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viernes, 1 de octubre de 2010

Águila Roja (1ª Temporada) - Steven Brust

Tardé mucho en decidirme a verla. ¿Por qué? No me gusta el estilo español a la hora de hacer cine y series. Música, literatura, sí; vale, pero el cine me parece, casi siempre, nefasto. El caso es que en mi círculo de amigos —encabezados por Cris, todo sea dicho— se empezó a hablar bastante de esta serie. Esto no fue suficiente para que yo me dignase a verla. Soy un tipo difícil. Poco a poco, más gente me hacía comentarios positivos, Cris insistía e insistía y un día empecé a verla.



Siendo honestos... vi dos capítulos y me parecía una serie malilla. No horrenda, ni tentacular, ni nada; sólo mala, cutre, tópica y con un ninja castellano —un puto ninja, a mis xenófobos ojos— en la España del XVII. Unas semanas después vi el tercer capítulo, que si ya me gustó más que los dos primeros... me siguió pareciendo pobre. Y pausé la serie. Lo cierto es que pasaron varios meses y un día retomé el cuarto capítulo en el que, en mi opinión, tal vez difuminada por la distancia respecto a los otros tres capítulos; me pareció que pasaban muchas más cosas. Tanto fue así que vi el resto de la temporada (episodios 5-13) en los 7 días siguientes —el día 29 de la huelga general vi dos, en eso aproveché yo la huelga... en fin— y le di fin.

Mi opinión, muy resumida, es que se trata de un producto mucho mejor de lo que yo me esperaba. Mucho, mucho mejor. La historia es simple, llena de giros y quiebros y tal, pero simple, interesante y divertida; los personajes son claros y bien definidos; entre los actores hay un poco de todo, pero lo cierto es que Javier Gutiérrez (Saturno), Francis Lorenzo (Hernán) y Myriam Gallego (Lucrecia) lo hacen muy bien; e incluso algunos niños, especialmente Patrick Criado (Nuño) y Guillermo Campra (Alonso) lo hacen bastante bien.

Argumento (algunos spoilers):
Gonzalo (David Janer) es un maestro de escuela que por amor retó a un noble a duelo y lo mató y, entonces, tuvo que irse del país. En Japón le enseñaron las artes de los ninjas y volvió a España cuando ya se había calmado el asunto. Actualmente —en el momento inicial de la serie—, está casado con una mujer con la que tiene un hijo llamado Alonso. La mujer muere en el primer capítulo a manos de la justicia, tras que un miembro de una misteriosa logia la monte de mala manera en una reunión de la misma. Entonces Gonzalo se pone muy, muy triste y se convierte en Águila Roja, para desfacer entuertos y ayudar al pueblo llano. O algo así. Águila Roja es la versión ninjacastellano de Batman. En serio, tiene águilatirolina y todo.

Para mí, lo mejor, el comisario; que mola un puñado: la estética, el estilo, su forma de luchar. Grande. Realmente grande. Por mi parte, la serie podría llamarse El espadachín oscuro, o algo así; y estar protagonizada por un combatiente a la española. Joder, ¿qué mariconada es ésa de poner un proyecto de ninja? ¡Con lo que molan los viles duelistas castellanos! Pero bueno, como antagonista también cumple. Un malo con sus propias motivaciones y sus sentimientos. Seguido de cerca por la marquesa, que me parece un personaje maravilloso, conseguido, traicionero, ansioso de poder. Fantástico. Luego Saturno, que tiene un toque a Sancho Panza impagable.

Nota: 6,5. No nos vamos a engañar. Águila Roja no es una gran serie y no marcará un nuevo hito en las series del mundo; pero sí lo ha marcado en las series de España. Les falta presupuesto para lo que quieren hacer, porque ésta es una serie que, haciéndola más vistosa, podría ser muy, muy grande. Haciéndola más vistosa y, sobre todo, sin estar supeditado al «todos los públicos». Si esta serie fuese yankee y la llevase la HBO, podría ser memorable. En España difícilmente pasará de «aceptable» o, en el mejor de los casos, «buena» sin más.