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lunes, 21 de enero de 2013

Fringe (5ª temporada) - FOX

Ha recorrido un largo camino esta serie desde que comenzó aquella alocada andadura mezcla de Expediente X, de la que bebía el fondo, y Perdidos de la que bebía la forma. Hubo mucha gente a la que esa mezcla, esa apuesta, no le convencía en absoluto. He de admitir que a mí me enganchó desde el principio. No niego que luego mejorase, lo mejor está en la segunda y en la primera mitad de la tercera temporada, pero creo que las elecciones iniciales estuvieron bien hechas (salvo muy contadas excepciones) y que la serie prometía desde su comienzo.


El caso es que pronto quedó patente que Fringe no iba a arrastrar a una enorme legión de seguidores a sus espaldas. Fringe no iba a tener el beneficio de la cantidad de público, y este era un punto importante para FOX. La heredera de Expediente X carecía del amor de las masas y su destino pronto se vio en problemas. Creo que fue en la segunda temporada la primera vez que se dio por sentenciada a Fringe, tras un año para enmarcarcar. Pero consiguieron la renovación... la noche de los viernes, una especie de condena o un lugar en el que los bajos números de Fringe no empañasen especialmente los números de la cadena. Y así fue. Fringe puede tener un número poco extraordinario de fans en Estados Unidos pero hay que reconocerles dos cosas:
1.- Los fans de Fringe son ruidosos de cojones. Si uno abre twitter puede parecer que Fringe es una de las series con mayor seguimiento de la historia de la televisión.
2.- Los fans de Fringe están entregados a la causa. Los 3 millones que aguantaron hasta el final de la tercera se mantuvieron con cambios mínimos hasta el final de la quinta. Imperturbables. Inmutables. Decididos. Como observadores.

Fans de Fringe.

Así, Fringe aguantó tres añazos en esa franja en la que las series las pasan canutas. La verdad es que, para mi sorpresa, aunque la tercera temporada es muy buena; la cuarta y la quinta (en la que ya no se jugaban tanto, debido a que solo les quedaban abnegadísimos fieles y que todo dependía de la pura decisión de los ejecutivos de FOX) creo que nunca acabaron de funcionar. De la cuarta temporada solo me gustaron sus primeros capítulos y los últimos, quizá el último tercio entero... pero me gustaron mucho. Lo que hubo entre medias casi prefiero olvidarlo. ¿Y qué pasó con la quinta?

La quinta temporada

Retomó la historia que habían presentado en Letters of transit, un fantástico capítulo especial (un capítulo 19, por supuesto), en el que se nos mostraba la verdadera cara de los observadores, en el que se mostraba un mundo subyugado por ellos, en el que los humanos eran poco más que siervos y en el que solo seguía la lucha la resistencia, medio liderada por Etta, la hija de Olivia y Peter. Ahora, con sus padres desambarizados, la lucha de la resistencia, por decirlo de algún modo, empieza de verdad.

Ese escenario, personalmente, me tentaba mucho. El capítulo que lo inició me pareció deslumbrante incluso inmerso en la parte buena de la cuarta temporada. Bien utilizado podía dar lugar a una temporada final memorable. Pero, en mi opinión, no se utilizó bien. La quinta temporada de Fringe empieza mal, mediocre quizá, y tiene varios capítulos realmente malos. Quizá no infames, pero malos, de vuelta, probablemente, al peor nivel de la serie; algo que parece imperdonable en una temporada de 13 míseros capítulos. No me entendáis mal, hay cosas que pueden perdonarse en una temporada de 22 o de 24 capítulos pero parecen un poquito más intolerables en temporadas más breves.

Olivia, Peter, Etta y Walter.

La segunda mitad de la temporada está mejor que la primera, es cierto. Y tiene algún capítulo que es realmente bueno, acepto eso. Pero en casi ningún momento consiguió tenerme realmente absorbido por su desarrollo. Había, por supuesto, algunos puntos que me parecieron interesantes. La muerte de Etta, por ejemplo, en el cuarto episodio me parece que dio pie a un bonito juego, en el que se mostraba al espectador cómo encajaban el dolor dos personalidades diferentes, como la de Peter, más visceral y frágil; y la de Olivia, más fría. Me gustó también uno de los hechos derivados del punto anterior, cuando Peter se introduce el dispositivo que permite a los observadores calcular las probabilidades de las cosas y, en la práctica, ver el futuro porque considera que es lo único que puede hacer para enfrentarse a los observadores, que es la única opción que tiene como individuo de vengarse y de dar, además, una oportunidad a la especie humana. Y no puedo evitar que me gustase también el detalle ñoño, absurdo y un poco cutre de que al final, al final-final, Walter se sepa el nombre de Astrid y le diga que es un nombre precioso. Sabía que eso iba a pasar y que quedaría cutre y, aún así, me pareció un detalle adorable. No pude evitarlo.

Hay muchos elementos sueltos que me gustaron de la temporada, pero en cambio apenas hubo capítulos que me gustasen enteros, algo que en otras temporadas podemos considerar que era lo habitual. Desde ese punto de vista, creo que la quinta... falla. El macguffin es horrible, lo de ir buscando las cintas; algunos momentos son un poco absurdos (el pueblo de la gente deforme, aunque todo en ese capítulo es tan aburrido que a lo mejor le cogí una tirria irracional), la muerte de Etta me parece que era la pérdida del personaje que menos afectaba tanto a la trama como a los espectadores, y aunque cumplió y sirvió para motivar cambios en Olivia y Peter creo que no consiguió la implicación necesaria al otro lado de la pantalla.

