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miércoles, 29 de junio de 2011

El Gran Dictador - Charles Chaplin


Guerra de Tomainia, frente occidental. Un soldado judío queda inconsciente tras salvar la vida de un oficial.
Mientras el soldado, barbero de profesión, está inconsciente, Hynkel se hace con el poder e instaura una dictadura que persigue duramente a los judíos. Cuando el soldado despierta, regresa a su antiguo barrio, ahora un guetto, para reabrir su barbería. Entre muchas otras sorpresas, se encontrará con que el dictador podría ser su hermano gemelo.

"La democracia apesta. La libertad es odiosa. La libertad de expresión es perjudicial."



En mi ignorancia, he de decir que lo primero que me sorprendió de la película fue el sonido. Me disculparé diciendo que todo lo que había visto de Chaplin hasta el momento eran películas mudas como Luces de la ciudad.

La película es una dura crítica al nazismo. La forma que Chaplin escogió para hacerlo fue la ridiculización,  todo es una caricatura del régimen: los soldados, los discursos, la cúpula de Hynkel y por supuesto, el propio Hynkel. Es digno de mención el trabajo de Chaplin copiando los gestos de Hitler durante sus arengas. Si podéis, poneos una ventanita con la peli y otra con cualquier video de Hitler.

El guión hace de ésta una película realmente divertida. Explota al máximo el desconocimiento del barbero sobre el nuevo régimen. Por ejemplo, en este pequeño diálogo:

Oficial:  Juraría que eras ario.
Barbero: No, ario no. Sagitario.

El único fallo que puedo verle es que tiende a alargar demasiado las escenas graciosas. Es divertido ver a Chaplin desorientado en un avión o jugando con un mapamundi… los primeros dos minutos.

Las actuaciones son soberbias. Tanto Chaplin como los secundarios hacen un gran trabajo. Destaco a PauletteGoddard (Hannah),  Henry Daniell (Garbitsch, ministro de Interior) y a Reginald  Gardiner (Schultz).
La imagen es posiblemente la mejor que he visto en una película en blanco y negro. Como ha sido una película muy mimada y que se han preocupado mucho de restaurarla para adaptarla a los nuevos tiempos, no tengo muy claro si esto es mérito de la original o de los tratamientos posteriores pero el resultado es inmejorable.

Los decorados, sobre todo la oficina de Hynkel, tienen miles de pequeños detallitos. Me encanta que tengan banderas y dobles cruces por todas partes.

El maquillaje sí que falla. El problema es que es un maquillaje de transición, a medio camino entre las películas mudas y con sonido. El de Hannah, Hynkel y el barbero es más cercano a las películas mudas. El resto de actores tiene un maquillaje mucho menos exagerado.

La banda sonora es un nuevo punto a su favor. Mezcla obras propias con música clásica y es apropiada en cada momento. Y como ya es costumbre en Chaplin, la música va acompañada de buenas coreografías por parte del actor.  La escena de la barbería a ritmo de La marcha húngara no tiene desperdicio. Escena redonda.

Curiosidades:
—la película estuvo censurada en España hasta el año 1976, en Alemania hasta 1998 y en Italia hasta 2002.

Nota: un 10. Es de estos clásicos eternos que se merecen tal título. ¡Fantástica!. ¿Qué más grandes clásicos nos recomendáis?.

martes, 28 de junio de 2011

Weeds (4ª temporada) - Showtime, Jenji Kohan

Una vez terminado el curso, la verdad, la cantidad de tiempo de la que disponía ha aumentado terrible y desmedidamente, y he aprovechado una parte para acabar libros y series que tenía un poco olvidados. Una de esas series es Weeds.



Al igual que la tercera temporada, que comenté hace poco pero vi hace bastante, la cuarta juega esas cartas de Weeds, de jugar con el «ambiente encantador como fondo de los asuntos turbios», la de «Nancy está buena» (aunque algunos fans me niegan que la serie utilice este recurso como arma, me limito a recordar algunos de los pocos sutiles carteles promocionales aquí y aquí) y la de «haga lo que haga, todo le sale mal». Podríamos añadir también las cartas de «sus compañeros son unos inútiles», pero lo cierto es que cada temporada son un poquito menos estúpidos, lo cual me parece muy de agradecer.

En esta ocasión me ha llamado mucho la atención el polivalente alcalde de Tijuana, Esteban Reyes (Demián Bichir), con el que Nancy tiene una relación llena de altibajos y contratiempos durante toda la temporada (siguiendo un poco la esencia relacional de la serie, no vaya a ser que los espectadores no encajan bien los cambios), pero llevándola un poco más allá. Esta vez todo parece un poco más serio, más formal; más profundo, dedicado y detallista. Esta vez, siendo claros, está bien hecho y parece algo más que la mera necesidad guionísticas o de enseñar cacho de Mary-Louise Parker.


Y esta vez, la verdad, la temporada tuvo cosas que me encantaron.

- Por ejemplo, el momento de la reunión que uno se espera más de una y dos veces (final de 4x11, Head Cheese, traducido como Chóped): alguien llega, Nancy está nerviosamente entretenida con un cubo de Rubik pero dice un nombre, el nombre que su acompañante deseaba saber. El acompañante toma asiento, es un poli. De fondo las flores, las plantas... la paz. El eterno encuentro de lo agradable y lo oscuro de Weeds.

- O el grandioso momento, en el capítulo siguiente, relacionado con lo anterior en torno a la mitad de 4x12, Hasta que volvamos a vernos, en el que con una barcarola de fondo (las canciones folclóricas de los gondoleros venecianos, aunque en la serie se dice que son «canciones de cuando los marineros cantaban serenatas a las mujeres en los barcos»). Una escena tierna y bonita que se alterna con otra escena, con las consecuencias del chivatazo, mientras el cálido ritmo de la barcarola mece una escena en la que Nancy y Esteban hablan, y hace chirriar a la otra en la que vemos el final de la jornada de trabajo de Guillermo y sus traficantes sin escrúpulos, unos personajes a los que no se dignan ni a darles voz. Están silenciados, atareados; no escuchamos ni siquiera el ruido de los disparos de la DEA, ni los gritos, ni cómo se rompen los cristales. Sólo están las voces de Esteban y Nancy, y la melodía de la tranquila barcarola de fondo.

- El mayor protagonismo de Shane Botwin (Alexander Gould), que siempre me pareció el varón más o menos inteligente de la familia Botwin. Puede que en esta temporada la hormonas le impidan pensar con claridad, pero su aumento de protagonismo es evidente. Me encanta el personaje y, sobre todo, cómo lo lleva el actor, con esa cara ligeramente inquietante con que lo encarna.


No obstante —recordemos que, para mí, Weeds es una serie de casi incomprensibles altibajos— el final me pareció decepcionante y cogido por los pelos y, además, creo que el personaje de Celia Hodes (Elizabeth Perkins) lleva como dos temporadas sobrando, ya no aporta nada. Hace tiempo que no es nada en absoluto, una sombra molesta, cargante a la que intentan dotar de una especie de gracia esperpéntica sin ningún tipo de éxito. ¡Qué ganas de que los guionistas la saquen del medio! Y lo que sí que es absoluta y terriblemente imperdonable es la eliminación de la cortinilla de introducción, sustituida por imágenes que alternan el nombre de la serie, con el del autor con una hoja de marihuana. Absolutamente imperdonable, ¡si lo de ir cambiando la canción cada capítulo era una de las cosas que más molaban de la serie!

