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miércoles, 2 de enero de 2013

¡Rompe Ralph! - Rich Moore

Bien, Disney, bien. Bien por muchas cosas, bien por coger un escenario que es poco propio de la empresa como es el mundo del videojuego y bien por decidirse a plantar cara a las grandes de la animación por ordenador, Pixar y Dreamworks. Disney ya se había acercado con Enredados pero le faltaba una chispa, le faltaba quizá el toque de elegir a un público concreto y conquistarlo, como ha hecho con Rompe Ralph.


Me llamo Ralph y soy un malo

Me gustaría decir que Disney acertó también en elegir a un malo en lugar de a un bueno para ser protagonista, pero lo cierto es que Ralph no es malo en ningún momento, tal y como explica esa oración que leen en Malos Anónimos. Tener el papel de malo no te hace malo, y de hecho las buenas intenciones de Ralph se dibujan desde el minuto uno, así que no cuela. El prota es un buenazo. Como siempre.

El caso es que Ralph es el villano de su juego, un juego del jurásico en que se dedica a intentar romper un edificio, mientras el protagonista del juego, Félix Jr., intenta repararlo todo. Si el reparador triunfa, obtiene una medalla y lanzan a Ralph edificio abajo hasta un enorme charco de barro. Si Ralph triunfa, «Game over» y punto. ¿Es justo eso? Claro que no, pobre villano. El caso es que Arréglalo Félix cumple 30 años en la sala de juegos (que se dice pronto, ¿eh?) y los personajes organizan una fiesta para Félix. Ralph se acerca hasta allí y los participantes de la fiesta, entre asustados y despectivos, le indican que es un malo, que lo odian, que la fiesta es para los buenos (y los neutrales, que la mayoría de ellos no hacen nada en el juego, quisiera destacar). Ralph dice que quiere una medalla, uno de los inquilinos del edificio le dice que solo los buenos ganan medallas. Ralph dice que ganará una medalla. El inquilino le dice que en cuanto gane una medalla le dejarán vivir en el ático, en el mismo edificio que ellos. Y Ralph, que en este momento debe tener las p... narices muy hinchadas, abandona su máquina recreativa para ir a ganar medallas y volver como un héroe.

Calhoun, y un rifle de asalto que debe de pesar al menos tanto como ella.


Y el juego elegido es el Hero's Duty, una mezcla de Gears of War y Call of Duty, con malos insectoides, que podría ser cualquier FPS representativo de la actualidad. Soldados súper machotes con rifles y ametralladoras que deben de pesar 40 o 50 kg que van repartiendo estopa a infinitas hordas de monstruos. Ralph no está muy preparado para esas lides, pero en cuanto descubre que hay una medalla al final del recorrido, va a por la medalla y, por accidente, saca a uno de los alienígenas insectoides del juego y lo lleva al más apacible en apariencia Sugar Rush, un juego de carreras en el país de la piruleta y el mundo del caramelo. Y sin el haz que extermina a los insectos al final de la partida... todo puede irse al traste muy pronto. Es allí, en el juego de carreras, donde Ralph conoce a su secundario pesado (no podía faltar), Vanellope, una glitch que sueña con poder competir en esas azucaradas carreras.

Humor referencial y estructurado

¡Rompe Ralph! no pretende ocultar en ningún momento que sus puntos fuertes rodean el mundo del videojuego y lo tocan directamente. Siendo una película Disney se ha tenido en cuenta que se debería intentar al mayor público posible y el filme tiene momentos divertidos para quienes no sepan nada, o casi nada, de videojuegos, o aunque se conozca mejor una época de los videojuegos que otra. Algunos momentos puntuales pueden ser algo más crípticos, pero no hay nada que impida que cualquier espectador, acérrimo jugador de videojuegos o no, disfrute con la película.

Además de las divertidas referencias a diversos videojuegos, la película luce una serie de gracias mucho más genéricas. El tipo de personajes que protagonizan la película, con la típica relación de la época moderna de Disney, de cariño salpicado de tensiones y desavenencias y los momentos de enfado entre ellos, siempre entre la ternura y la diversión. Pero ¡Rompe Ralph! tiene una forma más de humor, una forma que bebe directamente de los videojuegos pero que no hace falta saber nada de ninguno de ellos en concreto para disfrutarlo como el que más. El caso es que los videojuegos están programados, y los programas se estructuran en base a reglas. Cómo los personajes descubren esas reglas desde dentro del propio juego y cómo lo hace el espectador desde su cómoda silla es uno de los puntos más brillantes de la película.


Bueno, también tiene su gracia ver cómo descubren las cosas los jugadores de las recreativas.

Exceso de azúcar

Y no me refiero a que la película sea ñoña, sino a que la parte dentro de Sugar Rush se hace demasiado larga. En mi opinión este es el único puntillo realmente negativo de la película. La primera parte es realmente magnífica, luego, aunque la película sigue resultando divertida (aunque se reduce el tono de cachondeo), la gracia ya no es la misma. Sugar Rush no tiene tanto misterio y pasarse más de media película allí acaba haciéndose un poco tedioso.


Insisto en que es solo un pequeño punto en contra, que los personajes siguen siendo divertidos y que la película se mantiene. Pero sí que el escenario de Sugar Rush acaba saturando un poco.

Añadidos, buenos y malos

Me costaría no dedicar al menos un pequeño párrafo a Paperman, un cortometraje que Disney, aprendiendo de otras compañías, ha utilizado para completar esta fantástica película.

Paperman es un corto curioso. Estéticamente es magnífico, la idea es buena (aunque en mi mente refleje unos valores horribles, el tío que lo deja todo y se lanza a lo loco a por una tía que acaba de ver) y el resultado es muy satisfactorio. Ante un corto tan elegante, tan bonito, ¡qué importa el mensaje subyacente! O algo así.

Blanco y negro, mudo. ¡Disney empieza a plantearse Cannes!

Y en los añadidos hay otro punto en contra, y este sí es grande. Enoooorme. No es un punto negativo de la película, si nos ponemos tiquismiquis, pero me veo obligado a comentarlo. Antes de empezar la película obsequiaron al público (por decir algo) con una canción horrible, ñoñísima, con base electrónica machacona, con unos graves tan altos que retumbaban en el pecho. Una canción tan horrible que me sentí como en mitad de un ataque de angustia, oprimido y amenazado. Una canción de una boy band del sur de España que parece ser que es conocidilla, Auryn. ¡Una boy band! Por Dios, creí que se habían extinguido tras aquella inmunda fase de Backstreet Boys y demás aberraciones. La canción (si os decidís a escucharla, hacedlo bajo vuestra cuenta y riesgo, no quiero comentarios desagradables por los daños cerebrales sufridos), ¿Cuándo te volveré a ver? es horrible, las voces son, en mi opinión, planas y desagradables, la letra es ridícula (son una boy band) y la música es para matar a los conformantes del grupo que la compuso para la versión original, Owl City. Horrible la canción en inglés (es la misma canción pero en inglés, avisados estáis) y horrible la canción en castellano.

Ralph y la pequeña y malotacurriña Vanellope.

Nota: 8. La película de dibujos de estas Navidades y, quizás, la de todo el año. Disney vuelve a ocupar el puesto más alto del podio que en su momento montó ella misma y sacude un guantazo a su subsidiaria Pixar, que este año estuvo más bien poco inspirada con su algo sosa Brave ¿Aceptas el desafío, Pixar?

Otras películas de Disney:
— Tiana y el sapo.
Lilo & Stich.
El jorobado de Notre Dame.
Enredados.
Mulán.