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lunes, 28 de febrero de 2011

Las vidas posibles de Mr. Nobody - Jaco Von Dormael

En gris, como siempre, spoilers.


Las posibles vidas de Mr. Nobody es una extraña, evocadora e interesante película del director Belga Jaco Von Dormael, en la que el protagonista, el señor Nobody (Jared Leto, el cantante y guitarrista rítmico de 30 Seconds to Mars), el último mortal de una humanidad que ya ha alcanzado científicamente la inmortalidad, se está muriendo, siendo la primicia de este mundo de inmortales, por lo que la prensa va a entrevistarlo y este cuenta su vida. Sus vidas. O sus sueños. Algo, a gusto del espectador.



El señor Nobody nos cuenta una historia de pequeños cambios, de decisiones, de cómo habría vivido si hubiera tomado un camino u otro, construyendo una serie de senderos a través del jardín de Destino.

Las posibles vidas de Mr. Nobody es... muy subjetiva. ¿Qué nos cuenta? Es difícil de decir. Sólo se pueden establecer hipótesis, ya que hay muchos —demasiados— ganchos con los que construir la historia, con los que escoger nuestra interpretación favorita. A mí, la verdad, es que me gusta la más realista. El señor Nobody es un hombre muy mayor y ya se ha imaginado los hechos tantas veces que confunde la realidad, que confunde qué pasó con qué pensó. Por eso el caos, tan patente para el periodista que le hace la entrevista como para el mismo espectador. No obstante, con la historia de los ángeles y el borrado de recuerdos, uno podría pensar que el señor Nobody ha vivido «de verdad» todas esas vidas y que las cuenta todas, porque el ángel no le ha borrado los recuerdos, no le ha marcado sobre los labios.

Quizá esta sea una interpretación más hermosa, pero opino que la película es lo suficientemente hermosa como para que no haya que echarle más especias al asunto. ¿Qué hacer hermosa a esta película? Casi podríamos preguntarnos qué no lo hace: una banda sonora fantásticamente escogida en la que destacan Everyday, Mr. Sandman y 99 Luftballons y con una música de ambientación muy francesa, una sonoridad festiva y alegre y simple, con guitarra o piano solos —o casi—, sin sobrecargados ornamentos; una iluminación exagerada que, a veces, nos da una sobreexposición artificialmente bella; los decorados; el maquillaje —con especial mención para el de Nobody con 117 años— y, por supuesto, las secuencias, algunas de las cuales, como la de las dos motos —quienes la visteis sabréis a cuál me refiero—, el cielo —en la que cuenta lo de los ángeles y da pie a la interpretación más... adorable de la peli— o la de los padres que se da a continuación, son geniales, cada una en su estilo. Preciosa, preciosa, toda la peli tiene ese toque bonito y encantador. ¡Mágica!

Nota: 8,5. Una buena historia muy bien llevada. Un control excelente de cómo algo puede ser bonito sin que su azúcar nos provoque diabetes, y una música y una imagen impecables. Una pequeña maravilla de 125 minutos que no deberíais dejar pasar.