Nota: 7,5. La temporada está, diría yo, algo mejor de lo normal. Han conseguido unos personajes algo más sólidos y creíbles que en otras, salvando excepciones, y aunque ya han renunciado por completo a los escasos toques cómicos que lucía en un principio, el traje de directo dramatismo con que se engalana ahora, le sienta bien al fin, de una vez por todas.


Otras temporadas de Weeds:

lunes, 27 de junio de 2011

It - Stephen King

1957: el asesinato del pequeño George Denbrough a los seis años, marca el comienzo de una serie de asesinatos en Derry, un pueblo situado en el estado de Maine. Los niños desaparecen misteriosamente y los adultos parecen incapaces de detener al misterioso asesino.
Pero siete niños, capitaneados por el hermano mayor de George, Bill, descubren qué es lo que mata a los niños, aquello que vive y se alimenta de Derry. Descubren a Eso que  es su mayor miedo y su peor enemigo.

1985: Mike Hanlon hace seis llamadas desde la Biblioteca Municipal de Derry, una por cada uno de sus amigos de la infancia, el Club de los Perdedores. Porque Eso ha vuelto y ellos deben cumplir la promesa de regresar al pueblo y destruirlo para siempre. Los siete se ponen en marcha para una última batalla.





Hace años, muchos años, leí It. Recuerdo que no dormí hasta que lo acabé, lo que  me llevó dos días. No podía parar. Así es It, te sonríe, te atrae y después te paraliza de puro terror.
Me daba un poco de miedo retomarlo, por si había perdido con los años pero no ha sido así. Me ha enganchado tanto como la primera vez.

El libro está narrado en dos tiempos: 1957 y 1985. Los sucesos de 57 son introducidos a partir de lo que logran recordar los adultos sobre su infancia. Y queda muy bien, la transición de un tiempo a otro se hace de forma fluida y nada confusa.

Los personajes están divididos en dos bandos diferenciados. El de Eso y el de los Perdedores. Pero Eso juega con ventaja ya que cualquier personaje puede ser puesto a su servicio. Esto crea una constante paranoia durante la lectura porque sabes que cualquiera en cualquier momento, puede convertirse en un cómplice más.

Bill Denbrough: tartamudo, inteligente y aficionando a la escritura. Es el líder de los Perdedores.
Beverly Marsh:  la única chica del grupo y el miembro con mejor puntería.
Stan Uris: aficionado a la ornitología. Es el más reacio a aceptar la existencia de Eso y la necesidad de destruirlo.
Ben Hanscom: tiene sobrepeso, lo que ha dificultado su relación con otros niños. Es dulce y sensible, además de un buen constructor.
Richie Tozier: especializado en poner voces de personajes famosos y en hacer chistes. Es el alma optimista del grupo.
Eddie Kaspbrak: el más débil del grupo. Eddie es enclenque y tiene un asma muy agudo.
Mike Hanlon: es perseguido por ser negro. Es el último en unirse al grupo. Su padre tiene un libro de recortes y fotografías antiguas que recorre toda la historia de Derry.
Henry Bowers: archienemigo de los Perdedores. Desde niño, Henry es influido por Eso, hasta llevarlo a la locura. Actúa como chivo expiatorio tras la ola de asesinatos de 57.

La presentación de los personajes, ya adultos, se hace a través de terceros.  Excepto en el caso de Stan Uris han sido lecturas muy entretenidas. Casi relatos a parte narrando las vidas de otras personas, mezclándolas con los protagonistas. En el caso de Uris, se hace a través de su esposa y me pareció un personaje terriblemente aburrido.

El libro tiene muchísimos puntos interesantes y derrocha imaginación. Una de las partes que más me gusta es la amnesia. Los niños abandonan Derry y olvidan completamente su infancia.  Pero tras la llamada de Mike todos empiezan a recordar poco a poco. Mike recuerda porque es el único que se ha quedado en Derry, esperando, vigilando.
Más detalles interesantes:
—descubrir a través de las investigaciones de Mike la historia de Derry.
—la cantidad de personajes interesantes que hay en toda la obra.
—cómo se cruzan los personajes y sus descendientes y la importancia de cada uno de ellos, como si fuesen piezas sobre un gran tablero.
—ir descubriendo poco a poco la magnitud de la tela de araña que atrapa a Derry.

A pesar de sus 1500 páginas, King consigue mantener el ritmo y la intriga en cada momento. La tensión es constante y las ganas de saber más te lleva a devorar capítulo tras capítulo.

Lo peor del libro: la tortuga. Está bien que los chicos tengan una presencia benigna para ayudarlos en su lucha pero la explicación me parece terrible.

En cuanto a mi edición, que es la que veis en la foto, tiene varios fallos de traducción. Podría estar mucho mejor. Avisados quedáis.

Nota: un 8. Si queréis pasar miedo, It es vuestro libro. 

Otros libros de King que hemos leído:
El misterio de Salem's Lot Nota: 8.
Saga de La Torre Oscura:

El pistolero Nota: 4.
La llegada de los tres Nota: 7,5.
Las tierras baldías Nota: Nota: 10.
Mago y cristal Nota: 7.

viernes, 24 de junio de 2011

Mujeres Desesperadas (3ª temporada) - ABC , Marc Cherry

Tras el bache de la segunda temporada, tomé ésta con menos ganas. Craso error. La tercera temporada de la serie es magnífica, divertida e hilarante como ninguna de las anteriores, tan sólida como la primera pero con menos muertes rítmicas. Además, el capítulo  «Mi marido, ese cerdo», merece una mención aparte.



Esta vez no hay un misterio concreto, ¿o sí? El misterio es una serie de pequeñas intrigas que rodean a la graciosa, increíble y misteriosa persona que es Orson Hodge, magníficamente interpretado por Kyle MacLachlan, anteriormente conocido como Paul Atreides en la Dune de David Lynch, quien debió de ser uno de sus grandes adalides, puesto que lo metió en varias de sus obras. Uno empieza la temporada con dudas sobre él, sobre Hodge; lo cierto es que es un personaje que alterna lo artero y ladino que nos ha enseñado, con sus graciosos trastorno obsesivo compulsivo que lo hacen, realmente, el marido perfecto para la señora Van de Kamp, desde luego. Además, su peculiar sentido del humor ácido y amargo a partes iguales, lo hacen un personaje realmente divertido. Susan, en cambio, vive un nuevo drama, dividida entre Mike Delphino, al que la segunda temporada dejó tirado en el suelo y que vive en coma; e Ian Hainsworth, un ricachón inglés cuya mujer también está en coma. Eddie Britt vive su oportunidad dorada con Delphino, aprovechando la vacilación de Susan. Carlos y Grabielle deciden tener un hijo, pero como la cosa no marcha, toman a su criada como madre de alquiler.

Esta temporada, como las demás, tiene un apartado visual cuidado al milímetro, en el que la luz y los colores resultan muy agradables y hogareños, lo idóneo para un barrio residencial, claro. La música, perfecta como siempre, como ya he dicho en anteriores ocasiones. No obstante, hay algo más. Esta temporada empieza a brillar.

