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viernes, 22 de octubre de 2010

Teckla. Revuelta en Adrilankha - Steven Brust

Así continúan las aventuras del asesino oriental Vlad Taltos en tierras de los dragaeranos. Y así termina lo publicado en castellano, todo sea dicho.



Igual que en sus predecesoras, Steven Brust nos brinda un ritmo vertiginoso lleno de intrigas, mentiras, conspiraciones y demás familia. Es la fórmula mágica de Vlad Taltos, es un hecho.

En esta ocasión, la historia es algo más íntima que en anteriores ocasiones. Vlad y Cawti tienen problemillas de pareja, así mismo Vlad, como siempre, tiene tensiones con alguien. Ésa es la premisa. Eso sí, esta vez Brust no nos lleva a una estructura de clímax-clímax-clímax-clímax que nos corta la respiración. En Teckla el desarrollo es más normal, más tranquilo y meditado. No le sienta mal a la historia, pero a mí me gustaba más el estilo rápido y brutal de los anteriores: el sufrir un golpe sin haberme repuesto del anterior, el ver cómo todo se desmoronaba de nuevo sin que hubieran arreglado lo anterior. Admito que, para mí, ésa era parte de la esencia de la serie y que si bien, en cierta medida, en esta entrega se mantiene, no es de ninguna manera comparable. Sigue habiendo una relación soluciones/problemas tirando a baja, sigue siendo agobiante por momentos, pero le falta ese toque incremental. Supongo que podríamos decir que tiene un aire más a Yendi que a Jhereg, de las que ya he hablado.

Es imposible no reconocer el estilo de Brust en cada página, esa peculiar forma de contarnos qué ha pasado, de no reconocer ese toque descarado y prepotente de Vlad que, personalmente, tan agradable me resulta. 

Vlad tiene una crisis con su esposa, la hermosa Cawti, debido a la unión de ésta con un grupo prorrevolucionario en Adrilankha Sur. Al principio, Vlad no hace mucho caso del asunto, cuando quiere reaccionar es tarde: la situación ha devorado todo mecanismo de control y las cosas se tuercen una vez más. ¡Qué dura es la vida de los jefes mafiosos!

Nota: 8. Tiene un aire más triste que los otros dos, algo más desesperado, y quizá no logre unos clímax tan altos; pero resulta muy evocador y, además, consigue llevarnos por dónde quiere. Es imposible no empatizar con Vlad y sus problemas y, a la vez, es difícil no comprender a Cawti. Menudos tres libros, la verdad; una lástima que se abandonase su edición en castellano, no dudaría en comprarlos...