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viernes, 10 de diciembre de 2010

Roma (2º temporada) - HBO / BBC

El final de Roma, cortado como estuvo (de 5 a 2 temporadas por lo que leí, con un tijeretazo brutal) me pareció excelente. Tampoco esperaba menos, claro.



La segunda temporada de Roma se centra en la era octaviana. Octavio crece, convirtiéndose en un jovenzuelo con los dientes mal colocados y una actitud tranquilamente maquiavélica. Octavio es como Marco Antonio pero siendo inteligente y sin ligar. Los dos son tipos despreciables y autoritarios, aunque se crean completamente distintos.
Al igual que en su primera temporada (muy en la línea del resto de producciones de esta cadena estadounidense) tenemos varios frentes abiertos: el de Tito y Lucio en el Aventino (con subtrama de sus hijos), el de Marco Antonio y Octavio (con subtrama  de Atia), la de los judíos (que al parecer iba a mantenerse hasta la quinta y última temporada —y así quedó de precipitada—, la de los cobardes traicioneros y despreciables (este es un blog personal y emito los juicios de valores completamente subjetivos que considero convenientes) de Bruto, Cicerón y demás escoria prorrepublicana.
¿Qué decir? Es todo tan elegante. Las luchas tan sangrientas, las disputas tan encarnizadas, el odio tan profundo y tan ardiente, las mentiras tan enrevesadas y premeditadas. No se puede hablar de la serie sin hablar de todo porque cada pieza contribuye a su gloria. Todo funciona como un reloj: tiene un argumento profundo y elaborado, unos personajes atractivos y desarrollados con toques personales que los caracterizan fantásticamente (la sonrisilla cerda de Marco Antonio, o las dos facetas de Tito —una de ellas utilizada, fundamentalmente, para calmar a Lucio—, la mirada siempre altiva de Atia...), un ritmo trepidante sin perder por ello el detalle y el cariño por el momento. Los escenarios siguen siendo impresionantes, cuidando la ambientación hasta extremos inauditos; los actores son fantásticos y, en mi opinión, responsables del gran magnetismo de los personajes.
Por lo demás, la serie sigue mostrando un vestuario increíble, los mejores exteriores que he visto hasta el momento y una ambientación magnífica.
Es evidente que el producto era muy caro (de hecho llevaban la producción entre tres), lo que supongo que marcó definitivamente su descenso a los infiernos. No obstante, las dos temporadas que sacaron son aceptablemente conclusivas (pese a las prisas en la trama judía) y el producto tiene una calidad envidiable. En conjunto, resulta imprescindible.

Nota: 10. La serie combina las tramas políticas de los nobles con la cada vez más oscura y triste historia de Lucio y Tito. Los judíos, en medio, parecen un poco forzados, pero no empañan, en absoluto, el buen desarrollo del que hace gala la serie.