 «Algunas manchas son tan indelebles que nada podrá lavarlas... » 

Para empezar,  «Mi marido, ese cerdo»  (3x16): es un capítulo especial, especialidad que sale a relucir tan pronto empieza el episodio y por primera vez no nos acoge la voz de Mary Alice Young, sino la de Rex Van de Kamp, el marido muerto en la primera temporada de Bree. Rex hace una narración divertida y cínica sobre su familia, mientras se sucede uno de los capítulos más divertidos de la serie.

Continúo con la que tal vez haya sido la mejor escena que he visto nunca en la serie, que se puede ver en el episodio siguiente,  «Big dress» (3x17), en la que tras una gran metedura de pata de Eddie Britt, ésta se desnuda física y psicológicamente, se sincera y entrega como nunca antes. Y todo en esta escena es perfecto, sus frases, las miradas entre los actores, el tratamiento de la desnudez y recién mostrada fragilidad de la siempre dura Britt. Todo. Una pasada.

La última gran escena, en mi opinión, es la de la desesperación de Lynette, mientras su marido, al otro lado de la puerta del baño le dice que ya todo está bien, y que pronto volverá a trabajar y ella, oculta tras esa puerta y el ruido de los grifos, llora desconsoladamente. Déjalo, Lynette, que sois una pareja lamentable .


Nota: 8,5. Esta temporada es lo que siempre debería haber sido la serie. Un buen ritmo, un buen trato de personajes, una buena historia y además interesante y alguna que otra escena para enmarcar. Muy recomendable, aunque para llegar a ella uno deba tragarse la muy mediocre segunda temporada.

Otras temporadas:

miércoles, 22 de junio de 2011

Weeds (3ª temporada) - Showtime, Jenji Kohan

La tercera de Weeds siguió la estela de las dos primeras. Una triste historia sobre una mujer dedicada a la venta de maría que ve cómo todo se derrumba poco a poco, a pesar de que sus ciclópeos esfuerzos consigan darle momentos de paz, o de aparente paz, al menos.



Sinceramente, Weeds me parece una serie sobrevalorada. Esta temporada se resumen en el cambio de baraja. El juego es el mismo, pero se han añadido cartas para no jugar. Es como una nueva baraja de Magic, o una expansión del Dominion, algo así.

Al igual que en la segunda, la cortinilla con versiones distintas de la canción en cada capítulo, es una pasada, sirvan como ejemplo la versión de Linkin Park y la de Michael Franti. En mi opinión es, de hecho, de lo mejor de la serie, aparte de porque no es una mala cortinilla en cuanto a su imagen, porque el factor de ligera sorpresa de no saber cómo será esta vez la canción, de qué género será, o cómo encajará con la imagen, es muy motivante. Una lástima que sólo durase dos temporada. Por lo demás, una impecable Mary-Louise Parker, en su papel de Nancy, deslumbra con una actuación muy cuidada, igual que  Justin Kirk, Andy, o Alexander Gould, Shane. No, en serio, Shane me parece uno de los personajes más completos de la serie, para bien o para mal; aunque su malrollismo inicial, ese que le hacía parecer un asesino chungo en potencia, se ha mitigado un poco, siendo ahora un niño que, aunque un poco extraño e inquietante, es más normalito.

Creo que esta serie nunca acabará de encandilarme, en gran parte, por sus personajes. La historia está bien (bien, no más, sí; el esgrimir siempre la misma fórmula satura en la tercera... y han renovado la séptima), la música está bien (salvo la de la cortinilla, cuyos cambios y reinvención son realmente soberbios), la imagen está moderadamente cuidada... pero los personajes, la mayoría, me parecen un peñazo; no sólo por lo arquetípicos que son muchos de ellos, como Doug (el hombre con trabajo aceptable que piensa con la polla); la estupidez reiterada de Silas (creo que ya lo había comentado antes), la actualmente sórdida Celia (que empezó siendo un personaje cansino pero aceptable, y ahora es sólo cansino), etc. Intentando huir del tópico, intentando ser nueva, se ha convertido en una más. Los intentos de arreglarlo metiendo nuevos personajes como Sullivan (Matthew Modine) o Tara (Mary-Kate Olsen, ¡una de las gemelas Olsen! Lo sé, en esa foto parece El Joker) se quedan un poco empobrecidos por el hecho de que es Nancy, y solo Nancy, el percherón que tira de la carreta, no hay más que ver los carteles promocionales de esta serie. Ellos lo saben y los espectadores también, Weeds es Nancy Botwin. Medio desnuda, preferentemente.

El único acierto, es el mayor peso de la mafia mexicana. Además, Guillermo mola mil. Y punto.

Nota: 6,5. La temporada está bien, se deja ver y eso. Pero es más de lo mismo. Más y más de lo mismo.

Otras temporadas de Weeds:

martes, 21 de junio de 2011

Lilo & Stitch -Disney

La Comunidad Galáctica juzga al profesor Jumba Jookiba por experimentos genéticos prohibidos. En concreto, por el Experimento 626: un pequeño monstruo creado especialmente para la destrucción total.
El profesor es condenado a la cárcel, y el Experimento al exilio en un asteroide desierto. Sin embargo, cuando están trasladando a 626, éste consigue huir y acaba refugiándose en un lejano planeta, la Tierra.  Allí es adoptado por los Pelekai, una pequeña familia en apuros.


No había visto esta peli hasta este fin de semana. No soy muy amiga de la factoría Disney pero me pareció buena idea darle un oportunidad.

Me ha sorprendido comprobar que el dibujo es de 2003. Tal vez sea de las películas de Disney que peor ha llevado los años, sobre todo si la comparamos con «Aladdin». Si es un dibujo que ha quedado muy desfasado. Aún así merece la pena.
Me ha gustado especialmente el diseño de los personajes ya que no es el estilo al que Disney nos tiene acostumbrados. Las niñas tienen cuerpos redonditos, las mujeres se alejan de ese estereotipo fino y delicado… es un cambio curioso. Los distintos tipos de alienígenas también son destacables. Mi favorito: el Capitán Gantu. Fijaos en sus ojos.

En cuanto al guión, tiene una excelente primera media hora. Es divertido, original… está muy bien. Pero entonces empiezan a meter escenas que no vienen  a cuento como la parte en la que surfean. Y el final… el final es terrible. Es un final Disney, claro, pero lo resuelven todo en cinco minutos, con calzador y de forma muy cutre.
Entiendo que es una peli para peques pero también lo son «La Bella y la Bestia» o «Mulan»  y le dan cien mil vueltas a ésta.

La música está compuesta casi en su totalidad por canciones de Elvis Presley. Hay una canción original, como siempre. Suena al final y es la única que han doblado, lo que rompe la uniformidad de la banda sonora de la película.

Nota: un 5. Buen diseño de personajes y una gran banda sonora. No tiene nada más.

Otras películas de Disney:
La Bella y la Bestia.
El jorobado de Notre Dame. 

lunes, 20 de junio de 2011

Misfits - E4, Howard Overman

Misfits es una serie inglesa de tipo juvenil, que coge el tan recurrente tema de un puñado de gente con superpoderes y sumerge al espectador en sus tramas de sexo, drogas, drama sentimental y demás. Es una serie para jóvenes, ¿cómo iba a ser de otro modo?



