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martes, 15 de febrero de 2011

El terror - Roger Corman

El terror es una película de Roger Corman, una de las cabezas conocidas del cine de serie B.



Andre Duvalier, teniente del ejército napoleónico —con un acento de yankee pijolis que tira para atrás—, ha sido separado de su regimiento. Caminando llega hasta una playa, donde ve a una joven y hermosa mujer que no responde a sus preguntas, se adentra en el mar y desaparece. El joven francesito la sigue y se despierta en casa de una vieja que le dice que nunca volverá a ver a la chica, pero que para ayudarla tendrá que ir al castillo de von Leppe. Y así, pensando más con la cabeza de abajo que con la de arriba, un joven, y más o menos apuesto, Jack Nicholson se dirige hacia allí, donde conocerá al barón  von Leppe y a su extraño —y grandioso— mayordomo Stefan.

La película en sí no es más que otra visita al castillo de Drácula. El barón un tipo extraño que vive solo —excepto por el mayordomo—, un castillo tétrico y oscuro, un poco de magia, el juego del desconocimiento y de la oscuridad... la soledad del protagonista, etc. Eso sí, desde el mismo momento en el que aparece el título en pantalla: «The terror», con el pájaro pintado cutremente en pantalla hasta el final de la película, habrá dos constantes: Stefan mola, y el pájaro es su profeta. De hecho, el pájaro (una maqueta adorable), aparece varias veces durante la grabación. Normal que incluso forme parte de los créditos, apareciendo junto al título, nada más y nada menos. Los dos puntos salvables de la película son: ese y el toque gracioso que le da el cuidado 0. El Terror es serie B pura. De la de peor calaña.

Los actores hacen un trabajo más bien malo, poco cuidado. Jack Nicholson, en concreto, es absolutamente plano. Sin emoción en la voz. Nada. Karloff se salva de la quema, Dick Miller (Stefan) consigue que le cojas aprecio a su personaje, quizá por ser el único cuerdo de entre el resto de locos, Sandra Knight cumple y Dorothy Neumann, aunque aparece muy poco, sobreactúa; avivando, si cabe, el pestilente aire a serie B.

La música cumple. Es interesante, sobrecargada y ominosa. Lo que más le pega a la película. Ninguna queja por esa parte. Es su tercer punto.

El poco cuidado por los detalles llega a su apogeo épico cuando el castillo se viene abajo y los cascotes flotan. O es una crítica impresionante al trabajo de los obreros de principios de los 60, o es un error lamentable. Sé con qué opción me quedo. No es la primera.

Nota: 3. La película es mala. Se deja ver porque, a su manera enferma y retorcida, resulta ligeramente entretenida. Ni los actores, ni la imagen, ni los juegos de cámara, ni nada; no hay nada que haga brillar la película con luz propia. 


Aquí, para los más osados, la película completa: