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miércoles, 31 de octubre de 2012

El tren de las 3:10 - James Mangold

Esta es una de esas películas que tenía por casa y que dudaba seriamente que llegase a verla salvo que el destino se retorciese mucho. El caso es que hubo un sábado que pareció retorcerse lo suficiente (con mi personaje de 7º Mar fuera de combate, y acompañado del otro espadachín del grupo —perdido y separado del grupo de juego—, mientras el resto continuaba la aventura) y decidimos empezar a verla. La verdad es que nuestra ausencia de partida duró solo 40 minutos y no acabé de ver la película, pero habiendo constatado ya que no era tan mala como la portada parecía insinuar, darle una nueva oportunidad fue mucho más asumible.


Dan Evans (Christian Bale) es un ranchero al que le falta una pierna tras su paso por la guerra. Es un hombre acuciado por las deudas con un hijo que parece culparlo de la frágil situación de la familia. Ben Wade (Russell Crowe), por otra parte, es un asaltador de diligencias. Él y su banda han costado a la construcción del ferrocarril un buen dinero (creo que se dice que 400 000 dólares). El destino une por primera vez a estos personajes cuando Dan y sus hijos presencian el último asalto de Ben y este les roba los caballos para que no puedan alertar a las autoridades, aunque se los deja moderadamente cerca. La segunda vez que el destino les une, poco después, Dan será uno de los tres encargados de custodiar al peligroso Ben Wade hasta el tren que lo llevará a la prisión de Yuma.

Un asombroso reparto

El tren de las 3:10 es un remake de una película homónima de 1957. Esta vez encabezan el reparto Christian Bale y Russell Crowe. El primero está sorprendentemente certero y convincente (cosa rara, en mi opinión), y Crowe está tan carismático y duro como siempre que hace de hombre curtido (en otros personajes más normales no luce tanto). Los secundarios cumplen muy bien con sus papeles, Gretchen Mol (Nivel 13, Life on Mars, Boardwalk Empire), Alan Tudyk (Firefly, Suburgatory) y muchos secundarios de películas como Peter Fonda y Ben Foster, que consigue uno de los personajes más grandes de la película, el afeminado, cruel y veloz Charlie Prince; la mano derecha de Wade.

Charlie Prince es, sin ninguna duda, mi personaje favorito. Leal, eficaz, serio y letal.

Aunque lo cierto es que los personajes dejan un poco que desear. Quizá no de entrada. La primera mitad de la peli, aunque alguno podría comentar que es un poco lenta, está muy bien. Es efectiva, los personajes son creíbles cada uno a su manera, sus personalidades molan. Pero según avanza la película, hay puntos que dejan a uno con cara de incomprensión absoluta. Por ejemplo:
Ben Wade es un tío súper despiadado, que se jacta de matar gente como de quien pela pipas, pero le damos un tenedor para que coma. Claro, luego la lía; porque le damos un tenedor pero tampoco prestamos especial atención a si lo deja en su sitio cuando las cosas se tensan. Bravo.
Ben Wade se va haciendo progresivamente majete (mata a los indios que los amenazan y vuelve con los que lo llevan preso, ¿para qué va a huir?), hasta que acaba siendo muy majete ¡¡¡y se carga a los suyos porque mataron a Dan!!! O algo así. ¿Pero qué coño...?
Más tarde Wade comenta que ya se ha fugado un par de veces de Yuma, entonces ¿por qué esa insana obsesión por salvarlo antes de coger el tren? ¿Es por hacer el paripé mafiosil?

Puro espectáculo...

El caso es que unos cuantos puntos aparte, de los que podría discutirse su lógica interna, la película cumple muy bien. El tren de las 3:10 busca ser un entretenido pasatiempo, un western de aventuras con duelo de personalidades, del bien contra el mal, de la honradez contra la villanía. La lógica no es tan importante, porque Mangold nos quiere contar una historia de egos, nos quiere dar un héroe y un villano, y eso es lo único que importa. Todo está enfocado de forma que los personajes queden contrastados y resulten a la vez interesantes y heroicos. Cada uno a su manera.

Dan Evans (dcha.) y el patán de su hijo.

Supongo que, precisamente por eso, Ben Wade es como es. Supongo que es la razón fundamental de sus frases más macarras, de su actitud casi siempre impasible, su sonrisa socarrona y la violencia implícita que lo rodea siempre, excepto cuando está dibujando. Supongo que también por eso se hace especial hincapié en la actitud de Charlie Prince, en su mirada dura y asqueada, en su desagradable y afeminada sonrisa; o en la presencia fría y honorable de Dan, en su voz calmada, dura... pero algo cargada de rencor; en las duras miradas a su insoportable hijo mayor. Esas actitudes, ese lucimiento de los personajes parece ser la única intención de la película; eso y llegar al tren que lleva a Yuma.

...y cómo se desinfla

Pero la verdad es que según nos acercamos hacia el final de la película, hacia el tren... la credibilidad del espectador se ha ido resintiendo hasta el punto de que se empieza a tomar los hechos a cachondeo. En general todo lo que pasa en el pueblo en el que van a hacer que Wade coja el tren es un poco extraño de más. Vale, que es un western de aventuras, de que el género es como es y todo lo que Mangold, sus guionitas o los creadores de la película original quieran; pero el caso es que llega un momento en el que uno se ríe.

Y es una lástima, porque la película tenía bastante potencial y lució, de hecho, una primera mitad bastante interesante. Pero conforme se acerca al final esas virtudes se han ido perdiendo, los personajes acaban resultado demasiado caricaturescos y aunque la película ha resultado entretenida, y a su manera divertida, se despide con una sucesión de acontecimientos decepcionante que empaña el resultado general.

Pero incluso en el peor momento de la peli contamos con el carisma de Crowe. Menos es nada.

Nota: 6. El tren de las 3:10 es una película digna, un western con momentos brillantes, bien rodada y con un reparto excelente. Tristemente no es capaz de mantener el tipo hasta el final, decae, y se despide en, probablemente, su momento más bajo.

martes, 30 de octubre de 2012

Siete novias para siete hermanos - Stanley Donen

Adam Pontipee es el mayor de siete hermanos. Como viven en una granja que pasa varios meses aislada por las nieves, Adam sale en busca de una esposa que cuide de de todos durante el invierno. Tiene la suerte de encontrar a Milly, una agradable chica que se casa con él sin saber que otros seis chicos entran en el pack.


Recordaba este musical porque mi familia es muy, muy fan. Les encanta y la han visto muchas veces. Sin embargo, yo apenas recordaba nada de ella. Como estamos inmersos en el ciclo de musicales, lo anoté en la lista y no me arrepiento. Vamos a ver por qué la recomendamos desde Palacio Onírico.

                               Los Pontipee, demostrando sus buenos modales. 
Los personajes:
Adam (Howard Keel): el problema de Adam es que hace años que no se acerca a una mujer a distancia conversacional y por lo tanto su conocimiento sobre las mismas es igual a cero o incluso menor. ¿Debes avisar a tu prometida de que tienes seis hermanos asilvestrados? No, según Adam no. Es mejor que llegue la pobre y se encuentre con el ejército de orcos que has criado.
Milly (Jane Powell): guapa, buena cocinera y trabajadora. La chica perfecta para los cánones de la época. A pesar de que tiene a su disposición a cualquier chico del pueblo, Milly dedice, para sorpresa e incompresión de ajenos y conocidos, casarse con Adam e irse a vivir a las montañas.
Los hermanos: Benjamin, Gideon, Frank, Daniel, Caleb y Ephraim sólo conocen el trabajo de la granja y el pueblo. Desde que murieron sus padres, nadie se ha preocupado demasiado de los chicos. Higiene, modales a la mesa o como tratar a una señorita son conceptos completamente desconocidos para los seis. Por suerte, Milly llega al rescate.

Los actores:
— grandes voces y grandes papeles. Howard Kell es un enorme hombretón que hace buen contraste con la delicada Jane Powell. Los hermanos, grandes bailarines y cantantes, hacen un gran trabajo. Os dejo una de las escenas en las que más se lucen los chicos.


El guión:
— la moraleja de la película es que si te gusta una chica y esta no parece muy dispuesta, la mejor idea del mundo es secuestrarla y mantenerla aislada durante todo el invierno. Cuando empiece el deshielo, todas dirán ser madres de un único niño y se casarán contigo. Muy rollo de la época, las cosas como son. A pesar del nefasto mensaje de la moraleja, Siete novias para siete hermanos es una película divertidísima. Las salvajadas de los hermanos frente al carácter de Milly, las relaciones con el pueblo, las secuencias en las que los chicos aprenden modales... un muy buen guión acompañado por grandes canciones. ¿Mi favorita? "Goin' Courtin'" Toda alegría.

