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jueves, 7 de julio de 2011

Bored to death (1ª temporada) - HBO, Jonathan Ames

Empecé a ver Bored to death porque quería una serie corta y con visos de ser buena. Ésta resultó que tenía 2 temporadas de 8 capítulos de 25 minutos; si tenemos en cuenta las series a las que estoy acostumbrado, me encontraba ante una que cumplía sobradamente uno de los puntos. ¿Y el otro? Bueno, era de la HBO, de la que me ha gustado todo salvo Sexo en Nueva York, True Blood y En terapia. Era un riesgo asumible.






El protagonista se llama igual que el creador de la serie, pero como la serie va sobre un escritor que se mete a detective privado, no sé si es un guiño interno o un tremendo Mary Sue; aunque el hecho de que el tal Ames (el de verdad) tenga otras obras contabilizadas en IMDB me hace pensar lo segundo. En realidad, ya me he informado de que el tipo, el de verdad, existe; pero que el personaje se llame como él y tenga la misma profesión, me parece... rarito. El caso es que en cuanto empezó la serie me llevé mis dos primeras sorpresas: la cortinilla ya la había visto alguna vez (creo que un contacto la había compartido en Facebook o algo así) y me parecía muy interesante y vistosa; la otra es que el actor que encarna al protagonista es Jason Schwartzman, Giddeon Graves —el malo— en Scott Pilgrim contra el mundo.


Jonathan Ames, el personaje, es un escritor que tras una buena y reconocida primera novela, se encuentra estancado en su escritura de la segunda, así que para hacer dinero se mete a detective privado sin licencia, a pesar de que su mejor amigo Ray Hueston (Zach Galifianakis) intenta disuadirlo y de que su jefe en una revista, George Christopher (Ted Danson) lo reclama casi constantemente para que le pase maría o le arregle algún problema raro de esos en los que se mete constantemente.






Por lo demás, cada capítulo un caso, y cada caso más raro que el anterior; casi siempre girando en torno al sexo (bien el caso en sí, o bien la tónica del capítulo; a lo que supongo que hace justicia el lema de la serie: «A Noir-otic comedy»), y, casi siempre, de una forma un poco... retorcida y parafílica, a menudo a partir del extraño obseso que es George, de los extraños comics de Ray o de los casos que más atañen a los propios protagonistas, como, por ejemplo, «El caso del esperma robado».


Con el avance de los capítulos, la serie se va haciendo más interesante, porque la verdad es que el principio —los dos primeros capítulos sobre todo— es bastante lento y mediocre, pero según avanza, mejor. No obstante, el capítulo final no cierra nada; es un capítulo más, uno absolutamente normal y deja una sensación bastante frustrante.


Y no querría dejar sin citar, al menos, la fantástica cortina de inicio:








Nota: 6,5. La serie se deja ver, tiene puntos divertidos y el tono mola; todo lo sucio y asqueroso que es todo; pero le falta algo, no sé qué, pero algo. Quizá necesita ser más divertida, o más trágico, o quizá un final en condiciones; pero no está mal.