Google+

jueves, 30 de septiembre de 2010

The Wire, 4ª Temporada - HBO

¿Qué puedo decir? The Wire alcanzó la perfección a mediados de su primera temporada y esta temporada, como las demás, sólo se mantiene ahí. En la cúspide. Porque puede. En la primera nos presentaban los barrios bajos de Baltimore oeste, en la segunda el puerto, en la tercera Baltimore este más una pequeña introducción a la política de la ciudad y en la cuarta nos hacen caer de lleno en esta política; corrupción, promesas, favores, mentiras, traiciones...



Contiene spoilers hasta el inicio de la cuarta:
Los acontecimientos de la tercera temporada han cambiado mucho el panorama. Ascensos, expulsiones, separaciones, acercamientos, correcciones... el panorama en el que empieza esta temporada se parece entre poco y nada al que nos mostró el inicio de la serie. McNulty parece una persona nueva, es feliz y considerado; Kima y su pareja lo han dejado; Cedric, que ha profundizado en su relación con Ronda sigue su escalada lenta e imparable; Prez, expulsado de la unidad por matar por error a otro policía, da clase a los niños de los suburbios; los Barksdale han desaparecido y la organización de la que Stringer era parte importante es la que ahora dirige el cotarro con Proposition Joe al mando. 


Y con toda la serenidad y la coherencia que esta serie muestra en cada uno de sus capítulos, la trama se sigue desarrollando; sigue exhibiendo una galería de personajes creíbles y lógicos, dentro de sus propias formas de ser; una trama de lujo donde las piezas interactúan como pequeñas partes de un exquisito todo. La cuarta temporada sigue siendo una perla en el panorama de las series. Una obra que nadie debería dejar pasar.

Nota: 10. ¿Qué le vamos a hacer? Es la serie perfecta.

martes, 28 de septiembre de 2010

Mentes Criminales, 2ª Temporada

La verdad es que esta serie pierde fuelle. Podría parecer que conociendo mínimamente a los personajes y estando ya inmersos en el modus operandi de la unidad, uno se sentiría más cómodo y esto daría más libertad y posibilidades al equipo guionista, dándoles mayor manga para el desarrollo de tramas.

Pero no. Todo mentira.


Esta segunda temporada es mucho más torpe, menos interesante y los casos son más exagerados, politizados (a bien o a mal) y cogidos por los pelos. Carecen de todo carisma o intriga. No sé qué decir, la verdad.

La intro sigue siendo la misma de la primera temporada. Sobria y corta; podríamos decir «cutre», es cierto, pero cumple, por decepcionante que sea la música (sobre todo contando lo buena que es la banda sonora de la serie, en general). Los actores siguen haciendo un buen papel —Mandy sobre todo—, y el asesino que cierra la temporada mola conceptualmente. En sus dos capítulos. De los últimos capítulos de la temporada, sólo se salvan los dos últimos que retoman cierto interés, el resto son un suplicio.

En el capítulo 1 de la tercera, según vi en internet, Mandy deja la serie. Ese será el punto en que la abandone, así que ya no habrá más comentarios al respecto. Una lástima, Hotch molaba; pero la serie perdió lo que hacía que fuese interesante.

Nota: 5. Cumple. Sin más. Hay docenas de cosas mejores para ver.

Mandy Patinkin deja la serie.
Al dejarla se fue a Dead like me, una serie infinitamente mejor que esta temporada de Mentes Criminales que, para disgusto del señor Criterio, desapareció en el limbo de las series que no consiguen atraer a suficiente público.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Lost in translation - Sofia Coppola

Este fin de semana vi una película y acabé dos temporadas de series, así que tengo bastante que escribir. Empiezo por la película. Lost in translation, de Sofia Coppola, narra una historia aburrida en la que sólo destacan las bragas de Scarlett Johansson que aparece mucho más guapa de lo normal, con menos artificio, con más naturalidad. El resto es aburrido hasta la náusea.


He de reconocer que tanto Bill Murray como Scarlett hacen unos trabajos magníficos. Que el personaje de Murray sólo es grande en la medida en que es grande el actor que subyace y que, con el personaje de Scarlett, tres cuartos de lo mismo. Y es que los personajes son bastante planos y cutres. La historia... casi mejor no mentarla: el argumento es infame, el guión se ampara en lo estridente de Japón y en lo cutre que es su televisión para rellenar metraje.

No sé si decir de qué va la peli porque en los primeros 10 minutos se ha contado toda la trama. No hay nada más. Sólo un lento devenir repetitivo en el que, en realidad, no está sucediendo nada; hasta que cae, casi tropezando, el final mal traído de la película.

La música está bien, no me parece maravillosa pero está bien. La imagen... está bien: sobre todo ésta:
Bueno, escena larga del culo de Johansson aparte, le hacen lucir los muslos cada aproximadamente 10 minutos para que el público masculino hetero muestre cierto interés. O algo.

El resumen más resumen, y con todo os cuento casi toda la película es que al personaje de Murray le mola el de Scarlett y viceversa, pero ambos tienen sendas parejas formales con las que tienen problemas, así que la cosa no se desarrolla con la fluidez que tanto ellos como nosotros —pobres espectadores— desearíamos.

Nota: 3,5. La película es excesivamente aburrida e insustancial, pero la actuación de Murray es memorable. Supongo que sólo salió adelante por llevar el apellido Coppola a cuestas, aunque, igualmente, creo que es una película más disfrutable por mujeres que por hombres. Sí. Así de poco igualitario soy. Un monstruo, oigan.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Jhereg. Intriga en el Castillo Negro - Steven Brust

Este es el primer libro de la serie de Vlad Taltos. ¿Qué decir? Ha sido una de las obras más entretenidas y con más gancho que he leído nunca. Tan veloz como los primeros libros de Geralt y, aun así, con todos los pasos desgranados, mostrados paso a paso dentro de la lógica interna del mundo en que nos sitúa. Fantástico.



En el mundo de Vlad Taltos habitan los humanos (llamados «orientales») y los dragaeranos (que son la gente bien de la región en la que todo comienza, que desprecian a los humanos, viven miles de años y son unos tíos muy suyos). Los dragaeranos se agrupan en 17 Casas llamadas como las distintas criaturas que pueblan la región. El padre de Vlad compró con años de ahorros un título de la Casa Jhereg, por ello Vlad es, ahora, miembro de la Casa. Los dragaeranos tratan a los orientales como ciudadanos de tercera (los mestizos entre Casas son tratados como ciudadanos de segunda y se hace hincapié en que a los orientales se les trata peor); aunque tengan el título de una Casa. No obstante, Vlad tiene unos cuantos amigos y un par de talentos interesantes. Y es que el señorito Taltos (que así se apellida) es un asesino de tomo y lomo, tiene una cadena dorada que se llama Rompe Hechizos (¿adivináis por qué se llama así?), un gran surtido de armas que varía constantemente (tira las usadas al cajón del «nunca más» —dentro de este mundo tiene su razón de ser, nada es completamente aleatorio), tiene un exmiembro de la Casa Dragón como compañero de fatigas, un jhereg (no un Jhereg, un jhereg, con minúscula, la criatura por la que se bautizó la casa: es un pequeño reptil alado carroñero y, además, un cachondo mental), y otros aliados entre los que contamos a Cawti —su mujer—, Aliera —una mujer de armas tomar—, Kiera —una tía de la que no sé si se dice que es super atractiva pero yo me la imaginé así y que es una de las mejores ladronas del mundo— y Morrolan —un señor de los Dragones que mola un huevo en todo momento.

Ese es el pastel. Ahora empezamos a saborearlo.

La narración tiene un ritmo trepidante que tienta al lector a leer siempre un poco más. Un capítulo más. Hasta que la situación amaine, pero nunca amaina; y las páginas son devoradas una tras otra. Sin compasión. El ambiente en que la magia es una constante que cualquier dragaerano practica, en la que con un poco de dinero cualquiera opta a resurrección, y en el que además nos encontramos con la brujería oriental, con la política de asesinatos, y con las intrigas, los mitos y todo lo demás. Brust se atreve a jugar en un escenario demencial del que la fantasía suele rehuir, un escenario que podría parecer completamente incontrolable y que, sin embargo, se muestra perfectamente lógico y coherente consigo mismo.

Peligroso, encantador, canalla, noir, inquietante, cínico y macabro, Vlad Taltos es una de esas obras que suponen un pequeño punto y aparte en el mundo de la fantasía, un soplo de aire lleno de vida.

Nota: 10. Porque mola mil y ya está. No se me ocurre nada malo que decir del libro. Podría ponerme tiquismiquis y decir que es la primera parte de una serie de 19 libros de los cuales sólo hay 3 en castellano y no parece que vayan a salir más próximamente. Ah, y que actualmente son muy difíciles de conseguir, pero bueno... nada de ello lo hace peor libro.

Absolutamente recomendada.

¡Gracias, Fernando!

martes, 21 de septiembre de 2010

lunes, 20 de septiembre de 2010

León, el profesional - Luc Besson

Había visto esta película hace mucho tiempo y la recordaba casi con devoción y cariño. En su momento, en realidad, me había parecido impresionante y cautivadora. Esta semana, en parte debido a que mi novia no la había visto, volví a verla. Si bien me gustó, la sensación ya no fue la misma. Tal vez la imagen haya envejecido mal, tal vez ahora le exija más espectacularidad o lógica a las historias o qué se yo. No obstante hay dos cosas que no han cambiado: el magnífico, increíble, maravilloso trabajo de Jean Renó y el espectacular trabajo (contando su edad, sobre todo) de Natalie Portman, que supongo que es el que le abrió las puertas de sus actuales papeles.



Leon cuenta la historia de un asesino a sueldo (Renó) muy meticuloso y profesional. Cuando la familia de la niña de 12 años que vive al lado es asesinada, la acoge a ella (Portman) y le enseña a «limpiar». Leon, que estaba perfectamente conforme con su vida descubre algo más allá: sentimientos, amistad (la relación con Portman es completamente fraternal, lo que creo que se ampara completamente en esa magnífica interpretación de Renó capaz de conseguir un permanente toque de inocencia en su frío y despiadado personaje) y, tal vez, el deseo de una vida más tranquila.



La película es entretenida y activa. Los personajes son carismáticos, interesantes y, como ya he dicho, las interpretaciones los hacen épicos: Leon, Mathilda y Stansfield (Oldman) —este último con su sobreactuada excentricidad, que lo vuelve inquietante— constituyen un grupo sublime sobre el que tejer la trama, que dicho sea de paso, es de lo menos lúcido de la película.



La labor de Luc Besson, desde mi profana opinión, está bien, eligiendo algunas tomas para que resulten muy impactantes y llevando con gran soltura las escenas más costumbristas de Renó y Portman, casi, como padre e hija.



La música acompaña bien a la película pero no es, creo, nada memorable.

Nota: 7. La película está bien, es entretenida y sorprendente. Los personajes —y cómo son interpretados— son de lo mejor que he visto, el resto, aunque está bien, no es, ni mucho menos, maravilloso.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Life on Mars, 2008

Life on Mars (2008) es la versión yankee de una serie llamada Life on Mars que sacó la BBC en 2006. No he visto la serie británica así que olvidad cualquier posible comparación. A modo de propina, casi, añado que hubo una versión española de la serie, que se tituló La chica de ayer, en 2009.



¿De qué va?
En el año 2008, el detective Sam Tyler sufre un accidente de coche y se despierta en 1973, recién trasladado a una nueva oficina de policía. La serie tiene un toque muy triste y dramático aderezado con ciertas pizcas cómicas, generalmente basadas en el choque de perspectivas de las distintas épocas en cuanto a los procedimientos policiales y el trato social: machismo, racismo, etc.

