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viernes, 12 de noviembre de 2010

Roma (1º temporada) - HBO/BBC

Las series de la HBO (aunque en este caso sólo está coproducida por ellos) se enfrentan, en ocasiones, a un problema: una coral demasiado grande y confusa. Me explico, cuando empieza The Wire, uno tarda 3 o 4 episodios en situar mentalmente a cada personaje. ¿Y quién coño es Daniels? ¿Y cuál era Omar? ¿Stringer era el del juicio o era...? Los capítulos duran una hora, así que uno tarda 3 o 4 horas en sentirse situado. Esto es mucho, lo comprendo.

Si bien en The Wire no me sentí asfixiado por este hecho, la primera vez que vi Roma sí me pasó. Salvo Lucio todos eran del mismo palo (así... mediterraniformes) y me los confundía. No me sentía situado y me amargó un poco la serie, al punto de que la abandoné en el capítulo 2, teniendo clarísimo que estaba dejando una gran serie. Es decir, no era un asunto cualitativo; era sólo que me perdía y eso me ahogaba demasiado mentalmente. Hace poco decidí verla, porque le tenía unas ganas terribles, y allá fue: devoré Roma sin compasión.



Roma lo tiene todo. Superado ese bache, que no doy por hecho que sea tal, sino más bien falta de costumbre porque nos lo suelen dar todo muy mascadito como regurgitan las aves la comida a sus polluelos. El caso es que los personajes de Roma molan lo que no está escrito: Julio César es una presencia noble, altiva y orgullosa, una criatura evocadora y magnífica a la que resulta difícil no apreciar y respetar. Voreno y Tito son el dúo dinámico de turno; Voreno, un hombre serio, eficaz y leal; Tito, un legionario pueblerino, un tipo de Sancho Panza que te puede quitas las entrañas con una mano mientras con la otra agarra a tres prostitutas. Marco Antonio, el fanfarrón y payasete Marco Antonio, riéndose de todo y de todos; pero leal a su manera. Esa zorra insidiosa que es Attia de los Julios, una persona sin escrúpulos cuyo único aporte no repugnante a la serie es el de su cuerpo; sus hijos Octavio y Octavia, a cual más adorable. Servilia, Bruto, Cicerón, Pompeyo, Niobe, Eirene, Posca, Castor, Timon... una horda de personajes entregados a la creación de una historia ambiciosa, completa y detallista del viejo Imperio Romano. De cómo César alcanza un poder imperialista y los viejos amantes de la República ven atrocidades por todas partes.

Una horda de extras completan la ocupación humana de unos decorados amplísimos y muy bien cuidados. Una Roma llena de gente de todas las clases y de pintadas, unos ciudadanos de sexualidad desinhibida y un tanto tortuosa, una gran cantidad de personas ruines, de intereses cruzados y de quién sabe qué más, se entrecruzan configurando la trama argumental de la serie, que se desarrolla a ritmo moderadamente rápido (sobre todo en producciones de la HBO, debió de ser la presión de la BBC), sin cortarse un ápice con la sangre, y es que Roma tiene algunas de las escenas de combate más realistas y brutales que he visto hasta el momento. Brazos y piernas cercenadas, perforaciones varias, laceraciones a punta pala, todo ello con un mimadísimo trabajo de imagen que repercute en obvio beneficio de la serie.

Una gran dirección, unos grandes actores (aunque algunos no parezcan muy romanos, otros muchos sí), unos grandísimos escenarios, vestuario, maquillaje y efectos.

Nota: 10. Intachable. Una serie imprescindible.