhum estaba en la puerta.
- Hombre, Aruala. ¿Qué tal? ¿Tú por aquí a estas horas? Si venías a recibir o colaborar con la clase de las plantitas… creo que ya está terminando.
- Mierda – dije, mientras entraba apresuradamente.
- Oye, tengo algo que ofrecerte.
- Ahora vuelvo – le contesté.
Ber acababa de dar su clase según me enteré en la puerta. La gente salía de la sala y Alai se acercó a mí.
- Hola, Aruala – su voz sonaba un poco afectada. Tampoco parecía haberlo pasado bien. En el momento… me alegré por ello –. ¿Te apetecería quedar luego un rato?
- Lo siento, tengo cosas que hacer.
Alai asintió con gesto entre triste y decepcionado y salió de allí. Ber no salía del aula y Burhum seguía expectante, observándome al otro lado de las puertas. Finalmente salí.
- A ver, dime.
- Mira, creo que deberíamos ir al bosque y hacer un herbolario en condiciones.
- Un herbario.
- Eso, creo que deberíamos coger muchas plantas, semillas y demás, probarlas en animales, ver qué hacen y… bueno, empezar a usarlas en nuestro beneficio. Y creo que no hay nadie mejor que tú para ello.
- ¿Quieres que vaya al monte a recoger plantas?
- Te escoltarán varios de mis hombres y… así podrás traer plantas más grandes, si te interesan.
La idea resultaba realmente tentadora. Le sonreí con amabilidad y le di un beso en la mejilla. «Él no tiene culpa de nada – pensé»
- Gracias, Burhum.
- De nada, Aruala; los cottar siempre se ayudan entre ellos.
Cuando me di la vuelta para entrar de nuevo en el hospital, para comprobar si Ber ya había salido, vi que Alai me miraba, malhumorada. Cuando nuestras miradas se cruzaron, desvió la vista y se alejó en dirección a sus clases. Ber estaba en la sala de entrada y me miró nada más entrar.
- Aruala ¿cómo tú por aquí?
- ¿Puedo hablar contigo en privado?
- Claro, pasa, pasa.
Entré con él en otra habitación. Y le conté. Le hablé de cuán harta estaba de este sitio, de la gente, de los malos modos. De que siempre me insistiesen con temas de reproducción. Ber asistía impasible a toda la perorata, sin contribuir en absoluto, sólo escuchaba. Sabía que mi última frase le molestaría y haría que me mirase mal, pero no tenía forma de ocultarlo durante mucho más tiempo.
- No suelen atraerme los hombres.
Ber frunció el ceño, como buscándole la lógica a esas palabras.
- Bueno, Aruala, no te preocupes. Los supervivientes apenas nos conocemos entre nosotros. Nos hemos despertado en mitad de ninguna parte hace unos cuantos soles. Es normal que desconfiemos, que estemos confundidos… que no sepamos qué queremos hacer y cómo. La confusión es normal. Tranquila.
Y, presa de la tristeza, lo abracé. Él me devolvió el abrazo con cierta reticencia, con los brazos y el semblante rígidos.
- Mira, estoy seguro de que casi cualquier hombre del pueblo estaría encantado de estar contigo. Busca al que más te guste y… no sé, ve a pasear con él, conócelo. Si al final te interesase pues tanto mejor para todos. Si no, pues qué se le va a hacer. Date tiempo, el que sea y no te preocupes.
Le di las gracias, le sonreí y me volví a casa. Tal vez fuera mejor dejar pasar el Sol.

Una no



Hoy, ayer, de hecho (y sí, soy consciente de que esto parece un Asco De Vida) tenía preparado un relato para subir al blog que continuaba la historia de los Cottar, pero necesita una pequeña revisión para amoldarlo más al personaje, son demasiadas páginas y al final... tuve cosas mejores que hacer.

No obstante, llegué a casa tras un largo paseo al frío y a los lobos (me encanta esa expresión) y al volver me encontré este vídeo en FB.