¿Cómo lo lleva?
La serie... se defiende. A mí, personalmente, no me ha parecido una gran serie, pero sí es cierto que ningún capítulo me pareció terrible o de relleno burdo y descarado. La trama evoluciona a su ritmo, que, sin ser demasiado ágil, no es lento; los personajes se van detallando poco a poco y se les va cogiendo cariño. La música, sin lugar a dudas lo mejor de la serie (lista de canciones utilizadas aquí) supone un acompañamiento de lujo constante.

¿Algo más?
El reparto está muy bien. Todos. La —creo yo— magnífica interpretación de Gene Hunt a cargo de un tremendo Harvey Keitel es, probablemente, la que más me ha gustado, pero el resto de los detectives están, de todos modos, muy bien llevados. El cambio en la luz, para crear un ambiente más de vídeo setentero me cayó bastante en gracia también. Lo cierto es que a nivel visual, no le encuentro pegas a la serie.

¿Cuál es el problema?
La verdad es que me cuesta decidir qué es exactamente lo que falla. El principio no me gusta demasiado, los pequeños toques humorísticos inmersos en el trágico desarrollo de la serie resultan prácticamente frívolos y muchas veces no consiguen el efecto deseado; cómo llevan a la vez los tiempos para intentar enseñarnos algo, para intentar que saquemos conclusiones de qué sucede... no está demasiado conseguido, siendo todo bastante caótico.

El final de la serie parece un chiste malo, del estilo de los que hago cuando estoy con Samu. En serio. O de los que él hace esté con quien esté.

No obstante, como la serie está bien, la poli es muy curriña, y la banda sonora es la leche, se merece, mínimo, una oportunidad.

Nota: 6.5. La serie no es una de las grandes, pero tiene puntos sobrados como para echarle un vistacillo. E insisto, la banda sonora es cojonuda y, además, se integra de fábula.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Gran Torino - Clint Eastwood

Atraído por el magnífico sabor de boca que me dejó la cruda y contundente Million Dollar baby, me animé a ver el siguiente éxito de Clint como director y actor a la vez: Gran Torino, un peliculón de principio a fin.



El ritmo de la historia es, dentro de las narraciones lentas, adecuado. Lleva un tempo sosegado que permite disfrutar de cómo suceden las cosas, que permite al espectador disfrutar de su inmersión en el mundo del que nos habla Clint. Walt Kowalsky es un trabajador de Ford jubilado que pasó media vida en la empresa y que combatió en Corea. Odia los cambios y desprecia a sus vecinos. El barrio en el que vivió toda su vida es ahorra territorio Hmong pero él no quiere dejar su casa, prefiere seguir criticando, insultando y amenazando amarillos. El caso es que su esposa muere y su último deseo es que se confiese, aunque Walt parece poco colaborador respecto a ese punto. Su vida, por lo demás, se mantiene prácticamente idéntica hasta que Thao —su vecino, que tiene pinta de alelado— es presionado por una banda de hmongs para robarle a Walt su Gran Torino del 72. Un Ford ideal para macarras y para yankees en edad de ser abuelos o fans de los coches. A partir de ese momento, Thao y Walt empezarán a tener una mayor relación y esto acercará al señor Kowalsky al mundo de los Hmong, al mundo de las pandillas y, a su manera, le devolverá la novedad de un día distinto al anterior.

El tono es tranquilo y cautivador, las escenas son fuertes, el papel de Eastwood es grandioso; la historia triste, violenta y oscura igual que el ambiente que la rodea; la música está mejor que en Million Dollar Baby y, al parecer, viene de la mano del hijo mayor de Clint, Kyle.

El final, elegante y majestuoso es un perfecto broche para esta dura historia sobre un hombre intransigente, anclado, que lo ha perdido todo y que ya no desea nada.

