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miércoles, 25 de septiembre de 2013

No - Pablo Larraín

Nos habían dicho que esta película era mejor que Amor y no sé cómo ante semejante afirmación (que venía de Raquel, de quien me fío mucho, que la vio para su porra de los Oscar) conseguí postergar tanto el visionado. La verdad es que yo me inclino más por la película de Haneke, con una dirección y fotografía mucho más vistosas, pero No es, sin duda, una gran película.


Chile, la alegría ya viene

En 1988, en Chile, se organizó un plebiscito para que la población decidiese si querían dejar a Pinochet o acabar con su presencia en el poder. La televisión pública estaba completamente comprada y ensalzaba la figura del dictador chileno, pero para legitimarse ofrecieron 15 minutos diarios a la campaña del «no».

Los directores de la campaña contratan a René Saavedra (un muy convincente Gael García Bernal), un creativo publicitario con bastante fama, que propone cambiar todas las ideas preconcebidas para el espacio del no (como basar la campaña en mostrar las crueldades de Pinochet que se habían ocultado a los chilenos hasta el momento). Con bastante tensión y dudas, y aunque dedicando una parte del espacio al dramatismo al que el resto de encargados de la campaña se niegan a renunciar, empiezan a concebir un espacio más optimista, un espacio que anime al cambio.


Todos sabemos cómo acaba la historia, esa forma tan poco probable de poner fin a una dictadura, y Larraín desvía el peso de la trama a las formas, a una extraña tensión producida por una duda que no existe... y al disfrute del milagro, a la alegría sin fin de la campaña y del éxito.

Cuestión de perspectiva

Uno de los puntos fuertes de No es la visión que un adversario tiene del otro. La campaña del sí, los amiguetes y seguidores de Pinochet tienen una visión casi divertida del bando del no. ¿Qué van a hacer en 15 minutos? Se supone que cada campaña va a tener 15 minutos, pero lo cierto es que toda la programación de la cadena es campaña del sí salvo los 15 minutos que tiene el no, que además están en una franja horaria en la que no los va a ver nadie.

Aunque al principio todo es paripé, al menos en opinión los del sí, la acogida de la campaña del no hace que los pesados y enormes engranajes de la máquina propagandística del sí se pongan en movimiento. ¿Cómo? Tal y como cabía esperar: la campaña del sí carece de imaginación y de arte (que eso es cosa de rojos y perroflautas, todo el mundo lo sabe), así que cogen los vídeos de la otra campaña y los malparodian. Así. Sin más.


Por otro lado, tenemos las dos visiones de cómo deberían enfocarse la campaña dentro de la organización del no: la que quiere convencer al los chilenos haciendo un alegre llamamiento al futuro sin Pinochet y la que quiere, en realidad, jugar al «y tú más» con la campaña del sí... Que curiosamente es lo que acaban haciendo los de la campaña del sí...

El dudoso valor de que todo parezca grabado en el 88

No digo, que conste, que no sea valiente y que no tenga cierta fuerza grabar la película en cinta magnética, con unos movimientos de cámara pobres y sin fuerza para que no desentone la campaña del no, para que todo parezca parte del mismo constructo y no se pueda decir que da la sensación de ser un Frankenstein. No voy a decir que remasterizar los vídeos que se conservan de la época para hacerlos encajar con una hechura contemporánea fuese la opción ideal; pero lo que tengo claro es que a mí la imagen de la película me lo hizo pasar mal. Y no en el buen sentido.

Con lo grandes que son ahora las pantallas, esa calidad de imagen se hace pesadísima y la sensación de estar en un making of puede ser muy genuina, pero no me gusta nada. Puede que a algunos les parezca mágico sentirse dentro del esqueleto de una obra en proceso, pero a mí no: las cosas bien rematadas y presentadas, gracias.

Desde esa óptica, la verdad es que el aspecto de No me puso abiertamente en contra. Acostumbrado a que las películas se remastericen, hay algo en esa película que parece visualizada en una televisión de tubo de las baratas que me incomoda profundamente. Es algo superior a mí. La verdad es que Larraín y su equipo usan bien sus recursos: juegan bien con la música, consiguen un gran trabajo de los intérpretes (aunque se nota cierta obsesión malsana con lucir a Bernal), pero la imagen no me parece, sinceramente, excusable.


Nota: 8. No es una muy buena película. Narra un periodo interesantísimo de la historia de Chile, juega de forma muy ingeniosa y atrevida con la visión que los dos adversarios tenían de los otros (la actitud pasiva inicial del bando del sí y cómo se va agriando al ver que el no tiene más seguimiento del esperado es realmente genial) y es, sin duda, una película muy recomendable.