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domingo, 6 de febrero de 2011

Shutter Island - Martin Scorsese

Shutter Island, de un fantástico y cautivador Martin Scorsese, que consigue llevar al espectador por donde le da la real gana, es una entretenida e interesante película de suspense en un escenario tétrico y sobrecargado de formas y colores.






Año 1954. En una isla-psiquiátrico Edward Daniels (Leonardo DiCaprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) son enviados a investigar la desaparición de una asesina trastornada.






Audiovisualmente, la película es muy espectacular. La imagen es hermosa y tranquila. Cuidadísimos los colores, el sonido de fondo, la música, los decorados... la iluminación ayuda a generar parte de la inquietud y la intriga que lo cubre todo, exagerada quizá por una música —que suena, supongo, premeditadamente alta— especialmente ominosa que se va ultraornamentando y haciendo más extraña según avanza la película, con excepción de algunas famosas piezas clásicas. Ya al principio de la película, cuando llegan a la isla, la música llama mucho la atención, con un protagonismo a la par del de la imagen: muy sobrecargada y llamativa, absolutamente inquietante. Parece demasiado extraña una recibida tan sobrecogedora para un inicio, y es una de las cosas que más me han gustado. Esa facilidad de Scorsese para jugar con cosas.


La presentación del doctor John Cawley (Ben Kingsley, al que conocía por su papel como artero villano de Prince of Persia) aclara la situación. A los 15 minutos parece que las bases a partir de las que se desarrollará la película han sido dadas. Sólo queda disfrutar del espectáculo y estar atento a los quiebros y requiebros de la historia.


El resto de las localizaciones de la isla, como el faro o las cuevas mantienen perfectamente el aire de misterio y claustrofobia del hospital. La creciente oscuridad, las goteras, la lluvia, los fallos en la luz eléctrica, las paredes como de búnker, los grifos... todo ayuda aumentar la opresión que el ambiente ejerce sobre los personajes y sobre la historia misma.


Los flashbacks de Daniels, siempre pensando en partículas precipitándose lentamente: polvo, ceniza, hojas, nieve... le añaden a la película un toque onírico, falso y sobreinterpretado que combina a las mil maravillas con unos decorados que, por momentos, parecen falsos y exagerados.


Nota: 8,5. Una gran película, una dirección fantástica, buenas actuaciones, una música excelente y unos recursos narrativos maravillosos, entre los que destaco los giros y contragiros que dejan a uno sin saber a qué atenerse y dispuesto a agarrarse a cualquier clavo suelto.