Google+

jueves, 16 de diciembre de 2010

Con faldas y a lo loco - Billy Wilder

Fue un buen rato. ¿Qué más puedo decir? No me pareció que fuese una peli merecedora de todos esos dieces que se le adjudican —diría que por costumbre y porque "algo tan viejo y conocido no puede ser malo. ¡De ningún modo!"—, pero sí fue una película entretenida, divertida y bien contada.



En los años 20, dos músicos (Tony Curtis y Jack Lemon) presencian un trágico tiroteo y se ven obligados —bueno, obligados no... siempre podrían quedarse a morir honorablemente— a huir del lugar y adoptar el papel de dos mujeres, una violoncelista y una saxofonista en una orquesta. Allí conocen a la señorita Kowalczyk —si está mal escrito, lo lamento, de hecho lo he copipegado de IMDB para ahorrarme en salud—, una radiante y seductoramente vestida Marilyn Monroe, parte de dicha orquesta y empiezan a intentar camelarla... desde su femenina tapadera, mientras son seguidos por los mafiosos que los quieren ver muertos.

Los actores bordan sus papeles, el vestuario de Kowalczyk es sencillamente delicioso (valió un oscar, por lo que he leído). La voz de Monroe es, cantando, tan deliciosa como cabía suponer y algunos de los diálogos son absolutamente hilarantes. El más conocido es, desde luego, el de la secuencia final, a la que me referiré como el momento «bueno... nadie es perfecto»; aunque creo que me cautivó más el gag de presumido galán millonario en el que se habla del waterpolo:
«—Trofeos. Ya sabes, tiro al plato, crianza de perros, water-polo.
—¿No es peligroso eso del water-polo?
—Vaya si lo es. Ya se me han ahogado dos caballos.»
La magnífica actuación, increíble vestuario y el toque añejo colaboran con una preciosa banda sonora que nos ameniza la historia, que no es especialmente grande en sí misma. Esta no es una película de fondo, es una película de forma; y la forma es muy divertida, moderadamente rápida y con toquecillos de humor absurdo salpicando el lienzo.

Nota: 7. Una película divertida, con buenos actores y un factor visual muy cuidado. Un guión, por momentos hilarante, aunque el argumento sea un poco —en mi opinión— aburrido y falto de interés.