Nota: 9. Personajes, historia, interpretación, frases memorables... lo tiene prácticamente todo. Aunque esa última canción en la que canta Clint (supongo que es él, al menos; y Lau lo daba por supuesto) y ese doblaje que pone a la fiera pandilla hmong las voces de unos chuletas amalotados madrileños como si de El Canto del Loco se tratasen, son un tanto terribles.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Mis experiencias con el rol por web

Empezaré diciendo que aunque participé de la difunta InfoRol y que fui parte del éxodo a Nación Rolera, sólo he jugado en Comunidad Umbría (aparte de en un pequeño foro de amigos).

¿Qué decir?
Empezaré diciendo que es un formato demasiado lento y laborioso para mi gusto. En realidad, casi todo lo que me gusta de jugar a rol se pierde. Se muere. Aunque se ganan otras cosillas, pierdo aquello que me parece que más caracteriza al rol: la interpretación, la mímica y la improvisación —sobre todo la improvisación: amiga, tormento y compañera—. No obstante, me gusta leer y, ciertamente, con todo el tiempo del mundo para pensar, las acciones son, a priori, más lógicas, más meditadas y más... novelescas. Minipunto para el rol por web, que podría facilitar, teóricamente, cierto tipo de partidas.

¿Entonces?
Entonces nada. Personalmente veo una tendencia al desastre. He jugado cinco partidas de las que sólo he conseguido terminar una de Castronegro (y porque en mesa llevaría media hora, que si no ni eso). He jugado con gente 'de confianza', con frikazos con cientos de posts al mes, pero no importa: las partidas se mueren. Podría entrar a discutir por qué se mueren las partidas, pero en realidad creo que importa más el hecho que las causas. De hecho, en la partida que jugué con un par de amigos en nuestro pequeño foro, las cosas murieron de igual modo. Uno dejó de conectar asiduamente, daba largas y la partida se fue al carajo. Siempre igual.

Mi experiencia como jugador de rol por foro ha sido bastante mala, la verdad. Ofrece cosas buenas, sí; pero a la gente que he visto participar no las aprovecha. Hay quien parece que no aprobó lengua en primaria y quien cree que la gramática es lo que permite clasificar las bacterias según la composición de sus paredes celulares y de cómo éstas se comportan ante distintas tinciones.


Añadamos a esto que yo intenté narrar una y que me sentí con las manos demasiado atadas. Me sentía torpe, que el sistema era farragoso para usar en red, que los lapsos entre respuestas (a menudo de días) cortaban el desarrollo y demás. Creo que fue una experiencia horrenda, la verdad. Personalmente, he llegado a la conclusión de que el RPW debería ser distinto al rol real, muy distinto. Demasiado distinto. De hecho se parece tanto al rol de mesa como un Final Fantasy: es otra cosa. Es así de sencillo. No se puede medir en los mismos términos porque no es lo mismo, no tiene las mismas estrategias, ni las mismas ventajas, ni los mismos defectos. Hablo de que un combate de D&D no se puede jugar por foro porque es un coñazo, señores. Se pueden hacer adaptaciones, claro, jugar con un sistema de tiradas mínimas (con lo que ya no es D&D), o poner 20 posts al día y jugar 10 minutos de partida normal habiéndole dedicado un par de horas. Para acelerar, por lo que he visto, muchos jugadores suponen cosas y colaboran en la narración, es decir, hacen una especie de cadáver exquisito. Explico el problema desde mi punto de vista: si quiero participar en una creación compartida, lo hago directamente. Si quiero dirigir una partida, es porque quiero decidir qué sucede alrededor mientras los sujetos sorprendentes y no controlados toquetean los hechos, los modifican; alteran el rumbo de los acontecimientos o al menos lo intentan. Si alguien dice que tal personaje está nervioso y lo afirma como un hecho en lugar de como una opinión, me da la sensación de que se intenta adueñar de la historia. Si luego cambio eso porque, sencillamente, no puede suceder así, parece que su texto tiene menos valía, que es obviable. Me hace sentir coartado. Si son dos compañeros, dos jugadores, uno podría haber preferido que eso no fuese así. ¿Dónde está el límite entre lo que un jugador puede manipular y qué no? Yo no manipulo el escenario. He jugado demasiado en mesa. El escenario es ajena, está ahí pero es como el mundo real. Puedo opinar lo que quiera sobre él y sobre las criaturas que lo pueblan, pero no domino sus reacciones, sus interpretaciones o el mobiliario que hay presente en la sala. No me gusta lo caótico que resulta que cada uno pueda añadir su granito de arena. Si no he dicho que en la sala hay una mesa, tal vez sea porque NO HAY tal mesa.

