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viernes, 18 de enero de 2013

Expediente X (5ª temporada) - FOX

Quizá Chris Carter vio necesario hacer algún cambio grande para seguir permitiendo el vuelo de la serie. A veces sale mejor y a veces sale peor. Esta quinta temporada, si bien me parece muy divertida (tiene algunos de los capítulos más hilarantes de la serie y alguno de los especiales más lucidos) me parece que partió de una idea algo horrible. Esa excusa que Chris Carter y los demás guionistas de la serie encontraron para justificar la temporada, en mi modesta opinión, no funciona.


La gran novedad

La sorpresa esta vez, el giro de tuerca que en su momento fue el cáncer de Scully, que añadía una nueva trama principal con la que jugar, es la negación de Mulder ante las pruebas. Fox Mulder, adalid de la creencia en extraterrestres, pierde la fe. Críticamente agresivo con su credulidad anterior, con cómo han jugado con él para hacerlo creer en los «hombrecillos verdes». ¿Por qué no me gusta? Creo que hay un momento en que el director adjunto Skinner lo resume a la perfección, dice: «Me he pasado cinco años dudando de usted, solo me dejaba convencer por la fuerza de su fe en los fenómenos extraterrestres. Ahora también dudo de usted, no por sus creencias sino porque un fenómeno extraterrestre es, francamente, la explicación más plausible».

Además, aparte de seguir jugando con el Fumador, con lo poco que se sabe de él, con lo que oculta y lo que deja mostrar y con cómo manipula a Fox; esta temporada presenta al agente Spender, que resultará ser el hijo del Fumador. Y es otro error. Añadir personajes puede estar bien, pero es que Spender tiene el carisma de un palo bastante anodino. A menudo parece que intentan compensar esta carencia de interés del personaje retorciendo su historia y dando mucha más información de lo que es habitual en la serie, pero es que ni así. Spender es hastío bípedo y con cierta capacidad de habla.

La trama larga frente a las tramas cortas

Esta temporada empieza un poco rara. Por un lado nos encontramos, sinceramente, con un buen inicio de trama serializada en el que se juega a que dudemos, a que Mulder dude y que el espectador dude con él; pero todo queda basta olvidado con el primer capítulo de trama corta (en realidad no se cierra del todo, pero desde luego no es un capítulo de una trama larga), Sospechosos no habituales, un capítulo ambientado en 1989 y dedicado a la peculiar historia de Los Pistoleros Solitarios, que intentan ayudar a una hermosa mujer a escapar de las garras de un malvado perro del gobierno, el agente Fox Mulder. Eran otros tiempos.


Las tramas largas terminan de despegar justo tras otro grandísima capítulo corto, un episodio de carácter marcadamente humorístico escrito por un Vince Gilligan especialmente inspirado. El capítulo de marras se llama Mala sangre y parodia el mito del vampiro. Mulder y Scully se han enfrentado a un pueblo de vampiros, ¿o no? La escéptica y el creyente enfrentan sus versiones de los hechos desde el principio, y el juego que dan los cambios, cómo uno ve al otro (¡qué gran pareja forman!) y cómo interpretaron el caso, es sencillamente fantástico. Y decía que la trama larga despega a continuación, en dos capítulos geniales y consecutivos llamados Paciente X y El rojo y el negro en los que se retoma gran parte de las tramas previas y se añade a una nueva facción alienígena, de unos humanos sin orificios faciales que se oponen a la colonización de la Tierra a mano de los Hombrecillos Verdes y que vacunan el mundo con fuego. Casi nada.


A mayores, muy destacables también (y de carácter conclusivo) destacaría Todas las almas, un capítulo donde se juega con mitología cristiana y consiguen un efecto tétrico y a la vez hermoso, y Prometeo posmoderno, más por cómo fue dirigido, por la fotografía en blanco y negro y por el millar de guiños al cine clásico de terror que por el capítulo en sí.


Nota: 7,5. La serie mantiene el tipo y sigue mostrando momentos de divertidísima brillantez, pero la idea central de la temporada... Meh.

Otras temporadas de Expediente X y películas:
Primera.
Segunda.
Tercera.
Cuarta.
Expediente X: enfréntate al futuro.