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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Breaking Bad, 3ª temporada - AMC

La tercera temporada de Breaking bad subió el nivel de esta serie. Así de simple. Desde su primera temporada deja claro al espectador al espectador que no se encuentra frente a un producto normalito con el que defenderse en prime time, sino que está viendo una obra esmerada y cuidada al detalle para hacerla grande. A pesar de todo, la primera temporada fue cortada por la mitad debido a la huelga de guionistas y la segunda tuvo algún que otro problemilla de ritmo; todo eso queda atrás en la tercera,  donde forma y fondo se combinan a la perfección en uno de los productos televisivos más impresionantes que nunca haya visto.



Esta temporada se centra en los turbios negocios que Walter White (Heisenberg) lleva a cabo con Gus (el hombre tranquilo que todo lo puede). Las tramas se entreabren y entrecierran con una facilidad pasmosa, como parte de un lento cauce fluvial que se ha ido arrastrando casi imperceptiblemente desde el principio. Nos encontramos con la caída de personajes que siempre parecieron adalides de la justicia. Lejos queda el momento en el que sólo Walter y Jesse —su eterno ayudante— parecían precipitarse en esa espiral de podredumbre y maldad que es el centro de la serie. Poco a poco cayó Marie, ya en la primera temporada, la pobre Marie y su cleptomanía. La segunda temporada, algo menos definida que la primera, profundizó en esa villanía incrementada de Walter y compañía; sus negocios empezaron a prosperar y pronto incluyeron a más gente. Más droga, más dinero; más droga, más gente, más más dinero; más más droga, más más gente, más territorio, más más más dinero. La escalada, la cresta de la ola. Heisenberg, el capo de Albuquerque. Pero ningún árbol se hace grande sin aplastar unas cuantas flores, ¿no?

En la tercera temporada nos encontramos con todos los problemas de Walter y los suyos. La venta de drogas es un negocio duro y despiadado e incluso Tuco, el loco y violento Tuco, no era más que un ligeramente molesto grano en el culo. Es ahora cuando empiezan a aparecer personajes poderosos de verdad, carteras rebosantes de dinero, fachadas, mentiras, fábricas, coches, armas y mafias varias. Profesionales de la más diversa índole. El añadido de un abogado, de un imitador —o algo— del señor Lobo, del hombre tranquilo —Gus—, de los enigmáticos y macabros latinos sacados de una pesadilla enferma... en esta temporada todo contribuye a aumentar el factor dramático. Si Breaking Bad siempre ha destacado por las buenas ideas que tiene para su desarrollo: el modo que tiene de empezar haciendo que el espectador empatice con Walter para que justifique sus acciones y que un día se sorprenda, cuando toda justificación es ya imposible, y al echar la vista atrás, uno se dé inmediata cuenta de que así ha sido desde el principio; los juegos de luces y cámaras, ángulos muchas veces extraños y casi alienantes; el juego misterioso que dio el osito rosa de la segunda temporada, siempre presente pero nunca conocido; la presentación de personajes y de coincidencias. Una delicia.

En esta temporada, no obstante, todo esto toca techo —hasta el momento, al menos; en espera de ver qué hacen con la cuarta—. Hay un capítulo llamado Fly (mosca) que, más por su presentación y puesta en escena que por su desarrollo argumental (tal vez es el que menos avanza la trama, el más —yo creo que injustamente— denominable «de relleno»); es sencillamente cautivador. Hay una mosca en el laboratorio, una contaminación; esa mosca consigue un capítulo agobiante, espeso y asfixiante. Una de las mejores experiencias que he vivido delante de una pantalla. Todo encaja a la perfección, todo da juego... casi majestuosamente.

Y nada en esta serie sería lo mismo con otros actores. ¡Qué fantástico reparto! Bryan Cranston (Walter White) ganador del Emmy este año por este papel, es sencillamente asombroso. Es tan... realista, tan expresivo. Transmite tanto... ¿Y qué decir de Aaron Paul (Jesse Pinkman) y de Dean Norris (Hank Schrader), el cuñado de la DEA? El detalle y relevancia de estos personajes en esta temporada es espectacular. Del primero, uno podría esperárselo. Nunca ha sido tan importante como Walter, es cierto; pero siempre ha estado ahí, con bandera de personaje importante. La sorpresa, sobre todo, proviene de Hank. A primera vista, sin esforzarse demasiado, uno aprecia el choque evidente. Uno, un miembro de la DEA; el otro, el fabricante de la meta más cojonuda que se ha visto. Tan cerca y tan lejos el uno del otro, Walter muestra un doble juego en el que por un lado se mantiene cercano y por otro, evidentemente, todo lo lejos que puede. Uno cree que las chispas saltarán inmediatamente, pero no. Dos temporadas pasan sin alterar casi a estos personajes, y en la tercera... ¡Bang! Un tiro en la nuca (en sentido figurado). Desarmados, casi, nos coge  el inicio de los problemas, del acercamiento: la profundización de la investigación de Hank en busca del tal Heisenberg, el amo y señor de la meta azul que pulula por el estado.

En mi opinión una temporada más trabajada que las dos anteriores, por difícil que esto pueda parecer; con un guión que goza de un ritmo endiablado y de una rica profundidad que permite a los personajes crecer y depurarse.

Nota: 10. A pesar de que la serie continúa en su triste espiral depresiva, y a mucha gente se le atragante por ella (hay capítulos incómodos de ver), es una serie magnífica, y esta temporada ha sido, sencillamente, intachable. Si no habéis empezado a verla, mal. 20 latigazos y de deberes para la próxima semana, empezar con esta pedazo de serie.

Otras temporadas:
1º temporada.
2º temporada.