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lunes, 21 de noviembre de 2011

Once upon a time, un pequeño comentario

Once upon a time era el estreno otoñal que más me interesaba. Sin ninguna duda. Admito también que tenía mis dudas, porque no me suelen gustar los productos de la ABC, pero la idea me tentaba terriblemente y la participación de Ginnifer Goodwin me caía en gracia. Es difícil no tenerle cierto cariño tras su encantador personaje de Big Love, ¿no creéis?


Y ayer vi el piloto. ¿Y qué puedo decir? La serie me interesaba, pero admito que nunca pensé que me pareciese especialmente buena; pero puede que me hubiese adelantado a despellejar un lobo que no había cazado.

Once upon a time está muy bien llevada. Los personajes son interesantes en su exageración de cuenta, las actuaciones son más que cumplidoras, la ambientación es grandiosa, los efectos especiales son mucho mejores de lo que cabía esperar y algunas escenas juegan con las cámaras de forma verdaderamente trepidante. Personalmente he de decir que detesto la elección de la actriz protagonista. ¿De verdad hemos de creer que tiene 28 años? Compruebo en IMDB que la actriz, Jennifer Morrison, acaba de pasar la treintena el año pasado pero, sinceramente, en la serie le echaba más bien 35-36. Inaudito, lo sé; pero cierto. ¡Qué mal la ha tratado el tiempo! No obstante, lo compensa el niño, el fantástico Jared Gilmore, que ha pasado de ser un insoportable Bobby Draper en Mad Men a un magnífico Henry Mills en Once Upon a Time.

Supongo que el hecho de que sea de corte fantástico y esté bien hecha ya se gana un puntito en mi alma friki de jugador de Dungeons and Dragons, y supongo que el hacer una versión sucia, oscura y terrible de los cuentos clásicos se gana otro puntillo adicional de mi alma adoradora de Geralt de Rivia; pero Once upon a time, deseo aclarar, marca su propio camino. Un camino algo más «para todos los públicos» que el del brujo albino del polaco Sapkowski; pero sin caer en grandes ñoñerías. La trama va de lo que va: la malvada bruja de Blancanieves ha desatado una maldición terribilisisérrima, la peor maldición imaginable, y ahora los personajes de los cuentos clásicos se han visto condenados a una eterna existencia miserable en un pueblo de Maine (no podía ser en otro lugar, Stephen King se sentirá orgulloso) en el que viven sin envejecer pero sin poder recordar sus viejas vidas. Malvada, malvada bruja. Pero no todo es tan horrible, claro que no, Once upon a time es un cuento, el cuento que los recopila a todos, y como tal cuento tiene su propio héroe: la hija de Blancanieves y el Príncipe Encantador, que nace mientras se desata la maldición y una densa y oscura niebla lo empieza a cubrir todo, y que está destinada a arreglar todo este desaguisado 28 años después. Todo ello profetizado por el misterioso e inquietante Rumpelstiltskin, interpretado por un Robert Carlyle sobresaliente.

Y érase una vez, 28 años después, cuando el hijo de esta destinada a arreglarlo todo viene a buscarla. El fin ha comenzado, ¡prepárate, bruja malvada!