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lunes, 4 de julio de 2011

K-PAX - Iain Softley

Reconozco que esta película, ya la primera vez que la vi, contaba con dos ingredientes muy destacados por los que gustarme. 3 incluso: Jeff Bridges, Kevin Spacey y la locura. ¿Cómo podía salir mal? Es más, me pregunto, ¿cómo podía salir mal si la locura —o no— de Spacey es creerse un extraterrestre?






La película, así, me cayó en gracia muy rápido. La dulce y hermosa música que le da inicio, tan de cuento, con el piano cristalino con ¿violín? de fondo y una peculiar batería electrónica, a la que suceden secuencias de imágenes desenfocadas y cómo se presentan los nombres del reparto, con pequeños fogonazos; todo ello, decía, ya había conquistado mi opinión cuando la historia empezó a desmadejarse. Y el que Spacey apareciese tras la brillante luz, de forma tan evidente y a la vez hermosa, dando un sentido claro a la película que algunos espectadores debieron preferir ignorar... Sí, debía suceder un desastre para que me echase atrás.


Prot (Kevin Spacey) es un hombre raro, inexpresivo, que aparece en el metro, de repente, y aunque no da especiales problemas, acaba ingresado en el hospital psiquiátrico en el que trabaja el doctor Mark Powell (Jeff Bridges). A partir de este momento se inicia una atractiva relación entre paciente y doctor, dos visiones completamente enfrentadas del mundo, la de quien se sabe —o cree saber— K-Paxiano, y la de quien sabe —o cree saber también— que tal cosa es imposible. Prot simpatiza rápido con el resto de pacientes, algunos de los cuales tienen verdadera importancia en la historia, pese a lo secundario de sus personajes.


El ritmo de la película es, realmente, muy lento; basado, sobre todo, en las conversaciones que Prot mantiene con Mark en el hospital o fuera de este, según avanza la historia. Aunque lo que le da alas finalmente a la película, son los detalles, cómo se trata a sí misma; son la luz y la música. El guión está muy bien, es original y ambiguo, e interesante y divertido; pero la música de cuento, y la luz, crepuscular a veces para acomodar la mirada del que se dice K-PAXiano, y con fuerte sobreexposición otras, recalcando la aseveración del principio de la película, cuando Prot se sorprende y dice: «Lo había olvidado, pero... es increíble, en su planeta hay muchísima luz». Los juegos de luces, con las gafas de Prot, que alteran su percepción cromática, dando un toque plateado a o verdáceo, según la ocasión; la escena del prisma, o de la ficción crepuscular; el uso bastante constante de la sobreexposición, que arranca un toque de irrealidad a muchas escenas, a la vez que refuerza el ambiente casi bucólica de otras, cosa a la que ayuda el magnífico apartado musical, de Edward Shearmur, bastante sencillo, hecho para acompañar y no para protagonizar, aunque resulta muy envolvente y misteriosamente cálida y emotiva.





Es posible que Bridges y Spacey formen un gran tándem, aunque personalmente opino que Spacey se come la pantalla y llega un momento en que la película es Prot.


«K-PAX es un planeta, pero tranquilo, no saldré disparado de su pecho»




Tanto la primera entrevista entre paciente y doctor, como la escena del ruiseñor azul —que creo que es la más comentada en internet junto con la discusión sobre qué sucede al final de la película—, el magnífico momento de hipnosis en el que Spacey devora absolutamente la película con su arranque desgarrado; son algunas de las escenas que más me gustaron en su momento y que, incluso, he vuelto a ver alguna que otra vez. ¡Gracias youtube!


Ahora procedo a comentar mis impresiones sobre el final de la película; así que, como podéis suponer, todo es una especie de spoiler gigante. Admito que no tengo ni idea de qué confusión existe, dado que el final me parece, personalmente, bastante esclarecedor.


Prot no miente en ningún momento. Prot es K-PAXiano; Robert Porter era verdaderamente un amigo de Prot, cuyo cuerpo ha tomado. Cuando Prot se va, al final de la película, llevándose a Bess, Prot, el K-PAXiano, abandona la carcasa vacía —catatónica, más bien— que era Porter (que se había ahogado tras los acontecimientos que se presentan en los flashbacks del último tercio de película). Así, Prot, la esencia multimorfa que le permite parecer un humano en la Tierra y un K-PAXiano en K-PAX se va acompañado de Bess hacia el planeta crepuscular de la constelación Lira de la que procede Prot.






Nota. 8,5. K-PAX es una gran película. Su primera mitad es absolutamente perfecta, aunque es posible que la segunda parte se empañe un poco para mantener cierto toque optimista (aunque algunos se esfuercen memorablemente en ver penumbras). La grabación, sencillamente, es preciosa: la luz, los planos, todo. La música, los actores... cada elemento ayuda a conformar un gran trabajo al que deberíais dar una oportunidad sin ninguna duda.


¿Y a vosotros qué os parece? ¿Sois de los que la consideran una absoluta mediocridad o de los que, como yo, la ensalzan? ¿Alguno entendió otra cosa con el final?