Gracias a Ana, y a Lucía (de quien dice que lo cogió).

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Crepúsculo

No me gusta Crepúsculo, na' de na'. No sé demasiado de cómo va, pero creo que sí lo suficiente. En mi clase había gente enganchada a la saga y nunca... NUNCA lo entendí. Mis razonamientos se quedaban bloqueados en un determinado punto del que no era capaz de pasar. En internet pude ver que había mucha más gente que opinaba lo mismo y que, entre ellos, había alguno con el humor afilado.

Hoy, recapitulación de chistes de Crepúsculo:









Gracias a Lau por encontrar varias de las imágenes.

Un poco de música

Hoy, tras mucho tiempo tocando, y para dar algo de descanso a estos dedos un poco maltrechos, os dejo unos vídeos que me han llamado la atención por unas razones u otras:

Primero, Antoine Dufour, al que ya conocía ligeramente de colaborar con McKee.




Me encanta el sonido que le saca a sus canciones, la verdad. Me parece un sonido delicioso, fantástico, lleno de matices y muy sentido.



Yann Tiersen, que para que no los sepan es el músico que hizo la banda sonora de Amelie.

Encontré esto de casualidad, uno de los vídeos que youtube recomendaba para mí. No es la primera vez que encuentro un vídeo interesante en esas recomendaciones, así que lo vi, más por la curiosidad de los iPhones que otra cosa. Y me sorprendió que sonase tan bien con esas miniteclas.


El mismo hombre, en concierto. Demostrando que sabe tocar más instrumentos. Me gusta mucho cómo toca también.




Eric Johnson:

Esta canción la conocí gracias a Zabu, que la puso en uno de los posts de su blog. No con este vídeo, creo que era en goear (y no era de este concierto). Pero me encantó.


Disfrútenlos.

El primer amor

- El primer amor, decía. Ése que te arranca el velo de la lógica. Ése que al verlo te remueve las entrañas, te perfora las venas y te desangra poco a poco. Era uno de los Señores Arcanos del reino, el más joven que nunca hubiera existido. Con tan solo 35 años me alcé ante mis superiores y me puse a su par. Como Señor Arcano viví sumergido en la opulencia, todo lo que me rodeaba se basaba en el lujo - el viajero hizo un gesto como si intentase abarcar más de lo que daban sus brazos -. Tenía una enorme casa, multitud de útiles mágicos, una biblioteca que rivalizaría con la principal de cualquier otra capital de un imperio menos versado. Podía conseguir cualquier mujer o cualquier cosa, no importaba. ¿Sabéis cuando podéis elegir entre demasiadas cosas? Al final no escoges ninguna, te entregas a tu vida sencilla y sin preocupaciones y te dejas llevar, como un madero en la corriente. Así vivía yo, a la deriva, arrastrado por una corriente contra la que, en realidad, ni siquiera concebía enfrentarme.

El viajero cogió aire sonoramente. Forzadamente.

- ¿Y qué pasó con la moza? - preguntó uno de los presentes, un joven de cabellos rubios al que le faltaba un incisivo.

- Con la moza - meditó el viajero -. Con la moza pasó que un día se detuvo ante mis ojos. Era hermosa, hermosa como el vaho que exhala el mana líquido. Su cabello negro contrastaba con su piel blanca y la mirada de sus ojos oscuros parecía intentar devorarte cuando se posaba en ti. La miré, acostumbrado a obtener todo lo que se me antojaba y me sostuvo la mirada. Aquella repugnante zorra siempre tuvo un ego demasiado grande, un ego que ni sus generosos pechos podrían disimular. ¡Oh, inexperiencia! ¡En qué errores haces caer a tus sufridos amantes! - terminó con una risa por lo bajo, una risa cargada de tristeza y amargura. Nadie se atrevió a interrumpirlo ahora -: ¿Sabéis? Cuando van pasando los siglos, cuando a un holocausto le sigue otro, y otro... casi todo se olvida. Salvo los errores que uno comete. Esos errores que acechan por la noche y, de pronto, un día quitan el sueño. Esos que ocultas tras una gran cantidad de aciertos pero siguen palpitando bajo la montaña de éxitos. Hay errores que nos marcan, nos hierran para siempre y nos dejan una herida que no cicatriza, sin importar el tiempo. Un día no duelen, es cierto, pero siguen sangrando.

