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viernes, 16 de septiembre de 2011

Las aventuras de Rocambole, Los dramas de París - P.A. Ponson du Terrail

Es este un libro extraño. Muy extraño, incluso. Llegó a mis manos por recomendación (y entrega, de hecho) de Lucía y me avisó de que era raro. Temí por mi integridad emocional, los libros que me deja son todos raros, la mayoría me gustan, sí, pero son raros; ¿cómo podría ser uno sobre el que me preadvertía?



Pues la verdad es que Los dramas de París es muy raro. Enrevesado, retorcido hasta la enfermedad, increíble, absurdo, brutal, vil... Las aventuras de Rocambole (de donde sale la palabra “rocambolesco”, que wordreference define como: “audaz, apasionante, espectacular e inverosímil”) son, realmente, asombrosas, impredecibles y absolutamente fantásticas.

Coincidió, he de decirlo, que cogí el libro en semanas de leer poco (en esas dos semanas que volví a Vigo tras mi primer periplo albaceteño) así que tardé bastante en terminarlo, pero cada vez que cogía el libro era un verdadero placer recorrer sus páginas y sumergirme en ese mundo de suciedad, traiciones, ruindad y absoluta miseria humana al que nos transporta Pierre Alexis Ponson du Terrail.

Es difícil decir de qué va esta obra, pero haré el esfuerzo; no sin antes advertiros de que no debéis leer la sinopsis de la contraportada, especialmente si se trata de la edición de Byblos, en la que nos relatan el destino del personaje que da nombre más allá del mismo libro, metiéndose en su segunda parte (¡qué gran sinopsis, chicos, así se hace!). Los dramas de París va de que el conde Armando de Kergaz es un hombre muy, muy bueno, que de tan bueno raya la estupidez, y tiene un hermanastro que es muy, muy malo que se llama Andrés y cuyo gran sueño es vengarse de Armando por haberse quedado con todo. La gracia del libro no es esta confrontación absolutamente arquetípica entre dos polos, la gracia está en todo el abanico de secundarios y en cómo van moviendo sus pequeñas piezas de este complicado (y rocambolesco) tablero de ajedrez mientras se van desvelando y resolviendo las tramas. La verdad es que Ponson du Terrail no deja títere con cabeza, porque (Armando aparte) menuda panda de hijosputa que son todos.

De eso va. ¿Y qué pinta Rocambole en esto? Pues Rocambole, aunque no aparece hasta ¼ de la novela es un jovenzuelo bastante aprovechado, dicharachero y cabroncete que se une a Andrés y se convierte en su mano derecha. Y si queréis saber más, deberíais leer el libro (o la sinosis de Byblos, vaya).

Hay que tener en cuenta que estos relatos se escribieron a mediados del s. XIX y que el tiempo pesa en las formas, que pueden resultar algo lentas o pesadas (cada vez apreciamos más el ritmo); pero el fondo de Los dramas de París no es lento en absoluto. Son dos relatos muy rápidos, trepidantes y que mantienen muy bien la tensión a través del velo de intrigas y podredumbre moral que lo contamina todo.

A título personal no puedo evitar destacar el sinfín de ocasiones en que habría estrangulado personalmente al inocente y estúpido Armando de Kergaz. Su falta de extrapolación y capacidad de cálculo me agobiaban, menos mal que Baccarat es un personaje infinitamente más despierto, porque mal futuro les auguraba a todos como dependieran de petimetres como el conde.


Baccarat, de hecho, es uno de los personajes que más me han gustado. La evolución es un poco forzada (como todo en este libro), pero me parece un personaje fuerte, poderoso y temible. La verdadera Mano del Bien, cuando al fin se decide a serlo. Entre tanta hipocresía, como la de Fernando sin ir más lejos, la capacidad de Baccarat para decidir algo y llevarlo a cabo es realmente loable. Aunque cabe también citar aquí al conde Artoff, que aun apareciendo solo la última parte del libro, me pareció un hombre encantador.
Y eso es Los dramas de París, un canto a la hipocresía, a la traición y a la mentira; casi una puesta en claro sobre una visión muy pesimista de las cosas. Si acaso es cierto que los autores se basan en ideas propias planteadas de uno u otro modo, Ponson du Terrail debía de ser un tipo realmente despreciable. ¡Qué capacidad para retorcer y envilecer las cosas!


Nota: 8,5. Los dramas de París es un grandísimo libro, divertido, interesante y fantásticamente narrado. ¡Absolutamente recomendado! ¡Gracias, Lu!