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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Muerte entre las flores - Joel Coen

Lo cierto es que ha sido una película extraña. Tardé casi la mitad de su visionado en cogerle el punto. No era horrible, ni mucho menos, pero no me hacía sentir cómodo como espectador; algo importante y subjetivo fallaba, la comunicación no iba bien. No hablaba el mismo idioma que yo, o algo así.



Tom es un gangster irlandés que trabaja para Leo. Ambos mantienen una relación con la misma mujer, así que deciden actuar en contra de Caspar cuando este planea vengarse del hermano de la mujer que comparten.

Tardé bastante en cogerle el puntillo. Cosa rara, en general me gusta mucho cómo hacen las cosas los hermanos Coen; pero en esta ocasión esa primera mitad de la película, que pasé casi sintiéndome al margen de lo que pasaba, alejado, distante, parece que pasó factura. La imagen me encantaba, los paisajes otoñales, dejados de la mano de Dios, los disparos, y el toque oscuramente cómico. Me hacían gracia las grandes frases que parecían querer marcar un antes y un después, y en realidad —a mí, al menos— me decían entre poco y nada. Bajo mi punto de vista, al menos, la película habla sobre lealtades, sobre cómo o porqué se corrompe la gente, hasta qué punto se implica aquí la amistad o el amor, ¿cuánto se puede tensar la cuerda con alguien que es leal?

La película, con una obsesión mimosa en resaltar el aspecto más violento de sus escenas (la escena de los disparos en la casa del irlandés son exageradamente graciosos, negros y, a la vez, impactantes.

La banda sonora preciosa, eso sí.

No obstante, me parece una película terriblemente sobrevalorada, intenta devolvernos (o eso me pareció) al cine negro clásico (aunque desde un punto de vista algo humorístico) pero se queda en el camino.

Nota: 5,5. La película es pasable: el ambiente (escenarios, atmósfera y tal) es muy cautivador, los actores trabajan bien y la música me gustó mucho. El resto no. Muy poco.