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martes, 10 de enero de 2012

Master and commander: the far side of the world - Peter Weir


Creo que esta peli no la vi por prejuicios propios. Todos tenemos prejuicios y a mí el cine de machotes peleándose, me ralla un poco. Me gusta a veces, es verdad, pero en general lo prefiero en un tono más humorístico, y es que si se pone el tráiler de Master and commander en un alambique, seguramente destile testosterona pura.




Siento decir que, en mi opinión, el tráiler no es demasiado adecuado para la película que finalmente tendremos entre manos si nos decidimos a verla. Master and commander dura dos horas y cuarto y, a decir verdad, tiene un ritmo tirando a lento. Pero es que todo en ella es épico. Absolutamente todo. El capitán Jack Aubrey (Russell Crowe) de la Surprise navega por aguas del Océano Atlántico cuando es atacado por una nave francesa muy superior, la Acheron. El resultado de esta contienda es... desastroso para el navío inglés, pero en un arranque de orgullo (sí, de orgullo y apenas disimulado) y sin tener muy en cuenta el estado del barco propio, el capitán Aubrey, al que apodan Lucky (afortunado), decide emprender una alocada persecución a través de lo que queda de Atlántico y del Pacífico en pos de la Acheron.


Admito que a esta película el HD 1080, probablemente, le haya sentido especialmente bien. Fue el disco que desvirgó el rayo azul de nuestro nuevo reproductor (el resto de mis películas en espera las tenía, evidentemente, en DVD) y poder disfrutar de la increíble nitidez de este formato, de las gotículas de agua reventando contra el casco, de las astillas y el metal, de las sombras recortadas contra las velas a contraluz y de las magníficas escenas de combate, fue un verdadero gustazo.

Peter Weir que hace un alarde de dirección y de coordinación de equipos —no quiero saber cuánta gente tuvo que estar involucrada en la escenografía de esta película— saca un gran partido a unos personajes claros pero lleno de matices. La historia es la que es, la asombrosa cruzada de una nave maltrecha a través de las violentas inclemencias del tiempo y de la amenazadora presencia de su siempre temida enemiga la Acheron.

Aunque puede notarse cierto mimo especial en los combates navales, y es que de puro espectáculo no son para menos. El sonido se mide a la perfección para que los gritos sean notorios pero no desagradables, y el estruendo de los cañones tiene el punto perfecto para impresionar sin necesidad de ensordecer. Si unimos esto a la fantástica banda sonora, y no hablo solo de BoccheriniMozart y Bach, y las piezas para cuerda que interpretan Aubrey y su amigo el doctor Maturin. Una delicia toda ella.


Los personajes principales son Aubrey y Maturin. Son bastante complementarios y, aunque de concepción sencilla, la película se ocupa de darles matices para que parezcan más humanos, más difusos. Aubrey es un hombre orgulloso e implacable, tierno con los niños e poco dado a disculpar la insubordinación. Por mínima que sea. Cree en la dictadura del miedo y en el gobierno de la fuerza, pero, calmado, es un hombre capaz e inteligente. Y si Aubrey es la fuerza, Maturin es la razón. El científico y médico de abordo, fantásticamente interpretado por un sobrio pero muy solvente Paul Bettany es el contrapunto que necesita Aubrey, es la voz de la cordura y el único que se puede permitirse ser crítico con el capitán de la nave. Aunque sea en calidad de amigo y no de tripulante.

«Esa es la excusa de todos los dictadores de la historia, desde Nerón hasta Bonaparte.»


Entre los personajes secundarios, que los hay muy buenos (como el dentista y el guardiamarina Hollom) voy a destacar a uno de los niños, Blakeney en concreto, interpretado por Max Pirkis (Octavio niño en la serie Roma, otra obra de la que deberíais tomar nota si no la habéis visto ya). Pirkis consigue a un personaje sufrido y encantador a partes iguales, con el punto de adorabilidad justa para no caer en la ñoñería; posibilidad que se retira violentamente desde el principio. La vida en el mar es durilla, ¿o no, Blakeney?


A lo largo de sus poco más de dos horas, Master and commander combina escenas muy tensas con momentos de calma (chicha), momentos de absoluto parón que llegan a resultar algo opresivos (especial mención para los largos días de Sol, para la mala racha de cielos secos y despejados). Añade también una preciosa escena en las islas Galápagos bajo el sonido de unos cellos de Bach que, simplemente por lucir ese incomparable paisaje con esa música, se merece su aparición en la película. Soy consciente de que otras personas pueden haber pensado que dos minutos de ver bichos y rocas son algo impermisible, pero para mí fue un gustazo. Junto a las escenas sobre supersticiones de la marinería, a la de los catalejos avistándose mutuamente y a los maravillosos combates navales, es una de mis favoritas.


Curiosidades:
—Fue la primera película que grabó una escena realmente en las islas Galápagos.
—Las iguanas que se enseñan, no obstante, son iguanas absolutamente normales de la baja California. Iguanas pintadas de negro. Sin comentarios.
—Russell Crowe aprendió a tocar el violín para la película porque no quería que resultase falso y estúpido tocando.
—La producción de esta película, de 150 millones de dólares, involucró a 3 grandes estudios.

Premios:
—Oscar: mejor fotografía y sonido.
—BAFTA: vestuario, diseño de producción, sonido y premio David Lean a la dirección.


Nota: 8,5. Master and commander es una de las pocas superproducciones que me han caído en gracia. Han cuidado mucho los detalles y consiguen contar una historia épica sin caer en el absurdo, y consigue resultar tierna sin ser aborrecible, y consigue ser explícita sin producir náuseas. Un trabajo fantástico. Pena para el señor Weir, que vio los premios que cualquier otro año habría obtenido sin problemas, mermados por la conclusión de El Señor de los Anillos de Peter Jackson.


¡Gracias, Diego, por la película!