La despedida

Una vez que se decidió cómo se iba a estructurar la quinta temporada estaba claro por dónde irían los tiros. Con la resistencia presentada en el especial de la temporada anterior y habiendo anunciado que la quinta seguiría por ese camino, todos sabíamos que nos encontrábamos a las puertas de una temporada con más acción y, seguramente, con la trama más serializada de la serie.

Quizá por eso me tomé un poco como un insulto que intentasen mantener esos aires de procedimental. ¿De verdad? ¿Los personajes recolectan cintas a ritmo de una por capítulo para que siempre haya «un caso»? Bueno, formato aparte, que al fin y al cabo no deja de ser la excusa barata para medio-mantener un aspecto al que la serie ya había renunciado, de fondo, hacía tiempo. El caso es que con cintas o sin ellas, la temporada mostró claramente que sí, que se encaminaba hacia donde todos pensábamos, a una lucha entre humanos y observadores. ¿Qué podía salir de ahí? Pues lo cierto es que, como viene siendo habitual, la temporada mejoró hacia su final, quizá con más altibajos de lo normal, pero fieles a su estilo. Retomaron al personaje de Septiembre (con el que ahora Michael Cerveris pudo lucirse más que nunca), reintrodujeron a Michael (aquel extraño niño feral calvo) y comenzaron a atar cabos y más cabos hasta introducir la forma en que se lucharía finalmente contra los observadores. Una forma que dependió mucho de la explicación de qué eran realmente los observadores, claro.

Poder permitirse más expresividad ha hecho que este actor gane muchísimo.

Fringe consiguió despedirse así, aunque con una temporada bastante mediocre, con coherencia y resolviendo sus dudas, como siempre, algo en lo que ha estado por encima de Expediente X y de Perdidos. Fringe consiguió alejarse de sus padres y labrarse un camino propio, un camino bastante tortuoso en el que a veces se alzaba realmente triunfante y en el que otras veces, muchas menos, se hundía hasta el cuello. Quizá sea un poco triste que se despida en su peor forma física, pero lo cierto es que el viaje ha sido, en conjunto, un placer grato.

Los observadores

Presentes en Fringe desde prácticamente el principio de la serie, estos misteriosos personajes tardaron bastante en perfilarse del todo. Volviendo a ver la serie descubrí que en la segunda temporada hay un personaje completamente paranoico que alerta de lo que se esconde tras la tranquila fachada de los observadores, pero en aquel momento uno lo ignora, habida cuenta de la tranquila forma de actuar de Septiembre. Una vez que uno sabe más, hay ciertos puntos de la segunda temporada que insinúan que todo llevaba ya bastante tiempo pensado. Y eso está bien.

¿Pero cuál es el gran acierto de los observadores? Fringe es, ante todo y sobre todo, una serie sobre los sentimientos. Las relaciones padre-hijo y las relaciones de pareja tienen mucho peso (creo que las primeras son más evidentes que las segundas, pero aunque a uno solo le venga a bote pronto a la cabeza la de Olivia y Peter, seguro que recuerda la abnegación original de Nina hacia William y cómo ayudaba esta a mover trama). Y los observadores son la otra cara, unas criaturas que han renunciado a sus sentimientos para que su cerebro solo procese datos, han sacrificado sus emociones para una mayor potencia lógica y memorística. Y ya está. Son como la quintaesencia de los personajes fríos y deductivos. Y son los villanos. Son los villanos porque no tienen sentimientos, y en el fondo Fringe no deja de ser una serie llena de valores, una serie sobre lo que nos hace humanos.

Y por eso la elección de los malos es tan grandiosa, y por eso es tan difícil no odiar a Windmark, y por eso, aunque la temporada parece que nunca arranca, uno no puede dejarla. La batalla ha empezado y debe terminar.

Windmark. Épico.

Nota: 6,5. Adiós Olivia, Walter, Phillip, Astro... digo Astrid, Septiembre, Nina, William y Gene. Bueno, y adiós a ti también, Peter, que te costó 5 putos años, pero acabaste molando. Ha sido un placer conoceros y seguiros a todos a través de este universo y del otro, de este tiempo y de otros.


Nota de la serie: 8. Fringe cuando da lo mejor de sí es buenísima, es intrigante, emotiva, sólida y muy entretenida. En sus malos momentos deambula algo a tumbos pero uno guarda la esperanza de que vuelva a su gloria y, a veces le lleva más y a veces le lleva menos, a veces los arcos arriesgados salen bien y a veces mal; pero el espectador siempre tiene ante sí una apuesta arriesgada poco frecuente en el mundo de la televisión, y una actitud bastante respetuosa con el mundo de la serie y con los propios seguidores de la serie.

Nota: me sigue pareciendo inmoral que ni John Noble por sus perfectos Walter Bishop, ni Anna Torv por sus cambiantes Olivia Dunham hayan sido, al menos, nominados a sus respectivos Emmy.

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