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lunes, 11 de julio de 2011

El odio - Mathieu Kassovitz

1995. Los disturbios en los barrios periféricos de Paris se recrudecen a raíz de la paliza recibida por un joven judío, Abdel, a manos de un inspector de policía.
Sus tres amigos: Vinz (Vincent Cassel), Hubert (Hubert Koundé) y Saïd (Saïd Taghmaoui), un judio, un negro y un árabe, siguen en las calles sobreviviendo día a día.







La primera vez que vi esta película fue hace muchos años. Me la presentó uno de mis compañeros de piso y me encantó. Han pasado los años y sigue pareciéndome una buena película.

El odio está rodada en blanco y negro e incluye pequeños fragmentos con estilo de documental. La imagen y la fotografía es su punto fuerte. Las escenas de violencia callejera son fantásticas.

Los personajes principales son Vinz, Hubert y Saïd. Excepto Hubert, que sí parece tener ansias de cambio y progreso, el resto se anclan en su propia desgracia. Son chicos de barrios marginales, sin estudios, con grandes dificultades para encontrar trabajo debido a sus orígenes y con muchos problemas para tratar con la gente que no es de su entorno. Para que nos entendamos, son una panda de canis parisinos, hijos de emigrantes. Son insoportables. Son maleducados, gamberros... la película denuncia que son producto del barrio en el que se han criado pero también hace hincapié en sus escasas ganas de salir de ese ambiente. Me parece un gran punto del guión, ya que no disculpa a la sociedad que los ha hecho como son, ni los disculpa a ellos por no intentar salir de esa situación.

El guión tiene crisis de ritmo. Tiene puntos interesantes pero hay alterna escenas de violencia o tensión con otras prescindible. Me da igual ver a tres malotes paseando por la calle, ligando con una tía o robando salchichas, no me aporta nada. Lo que sí está muy logrado es el camino hacia el desastre. Porque esta es una película en la que se masca la tragedia. Sabes desde el principio que es imposible que acabe bien.

De entre los actores, me quedo con un jovencísimo Vicent Cassel. No sé si otro actor hubiese conseguido que le cogiese el mismo asco a su personaje. En serio, querréis matarlo cada vez que haga posturitas delante del espejo. Este chico ya apuntaba maneras.

La música alterna el reggae y el rap francés. Os recomiendo echarle un ojo al rap francés. El problema es entenderlos pero lo cierto es que lo hacen muy bien.

Los escenarios nos muestran la peor cara de Paris. Estamos acostumbrados a ver la ciudad de las luces, Notre Damme, la Torre Eifel... pero París es una ciudad con barrios de aluvión, zonas marginales y calles sucias y oscuras. Es una nueva visión de la ciudad que no deja de ser interesante.

Nota: un 8. Es una película interesante a pesar de las crisis de ritmo.