Por otra parte, volviendo a las tiradas, hacerlas en un foro y esperar al máster es un coñazo. Es así de simple. Si contamos que, aparte, cada persona tiene sus problemas propios (de conexión o de cualquier otra índole) y que desaparece un par de semanas, y que luego le pasa a otro. Y que luego uno tiene exámenes. Y al final, contando que ya hay una espera pseudoaleatoria entre mensaje y mensaje, la sensación, para mí, al menos, es bastante hastiante.

Ahora tengo otro proyecto por web en mente, sin límite de tiempo para respuesta aunque con un funcionamiento rítmico bajo la imparable batuta de un metrónomo. ¿Que los jugadores no responden a tiempo? No importa, el mundo sigue su curso. ¿Será realmente jugable? Personalmente lo dudo, pero al menos finalizará a tiempo y no parecerá un viaje en Vitrasa. Será mi último proyecto para RPW, si sale mal lo abandonaré, al menos como máster, para siempre. Como jugador, dado que todas las partidas menos una que parece que va a terminar (aunque yo he muerto, la de castronegro) y otra que, más rápido unas veces, más lento otras, parece que se mantiene a flote, se han cancelado; tampoco le veo un gran futuro. A ver si el mundo me sorprende y el RPW puede mantenerse, por ahora, desde luego, no parece tal.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Million Dollar Baby - Clint Eastwood

Clint me gusta mucho como actor, ese toque de machote canalla mola; pero lo cierto es que como director nunca me ha caído en gracia. Banderas de nuestros padres, que es la que mejor recuerdo, me pareció bastante aburrida y anticlimática. Si añadimos a eso el hecho de que Million se trata de una película sobre una boxeadora, la película parecía abocada al pozo de las indeseables.



El caso es que sabe dios por qué —tras años de insistencia de mi padre y de algún otro sujeto perdido más—, me decidí a verla. He de decir que la sorpresa fue completamente positiva. Million dollar baby mola un mundo.

No sé qué es lo que tiene, aparte de unos actores más carismáticos que un hechicero munchkin (badumts), pero... lo tiene. La historia está bien y resulta atractiva y emotiva, pero opino que analizada con frialdad... no tiene nada que la haga destacable. Los personajes molan, sí, pero son bastante prototípicos: el Clint duro que no quiere saber nada de la moza porque no entrena mujeres, pero que luego decide hacerlo —oh, sorpresa—, la moza llena de determinación como un cochinillo y Morgan Freeman en su habitual papel de... hm... de Morgan Freeman —hay que reconocer que el tío hace muy bien de negro no retrasado que mola un puñado, que es como creo que se deberían definir los papeles de este hombre—  con el que, desde luego, cumple a la perfección. Bueno, con aires más serios —tampoco mucho más serios, no vayáis a pensar—, diré que la imagen está muy cuidada, que las escenas largas —tirando a panorámicas— están cargadas de sombras que anticipan la película que el espectador se va a encontrar como si ésta fuera un borracho en un coche a las 4 de la mañana. ¡STROMPF!


La música, también creada por Clint Eastwood, cumple sin mayor brillo. Hay una melodía más o menos hermosa hacia el final de la peli, pero tampoco es que me haya hecho muescas en el corazón. Bien sin más, hay gente dotada para emocionar musicalmente a los demás y gente que no: Clint, buen hombre, paga a un buen compositor.