                                  

Las coreografías:
— la verdad es que me ha sorprendido lo modernas que son las coreografías, excepto en la canción "It's a wonderfull day". En esta, el baile de Milly es muy clásico, casi idéntica al de Aurora cantando "Eres tú mi príncipe azul" Te dejo un vídeo porque creo que es mucho mejor verlo que lo que yo te pueda contar. Sin duda, de lo mejor que hemos visto nunca y lo más espectacular de la película.


Los escenarios:
— o los croma en los 50. Si hay cierto esfuerzo y medios, como la escena de la avalancha que está bastante bien, pero los croma...

Nota: un 7.  Muy divertida y con grandes canciones y coreografías.

lunes, 29 de octubre de 2012

Los mercenarios - Sylvester Stallone

Los mercenarios es una película que, pese a todas sus carencias (que son prácticamente incontables), tiene un gran mérito, una gran verdad que la ampara de casi cualquier crítica: Los mercenarios no intenta engañar a nadie. Es una película vacía de todo cuanto no sean tiros, explosiones, hostias y otras manifestaciones de testosterona importada del cine de acción de aquellos locos 80.


La peli es mala. Hay quien dirá que es «mala pero...», quizá «mala pero te ríes» o «mala pero un guiño al género» o lo que sea. Pero no, lo siento, solo es mala. ¿Tiene momentos que valen la pena? Sí, sin duda. Tiene momentos puntuales que sí son pura representación y puro guiño, pero el culto que parece haber surgido en torno a este subproducto, a esta fantasía húmeda de viejas glorias, casi todas venidos a menos, es absoluta, completa e innegablemente inmerecido.


Barney Ross (Sylvester Stallone) dirige a un equipo de mercenarios que toman las misiones que a todos los demás les parecen una locura. Y si ven que es posible llevarlas a cabo (o hay suficiente recompensa), allá van. Esta vez les tocará ir a pararle los pies a un caudillo militar sudamericano, aunque quizá las cosas no sean tan sencillas como parecen a simple vista. Y eso que a simple vista ya parece un acto suicida hasta la médula.

Sylvestrito, Sylvestrito, ¿quién es el peor director del mundo entero?

Y es que el trabajo de dirección de Stallone es... estoy buscando una palabra que suavice el golpe, pero no la encuentro, la verdad. Stallone como director es inmundo, así, a sacopaco. Es insoportable. Sí, incluso para ser una peli «del género». Hay escenas que tal vez merecieran la pena estando bien grabadas, pero así no. Sin más. Cámaras en mano caóticas y temblequeantes, seguimientos demasiado rápidos y primeros planos que, aparte de no tener actores que los soporten con profesionalidad, parecen no venir a cuento de nada. Todo falla. Todo.


Es que Los mercenarios es una película de acción y solo importa la acción, ¿no? Eso es la excusa barata. Terminator 2 es una película de acción y no hay que defenderla diciendo que «para ser de acción es buena». Es buena y ya, como esta película es mala. Mala y ya. Ni «es que es de acción» ni leches.

Hay un par de actores que se defienden ligeramente (en cuanto a su interpretación, me refiero) pero el resultado es, casi de forma constante, horrible. Stallone está muy mayor para estas lides, otros se conservan algo mejor, pero en general la sensación es de estar presenciando «violencia geriátrica» y la magia que pudiera ver se rompe por completo.


Destellos de lucidez de una mente maculada

En algunos momentos muy concretos y escasos la película parece que ha tenido algo de trabajo guionístico detrás. Es posible que la dirección sea la cosa más esperpéntica de los últimos años, pero hay un par de escenas que bien por el humor o por la calidad del diálogo (que a poco que no sea horrible se contará entre los mejores momentos del filme) destacan bastante sobre el resto:

—en primer lugar tenemos la contratación de los Mercenarios. Un tipo de la CIA (Bruce Willis) reúne a los jefes de dos agrupaciones de ancianos psicópatas, Ross y Trench (Arnold Schwarzenegger, quien ostenta el dudoso honor de ser el mejor intérprete de dos malas películas con muchos actores a cada cual más lamentable: Batman y Robin y esta que ocupa la reseña de hoy) y les ofrece la misión. Trench la rechaza y dice que es un suicidio y que solo un imbécil aceptaría ese trabajo. ¿Y quién es ese imbécil? Bueno, aparte de eso, que tiene gracia por sí mismo, Chuache se aleja y sale del punto de reunión, que era una iglesia, y se permiten hacer un chiste con que «es que quiere ser presidente...». El guiño queda completo y divertido.


Os dejo con el tráiler, si os gusta, probablemente, os gustará la película.

—la otra es una escena de Tool (Mickey Rourke) en la que se articula el monólogo más largo de la película, que para más inri resulta ser la aportación más interesante de toda la película (explosiones aparte), por mucho que sea un tópico algo ridículo y bastante reduccionista. Tampoco es que tenga mucha competencia dentro de la película, claro.



Nota: 3. La película se deja ver. Pero eso es todo lo que tiene, porque la dirección quizá sea la peor que he visto nunca, los actores son infames en su mayor parte y el trabajo de guión es... digamos que muy escaso. ¿La recomiendo dentro de su género? No, hay pelis «de machos» mucho mejores que Los mercenarios... y mucho más divertidas. ¿Su fama? Ni idea, sinceramente. Quizá si se hubiesen centrado en la parte divertida del asunto la cosa mejorase, pero tal como está no creo que funcione ni como mero espectáculo de tiros y explosiones que, al menos, huyen de los efectos digitales con lo que en el futuro no se verán más cutres (a Dios gracias).

viernes, 26 de octubre de 2012

Noticias 26 de Octubre

Neuromante llegará al cine de la mano de Vincenzo Natali (Cube, Cypher). ¡¡Viva!!

Imperios de las profundidades luce tráiler. No espero gran cosa (nada) de esta película, pero no compartir un tráiler de rollo fantástico me parecía inmoral:


—Andi Serkis (Gollum) planea dirigir una adaptación de Rebelión en la granja (George Orwell,  1945) y otra de The Bone Season (Samantha Shannon).

—Zach Braff (JD en Scrubs) dirigirá y producirá una comedia para la ABC, Garage Bar, sobre un grupo de amigos que vive un cambio en su dinámica debido al éxito musical de uno de ellos.

—Parece ser que el escándalo sexual que vive la BBC (personificado en uno de sus presentadores, Jiimmy Savile) crece y crece y va ya por 300 víctimas y la policía investiga a figuras de alto standing que podrían haber mentido para dar coartadas a Savile o haber participado en los hechos. A ver en qué queda eso.

—CBS concede temporada completa a Elementary y Vegas porque han tenido mucho (inexplicable) éxito. La primera es una versión un poco mediocre de Sherlock Holmes (podría mejorar, pero desde luego sus dos primeros capítulos fueron malos y el tercero fue correcto sin más) y Vegas es como el descafeinado, la coca-cola light y la cerveza sin; se nota de dónde procede y qué quiere ser, pero... En fin, felicidades a sus seguidores. Tendréis, mínimo, una temporada completa.

Clark Kent deja el Daily Planet para... bueno, para crear una especie de The Huffington Post. Ahí queda eso.

Edición del 27 de Octubre:
Arnold Schwarzenegger regresa a Conan donde lo dejó. Arnold-Conan Rey volverá para La Leyenda de Conan olvidando las últimas aproximaciones al personaje creador por RObert E. Howard.

jueves, 25 de octubre de 2012

Rent - Chris Columbus

Roger y Mark comparten piso en un desastrado edificio del que van a ser desahuciados. Su casero, un antiguo amigo que ha ascendido gracias a un buen matrimonio, parece tener mejor planes para el barrio.


Como puedes ver, seguimos con musicales tras dejar atrás nuestro ciclo de sangre, vísceras y destrucción. Rent es una historia de pobreza, barrios bajos y enfermedad. El SIDA está presente continuamente, la lucha por salir adelante se libra día a día y todo se vive con especial intensidad porque el tiempo corre en contra de los personajes.
Tampoco estamos ante una obra maestra, ni mucho menos. Pero Rent tiene buenas canciones y grandes momentos.


Los personajes:
— Angel (Wilson Jermaine): el miembro más dulce y desprendido del grupo. Rescata a Tom de unos ladrones que le han dado una paliza.
— Tom (Jesse L. Martin): tras un fracaso profesional, Tom ha vuelto al barrio para curarse las heridas con sus amigos.
— Roger (Adam Pascal): su incipiente carrera como rockero se vio truncada cuando supo que tenía sida, contagiado por su ex novia. Actualmente, comparte piso con Mark, su mejor amigo.
— Mark (Anthony Rapp): acaba de ser abandonado por su novia, Maureen, que lo ha dejado por una mujer. Sin trabajo y a punto de ser desahuciado, su única esperanza es abrirse paso como director de documentales.
— Mimi (Rosario Dawson): bailarina erótica adicta a la heroína, que se enamora de Roger.