Sí, en ningún momento pretende engañar en cuanto a su forma. Misfits es una serie juvenil, es decir, juega en la misma liga que en su momento jugaron equipos tan desastrosos como Al salir de clase o Compañeros y donde ahora juega (aunque creo que acaba de terminar) Física o química. Por supuesto hay otras series de este tipo que han logrado trascender e ir un poco más allá, por una u otra razón, como True Blood, que vio su momento para aprovechar el tirón de las sanguijuelas transilvanas; Glee, con su rollo musical, o casi cualquiera de la CW. No obstante, tras ver esta serie, me reafirmo en mis dudas, no puedo dejar de preguntarme qué opinión tienen los guionistas de la juventud actual, ¿de verdad creen que el mundo es así? No sé cómo será en otros sitios, pero la verdad es que siempre que veo una serie de este estilo, en la que todos los personajes se pasan todo el día follando con gente distinta y probando drogas y más drogas, me pregunto sino será, más bien, la anhelada juventud frustrada de unos guionistas que en su momento tuvieron que matarse a pajas. También puede ser, claro está, que yo fuese un poco soso y me abstuviera de movidas, pero me parece una exageración un poco ridícula, la verdad. Supongo que, sencillamente, enseñar cacho vende.

Está claro que la baza que esgrime Misfits, en cualquier caso, son los superpoderes; que, ojo, son sólo un pequeño tema, dado que la serie se defendería sin estos. Los poderes son un pequeño añadido, un plus; pero son los que caracterizan Misfits, que, en mi opinión, es mucho más lucida que True Blood, Heroes, los 4400 o Haven. Misfits es moderna, verdaderamente actual; una de esas series inglesas en las que la luz, el color y la música irradian actualidad, además de estar perfectamente caracterizada en la que cada uno lleva en su mp3. La forma en que se introduce cada una de las canciones de la serie; los cambios de plano; la cortina de introducción que combina un apartado visual oscuro, sucio y a la vez elegante con una canción chillona y a su manera violenta que resulta una forma perfecta de acercarse a la serie; unos actores que realizan un trabajo impresionante a pesar de su juventud, sobre todo los que se encargan de Nathan (Robert Sheehan), Simon (Iwan Rheon) y Kelly (Lauren Socha); capítulos rápidos, autoconclusivos, pero con un deje de metatrama de fondo y el hecho de que sean temporadas cortas, la primera de 6 y la segunda de 7, son aspectos que me conquistaron desde casi el principio. Eso y lo divertida que es la serie, claro.

Cortinilla de créditos.

Misfits exhibe un gran sentido del humor. Hay chistes sobre todos los temas y hechos de todas las formas, desde la irreverencia estúpida, pseudorebelde y de malote de primaria de Nathan, hasta el infinito baturrismo de Kelly, pasando por el tímido pragmatismo de Simon. Admito que Nathan es un personaje que me repugna, he comprobado en internet que es súper adorado y hasta se le considera entrañable (¡¿pero cómo es posible?!), que la gente cree que él es el espíritu de la serie y un montón de cosas por el estilo, pero es un alivio cómico más bien poco lucido, cargante e infantilmente faltón.

A todo esto hay que añadir las referencias cinematográficas (ese guiño brutalísimo a El Gran Lebowsky se ganó mi corazón de Coenófilo) y las ácidas críticas de carácter social o político; unos comentarios que en una serie de este estilo siempre sorprenden, aunque en realidad sean cada vez más comunes.


Los personajes:

Misfits es, claramente, una serie basada en sus personajes. Son sus relaciones y su comportamiento los que conforman el núcleo de la historia, son ellos quienes arrastran la historia y no al revés.

Nathan (Robert Sheehan): es un niñato insoportable, respondón, que va de guaperas y de gracioso y que está interpretado por un fantástico actor, pero de cada 10 veces que abre la boca, en 9 deseaba matarlo. Sostiene que está en trabajos comunitarios por haberse "comido unas chuches".

Simon (Iwan Rheon): es un chico marginal, excesivamente tímido, muy pálido y con cara algo inquietante. Está en servicios comunitarios por haber intentado prender fuego a una casa.

Kelly (Lauren Socha): es una choni de pies a cabeza, con su pelo lamido, su vestimenta rosiblanca, su perro, su forma de hablar (tanto en inglés como en su magnífico doblaje castellano), y su condena por haberle roto la cara a otra tía por un chico así lo atestiguan. Un personajazo.

Alisha (Antonia Thomas): es una zorra. Toda serie necesita una, o eso parece que piensan los guionistas de todas las series. Con el paso de los capítulos da un poco menos de asco, pero bueno; la primera impresión siempre está ahí, como una herida supurante.

Curtis (Nathan Stewart-Jarret): es un deportista de élite negro al que pillaron con cocaína, ahora, aparte de haber malgraciado su carrera deportiva (iba a ir a las olimpiadas de 2012 y todo) lleva un horrible mono color naranja.


De izquierda a derecha: Curtis, Alisha, gilipollas, Kelly y Simon.


Además, relacionado con esto, me gustaría indicar que la selección de actores me parece maravillosa. Sobre todo por el hecho de que ni los protagonistas ni los secundarios son demasiado guapos. La verdad es que sacando a Alisha, son tirando a feuchos, y me parece perfecto. Estoy harto de bellezones por todas partes, ¡hasta en los servicios comunitarios!


La serie, en su estreno, ganó el BAFTA a la mejor serie dramática y a mejor cortinilla de créditos. Lo cierto es que no he visto tantas series inglesas como para rebatir nada al respecto, así que me limito a indicarlo.


Nota: 8. Muy recomendable, sobre todo si os gustan las historias con súper poderes, aunque lo cargante del personaje de Nathan (aunque parezca que casi nadie quiere darse cuenta de esto) y por momentos la sobrecarga de drogas y sexo vacía, le hacen perder un poquillo. Pero dadle una oportunidad, que es una muy buena serie.

domingo, 19 de junio de 2011

Mujeres Desesperadas (2ª temporada) - ABC, Marc Cherry

La segunda temporada de Mujeres Desesperadas mantiene ese toque de extraño cuento retorcido y enfermo mientras plantea un nuevo misterio, personificado esta vez en la familia Applewhite: un joven y su madre, negros ambos, que se mudan a Fairview, el barrio residencial en que transcurre la serie.



Resulta que esta temporada es... aburrida. La primera temporada estaba bien, se dejaba ver, tenía puntos divertidos, era bastante entretenida, el antagonista era muy interesante y tal; pero la segunda presenta un caso sin gracia y unos antagonistas carentes de todo atractivo. Prácticamente en ningún momento me interesó en absoluto la familia Applewhite, ni los misterios que se trataban. ¿Quién es el hombre que está encerrado en el sótano? ¿A quién mató? ¿Por qué lo hizo y por qué está encerrado? ¿Por qué todas las mentiras? ¿Por qué Bree van de Kamp es tan poco observadora como para no notar que George, el farmacéutico, es un estúpido, aparte de otras cosas mucho peores? ¿Por qué los hijos de Bree son tan gilipollas? ¿A qué clase de demonio del averno sirven y adoran? ¿Por qué Julie es claramente la que adopta el rol de madre en la familia Mayer? ¿Cómo hace Mike para soportar todas las idas de olla de Susan –no me malinterpretéis, Susan es un personaje que me encanta, pero... ¡se pasa de loca! Pobre señor Delphino– ¿El día en que muera Eddie Britt, cuánto material no biodegradable quedará suelto en la ciudad?


