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jueves, 26 de enero de 2012

Sherlock (2ª temporada) - BBC, Mark Gatiss, Steven Moffat

La segunda temporada de Sherlock, la versión contemporaneizada y frikizada del archiconocido detective inglés, ha concluido. El resultado queda expuesto para descuartizamiento y festín de espectadores varios e internautas.


Algunos ya lo saben, pues comenté mi escepticismo al respecto en Facebook, y es que esta temporada, a decir verdad, no me ha gustado especialmente. Los ingredientes de la serie están ahí, es cierto: el investigador friki y un poco enfermo, extravagante y fácilmente exasperable, indiferentemente hostil y, por momentos, algo sádico; y su fiel compañero, capaz de sentir aprecio hacia él pese a lo inaccesible que resulta; y por supuesto... los casos.

Me centraré sobre todo en el primero porque hizo las delicias de casi todo el mundo y no puedo entenderlo, así que intentaré explicar por qué. Sobre los otros dos hablaré bastante menos.


A Scandal in Belgravia
Este fue el capítulo que levantó al mundo en internet. O algo así. Mis contactos, al menos, se sintieron increíblemente complacidos y se deshicieron en halagos. Quizá esto me afectase ligeramente, no lo sé. El capítulo retoma el momento en que se quedó la primera temporada, ese duelo de miradas con francotirador y paquete de explosivos entre el dúo dinámico y su verdadero archienemigo, el vil Moriarty (de quien ya me quejé por ese deje psicótico payasil que tiene). Y tras ello aparece la señorita Adler, Irene Adler, un personaje que, en mi opinión, se reduce a su morbo. Me esperaba muchísimo de ella, siendo la mujer a la altura de Sherlock o, en palabras del Sherlock de Doyle, sencillamente «la mujer».


Adler aparece en torno al minuto 25 y ya consigue descolocar al fantástico detective. La verdad es que no me gusta el modo. Me parece simplón (y me quedo tan a gusto diciéndolo), pero da lugar a un momento muy gracioso por parte de Watson (que en este capítulo está sembrado, por cierto).

Tiene unos cuantos guiños que me gustaron mucho. Por ejemplo, el momento en que van a salir ante la masa de periodistas hiperestimulados y entonces Sherlock decide que se taparán con lo que tiene a mano, el sombrero de caza que la televisión estandarizó para el personaje. Y en ese momento, de hecho, como titular de un periódico se puede leer: «Hat-man and Robin. The web detectives». Genial, vaya.

Escenas favoritas:
—La mano de Irene Adler recorriendo la fotografía de Sherlock. Las uñas rojas. La música. La fusta. Increíble.
—El momento cuando Watson ve a Sherlock en bata en el Palacio de Buckingham. Qué rostro tan expresivo tiene Martin Freeman cuando quiere.
—Sherlock drogado; que merece destacarse solo por la fluidez de la escena. Pero qué trabajo tiene esta serie detrás. ¡Buf!
Momentos para el olvido:
—El de la caja fuerte. Oh, dioses, lo odio. Entero. Segundo a segundo. ¿Y el final? Me produce arcadas.
—Todo el tema de la contraseña. En mi opinión un fail tras otro. El final... sencillamente olvidable. En serio.
—Las escenas con Molly. Normalmente me quejo de que personajes masculinos se super obsesione con una petarda; no iba a ser menos en el caso contrario. Molly, mujer, puedes aspirar a más que a un robot marciano como Sherlock.
Que la corderita necesite ser salvada. ¿En serio? Sencillamente horrible. Que estás a la altura de Sherlock, hombre, no necesita un príncipe a lomos de un caballo blanco. Ni siquiera de uno con cimitarra.


The Hounds of Baskerville
Este capítulo es un peñazo. El tratamiento visual, eso sí, es tan bueno como siempre. La intriga está ahí de fondo, supongo; pero es que ni siquiera tuve ganas de descubrir qué pasaba en realidad. Lo descubrí claro, pero casi sintiéndome obligado. Supongo que si cada capítulo de la serie durase 40 minutos y no 90, la sensación podría haber sido distinta; pero ni el capítulo me enganchaba, ni la historia militaroide de fondo me parecía interesante.