El guión:
— lo cierto es que con la sinopsis de la película, esperaba mucho más de ella. Esperaba que me conmoviese como lo hizo en su día Philadelphia. Soy chica de lágrima fácil pero me costó arrancar con Rent. El problema es que las canciones, que deberían acercarnos más a los personajes, no siempre lo hacen. Canciones como "Over the Moon" o "Halloween" no nos dicen nada que no sepamos y otras, como "La Vie Bohème", duran demasiado. Por contra, "Take Me or Leave Me" o "Without You" nos acercan a Maureen, Joanne, Mimi o Roger.
A Rent le falta dureza y contundencia. Es una pena que se quede en un digno entretenimiento, algo pesado por partes, cuando podría ser mucho más.

                              La pérfida, y ahora lesbiana, ex novia de Tom: Maureen.

Los actores:
— pues... grandes aciertos. ¡Felicidades, señores del casting de actores! Wilson Jermaine es adorable y encantador, Jesse L. Martin tiene una mirada dulce que derrite, Adam Pascal es el perfecto Jon Bon Jovi venido a menos. Anthony Rapp es el típico friki adorable que se esconde detrás de sus gafitas y Rosario Dawson... cumple muy bien el rol de chica dura a la par que sensible y maltratada por el mundo.
¿Lo mejor de los actores? Anthony Rapp intentado bailar como un rapero duro. Si, con su cara de bueno y sus gafitas. Puedes imaginarte el resultado.


Aspectos varios:
— el vestuario es excelente. No especialmente llamativo pero se adecua en todo momento al personaje. El maquillaje es exagerado, casi de choni, entre las chicas del barrio y mucho más refinado fuera de él. Los escenarios están bien escogidos y ayudan a encuadrar la historia. En general, todo aspecto técnico está muy bien cuidado.

Nota: un 6,5. Está bien pero podría estar mucho mejor. Una pena porque podría dar para más. Y como esto es un musical, te dejo con una de mis favoritas: "Ligth my candle". Como todos los dúos entre Rosario Dawson y Adam Pascal, es maravillosa.  ¿Nos recomiendas algún musical?



miércoles, 24 de octubre de 2012

Estrenos 2012 que seguimos viendo (II)

The neighbors (Vaya vecinos)

Una extraña comedia sobre unos alienígenas que vienen a la Tierra pero se olvidaron de coger el cargador para el aparato que usan para comunicarse con su planeta original, así que se quedan viviendo, sin órdenes, en un barrio residencial que compran entero para que los humanos no descubran el pastel. Tiempo después comienzan los problemas entre los alienígenas, que no ven que la estancia llegue a ninguna parte y se produce una pequeña escisión, tan grande que unos venden su casa... a unos humanos. Y ahí empieza la serie.


El tono de la serie es bastante raro (y completamente absurdo), pero la imagen tan colorida, los personajes extraños y su actitud sectaria crean una sensación muy divertida. A ver cómo sigue.

Last resort (Último destino)

Esta serie fue, para mí, la gran sorpresa. El rollo militar que recupera una sensación que solo me trajo el principio de Battlestar Galactica, la sensación de acoso se mire donde se mire, los inspiradores discursos del oficial al mando... Todo, en realidad, recuerda un poco a lo que considero que era lo más grande de Galactica.


Quizá a veces se note cierta falta de recursos económicos para dar el punto necesario a los escenarios, pero un reparto cumplidor (sin más, en realidad), unos diálogos bien pensados (en los que destacan los discursos del capitán), un gran ritmo y la niebla absoluta del desconocimiento sobre qué ha pasado en realidad, han conseguido el estreno que más me ha enganchado de lo que llevamos de temporada en Estados Unidos.

Y añado un par de series inglesas, que esta vez, junto a otras de las que pondremos directamente la reseña, son las que más nos han calado. ¡Qué inspirados están los británicos!

Moone boy

Moone boy es una serie inglesa de 6 episodios de 20 minutos que empezamos a ver un poco tarde. Acabó hace unos días, poco después de que viésemos el primer capítulo... que, por cierto, nos enganchó completamente. Moone boy nos presenta a Martin Moone, un chaval de 12 años que vive en un pueblecito de Irlanda en 1989. Martin tiene un amigo invisible, Sean (Chris O'Down, quien también se encarga de los guiones) que lo aconseja y le ayuda a afrontar el día a día.


La serie, sencillamente, es divertidísima. Sin más. En mi opinión es el estreno cómico de la temporada. Pero ya sabéis que en lo que corresponde a comedias mis gustos son un poco rarunos.

The paradise

Al principio fue la calidad técnica del piloto la que gracias a decorados sobrecargados y al vestuario de época de la BBC, que siempre es genial, nos convenció de darle una oportunidad; pero lo cierto es que la serie se hizo rápido un hueco por méritos propios. The paradise nos lleva a los primeros grandes almacenes de Inglaterra y a la enigmática figura de su excéntrico dueño, todo a través de los ojos de una modesta empleada, una mujer llena de ideas.


Se percibe desde el principio qué clase de tensiones se pueden generar en la serie, pero solo por lo bonito que es todo, el principio ha superado el bache. Supongo que el hecho de que como casi todas las series inglesas tenga pocos capítulos... ayuda mucho a darle el voto de confianza.

Entradas relacionadas:
Estrenos que seguimos viendo (I)

Estrenos que abandonamos (I)
Estrenos que abandonamos (II)
Estrenos que abandonamos (III)

martes, 23 de octubre de 2012

West Side Story - Robert Wise y Jerome Robbins

West Side Story es una película que me costó mucho ver entera. En 2003 o 2004 intenté verla por primera vez porque tenía que aprenderme dos de los bailes de Bernardo, uno de los protagonistas, y ya de aquella me di cuenta de que lo que es la parte puramente musical y coregráfica de la película er completamente genial. El problema era... bueno, todo lo demás. La segunda vez que intenté ver esta película fue en el verano de 2011, creo que en la Sexta 3, en un hotel en Albacete. Aquella vez tampoco acabé de verla, pero no por aburrimiento, supongo que sencillamente tuve que salir del hotel. No lo recuerdo con exactitud. Y ahora, en este ciclo que estamos haciendo de musicales (algo más espaciado en el tiempo que el atracón de sangre y vísceras) decidí que había llegado la hora: había que ver West Side Story.


West Side Story es una adaptación de Romeo y Julieta en el West Side de Nueva York en la que las bandas son (o se creen) las dueñas de la calle. Las bandas enfrentadas son los Sharks, de origen puertorriqueño, y los Jets, de origen europeo. Los Sharks están liderados por Bernardo (George Chakiris), chulesco y gran bailarín. Los Jets estaban liderados por Riff (Russ Tamblyn) y Tony (Richard Beymer), pero este ha dejado la banda y se ha puesto a trabajar. Una noche se reúnen todos para un baile y Tony y la hermana de Bernardo, María (Natalie Wood), bailan y se enamoran el uno del otro. Eran otros tiempos.

Correcto Robert Wise, gran Jerome Robbins...

La película tiene dos cuerpos casi completamente diferenciados. Uno es el cuerpo musical y dancístico de la película, dirigido por el coreógrafo Jerome Robbins, y el otro es la adaptación que se hace de Romeo y Julieta, la historia de la película, dirigida por Robert Wise. El primero es soberbio. El segundo es como es. Lo cierto es que la adaptación, conceptualmente, está muy bien pensada: el ambiente oscuro y sucio, el ajuste temporal, la actitud de familia de las bandas. Muy bien, sí. Pero se queda ahí. Los personajes enzarzados en el romance (y los actores que los encarnan) no acaban de convencer (sobre todo Tony), a pesar de que, por ejemplo, Chakiris y Rita Moreno, que interpreta a la novia de Bernardo, Anita, realizan un buen trabajo. La historia, tal como se cuenta, resulta a menudo demasiado empalagosa y demasiado lenta. Y el final me dejó con la sensación de encontrarme ante una Julieta sin redaños, sin el valor suficiente para ser Julieta... una Julieta edulcorada.

Una vez combinadas las dos partes el resultado es vistoso y adecuado, aunque personalmente sigo pensando que la parte musical queda oscurecida por el resto de la película, incapaz de enfrentarse a cualquiera de esas peleas casi circenses de movimientos rápidos, exagerados y perfectamente sincronizados.


Puede verse un ejemplo de esto a partir del minuto 5:34.

Un mérito, en cualquier caso, es el retrato de un ambiente tan sucio y tan violento como en el que se centra la película desde la óptica del musical; por una parte magistralmente acercado desde esas peleas de las que hablaba, pero por otro por la elección de los decorados y el manejo de la tensión desde el mismo principio de la película, que siendo increíblemente lenta es capaz de controlar en todo momento la tensión que subyace. Los chasquidos de los dedos, los silbidos, las persecuciones y encontronazos entre bandas, las discusiones intrabanda... todo ayuda a mantener la tensión que ya existe en las lentas dos horas y media que dura la película.