Sí, la verdad es que casi todo lo que pasa en esta segunda temporada, Applewhite aparte, ya estaba pasando en la primera. En la segunda intentan heredar la luz que la precedió el año anterior y usarla en su favor, pero falla; la segunda temporada de Mujeres Desesperadas cansa rápidamente, salvada tan solo por el grupo protagonista, que gana ligeramente gracias al no tener que presentarlas, o a tener unas personalidades perfectamente definidas, moderadamente claras y sencillas y, en conjunto, muy divertidas. No obstante la mitad de los capítulos son argumentalmente tediosos, un cuarto es absolutamente mediocre y el otro cuarto es meramente aceptable, y ni las protagonistas de la serie ni su magnífico apartado fotográfico salvan los bártulos de la serie.

Por si fuera poco, el desarrollo de la historia de los Applewhite ni siquiera resulta especialmente intrigante, ni sorprendente, hasta casi cerca del final de la serie, cuando la historia da un quiebro sorprendente, terrible y deleznable. Muy del palo de la serie, para qué negarlo.

La música, como siempre, da un puntillo encantador; da la parte más hermosa y tranquila del cuento. No sólo la magnífica introducción obra de Danny Elfman, sino toda la música de fondo: entre los cotilleos de las vecinas unas veces, entre las discusiones otras y, por supuesto, en los momentos más dramáticos, en esos silencios tan propios de la serie en los que parece que sólo el piano y un poco de cuerda de fondo es capaz de explicar lo terrible de lo que está pasando.

Nota: 4. La fotografía, la música y las magníficas actuaciones permiten que Mujeres Desesperadas siga siendo visible, pero un guión sin gracia y un eje argumental carente casi por completo de atractivo ahogan una serie que parece evidente que podría dar mucho más de sí. Una lástima.

Otros comentarios sobre la serie:
Primera temporada.

viernes, 17 de junio de 2011

Dos hombres y medio (1º temporada)


Alan está casado con Judith y tienen un hijo de nueve años, Jake.  Sin embargo Judith decide separarse de Alan porque no tiene clara su sexualidad. Alan y Jake se refugian en la casa del hermano mayor de Jake, Charlie. Charlie es un músico que vive en una preciosa casa al lado de la playa, disfrutando de una vida llena de lujos, mujeres y alcohol.
                                           


 No voy a mentiros en esto, más que nada porque miento muy mal. Empecé a ver la serie por esto:



Antes sabía que existía y eso pero nunca me había planteado echarle un ojo. He visto la primera temporada. No lo he hecho porque me haya gustado, lo he hecho para poder criticarla con conocimiento de causa.

Razones por las que no me ha gustado:
1) Los personajes.
Charlie (Charlie Sheen): diré en su favor que es el menos insoportable de los tres protagonistas. Pero no me hace gracia. No veo la gracia en un hombre de 40 años comportándose como si tuviese veinte menos. Y no lo digo por las mujeres. Lo digo por lo inútil que es para cualquier otra cosa.
Alan (Jon Cryer): puedes tener y trastorno obsesivo compulsivo y ser gracioso. Hay muchos personajes así en varias series pero Alan no es uno de ellos. Es insoportable y carente de gracia.
Jake (Angus T. Jones): odio al niño. No podría ser más cargante. Me dieron ganas de matarlo todas y cada una de las veces que cantó la estúpida canción de los cereales.

2) El guión.
A cargo de Chuck Lorre. Aburrido. No he conseguido reírme a carcajadas con ningún capítulo. Nada. Las únicas veces en las que me divirtió un poco fue con la vecina loca. Por lo demás, me pareció un desfile de chistes fáciles, de situaciones completamente previsibles con los ligues de Charlie y de escenas que hemos visto en muchas otras series.

3) Lo cutre que son los escenarios.
Entiendo que es el estilo de la serie, entiendo que casi todo se desarrrolla en interiores pero no tienen por qué parecer tan terriblemente cutres.


Lo cierto es que no alcanzo a entender cómo esta serie ha hecho tanto dinero ni cómo ha alcanzado esos índices de audiencia. Al menos la primera temporada ha sido completamente decepcionante y dudo que me moleste en ver más. Por suerte tengo a mano sitcoms que son realmente graciosas.

Curiosidades:
—A lo largo de la serie aparecen múltiples estrellas invitadas: Megan Fox, Enrique Iglesias, Emilio Estévez, Denisse Richardson…
—A pesar de la creencia popular, la serie no se inspira en la vida de Charlie sino que proviene de las experiencias de Chuck Lorre de niño.

Nota: un 4. Maliña del todo.

miércoles, 15 de junio de 2011

Modern Family (1º temporada)

Hoy, os voy a hablar de esta divertidísima comedia. Albos y yo vimos tres capítulos juntos. Como mis carcajadas cada dos minutos lo despertaban del sopor en el que lo sumía la serie, decidí verla sola. 






Empezaré con los personajes porque son lo mejor de la serie. Y sí, son tópicos a más no poder, pero aseguro que tienen su gracia.

Jay Prittchet (Ed O’Neill): típico hombre mayor que se casa con una mujer mucho más joven, Gloria.
Gloria (Sofía Vergara): típica mujer joven que se casa con un hombre mayor. Tiene un hijo de once años, de su anterior matrimonio.
Manny (Rico Rodriguez II): hijo de Gloria. Idolatra a su padre y odia a su padrastro.
Claire (Julie Bowen): ama de casa obsesiva. Necesita mantener el control y tener todo perfecto. Tiene tres hijos con Phil, su marido.
Phil (Ty Burrell): Phil es un inmaduro y un salido. El marido perfecto para una obsesiva del control.
Hijos:
        Haley (Sarah Hyland): la hija guapa que empieza con su primer novio.
        Alex (Ariel Winter): la hija inteligente.
        Luke (Nolan Gould): Luke, simplemente, es tonto. En serio, lo es.
Mitchel (Jesse Tyler): el otro hijo de Jay es abogado, un neurótico y gay. Como es gay se ha ido a Vietnam a adoptar una niña junto con su pareja Cameron.
Cameron (Eric Stonestreet): es adorable. Un poco locaza, si. Pero es adorable y el punto de cordura entre los genes de Jay.
Hija:
        Lily (Ella & Jaden Hiller): bebé. Típica niña vietnamita adoptada por gays.

No, no son originales. Es cierto. Pero cumplen y hacen reír. A mí, me valen.

Los actores son fantásticos y lo hacen genial. Sobre todo los niños. Me encantan los cuatro.

La dirección es un gran acierto. No me convencía demasiado eso de pretender ser un documental sin serlo, pero lo han hecho bien, muy bien. Las escenas encajan sin grandes choques y las frases suelen ser lo mejor de los capítulos.

El guión. En este punto, me temo que no coincido con la mayoría de los espectadores. Se ha alabado la originalidad de la serie, una originalidad que yo no veo. Los personajes son tópicos, las situaciones previsibles… no está muy visto que presenten la serie como un no-documental, pero ya. Aún así, me he reído a más no poder con cada capítulo, me parece graciosísima.

Momentazos:

1: 
Claire: De jovencita era un poco alocada. Si consigo que Haley no se despierte en una playa de Florida, desnuda y sin saber cómo ha llegado allí, habré cumplido como madre. 
Phil: … habremos cumplido… 
Claire: si, eso quería decir. Habré cumplido. 

