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viernes, 8 de marzo de 2013

El juicio de Dios - Ríos Ferrer

Me hice con este libro como parte de la promoción Kindle Flash (una oferta que se renueva cada día con un libro electrónico a precio de risa, a veces, como esta, gratis). Me fijé en que el libro tenía unas reseñas muy favorables en Amazon y, dado que era gratis y no tenía nada en mente para leer de forma inmediata, me decidí por él. Craso error. El libro, y siento decirlo tan rotundamente, es horrible.


Constantino y el tsunami

Ríos Ferrer combina diversas historias en torno al juicio de Dios. Por un lado tenemos al emperador romano Constantino, que se convierte al cristianismo tras una visión sobre cómo iba a vencer en una batalla y cómo, finalmente, vence en dicha batalla. Su creciente apoyo a los cristianos desemboca en el Primer Concilio de Nicea, donde se discute sobre la figura del Dios cristiano y sobre la unidad del imperio. Y muy resumidamente se sienta precedente sobre un juicio a Dios, o a sus representantes, si hilamos más fino. El resto de esta historia va remontando siglos siguiendo el paradero de los documentos que atestiguan este juicio.

De vuelta a tiempo casi-presente, el tsunami del sudeste asiático del 2004 arrasa todo y deja a una jovencita sin padres. Así, maltrecha y dolorida decide plantar cara y encausar a Dios. La lucha entre un prestigioso bufete de abogados estadounidense y la Iglesia Vaticana acaba de empezar, en un duelo que mezclará intrigas, misticismo y momentos danbrownicos casi a partes iguales.

Cuando los personajes fallan...

En una historia con tantos personajes a los que muchos se sobrevuela de forma bastante tosca, es casi necesario que estos tengan un cierto magnetismo propio. Quizá unas líneas de diálogo especialmente buenas, quizá una actitud elegante en su sencillez o un rasgo que enganche al lector. Estos personajes no los tienen. Son todos fríos e inhumanos. H. T. el dueño del bufete será un gran abogado y será muy bueno en lo que hace, pero lo cierto es que resulta difícil de creer. El resto de sus abogados son pantomimas de personajes, sobre todo Aramis, que es el tipo guay que todo bestseller necesita pero, encima, tiene el carisma un poco mermado porque las circunstancias, una vez más, se desarrollan de forma tangencial la mayor parte de las veces.

¿Y la protagonista? Es difícil hacer un buen protagonista. En cualquier forma de narración, el protagonista (o los protagonistas) pueden verse abocados al desastre con suma facilidad. Pasan demasiado tiempo ante el lector (o espectador) y puede que tengan cosas buenas, pero casi todos tienen cosas malas... y cuando uno ve demasiadas veces determinadas cosas malas ignora las buenas. La protagonista de El juicio de Dios es, sencillamente, intragable. Es un personaje antipático. Por un lado aparece toda brava ella tras perder a su familia, decidiéndose a demandar a Dios (al fin y al cabo es la premisa del libro, bueno... pues la aceptamos, porque somos así de generosos), pero luego es insoportable ver cómo se desinfla. Que sí, que es duro denunciar a Dios cuando su representante en la Tierra es un tío con apariencia de vejete adorable como Carol Wojtyla, que seguro que si al otro lado del estrado se sentara Ratzinger el personaje no tendría ninguna piedad... pero, ¿en serio? La gran baza argumental para no acabar en una guerra abierta contra la Iglesia es que Wojtyla es guay, y entregado y parece dedicado a su causa... Pues vale. Prota, muérete.

Nos queda el argumento. Cuando este falla...

Pero es que el argumento es ese que os comenté al principio. El autor no ofrece más, la novela no ofrece más. Comprendo que no busque la reflexión, y lo apruebo, me parece que el arte-pasatiempo es digno, pero El juicio de Dios me parece mortalmente aburrida. La acabé de leer, quizá, en un ejercicio de masoquismo. Tal vez el hecho de que era mi primer libro digital «original» me animaba o tal vez el hecho de que al tenerlo en el Kindle me resultaba terriblemente cómodo para mis trayectos en bus ayudase, pero el caso es que acabé leyendo el libro y aunque la premisa me hizo cierta gracia, los giros y más giros y más giros postergando el momento final me resultaron aborrecibles.

Más de la mitad de las partes ambientadas en viejos siglos son fundamentalmente iguales, moviéndose a través del mapa y con personajes contextualizando una nueva posición del manuscrito de marras. Y la parte que se desarrolla en el siglo XXI tiene sus momentos, como la espía que se la juega a Aramis, que se cree más listo que nadie y la primera zagala que menea el culo ante sus ojos se la mete doblada (¡zas!) o un par de conversaciones entre H. T. y el cardenal Noldo, que dicen más en un pequeño puñado de páginas que el resto del libro en su totalidad, y sin necesidad de profundizar especialmente. Son, seguramente, los momentos que más y mejor describen a sus participantes. El resto de los diálogos, aunque estoy generalizando, producen una sensación de completo vacío.

Al menos quedará una buena edición. ¿O no?

Pues no. La edición no es buena. Y mediocre tampoco. Tiene menos caracteres alterados que cuando se pasa de un pdf a un formato apto con el Calibre, acepto eso, pero el libro tiene faltas de ortografía a cascoporro, algunas construcciones que chirrían como la puerta del castillo de Drácula («¿El inspector Faled? Yo soy.»), comas mal puestas («¿Consideras una amenaza, que mi Dios, me pida que te ame?») y párrafos que, sencillamente, rompen con el tono que, supongo, pretendía buscar el autor («El maravilloso Océano Indico. Sueño como destino de muchas personas que anhelaban pisar sus idílicas y paradisíacas playas, se había convertido en un asesino sin piedad, sin escrúpulos y cruel, con los que habían demostrado ser más débiles que él. O sea, miles y miles de personas.» O sea, sí), saltos de línea con nueva raya de diálogo cuando sigue hablando el mismo personaje, confusión con palabras como «cómo» y «quién» («Henry Thompson se movía cómo pez en el agua»), frases cortadas aparentemente a hachazos («Quizás el profesor tuviera razón. Habría que mover con cuidado el árbol. Se durmió enseguida.», no sé a vosotros, pero a mí me parece casi un telegrama), vulgarismos («Ves con mucho cuidado. Aunque no lo parezca, puede ser peligroso.»), etc. cuando los personajes se expresan con corrección...

Por lo que he buscado en internet se trata de un libro autoeditado, y comprendo perfectamente que no se puedan cuidar tanto como en un mercado más profesional determinados aspectos, pero creo, sinceramente, que descuidar ciertas cosas en un producto por el que se quiere cobrar, es un error. Mis sensaciones con el libro seguramente se han visto empañadas por la redacción y por la evidente falta de trabajo corrector. Una lástima.


Nota: 1. Malos personajes, argumento mal guiado y mala edición. No lo aconsejo en absoluto. La autoedición me parece, por si alguien lo duda, una opción muy digna y una puerta abierta para muchos escritores talentosos que no han tenido la fortuna de ser cobijados bajo el ala de una editorial o que solo han recibido ofertas, casi, de esclavitud; pero no me parece una excusa para sacar un producto en este estado. El autor destaca que se documentó durante dos años para hacer la novela y ahí no me meto, desconozco el rigor histórico con el que está tratada, pero en un terreno puramente literario... ¡Uf!

Por si alguien tiene curiosidad por contrastar lo dicho, os dejo el enlace al libro.