Black Mirror - Channel 4, Charlie Brooker

Esta serie ha sido la sorpresa del otoño. Los ingleses, siempre tan peculiares, lanzaban un ataque en formato televisivo contra mil cosas, relacionadas directa o indirectamente con las nuevas tecnologías.


Black Mirror, creada por Charlie Brooker (creador también de Dead Set), consta de 3 (¿capítulos?) películas —creo que hablar de capítulos cuando no comparten reparto, ni dirección, ni duración, ni nada; es un poco injusto— completamente independientes, todos situados en un tiempo o una realidad que no es exactamente la nuestra, pero que resulta terriblemente cercana en todo momento a poco que uno interprete la metáfora.


The national anthem - Otto Bathurst

La princesa Susannah, un miembro muy bien considerado de la Casa Real, es secuestrada. El secuestrador sube un vídeo en el que se la ve a ella atada con el rostro cubierto de lágrimas leyendo las condiciones de su puesta en libertad. No hay rescate, la condición es que el primer ministro, Michael Callow debe aparecer en todas las cadenas del país a una determinada hora manteniendo relaciones sexuales con un cerdo.


Como en otras series inglesas recientes, lo primero que sorprende de Black Mirror es la increíble calidad visual de la que hace gala. Black Mirror, como Sherlock, parecen películas costosas en su preciosista tratamiento de la imagen. Un aplauso para Jake Polonsky y su fotografía; así como para el guión de Brooker. El reparto de The national anthem es realmente fantástico, lo que ayuda a mantener la tensión y la angustia sobre los hechos que acontecen.

Admito que el tema me produjo repulsa. Era, sin duda, la intención de la serie; pero se hace difícil de ver pese a lo bien medida y guiada que está la tensión. Una obra de orfebrería quizá difícil de disfrutar en el momento, pero tanto mejor cuando más la recordamos.


15 million merits - Euros Lyn

Parece que internet adelante se considera que 15 million merits es el peor de los capítulos de Black Mirror. A mí me parece que es menos tenso que el primero, que carece de la brutal fuerza dramática de su reparto y que el ambiente, a pesar de que la metáfora es bastante cercana, reduce el sentimiento de proximidad que, en cambio, da alas al primer capítulo. No obstante, es probablemente el único que sé que volveré a ver.


Supongo que 15 million merits nos lleva a un alternativo futuro cercano. La gente vive en cubículos, conectados permanentemente a la programación televisiva personalizada. Los aptos pedalean para producir energía y mantener activo el sistema, los no aptos cumplen otras funciones de mantenimiento; y los destacados pueden aspirar a algo más: presentadores de televisión, músicos, etc. El protagonista, en este caso, es un chico negro que se enamora de una jovencita con talento musical a la que decide ayudar a cumplir su sueño.

Black Mirror no es una serie alegre, así que os podéis olvidar de pajaritos, canciones y alegría. Charlie Brooker, de nuevo guionista, crea un distópico escenario a caballo entre el mundo real y un mundo digital en el que todo y nada es real a la vez. El final, aunque el monólogo que da lugar a él me parece casi perfecto, me resulta un poco insulso.


The entire history of you - Brian Welsh

Este último capítulo plantea la existencia de una tecnología que graba todo lo que uno ve y oye y cómo puede afectar a la vida de las personas: cómo se reúnen para compartir bellas estampas, cómo pueden verse acosados por un pasado que no han borrado... o cómo se pueden volver unos paranoicos.


Este es el capítulo que menos me ha gustado. Reconozco que es bueno, que conste; pero no me gusta. Me aburre. Odio al protagonista, que me parece un personaje demasiado exagerado e insulso. Cómo se refleja la tecnología en cuestión, es cierto, es una pasada; cómo se toma por normal acceder tan profundamente a la intimidad de una persona o cómo se pueden repasar una y otra vez los mismos detalles en busca de una pista para resolver un dilema.

Pero no me parece suficiente. Para empezar, este me parece el menos original de los tres capítulos; y el menos provocador. No sé ni a qué se debió. Creo que el guión de Jesse Armstrong carece de soltura, la idea está bien, pero le falta algo y los personajes son un poco previsibles. Este tal vez sea el capítulo que más permanece en pie gracias a su dirección y su fotografía. En cualquier caso, concluye una miniserie que, sin duda, ha sido de lo mejorcito del año.


Nota: 8,5. Una serie de tres capítulos que deberíais tomar la molestia de ver. Espectacular, atrevida y muy crítica. ¡Y muy bien hecha!

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