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miércoles, 23 de febrero de 2011

Session 9 - Brad Anderson

Session 9 es una película de intriga y ¿terror? cuya cabeza de cartel es el odioso Horatio de CSI, aunque con un papel mucho menos vomitivo. Se ve que Caruso sabe hacer de otros arquetipos de gente más soportable.



El argumento es más o menos sencillo en su concepto, aunque se juega al engaño y a la trampa para confundir al espectador. En resumidas cuentas podríamos decir que la película trata de unos tipos que van a retirar los residuos asbésticos (de amianto) de un edificio enorme, tétrico y abandonado; el hospital psiquiátrico de Danvers. Y con el paso de los días, se van viendo arrastrados por el aire tétrico, inquietante y paranoico del lugar.

Esta película tiene una gran baza a favor: Brad Anderson (quien ha dirigido 9 capítulos de Fringe, 1 de Boardwalk empire, 1 de Treme, 1 de The Shield y El maquinista, entre otras) cosas. Lo cierto es que la película parece ligeramente falta de medios, parece grabada para la televisión; tiene algo en cómo se mueve la imagen... —¿el número de fotogramas tal vez?— y en la sonoridad de las voces que no se corresponde con lo que el cine nos tiene acostumbrados. El resto del trabajo visual es delicioso: los cambios de plano entre personajes, extraños y casi alienantes, confusos, caóticos, que hacen dudar de lo que uno está viendo, sobre todo una vez rodeado de las desconchadas paredes, en los opresivos y estechos pasillos del hospital abandonado y las salas amplias en exceso y tan vacías que parecen la pesadilla de un agorafóbico. ¿Es realmente así o la rareza de los planos intenta decirnos algo? Esto es de lo que más contribuye al caos del espectador, a la duda sobre las identidades de la gente que tenemos en la casa. Por si fuera poco, una música igualmente inquietante, tétrica, llena de contrapuntos arrítmicos estremecedores; ayuda a esa sensación de presenciar una confabulación, de presenciar el engaño que el director quiere que nos comamos sin aperitivo previo. Así, lo extraño del movimiento se suma a lo enrevesado de los planos, mientras lo inquietante de la música lo envuelve toda con sus brazos.

El reparto cumple, aunque en mi opinión no destaca especialmente. La historia tiene un buen desarrollo hasta cerca del final, cuando la trama empieza a retorcerse en exceso y crea una sensación de trampa, de engaño manifiesto; una sensación ligeramente decepcionante que es con la que, de un modo u otro, se queda el espectador cuando caen los créditos.

Nota: 6,5. La película cumple, el reparto se defiende, la música está bien y, aunque el final sea un poco decepcionante y deje un regusto agridulce, el trabajo de Anderson lo comprensa de sobra.