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lunes, 6 de febrero de 2012

La bella durmiente - Sheri S. Tepper

Hay obras que conquistan tras el primer acercamiento, pero La bella durmiente no es de esas. A la novela le cuesta un poco arrancar. De hecho le cuesta como un 20% de sus páginas, pero desde que acaba de plantear la situación inicial (nunca mejor dicho), la historia cobra interés y ritmo y mantiene el tipo hasta el final de la novela.


La bella durmiente (Beauty en su versión original) no es una gran novela. Está bien contada y pervierte de forma entretenida muchos cuentos clásicos (o los acerca otra vez, de algún modo, a sus versiones originales). Su tratamiento de ciertos temas como la actitud destructiva del ser humano y la religión no me han gustado demasiado, ni en su concepción ni en su tratamiento, pero, en cualquier caso, admito que pasado el bache inicial, la novela se lee con comodidad y cuenta con cierta gracia su historia.


Argumento
Bella es la hija del duque de Westfaire. Y, bueno, es la Bella durmiente; solo que aún es muy pequeña y aún está despierta, pero ya la han maldecido y todo. El caso es que las cosas no son tan simples, hay un montón de personajes implicados en la trama (entre los que, sin duda, destacan las hadas, porque su madre —que se casó con su padre y la tuvo a ella... y luego huyó— era hada) y Bella no se duerme. Se duermen los demás. Y así, sin comerlo ni beberlo, huyendo se topa con unos hombres que lo están grabando todo con una cámara al hombre; unos hombres del futuro que han venido a filmar el final de la magia. Con estos hombres viaja al siglo XXII, donde ya no hay nada, pues la humanidad lo ha consumido/destruido todo.

Bella, traumatizada, se las apaña para llegar al siglo XX en compañía de algunos de los que estaban filmando en el siglo XIV de Bella. En el siglo XX, al que se conoce como «el último siglo bueno» porque aún hay comida, animales y demás, vive con Bill, pero un día Jaybee (el cámara del grupo, que es muy malo muy malo) entra en la casa, mata a Bill y viola a Bella. Y la deja preñada. Rocambolesco, ¿que no? El caso es que usando los regalos de su madre hada, Bella consigue volver al siglo XIV donde todo empezó y, entonces, se lían las de Dios es Cristo. De pronto empezamos a asistir a cuentos y más cuentos, a historias que se cruzan con los intereses de las hadas y a una trama que parece englobarlas a todas ellas. Casi siempre bajo la atenta mirada de Carabosse.

¿Y quién es Carabosse?

En mi opinión Carabosse es el centro de la historia. Puede que la novela se centre en Bella, pero Carabosse, de un modo u otro, está en todo. No sé cómo y no sé por qué, pero siempre era la respuesta última a las preguntas, la sombra que se veía de fondo. Más importante que Oberón y que la madre de Bella, por ejemplo, más importante que los mismísimos Señor Oscuro y Jaybee (que son el uno un avatar del otro, o algo así); aunque puede que, de algún modo, haya unos cuantos personajes que rivalicen en importancia secundaria con ella, como los bogles Fenoderee y Puck, ambos encantadores y carismáticos.

Tepper crea varios entornos de ensueño (nunca mejor dicho), entre los que destacan Westfaire, el País de las Hadas, Baskarone y Chinanga y los personajes discurren por ellos como personajes de cuento viviendo una tragedia actualizada (y algo exagerada). Tiene partes realmente interesantes, como la macabra y malvada Ella, pero la novela se mantiene en una línea más bien modesta tanto en interés, como en originalidad, como en habilidad narrativa; facilidad de lectura aparte.


Intencionalidad
Me parece que Tepper, ante todo, quiere hacer una ultradefensa de la importancia de la mujer y del ecologismo, y varias veces la historia se enfarraga en esta intención y el resultado se desluce. No tengo nada en contra de los alegatos defensores en una novela... mientras no empañen el resto. De hecho, el alegato feminista (por momentos algo feminazi: hay un par de mujeres malvadas en la novela —que, siempre de forma algo rebuscada acaban siendo redimidas—, mientras que los villanos masculinos son unos hijoputas infernales sin perdón posible) está bastante bien y, al menos, encaja correctamente en la historia. Pero el alegato ecologista es horrible (con el capítulo de la última ballena, el fin de la sostenibilidad de la agricultura, el despertar de Fidipur, que es la deificación  del mal, de todo lo que va mal o se ha perdido), se mete con calzador de forma apurada. Y además... me parece que no encaja bien.


Además, el trato de la religión, de la belleza de la Obra... (hasta que llega Fidipur, claro) me parece terriblemente cansino. Aunque, eso sí, hay que decir que encaja a la perfección con el alegato ecologista que comentaba.


El final de la novela se ralentiza tanto como el principio. Parece que no pasa nada en las últimas 80 o 90 páginas. Las pocas acciones que se emprenden llegan referenciadas por terceros a la propia Bella; es como si asistiésemos a cómo alguien lee la historia y hace matizaciones al respecto. La verdad es que me pareció un poco... ¿tacaño? ¿Hemos asistido a un montón de aventuras, mejores unas y peores otras, y la resolución de tramas sucede lejos, hecha por terceros y nosotros apenas nos enteramos? Mal, mal, mal.


Nota: 5. La novela se deja leer, el argumento rocambolesco es entretenido y gran parte de la novela es devorable a buen ritmo, lo que lo convierte en un aceptable pasatiempo. Pero el principio y el final no están a la altura y, además, como novela en sí, es bastante normalucha.


Si os gustó lo de la perversión y retorcimiento de los cuentos, deberíais echar un vistazo a:
Novelas de Geralt de Rivia, especialmente El último deseo. En algunos relatos incluso tiene cierto alegato ecologista que, además, está bien tratado e introducido en la historia. Preciosos.
Serie de televisión: Once upon a time.