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martes, 20 de diciembre de 2011

Pitch Black - David Twohy

David Twohy, guionista de El fugitivo y Waterworld, nos trajo, añadiendo la función de director, la más que aceptable Pitch Black, una aventura de cifi-terror que, insisto, es bastante visible.


Una nave viaja por una ruta secundaria cuando es dañada por una lluvia de pequeños asteroides que atraviesan el lugar como balas. Los pasajeros se despiertan, aunque uno ya estaba consciente, hablándonos; alguien que deja claro que no es humano, o no del todo, al menos: un hombre que va camino de vuelta a la prisión. Esta secuencia termina con un aterrizaje que, visualmente, resulta algo extraño, pero molón pese a todo, con el fuego de la fricción rodeándolo todo, la tensión de una maquinaria que no responde, el altímetro descendiendo, la alerta... el impacto.

Han pasado poco más de 5 minutos y los principales ingredientes ya están ahí, aunque algunos solo hayan sido insinuados.

Pitch Black se basa mucho, casi por completo en realidad, en su protagonista y el mundo que rodea a los personajes. No es que el contexto se vaya dando a paletadas, pero se insinúa constantemente y va ganando protagonismo de esa forma sutil hasta que uno está completamente sumergido bajo su cambiante luz así como bajo la terrible oscuridad que antecede al desastre.

«Nunca debiste quitarme las cadenas, Johns.»

La película juega con eso, con la oscuridad más impenetrable, con el miedo humano a la oscuridad, a lo que no se ve pero se oye, y se arrastra, y se acerca... y tiene horribles intenciones. Sí. Y en muchas ocasiones uno no sabe si ese peligro viene de su espalda o del frente, tanto dentro como fuera de la película; y ese es uno de los puntos más interesantes. Por lo demás, la película es una digna heredera de esas películas que siguen la estela de Alien —y que en general suelen ser un insulto a sus obras inspiración—. Pitch Black no pretende revolucionar nada, solo contar una historia de terror en un mundo de ciencia-ficción desconocido, de aspecto desérticamente virginal bañado por la luz de tres Soles —con los que la película juega todo lo que puede y más mediante filtros de color, no puedo dejar de destacar el azul, que le da a todo un toque frío y artificial— y construyendo un personaje de sólido carisma como Riddick: frío, calculador y sanguinario, loco, sí, pero con un instante de supervivencia innegable.

«Nadie prepara la nave de emergencia si no hay una emergencia.»

El ritmo de la película se controla casi a la perfección. La primera mitad, de hecho, transcurre sin altibajos, es rápida. La segunda mitad, por supuesto, es la llegada de la oscuridad y de los monstruos que la pueblan.

El hecho es que en torno al tercio final de la película, para mi gusto, todo resulta excesivamente previsible y me parece que la película pierde; pero con todo, dentro del género cifi, me pareció encontrarme ante una película aceptable y ante uno de los pocos herederos dignos del Alien de Scott y sucesivas entregas. Efectos especiales cuidados, reparto cumplidor (nada del otro mundo, pero sí cumplidor), banda sonora un poco simplona pero correcta (aquí dejo un enlace a youtube), buenos personajes y un ritmo que empieza lento, presentando bien las cosas y va tomando cuerpo muy rápido.


Escenas:
—Me encanta un momento, bajo la luz azul, en la que Johns se pone a hablar con Carolyn ante un esqueleto de enormes animales (dinosaurios tal vez), y de pronto, Riddick, que sabemos que está tras el inmenso y frondoso costillar, se alza tras este y reluce uno de los cristales de sus gafas. El resto de la escena cumple, pero ese momento me encanta.
—Los primeros momentos tras el último rayo de luz, que también mola lo suyo. Esos pasillos únicamente iluminados por linternas y llamas entre los gritos de los monstruos.

Referencias desde:
—Una de las escenas más famosas de esta película (al menos es de la que me habían hablado varias veces antes de decidirme a verla), es la del movimiento en el punto ciego de los monstruos, en la que Riddick se mueve al mismo tiempo que uno de ellos para no ser localizado. Esta escena aparece, tal cual, en Cómo entrenar a tu dragó. No, no pude resistirme a comentarlo, la verdad.



Nota: 6,5. La película se deja ver sobradamente y si hasta el momento no ha caído en vuestra lista —y os gusta el género, si no obviadla, sinceramente—, deberíais plantearos darle una oportunidad.