- Pero... ¿qué pasó? - preguntó de nuevo el chico rubio.

- ¿Qué iba a pasar? La historia de siempre. Ella era una zorra y buscaba poder. Desapareció en cuanto lo tuvo. Y me prometí no volver a cometer el mismo error. Me equivocaba, desde luego, todas las promesas se rompen si les das el tiempo suficiente; incluso las que uno se hace a sí mismo.

martes, 15 de diciembre de 2009

La evolución de Asco de vida

Asco de vida, una página de la que ya hablé aquí, en la que diversas personas escriben hechos tristes para el que los sufre pero graciosos para los demás, evoluciona dentro de una espiral depresivochunga. Lo normal es que la gran mayoría de entradas en portada no arranquen ni una mísera sonrisa, alguna arranque una ligera sonrisilla y otras, muy pocas, puedan hacer reír.

Hoy, por otras razones, entre en la sección de moderación a ver qué había. Y me sorprendió ver que casi todas eran una mierda. "Mi madre se murió de la sífilis que le contagió mi padre por tirarse a mi novia y ahora todos estamos enfermos. Además mi gato ya no nos quiere", "El otro día una amiga me dijo que va a perder las piernas por una enfermedad degenerativa causada por la sobreexplotación de los niños vietnamitas en Urano" y demás mierda. Y, aparte de plantearme cómo es que la gente no entiende que se trata (o se trataba en origen, al menos) de una página donde entrabas a echarte unas risas.

Además... ¡coño! Amargados, podíais aprender a escribir. Hay entradas que resultan ilegibles, diantres.

lunes, 14 de diciembre de 2009

La historia más vieja del mundo

Alai:


Burhum no pudo venir. A decir verdad no tuvo mayor importancia, estaba muy cansada y me quedé dormida casi de inmediato. Me desperté mucho más despejada a primera hora de la mañana, con el ruido de los trabajos al otro lado de las paredes y con el brillo del Sol en la cara. Recordé las clases de Ñarjarflag que Ber empezaba aquel día, bajé corriendo y fui hasta el hospital. «Ya comeré después».

Había más gente de la que pensé que asistiría. Había cottares y elfos, todos sentados ordenadamente y en silencio. Ber, sentado también, esperaba a que la gente dejase de entrar. Me acomodé en uno de los sitios disponibles y esperé.

Ber empezó la clase hablando de psicolingüística, del optimismo que impregnaba la lengua de los Ñarjarflag, de qué simbolizaba aquella obscenización de las negaciones. Todo ello alternando las frases, frase en cottar, traducción en elfo, así una y otra vez:
- Su «no» es una palabra ofensiva, provocativa. Es una falta de respeto.
Primero en cottar, luego en elfo. Todo ello, sostenía, dejaba claro el carácter abierto y positivo de los de su especie.

Lo cierto es que pareció evidente desde casi el principio que muchos de los presentes no se esperaban una charla teórica sobre el Ñarjarflag, sino algo más vivo, más activo, una aproximación y unas cuantas palabras y fórmulas de aquel idioma que aprender y repetir en casa. Algunas personas se fueron levantando y marchándose de la sala según transcurría el tiempo. Y fue cuando quedábamos más o menos la mitad de los presentes iniciales cuando Ber dijo:
- Bueno, vale, ya hemos seleccionado a los que solo venían a curiosear.

Y entonces empezó la clase. Fue bastante productiva: saludos, presentaciones, agradecimientos, afirmaciones, estructuras típicas y demás. La clase acabó casi llegando al mediodía y yo me fui a dar mis clases, acompañada por Ber que iba a casa de Elendir a dar clases de magia curativa.

