Google+

lunes, 22 de julio de 2013

Sons of Anarchy (5ª temporada) - FX

Tras el subidón de la cuarta, la quinta temporada cayó de forma inmediata, a sabiendas de que en cualquier caso, habría que esperar hasta el otoño para seguir con la nueva temporada, dado que ya nos pondríamos al día con la serie. Esto es lo que dio de sí.


Es la silla, ¿o no?

El poder corrompe. Se ha dicho siempre y Clay lo ha dicho un par de veces en la silla. Parece que si alguien puede cambiar esto es Jax, alguien que hasta la fecha ha presumido, casi, de su extraordinario temple. Jax es fuerte, inteligente, bienintencionado (dentro de lo que cabe) y aparentemente capacitado para la presidencia con la que acaba la cuarta temporada. La vida en el club no es fácil y tras las revelaciones de Romero Parada, SAMCRO está un poco anclado a sus negocios con el cártel Galindo del que Jax quería desbancarse.

En esta ocasión el villano es un mafioso de verdad, de los que imponen respeto por su absurda sensación de poder. Todo lo que le rodea parece letal, calculado e inexpugnable. Es Damon Pope (interpretado por Harold Perrineau, más conocido como Michael 'They took my son' Dawson de Perdidos) que está en campaña contra los Sons tras la muerte de su hija a manos de Tig en la cuarta temporada. Pope es un hombre sin escrúpulos y lo demuestra muy rápidamente quemando viva a Dawn, hija de Tig, ante los ojos de su padre. Pero no acaba ahí la cosa: Pope quiere algo de SAMCRO y entreteje su red, que lleva a Jax, Opie, Chibs y Tig en prisión en el segundo capítulo de esta temporada.

La cara de Perrineau ya me trae malos recuerdos, si os digo la verdad...

La muerte de Opie en prisión trastoca a Jax, cuya personalidad empieza a cambiar a marchas forzadas, acercándola mucho a la del hombre al que más desprecia. La hasta ahora anchísima franja de tierra entre Jax y Clay empieza a reducirse, pero el joven Teller no se da cuenta, demasiado ofuscado por la ira.

Así, sujetos por Galindo/CIA y amarrados por Damon Pope, los Sons buscan apoyos y salir adelante, como siempre, encontrando ayuda esta vez en el jefe de Diosa, una especie de macroburdel regentado por Nero Padilla, el nuevo amante de Gemma. Nero es un personaje de los que no abundan en Sons of Anarchy, es cercano, ayuda, tiene buenas intenciones y aunque una vez que debe actuar, actúa... se nota que no obtiene placer con ello, algo en lo que el mismo Jax cae, como demuestra una y otra vez. Muchos remordimientos, pero se lo pasa pipa mientras.

Grandísimo Nero Padilla.

Y por supuesto, todo esto mientras Clay la lía, que para algo lo dejaron vivos los guionistas.

Defectos que vuelven para vengarse

Lo peor de Sons, quizá, es que no parece que aprendan de sus errores. Lo que no funciona siempre vuelve en esta serie. Y en la quinta temporada, que fácilmente podría haber mantenido la elegancia de la cuarta, resulta especialmente molesto.

Aunque en menor medida, los problemas con el IRA (Gaalan solo quería negociar con Clay, razón por la que este sigue vivo) se mantienen toda la temporada, y si algo ha quedado claro... es que las tramas del IRA no saben aprovecharlas demasiado. Por si esto fuera poco, volvemos al drama familiar de Tara quiere ser dueña de su familia y Gemma no quiere competencia, por lo que mantienen un tonto rifirrafe toda la temporada, una disputa que lleva ya 5 temporadas y produce arcadas de puro tedio. Y por si esto no fuera suficiente (que tiene su mérito...), ¡¡vuelve Wendy Teller!! Sí, la exmujer de Jax quiere conocer a su hijo Abel y decirle que es su madre y todo el rollo. Y ya no es yonqui ni nada, pero es igual de cargante. ¿Por qué, señor Sutter? ¿Qué le hemos hecho para que recupere ciertos elementos que deberían haber sido erradicados hace años?

¡Anda y ve a chutarte por ahí, pesada!

No me entendáis mal, la temporada es buena (de lo mejor que llevamos de serie), pero son detalles de los que se ha abusado y de los que, para más inri, nunca ha conseguido sacarse nada a la altura de lo que la tensión que rodea estos hechos demandaba. Son tramas que parecen encasquetadas sin arte, minutos de relleno que se repiten, casi sin cambios, en diversas temporadas. Una lástima.

Música y dirección

Pero hay puntos en los que la serie parece haber alcanzado su madurez. La música de Sons siempre ha estado particularmente bien elegida. Con todo ese thrash, el rock clásico, el rap y las versiones... todo le sienta bien a la serie. Lo que despunta de verdad en esta ocasión son los pasajes musicalizados, cuando ponen una canción entera (o al menos 3 o 4 minutos de ella) y suceden cosas de fondo, como al final de cada temporada de The Wire, único momento de aquella serie en la que sonaba música extradiegética.

Para mí, fue aquella la serie que mejor usó este recurso, pero en Sons, y sobre todo en esta temporada, resulta especialmente lucido. Casi se notó un cambio desde la fantástica versión de House of the rising sun al final de la cuarta temporada cuando Jax se sentaba en la silla del presidente.

El titán Opie Winston.

La extraña versión de Sympathy for the devil del capítulo final, la de What a wonderful world o la de la preciosa The lost boy pasan al saco de las escenas más memorables de la serie. Un gran trabajo, sin duda, que da a la grabación de esta serie la elegancia que se merecía.

Nota: 8. Los problemas que vuelven pasan factura a la serie, pero los puntos fuertes están más fuertes que nunca.


Otras temporadas de Sons:
Primera.
Segunda.
Tercera.
Cuarta.