2: 
Gloria: los hombres necesitan hobbies. Allá en Colombia, a los hombres de mi familia les encanta trabajar con las manos. 
Jay: sí, por eso en mi país los contratamos para trabajar con ellas: jardineros, limpiadores, obreros… 

3: 
Mitchel: Papá, me ofendes, Cameron no es tan melodramático. 
Dos segundos después Cameron entra por la sala para presentar a Lily. Lo hace a ritmo de la banda sonora de El rey león, con focos enfocándolos a él y a la niña.

La banda sonora tiene una buena selección de canciones, que completa con algunas propias. Estas son interpretadas por el novio de Haley y dan mucho juego.

Curiosidades:
—Lily está interpretada por un niño y una niña.
—Cameron y Mitchel no podrían haber adoptado a Lily en Vietnam, la legislación de este país no deja que los matrimonios gays lo hagan.
—Nolan Gould es miembro de Mensa.
— Perú y Colombia se han quejado por el personaje que interpreta Sofía Vergara, Gloria.

Premios:
—Emmy a la Mejor Comedia.

Nota: 8. Quería algo ligero y divertido y lo tuve. Si queréis reíros, esta es vuestra serie.

martes, 14 de junio de 2011

La Flecha Negra - R.L. Stevenson

Parece ser que originalmente, Stevenson sacó esta novela en forma de folleto, siendo ya un novelista consagrado. Era el año 1887, y parece que ya entonces, los gustos para leer una novela normal eran muy parecidos a los actuales, y es que La Flecha Negra es una entretenida novela de aventuras llena de pasión, desventuras, honor, valor, intriga y espadazos.



La historia se centra en Dick, un mozo huérfano tutelado por sir Daniel Brackley, quien lo ha cuidado desde el fallecimiento de su padre. Su tutor, además, tiene previsto casarlo con Juana Sedley, pero la joven parece un poco reacia; y así, mientras la Guerra de las Dos Rosas, que enfrenta a los de Lancaster con los de York, sigue su curso, Daniel se dedica a mover arteramente sus peones por el tablero de ajedrez que constituye la pérfida Albión.

Admito que tardé un tiempo en cogerle el punto al libro; las formas medievaloides como posponer el pronombre y pegarlo al verbo, como en "mostróle", los juramentos, como "por la Cruz" o "por la misa", aunque, por supuesto, los ejempls se deben al traductor al castellano, José Méndez Herrera. Además, el pequeño tamaño de letra de la edición que tuve entre manos, la de bolsillo de Alfaguara, tampoco ayudó demasiado a cautivarme en un inicio.

Fue el magnífico dúo Dick-Matcham el que empezó a gustarme, el que sembró la semilla de la curiosidad y logró que me apeteciese saber qué pasaba; eran una pareja realmente estupenda, con sus respectivas visiones de cómo son las cosas y sus enfrentamientos, dialécticos la mayor parte de las veces y graciosamente físicos el resto. Sobre todo, la verdad, mientras Dick desconoce que tras las ropas de chico de Matchan se oculta Juana Sedley, la joven que debería casarse con él. Este momento es realmente divertido y emotivo de mil formas distintas; pero todo se viene un poco abajo cuando Dick descubre el pastel. No sé cómo ni por qué, pero Juana, una vez que confiesa su condición de mujer, se vuelve estúpida. La atractiva gallardía que lucía a pesar de su debilidad física la hacía un personaje interesante y extraño, los misterios que sabíamos que ocultaba la hacían intrigante; todo eso es cierto, pero una vez revelado el secreto y adoptado su papel de amantísima pretendiente, el personaje empieza a hacer aguas. ¿Por qué el cambio? ¿Acaso no podía ser un personaje declaradamente femenino y seguir siendo un gran personaje? Pues no, se ve que no que no puede.

A partir de este... empeoramiento de Matcham, sólo me quedó el odio a Daniel, que es el gran motor de la historia; cómo Dick va viviendo mil peripecias distintas en busca de su anhelada Juana mientras los viles tentáculos de sir Daniel se extienden casi como una infección. Una y otra vez parece que Sir Daniel ha tocado fondo, que ya no puede ser más despreciable, pero siempre se va un poco más allá, y un poco más allá después.

"Más aspecto tienes de muchacha que de hombre. Para ser muchacho tienes un extraño aspecto; pero para muchacha, Jack, serías guapa. Una moza muy bien parecida. "


El libro se titula La Flecha Negra, por cierto, por una hermandad de rebldes que se oponen al trato abusivo de la nobleza, un poco en el rollo de Robin Hood, a la que en un determinado momento se une Dick Shelton. No obstante, a pesar de que ambas se llaman igual; la hermandad tiene más bien poca presencia en la novela.

Nota: 7,5. La Flecha Negra es un buen libro de aventuras y tiene unos personajes interesantes y atrayentes, aunque no puedo evitar volver a sacar a relucir la caída de molonidez de Juana Sedley nada más reconocer su feminidad ante Dick. ¡Con lo que tú molabas, Juana! Por lo demás, una lectura muy entretenida que se merece sobradamente que os aproximéis sin ninguna duda.

¡Gracias, Lu!

viernes, 10 de junio de 2011

Meet Laulau

Laulau es mi novia y actual corredactora de este blog. Es una chica inteligente (a pesar de lo que pueda parecer en este post), encantadora, y está como un queso. No, en serio, está como un queso. No es (solo) peloteo.
¿Pero qué tiene de malo Laulau? ¿Qué oculta para uno de esos especiales de The Simpsons? ¿Qué diríamos de Lau en un Behind the Laughter ?

Podría empezar diciendo que Laulau se abstrae con facilidad. Sí, es una persona de abstracción fácil a la que una frase en un determinado momento puede hacerle perder cualquier hilo conversacional. Necesita estar focalizada o se reinicia tras unos instantes de adorable duda en los que deja constancia de cuánto la frustra ser interrumpida en vano.

Laulau no capta la más evidente ni el más obvio de los dobles sentidos. No le va. Ella los usa con cierta regularidad, pero no los entiende cuando juega en el campo de otro. Todo lo que se dice en presencia de Lau será considerado de forma absolutamente denotativa y realista. ¡Ojo con lo que decís!

Relacionado con lo anterior, aunque se muestra más a menudo jugando a rol, tiene un talento innato e incomprensible para emplear construcciones que sean insinuante y ambiguamente sexuales, como: «¿Te gustaría ver mi jardín secreto? ¿Y su fuente?» Los bardos de media Europa se frotarían las manos tras estas perlas. O, solo por poner otro ejemplo: «podemos practicar en la alfombra toda la noche. No necesito dormir». Las risas de todos los reunidos, unidos a la inocente y sorprendida expresión de una Laulau que tarda varios segundos en procesar el por qué de nuestra risa, conforman un todo impagable.

Lau es intolerante a la lactosa (y si no lo es, sufre los mismos males) y parece que sus platos favoritos están basadas en los quesos, la nata y la salsa carbonara o de queso azul. Mención aparte merecen los profiteroles de nata:
—¡Ñam, buñuelitos de nata!
—Pero Lau, si te sientan mal...
—Pero sólo voy a comer uno
Seis buñuelitos después.
—Jo, me encuentro mal.
—Ya, Lau, llevan nata...
—Pero... pero... ¡están tan ricos!
Lau coge otro buñuelito.

Y uno podría pensar que tras el empacho de buñuelos de nata, Lau aprende la lección, pero al día siguiente, nada más llegar Cris y Fernando para jugar nuestra habitual partida, Lau inaugura la bolsa con el comentario «¡Ñam, buñuelitos de nata!»
 Sí, es irónico a su manera, está como un queso pero es intolerante a la lactosa. Queso, lactosa... ¿no es una deliciosa ironía?