... y perfecto Bernstein

Pero si hay algo que consigue que la película brille, si hay algo que la caracteriza (bueno, aparte de las magníficas bailuchas) es la increíble banda sonora de Leonard Bernstein que usa variedad de voces, mucha percusión, mucho viento y mucha cuerda. 30 instrumentistas de los cuales algunos tienen que encargarse de varios instrumentos dentro de la misma canción.

La música de West Side Story juguetea como ninguna con la alegría, con la tristeza, con la sencillez y con la complejidad. Toda la película está llena de contradicciones y la música no podía ser menos.

Entre las que más rápido y fácilmente gustan nos topamos de frente con America, que es una de las canciones que más suele calar entre el público. Tiene una sonoridad divertida que entra por el oído y no se va. Es una canción pegadiza, es potente, rápida y muy divertida en la que las mujeres puertorriqueñas se posicionan a favor de las ventajas que les da Estados Unidos respecto a una mucho más restrictiva (para ellas) Puerto Rico; mientras que los hombres dan una visión mucho más pesimista sobre el país, sobre las dificultades, sobre que cualquier hijo de europeos nacido en Estados Unidos se considere más americano que ellos que son de familias puertorriqueñas. Hay otras canciones como I feel pretty, que es otra de las canciones más conocidas, también muy alegre con toques muy latinos; como Tonight (yo diría que repopularizada, si es que tal cosa es posible, por Glee) o con Maria (que aunque en el fondo es empalagosa hasta dar arcadas, suena fantástica).

Las piezas puramente musicales, sin una sola voz, en cambio, resultan por momentos muy áridas, frenéticas y alocadas; e intercambian momentos muy tranquilos con arranques puramente histéricos. Y son largas, muy largas. 5, 6, ¡y hasta 9 minutos! Por lo que leí en internet a mucha gente se le atragantan. En realidad no me parece raro, pero sí un poquito triste, porque son unas piezas increíbles. Os dejo con dos de ellas: West Side OvertureWest Side Prologue.

Por otra parte, la canción más larga, la de Dance at the gym, no me parece de las mejores, la verdad, aunque tiene momentos puntuales muy lucidos. Y creo que uno de los mashup con dos de las canciones de la película queda un tanto torpe, como se puede oír al final de Quintet.


Nota: 7. Algunos de los aspectos de West Side Story son realmente magníficos, pero me pareció que la película sufría constantes altibajos que empañaban muchos de los logros que iba mostrando. Los verdaderos aciertos de las contraposiciones (baile-lucha, inmigrantes-nativos), los trucos de dirección y la impresionante banda sonora se enfrentan a ciertas crisis de ritmo, un final que parece extenderse durante demasiado tiempo y, finalmente, una cierta edulcoración que, a mí, al menos, me decepcionó ligeramente. Si tuviera que elegir, no obstante, un único momento estelar, elegiría el de cuando los Jets y los Sharks discuten con la policía e ironizan sobre cómo el mundo los ha hecho ser cómo son. Solo que no hay verdadera ironía, sino solo un disfraz. Un momento increíble.


Y como añadidos os dejamos con
—el homenaje de Coca-Cola cuando anunció Zero

—el momento Scrubs

lunes, 22 de octubre de 2012

Gladiator - Ridley Scott

Pocas cosas recordaba ya de esta película más que un par de momentos épicos completamente descontextualizados, seguramente por repetición y referencias múltiples durante estos años. Recordaba la vistosa dirección de Ridley Scott, la profusión de peleas en la arena, mucha sangre y una correcta película de acción. Unos cuantos años dejando que respire y que no se qué de los taninos no han hecho que la película mejore, la verdad.


Soy Máximo Décimo Meridio

Gladiator nos presenta a Máximo Décimo Meridio (Russell Crowe), comandante de las tropas del norte. Un machote y el favorito del emperador Marco Aurelio, que lo adora más que a su propio hijo, un indigno, cobarde y mezquino jovencito llamado Cómodo (Joaquin Phoenix). Cuando Marco Aurelio pone al corriente a su hijo de su intención de dejar a Máximo como Emperador de Roma para que reinstaure la república, el joven explota, asesina a su padre y se mete entre ceja y ceja hundir a Máximo.


La película no tiene más que lo que parece tener a primera vista. Tiene sangre, muertes y odio visceral. Y ya está. En el apartado técnico, insisto, tiene una dirección magnífica y un reparto competente, en el que destacan Phoenix y Crowe, que soportan muy bien el peso de sus personajes. Alguno podría destacar también la música, pero la banda sonora de Gladiator siempre me ha parecido, sencillamente, aburrida. El revisionado no ha cambiado esa impresión. Hay una pieza que me gusta mucho y la repiten varias veces, así que por momentos casi me da la impresión de que en realidad me gusta, pero es mentira, es solo que han vuelto a poner la misma pieza épica (que, con todo, entera me parece igualmente aburrida).

Los personajes de la película son bastante toscos. Que sí, que van a lo que van, pero es que eso peca de exceso (o de carencia, en realidad no sabría decirlo). Máximo es el héroe, sí, claro que sí, es el héroe todoterreno que vale para roto y descosido, es el favorito del emperador, un titán moreno y curtido, el mejor general del ejército, el mejor combatiente, es carismático y se zumbaba a la hija de Marco Aurelio. Vale. ¿Podemos aceptar barco? Bueno, venga, va; somos buenos, aceptamos barco. Cómodo, hijo de Marco Aurelio, es El Otro Lado de Máximo, es un joven rubio de aspecto algo afeminado que evita participar en la guerra porque es un cobarde, es ladino, es cruel y... se quiere zumbar a su hermana. Con lo caprichoso que es, imagináos la pelotera de que esta, como todo el mundo —que claramente conspira en su contra— también prefiera a Máximo. Lucilla (Connie Nielsen) es la mujer de marras, siempre intentando que todo el mundo esté a bien con ella. Máximo nos la presenta como una zorra despiadada, pero la verdad es que durante la peli siempre transmite la sensación de ser una persona muy puteada por la vida. El resto de personajes son apenas un boceto, la mayoría de ellos están ahí para que Máximo les dé órdenes en la arena, para fundamentar que siga habiendo escenas sangrientas de estas chulas y para que Cómodo pueda demostrar cómo es de malo. Que está muy loco, ¿eh?


El valor seguro de Ridley Scott

Pero lo cierto es que el señor Scott, para bien o para mal, tiene un valor (casi) seguro y es que se trata de un gran director. Cada película que estrena tiene esa especie de sello de garantía. Dirige películas y está clarísimo que lo hace muy bien. Las escenas de Gladiator son pura delicia, la fotografía es muy buena y el montaje es espectacular; las coreografías de lucha, algunas, están muy bien pensadas (aunque a veces se pasan de intentar lucirse y caen en el saco de «Por Dios, que acabe ya») y la sensación que deja la sucesión de imágenes es muy recreativa. Scott trabaja muy bien y, en cuanto al apartado técnico de sus películas, hay que reconocerlo, se rodea de gente que trabaja genial.

Pero también es cierto que Ridley Scott parece rehuir de los grandes guionistas. Alguno podrá decir que Gladiator no tiene los problemas de guión de Prometheus, pues sí, es verdad, no hay ningún científico que parezca demasiado imbécil ni hay una recién abortada haciendo cabriolas; pero lo cierto es que el villano (que es demasiado villano) es demasiado imbécil y la lucha tras ser vilmente apuñalado de Máximo también se las trae. Y el hecho de que caiga justo a continuación, en plan teleserie noventera... eso sí es un poco imperdonable, un guiño a todos esos personajes que mueren justo cuando le han dicho a sus hijos, que los abrazan llenándose de sangre, que los quieren. No es que eso me estropee especialmente la sensación de la película, pero me parece destacable que en Gladiator, esas cosas, no parezcan importar a nadie y en otras películas sean motivo de drama.

Curiosamente, una de las partes que más me gustaba de la película está muy poco explotada. Hay una serie de pasajes semioníricos-semiinconscientes en los que Máximo ve cosas. Se abandona la luz amarillento-anaranjada de la película y se pone una iluminación mucho más blanca y más intensa, con cierta sobreexposición, que aumenta el contraste de los elementos. Pero tiene una presencia muy escasa, suspongo que había que decidir, o ponemos la enésima lucha a muerte o estiramos esto un poco más, y ganó la lucha a muerte. Hay otras escenas, rememorando el hogar de Máximo, con su mujer y su hijo, todo muy gris, que también son una preciosidad. Los contrastes entre la parte más normal de la película y estas dos ¿ensoñaciones? crea un efecto visual maravilloso que es, con mucho, de lo mejor de la película.


La dificultad de llenar dos horas y media

Y es que 150 minutos no se pueden llenar con cualquier cosa. Gladiator parece tocar a su fin al cabo de 90 minutos exactos, si os digo la verdad. Máximo, cubierto con un casco, ha llegado al coliseo y ha triunfado, el emperador, la cobardía personificada que es Cómodo ha bajado a saludar al misterioso luchador, al que desarman para recibirlo pero que tiene una flecha en el suelo al alcance de la mano, y la coge. Y ese era un momento perfecto. Zas, en el ojo y hasta el cerebro. Pero no, aparece el niñito y entonces la película dura una hora más en la que se repiten las peleas, la pieza épica de la banda sonora y las miradas húmedas entre Máximo y Lucilla.