Mi clase fue mucho mejor de lo esperado, nadie parecía aburrirse y la distribución de conocimientos parecía resultar agradable para todos los presentes. Salí de allí, una hora después, sintiéndome realiza con mi labor docente. Y de camino a casa me encontré a Burhum
- ¡Oh! Burhum – lo llamé – ¿Tienes algo que hacer?
Me miró un instante.
- Pues no, ahora mismo no. ¿Qué pasó?
- Nada, me preguntaba si querías venir a mi casa a tomar algo.
Burhum analizó la situación un instante, sonrió y aceptó. Fuimos hablando por el camino sobre cómo iban las cosas en la ciudad, la torre de los vigías, la limpieza de las calles que más se utilizaban, el hospital, las clases (a las que él no había ido), sobre el estado de Luna, sobre las aventuras constantes de Tarik que había vuelto a desaparecer, en compañía de un elfo esta vez, buscando la antigua capital Ñarjarflag de la que, al parecer, había hablado el receptor del ritual.
- Es una cabeza loca – se rió Burhum – y bravo como el mejor de los guerreros.
- Debe de ser porque su nombre acaba en consonante – me reí.
Burhum enarcó una ceja y luego se rió conmigo.
- Nunca se me había ocurrido pensarlo. Tarik es nombre de varón, efectivamente.

En casa lo invité a uno de aquellos extraños felinos, bebimos ambos. Hablamos sobre otros cottares y acabamos hablando de Aruala.
- Todo el mundo está loco por ella – comentó Burhum.
- Es una mujer preciosa – le dije.
- Tal vez deberíamos intentar que diese un hijo a la especie – dijo con tono evidente.
- Creo que tienes menos posibilidades de llevártela a la cama que yo – le sonreí.
Él pareció dudar un instante de qué intentaba decir con aquello. Finalmente, tras reírse, sentenció:
- Tienes una apuesta.

 El animal se tambaleó cansado, exhausto por la pérdida de sangre y nosotros entramos en la casa. Seguimos hablando un rato hasta que nos empezamos a quitar las ropas. Las manos de Burhum sabían acariciar, su lengua se movía por mi pecho y mis hombros mientras sus piernas separaban las mías. Sus embestidas eran fuertes, poderosas pero controladas, sus colmillos se hundieron sobre mi clavícula y mi cuello. Burhum era tan buen amante como guerrero, de aquello no cabía duda. Me sentí un poco torpe, un poco incapaz de devolverle la satisfacción. Cuando terminamos, empecé a lamerlo en el pecho y descendía hacia el abdomen. Apenas pude creerme mi sorpresa:
- Lo siento, Alai, tengo muchas cosas que hacer…
«No cabe duda – pensé – no le ha gustado nada». Ni siquiera mis intentos por compensarlo parecieron interesarle más. Cuando se fue,  y me quedé a solas, le di vueltas al asunto y acabé enfadándome. Había estado bien, sí, pero había dejado clara su actitud de «he venido a lo que he venido». Y entonces pensé en Aruala. Me pregunté cómo se habría tomado todo lo sucedido y en si podría convencerla para que volviera a mi casa. Me vestí, me arreglé como pude y partí hacia su hogar.
Por el camino me embargaron las dudas: «¿Se habrá enfadado mucho? ¿Querrá hablar conmigo?». Cuando llamé a la puerta se disiparon mis dudas. Todas.
- Hola – le dije.
- Hola, Alai, ¿qué quieres? – preguntó con voz seca.
Dudé. ¿Cómo podía decírselo después de lo que había pasado?
- Quiero que te quedes a dormir conmigo.
Aruala me observó con rostro serio y mirada sorprendida, como si no diese crédito.
- No creo que sea apropiado – respondió dándose media vuelta.
- Pero-pero…
Y la enmohecida puerta se cerró ante mí.
«Hoy dormiré sola por el estúpido Burhum. Me ha costado a Aruala y ni siquiera… estúpido Burhum».