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miércoles, 2 de febrero de 2011

Hard Candy - David Slade

David Slade, el director de Eclipse  —La de Crepúsculo, sí; según veo ahora mismo en IMDB, ¡toma ya!— presentó en 2005 una película sobre una jovencita de 14 años (aunque la actriz aparenta más, de hecho tenía 16 o 17) que conoce a un fotógrafo majo de 32.

La portada es magnífica, la verdad.


Hayley (Ellen Page) es una jovencita inteligente, culta y mona que conoce a Jeff (Patrick Wilson, más conocido —diría yo— por ser Búho Nocturno segundo, el del grupo protagonista, para entendernos, de Watchmen— en un chat. Sospechando que es un pedófilo se decide a investigarlo y desenmascararlo, razón por la que queda con él.


El inicio de la peli me prometía mucho. No pensaba que fuese a ser ninguna obra maestra, la verdad; pero la fotografía era para darle todos los premios al respecto. Unos escenarios elegantísimos con unos juegos de colores fantásticos, que llaman la atención sin saturar y que resultan brillantes y cautivadores; el magnífico diseño de la casa, lo suficientemente espaciosa como para que la ausencia de objetos permitan al espectador disfrutar de los colores que se muestran en pantalla. Algo que, en mi opinión, ya se insinuaba con una sobria pero elegante cortina de créditos, en la que se juega con las formas del fondo, el negro, el blanco y el color rojo; que, a su vez, serán los colores predominantes de toda la película.

Nuestra loca protagonista.


La escena desenfocada que da paso al verdadero eje de la película está fantásticamente rodada. El uso de la cámara lenta es atractivo, impactante e impecable. La música es bastante horrible, en mi opinión; aunque eso es una constante que se mantendrá hasta el resto de la película. Si la película durase 20 o 25 minutos más, me parecería un fantástico corto de 7 o de 8. Pero no, todavía queda una hora y veinte. Una hora y veinte en la que la situación se mantiene sin apenas alteraciones.

Al principio, el cambio —es de la escena desenfocada— es genial. La locura psicópata de Hayley, la brutalidad de la tortura; los nervios de Jeff, los razonamientos entre ambos; ella buscando culparle, él intentando defenderse... pero se prolonga demasiado tiempo. Tanto que me pasé la segunda mitad de la película presa de un brutal aburrimiento  aunque una de las cosas que más me echó para atrás, concretamente, fue la estupidez de Jeff; quien dispone de varias ocasiones a lo largo de la película para zanjar el asunto, pero las desaprovecha todas ellas, en una muestra, bien de estupidez, bien de masoquismo, incomparable.

Nuestro presunto pederasta dedicado a la fotografía.


Los actores me parecen fantásticos, los dos. Ella es muy convincente, sobre todo en su psicopatía y su actitud nerviosa. Él en su miedo frenético y su condescendencia y arrogancia del principio.


Nota: 4,5. La película se deja ver, pero considero que la segunda parte se dedica a repetir lo mismo una y otra vez. Gran fotografía y actores, personajes algo monótonos —Jeff, para más inri, es absolutamente estúpido—, y música horrible. No es todo lo que pudiera ser.