Bajo mi punto de vista, la película ganaba mucho con ese tijeretazo brutal y despiadado a más de un tercio de su metraje. Magia enana, vamos, de enanos cineastas.



Nota: 6,5. La película es cumplidora, que conste; Crowe y Phoenix se lucen, las luchas son muy vistosas y el sonido de la película es muy bueno (el ruido de las armas, los pasos, los golpes, los vítores, el público del coliseo...), pero la duración de la película me acaba resultando excesiva, la música aburrida y los personajes algo insoportables. Por supuesto no es de lo peor de Scott, pero de lo mejor tampoco.


Otras películas de Ridley Scott:
El octavo pasajero.
Los duelistas.
Prometheus.

viernes, 19 de octubre de 2012

Noticias 19 de Octubre

—DC, visto el éxito de Los Vengadores, ha anunciado La liga de la Justicia para 2015, el mismo año que Los Vengadores 2. A ver qué sale de ahí. Personalmente no tengo demasiada fe.

—Hace muy poco Hugo Weaving hizo unas declaraciones algo polémicas que incluían lo poco que le interesaba el cine de súper héroes y cómo había sido su participación en Transformers (pone voz a Megatron). El caso es que Michael Bay le ha respondido notablemente molesto (os lo dejo también en castellano por si no os queréis tomar la molestia, aunque la redacción... es como es). Personalmente me parece que se aleja del tema en cuestión, pero no deja de tener cierta parte de razón.

Rompe Ralph sorprende con un tráiler viral en forma de shooter:

Qué ganas le tengo a esta peli.

—Aquí quedan unas fotos del rodaje de Juego de Tronos en Marruecos, para la parte de Daenerys en la tercera temporada.

—La NBC cancela Animal Practice (normal... porque menuda basura) y en su lugar pone Whitney. Bueno, una basura por otra, nadie pierde nada.

—La BBC America renueva Copper.

—Dylan McDermot, Ben Harmon en la primera temporada de American Horror Story, se une al reparto de la segunda temporada de la serie. Un poco in extremis, ¿no?

jueves, 18 de octubre de 2012

Estrenos 2012 que abandonamos (III)

Series que abandonamos, tercera entrega. Esta vez es un poco más caótica y las series no tienen ningún tema en común, en realidad.


Copper

Esta es una serie con capítulos que superan los 50 minutos de duración. El piloto, todo sea dicho, fue bastante normalito. El personaje es uno de esos tan de moda que son duros-durísimos pero tienen su corazoncito (en esta ocasión se demuestra haciendo que el aguerrido policía irlandés que mata gente como pela mandarinas sea un abnegado defensor de una pobre prostituta), la temática es policial típica y no parecía que la serie fuese a convertirse en una gran serie, pero... pero la ambientación, en una Nueva York decimonónica mola cantidad. Esto es así.


El resumen de la serie: serie de policías en el sucio ambiente de Gangs of New York. La misma luz, la misma mierda y la misma violencia... con menos presupuesto, peor reparto y, desde luego, peores (mucho) dirección y fotografía. Técnicamente, ya os digo, la serie es una preciosidad, pero los capítulos son lentos, el protagonista es un tópico con patas y el desarrollo es muy aburrido.

Nota: 5. No la abandonamos porque la serie sea mala, sino porque no consiguió engancharnos y porque los personajes son un poco cutres de más.

Major crimes

Es otra serie policial. En este caso era un spin-off de The Closer. Mary McDonell (Laura Roslin en Galactica) se pone al frente de un reparto cumplidor en un piloto que, directamente, no da la talla. El caso no intriga, los hechos no resultan atractivos y los personajes, aunque creíbles, tampoco aportan nada.


En su defensa hay que decir que la serie no parecía realmente mala y que quizá con unos cuantos capítulos más de rodaje ganase solidez e interés. Pero con tantas cosas que ver... no nos tentó en absoluto.

Nota: 4. La serie podría estar bien, pero el piloto no es un buen reclamo.

Revolution

Por una parte hay que admitir que la serie partía con una idea interesante entre manos, pero, sencillamente no supieron aprovecharla. Revolution fracasa en todo lo que intenta. La idea del fin de la electricidad, de la adaptación a una vida sin electricidad es bastante intrigante, sobre todo en el seno de una sociedad que depende para absolutamente todo de la energía eléctrica. Bien, aceptamos barco; pero una idea hay que saber llevarla a cabo. Y aquí es donde falla el señor Kripke.


Acepto que la iluminación y la paisajística de la serie son muy vistosas, pero probablemente esto sea la única que la aparta un poco del Saco de los Horrores Innombrables. La historia, una vez puestos en situación, una vez nos mandan a ese mundo postapagón, es ridícula, los personajes son insoportables, el reparto es mediocrillo (Giancarlo Esposito me parece que crea un malo súper plano, si alguien me va a salir con eso) y el episodio piloto es INSUFRIBLE.

Nota: 2. Fotografía y paisajes. El resto es basura.

Partners

Partners, de los creadores de Will y Grace, es una serie más para el olvido. Dos amigos, uno hetero y uno gay se han hecho adultos, tienen cada uno su pareja... Bueno, lo normal, y la serie parece centrarse (no le dimos demasiados minutos, si os digo la verdad, porque ya se veía que el estilo de humor nos iba a producir somnolencia) en las relaciones de ambos con sus respectivas parejas y de la larga amistad que une a los protas.


Nota: 1. Si queríais hacer una buena historia sobre la amistad masculinohumorística deberíais haber visto Scrubs y haber escrito un manual de cómo se hace. Porque así, no. No se va al Saco porque no se jacta de ser mala como las que viven allí. El lema que puede verse en la imagen, además, sugiere que la serie puede volverse más insoportablemente triangular.

Ben and Kate

Admito que ya el título no podía sonar menos apetecible, y la serie lo corresponde fielmente. Una serie familiar, semicostumbrista y aburrida que pretende resultar humorística con una protagonista cuyo mayor logro es llevar 5 años sin echar un polvo y ahora vive al borde de un ataque de nervios porque se ha echado un rollete. Pues vale.


Nota: 3. Lo cierto es que, contando lo flojo que es el tema, la serie consigue no resultar un peñazo absoluto... pero algo peñazo sí que es.

Vegas

«¡Vic!», gritó Laura cuando apareció Michael Chiklis en pantalla, haciendo de mafioso director de casino. Y ya está, eso es todo lo que dio de sí el piloto, un episodio con un protagonista metido a sheriff contra su voluntad, porque los aviones que pasan sobrevolando los desiertos de Nevada le espantan al ganado y ayudando a las fuerzas de la ley conseguirá que muevan hilos para que esto no sea así. El prota, el granjero, se cree Clint Eastwood, corola cada escena con una frase de machote y va descubriendo la trama.


Nota: 4. La serie tiene su punto, pero la fórmula de machote graciosete que tiene su corazoncito y está triste es un poco cansina de más. Lo mejor, en cualquier caso, el mafiosil Chiklis, por supuesto. Si esta serie acaba cosechando buena acogida, en cualquier caso, puede que le demos una oportunidad más. El guionista de Uno de los nuestros y Casino se merece el beneficio de la duda. Pero es que la sensación se queda en que se trata de una versión descafeinada de la historia que debería ser.

Beauty and the beast

La serie podría llamarse Corpúsculo y no engañaría a nadie. Hay una historia de amor entre una moza y un ¿licántropo? Y ya está. Es un remake de una serie de los 80, que no he visto, pero cualquier parecido con la historia de La bella y la bestia (tal como yo la conozco, al menos, que admito que es solo la película de Disney) es inexistente. La serie es aburrida, la parte procedimental es tedio absoluto y los personajes son unos sosos.


Nota: 3. Tiene cosillas cuidadas y los actores cumplen pero... es un aburrimiento insoportable.

Emily Owens MD

Este es un estreno recientísimo al que estuve a punto de no acercarme directamente, aunque me sabía un poco mal porque había dado una oportunidad a todos a los que pude (aunque fuese de breves minutos) y porque actuaba Mamie Gummer, que me cae especialmente desde que la vi en The good wife. La serie, en cualquier caso, resultó ser una pseudocomedia romántica (con pinceladillas de drama) sobre médicos que ni tenía gracia ni resultaba dramática. Un fail absoluto, vamos.


Nota: 3. El reparto es cumplidor, Mamie demuestra ser una muy buena actriz (otra vez), me gustó mucho la iluminación elegida para el capítulo y el hospital en sí. ¿El problema? Todo lo demás. Aburrida, artificial... mala.



