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jueves, 18 de julio de 2013

Family tree - HBO

Si ya hubo quejas sobre lo mediocre que fue la temporada otoñal (que suele ser la fuerte), y muchos depositaron su fe en la midseason (que son, casi, las sobras del otoño) encontrándose con otra tanda de estrenos particularmente flojos, supongo que algunos confiaron en que viniese un verano especialmente bueno. Y no ha sido así. Las series veraniegas suelen oler un poco mal, y los estrenos de este año son particularmente hediondos.


De todo cuanto empezamos a ver, seguimos con muy poca cosa. Y lo cierto es que, de todos modos, incluso las series que hemos seguido no son nada muy allá.

Exceso de fe

Creo que en esta ocasión, nuestra fe en HBO y en Chris O'Dowd nos jugó una mala pasada. Supongo que si esta serie tuviese otra cadena detrás y el protagonista fuese otro, la habríamos dado de lado tras un piloto graciosete sin más. El caso es que en las comedias —y en las series de HBO en general— se tarda unos cuantos episodios en entrar, así que dado que nos había parecido algo divertido le dimos un par de episodios más. Y de pronto nos encontramos con 6 capítulos vistos cuando la temporada tenía 8. Y acabamos la temporada, más por «aprovechar la oferta» de que solo quedasen dos capítulos que por verdadero interés.


Family tree se articula sobre una base muy sencilla: Tom Chadwick (Chris O'Dowd) es un hombre que se ha quedado sin trabajo y sin novia y ha decidido que es un gran momento para investigar su árbol genealógico. Con estilo de falso documental, la serie presenta a distintos parientes que descubre Tom, todos unos raritos increíbles, por supuesto y basa los capítulos en las relaciones personales que surgen entre los Chadwick que ya conocíamos del primer episodio y los que van surgiendo.

Menos mal que está Nina Conti

El gran atrevimiento de la serie radicaba, como en otras series de su creador Christopher Guest, en que los diálogos los improvisaban los actores. Reconozco que este método de trabajo me inspiraba confianza 0, aunque por otra parte le veía cierta potencialidad de frescura difícilmente comparable.

Lo bueno de este método es lo poco que se parecen los personajes entre sí. Muy muy poco. Quizá Guest y Piddock (el cocreador) les dieron las pinceladas de cómo eran sus personajes, pero lo cierto es que sus diálogos no mantienen ningún rasgo entre sí. Por un lado tenemos a Tom, protagonista y personaje más normal de la serie, que encuentra la gracia en afirmar solemnemente las cosas. Por otro tenemos a Pete (Tom Bennett) que tiene el humor más zafio —sin resultar especialmente grosero, que conste— y por último, pero no menos importante, tenemos a Bea Chadwick, a la que da vida Nina Conti.


Bea lleva un mono de ventrílocuo en su mano derecha y casi nunca se la ve sin él. Ese mono es la voz de sus emociones, tras un trauma en el zoológico. Su mono tiene las mejores líneas de diálogo de toda la serie. Y dado que son improvisadas, bravo por Nina.


Nota: 6. Si os gusta mucho el humor absurdo británico puede que entréis en la dinámica. Yo reconozco que entraba a ratos y que en esos momentos me divertía, pero algunos personajes (como Pete) me sacaban completamente del juego y hacían que me sintiese perdido. Por lo demás, la serie no es nada del otro mundo, pero sí es de los mejores estrenos que llevamos de verano.