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martes, 5 de julio de 2011

Das Boot (El submarino) - Wolfgang Petersen

196 minutos. Uno podría pensar que tiene que sobrar mucho metraje, es más, uno podría pensar que yo, que siempre me quejo por crisis de ritmo, tendría que encontrar problemas al respecto; pero no. Das Boot es un peliculón, controla el ritmo, la tensión, la heroicidad y el realismo a la perfección, trazando un retrato magnífico de la experiencia submarinística de la Segunda Guerra Mundial.



Muy en la línea del cine bélico germano, Das Boot arranca de forma muy poco glorificante, muy poco heroica. Los alemanes se avergüenzan de las guerras y esta película es un intento más de demostrarlo. Primero tenemos la lectura en castellano de un texto que figura en inglés, en la que se dice que de los 40000 alemanes que sirvieron en submarinos, 30000 murieron. Luego el mar, en un color verdáceo frío, tal y como se mostrará muchas otras veces a lo largo de la película (donde se juega a menudo con el verde y el azul, siempre fríos), atravesado finalmente por el cuerpo sombrío del submarino. Y ya nos metemos en harina, la escena se pasa a tierra donde se nos presenta a la poco gloriosa tripulación del submarino de marras, que, salvo excepciones, se trata de un puñado de patéticos borrachos, aunque la tripulación del otro submarino que se enseña es del mismo palo. El miedo les hace beber. El miedo es todo lo que se palpa en tierra.

El ajetreo de los trabajos de soldadura y puesta a punto de los submarinos en los atracaderos da paso al frenético y claustrofóbico movimiento en su interior. El grupo de tripulantes parece inmenso respecto a lo angosto y bajo de los pasillos, la coordinación casi de baile a la que obliga la construcción del submarino en las casi constantes carreras que por una razón u otra se verán obligados a dar por entre los pasillos metálicos, todo ello ayuda a aumentar la sensación de opresión, de ahogamiento que lo rodea todo. De hecho, el primer recorrido de la estructura del submarino se hace a modo de guía turística al teniente Werner, mostrando los atestados pasillos, lo que incrementa si cabe, la sensación de asfixia.

Todo esto, no obstante, no es nada comparado a los momentos en que suena la alarma y todos se ven obligados a correr a toda prisa, evitando en la medida de lo posible perder la coordinación, por los pasillos mientras el submarino se sumerge. Y toda la tensión que uno pueda haber notado en la superficie palidece en esas lentas escenas en las que el submarino se hunde y la aguja de la presión aumenta, y aumenta, y aumenta. Y a veces el peligro no desaparece, y el submarino se hunde, y la presión aumenta, y aumenta. Y las paredes de la nave chirrían, protestan, el metal chasquea por la fuerza del agua y esos sonidos acaban siendo una terrible constante que mantiene en vilo al espectador que asiste a las increíbles inmersiones del submarino, entre la sudorosa tensión de los tripulantes del mismo.

En contraste con esta sensación, está la superficie. El mar abierto unas veces, con la escotilla como una forma tímida entre las olas; y otras, cuando el comandante está en la escotilla y las olas rompen, salpican, lo cubren todo, mientras el submarino corta el mar. Música épica con marcada percusión y fuertes sonidos de viento que se confunden con el aumento de ruido en la sala de máquinas, y fuera las olas y la tensión de la batalla próxima. Unas escenas increíbles, sí, tanto sumergidos como en la superficie. Petersen juega magníficamente sus cartas para seducir a la vista y a la zona del cerebro que se ocupe de calcular la tensión argumental de una historia. No importa lo lenta que sea la escena, la tensión es siempre tan palpable que las lentas esperas de información, entre las bajas voces que anuncian, por ejemplo «popa abajo 10, proa arriba 15», causan una gran expectación y la inquietud de la espera.

Toda la escena del periscopio, en torno al minuto 50 y en adelante, está genial, mientras intentan localizar a un destructor que parece protegido por la tormenta hasta que reaparece casi encima del submarino; las cargas de profundidad, cuya expansión revienta las luces y corta los sistemas aunque no causa daños. Y luego la extensa y mantenida espera con el destructor encima, expectante y deseando dar caza al submarino alemán. El agua que empieza a entrar por la presión. Este es el punto en que la tensión de la película empieza a rozar, casi, la paranoia. Y es que a partir de ese momento, cada momento de peligro se ve con otros ojos, con unos ojos que esperan el fallo, el colapso y el ahogamiento.

Y ya no hay tregua. Hay situaciones que se repiten, pero siempre con algún giro de tuerca o variables para conducir hacia un final agorero y triste.


Das Boot es, ante todo, una película bélica alemana y tiene esa característica vergüenza ante lo sucedido, ese toque antinazi que, en cualquier caso, les sería exigido por las circunstancias, más allá de lo que pensasen o no sus creadores; pero ¡menuda película! Pero recalco que en ningún momento se abandona la crítica a la guerra, reinspirando el toque crudo y triste que Petersen se esfuerza en dejar patente:
«—Haga fotos de la tripulación cuando regresemos. No ahora al partir.
—¿Por qué?
—Cuando vuelvan tendrán barba. —pausa—. Los británicos se avergonzarían al ver en la prensa la causa de sus problemas. Adolescentes, que deberían estar con sus madres. Navegar con ellos hace que me sienta viejo: es una cruzada de niños.»


El trabajo de los actores es bastante bueno, aunque me gusta especialmente uno de los secundarios, Erwin Ledder, que hace de Johann, el fantasma de la sala de máquinas, con su toque cetrino y nervioso. Me encanta.

La dirección y la fotografía son una pasada. Así de simple. El trabajo de Petersen y su equipo es genial. La escena de las reparaciones en Gibraltar, mientras todavía hay fugas y la cámara se pasea mostrando recursos narrativos internos como el medidor de presión o como se van desajustando los pernos hasta que algunos saltan disparados como si fuesen balas, es sencillamente perfecta.

La música está muy bien elegida. Tiene un toque mínimamente épico, en general, pero frío y un poco triste; aunque se vuelve epiquísimo en las escenas de superficie, en el que ese aire de marcha militar imparable es épico-épico. Toda la música, eso sí, se mezcla a la perfección con el transcurso de la película . Una muy buena banda sonora.

La película fue nominada a una cantidad abismal de premios, entre los que se cuentan 6 oscar: mejor película extranjera, dirección, efectos de sonido, edición, sonido y guión adaptado; y a mejor película extranjero en los BAFTA y en los premios de la academia de cine japonesa.

Nota: 10. Das Boot es una película que me encanta y que he visto 3 ó 4 veces, lo que contando sus cerca de 200 minutos de duración, es toda una inversión de tiempo. Absolutamente recomendable.

¡Ah! Y hablan de Vigo varias veces, signo inequívoco de encontrarse ante una gran película, como todo vigués sabe.