En una próxima entrada: Animal practice, Brickleberry, Made in Jersey, Chicago fire, Hunted, y quien sabe si Elementary, a la que hemos decidido darle uno o dos capítulos de margen a ver si mejora.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Boss (1ª temporada) - Starz

Es una serie del 2011 creada por Farhad Safinia, guionista de Apocalypto. Empecé a verla en su momento y aunque el piloto me llamó bastante la atención, al final, debido a exámenes, entregas de proyecto y demás acabé dándola de lado. Y no volví a interesarme por ella hasta que un excompañero de facultad empezó a hablar de Boss en twitter con bastante frecuencia. Y al final me decidí a verla entera.


El primer vistazo

Boss nos pone cerca del alcalde de Chicago, Tom Kane (el increíble Kelsey Grammer), un hombre poderoso e influyente que sufre una enfermedad cerebral degenerativa, demencia con cuerpos de Lewy, que acabará con él completamente imposibilitado. Para reducir o ralentizar el efecto empieza a tomar una serie de medicamentos que le provocan alucinaciones, lo dejan confuso y demás; lo que en su caso puede ser especialmente problemático.

El alcalde tiene una familia destrozada. Su esposa, Meredith (Connie Nielsen) sigue con él por su destino político, aunque nada tienen ya que ver el uno con el otro. Ambos son padres de una hija, Emma (Hannah Ware), a la que rechazaron cuando se metió en el mundo de las drogas, pues seguir a su lado les traería mala imagen. Una hija que ayuda a los enfermos sin seguro en una iglesia. Uno de los personajes más torturados y tristes dentro de esta historia profundamente depresiva y desencantada.

El alcalde, decíamos, es un hombre poderoso y mueve sus fichas en el ajedrez político del estado, apoyando a diversos candidatos al senado. Y ahora se respiran tiempos de cambio. Es hora de buscar sangre joven, como la del tesorero Ben Zajac (Jeff Hephner). Mientras se aprovecha para enseñarnos el lado sucio de la alcaldía, los negocios turbios, los contactos oscuros que se dominan con amenazas y medias verdades.


La fórmula

La dirección de esta serie es una de sus características más peculiares, realmente obsesionada por unos primeros planos que rozan un punto algo enfermo, obsesionado por las bocas y los ojos. Unos primeros planos centrados en los ojos y en el borde del globo ocular, que a veces se ve ante la cámara como una especie de eclipse. Si unimos a esos primerísimos planos las secuencias desenfocadas, como las luces de los coches en el tercer capítulo o como la escena sexual del episodio piloto, tenemos ya bastantes de las claves visuales de esta serie en sus momentos más identificativos. Contextualización lejana, primeros planos de las caras, planos más cercanos de ojos y bocas y una gran parte de la imagen desenfocada, sin nitidez. Esto ayuda a configurar un sello particular, es la forma de Boss, y es extraña, algo desagradable y muy humana, como toda la serie. Sin duda, un acierto.

Con el paso de los capítulos se abandona bastante esta tendencia aunque se recupera para el episodio que cierra la temporada. Sinceramente, espero que en la segunda temporada hayan optado por mantener esta forma de hacer las cosas.

Toda la fotografía está bastante cuidada, pese a la apariencia casi de documental que tiene normalmente. La serie es muy realista, huye de las grandes cosas y eso le permite centrarse en una fotografía muy contrastada, muy oscura. Los exteriores diurnos tienen una luz poco intensa (salvo excepciones, generalmente relacionadas con otros personajes), aunque lo parece mucho si lo comparamos a la asombrosa oscuridad de los interiores, en los que un puñado de luces muy anaranjadas y pobres parecen ser muchas veces la única iluminación disponible. Lo que contribuye al aspecto fundamentalmente triste y desencantado de la serie.

Luz para Ben y Kitty

Luz para el señor Kane

Y quizá los tiros vayan efectivamente por ahí y por eso la redacción periodística, pese a que funciona como funciona esté especialmente iluminada. Es la verdad, la investigación y la buena labor periodística. Es la luz, supongo. Lo cierto es que las escenas en las que aparece el periodista son tan brillantes que solo pueden ser comparadas a las del púlpito de la iglesia. Supongo, pues, que es algo completamente intencional.

La música de la serie guía el capítulo pero lo hace sin ningún tipo de brillo. Generalmente basado en piano suave, que suena muy de fondo y muy por debajo de las voces y los ruidos del entorno, como los motores, los móviles, etc. Aunque las largas secuencias de final de temporada sobre el Claro de Luna de Beethoven son realmente majestuosas.


Los temas

Me gusta especialmente cómo juega la serie con los matices de la personalidad de Kane. Me encantó el juego que se trae entre manos desde que nos lo presentan como un hombre implacable, en ese primer capítulo en el que castiga brutalmente la oreja del concejal Lalo Mata (Ricardo Gutiérrez) hasta la increíble conversación que mantiene a punto de cerrar la temporada con su jefe de gabinete, Ezra Stone (un impresionante Martin Donovan). Y por supuesto la falsa relación con su esposa, los intentos de que nadie descubra su enfermedad y la desesperada forma en que intenta volver a acercarse a su hija. ¿Puede sentir algo Tom Kane?


Y es que quizá los puntos más dramáticos de la serie sean sobre los sentimientos de Tom Kane, un hombre implacable y duro. Alguien que antepone el fin a cualquier traba moral, económica o de cualquier otro tipo. Kane, con Ezra, ha llevado a cabo un gobierno duro por el bien mayor de Chicago. Eso piensan, al menos. Para ello, en realidad, ha renunciado a todo, convirtiéndose en un personaje con el que resulta difícil empatizar y al que resulta difícil apreciar. Es una persona poco humana, o así se muestra; por eso mismo, quizá, los momentos centrados en los sentimientos del alcalde ganan tanto peso y se muestran tan brillantes. Personalmente me voy a centrar en tres momentos que voy a marcar como spoiler porque se producen, todos, en los dos últimos capítulos.
  • La traición de Ben Zajac. Zajac, así de simple, es un nadie. Es un tesorero del estado venido a más, un hombre que se cree un león siendo un perrito un poco baboso. Siempre ha sido un pelele (de Kane, de la oposición o de su esposa) y lo único que consigue por sí mismo es seducir a Kitty. Con Kitty en el saco y la oposición a Kane más envalentonada que nunca, la traición cobra cuerpo. Y es un duro golpe para Kane,  sobre todo por la participación de su propia esposa, Meredith Kane, que vemos que en primer lugar reacciona de forma triste, algo desolada. El titán ha sido tocado, y le duele. Pero el titán es un hombre vengativo, un hombre con recursos. Un hombre sin piedad.
  • La solución. Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Me pasé casi toda la serie creyendo que Tom se había acercado a su hija por su relación con las drogas, porque sospechaba que podía conseguirle los medicamentos que necesitaba sin llamar la atención. Pero la solución que plantea a su crisis, una traición a su amor (el fin justifica los medios, supongo que pensó Tom), se muestra increíblemente dramática. Tom parece realmente destrozado cuando le dice a su hija: «Te quiero. Pero no hace falta que...», y parece sufrir una nueva herida cuando esta contesta «y yo a ti, papá». ¿Cómo sospechar que Tom va a destrozar ese pilar recién arreglado? Grande.
  • Acciones y reacciones. Hace mucho que el señor Kane ha perdido su, por llamarlo de algún modo, brújula moral. El fin justifica los medios, sí; pero cuando el fin lo vale. O eso piensa Ezra Stone, quien en una perfecta conversación con Kane le explica por qué hizo todo lo que hizo, por qué lo traicionó completamente. Kane ha perdido el norte y hará cualquier cosa para mantenerse en el poder. Y debe abandonarlo. El cierre de la conversación, en la que Ezra filosofa sobre qué es un castigo, algo más que una venganza, una lección para los que puedan pensar en lo mismo... es sencillamente espectacular. Ezra Stone, elegante y coherente hasta el final. Perfecto.

Una de las cosas que menos me ha gustado, en cualquier caso, es el tratamiento del sexo en general de la serie. Hay unas cuantas ocasiones que son bastante expresivas o que consiguen transmitir mucho gracias a la forma en que se graban o a las circunstancias, gracias a los diálogos o al lugar; pero muchas veces parecen escenas completamente gratuitas destinadas a lucir los cuerpos de las actrices, sobre todo el de la impresionante y sexy Kitty (Kathleen Robertson, de quien cuesta mucho aceptar que vaya a cumplir 40 años); otros, en cambio, que venían mucho más a cuento y serían brutales para la trama se quedan en mera insinuación para ¿no herir sensibilidades? No sé, no le vi la coherencia, sinceramente.



Nota: 8,5. La serie tiene un arranque que puede pecar de lento y, a la vez, de complicarse a sí mismo. El número de personajes secundarios, las pequeñas y grandes tensiones entre ellos y la forma de ir desgranando la historia me recordaron mucho a la forma en que David Simmons nos llevaba al narcotráfico de Baltimore en The Wire. Boss falla en pequeños puntos concretos que se dejan caer sobre la serie, pero la sensación general es la de encontrarse ante una serie sólida, poderosa y muy dura, que mejora mucho en sus capítulos finales.

