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jueves, 14 de marzo de 2013

Metropolis - Fritz Lang, reeditada por Moroder

Metropolis es un clásico del cine alemán, una perla de finales de los años 20 a cargo de Fritz Lang, el prolífico director alemán. La había visto hace ya bastante tiempo y la recordaba como una grandísima película. Hace no mucho fui al Mediamarkt a comprar Windows 8 (sí, habéis leído bien) y allí tenían  Metropolis reeditada por Giorgio Moroder en Blu-Ray. Una caja muy chula, en edición de cartón, el robot en color dorado... ¿Qué podía salir mal? Admito que dentro del local no le di demasiadas vueltas. «¡¡Metropolis!!», dije, «¡A la saca!» y no valoré demasiado hasta qué punto podía cambiar o no la película. Fue ya en casa cuando empecé a jugar a «buscas las diferencias» y pensé con cierto temor: «¡Uf, lo que puede salir de aquí!»


La gran pirámide

En Metropolis tenemos dos estratos sociales claramente diferenciados. Por un lado tenemos a la masa, a los trabajadores, esclavos casi de las máquinas, que habitan en el subsuelo y realizan turnos prácticamente interminables. Son gente gris, sucia, cansada y triste. Sobre la superficie, en cambio, viven pocas personas, pero lo hacen con toda clase de lujos. Son los beneficiados del sistema, inmutables a todo desde sus palacios de cristal. Freder, un muchacho de la superficie se enamora de una subterránea Maria y el drama de clases y de amor imposible que tantas veces hemos visto se repite.


Vale, es verdad que el detonante de la historia no es precisamente la quintaesencia de la originalidad y que de Romeos y Julietas estamos un poco hasta la coronilla, pero lo importante, como siempre, dada que la variedad de fondos posibles es relativamente limitada, es la forma que se da a todo. Y la forma de Metropolis es muy impresionante.

El gran Lang

Lang recurre a un planteamiento sencillo pero se molesta en decorar un mundo futurista (futurista para los años 20, claro): muchas imágenes de máquinas (enormes), de engranajes y de ¡relojes en sistema decimal!, de tubos por las que sale vapor a chorros y de enormes edificios y sobrios túneles.


Por supuesto, la película es muy de cine mudo, con actores que gesticulan de forma algo exagerada (mucho menos que en las comedias también mudas) y repite muchos escenarios, aunque como algunos están diseñados y trabajados con tanto mimo no puedo evitar disculpar ese punto. Los escenarios resultan muy evocadores, ese opresivo túnel con dos pasillos separados y que termina en reja, los increíbles jardines en los que juega la nobleza superficial y en los que Fred conoce a la gris y a su manera hermosa Maria, la maquinaria que se transfigura en horrible monstruo devorando a los trabajadores, esa avenida futurista sobrevolada por aviones de la primera guerra mundial (en Fringe habrían puesto zepelines), el extraño reloj de trabajo o el robot, son elementos que configuran una puesta en escena que aún hoy es digna y que en 1927 tuvo que ser realmente apabullante (por mucho que la película pasase, como tantas otras cosas, desapercibida en su momento).

El loco (¿y gran?) Moroder

Metropolis es una película que conozco desde niño y que siempre me gustó mucho, pero nunca había visto la restauración de Moroder. Dice un texto del propio Moroder al principio de la película que intentó respetar al máximo la visión de Lang sobre la película, todas las escenas que consiguió recuperar y el tono que quiso darle a la obra, pero que por razones del momento en que se publicó la película no pudo hacerlo. No digo, por supuesto, que Lang quisiese hacerla exactamente como la hizo si le dejasen hacerla 20 años más tarde, pero me parece mucho asumir por parte de Giorgio Moroder pensar que, si pudiese, la haría con ese coloreamiento raro de las imágenes y esa banda sonora que si bien normalmente es ciertamente increíble y se ajusta muy bien, como en On your own o en Love kills otros momentos (los más instrumentales y atmosféricos, por otra parte) son algo machacones.


Por esa razón, precisamente, la película se hace un poco extraña. El coloreado resulta inquietante, no es que quede mal, pero no creo que gane nada renunciando al blanco y negro, sinceramente. Los efectos especiales, que la original ya tenía algunos (muy impresionante para 1927) no aportan nada y tienen un aire cutremente ochentero que me resulta ligeramente desagrable. La música, sobre todo las canciones propiamente dichas, son muy buenas y se ajustan mucho a los momentos del filme (parece que Moroder era productor musical por algo). ¿La versión en conjunto? Me parece que es difícil coger Metropolis y hacer algo malo, pero dentro de lo arriesgado de la propuesta de don Giorgio, lo cierto es que el resultado es bastante bueno. Si no conoces Metropolis es una forma digna de acercarse a ella, si ya la conoces... es una interesante revisión.

Nota: 8,5. En mi mente es mejor la Metropolis original (¡¡de 10!!), pero lo cierto es que la tengo ya bastante difusa en un recuerdo lejano. No obstante, esta versión sigue siendo emocionante, hermosa y en ella se sigue viendo toda una lección cinematográfica.

Otras películas de Fritz Lang:
M, el vampiro de Dusseldorf.