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lunes, 20 de diciembre de 2010

Snatch: cerdos y diamantes - Guy Ritchie

Snatch: cerdos y diamantes es una película molona dirigida por Guy Ritchie.  En ella, un grupo de personajes, todos extravagantes e interesantes —cada uno a su manerase buscarán las cosquillas, se chantajearán, amenazarán y mentirán siempre bajo la sombra de un gran diamante, objeto de todos los anhelos.



La película es entretenida, amena, divertida, impactante y rápida. Muy rápida.  El ritmo es despiadadamente veloz, sin tregua, y nos guía a través de escenas grabadas con ángulos de cámara extraños y ajenos y con unos cambios de secuencia completamente imprevisibles; mientras unos diálogos cargados de humor negro amargado nos presentan y detallan a los personajes, entre los que destaca —para mí, al menos— Michael, el gitano irlandés encarnado por Brad Pitt que balbucea medio ininteligiblemente, sin perder de vista a Tony (Vinnie Jones), un tío cabal y realmente duro. La cohesión entre las partes es absoluta, a pesar de sus saltos de escena endiablados y con un ordenado aspecto y desarrollo caótico, tanto más en la increíble y magnífica presentación de personajes.

El toque tarantinesco, de acción rozando el continuo esperpento, y lo hilarante del guión son dos aspectos que envuelven a estos magníficos personajes, tanto como la suciedad de los repugnantes barrios londinenses en que se desarrolla la acción. Todo parece estar cuidado al milímetro en esta película, que —aunque tardé mucho en verla, a pesar de la insistencia de Miguel— es de lo más divertido y ameno que me he encontrado nunca delante de una pantalla de televisión.

Una banda sonora de lujo, con grupos como Oasis, Massive Attack o Madonna (que se casaría unos años después con Ritchie, y se separaría algunos años más tarde).

Nota: 9. Terriblemente divertida, increíblemente rápida y novedosa. Unos cambios de plano magníficos y profusión de pantallazos extraños y explicativos (sobre todo al principio, cuando pueden resultar incluso un poco cargantes). Si no la habéis visto, no remoloneéis tanto como yo, porque es un peliculón.