Y así, en resumidas y graciosas cuentas, es la adorable Laulau, que tiene una infinidad de cosas buenas siendo esto meras anécdotas.

Nota: 9, es una novia ejemplar, buñuelitos incluidos. 


Y por si alguien se pregunta el por qué del título escogido, ¡la razón aquí!

miércoles, 8 de junio de 2011

Tierra de bisontes - Alberto Vázquez Figueroa

Y con esta me pongo a ritmo de publicación, al fin. Esta vez, el escritor canario nos lleva con su también canario cabrero a América del Norte, a un tiempo anterior al Salvaje Oeste, recorriendo el continente de este a oeste con gran número de giros, desvíos y toda clase de problemas. 


Al principio de la novela, Cienfuegos, que vive plácidamente con Ingrid Grass y con Araya, acompañado de muchas otras familias que han rehecho sus vidas al oeste del Atlántico, está pescando en una barca cuando, de pronto, algún pez cabronazo le inyecta alguna ponzoña que lo tiene semiinconsciente. Así, el pobre protagonista acaba navegando a la deriva en Dios sabe qué dirección, hasta que despierta un día muy lejos de casa, abotargado y medio muerto.

La gran constitución del cabrero, y su conocimiento y adaptablidad, le permite reponerse del mal trago y seguir adelante, queriendo siempre volver a su hogar. Y es que Alberto Vázquez Figueroa se niega a dar tregua al pobre gomero.

Lo cierto es que cogí el libro con cierto temor. La historia estaba perfectamente terminada con el anterior y proseguir una historia terminada, con 15 años de tierra sobre su ataúd me parecía un error. No obstante, acepto que el nuevo libro está bien. Sin más. La nueva entrega no mejora nada de lo pasado ni añade gran cosa. Sí, claro, presenta un nuevo lugar y nuevos pueblos, lo que poniéndonos puristas, puede que sea la esencia misma de Cienfuegos y, además, el cabrero sigue anhelando volver a casa, a los brazos de Ingrid, como en los primeros libros de la serie. Sí, es cierto, pero no es lo mismo. La última novela es entretenida y amena y la historia, además de leerse con comodidad, resulta instructiva e interesante, como las anteriores; pero ni el cabrero mola tanto como siempre, siendo un personaje ya algo más acabado (cuando gran parte de la gracia de estos libros era el toque casi indianajonesco) ni los secundarios llegan a la suela de los zapatos a los de las entregas anteriores. Lo único que contribuye a salvar el equipo es la grandiosidad de la salvaje América del Norte, la extensión de sus accidentes geográficos, la brutalidad de algunos pueblos o la fría indiferencia de otros y, como siempre, el choque cultural del europeo.



«País de locos», es la frase más repetida y, en mi opinión, la más idónea para Tierra de Bisontes. 

Algunas construcciones como «¿qué tan lejos...», aunque el panhispánico de dudas dice que era de uso común en español medieval o clásico y podría ser una licencia; o el abusivo uso de «pendejada», que es un americanismo que siempre me ha desagradado al oído, son algo que me echó un poco para atrás a la hora de leerlo, y me sorprendió porque era algo que no pasaba en anteriores entregas.


Nota: 6,5. Está bien y se deja leer, pero ni a la serie le sienta especialmente bien que se le añadan cosas (con lo bien, en cambio, que sienta un buen final en el momento preciso), ni aporta gran cosa a la historia, a los personajes o al lector.

domingo, 5 de junio de 2011

Laulau – Dummie de los videojuegos I


Veréis, mi recorrido por el mundo de los videojuegos ha sido el siguiente:
1_ Super Nintendo.
2_ Devil may cry.
2_  Nintendo DS.

Claro, como suponéis, en este pequeño recorrido me he perdido muchas cosas. Entonces llegó Albos a lomos de una 360.
Para empezar con algo fácil, cogimos el Fable II.  

Vi el mando y pensé: ¿por qué el mando tiene tantas teclas y bultitos y cómo se usan?. Porque el mando es feo y asusta. Terrible, un monstruo.
Y empezamos. Lo primero de lo que te das cuenta al mover a tu personaje es que todo se mueve. Puedes mirar todo en chopocientos ángulos distintos. Que si apunta hacia arriba, que si el suelo, que si el cielo, que si el extremo del callejón, la cola del perro... y es incómodo. Al principio es incómodo. Sé que los gamer estarán mirando con odio la pantalla. La miran con odio porque no se acuerdan de lo incómodo que era cuando empezaron a usar todas las cámaras de las que disponen los juegos.
Una vez que dominas las cámaras, empiezas a entender para que sirve tanto botón.

Cuando tanto movimiento ya no te vuelve loca, empiezas a fijarte bien en los gráficos. Y los gráficos son la leche. En serio, es increíble lo que han cambiado las cosas desde el bigote de mi querido Super Mario. El agua parece agua, con reflejos del sol y todo. Cuando corres, se levanta polvo, o nieve, o cosas. Y la ropa no es estática y rígida, si no que se mueve al ritmo de tus pasos. Y los personajes tienen expresión facial, con sonrisas y fruncidos de ceño. Cuando te insultan, parecen enfadados y todo. Y los malos vierten sangre cuando los destrozas a martillazos.
Y la música. Claro, imaginaos la diferencia entre esto:



y esto:



En serio chicos, ha sido como si hubiesen abierto las puertas de un nuevo e increíble universo de luz, color y maravilla. Y sin píxeles.
Esto jugando. Después están los videos, maravillas hechas de sonido e imágenes. Impresionada que estoy.



Una vez que has superado los problemas del mando y las cámaras, ese es el momento en el que jugar empieza a ser divertido de verdad y te vicias. Pasa, más o menos en el siguiente orden:
1_  Enciendes la consola.
2_  Coges el mando. El mando no funciona. Te das cuenta de que no funciona porque no lo has encendido.
3_  Enciendes el mando.
4_  Empiezas a jugar.
5_  Te vicias. Quieres más, siempre quieres más.
6_  Quieres apagar, deberías apagar, pero empiezas a buscar excusas para no hacerlo: cuando compre la taberna paro,  para lo que me queda para conseguir el logro 25_B sigo un poco más, apago nada más consiga el castillo, la princesa, el dragón y acabe el juego.
7_ Con dolor y penita, apagas.

Cuando te diviertes jugando también es el punto en el que los dummies nos creemos que ya sabemos jugar. Es mentira. Escapar de los malos para que no te maten no es saber jugar, es patético. Y huí de los hobbes y fue patético. No lo voy a negar.
Porque tras aprender a usar las infernales cámaras, las armas e interactuar con los personajes, te das cuenta de que aún hay mucho que hacer: comprar magia, tabernas y armas mejores, casarte, amueblar tu casa, equilibrar al PJ… esas cosillas.

Y bien, yo entré en el blog para escribir un post sobre Fable II pero me temo que lo tendré que dejar para otro capítulo porque me he liado contándoos mi visión de este nuevo mundo recién descubierto. Una que se emociona con las novedades.
Para que lo sepáis, acepto recomendaciones de videojuegos.

PD: no, no tengo pensado jugar a nada con erizos mutados, gracias ^^
PD2: sigo pensado que tanto botón en el mando no es necesario. Seguro que Microsoft le paga a los desarrolladores para que hagan funcionar para que parezcan útiles.


viernes, 3 de junio de 2011

VISITAS DE C. EXTER. en Vigo

En otro orden de temas, me gustaría comentar algo referente a la organización de nuestra bienquerido sistema de Sanidad.

Hoy tuve que ir al médico por los resultados de una biopsia, una cita por la que llevo esperando... ¿7 meses? Quizá 8, no me acuerdo. Bien, el caso es que tenía cita para el 14 de Junio pero hace unos tres meses me cambiaron la cita para hoy, día 3 de Junio. Viernes. Aviso que me llegó por carta y al que sólo pude responder, en el mismo momento, si había algún impedimento que no me permitiera ir. Bien, vale, sí; pues 3 de Junio. Hoy.

Hoy me levanto, me ducho, desayuno. Redesayuno con Lau media hora después. Voy al ambulatorio (que tampoco es que me quede especialmente cerca, aunque no me queda tan lejos como a otros), llego allí, empiezan a dar nombres y nombres. El mío no figura y tengo vez para 10 minutos después. El papel que llevo en la mano así lo atestigua. Me levanto hasta la enferma y le consulto mis dudas. «No, de hecho la doctora no trabaja los viernes». Debí de mirarla como si me hubiera hablado en otro idioma o me hubiera dado runtime error: 216 por enésima vez. «¿Cómo? Pero mi cita es para hoy», insistí señalándole la fecha en el papel, como si fuera un seguro de vida más allá de cualquier circunstancia; el papel era la Biblia y yo la empuñaba. «Se habrán equivocado, ve a aquella oficina y que te lo expliquen. Es que de eso se encarga el Xeral». Vale, pues nada, de eso se encarga el Xeral.

En dicha oficina se me informa de que seguramente desde el Xeral se me haya llamado por teléfono para informarme de que se me devolvió la cita original, la del día 14, dado que la doctora no trabaja los viernes. Le explico que no he recibido ninguna llamada y su respuesta, toda argumentación y racionalidad, es: «bueno, a lo mejor tenemos mal apuntado tu número, o te quedó en el contestador automático, o algo». O algo, sí, o a lo mejor no han hecho nada de ello y, sencillamente, he perdido una mañana como un gilipollas porque alguien no sabe hacer su puto trabajo, ¿quién sabe?

Joder, ni que fuese tan difícil tener en el programa informático los horarios de cada médico y dar las citas en consecuencia. En fin... o tener en cuenta la voluntad del paciente, ya puestos.

Alberto Vázquez Figueroa - Cienfuegos VI:Xaraguá

Xaraguá es la sexta entrega de Cienfuegos y, hasta 2006, el cierre de la serie. ¿Qué puedo decir? Lo cierto es que me parece un final perfecto a muchos niveles, aunque ciertos puntos no sean de mi más completo agrado, aunque no por ello sean menos lógicos o contextualizados.



Cienfuegos nunca ha buscado ser hiperrealista, jugaba con el encanto de lo exagerado, de la novela de aventuras, donde los malos no son malos, sino que son villanos; donde los buenos son héroes, y el amor es un sentimiento apasionado que arde con la fuerza de las llamas del infierno; donde la venganza es un plato apetitoso incluso quince años después, porque el odio y el rencor son pueriles y devoradores. Es una obra de extremos arrebatadores toda ella y, sinceramente, para mí es parte de su gran encanto. En general prefiero la abundancia de grises que de blancos y negros, pero el fuerte contrapunto y el toque aventurero se adaptan, en este caso como un guante a la medida de hechos y personajes. Al fin y al cabo, dudo que la intención fuese más que escribir una novela sencilla de aventuras que, además, ilustrase un poco sobre el descubrimiento de América, pues, a decir verdad, según he comprobado, está bastante bien documentada.


Liberada Ingrid Grass de las garras del Santo Oficio, con un Cienfuegos perseguido por la ira del gobernador Ovando que busca su cabeza, el cabrero decide retirarse tranquilamente a Xaraguá, el reino de la todavía hermosa reina Anacaona, a la que la edad parece resistirse a despojarla de su increíble belleza. La última aventura del cabrero será liberar a Anacaona de las garras de Ovando tras la innoble traición de este a la cortesía y recibimiento de la reina autóctona; y ponerse a salvo con los suyos en algún lugar lejos de las iras de unos españoles que se han manifestado insidiosos, traicioneros y envidiosos durante su breve estancia en América.


«Europa ha quedado atrás»


Tal vez no sea una frase demasiado épica, pero resume a la perfección la idea que subyace a Xaraguá. Ya no hay posibilidad de regresar, nada se les ha perdido al otro lado del Atlántico, que es surcado por varias naves cada año, que traen a algunos de los hombres que forjarán a sangre y hierro el futuro del Nuevo Mundo, hombres como Pizarro, Cortés o Balboa. En esta ocasión, la verdad, la historia de la novela no resulta demasiado cautivadora; es el broche final, son 200 páginas de cierre y epílogo a las 1200 anteriores y, en mi opinión, no intenta ser más. Es un paseo por los últimos recovecos de la infame política que España tuvo en sus dominios en América, personalizado esta vez en el racista y terrible Ovando, que en nada tiene que envidiar a Bobadilla. El precio, supongo, de tener que confiar el gobierno a un hombre, que gracias a la distancia que lo separa de sus superiores directos, a la hora de la verdad no responde ante nadie.

Los personajes, como siempre, son una delicia; pero ahora se suma el triste resplandor de la despedida, que se huele y se intuye en cada página. La historia se acaba y, en cierto modo, nunca fue tan gris. Xaraguá pierde un poco esa épica de las entregas anteriores, aunque sigue estando caracterizada por los extremos blancos y negros del resto de las novelas; pero el pescado ya se ha vendido antes, venta que culminó en Brazofuerte. Figueroa sólo está recogiendo el puesto y haciendo el balance, nada más. Cienfuegos, el cabrero, se despedía así de su historia llena de aventuras y sinsabores, de su destino despiadado siempre empeñado en joderlo vivo. Cienfuegos ponía un amable punto y final a su historia de desdichas. Al menos, así fue hasta que en 2006, Alberto Vázquez Figueroa decidió llevar al pelirrojo canario a Norteamérica, a los territorios de los Sioux, de los Comanches y de los Navajos en una novela que, en esencia, y a pesar de algunos americanismos léxicos que a mí, personalmente, no me gustan, sigue siendo una más que correcta entrega de Cienfuegos situada entre los últimos capítulos de Xaraguá y el epílogo del mismo. Una aventura más, sacada de la manga, aprovechada para ilustrar (espero que con la misma maravillosa documentación) la vida y costumbres de los nativos norteños.


Nota: 8,5. Xaraguá no es tan buen libro como otros de la misma serie, pero sí que es un gran cierre. No tiene el carisma de otras entregas, pero luce con orgullo el hecho de ser el final de la obra (lo era hasta hace no mucho, al menos) y de ser un buen final.

Nota de la serie Cienfuegos I-VI (consideraré que los libros que salgan sobre Norteamérica conforman un todo nuevo y cerrado en sí mismo): 9. Cienfuegos es una perfecta serie de aventuras y una buena forma de acercarse al descubrimiento de América, entretenida, rápida y educativa que, en mi opinión, es totalmente recomendable.


Otras novelas de la colección Cienfuegos: