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miércoles, 7 de septiembre de 2011

The Saboteur - Pandemic

The Saboteur llegó a mis manos como casi todos los videojuegos... casi por puro azar, y la verdad es que esa mezcla de Grand Theft Auto y Assassins Creed ambientada en la Segunda Guerra Mundial me ha encantado.


Desde el mismo principio la ambientación resulta increíble. El blanco y negro, el humo de los pitillos, el cabaret y las conversaciones entre bailarinas en bragas ante un montón de nazis... grande.  Así, en la piel de Sean Devlin, un mecánico y piloto de carreras irlandés que planea una venganza personal contra un alemán indeseable llamado Dierke. Así, sus intereses personales, los de la Resistencia francesa y los del SOE británico se unen en una espiral de muerte, destrucción y liberación.

La historia tiene un arranque genial, aunque lo cierto es que va perdiendo fuelle con el tiempo, pero es sustentada por algunos de los recursos del juego, que son realmente fantásticos. A mí me conquistó el hecho de que en inicio fuese casi por completo en blanco y negro, sacando el rojo de los brazaletes y banderas nazis y de la sangre, el amarillo naranjoso del fuego de los pitillos, los ojos azules de Skylar y poco más. Cosas sueltas, como en Sin City o como el vestido rojo de la grandísima La lista de Schindler. Sin embargo, cuando se termina la misión de fin de arco de un barrio, el color vuelve a él. Solo a ese barrio. Allí, en todas las zonas en color, la Resistencia es más fuerte y los nazis ejercen una presión menor. Este detalle me encantó, la verdad. Es cierto que las misiones 'liberadoras de zona' tienden a ser largas, pero también tienen una recompensa adicional a la compensación económica.

Las voces —en inglés, eso sí, el juego no está traducido salvo el manual y la caja— de exagerados acentos, a los que se unen el detalladísimo París y la posibilidad de recorrer sus edificios emblemáticos en o fuera de misión, son de lo más atractivo del juego, que se hace muy bonito y disfrutable. En realidad no aporta una gran originalidad en cuanto a jugabilidad —casi toda sacada de los Grand Theft Auto para los coches y de los Assassins para el movimiento a pie, especialmente cuando nos ponemos a trepar fachadas— y, desde luego, tampoco lo hace en cuanto a argumento, que es tópico, manido y bastante previsible, pero, en serio, ¡qué bonito y elegante es visualmente!

Por lo demás el juego nos ofrece ambiente barriobajero, carreras clandestinas, coches, coches, mujeres, coches, armas, explosiones y la satisfacción de matar nazis (que siempre es un plus) entre una música que, por momentos, es sencillamente de lujo y con el siempre bonito escenario de la ciudad de las luces, el romance y ese armatoste metálico que es la Torre Eiffel y que se ve, prácticamente, desde cualquier punto del enorme mapeado.

I'm feeling good (clásico de principios de los 60, no importa que el juego se desarrolle 15 años antes):

L'homme que j'adore:

La banda sonora incluye también temas como Caravan y Somebody Nobody Loves de Ella Fitzgerald, Dance me to the end of love, escrita por Leonard Cohen y unas 20 más que no me resultan tan conocidas.

«In this city nobody drinks alone.»

Si no os gustan los juegos de tiros, ni los de coches urbanos, ni os gusta que haya tetas y tacos en un juego, huid de él como de la peste; si os gustan los ambientes sórdidos, luchar contra el fascismo y las tetas... es vuestro juego. The Saboteur peca de lo mismo que la mayoría de juegos de aventuras que salen últimamente y es que resulta limitado para su duración. Puedes hacer una serie de cosas y cuando van pasando las horas parece que esas cosas ya no son suficientes y esto es, desde luego, lo que más le ahoga.


Nota: 7,5. Un juego más que recomendable muy injustamente tratado por Electronic Arts. Sin doblar... bueno, ¿pero sin traducir los subtítulos? Pensé que no volvería a ver tal cosa en un juego que llegase a España, ya veis.