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miércoles, 29 de mayo de 2013

Risen - Piranha Bytes (360)

Empecé a jugar a este juego bajo insistente recomendación (préstamo incluido) de Arturo, un amigo. Y tardó mucho, mucho en gustarme, pero la verdad es que cuando la trama se despliega el juego es muy atractivo.


Los duros inicios

Lo primero que habría que resaltar, sobre todo del porte hecho para 360, es que el espectador se lleva una colleja nada más se inicia el juego. El aspecto visual es bastante desastroso, gráficos muy difuminados, caras de una generación de consolas anterior... Bueno, es un videojuego de rol así que como buenos jugadores decidimos que no es uno de sus puntos necesariamente fuertes y empezamos a movernos. En PC, eso sí, tiene un aspecto más o menos digno de su época.

El control de movimiento del Risen es bastante aceptable (reacciona bien a los joysticks), así que nos desplazamos por la playa a la que hemos llegado tras un trágico naufragio. El protagonista no tiene nombre. De hecho no tiene nada. Nuestras primeras armas serán un palo cualquiera que encontremos en forma de rama caída al pie de su árbol; nuestra primera armadura será la ropa deshilachada con la que llegamos a la costa. Si nos desplazamos por la playa veremos que hay muchos objetos que se pueden recoger, una constante del juego: hay plantas, monedas, cofres, más plantas, conchas y, posteriormente, objetos varios: picos, palas, rastrillos, escobas, pociones (pocas), etc. Nuestros pasos nos llevan de objeto en objeto hasta que nos encontramos con los primeros problemas. Cualquier enemigo (cualquiera, de verdad) que nos encontremos es un problema, sobre todo armados con un palo (o ni eso) y protegidos por ropa rota. Cuando empieza el juego, los combates contra esas gallinas hormonadas que parecen avestruces y esos erizos gigantes son una prueba de hombría.

Eso son polillas, y cuando uno lleva un palo... (y no un hacha) un grupito de ellas TAMBIÉN es un problema.

Es cierto que según se van superando combates (tras morir mucho y cargar un sinfín de partidas), se les va pillando el truco. Los movimientos laterales buscando el flanco del enemigo cuando sabemos que va a hacer un ataque frontal y nos dejará su tierno costado durante medio delicioso segundo; cubrirnos con un escudo miserable y que se cae a cachos cuando sabemos que nos va a caer un sopapo (y puede que varios más) sin darnos tiempo a nada. Cada monstruo tiene su forma de luchar y, si pueden, vendrán acompañados. Y si luchar contra alguien es duro, luchar contra varios es el infierno. Cabe decir también que incluso cogiéndole el truco al combate... se muere mucho y de forma muy frustrante.

Madurar a tumbos

En Risen, sobre todo al principio, no nos movemos hacia las misiones. Nos dejamos llevar por los caminos intentando sobrevivir. Buscando plantas que curen, buscando agua, una hoguera donde freír carne y pescado o una cama en la que pasar la noche. Porque los combates son más duros de noche, cuando hemos tenido que dejar la antorcha en el suelo para combatir y apenas vemos cómo nos rodean y empezamos a sufrir daño y no sabemos de dónde. Terrible.

Así, a tumbos, buscando curaciones y evitando aquellos lugares en los que un horrísono sonido parece insinuar que se oculta en ellos alguna bestia que no queremos encontrarnos ni en sueños; avanzamos por los caminos, donde es más fácil ver si hay enemigos que a través de los árboles y los matorrales. Avanzamos hasta pequeños asentamientos de 4 casas y un puñado de campos. Hacemos muchas de las misiones que salen al paso por si nos dan algún objeto útil. Al principio las hacía buscando armas, pero creo que nunca me dieron tal. Al final por la posibilidad de una poción, un poco de dinero o los mismos puntos de experiencia de resolución de la misión decidí que las misiones cundían. Un aspecto positivo del Risen es que si cumplimos una misión sin saber que la estábamos haciendo... el juego lo recuerda. Si en algún momento, más adelante, conseguimos la misión, nos la anotan en el diario y ya nos ofrece resolverla en la misma conversación.

Eso es una bestia parda, y salvo que seas realmente fuerte o quieras demostrarte algo a ti mismo... ¡¡corre!!

Así, desde aquella playa que nos dio acceso a la isla y pasando por un par de asentamientos y una casa en un cruce de caminos, acabé llegando a Ciudad Puerto. Aquí, aunque sigue siendo el Capítulo 1, creo que hay un cambio importante. Es un ambiente urbano en el que vamos a pasar muchas horas de un lado para otro conociendo el mundo, hablando con un montón de gente que nos expondrán su punto de vista sobre el mundo, con los que iremos conociendo las tres facciones disponibles en el juego:
—los bandidos del Don: una especie de luchadores de la libertad, gente de malvivir que se opone a la Inquisición, una legión de monjes guerreros que tienen la isla dominada y que se llevan a la gente a la Fortaleza Volcán por la fuerza.
—la Inquisición: temibles guerreros que llevan bastones (y armas similares) y que son la ley y el orden en la isla.
—los Magos: que son una parte de la Inquisición, de algún modo. Están también en la Fortaleza Volcán pero no se centran en el arte de la guerra. Son los místicos, los sabios contemplativos, y aunque también llevan bastones, con lo que verdaderamente traen muerte y dolor al mundo son bolas de fuego, proyectiles mágicos y bolas de escarcha.

Si los Inquisidores te ven fuera de Ciudad Puerto o haces algo ilegal en la ciudad y te ven... te llevarán a la Fortaleza, en cuyo caso se acaban de reducir tus opciones.

Además, aquí descubrimos cómo funcionan los maestros. Al subir de nivel se nos dan 10 puntos de aprendizaje y tendrmeos que ir en busca de gente que enseñe lo que nos interesa: combate con algún arma en concreto, fuerza, destreza, herrería, búsqueda de minerales, hurto, cerraduras, etc.

Mago

No he empezado a jugar para ser un bandido muerto de hambre. Yo quería ser mago, así que fui yo mismo a la Fortaleza Volcán. Ya tenía unos cuantos niveles, una espada corta y un escudo, había hecho unos cuantos combates exitosos y había cargado la partida quizá 50 veces tras 50 ridículas muertes. Seguía huyendo de los combates cuando estos me superaban por más de dos a uno, seguía buscando curarme constantemente... pero menos. Ya no era una urgencia del todo ridícula. Supervivencia sí, pero relativamente digna. Hasta que un bicho que no habías visto te hace un ataque por la espalda y te mata, vaya.

Aunque todos los Inquisidores se abren camino a bastonazos, tienen una herrería en la fortaleza para hacer las rejas, las ollas y demás. Y venden espadas, aunque no sé muy bien por qué.


En la Fortaleza, con la carta de recomendación de Carlos, el actual gobernador de Ciudad Puerto, se aprenden otras cosas del juego: respeto, honor, templanza... Es broma. En la Fortaleza, tras muchas misiones y habernos ganado la aprobación de los allí presentes, se nos permitirá acceder a la zona superior, donde enseñan: alquimia, magia de runas y magia de cristales (bolas de fuego y escarcha y proyectil mágico). Yo elegí pergaminos, pociones y bola de fuego. Solo bola de fuego. Que le den a los demás cristales. En cuanto una de las magias va teniendo cierto nivel, las formas del combate cambian por completo. Buscamos la distancia: apuntamos, esperamos a que se pare y... ¡zas! Mitad de vida abajo. Buscamos su trayectoria hacia nosotros y lo rematamos. Reculamos un poco, porque seguramente venga más gente con él, y los vamos limando poco a poco. Retirándonos mucho y tomando muchas pociones de mana. La estrategia deja de ser infernal para ser terriblemente cara. Menos mal que los dungeons tienen tesoros, porque el ritmo al que se consume el mana en Risen es bestia.

En cualquier caso, caro o no, el juego avanza mucho más rápido a partir de este punto. Los combates contra varios oponentes pasan a tener la dificultad normal de cualquier otro juego. ¿Puedes morir? Puedes; pero es un punto de vista muy pesimista. Más bien... ahora puedes sobrevivir.

Potencial de la historia

Y es ahora, de hecho, cuando Risen despliega su verdadera fuerza. Ahora que ya no se hace hincapié en la durísima supervivencia, ahora que sabemos lo suficiente para empezar a ver la trama como un todo y comprobamos todas las uniones que conectan las misiones entre sí; ahora que se dibuja el marco monumental de la historia del juego; es ahora, decía, cuando Risen se come a la competencia.

Con magia, Risen... es otro juego.

La segunda mitad del juego, aproximadamente, es muy adictiva, es rápida, es interesante. La historia es genial, los personajes (héroes, villanos y gente normal) están bastante bien trabajados y todos resultan creíbles y, a su manera, apreciables. Seguimos aumentando nuestro poder y vemos que nunca es suficiente. El argumento de este juego nos supera y ya nos ha mostrado que puede ser muy infernal cuando quiere. Nunca es suficiente para que sea fácil y cuando empezamos a colarnos en profundísimas grutas a las que no llega nada de luz y tenemos que remitirnos al pobre radio de iluminación de la antorcha o a los algo más prácticos pergaminos de Luz... la inquietud vuelve. Porque muchas veces no ves al enemigo hasta que es tarde, hasta que se abalanza sobre ti. Y detrás de él vienen más. Y tiras la antorcha y corres hacia atrás un poco intentando recordar cómo iba el camino para no quedarte atrancado contra una pared, te das la vuelta y lanzas una bola de fuego. Si fallas, probablemente has muerto. Si aciertas reculas un poco y lo rematas. Corres un poco hacia atrás otra vez y repites. Y repites. Y repites. Risen no renuncia nunca a la tensión. Llega un momento en que los enemigos no se hacen más fuertes y el número deja de crecer, pero factores como la iluminación, muchos cambios de rasante y presencia de obstáculos que puedan obstaculizar tus hechizos y facilitar que los rivales te rodeen, aumentan el desafío y mantienen esa intranquilidad, esa sensación de que vas a morir. Otra vez.


Nota: 7. A Risen le cuesta horrores despertarse y desde luego se le da muy mal convencer al jugador de que se encuentra ante un gran juego. Tiene una primera mitad que, sin duda, le pesa en la nota; pero en cuanto sus tramas se han mostrado, en cuanto el jugador ha conseguido aprender a pelear y el personaje está a la altura del mundo... el juego es asombrosamente adictivo y potente.


Nota: juraría que las imágenes son de PC. Mucha definición en las texturas para ser del port de 360.