Y os dejamos con la intro, que es preciosa:
Boss opening credits from Julio C. Piñeiro on Vimeo.

lunes, 15 de octubre de 2012

El mito de Bourne - Paul Greengrass

Atraído por la buena sensación que me dejó el segundo visionado de El caso Bourne me decidí a ver unos días después la continuación. La crítica tenía una opinión muy parecida sobre ambas e incluso insinuaban una cierta mejoría, pero mis conocidos (la mayoría de ellos, al menos) no lo tenían tan claro. Y, la verdad, tenían sus razones para dudar.

The Bourne supremacy en su título original.

No es una mala película, es solo que tiene unas cuantas cosas malas que resultan algo cargantes y que, desde luego, evitan que la segunda entrega se sitúe a la altura de la primera.


¿Qué hay de nuevo, viejo?

Jason Bourne y Marie viven en Goa, India; pero un hombre llamado Kirill (Karl Urban) llega con el objetivo de asesinar a Boune. No obstante, mata a Marie por error y da por muerto a Bourne. Pero no es así, claro. Así que Bourne vuelve a Europa; y esta vez planea ser él quien la líe a lo grande.


Esta vez van más a la carga que en la primera película. El mito tiene más acción, más peleas y muchas más persecuciones, que además son más largas, más exageradas y a más velocidad. Más, más, más. Parece que esa fue la clave que inspiró la película. «Queremos más». Así, caóticamente, un poco batiburrillo de todo lo que había en El caso pero a más velocidad.

El resultado no es especialmente desmerecedor. Lo cierto es que la película, momentos muy puntuales aparte (sobre todo en las persecuciones, que son aburridas y eteeeernas; y alguna escena de peleas que también se eternizan y no parecen especialmente bien grabadas) entretiene; pero se queda ahí. ¿Aquellas sobrias escenas casi de cine negro de la primera película? Olvidadas para siempre. Ese no es el estilo de El mito.


Un solo cambio, pero qué cambio

El director de fotografía sigue siendo el impecable Oliver Wood, que sigue sacando lo mejor de cada ciudad; y la banda sonora la sigue componiendo el siempre fantástico John Powell, que mantiene parte de las piezas de la primera película y sigue dando un gran protagonismo a la percusión (incluidos unos extraños tambores indios que juraría que se llaman «dhol», que dan ese sonido tan cortante y agudo) a la vez que juega mucho con efectos inesperados, como combinar una triste melodía de cuerdas y la aparición de una percusión que insinúa qué va a pasar mientras la imagen se mantiene lenta y tierna. La música anticipando el cambio es una verdadera delicia. Os recomiendo darle una oportunidad a la banda sonora de El mito de Bourne, sin duda.

Pero cambia el director, que ahora es el inglés Paul Greengrass, y cambia el estilo de dirección. El mito de Bourne es una película con secuencias muy caóticas, llenas de cambios de cámara lenta (súper lenta en ocasiones) a cámara rápida, hace especial hincapié en las persecuciones, que pierden el tono serio que les dio Liman para ganar en supuesta espectacularidad.

El estilo, con mucha cámara en mano frenética, resulta un poco cansino. Las escenas de lucha son algo confusas y torpes, y dan la sensación de que están siendo vistas por un tío muy borracho. Tanto es así que las coreografías de combate (que por momentos parecen infinitas) son muy difíciles de apreciar, a pesar de que se comenta que están muy logradas en cuanto a su estructuración.

Un problema a mayores es que esta tendencia de estirar las escenas de acción llega, en algunos momentos, a romper el clímax de acción de la historia. Pongo por ejemplo el combate entre los dos últimos supervivientes de los asesinos de Treadstone, esa pelea cuchillo contra revista en la que se zurran durante un par de minutos mientras la cámara da vueltas de forma retorcida, torpe y aburrida. Hay muy buenas ideas en esa escena, que conste, como las persianas venecianas, que generan una sensación muy violenta cuando los contendientes chocan contra ellas, pero la ejecución es, en mi opinión, bastante lamentable.

Lo de las persianas es, insisto, un detallazo.

Bourne, Jason Bourne

Casi parece que esta vez no importaba (o apenas importaba, dejo el matiz al gusto del espectador) el drama. Bourne (Matt Damon) sigue, en realidad, sabiendo muy poco de sí mismo; pero se dejó ese interés en Europa antes de irse a Goa; y aunque es cierto que a su vuelta a Europa sí retoma algo de esa natural curiosidad ya no parece ser un tema realmente importante. Que sí, que han matado a Marie y JB quiere sangre, sí, vale, lo entiendo; pero es que eso manda a Bourne al terreno de las típicas películas de acción. Y es que El mito, en esencia, es una más. No es mala. No, no lo es. Pero es demasiado normal, mantiene un cierto atrevimiento estilístico (sobre todo en cuanto a la música se refiere), pero ha perdido parte de ese valiente planteamiento y puesta en escena. Contando que Gilroy estuvo en los guiones desde la primera película, una vez más, me parece que el gran culpable es Greengrass.

Los personajes, en cualquier caso, siguen estando muy bien. La incorporación de Pamela Landy (Joan Allen), fría, eficiente y amenazadora es buena e interesante. Una villana respetable. No como Ward Abbott (Brian Cox), que se mantiene en su rol de hombre-malo-malísimo-prototípico. Como él repiten otros personajes secundarios Zorn (Gabriel Mann), Nicky (Julia Stiles) y la propia Marie (Franka Potente), aunque algunos participan más bien poco tiempo en pantalla. Una lástima, son grandes personajes secundarios.


Nota: 6. La película no es mala, pero desaprovecha muchas de las ventajas que ofrecía la primera parte para dar más y más acción y más y más persecuciones. A ver qué tal la tercera, que también la dirige Greengrass.


Otras entregas de Bourne:
El caso Bourne.

viernes, 12 de octubre de 2012

El último trabajo del señor Luna - César Mallorquí

Este libro forma parte de una pequeña pila que Cris (de la que os hablé en Momo) me trajo un día como «libros de infancia que debería haber leído». Leí varios en aquel momento, luego los aparqué porque sí, sin ninguna razón aparente y ahora los he retomado en parte porque La Ilíada mermó mi interés por una lectura más densa y en parte porque tampoco era plan usurpar sus libros más tiempo. Comprensible, ¿no?


Infantil, lo que se dice infantil... pues no

Y en este regreso a sus recomendaciones empecé por este El último trabajo del señor Luna. Mi amiga no me lo vendió muy bien, es decir; me dijo que este libro le encantaba, que debería leerlo de los primeros y que me iba a gustar mucho, sí; pero yo tenía en mente que se trataba de un libro puramente infantil (de hecho, a mí el título me sugiere libro infantil de manual; disculpad mis prejuicios), así que podéis imaginar mi cara de extrañeza cuando empiezo el libro con: «1. El asesino». Ese título de capítulo parecía insinuar que el libro no iba a ser como me esperaba. El hecho de que en ese capítulo se nos contase como el feroz líder de un cartel de drogas boliviano, Aurelio Coronado, contrataba a este asesino (que esta vez responde al nombre de Luna) para matar a una sudamericana en Madrid... no disipó mi sorpresa. El libro acababa de autodefinirse como literatura juvenil (claro que podría haber prestado atención a la portada, donde sobre una banda roja pone en mayúsculas: «GANADOR PREMIO EDEBÉ LITERATURA JUVENIL». La verdad es que salvo que el diseño me atraiga especialmente... no suelo prestar especial atención a las portadas).

Esa es la historia, el señor Luna viaja a Madrid para acabar con doña Flor Huanaco, trabajo por el que cobrará medio millón de dólares. Doña Flor trabaja como empleada del hogar en casa de los Sousa, que tienen un hijo superdotado, Pablo, que forma parte de un programa de educación especial en el colegio Alberto Magno. Pablo es un chico extremadamente inteligente y con enorme aptitud para las matemáticas pero con una gran fragilidad emocional. Poco a poco, por supuesto, Luna se va a acercando a su objetivo y la vida de Pablo se hace cada vez más difícil. La de doña Flor, cuya gran ambición es vengarse del líder del señor Coronado, por supuesto, también.


Ritmo, ritmo, ritmo

El último trabajo del señor Luna luce un ritmo imparable. «Ritmo, ritmo, ritmo», es como un mantra. Es una novela veloz, ágil y muy bien contada. Los personajes se perfilan a toda velocidad pero dejando siempre matices para ir conociéndolos un poco más. Tienen personalidades muy marcadas que los contrasta mucho y los hace fácilmente reconocibles: Luna es sobrio, eficaz, comedido y profesional; Tachito es gilipollas perdido y un despiadado mequetrefe con ínfulas de grandeza; Víctor es el típico malote; Pablo tiene el complejo de protagonista inteligente (en serio, seguro que hay un problema psicológico real que haga referencia a este arquetipo) y doña Flor es una mujer fuerte, cariñosa, firme y deseosa de venganza. El resto de personajes están mucho menos definidos y son poco más que un esbozo de sí mismos. Esto permite que la novela sobrevuele los hechos. Así, a vista de pájaro, esta historia de venganzas enfrentadas, del bien, el mal, el dinero y las drogas transcurre a toda velocidad entre aventuras, descubrimientos y una sucesión imparable de acciones y reacciones.