No sé cómo traducirán este capítulo, pero como me comentaba una amiga por FB, los que vayan a traer la serie a España se van a acordar de las gloriosas madres de los guionistas.

Quizá con un mejor ritmo o con una historia más evocadora (o más enfocada desde el principio, porque personalmente me quedé con la sensación de que solo me daban una serie de giros argumentales algo repentinos) el capítulo podría haberme gustado bastante más.


The Reichenbach Fall
En mi opinión este ha sido, con mucho, el mejor capítulo de la temporada. Para empezar, el inicio de alguna manera fuerza al espectador a ponerse en situación. Y si la BBC se hubiese permitido esperar un poco más a renovar la serie, podría haber sido la leche, la verdad (bueno, y si no se conocía, como en mi caso, la historia de la novela, supongo; es un texto que debería seguir leyendo algún día).

«Estoy aquí porque... Sherl... mi mejor amigo, Sherlock Holmes... está muerto.»

Este es el capítulo que muestra el genio de Moriarty y cómo la lía en un momento a ritmo de música clásica.

La pieza es esta, la overtura de «La gazza ladra» de Rossini (el fragmento utilizado empieza en torno a 4:30).
Es una escena elegante, fantásticamente grabada como siempre y que juega (de forma bastante exagerada con la tecnología), aunque ¿qué importa cuando el resultado es este? Una delicia. Qué bien se le da este personaje de Moriarty a Andrew Scott. El resto del capítulo se presenta bajo la grave voz de Nina Simone y su Sinner man.
¿Problemas del capítulo? La periodista. Lo siento, pero a alguien de este equipo no se le dan bien los personajes femeninos. Qué infumable, por favor.


El desarrollo del capítulo, eso sí, es excelente. Cómo Moriarty lo va retorciendo todo, cómo consigue que el medio envuelva y asfixie a Sherlock como un higo estrangulador... Este, señores, es un capítulo imprescindible y, por sí solo, una razón para ver la serie. Y no quiero hablar más de él. Descubrid el resto porque merece la pena.




La dirección y el apartado artístico de la serie, como siempre, es increíble. Supongo que por eso no me importó demasiado la ligera decepción del primero y el considerable hastío del segundo; la serie es digna de verse solo por sus virtudes técnicas. No se graba como si fuese una serie, sino para deleitar. Es un regalo, es una película. Las luces, el retrato de Londres, la nitidez (Sherlock gana infinito en HD), el reparto, el vestuario, los decorados, los exteriores... un placer. Como siempre.

¿La música? He de destacar, esto sí, el uso tan interesante que se hace de ella en A Scandal in Belgravia, los cambios acompañan a la escena con una fluidez casi inquietante. La verdad es que me parece que lo han controlado a la perfección. En los demás, por supuesto, y como en la primera temporada —abuso del tema principal aparte— está muy bien de todos modos.

El reparto: aunque Cumberbatch ya me parecía un actor increíble para este personaje, por su rostro inhumano y su capacidad para mostrar una fría indiferencia casi inasumible, aunque Freeman es un tipo divertido y ultraexpresivo (que seguro que consigue un gran Bilbo), aunque Andrew Scott tenga un personaje súper exagerado y se le dé (de algún modo chillón que a mí no me gusta) bien; mi favorito es Mark Gatiss, que encarna a Mycroft. Este hombre es carisma puro. Su forma de gesticular y de hablar, su sonrisa casi de político. Tengo que seguirle más la pista, me parece a mí.


Nota: 7. El último capítulo merece mucho la pena. El primero tiene puntos interesantes pero creo que se pierde un poco en lo que quiere contar. ¿El segundo? No, no hay segundo. Habéis oído mal.

Otras entradas que pueden interesaros:
Sherlock, primera temporada de la serie de la BBC.
Sherlock Holmes de Guy Ritchie.
Aventuras de Sherlock Holmes de Conan Doyle.
La vida privada de Sherlock Holmes de Billy Wilder.