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lunes, 26 de septiembre de 2011

La vida privada de Sherlock Holmes - Billy Wilder


El maestro Billy Wilder dejó en 1970 su versión de Sherlock Holmes para disfrute del mundo. Al parecer él tenía otra idea, una película de 3 horas sobre la psique y el alma del famoso detective, pero a los productores no les gustó mucho la idea y le sacudieron unos cuantos tijeretazos, según puede leerse en Blog de cine. Wilder, y esto se nota claramente en la película que se publicó finalmente —aunque seguramente se advirtiese mejor siguiendo el guión original— intenta ir más allá del personaje del escocés sir Arthur Conan Doyle, intenta mostrarnos al ser humano que hay debajo de la figura glorificada y hecha, de algún modo, heroica. Wilder quería mostrar al ser humano subyacente. A pesar de todo, la película sigue teniendo un tono más intimista de lo normal en los acercamientos a la figura del detective inglés que a mí, personalmente, me ha encantado; ¡una lástima que no le dejasen hacer las cosas como quería! Realmente me habría encantado verla.



La película empieza 50 años después de la muerte del doctor Watson, momento en que se autoriza a sus herederos a abrir el baúl que contiene la última historia inédita de Sherlock Holmes.

Esta historia, por supuesto, es ese relato humanizado, esa encarnación del personaje que sin renunciar al mito nos presenta algo más, a alguien más cercano que puede ser vencido, que puede ser superado, por algo tan universal como el amor. Y es que Wilder tratará el amor, el drama, la comedia y la investigación en una proporción que, aunque rara, resulta completamente arrolladora.

A esto ayuda, sin ninguna duda el tremendo trabajo de los actores. Robert Stephens (Sherlock) es realmente memorable, con su rostro impasible, su mirada fría y su actitud flemática; Colin Blakely (Watson) resulta ser otro actor de lujo, aunque su personaje es un poco payasete-alivio cómico para mi gusto —tengo una idea algo más seria sobre él, y esta encarnación me desagradó ligeramente—;  Christopher Lee, Tamara Toumanova y Geneviève Page interpretan a unos magníficos Mycroft Holmes , madame Petrova y Gabrielle Valladon respectivamente.

«¿No sería irónico que el último caso de Sherlock Holmes fuese un caso de neumonía?»

El argumento de la película me pareció magníficamente bien llevado. El guión, de Wilder y su recurrente I.A.L. Diamond,  lo iba envolviendo todo cuidadosa y cariñosamente de pequeños misterios, intrigas y sorpresas —hay quien dice que vio un desarrollo completamente predecible, lo cierto es que no fue mi caso ni el de Laura— mientras siguen profundizando en la figura del señor Holmes. El ritmo es bastante intenso, no precipitado ni veloz, pero sí intenso. No aburre ni se ralentiza en vano, la película avanza al ritmo al que la obliga la historia, lo que unido a los brillantes diálogos que mantienen los personajes es una razón más que suficiente para mantener al espectador absolutamente absorto, expectante, mientras en pantalla se suceden los hechos.



Un magnífico vestuario —es que la moda en los varones pasó de ser súper molona a cutre, por mucho que a día de hoy sea más cómoda—  muy de la época que retrata dignifica a Holmes y Watson, aunque se ven absorbidos en pantalla cuando Geniève Valladon conquista la pantalla. Es imposible no mirarla a ella y a sus complicados ropajes.`



El maquillaje, cumplidor con todos ellos, destaca en Holmes. Aunque a Laulau no le haya gustado nada porque lo hace parecer un muerto , a mí me pareció muy apropiado para el personaje, un tipo al que yo me imagino bastante introvertido, refugiado siempre en su casa o en su laboratorio salvo cuando la intriga de un nuevo caso lo saca de su hastío vital, de su violín y su introspección y ancla intelectual. Ese color tan blanco lo deshumaniza, lo hace ajeno; tal como es realmente Sherlock, por mucho que Wilder grite a los cuatro vientos en la película que, en el fondo, Holmes es un hombre, un ser humano, y vive y siente como todos.

Escenas para recordar:
—Todo lo sucedido en el ballet ruso, con especial mención para el baile de Watson y la negativa sexual de Holmes.
—El prado en Escocia, es tan visualmente hermoso que es imposible no destacarlo.
El magnífico diálogo sobre la presunción de Watson sobre la sexualidad de Holmes (de hecho, muchas de las discusiones entre estos dos personajes son gloriosas).
La visita de la reina al submarino (que bien me recordó Juampa que debía destacar, porque es muy, muy divertida)


Nota: 9. La película es todo cuanto puede ser cualquier otra película de Sherlock Holmes, pero es algo más. Una lástima de recortes de la productora, supongo, porque me habría gustado disfrutar de todo el esplendor posible esta vez. Genial.


Otras películas de Billy Wilder:
Primera Plana. Nota: 6.
Uno, dos, tres. Nota: 9.
El apartamento. Nota: 8. (Insisto en que no comparto esta opinión, ¡El apartamento es de 10!)

Otras versiones de Sherlock Holmes:
Sherlock Holmes, de Guy Ritchie.
Sherlock, de la BBC.

¿Alguno la ha visto? ¿No adoráis al maestro Wilder?