La historia (ATENCIÓN, MARINEROS, ESTE PÁRRAFO —y sólo este— CONTIENE SPOILERS MENORES) trata de que una mujercita de 31 años, llamada Maggie Fitzgerald (Hillary Swank), quiere ser campeona de boxeo de los pesos welter y para ello quiere que la entrene Dunn (Eastwood), porque con él al mando ganará seguro. Eastwood remolonea, se hace el difícil como si de una adolescente en celo pero que no quiere parecer muy guarrilla se tratase y un día le abre sus puertas. Hay muchos más matices, sí, pero en esencia es eso. El caso es que se nos mostrará el meteórico ascenso de Maggie hasta su completa caída. La película lo abarca todo. Y junto a ella habrá una constante, que es Dunn (niel Faraday no, sólo Dunn). Todo esto aderezado con una historia triste y desoladora. Sí, la película en realidad nos cuenta dos historias pero las entrelaza a la perfección en un trabajo de esmerado artesano haciendo que el final tenga un plus especial. Las dos historias son soberbias y el final cierra ambas.

Mi más sincera recomendación.

Nota: 9.


Añadido: mientras elaboraba mi humilde reseña consulté Film affinity y no puedo dejar de copiar la cita de la reseña del ABC:
"Clint Eastwood se merece un parche en un ojo. (...) Una película tan llena de vacío que se está en ella con las angustias y espasmos de un pez tirado en la cuneta. (...) Puntuación: ***** (sobre 5): Obra maestra" (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC) 


Ni más ni menos, señores. Qué arte, qué don para la palabra. Así me sentí yo viéndola, cual pez en la cuneta. Ahora en serio... me parece bastante horrible como parte de una crítica pero... allá cada uno.

lunes, 6 de septiembre de 2010

12 hombres sin piedad - Sydney Lumet

Este clásico, de 1957, nos sitúa en un juicio en el que se juzga a un muchacho por un homicidio. Los 12 miembros del jurado se retiran a deliberar, el caso parece bastante claro y 11 de esos 12 lo consideran culpable. El octavo, que es el miembro en discordia —Henry Fonda—, tiene serias dudas a raíz de determinados puntos del juicio, así que irá intentando ganarse a los demás con sus suposiciones y sus dudas.




Los personajes de esta película cumplen un rol a rajatabla: el racista, el vividor, el analítico (Fonda), el tímido... y son esas personalidades las que van determinando sus forma de ver al acusado al principio, aunque luego todos se vayan moldeando en mayor o menor medida con el paso de los minutos.

El ambiente es magnífico y, creo, es el punto más destacado. La película se graba, casi por completo, en la misma pequeña sala con una mesa, doce sillas y un baño anexo. Los 12 discutirán, debatirán, se exaltarán y protestarán en esa sala, mientras un calor infernal asola la ciudad y dentro no funcionan los ventiladores: calor, humo, hambre o ganas de ir al béisbol... el caso es que todos sufren la desdicha de permanecer allí mientras algunos intentan salvar al muchacho, haciendo de la experiencia un viaje tortuoso y opresivo.

La película critica la toma de decisiones profundamente tendenciosa e irracional a causa de incultura, prejuicios o, sencillamente, preferencias personales. Comparado al carácter analítico del miembro 8, lo cierto es que los demás son bastante lastimeros, piensen lo que piensen; aunque sea por su conformismo y sus ganas de quedarse donde están. 

El desarrollo de la película está bien aunque a veces peca de lento, supongo que para hacerla más agobiante, más terrible. No obstante, creo que el desarrollo de algunos personajes está demasiado cogido por los pelos, que parte de las defensas que hace Fonda me parecen demasiado imaginativas y aleatorias —sobre todo para tratarse de una película basada en lo meditado de los diálogos.

Nota: 8. Los diálogos están muy bien, las actuaciones son geniales y los actores de doblaje castellano están —creo yo— muy bien elegidos.