César Mallorquí no consiente que sus lectores se aburran con esta novela. Si en algún momento parece que el ritmo va a decaer... es mentira. Hay una gran máxima para esta novela, y es el mantra, es el «ritmo, ritmo, ritmo».


Los destellos

Este libro tiene algunas cosas que están magníficamente pensadas o, al menos, magníficamente plasmadas. Como el ritmo es atroz y no da tregua, por supuesto, estos detalles se encasquetan en la historia, se disparan contra la misma y quedan incrustados. Por ejemplo, algo que me gustó bastante, conceptualmente es «La República de los Sabios», tal como el resto del colegio se refiere peyorativamente a los alumnos del programa especial. Ya ese trato despectivo está bien conseguido, relativamente inocente pero fiel a lo que uno podría esperar encontrarse. Los problemas de todos esos niños que intelectualmente se encuentran tan por encima de la media pero que se topan con un trato muchas veces demasiado difícil y distante por parte de otras personas. El intento de suicidio de uno de ellos con el que empieza la historia, la metedura de pata del psicólogo Mendizábal. Esa parte está increíblemente bien plasmada. Esa mezcla de lo bueno y lo malo de ser «mejor».

También me gustó especialmente el intento de Víctor Muñoz por entrar en el grupo de neonazis y la actitud de Fote. Creo que todos esos ingredientes están muy bien llevados. Tienen una presencia algo escasa en el libro, es verdad; pero siempre que aparecen me dejaron con la sensación de que eran como debían ser.

La caída

Pero este libro tiene un momento en el que, realmente, la cosa decae. No voy a decir que el final sea malo, ojo; pero sí voy a destacar que no está a la altura, que esta loca sucesión de acontecimientos merecía otra cosa. ¿Qué se merecía? Es una pregunta justa, pero lo cierto es que no tengo una respuesta clara. Quizá un final más desencantado e imprevisible fuese una buena opción. En realidad podríamos argumentar que Luna es un asesino infame, que se queda libre y que eso tiene su desencanto; pero desengañémonos, los lectores (y me incluyo) adoramos a Luna. Luna es uno de esos personajes que conquistan. Su actitud fría, su meticulosidad, su paciencia... incluso la forma en que estalla es puro carisma. No queremos que le pase nada a Luna y mucho menos que vaya a la cárcel por los horribles crímenes que seguro que ha cometido. Luna es Darth Vader, Luna es Moriarty, Luna es cualquiera de esos villanos a los que uno antepone al bien y a los mismos héroes. Luna es El Personaje.

En cualquier caso, decía, el libro acaba decayendo en sus últimas páginas, que por una parte pecan de excesivamente peliculeras y por otra, una vez llegadas al epílogo, parecen cerrar todo un poco de mala manera. Lo cierto es que creo que el libro dejaría mejor impresión obviando el epílogo, que parece atar las cosas a machetazos.



Nota: 8. Como novela de aventuras juvenil El último trabajo del señor Luna es difícilmente mejorable, aunque un final que parece abandonar el sobrio realismo que ha cultivado el resto del libro y un epílogo, en mi opinión, algo descuidado, empañan el recuerdo de una, hasta entonces, vertiginosa lectura.

jueves, 11 de octubre de 2012

Los intocables de Eliot Ness - Brian De Palma

Las películas que había visto de este hombre no eran un gran aval, precisamente; eran El precio del poder (Scarface, vaya) y Misión imposible; pero el caso es que como parte del fin de semana de acción, muerte y sangre cayó esta. Y lo cierto es que se trata de una divertida obra de cine negro de acción.

«¿Por qué te uniste a la policía?»

Buenos contra malos

De Palma y su guionista David Mamet no quieren engañar a nadie. Esta es una peli de buenos y malos, de polis y cacos, de la ley enfrentada al hampa. Y los buenos son héroes y los malos son villanos y ya está. ¿Novedosa? En absoluto. Pero bien hecha sí y mucho.

El argumento es sencillo, Eliot Ness (Kevin Costner) es un policía entregado que un día se cruza con Jimmy Malone (Sean Connery, verdadero héroe de la película) y este lo convence de hacer algo contra el crimen. De hacerlo de verdad y dejarse de zarandajas. Ha llegado la hora de plantar cara al hampa, la hora de enfrentarse a Al Capone (Robert De Niro). Así que reúnen un grupo de gente, los «Intocables» y comienza la partida.

Ahí están, ¡son ellos! ¡Los intocables! ¡El tirador, el héroe, el jefe y el contable!

Y, como decía, el gran mérito de la película pasa por la labor intachable de De Palma, que consigue unas secuencias asombrosas gracias a una fotografía muy nebulosa, como llena de humo y a un montaje trepidante. Los que se encargaron se ganaron su sueldo, sin duda. Pero no se queda ahí, el mérito también pasa por la soltura con la que se narran los hechos; es verdad que la historia es muy simple y que no deja de ser un duelo del bien contra el mal de los de toda la vida, pero la película consigue mantener al espectador completamente atento. Y también pasa por un Ennio Morricone inspirado que deja otra banda sonora para el recuerdo, en la que destacan muchísimo las piezas Al Capone y Victorious. Y también pasa, sin duda y desde luego, por ese trío de actores de los que hablé cuando resumía el argumento. La película consigue brillar gracias a lo equilibrado de todas sus virtudes, bien por una premeditación increíblemente certera o por puro azar, pero lo cierto es que la fórmula resulta muy vistosa.


Violencia, whiskey y paladas pulp

Y este es uno de los puntos fuertes de la película. De Palma y los suyos consiguen que muchas cosas que en realidad son absurdas y parte de lo más infame del género se acepten con relativa facilidad. A veces es un poco difícil, pero la película te pide de forma tan adorablemente pulp que aceptes esas cosillas tan inverosímiles que, al final, aceptas. Y con gusto.

Quizá la escena que mejor representa este hecho es la de la muerte de Jimmy Malone, atravesado por un mar de balas, pero que aguanta estoico desangrándose hasta que llega Eliot Ness para contarle qué ha pasado. Lo cierto es que no tiene el más mínimo sentido, pero puedo aceptarlo como licencia del género.

Los personajes son exagerados, el Al Capone de ese De Niro con unos kilos de más es un poco histriónico, casi insinuando un Joker, Eliot Ness es el típico protagonista y Malone es El Hombre. Y esto juega en favor de ciertas cosas de la película y en contra de otras. Por una parte consigue una rápida definición de roles, por típicos, por otra contribuye a un desarrollo trepidante (hay poco que detallar a los personajes, son puro arquetipo constante) y esto permite a De Palma centrarse en el duelo puro y duro y salpicarlo de frases épicas y momentos increíbles, con escenas que de tensas rozan el thriller más desbocado, como cuando Malone se encuentra al intruso en su casa o como cuando en la pared, sobre el cadáver de Wallace, puede leerse «Tocables» con una brutal ironía y desprecio. Sin olvidar el momento bate de béisbol de Al Capone, la escena en la que el barbero le hace un corte, y el fantástico interrogatorio de Malone. Por lo demás, ya sabéis, como toda buena historia con Capone de por medio... la época prohibicionista, el contrabando de alcohol y los tiros en el callejón. Un clásico.


«¡No ha conseguido nada! Y si hubiera tenido cojones me habría matado aquí mismo, pero ¡no ha conseguido nada!»

¿Un Capone que marcó tendencias?

No sé si esto será así realmente, pero no pude evitar pensarlo gran parte de la película. La primera vez que apareció De Niro con su ropa y su apariencia algo hinchada pero de tío que se cree gracioso, pensé: «el Capone de Boardwalk salió de aquí, de esta película en concreto, de esta actuación en concreto». Soy consciente de que los rasgos, en realidad, tienen un parecido limitado, pero la ropa, la expresión, la forma algo hinchada de la cara, la frente amplia que llega hasta un inicio del cabello al que el tiempo ha ido obligando a replegarse... Todo me recuerda a este Capone, y creo que se parecen más entre ellos que cualquiera de ellos al verdadero Al Capone, como en esas caricaturas de periódico que empiezan a tomar prestados elementos unos de otros y al final las caricaturas dependen más de las otras caricaturas que de la realidad. Pues igual.


Nota: 7,5. La película se autolimita un poco con su forma de ser, pero es una película muy recomendable, entretenida y vistosa y la música, la dirección y el reparto están muy bien. El guión tiene sus cosillas, pero Los intocables de Eliot Ness, pese a todo, es una película que mantienen a uno pegado a la pantalla como pocas.